Capítulo 7
De inmediato se volteó, dándoles la espalda a los chicos dormidos, y sintió que iba a tropezar contra alguna pared. Sus hijos habían estado metidos inocentemente bajo los cobertores con una división de almohadas entre ellos.
Pero el pantalón de Bill… Algo dentro de ella se revolvió.
Simone se sentó en la mesa de la cocina, de nuevo. No podía sacarse de la cabeza lo que había visto.
El pantalón de pijama de Bill, en un ovillo arrugado tirado en el piso.
Se inclinó hacia atrás en la silla y exhaló lentamente. Tal vez no significaba nada. Tal vez Bill había sido únicamente Bill, y no pudo decidir con cual pantalón dormir, así que se trajo dos y que no había usado, terminó en el piso.
Simone frunció el ceño. O quizá era algo más.
Sacudió la cabeza de un lado a otro. ¿Por qué, casi de pronto, se había lanzado a la conclusión de que algo estaba pasando? ¿Acaso estaba tan mal de la cabeza para pensar así sobre sus hijos? ¿O sólo era muy perceptiva?
-¿Qué han hecho? -susurró. Puso la cara en sus manos y suspiró profundamente. De seguro nada malo. Pero cualquier cosa podía ser mala, cualquier cosa podía ser muy mala.
Después de levantase con lentitud, determinó regresar a la cama a meditarlo un poco. No quería en lo mínimo dedicarle más tiempo a pensar sobre eso, pero sabía que iba a afligirse de todos modos durante los días que venían.
Tal vez, decidió, no era nada.
Regresó a su habitación con cansancio y sin mirar la sala, aún mientras pasaba por ella.
Bill abrió un ojo. La luz del dormitorio de sus padres estaba apagada y todo estaba en silencio de nuevo.
-Tom -susurró.
-¿Mm? -Bill se sentó con lentitud.
-¿Estabas dormido?
-Yo… -Tom abrió sus ojos, bostezando-. Tal vez
-Eso estuvo cerca -comentó el menor, permitiendo que una sonrisa se arrastrase en sus labios, pero pronto la cambió por una mueca de dolor-. Ouch.
Tom se despertó instantáneamente, acercándose más cerca de su hermano.
-Oh dios, ¿estás bien?
-Lo estaré -contestó Bill, besando la nariz de su gemelo-, pero quiero lavarme… y tengo hambre.
Tom sonrió y bajó su cabeza lo suficiente para rozar sus labios.
-¿Duele? -preguntó con voz silenciosa. Bill asintió.
-No voy a olvidarlo -declaró-. Mañana voy a sentirlo todo el día, Tomi… voy a sentir como me lo hiciste.
Tom tragó duro y le apretó los hombros, jalando de su cuerpo desnudo para que se levantase.
-Agarra tu pantalón, quiero lavarte.
-
Cerraron la puerta del baño y Tom viró hacia Bill, bajándole el pantalón. El mismo que su madre había visto en el suelo, pero por supuesto, ellos no lo sabían.
-¿Para qué me lo puse de nuevo? -preguntó Bill en tono de burla.
- En caso de que nos encontráramos con la abuela -respondió Tom haciendo que su hermano riera. Se arrodilló, rozando con sus labios el estómago de Bill y haciendo que él jadeara suavemente-. Voltéate.
Bill dudó y Tom deslizó sus manos por sus muslos desnudos, girándolo lentamente.
-¿Qué… estás haciendo? -preguntó. Podía sentir el cálido aliento de Tom en su espalda.
-Voy a besarte -jadeó Tom en respuesta.
Bill trató de decirle que no, que no era innecesario pero su hermano presionó sus labios en su trasero. A Tom le tomó un par de torpes y húmedos besos encontrar su adolorido esfínter y cuando lo hizo no pudo evitar gemir.
-Tomi -suspiró Bill, cerrando sus ojos-. Eso es… diferente.
-¿Sí? -Tom le besó de nuevo, dejando que su lengua rozara a Bill.
-¿Qué sabor tiene? -preguntó el menor, mirando sobre su hombro.
-Como tú. -Tom se pausó-. Y yo.
-Claro -murmuró.
Puso una mano en la cabeza de Tom y pasó un par de rastas entre su dedo pulgar e índice. Su hermano se levantó, dejando un sendero de besos en su espalda hasta su cuello. Chupó la piel de ahí y Bill jadeó de nuevo, incapaz de evitar que sus dedos se encogieran en los azulejos.
-Bueno, voy a limpiarte. -Bill sonrió y brincó al tocador, abriendo sus muslos. Ambos hicieron una mueca de dolor ante la sangre seca que ahí había. Tom frunció el ceño ante lo rojo que estaba la entrada de su hermano-. Lo siento -murmuró Tom, tocando debajo de los testículos de Bill con cuidado-. No quería hacer eso.
Bill negó con la cabeza y jaló del cuello a Tom, haciendo que sus narices se tocaran.
-No lo lamentes, me encantó.
-Mentira.
-En serio -dijo Bill con suavidad-. Dolió como mierda pero valió la pena.
-¿Sí? -Tom miró a su hermano con escepticismo pero éste asintió.
-¿A ti realmente te gustó?
-¿Estás bromeando? -Tom atrapó con sus brazos el cuerpo su hermano-. Me corrí en… un minuto. Me siento muy tonto. Te dolió a pesar de que supuestamente debía sentirse bien.
-Se sintió bien aquí -contestó Bill poniendo una mano en su pecho, justo encima de su corazón-. Nunca voy a olvidar cómo lucías cuando te corriste. ¿Realmente se sentía tan bien?
Tom se sintió algo emotivo, como si fuera a llorar o algo igual de vergonzoso y le besó en la mejilla.
-Fuiste el mejor -dijo y recorrió con sus manos el pecho de Bill-. Pero tú no te corriste.
-No me importa.
-A mí sí. -Bill sonrió, pero hizo un gesto de dolor cuando el dedo de su hermano pasó con fuerza por su entrada adolorida.
-Sé cuidadoso -pidió. Tom frunció el ceño, sintiéndose culpable.
-Odio haberte hecho doler.
-Solo fue un poco. -Bill tocó cuello de Tom, acariciando y luego se hizo hacia atrás, haciendo una mueca-. Estoy sucio, límpialo.
-¿Yo?
-Claro, tú lo has hecho. -Tom rió un poco, sintiéndose relajado. A Bill le había gustado y no estaba herido. Le gustó, se repitió. Estaba riendo y bromeando.
-Estás bien -afirmó sólo para asegurarse.
-Lo estoy. -Bill abrió el grifo de agua y puso una mano bajo el chorro, esperando a que saliera el agua tibia-. Tenemos que ser silenciosos. -Tom tomó una pequeña del colgador y la puso debajo del agua, para luego exprimirla.
-Fuiste callado.
-Para la próxima vez quiero deshacerme en jodidos gritos -comentó Bill- porque eso es lo quería hacer: gritar. -El mayor de los gemelos gruñó.
-Vas a matarme.
-Venganza. -Bill hermano sonrió dulcemente.
Tom rodó los ojos y comenzó a deslizar la toalla húmeda por los muslos de Bill, limpiando la sangre y el semen. Su hermano estaba entremetiéndose según cada toque se acercaba a su entrada y se sintió culpable… sin embargo, los ojos de Bill brillaron.
-¿Vas a aprovecharte porque valió la pena?
-No, duele. -Tom estrechó sus ojos.
-No te creo -contestó. Bill gimoteó y se removió, alejándose de él y mordiendo su labio para no reírse.
-Ni siquiera me corrí.
-¿Quién tiene la culpa de eso? -Bill suspiró profundamente.
-No había forma de que pasara -dijo, riéndose-. Ya, bueno, no es la gran cosa. Mierda, me estoy muriendo de hambre.
-Yo también.
Tom se agachó y tomó el sexo de Bill con su boca, haciéndole soltar un quejido agudo y que pusiera las manos en su cabello.
-Tomi, no -negó Bill, sin sonar de modo alguno convincente-. Yo… -Gimió haciéndose escuchar por encima del agua corriendo y se inclinó hacia la gaveta de medicinas, agarrando la cabeza de su hermano.
Tom dejó que su hermano guiara sus movimientos, tratando de hacer lo mejor que podía. Ese no era su fuerte, pero en ese momento tenía a Bill, casi ahogándose al tratar de tragarlo todo en su garganta. Pero, aparentemente, el casi ahogarse estaba bien.
Bill se retorció mientras su garganta apretaba la erección.
-Sí, Tomi -dijo el menor esta vez. Dejó de guiar su cabeza y comenzó a acariciarle-. Te amo, oh… oh…
Tom dejó que el miembro se deslizara fuera de su boca y tocó con la lengua la punta, viendo como los ojos de Bill se cerraron, sus manos temblando. Dejó resbalar un dedo por el muslo de su hermano, buscando con delicadeza la entrada, cuando la encontró la acarició con suavidad y volvió a tomarlo en su boca.
La sensación para Bill tenía algo de asombrosa. Dolía y hería en demasiadas maravillosas maneras. Contrajo los dedos de sus pies y dejó que el dedo de Tom se deslizara dentro. Su hermano estaba siendo muy cuidadoso en eso y Bill quería llorar o correrse. O ambos.
-Voy a… Mierda.
Bill se movió contra el espejo y la punta del dedo Tom tocó su próstata. Eso fue todo lo que tomó para que viera estrellas y se corriera en la lengua hambrienta.
Tom se movió hacia atrás y jadeó, lamiendo sus labios y sonriendo. Bill tenía las piernas tensas y estaba sosteniéndose un lado del espejo con los ojos muy abiertos.
-Mierda -dijo Bill de nuevo, esta vez con más suavidad-. Espero que nadie oyera eso. -Tom se pasó el antebrazo por su boca y se encogió de hombros.
-Más o menos no me importa.
-Tom -se quejó Bill y se bajó del tocador. Tom se levantó y él lo cubrió de lamidas y besos, haciendo que protestara en forma juguetona.
-¿Ahora qué? -preguntó el mayor- Ahora que ya, tú sabes, tuvimos sexo. -Bill se sentó de nuevo y entornó los ojos.
-Tengo mucha hambre.
-Hay algo de papas que dejamos. -Bill ya estaba subiéndose el pantalón. Cerró el grifo y gruñó.
-Creo que el abuelo se las comió todas.
-No, tú te las comiste todas -dijo Tom, lanzando la pequeña toalla al piso.
-Sí, lo hice -admitió Bill y se quedó en silenció un segundo, sonriendo con timidez-. Feliz navidad.
-La mejor jodida navidad de nunca.
Bill se sonrojó hasta la punta de las orejas. Quitaron el seguro a la puerta y salieron para encaminarse a la cocina.
-
-Tom, ¿puedo hablar contigo un momento?
El chico ya estaba camino a la puerta, con el gorro y los guantes ya puestos. Estaba yendo a encontrarse con Andreas en el parque, pero su madre estaba parada en la cocina, luciendo cansada. Sus familiares acababan de irse y Bill todavía dormía.
-Sí, mamá -contestó, quitándose de encima la mochila-. ¿Qué pasa? -Simone miró alrededor, asegurándose de que estaban solos y se sentó en la mesa, haciendo un gesto a la silla que estaba enfrente de ella
-Necesito hablar contigo sobre algo importan… sobre algo serio. -Tom mordió su labio y se sentó, dubitativo.
-¿Algo serio?
Sintiéndose nerviosa por enfrentar a su propio hijo, Simone aclaró su garganta y toqueteó con torpeza sus mangas. Tenía toda la intención de preguntarle a Tom qué era lo que estaba haciendo con Bill, a Bill. Para conservar su propia cordura debía saber. Tenía que confirmar sus sospechas.
La noche anterior había decidido que no podía decir algo. ¿Cómo hacerlo? Ni siquiera se imaginaba pronunciando algunas palabras a sus hijos.
Pero entonces se despertó, hizo café y fue al baño a tomar un baño caliente; cuando se estaba poniendo la bata, vio una toalla que estaba en una de las esquinas de la habitación. Suspiró. Tener dos hijos significaba ir recogiendo ropa detrás de ellos. Estaba por lanzar la toalla a la canasta de ropa sucia cuando notó que había algo que no debía estar: una pequeña mancha de sangre seca.
No estaba segura de qué significaba eso. ¿Tom estaba haciéndole daño a Bill? Tal vez no era lo que estaba pensando, tal vez pasaba algo más. De la única cosa que no tenía dudas es que algo estaba pasando.
Miró a su hijo al otro lado de la mesa. No podía imaginar a ese chico inocente y dulce haciéndole algo a su Bill.
-Encontré una toalla en el baño -dijo Simone observando como la cara de su hijo se teñía de rojo-, y había sangre en ella. ¿Qué ha pasado? -Tom tragó saliva y bajó la mirada-. Dime la verdad.
-No… no sé.
-¿Le has hecho daño a Bill? -Simone se arrepintió inmediatamente de lo que dijo ni bien los ojos de Tom mostraron dolor.
-¡No! -respondió con voz alta y se detuvo-. Es algo tonto, traté de… -Tom cruzó sus brazos- afeitarme. -Simone alzó una ceja.
-¿Afeitarte?
-Sí, um, me hice corté -aclaró. Simone no vio ninguna marca en la cara de Tom y su corazón se detuvo. Por un momento le había creído.
-No veo ningún corte. -Tom encogió los hombros.
-No me he afeitado la cara.
-¿Entonces dónde…? -arrastró las palabras.
-No quiero hablar de eso -se adelantó a decir el mayor de sus hijos-. ¿Ya terminamos?
Simone asintió con torpeza. Tom no estaba mintiendo; ningún hijo podía mentirle tan impecablemente a su propia madre… o por lo menos eso era lo que esperaba.
-Está bien, y bueno, ten cuidado con eso.
-Ten por seguro que para la próxima vez lo tendré -contestó Tom.
-Diviértete -dijo Simone con incomodidad y le despidió con una mano.
Tom dio un paso hacia el aire fresco, aliviado de haberse eludido de las preguntas. No sabía exactamente lo que ella estaba suponiendo, pero sí sabía que la había despistado de lo que fuera.
Entonces detuvo su caminar. Le había dicho a su madre que se había cortado afeitando su…
Sacudió la cabeza, poniendo sus manos en los bolsillos y retomó su camino.
-
-Tenemos dos botellas de vino -dijo Bill con orgullo- y algo de champaña… La misma cosa, probablemente.
-Claro que no lo es, idiota -contestó Tom, sin amabilidad.
Era la víspera de año nuevo.
Los gemelos habían rogado a su madre y a Gordon que les dejaran tener una pequeña fiesta. Sus padres habían estado de acuerdo. Ellos habían sido invitados a la fiesta de unos vecinos.
Bill y Tom invitaron a Andreas, su único amigo de la escuela y les habían dicho a Georg y Gustav que pasaran por ahí.
Andreas puso una botella de vino entre sus piernas e intentó jalar el corcho.
-Yo exijo ésta como mía.
-No puedes exigir una botella -se quejó Bill-. Dámela, estás arruinándolo.
Tom suspiró ruidosamente y alejó el vino de Andreas y de Bill. Agarró el sacacorchos y la destapó con facilidad.
-Sólo es mía, no pueden emborracharse ahora.
-¿Qué te hace pensar que voy a emborracharme? -Bill sonrió dulcemente a su hermano, haciendo que éste sintiera un vacío en el estómago.
-Tú eres un peso ligero -contestó Tom, recobrándose-. En serio, voy a patearles el trasero de aquí a una hora. Y eso es tan jodidamente odioso. -Andreas rió.
-Dame un poco.
-Tenemos que esperar a Georg y Gustav -intervino Bill-. Dijeron que se pasarían por aquí.
-Dudo que lo hagan -dijo Tom sin ánimos. Bill hizo una mueca.
-¿Qué? ¿No soy lo suficientemente divertido para ti? -Tanto Andreas como Tom tornaron los ojos
-Vamos a tomar -declaró Andreas- de esa botella. -Señaló la que tenía Tom en sus manos, abierta-. Si nos embriagamos, nos embriagamos. Ahora sírveme.
Tom no pudo rebatir esa lógica. Sirvió a cada uno en un vaso grande, vaciando la botella. Entonces brindaron y tomaron rápidamente sus bebidas. Tom estaba en lo correcto, todos iban a estar ebrios antes de medianoche.
Para el momento en el que Georg y Gustav aparecieron, justo antes de las once, encontraron a los tres chicos ebrios riéndose tontamente, pasando el tiempo con el Playstation y haciendo llamadas de broma.
-Los niños de estos días -comentó Georg. Él traía vodka y ron, es decir, es decir, alcohol de verdad.
-¿Esta es una fiesta? -preguntó Gustav, sonriendo-. Oh bueno, es mejor que en la que estábamos.
-¿Dónde estaban? -quiso saber Tom.
Se sentía muy chiquillo y quería que sus amigos más grandes pensaran que era muy maduro; pero con Bill rodando por el piso y a veces terminando en su regazo era algo difícil de lograr.
-Estábamos en la fiesta de mi ex -respondió Georg, quitándose el abrigo-. Estaba bien, pero todo el mundo era demasiado…
-Ustedes nos agradan más -terminó de decir, Gustav. Bill les sonrió.
-Eso es porque yo soy… Hey, ¿eso es vodka? -Georg rió, sentándose en la mesa.
-Sí, es de lo que guardaba Allysa, mi ex -explicó.
-No debimos de haberle robado -comentó Gustav-. Ella se veía muy bien. -El muchacho castaño le frunció el ceño.
-Son cosas del pasado -dijo, abriendo la botella de vodka-. Niños, ¿ustedes saben lo que son los tragos cortos?
-Es lo que se toma en una de esas tacitas, ¿no? -Bill hipó-. Son lindas. -Andreas se levantó, sacudiendo la cabeza
-Él ya está ebrio -dijo entrecortadamente. Aparentemente trataba de lucir interesante para los chicos mayores que apenas conocía-. Traeré algunas tazas.
-Vasos -le corrigió Tom. Las mejillas de Andreas enrojecieron mientras iba hacia la cocina.
Georg tomó un sorbo de la botella de vodka
-Entonces, ¿debo hacer llamadas de broma?
-Nadie va a hacer bromas a nadie, o por lo menos yo no -dijo Tom, orgulloso de poder hablar sin arrastrar las palabras-. Podemos hacer otra cosa.
-De ninguna manera. Voy a llamar a Alyssa -contestó Georg, tomando algo más de vodka. Se estremeció mientras se lo tragaba y alcanzó el teléfono.
-Se veía tan bien -comentó Gustav, agarrando la botella de Georg. Tomó un sorbo largo y luego se la pasó a Bill. Éste negó con la cabeza.
-Quiero el mío en uno de esos, um, vasos bonitos.
-Qué chica. -Gustav se sentó a lado de Georg-. ¿Vas a llamarla?
-Sí, espero que no tenga identificador de llamadas.
Bill se movió hacia Tom, poniendo la botella en sus manos.
-Georg va a hablar con ella toda la noche -susurró. Tom levantó la botella, haciéndole reír-. Qué fiesta, ¿eh?
El mayor de los gemelos tomó algo de vodka, sintiendo como la garganta le quemaba. Limpió su boca y miró a su hermano. Bill se había arreglado el cabello del modo que le gustaba, suave y ensortijándose hacia sus ojos. Y el maquillaje simplemente lucía…
"Precioso", decidió. Tocó la garganta de Bill con el revés de sus nudillos, sintiendo ya la sensación zumbante del vodka recorriendo su sistema.
-Hey. -El otro pestañeó seguidamente y ambos rieron
-Esta es la mejor fiesta a la que he ido -dijo Bill, apoyándose en el hombro de su hermano-. Bueno, aparte de la de navidad.
-Ah, claro, porque la abuela es salvajemente divertida -se burló Tom antes de tomar otro sorbo de vodka. Los labios de Bill se curvaron en una sonrisa.
-Me refiero a después -fue todo lo que dijo. Su hermano parpadeó, sintiendo como una oleada de excitación corría por todo su cuerpo-. A ti te gustó esa fiesta mucho.
Tom asintió tontamente, recordando la sensación de estar dentro del apretado cuerpo de Bill. No habían hecho nada desde esa noche. Estaba siendo cauteloso por su madre y por haber herido a Bill… además, su hermano aún estaba recuperándose.
-Embriágame un poco más y tendremos otra fiesta.
-¿Cuándo?
Bill tarareó un poco, tomando con delicadeza de su vaso con vino. Le guiñó a Tom, sonriendo y alzó los hombros.
-¿Este o el próximo año? -Tom arrugó la nariz.
-Eso es muy cursi.
-Tú elige.
Tom miró alrededor. Georg estaba hablando por teléfono y Gustav estaba riéndose con su atención centrada en el chico castaño.
-Quiero mi beso a medianoche -susurró Bill. El estómago de Tom se retorció. Su hermano lucía increíblemente delicioso.
-Vas a tenerlo -contestó-. Definitivamente vas a tenerlo. -Bill sonrió y tomó la botella de vodka, vertiendo un poco en un vaso de plástico
-Voy a echarle algo de jugo de manzana.
-Qué niño -molestó Tom-. Entonces… ¿en serio? ¿Quieres… hacerlo de nuevo? -Bill asintió mientras se levantaba.
-Pronto. Esta noche.
Tom le miró caminar hacia la cocina. Georg aulló algo acerca de llamada en espera y él avanzó hacia el teléfono.
-Probablemente sea mamá o Gordon -dijo-. No te preocupes, no le voy a colgar a tu novia -molestó, tomando el aparato.
-¡Ex! -gritó Georg-. Espera, Allysa. -Tom tornó los ojos y apretó un botón, escuchando el sonido que se desarrollaba al otro lado de la línea.
-¿Hola?
-Tom -era la voz de Simone-, ¿cómo la están pasando?
-Estamos bien -respondió, manteniendo los ojos en donde estaba su hermano-. Georg y Gustav vinieron… Estamos jugando y esas cosas.
-Ya veo -respondió ella-. ¿Dónde está Bill?
-En la cocina -dijo-. ¿Ustedes están divirtiéndose? -Simone rió por un instante.
-Sí, sí. ¿Por qué está Bill en la cocina? -cuestionó. Tom frunció el ceño. Su madre estaba actuando extrañamente.
-Tiene sed.
-Chicos, no tomen mucho -aconsejó-. Solo tienen las tres botellas que les dimos, ¿cierto?
Tom vio como Bill y Andreas regresaban con vasos. Ambos se sentaron a un lado de Georg y éste les sirvió.
-Claro -mintió.
-Es probable que no regresemos esta noche -comentó su mamá-. ¿Los chicos van a quedarse a dormir? -Ella sonaba tensa.
-No sé.
Miró a Bill tomarse el vodka y casi caerse. Los otros muchachos comenzaron a reírse. Tom quería colgar, las preguntas de madre le estaban poniendo ansioso.
-Deberían quedarse si están tomando -dijo Simone con firmeza-. Pueden quedarse todos en la sala, acampando.
-Quizá yo me vaya a mi cuarto -contestó haciendo que su mamá tosiera-. Bueno, tengo que colgar, estamos jugando cartas.
-¿Puedo hablar con Bill?
Bill estaba soltando risitas exageradas en el piso, dejando que Andreas le echara vodka directamente en la boca. Su estómago se removió mientras su hermano se movía contra la alfombra con los ojos brillantes y felices.
-Estamos algo ocupados -respondió por fin-. ¿No podemos hablar mañana? -Simone no dijo nada por un momento hasta que se aclaró la garganta.
-No quiero que ustedes dos estén solos.
-¿Por qué? Ya estamos lo suficientemente grandes para quedarnos en casa solos.
-Si están tomando, preferiría que… que no lo hiciesen, ¿está bien?
Tom estaba confundido, pero dijo estar de acuerdo.
-Voy a hacer que se queden.
-Bien. Feliz año nuevo, cariño -dijo ella.
-Tú también, adiós.
Colgó el teléfono sintiéndose muy extraño, su estómago hecho un nudo. Pero Georg y Gustav lo atacaron y forzaron a que el ron y vodka corriera por su garganta y pronto no estaba sintiendo mucho de nada.
-
Tom no estaba del todo seguro como habían llegado a la habitación. Tampoco estaba seguro de cómo le había sacado el pantalón a Bill o cómo tenía ya tres dedos dentro de él. Pero de lo que sí estaba seguro era que Bill estaba gimiendo y arqueándose hacia él, y que eso sentía jodidamente bien.
Todas las sensaciones vinieron en olas, en largos relámpagos de irrefrenable excitación y se dio cuenta de que él también estaba desnudo.
¿Dónde estaba el resto? Que se jodieran, estaba ocupado con su hermano.
-Sí, Tomi, por favor -rogó Bill debajo-. Entra en mí.
-Dios -dijo Tom, sacudiendo su cabello y sosteniendo los brazos de Bill con su mano libre-. Espera, espera.
-No puedo -gimió Bill retorciéndose sin control-. Es curioso, mi cabeza está confusa y quiero que me folles. -El estómago de Tom saltó.
-Voy a hacerlo.
-Ya casi es medianoche -dijo con los ojos muy abiertos-. Mira… mira. Oh, espera. Feliz año nuevo.
-¿En serio?
-Mierda, ni idea -jadeó en respuesta, encogiéndose-. No muy fuerte… no muy… -Tom le echó un vistazo al reloj.
-No es año nuevo.
-Diablos.
Se friccionaron. Bill estaba muy excitado y sus miembros rozaron, frotándose juntos. Mientras miraba a su hermano, supo que podía correrse en su estómago y aún podría estar listo para más; pero ya tenía un plan. Iba a meterse dentro de Bill.
-Diez minutos para año nuevo -cantó Bill-. Ohh… Tom, oh, ¡Tom!
-Deja de moverte -reclamó Tom con torpeza-. Te mueves demasiado. Nunca paras de moverte… ¿por qué lo haces tanto?
-Porque estoy listo -jadeó el otro contestándole, sus ojos abiertos como platos-. Está bien, ambos estamos listos
-Esto va a ser increíble -murmuró Tom, presionando sus dedos dentro de Bill-. Increíble, increíble…
-¡Mierda! -Apretó sus músculos alrededor de haciendo que éste gruñera y sacara sus dedos-. ¡Tom!
-¡Ya sé, ya sé! -El mayor rodó fuera de la cama y empezó a caminar por toda la habitación, irracionalmente molesto por un momento-. ¿Dónde está la jodida… jodida… esa loción?
-No lo sé -contestó Bill, feliz-. ¡Encuéntrala!
-No la encuentro… Oh -dijo cuando se topó con la botella. La recogió y la apretó para luego comenzar a caminar mientras se echaba algo de loción en su erección.
Bill hizo un sonido en queja y jaló a Tom de los muslos.
-Déjame -pidió Bill. Tomó el sexo de su hermano y frotó. Tom gimió y retrocedió.
-No lo hagas -advirtió-, sino voy a explotar por toda la jodida casa. -Bill cayó en la cama y abrió sus piernas.
-Vamos.
Tom estaba borracho. Repentinamente tuvo un recuerdo: Andreas desmayándose en el sillón y Georg y Gustav dibujando penes por toda su cara. Su puso entre las piernas de Bill.
-¿Dónde están Georg y Gustav?
-Se fueron -suspiró su hermano-. En mí, ahora.
-¿A dónde? -Las caderas de Tom se movieron hacia delante y su sexo tocó la entrada de Bill. Lo miró fijamente.
-A la casa de esa estúpida chica -contestó. Rodeó con sus piernas la cintura de Tom-. Ahora hazlo
Eso fue todo lo que Tom necesitó, una última demanda y se empujó dentro de Bill, gimoteando mientras su miembro entraba en el calor estrecho.
-Oh, mierda -gimió-. Oh, Dios. -Bill se arqueó y su rostro se contorsionó por el dolor
-Apúrate, métela toda -dijo entre dientes-. Apúrate, Tomi.
Tom lo hizo, sin ni siquiera pensarlo. Estaba demasiado ebrio para ser cuidadoso, demasiado ebrio para decirle a Bill que no, que no deberían de hacerlo tan pronto. Bill estaba probablemente aún adolorido por lo de navidad.
-¿Duele? -preguntó moviendo sus caderas. No podía moverse ir hacia delante y hacia atrás. Bill se agarró de las sábanas.
-Te amo -dijo con voz forzada-. No duele mucho. -Su hermano juntó sus bocas.
-Yo también te amo -contestó Tom-. Quiero que te sientas bien, ¿se siente bien? -Seguía moviéndose, cuestionándose si podía golpear el pequeño punto de Bill. No recibió respuesta. Su hermano parecía estar demasiado concentrado para decir algo. Tom se removió un poco mientras lo follaba-. ¿Bill?
-Sí…
-¿Duele?
Bill hizo una mueca, tratando de relajar todo su cuerpo. Dolía un poco, pero aparte de eso, no sentía algo más ni bueno, ni malo.
-Ow… No, no realmente. Uh…
-Mierda -gruñó Tom, empujándose muy profundo dentro de Bill. Éste hizo un gesto de dolor y dejó que un sonido de queja saliera y Tom se inclinó hacia él, besándole. Miró la cara de su hermano menor-. ¿Tu pequeño punto está ahí?
-No lo sé -murmuró Bill, cerrando los ojos-. ¿Estás tú ahí? -Tom retrocedió.
-¿Qué?
-Oh, mierda, si estás -se corrigió, sonriendo con locura-. Tal vez mi cabeza duela, no lo sé. Tal vez debería seguir tomando.
-No más -contestó Tom. Comenzó a moverse de nuevo, agarrando las rodillas de Bill y apretándolas. El menor estaba balbuceando sobre nada concreto, entre la conciencia y el inconsciente-. Bill, quédate aquí.
-No voy a ir ningún lado -dijo mirándole-. ¡Oh!
-¿Oh? -Bill mordió su labio y se afianzó a los hombros de Tom.
-Espera, espera.
Tom suspiró, moviéndose con más intensidad. Bill contrajo sus músculos a su alrededor porque le gustaba la expresión que su hermano hacía. Tom gimoteó, embistiendo y maldiciendo ruidosamente.
-Bill, Bill, Bill -gimió. Comenzaba a sentirse cálido y pesado, su ingle estaba vibrando-. Mierda, voy a correrme, ¿está bien? ¿Está bien? ¿Bill?
-Sí -susurró-. Te amo, Tom, mucho. Por favor, córrete en mí. Será agradable.
Tom besó a su hermano y entonces se apoyó en sus brazos, moviéndose contra Bill una vez más. Sus rodillas temblaron y se corrió, casi todo dentro de Bill, pero teniendo que retroceder y luego arremeter de nuevo.
-Oh, Bill -suspiró, sacudiendo la cabeza y cayendo hacia delante. Puso su mejilla en el estómago de su gemelo, apretando sus piernas.
Bill pasó sus manos entre las rastas de Tom, observando como los ojos de éste se cerraban mientras jadeaba
-¿Estuvo bueno? -Bill se sintió inmensamente orgulloso del sonido de satisfacción que Tom hizo.
-Te amo… Se sintió tan bien.-Besó la cadera de Bill-. Esta vez fue mejor.
-Estás ebrio -dijo Bill, sonriendo. Tom se subió a su cuerpo, dejando besos por todo su cuerpo mientras se movía.
-Tú lo estás -contestó y besó su cuello, su la garganta -. ¿Dolió?
-Sí -dijo Bill-, solo un poco. Me gustó. -Tom sonrió mientras tocaba la semi-erección de su hermano con la mano.
-Quiero que te encante.
-Será así, lo juro -respondió-. Mmm, tócame, Tomi.
Tom le acarició y con la otra mano tocó con cuidado la entrada irritada.
-También duraré más -dijo Tom, empujando sus dentro hacia dentro. Bill chilló-. Te voy a joder por siempre. -Las cosas estaban volviéndose difusas para Tom. Miró a un lado, al reloj. Habían pasado cinco minutos desde medianoche-. Feliz año nuevo.
Curvó su dedo, encontrando el pequeño punto y Bill lloriqueó.
-Sólo… ¡oh! Sólo tienes que tocar el punto con tu… -Las caderas de Bill se arquearon mientras temblaba-. Voy a correrme muy rápido, no te detengas.
-Probablemente debamos regresar -murmuró Tom. Tocó el interior de Bill, presionando con fuerza-. Mamá dijo que…
-¿Qué dijo? -Bill mordió su labio, cerrando los ojos y luchando para no explotar-. Oh, oh, oh…
-Dijo que no quería que estuviéramos solos -contestó Tom, riendo. Se rió tan fuerte que cayó sobre Bill, haciendo que éste gruñera, retorciéndose debajo de él-. Ahá, sí, porque cuando estamos solos…
-Algunas cosas pasan -susurró Bill. Sintió como el dedo de Tom tocó en el lugar perfecto y sus rodillas temblaron. Hubo un estallido de calor por todo su cuerpo y se corrió con fuerza contra Tom-. Mierda, mierda.
-Me alegra que estemos solos -murmuró Tom, parpadeando para mantenerse despierto; miró hacia abajo, recorriendo el cuerpo de su hermano- porque no quiero que nadie más vea lo que yo veo.
-Nadie lo hará.
Bill se echó boca abajo y enterró la cara en el cobertor, sus hombros aún estaban temblando. Tom puso una mano en su espalda y la piel bajo sus dedos se tensó.
-¿Bill? -Éste levantó su cabeza
-Hay que bajar… Ugh, ropa.
-Tengo rastros de ti por todo lado.
-Sí.
Bill tragó duró y se levantó, tratando de mantener el equilibrio con sus brazos.
-Feliz año nuevo -dijo, sonriendo-. Nos lo perdimos, mierda. ¿Cuándo mamá te dijo eso?
-Llamó. -Tom alzó su pantalón-. Sonaba muy rara.
-Hm. -De repente Bill rió-. Bueno, va a estar muy molesta.
-Ella nunca va a saber -dijo Tom, su voz sonando de pronto seria-. Vamos a mantener esto en secreto por siempre para estar juntos, ¿está bien? -Bill asintió y abrazó a Tom de la cintura.
-Para siempre, Tomi.
Tom apretó la mano con fuerza y esperó que fuera cierto.
Nota: Por un par de motivos, decidí seguir actualizando aquí. Aunque, eso sí, a partir del siguiente cap., los créditos de la traducción no me los llevo yo. Saludos. n.n
