Capítulo seis
-Chicos, buenas noticias -anunció Simone, bajando los escalones hacia el sótano, donde Tom y Bill habían pasado el tiempo con algunas nuevas canciones.
-¿Qué? -preguntó, levantando la mirada de su guitarra y frunciendo el ceño.
-Bueno, ustedes saben que siempre vamos a la casa de su tía para la cena de navidad.
-Mierda -dijo Bill-, olvidé que hacíamos eso.
-Bill -regañó Simone-. Sí, hacíamos eso, pero este año va a ser aquí.
-¿Eh? -Bill se levantó, encogiendo los brazos.
-Toda la familia va a venir para la cena de navidad -explicó Simone, sonriendo-, y quiero que ustedes me ayuden a acomodar todo.
Tom y Bill se miraron mutuamente.
-Pero después se van a ir, ¿no? -preguntó Bill.
-Exacto, ¿no van a… digamos, hospedarse aquí? -añadió Tom. Simone les dio una mirada.
-No actúen tan emocionados.
Bill rió un poco.
-¡Estoy tan emocionado! Es solo que nosotros siempre pasamos la navidad juntos, ya sabes, únicamente los cuatro. -Bill intentó sonar sincero, trató de no sonar muy consternado ante la perspectiva de pasar toda la noche con su amplia familia.
No podía decirle la verdad a su madre, por supuesto. No podía decirle que estaba planeando darse él mismo a su hermano en la noche de navidad.
-Será divertido -comentó Bill. Simone suspiró y sacó dos sobres de su cartera
-Esto vino en el correo para ustedes. Es de su padre.
Bill se tensó ante la mención y Tom apretó su brazo.
-El año pasado no nos envió cartas -declaró el mayor de los gemelos-. Dijo que iba a parar de enviarlas y dárnoslas personalmente.
-Pero no lo hizo -intervino Bill.
-Me alegra -murmuró Tom.
Simone les extendió los sobres.
-Traten de no enojarse mucho con él. Está… haciendo lo mejor que puede, estoy segura. -Tom tornó los ojos mientras Bill empezaba a romper el sobre que ya había abierto y se sentaba en el brazo del sillón-. En fin. La cena va a estar pronto, chicos -cambió de tema, comenzando a caminar hacia a las escaleras-. Vamos a comer pasta.
-Yum -dijo Tom sentándose a lado de su hermano y lanzando el sobre sin abrir al piso-. ¿Qué decía?.
-No mucho… Feliz navidad. ¿Para qué se toma la molestia? -Tom frotó su pierna y jaló, acercándole.
-Dos semanas hasta navidad.
Bill dejó caer el papel que tenía en la mano a lado de su hermano antes de posicionarse en el regazo de éste.
-No me lo recuerdes -gruñó en tono de juego.
-¡Hey! -exclamó Tom, sonriendo y golpeando a Bill en el brazo, con suavidad- ¿Qué quieres decir con eso? -El menor sonrió con timidez.
-Nada. -Tom picó el trasero de Bill y éste se retorció.
-¿Nada? -molestó- ¿Estás pensando en devolver el regalo que me compraste?
Bill suspiró teatralmente.
-No puedo librarme de él… alguien debe de tomarlo.
-Hmm -Tom resbaló sus manos hacia detrás del otro, tocándole por encima-, ¿puedo tocarlo de nuevo?
-Tom -susurró en respuesta, mirando hacia arriba de las escaleras-, no.
-Seré silencioso.
-Yo no. -El de rastas rió, poniendo sus labios en el cuello de su hermano.
-Te va a gustar.
-Lo sé. -Comenzaron a moverse juntos, Tom masajeando el trasero de su hermano. Bill dejó salir un pequeño gemido y se sonrojó, mirando sobre su hombro hacia las escaleras, de nuevo.
-Tomi…
-Sshh.
-Mamá me va a ver… -Bill se removió, mordiendo su labio. Tom estaba frotando su esfínter con un dedo, causando que se retorciese deliciosamente-. Ella va a venir… A la izquierda, Tomi.
Nunca habían hecho eso, aprovechar una oportunidad. Siempre eran muy cuidosos cuando sus padres estaban en casa, no se miraban mucho tiempo ni se acercaban demasiado el uno al otro. La tensión entre ellos estaba cimentándose sin cesar; creciendo. Era demasiado y eso les estaba volviendo descuidados.
Tom apartó sus dedos del trasero de Bill y los llevó a su boca, humedeciéndolos. Bill jadeó y cerró sus brazos en torno a su Tom, mientras deslizaba su mano dentro de sus pantalones de éste. Bill sintió el tibio, húmedo dedo recorriéndole el trasero antes de incrustarse un poquito.
Bill soltó un quejido.
-Mantente en silencio.
-Lo intento -susurró-. Lo haces tan bien.
Tom movió su dedo, para después, casi inmediatamente, añadir otro. Bill cerró los ojos y trató de relajarse, dejando que sus brazos se aflojaran sobre los hombros de su hermano. El de rastas se inclinó hacia atrás, jalando su cuerpo con él y adentrando sus dedos más profundamente. Bill tensó las uñas contra la espalda de su gemelo, removiendo la tela de la camiseta con su agarre.
-¿Vas a… hacer más esta noche? -preguntó sin aliento. Tom retorció dos dedos dentro de su cuerpo, curioso por saber que tan apretado y caliente estaba.
-Voy a hacerlo ahora -respondió.
Bill soltó un chillido.
-Está bien, pero… con cuidado.
-Quiero hacerlo con fuerza -contestó, comenzando a bajar el cierre de los pantalones de Bill.
-Voy a gritar -advirtió temeroso, tratando de alejarle un poco- y mamá bajará. Entonces estaremos jodidos.
-Tú serás el jodido -contestó Tom. Sus ojos estaban oscurecidos y terminó de bajar los pantalones. Aún se resistía un poco a continuar, pero su hermano reafirmó su posición-. Déjame meterlo un poco.
-Pero he dicho que…
Tom lamió sus dedos y los empujó sin mucho cuidado, sin preocuparle que Bill hiciera suaves protestas. Él también quería, lo sabía, y amaba los jadeos que hacía mientras no le daba opciones.
Bill se arqueó y expuso su garganta, cerrando los ojos y tensando los dedos de sus pies. La sensación de Tom dentro de él era curiosa y maravillosa, extraña y nueva. Suspiró profundamente, quedándose sin aliento antes de apretar los hombros de su hermano con apuro.
-Tom -susurró-, no podemos… Tú no puedes hacerlo porque me vas a hacer gritar.
-Lo sé. -Tom movió sus dedos y añadió otro, causando que su hermano se quejase-. No grites, ¿está bien?
-¿Quieres… quieres follarme? -Bill miró a Tom, y éste asintió.
-Mucho.
-Por ahora tal vez sólo sexo de televisión -jadeó. Tom tenía tres dedos dentro de él, y todo estaba más apretado y mucho más doloroso que antes. Sus dientes rechinaron-. Tomi, no puedo… Oh…
-Ahí -sonrió, curvando su dedo medio dentro de su hermanito, acariciando un tibio dentro-. Ahí, ¿es algo?
La cara de Bill se torció en silenciosa confusión. Era algo.
-Sí. Oh… más suave.
-¿Más?
-No, más duro. -Tom sonrió de nuevo, amando la sensación de Bill sentado encima de sus dedos.
-Muévete conmigo… Hacia delante, hacia atrás.
-No puedo -contestó Bill, encogiéndose. Con cuidado se inclinó hacia delante, usando a su hermano como soporte-. Espera…
-Bill -le llamó en voz baja-. Será muy fácil. Tengo, no sé, toda mi mano ahí dentro. Déjame.
-Ugh. -Bill se retorció y Tom se inclinó, rozando sus labios.
-Déjame hacerlo, estoy tan excitado -murmuró.
-Tú sólo… tienes… uh, tres dedos ahí -rebatió. Bill estaba comenzando a sudar. Lo que estaba haciéndole dolía, pero le hacía sentirse lleno y eso le gustaba-. No puedes meterlo ahí, tienes que…
Tom curvó sus dedos un poco y Bill sintió como si algo explotaba en su estómago. Eso era demasiado rápido. Apretó sus músculos alrededor de los dedos de su hermano, observando como la boca de éste se abría. Hizo un sonido suave, miedoso mientras su interior ardía, y se giró, forzando que los dedos de Tom salieran.
-No puedo -gimió contra uno de los cojines.
Tom miró la denudes de Bill y su propio dedo húmedo. Tomó un largo suspiro.
-Este va a ser el mejor regalo que reciba en mi vida. -Bill levantó la mirada y sonrió, ligeramente sonrojado.
-¿Estás molesto porque hice que te detuvieras?
-Um. -Tom se tocó con una mano sus jeans, haciendo un gesto de dolor-. Estoy muy excitado.
-Lo sé. -Sonrió tímidamente y acarició el bulto en el pantalón de su hermano, chasqueando la lengua-. Pobre Tomi.
Tom se echó hacia atrás, invitando a Bill a arrastrarse hacia encima de su regazo de nuevo. El menor regresó a su antigua posición y se encorvó, tomando la hebilla del cinturón de su hermano con sus dedos.
El de rastas le miró fijamente, alzando las cejas.
-¿Qué estás haciendo?
-Hacer que no esté tan duro -contestó Bill, sonriendo. Se deslizó de las piernas de su hermano hasta el suelo y posicionó sus manos en las rodillas de éste-, con mi lengua.
-Oh… -Tom miró rápidamente las escaleras y escuchó el movimiento que provenía del piso superior. Cualquiera podía bajar de un instante a otro-. Bill, no tienes que…
Bill negó con la cabeza, jalando de sus pantalones.
-Es mi culpa que estés así.
-Sí -concedió en un murmullo, recorriendo con una mano el cabello de su gemelo-. Sí, es tu culpa.
Bill estaba bajando el pantalón de Tom por los muslos cuando la puerta del sótano crujió, abriéndose. Al ruido se cayó sobre su trasero desnudo y Tom se subió el pantalón.
-¡Chicos, a cenar! -llamó Simone desde arriba de las escaleras. Bill estaba infinitamente agradecido de que ella no bajara porque de otro modo los hubiera visto. Gateó hacia su pantalón.
-¡Ya vamos! -respondió casi sin aliento.
Simone no dijo nada pero se quedó donde estaba. Bill se puso su pantalón y miró a su hermano que también lucía nervioso porque casi los habían atrapado.
-¡Ahora! -gritó su madre. Su voz se oía forzada.
-Estamos yendo… -contestó Tom levantándose y acomodando sus pantalones. Todavía estaba excitado, al igual que Bill. Ambos se dieron miradas preocupadas.
Simone comenzó a bajar.
-Dije ahora. -Podían ver sus pies y sus piernas, y sabían que ella también podía verlos.
-Vamos -murmuró Bill-. Está bien -le dijo a su madre. Se subió la cremallera tan silenciosamente como pudo y le sonrió a su hermano, quien le respondió con otra sonrisa, pero ladeada-. Eso estuvo muy cerca.
-Chicos. -Simone bajó más y pudieron ver su cara. Bill estaba sentado en el suelo y Tom estaba desparramado en el sillón-. ¿Qué han estado haciendo?
-Hablando -contestó el menor de sus hijos-. Pasando el tiempo con… cosas sobre música. -Tom confirmó y Simone asintió lentamente.
-Está bien… Vayan a lavarse para cenar, ¿está bien? -Bill se levantó y dio un salto hacia las escaleras para subirlas pero Tom se quedó sentado. Aún estaba muy excitado y sentía vergüenza de pararse. Simone le miró, expectante-. ¿Tom?
-Voy a esperar a que Bill termine -respondió-, sabes que le toma una vida terminar. -Simone asintió lentamente, de nuevo.
-Está bien. ¿Qué les escribió su padre? -Tom alzó los hombros.
-Lo de siempre.
-¿Puedo ver?
-Um. -Tom se inclinó hacia delante haciendo que la ropa se ajustara sobre su vistosa ingle, cogió la carta y se levantó para dirigirse hacia las escaleras arrastrando los pies-. Sí. -Simone cogió el papel y lo vio sin atención.
-¿Le escribió lo mismo a Bill?
-Supongo.
-¿No lo sabes? -Tom suspiró.
-No lo sé, pregúntale a él.
Tom se apuró a subir las escaleras, rozando el hombro de su madre en el apuro. Simone le echó una mirada a la carta. Era la de Bill, no la de Tom. Levantó la vista y se mordió el labio. Feliz navidad, decía, de papá. Sacudió su cabeza antes de lanzar el papel e ir a terminar de preparar la cena.
-
Los ojos de Bill se abrieron de sobre manera y finalmente lo entendió. Entendió el porqué Tom estaba tan ansioso por tener sexo con él.
Abrió la boca y apenas pudo acallar sus gritos en la almohada. Estaba apoyándose en sus manos y rodillas, con el trasero al aire. Tom tenía cuatro dedos dentro, tocándole y presionando algo que hacía que perdiese la cordura
-¡Ugh! -Sus piernas temblaban mientras su hermano le tocaba.
Tres días para que llegase la navidad, tres días para que Tom realmente le diese lo que quería darle. Estaba sudando y su estómago dolía mucho. Su hermano le tocó de nuevo y vio estrellas blancas y resplandecientes detrás de sus párpados cerrados.
-Por favor, por favor -murmuró una y otra vez. Pensó que podía correrse o morir. Ni siquiera registraba el dolor, no con el ciego y aterrador placer recorriéndole. Estaba terminado-. Fóllame.
Los dedos de Tom se congelaron.
-¿Qué?
-Fóllame… -La respiración de Bill estaba muy pesada e irregular-. Fóllame. Debes hacerlo.
-Bill -susurró Tom. Empujó sus dedos más-, ¿hablas en serio?
El menor le miró sobre su hombro, su cabello enmarañado pegado a su frente.
-Te necesito. Lo necesito. Tomi, Tomi, hazlo. -Hizo que su trasero retrocediera y que el brazo de su hermano se curvara-. ¿Tom?
El sexo de Tom se retorció con necesidad. Bill estaba rogándole para que le follara. Estaba rogándole que pusiera su pene dentro de él. Rogando. Casi se cae hacia delante, no podía creerlo.
-¿Realmente quieres? -Retiró sus dedos con cuidado.
-Yo… -jadeó Bill, retrocediendo de modo que los dedos húmedos estuvieran dentro de él, de nuevo-. Necesito sentirte. Voy a hacerlo muy bien. Lo prometo.
Tom cerró los ojos. Tres días. Tres días hasta navidad. Tres hasta que él realmente pudiera joder a Bill. Eso no era real.
-No -respondió por fin. Sacó sus dedos y acarició la espalda baja de su hermano-. No, tenemos que esperar.
-Mírate -dijo Bill con un toque de pánico en su voz-. Mírame. Estoy listo, Tom.
-No lo estabas hace unas semanas, cuando yo quería -contestó con calma.
-Tú… Yo… -Bill se giró y se echó de espaldas; su miembro duro y húmedo-. Mírame.
-Puedo verte. -Se adelantó y le dio un suave beso en la mejilla-. Esta vez fue agradable, ¿no?
Bill volteó su cabeza, respirando pesadamente.
-Sí.
-Lo sentí, toqué algo que se sintió bien. Un punto pequeño… tu pequeño punto. -Bill gimió.
-Tócalo de nuevo.
-Voy a sentirme tan bien cuando esté ahí dentro -dijo Tom. Se echó sobre Bill, presionando su cuerpo hacia abajo. Con una mano le tomó el mentón y le besó profundamente, y con la otra, se bajó el boxer. Se friccionó entre las piernas sus, su sexo enterrándose en el estómago y muslos de Bill-. Cuando te lo meta, voy a hacerlo tan profundo que voy a tocar tu pequeño punto.
Bill se retorció, arqueándose hacia arriba y besando a Tom con dureza.
-Ahora, Tomi, duele.
-No puedo abrir mi regalo antes -respondió el mayor, a pesar de que lo que más quería en el mundo era hacérselo lo más pronto posible. Se imaginó corriéndose dentro de Bill y embistió con fuerza a un ritmo rápido y brutal-. Esto es lo que voy a hacerte.
Bill chilló pero dejó que Tom se moviera sobre él. Pronto ambos estarían retorciéndose juntos, sin aliento, agarrándose a las sábanas, al otro, algo.
-Quiero que te corras dentro de mí -gimió-. Por favor.
Tom hizo que sus dientes rechinaran y eyaculó, justo entre las piernas de su hermano, manchando sus muslos y su ingle con el semen. Bill se retorció bajo él y Tom esparció algo de semen en el esfínter y presionó dos dedos húmedos hacia dentro.
-Está en ti -dijo adentrando sus dedos con fuerza. Bill gritó y se corrió instantáneamente, dejándose caer pesadamente y con los ojos muy abiertos-. Mierda-. Tom limpió el estómago de su hermano y pateó el cubrecama-. Debes irte.
Su hermano había sido ruidoso, demasiado. Bill se sentó, temblando.
-¿Tengo que hacerlo?
Tom asintió. Su madre subiría las escaleras en cuestión de minutos, pensando que el menor tendría otra de sus pesadillas. Ella los encontraría enrollados juntos, cubiertos de semen y apartaría a Bill lejos de él. Sus ojos se oscurecieron y apuró a su hermano fuera de la cama.
-Tres días -dijo y Bill sonrió, inclinándose hacia él y dándole un beso en la mejilla.
-Tres días.
-
Tom cogió el cabello de Bill, sonriendo. Estaban sentados en el sillón de la sala y ya era navidad.
-¿Qué es eso? -preguntó Tom, jalando de objeto estaba en la cabeza de Bill.
-Es un lazo -contestó Bill, rodando los ojos. Tenía uno de los lazos de navidad con pegapega de navidad en su cabeza. Sonrió-. Yo soy un regalo.
Tom refunfuñó.
-Esa no es excusa.
-Ya, está bien. -Se quitó el lazo de la cabeza-. Supongo que no soy un regalo, entonces. -Tom hizo un gesto a Bill y Simone entró a la estancia.
-Hola chicos. -Estaba sonriente-. Bill, luces festivo.
-¿Cuándo llegan todos? -preguntó su hijo menor, poniendo de vuelta el lazo en su cabeza.
-Pronto -contestó Simone, luciendo cansada-. Sus abuelos deben de llegar primero. Es un largo viaje para ellos. -Ambos gruñeron-. Siéntense en la mesa -añadió su madre-. Deben estar alrededor por el resto del día. Oh, y Tom, asegúrate de tener tu guitarra cerca. Estoy segura que tus tíos y tías quieren saber que han estado haciendo, y tendrán que mostrar sus habilidades musicales.
-Ew -se quejó Bill-. No voy a cantar.
-Sí vas a hacerlo -se adelantó Tom, tornando los ojos-. Siempre lo haces. -Su hermano le sacó la lengua.
-Como sea… El último en la mesa tiene que darle a la abuela el primer beso.
Tom salió corriendo a toda velocidad y entró en el comedor, y Bill soltó un quejido.
-
Ya estaba ahí toda la familia de los gemelos. Bueno, todos los del lado de su madre, los cuales no eran un grupo muy grande; solo sus abuelos y su tío, quien había llevado a su esposa y sus dos hijos que tenían cinco y seis años, respectivamente.
Bill ya estaba cansado de su compañía. Había demasiadas sonrisas, demasiados abrazos y mucho de las mismas preguntas y comentarios. ¿Qué tal la escuela? ¡Tu hermano y tú ciertamente han crecido! ¡Dios, ustedes dos ya no se parecen! ¿Cómo está la banda? ¿Cómo está la grabación? ¿Ese es un tatuaje?
Y se sentía nervioso, ansioso, sus palmas habían estado sudando todo el día. En unas pocas horas la familia terminaría de cenar, terminaría de abrir los regalos y se irían a la ciudad, a su hotel. Entonces podría estar a solas con Tom y le daría su regalo. Únicamente el pensamiento hizo que su estómago doliera.
-Los tenedores están del lado incorrecto -comentó su abuela cuando se sentaron para cenar.
-Bill -dijo Simone, con una risita.
-Fue Tom -fue la respuesta corta del mencionado, añadiendo una sonrisa a su declaración. Sólo quería que todos se fueran. Tom le miró fijamente desde el otro lado de la mesa y él se sonrojó rápidamente.
-Bueno, quien haya sido -dijo Gordon, sonriendo y poniendo el asado en el medio de la mesa- hizo un hermoso trabajo. La mesa se ve maravillosa.
-Fui yo -intervino Bill y Tom le pateó por debajo de la mesa. Tembló ligeramente en su silla y bajó la mirada a su plato.
-Wow, el tiempo está empeorando -dijo su tía con nerviosismo-. Nuestro hotel está muy lejos. -Simone mordió su labio.
-Va a estar bien. Terminaremos pronto, de todos modos.
Bill pateó a Tom, y su hermano atrapó su pie entre sus piernas. Tuvo que tomar un sorbo de su vaso para no reírse.
El pie de Tom se deslizó hacia las piernas, causándole cosquillas en el tobillo. Bill agachó la cabeza y el pequeño lazo rojo que estaba pegado a su cabeza cayó hacia la mesa, en su puré de papas.
Simone se adelantó a alzar el lazo, sonriendo.
-Con cuidado -dijo tendiéndoselo a su hijo menor.
Bill lo cogió y se lo puso de nuevo en el cabello, sonrojándose al sentir como el pie de su hermano se aventuraba a ir más arriba. Nadie podía ver, pero el pie subió por sus piernas y él dejó salir un pequeño chillido. La sonrisa de Simone se apagó y le dio una mirada extraña.
Bill tosió y apartó el pie de Tom.
-Las papas saben bien -dijo, llevándose el tenedor hacia la boca.
La conversación se reanimó de nuevo y la cena se desarrolló sin contratiempos. Simone estaba disfrutando de la cena y la compañía, disfrutando de lo orgullosos que estaban todos de sus hijos y de cuanto habían crecido; pero había algo que le tenía con el ceño fruncido y hacía que su estómago se revolviera con malestar.
Era la misma sensación de hacía unos días cuando dejó a los chicos solos en el sótano. Miró a Bill, su cara estaba sonrojada, su cabeza ladeada y sus ojos pestañeando juguetonamente a Tom quien le había lanzado un guisante.
"Nada está mal" se dijo a sí misma. "Estás imaginando cosas. Es navidad, mantente agradable".
Pero Simone sabía. Siempre había tenido esa sensación sobre sus hijos, sensación que no la dejaba en paz. Sensaciones que habían venido juntas y no le abandonaban desde el día que los había atrapado besándose; quería creer que eso había sido la circunstancia. No los había visto hacerlo de nuevo pero algo le decía que no se había terminado.
La manera en la que Bill cogió y tiró de una de las rastas de Tom, sus ojos brillantes, mandó señales de alerta a su cabeza.
Bill estaba coqueteando con Tom.
Se regañó a sí misma por siquiera pensarlo. Se sintió como una mala madre por barajar esa posibilidad, pero también se sentía así por no saber si era verdad… Y si era verdad, ¿entonces qué?
Simone suspiró moviendo sus manos en la mesa, golpeando un tenedor y haciendo que éste se cayera. Se agachó a recogerlo, buscándolo con los ojos en el piso y viendo los pies de Gordon, los de Bill, los de Tom… Los pies de Tom estaban atrapados en las piernas de su hermano, presionando sus muslos y arrastrándolos hacia su estómago. Rápidamente tomó su cubierto y volvió a su posición, mirando fijamente a sus hijos que estaban sonriendo con las bocas llenas.
-Tom -dijo sin pensarlo-, ve a la cocina y trae más servilletas. Su hijo mayor le miró con el ceño fruncido.
-Pero hay miles en la mesa.
-Sólo ve -repitió Simone.
Refunfuñando, Tom deslizó su silla y fue hacia la cocina a paso lento, arrastrando los pies. Simone observó con cuidado la cara de Bill, todavía estaba con las mejillas rojas, pero volvió a comer, mirándose notablemente menos animado que antes y no moviendo sus ojos del plato.
-Escuchen el viento -comentó Gorgon, limpiando su boca-. Me pregunto si la estación del clima mencionó algo de esto.
-Espero que no -dijo el abuelo, ásperamente-. No planeo conducir si hay nieve.
Bill levantó la cabeza.
-¿Está nevando?
Gordon fue hacia el estéreo y cambió a la estación del clima. Todos oyeron en silencio mientras el locutor hablaba.
"… con vientos de setenta millas por hora, hay un 90% de posibilidad de que haya nieve y corrientes. Las condiciones de las carreteras serán muy malas, así que aunque estén lejos de sus casas, quédense donde están".
-Oh no -se quejó la abuela-. Esto es terrible.
Tom regresó, sosteniendo una pila de servilletas.
-¿Qué pasa?
-Se van a quedar aquí -dijo Simone con firmeza. Bill dejó caer su tenedor, haciendo que sonara ruidosamente al contacto con el plato.
-No pueden -soltó.
-Sí, es absurdo -intervino la abuela, dando toques en su boca con la servilleta-. ¿Dónde nos quedaríamos todos en esta casa tan pequeña?
-Ustedes pueden quedarse en la habitación de Tom -respondió Simone-, y Sebastián, Marie y los niños en la de Bill.
-¿Pero dónde se van a dormir los chicos? -preguntó Sebastián.
-En el sofá-cama -contestó Gordon-. No pienso dejar que manejen en este clima.
-Bill puede dormir en el sillón de mi estudio -se interpuso Simone, con la voz tensa. -Su hijo frunció el ceño. Tom miró su comida, sin hablar.
-No tiene sentido. El sofá-cama es lo suficientemente grande para ambos -contestó Gordon-, además tu estudio debe de estar congelando. Está decidido.
Simone suspiró, forzándose a sonreír.
-De acuerdo.
Tom se sentó, frunciendo el ceño. Él y Bill cerraron sus ojos; sus planes estaban arruinados
-No quiero dormir ahí -se quejó Bill-. Pica.
-Bill -dijo Simone, con severidad-, duerme en el piso entonces.
Tom se aguantó una risa y pateó a Bill por debajo de la mesa pero su hermano no respondió. Estaba decepcionado.
-Esto apesta -susurró.
Tom le pateó de nuevo, con fuerza y Bill suspiró, sacándose el lazo de la cabeza y terminando el resto de su cena.
-
Tom ayudó a extender el sofá-cama en la sala, esa misma noche más tarde. Bill estaba sentado en el brazo del sofá, usando pijamas y con las cejas permanentemente fruncidas.
-Esto servirá -dijo Gordon asegurando el colchón en su lugar. Sacudió un poco de polvo de las barras de metal-. Uff, ha pasado el tiempo desde la última vez que lo desplegamos.
-Sí, desde que hicimos una fortaleza -contestó Bill, sombrío.
-Será mejor que no atrapen a Santa en el acto -molestó Gordon. Los gemelos gruñeron.
-Voy a golpearlo -comentó Bill de los hermano y Tom rió.
-Sí, lo hará.
-Espero no encontrar sangre aquí en la mañana -dijo Gordon, lanzando algunas mantas y almohadas al sofá-. ¿Están seguros de que no quieren dejar sus zapatos fuera de su habitación para Papa Noel? -preguntó, moviendo sus cejas de arriba a abajo.
-Ugh -se quejó Bill-, ni siquiera estoy en mi cuarto y estoy demasiado grande para eso. -Tom sólo alzó los hombros.
-Está bien -respondió, riéndose entre dientes-. Ustedes ya no son divertidos. Buenas noches, muchachos. Feliz navidad.
-Feliz navidad -dijeron a coro. Gordon apagó una de las luces y se fue. La única iluminación provino de una pequeña lámpara en la mesa y de las luces del árbol de navidad.
Ambos hermanos se sentaron, sin meterse dentro de los cobertores, simplemente mirando el piso. El resto de la casa estaba en silencio, todos estaban metidos en sus camas… acostados en las camas de Tom y Bill, mejor dicho. Desde una esquina de la estancia, el árbol de navidad de la familia brillaba y todos los regalos estaban desenvueltos y dispersos. A Bill le habían dado mucha ropa y CD's y unos cuantos pares de medias tejidas de su abuela. Tom había recibido regalos parecidos.
-Esta navidad es un asco -dijo finalmente Bill, con un puchero. Se acercó a su hermano, viendo a la puerta cerrada de sus padres que estaba cruzando la sala y la cocina.
La luz que se filtraba de debajo de la puerta se apagó y Bill se giró a ver a Tom. Éste estaba con el ceño fruncido, jalando de las mangas de su pijama.
-Sí, no voy a recibir mi regalo -contestó Tom, cruzándose de brazos. Bill suspiró.
-Papa Noel te va a traer una tonta guitarra mañana, la vi en el armario de mamá.
-Ese no es el regalo al que me refiero.
Bill se sonrojó y movió su cabeza.
-Ah eso. -Tom atrapó su mano y la apretó.
-Es el regalo que más quiero, a la mierda la guitarra.
-Tal vez mañana.
-Tal vez esta noche -contestó, jalando a su hermano más cerca-. ¿Qué opinas? -Bill frunció el ceño.
-Pienso que eres un idiota, mamá está cerca.
-La puerta está cerrada -argumentó Tom-, podemos ser muy silenciosos.
-Así no es como quiero… dártelo -murmuró Bill en respuesta, besando el cuello de su hermano-. Tiene que ser especial.
-No seas una chica -sonrió el de rastas-, será bueno. -Bill miró la habitación de sus padres con nerviosismo.
-Lo sé.
-Vamos, me has estado volviendo loco todo el día. -Su hermano tembló un poco con sus palabras-. Estamos listos.
-Lo sé -dijo de nuevo, esta vez con más suavidad-. ¿Crees que podamos?
-Sé que podemos -contestó con confianza-. Supongo que depende de ti. -Bill sonrió contra su hombro.
-Tú sabes que quiero.
Ambos se adentraron en el sofá-cama, acercándose. Bill levantó la mano sobre el hombro de Tom y apagó la lámpara, la sala oscureciéndose casi por completo a excepción de las luces provenientes del árbol. Sus labios se encontraron y su hermano le empujó para que quedase echado de espaldas.
-¿Y si la abuela baja por… un vaso de leche y nos ve? -susurró, estremeciéndose mientras Tom le daba besos suaves y húmedos en el cuello.
-Ella no puede ver ni sus narices -respondió el mayor-. Bill, he estado esperando mucho. -sonrió y le rodeó con sus brazos.
-Has sido un buen chico.
-Así es, merezco este regalo.
Bill se abrió camino en la boca de Tom y se besaron cuidadosamente. El viento aulló en las afueras y la nieve golpeó las ventanas. La habitación estaba fría y el menor jaló de los cobertores.
-Aún no podemos, tiene que ser medianoche.
Eran las diez.
-Pero Papa Noel no está trayendo este regalo. -Tom presionó su cuerpo contra el de su gemelo-. Déjamelo tener ahora. Seré muy callado y bueno. En serio.
-Has esperado mucho, puedes hacerlo unas horas más. -Tom trató de persuadirlo con su boca o con sus manos.
Sus labios estaban dejando un rastro caliente en el cuello de Bill y sus manos se deslizaban por debajo de los del pijama de franela.
-No voy a hacer ningún sonido cuando lo haga -musitó Tom-. Primero pondré mis dedos y te tocaré como te gusta. Haré que te corras Bill.
Ante la perspectiva gimió suavemente. Los dedos de su hermano eran muy convincentes, acariciando sus muslos superiores.
-No -susurró-. Tomi, detente.
-Se llaman juegos preliminares.
-Sí, ya, detente -suplicó Bill con los ojos muy abiertos-. Quiero esperar a que sea medianoche y tú no estás ayudando.
-Bien. -Tom hizo cosquillas en la base del miembro de Bill haciendo que éste siseara, apretando los dientes-. Todo el día te has visto bien.
-¿Con mi tonto lazo en la cabeza? -Bill apartó su cabeza de Tom y mordió su labio. No se daría por vencido. No lo haría. No-. No puedo.
Tom sacó su mano de adentro de los pantalones de su gemelo y se sentó.
-¿Qué vamos a hacer por dos horas?
Bill encogió los hombros con lentitud.
-¿Ver cosas navideñas en la tele? -Tom gruñó ruidosamente y Bill le silenció.
-Vas a dejarme hacerlo, ¿verdad? -preguntó con seriedad.
-Tomi -respondió frunciendo el ceño-, por supuesto. Yo quiero.
-Hay que concentrarnos en algo de música -propuso el de rastas, alzando su vieja guitarra del piso-. A menos que la única música que quieras hacer es cantar villancicos de navidad. Dios, te dije que ibas a terminar cantando.
Bill hizo una mueca.
-Eso es lo que hago.
-Quisiera tener mi guitarra nueva.
-Me tienes a mí -sonrió Bill.
-No hasta medianoche. -Su hermano arrugó la nariz.
-Siento como si fuera… no sé, los horarios del tren.
-Será mejor que esté a tiempo -contestó Tom, bajando la cabeza. El cuerpo de Bill tembló ligeramente, su nerviosismo comenzando a mezclarse con excitación
-Está bien, música. -Se sonrieron mutuamente y Tom tocó las primeras notas.
-
Unas cuantas notas se deslizaron dentro de la habitación y Simone no podía dormir. Se movió de costado y casi de inmediato volvió a girarse.
-¿No puedes dormir? -preguntó Gordon, bostezando.
-No -respondió ella-. Demasiada agitación hoy.
-Todo salió bien. Los chicos están instalados en la sala… Suena como si estuvieran trabajando o algo. Espero que a Tom le guste su guitarra.
-Le gustará -dijo Simone, con delicadeza-. Gordon…
-¿Hm?
-¿Algunas vez has…? ¿Tú has visto…? -Simone arrastró las palabras. No podía pensar en una forma de plantear la pregunta. Ni siquiera sabía si quería decirle algo a su esposo acerca de sus suposiciones sobre los gemelos. Era algo que ella había cargado por tanto tiempo-. Olvídalo.
-¿Cuál es el problema? -Gordon se sentó- ¿Son los chicos?
-No, es nada -le contestó-. Duérmete.
Gordon se giró y pronto Simone pudo oír su ligero ronquido. Se mantuvo despierta hasta que el suave tañido de la guitarra se detuvo, entonces cerró los ojos, tratando de apagar los pensamientos que invadían su mente.
-
Tom dejó su guitarra y le echó un vistazo al reloj. Faltaban diez minutos para la medianoche. Bill estaba tarareando una melodía.
-Shh, Bill -susurró Tom.
-¿Hmm? -Bill parpadeó- Pensé que ya teníamos algo.
-Lo teníamos. -El mayor apuntó el reloj.
-Oh. -La cara de Bill se tornó rojo brillante.
-Quiero tocarte ahora -dijo y su hermano jadeó con suavidad.
-¿Cómo?
Tom gateó hasta posicionarse encima de Bill, forzándolo a acostarse en el colchón.
-Dentro de ti.
Bill se retorció de debajo de Tom, poniendo una mano dentro de la boca de su sorprendido gemelo.
-Yo también quiero, sólo necesito… traer algo.
-¿Qué?
Bill saltó fuera de la cama y agarró la pequeña bolsa que se había traído de su dormitorio. De ella sacó una pequeña botella de loción y se la enseñó tímidamente a Tom.
-Vamos a necesitarlo para… ya sabes. -Su hermano lució confundido.
-Para… -Sus ojos se abrieron, entendiendo-. Oh.
-Sí, de otro modo dolería. Mejor dicho, va a doler.
-Voy a hacer que no duela -dijo Tom a medias inseguro, a medias seguro-. Voy a hacer que te sientas bien.
-Sé que lo harás así -le apoyó-. Por lo menos eso espero.
-Será así -declaró Tom con firmeza-. En serio, así será… Espera, ¿de qué estamos hablando? -Bill rió con nerviosismo.
-Que, uhm, no va a doler cuando... lo hagas.
-Oh. -Tom suspiró profundamente-. Mierda, no sé. -Bill asintió y se aproximó a su gemelo, agarrando la botellita.
-Tom…
-Qué.
-Ese reloj es lento… Probablemente ya sea navidad desde hace unos minutos.
Tom sonrió con lentitud.
-Estás retrasándote.
-Oh dios, no lo sé -contestó, sus ojos centellando con pánico-. No sé si pueda hacer esto.
-Bill… -Tom arrastró el nombre, con el ceño fruncido. No quería forzar a su hermano y se le ocurrió una idea-. Está bien, supongo que yo tampoco puedo.
-¿Tom?
-Buenas noches. -Bill tocó su hombro.
-No voy a caer en eso.
Tom hizo un sonido que fue un evidente ronquido falso.
-¡Tomi! -se quejó Bill, gateando hacia él y obligándole a que se volteara. Tom mantuvo sus ojos y continuó roncando-. No puedes devolver un regalo. -Se montó de horcadas en sus caderas y jaló la parte superior de su pijama por su cabeza, exponiendo su pecho. Lanzó la camiseta al piso-. Tendré que desenvolverlo por ti.
Al escuchar eso, los ojos de Tom se abrieron.
-No puedes abrir mis regalos, Bill, eso no es agradable. -Se puso encima de su hermano y se volvieron un enredo de miembros retorciéndose al pie de la cama desplegada.
Jugaron un poco, Bill tratando de quitarse el pantalón y Tom maldiciéndole y tratando de mantener la prenda en su lugar,
-Detente -dijo Tom con firmeza. El pijama de Bill estaba a mitad de sus muslos, dejando a la vista sus caderas y su vientre. Bill no estaba usando nada debajo-. Bill -suspiró. Alzó el pantalón y tocó con delicadeza el sexo de su hermano-. Compórtate.
Bill asintió, excitado en todo lado por la lucha con Tom.
-Quítalo.
-Quiero tomarme mi tiempo para desenvolverte -dijo Tom con voz muy suave, muy amable.
-No tenemos tiempo -susurró Bill.
-Tengo todo el día -murmuró Tom, recorriendo con su mano el estómago de su hermano-. ¿Estás listo? -Bill asintió- ¿Qué tan listo?
-Um… -Bill miró a Tom y se estremeció un poco-. No sé qué tan listo -admitió-, pero quiero hacerlo.
Tom besó su cuello y se movió hacia su cuerpo, rozando con sus labios cada contorno, disfrutando de cada centímetro. Había explorado el cuerpo de Bill antes pero esa ocasión era diferente. Muy diferente.
-Bill, oh -susurró entre dientes mientras lamía la curva de la cadera de su hermano-, luces tan bien.
-No puedes verme -replicó sin fuerza el menor.
-Sí puedo -replicó Tom, deslizando sus dedos por debajo del pijama de Bill-. No puedo esperar para meterme dentro de ti.
-Tomi -fue todo lo que Bill pudo decir mientras su gemelo le resbalaba el pantalón hacia sus muslos y luego se lo sacaba.
El frío del aire rodeó a Bill, quien tembló un poco, halando de su hermano y enterrando su rostro en su cuello. Llegarían ahí pronto, el pensamiento le hizo doler. Tom lamió su muslo y chupó, haciendo que gimiera de manera no muy callada. El mayor levantó la mirada y le silenció.
Bill encogió los hombros, desesperanzado.
-Si me haces eso, no puedo prometer que permaneceré en silencio -sentenció-. Tú… oh, Tomi. -Tom asintió y su nariz rozó el pene de Bill. Quería embestirlo de la vieja forma.
Se sentó y se sacó la camiseta, cubriendo el cuerpo de Bill con el suyo. Se inclinó hacia delante. Con facilidad podía quitarse el pijama y correrse encima del estómago de su gemelo, sobre sus muslos. Una parte de él estaba muy excitado por la idea.
De un momento a otro Bill ya estaba jalando de su pantalón, sus manos estaban resbalosas por la loción y corriendo por su miembro, y quiso más que nada estar dentro de su hermano.
Tom terminó de sacar el pantalón y embistió en el esfínter de Bill.
-Mierda -jadeó e inmediatamente mordió su labio-, tenemos que mantenernos… oh mierda, Bill… tenemos que estar en silencio.
-No le podemos decir a mamá -dijo Bill, acariciando a Tom con fuerza-. No le podemos a decir a mamá que me la vas a meter.
-Duh -gruñó Tom. Movió su cabeza y apartó las manos de Bill-. Dame la loción. –Bill rápidamente se la pasó y él puso una generosa cantidad en su palma, sintiendo que tan húmeda y pegajoso estaba-. Voy a ser cuidadoso, pero dios, Bill… solo quiero meterlo.
-No puedes.
Los dedos de Tom se tocaron en su entrada, presionando. No fue muy profundo pero de todos modos jadeó, arqueando su espalda.
-¿Te gustan mis dedos ahí dentro?
-Sí… -dijo apenas-. Es como… ya sabes, es mi trasero, Tom. -Bill se ruborizó y cubrió su cara-. Más profundamente, ahí duele.
-¿Dónde? -Tom empujó sus dedos hacia delante-. Dime, ¿dónde está tu pequeño punto?
-Ahí -chilló Bill débilmente-, encuéntralo.
-Shh -dijo Tom, acariciando el hombro de Bill-. Quédate quieto.
-No puedo. -El cuerpo de Bill se retorció, sus piernas vibraron-. Dios… no puedo. Tú no puedes, oh dios mío. ¿Estás metiendo otro dedo?
-¿Se siente bien? -preguntó con suavidad.
-No sé -contestó-, no sé. Ahora mismo solo se siente como dedos en mi trasero. -Tom rió.
-¿Eso… no es bueno? -Sacó sus dedos y Bill protestó.
-Continúa -le instó-. Me gustan tus dedos… ahí… dentro. No sé.
Tom volvió a meterlos antes de hacer una mueca.
-Estás muy apretado esta noche.
-Estoy nervioso -se retorció Bill-, Dios, muy nervioso. No me hieras, Tom.
-Trataré de no hacerlo -respondió-, seré cuidadoso.
-Tú rompes todos tus regalos -dijo Bill, con una pequeña sonrisa. Tom rió y cubrió su boca con su mano libre.
-No voy a romperte ni tampoco a mi guitarra. -Empujó sus dedos lo más que podía y los torció-. Especialmente no mi guitarra.
Bill apenas pudo acallar el casi grito que salí de su boca mientras su hermano le tocaba. Los ojos de Tom se sobre abrieron mientras el cuerpo de Bill se apretaba y se sacudía en torno a él. Sacó sus dedos mientras temblaba.
-Dios, Bill… ¿qué te hice? ¿Estás bien? -susurró Tom frenéticamente, acariciando el cuerpo ahora sudoroso de Bill, tratando de tranquilizarlo- ¿Estás herido? -Su hermano apenas podía respirar.
-Tom… eso… -abrió sus piernas y gimió- se sintió increíble. -Los ojos del mayor se abrieron de la impresión.
-¿Se sintió bien?
Bill asintió.
-Sí, sí, ese era mi punto. -Tom intentó de volver a meter sus dedos pero Bill se retorció-. No, solo pon tu… pene. Voy a gritar si lo tocas con tus dedos.
-No grites -susurró Tom-. No hagas ningún sonido.
Bill movió la cabeza haciendo que los suaves rizos oscuros cubrieran su frente.
-Sólo… necesito que lo hagas.
Abrió las piernas lo más que pudo y las cerró en torno a la cintura de Tom, jalándole hacia él. Sintió el miembro de su Tom entre sus piernas y luego contra su entrada, y gimió con suavidad. Su hermano puso una mano sobre su boca y besó su nariz.
Bill murmuró algo a través de los dedos de su gemelo.
-¿Qué? -preguntó Tom en voz baja.
-Te amo -respondió Bill, con claridad y parpadeando nerviosamente-. En serio, oh… Por favor, simplemente hazlo.
Tom cogió la mano de Bill y besó los nudillos.
-Estamos haciendo esto… Sexo real.
-Fóllame -respondió, sorprendiendo a ambos. Tom dejó que una pequeña risa saliera y besó la cara sudorosa de su hermano.
-Está bien -dijo Tom. Se inclinó hacia delante, de rodillas y tomó las piernas de Bill y las apretó a follarte ahora mismo.
Bill aspiró profundamente.
-Dímelo. -Tom le miró inquisitivamente-. Esto es inmenso -comentó, con suavidad-. Te estoy dando… ya sabes. Dímelo.
Tom rozó su estómago con el de su hermano y embistió con suavidad, agarrando la cara de Bill.
-Te amo, te amo -repitió contra la piel de su hermano.
Bill gimió y tocó con una mano llena de loción el sexo de su gemelo. Lo acarició un par de veces antes de que Tom arremetiera en su cuerpo desnudo y largo. Dejó ir la erección de Tom y se echó hacia atrás completamente, estirando su cuerpo y poniendo sus manos sobre su cabeza.
-Feliz navidad.
Tom bajó la cabeza y besó los labios de Bill, sus caderas yendo hacia delante, su sexo probando la resistencia del pequeño cuerpo. Los ojos del menor se abrieron mucho y sólo pudo sentir el calor mientras la cabeza de la erección de Tom se hundía adentro.
-¡Oh, mierda! -chilló. Se estaba deslizando hacia dentro y Bill se tensaba debajo-. Bill, casi estoy… Estoy dentro de ti. Estoy… oh mierda, Bill, estás muy apretado.
Tom no pudo prestarle atención a la expresión de dolor en la cara de su hermano ni a su respiración entrecortada. Todo lo que pudo pensar fue que por fin estaba dentro de Bill y lo jodidamente bien que se sentía. Casi demasiado bien y eso que aún faltaba camino por recorrer.
Bill estaba tratando de no llorar, de no alejarse de su hermano y hacerse una bola. Estaba siendo desgarrado de cierta manera, todo su cuerpo acalambrándose. Solo podía soltar quejidos y recibir todo el miembro de Tom, porque a pesar de que le dolía como nada nunca antes, no podía retroceder ahora.
Había molestado y prometido a Tom eso… y ahora su hermano le estaba jodiendo.
-Oh -susurró Bill casi sin voz. Veía estrellas y no del buen modo. Su visión estaba llena de destellos flotantes. Mientras parpadeaba mucho por el dolor, mordió con fuerza su labio haciendo que sus dientes casi le perforaran-. Tom…
-Mierda -gimoteó Tom, dejando caer su cabeza, presionándola contra el pecho de Bill-. Bill, Voy a…, oh… Mierda… Voy a…
Bill apartó la mirada, centrándose en el árbol de navidad tan cuidadosamente decorado. Sus pensamientos estaban vagando. Si eso era el sexo, no quería hacerlo nunca más.
Mientras tanto Tom estaba pensando que el sexo era la mejor cosa que existía. Su miembro estaba muy dentro de Bill, saliendo y entrando con rudeza, con movimientos inexperimentados. Sus ojos estaban cerrados, muy apretados. Quería mirar a Bill pero ese era su momento, había estado esperado tanto y finalmente… era todo lo que pensó que podía ser. El sexo con Bill… El jodido de su hermano era asombroso.
-Increíble -suspiró Tom, asegurándose fuera de Bill, para dar una embestida. Sintió como sus rodillas temblaban-. Oh, no… -Era demasiado, demasiado intenso. Retrocedió un poco sobre sus rodillas y apretó los puños mientras se corría con fuerza contra sus muslos y los de Bill. Su pene se sentía como nunca antes. Algo cambió dentro de él. Se sentía muy bien.
Cuando abrió sus ojos, no estaba preparado para lo que vio. Bill lucía débil y roto, estaba inclinado sobre sus codos y jadeaba pesadamente. Bajó una mano a su trasero y el rostro de Bill se contrajo de dolor.
-Bill -dijo Tom dándose prisa-. Bill… ¿estás bien? ¿Bill?
-Mierda… Tomi -dejó salir con la voz ronca. Tom apartó sus manos de su hermano y notó que había un poco de sangre en sus muslos.
-Oh Jesús, ¿estás bien? -La sangre hizo que su estómago se revolviera, pero Bill asintió. Estaba bien.
-No te asustes -dijo, tratando de recuperar el aliento-. Mierda, Tomi, no sé si… podamos hacerlo de nuevo. -El corazón de Tom se detuvo.
-¿Te rompí? Te prometí que no iba a hacerlo pero se sintió…
-Sonabas muy bien -respondió Bill todavía respirando pesadamente-. Me alegra que lo hayas disfrutado… Sólo que -sus ojos se llenaron de lágrimas-, ¿se supone que iba a doler tanto?
Tom abrazó a Bill, cuidando de no moverlo demasiado y le besó los labios con suavidad.
-Fue tu primera vez. ¿No… quieres volver a hacerlo nunca más?
Bill limpió sus lágrimas, sintiéndose estúpido. Por supuesto que era difícil la primera vez.
-¿Realmente te gustó? Porque si así fue, quiero hacerlo de nuevo… um, en algún momento. -Tom negó con la cabeza.
-No quiero hacerlo solo porque a mí me gustó.
-¿Pero estuvo bien? -Los ojos de se veían suplicantes- ¿Te sentiste bien en mí? -Bill necesitaba saber que estuvo bien para Tom. Su cuerpo aún estaba ardiendo, su interior se sentía friccionado con rudeza. ¿Cuándo pararía el dolor? Agarró las manos de Tom-. ¿Estuve bien?
Tom no sabía como expresarle lo bien que se sintió. Nunca se había corrido tan fuertemente ni tampoco se había perdido tanto en el orgasmo.
-Fue el mejor momento de mi vida -contestó con seriedad-. Tú eres muy excitante y te amo.
-Entonces -contestó- vale la pena hacerlo de nuevo. Quiero tratar, pero la próxima vez, Tomi quiero que… ya sabes… te corras dentro. -Besó los labios de su hermano e hizo una mueca de dolor. Su entrada estaba muy adolorida-. Ow… creo que necesito limpiar o algo así.
-Te voy a ayudar. -De pronto un suave sonido se escuchó.
-Mamá - murmuró Bill. Tom asintió y jaló los cobertores para cubrirse, y ambos se separaron hacia diferentes lados de la cama
Simone había tenido problemas toda la noche. No había podido dormir y había intentado todo lo que se le ocurrió para hacerlo, hasta que decidió que no le haría daño levantarse y tomar un vaso de agua.
Mientras caminaba por la sala, levantó la cabeza. En el sofá, bajo una montaña de cobertores estaban sus dos muchachos. Estaban dormidos. Giró la cabeza unos cuantos grados. La habitación estaba fría y ambos estaban cubiertos hasta la cabeza.
Estaba por dejar la estancia cuando vio algo que estaba en el piso. El pantalón de pijama de Bill.
- - -
Nota: Nunca antes me he sentido tan… pervertida como me sentía mientras traducía este capítulo. En serio. ¿Aparte, soy la única que ha sufrido con Tom y Bill en "su espera"? Díganme que no y seré una mejor persona.
Amé imaginarme a Bill con un lazo en la cabeza y diciendo que él era el regalo… y lo "realista", a pesar de todo. =D
Por cierto, la historia está hasta el capítulo doce en slasheaven. So, ya saben.
