No le cuentes a mamá

Capítulo 11

Estaba oscuro en el bus y Tom estaba adormecido, el movimiento le arrullaba dentro y fuera de la conciencia. Giró y se relajó contra el colchón. Habían tenido un día muy largo; todo entrevistas, apariciones en la televisión y sesiones de fotos.

Ya estaba por caer en un profundo sueño, uno que realmente necesitaba, cuando la cortina de su litera fue bruscamente abierta.

-Ugh -gruñó y Bill se deslizó en su cama.

-¿Tom? –Su hermano se acurrucó inmediatamente bajo las sábanas, moviéndose sobre él-. ¿Tom, estás enojado conmigo?

Tom se incorporó un poco y tocó ligeramente detrás del oído de Bill, eso siempre calmaba a su hermano. Curvó sus dedos alrededor de la oreja y acarició.

-¿Qué?

-Has estado raro -dijo Bill-, desde que estábamos en casa. Mamá también. Tú... no me has tocado.

-Estoy tocándote -respondió Tom-. Estos días han sido estresantes y hemos estado cansados, ¿verdad?

-Es más que eso –replicó, insistente-. Antes nunca importó si estabas agotado… estábamos agotados los dos.

-Estoy realmente cansado -dijo Tom, frunciendo el ceño-. Muy cansado ¿sabes?

Tocó el cabello de Bill, ahora largo, y suspiró. Su gemelo sólo retrocedió un poco, con torpeza.

-¿Es una chica? -preguntó-. ¿Lo jodiste de nuevo? Sólo dime, prometo no enojarme.

-No es una chica.

-Entonces, ¿qué es? -El tono en la voz de Bill era casi infantil, suplicante. Tom lo acercó y frotó su espada-. Mamá y tú han estado extraños.

Tom miró a su gemelo bruscamente. -¿Qué pasa con mamá? ¿Qué te dijo?

-Nada -respondió Bill-. Es justamente eso. No ha dicho nada porque ella no quiere hablar conmigo.

-¿Qué? -Tom comenzó a sentirse enfadado.

-La llamé este lunes, como lo hago cada semana. Es nuestra rutina, ¿no? Y ella no contestó. Eso nunca había pasado, Tom, ella siempre responde cuando la llamo los lunes -dijo Bill, cabizbajo-. Ella nunca se perdió una semana y ahora siento como si hubiera hecho algo, porque ustedes dos han estado actuando muy raros conmigo.

El corazón de Tom casi se rompió con sólo de mirar a Bill. Parecía tan pequeño y vulnerable, incluso su labio inferior temblaba un poco. Tom se enojó con su madre; ella no necesitaba castigar a Bill, no por esto.

-Creo que ha estado ocupada con la galería -dijo. Tiró de Bill, abriendo sus brazos y abrazándolo. Su hermano suspiró placenteramente y le devolvió el gesto-. Ella no está enojada, está bien

Bill presionó su cara contra su cuello y besó su piel con suavidad.

-Tomi, ella ni siquiera se despidió. No lo hizo. No me miraba y casi no estaba en casa. No lo sé...

-Mamá también tiene una vida -le dijo contestó amablemente-. Ha estado trabajando como loca, tú sabes.

-Lo sé -lloriqueó Bill-. Pero... ¿entonces no estás molesto?

Tom sonrió y besó la frente de Bill.

- No, no seas tonto. -Se sentía horrible por hacer que su gemelo pensara que estaba enojado. Lo sostuvo estrechamente, tratando de compensarlo. Sabía que tendría que esforzarse más para salir del lío en el que se había metido.

El resto de su estadía en casa había sido extraña. Tom, sabiendo lo que sabía, se había sentido intensamente incómodo cerca de Bill y de su madre. Apenas había pasado tiempo con su hermano, incluso, apenas le había mirado. Con su madre, ni siquiera podía verle a los ojos. Gordon y Bill permanecieron relegados, ignorantes de la tensión entre Tom y Simone.

Tom había contado los minutos que faltaban para que pudieran marcharse, y Simone prácticamente se había esfumado: de pronto, la galería siempre estaba llena y ella estaba fuera de casa todo el tiempo. Eso calmó la culpa de Tom.

Le explicó a Bill que deberían dormir en sus propias camas por el resto de la visita. Elaboró una pequeña mentira, diciendo que había visto a Gordon quedarse más tarde de lo habitual y que no quería dejar ninguna posibilidad abierta a que les atraparan. Bill había sido cooperativo.

-Ha sido un día largo -susurró Bill-. Ahora que sé que no estás molesto, supongo que piensas que soy feo o algo.

-Si tú eres feo, entonces yo también -bromeó Tom y Bill le golpeó el brazo suavemente, haciendo que ambos rieran despacio.

-Creo que debo irme -dijo Bill con tono aburrido.

-Quédate un poco más -respondió Tom-. Aún es temprano. -Bill sonrió.

-¿Ahora me quieres cerca?

-Siempre te quiero cerca, no seas idiota -respondió Tom, besando la mandíbula del otro chico-. No estoy enojado, no te preocupes. Y mamá solamente está ocupada, ella no quiso ignorarte.

Bill sólo asintió, satisfecho momentáneamente. Tom suspiró suavemente, aliviado. Iba a tener que arreglar esto, de algún modo.

**

Tom agarró su teléfono y lo observó con los ojos entrecerrados. Era tarde y todo el mundo ya estaba dormido en el bus. Estaba en el salón, luego de haber dejado a su hermano en su litera, y se sentía increíblemente intranquilo. Sabía lo que tenía que hacer, lo había ensayado en su cabeza todo el día, pero ahora no tenía idea qué decir.

Sin otra cosa en mente marcó el familiar número con los dedos temblorosos.

-¿Hola? -dijo una voz cansada.

-Mamá -dijo Tom en voz baja. Hubo un silencio en el otro extremo y Tom mordió su labio-. ¿Mamá? -trató de nuevo.

-Sí -respondió Simone, cortante.

Tom suspiró: -Vamos, mamá.

-¿Qué pasa?

-Lo siento -dijo, mirando hacia la puerta abierta-. Realmente, realmente lo siento. Nunca quise... es decir... nunca...

-Tom...

-No puedes castigar a Bill por esto -interrumpió. Envolvió una rasta alrededor de su dedo, tirando, hasta que el cuero cabelludo le dolió-. Es mi culpa.

Simone suspiró a través de la línea: -Estaba equivocada al culparte como lo hice.

-No -susurró Tom-. Cúlpame. No a Bill. Puedes odiarme a .

-Yo no te odio -dijo Simone, su voz estaba cargada de una emoción que Tom no podía distinguir. Sonaba cansada, enojada... vieja-. Yo nunca podría odiarte.

-Tienes que llamarlo, lo está matando -dijo Tom.

-¿Y él no sabe? -preguntó rápidamente Simone. Tom mordió un poco su labio.

-No -dijo, cerrando los ojos-. Yo... no puedo.

-Te quiero -dijo Simone débilmente-. Quiero que lo sepas. Todo estará bien.

-¿Cómo? -respondió Tom sintiendo las lágrimas acumularse en sus ojos-. ¿Cómo puede estar bien? Se suponía que nadie, nunca, se debía enterar.

-Nadie más puede saberlo -afirmó ella-. Tienen que ser cuidadosos, Tom. Muy cuidadosos. Prométeme que tendrán cuidado.

-Siempre lo somos -dijo Tom.

-No lo suficiente.

Tom tragó duro: -Lo haré. Lo haremos. -Hubo un breve silencio y Simone carraspeó.

-Siempre te gustaron las chicas.

-Siempre fue sólo Bill -respondió Tom, inmediatamente-. Te prometo eso.

-¿Pero cómo? ¿No pueden detenerse? Él es tu hermano, Tom. Es mi hijo -dijo ella-. Por favor, Tom.

Tom sacudió la cabeza, tirando de su cabello dolorosamente.

-Lo amo -dijo-. Simplemente es así, siempre… desde el principio, desde el verdadero principio. Y yo...

Hubo un suave clic, de la puerta abriéndose y Tom maldijo.

-Mamá, tengo que irme.

-Tom, no-

-Te quiero -dijo él. Simone suspiró, tal vez para responder de alguna manera, pero él ya había colgado el teléfono. La puerta de la sala crujió al abrirse y Bill metió su cabeza dentro, su cabello se encontraba desordenado y lleno de estática.

-¿Tomi? ¿Por qué estás despierto? -preguntó somnoliento. Tom bajó el teléfono y suspiró.

-Ven aquí.

Bill hizo una cara, pero se sentó junto a su gemelo de todas formas. Tom lo empujó cerca y las piernas del chico quedaron sobre él.

-Bill. -Presionaron sus narices juntas con suavidad.

-¿Qué pasa? -preguntó Bill.

Tom sacudió la cabeza y besó a Bill

-Nada.

* *

-Dice que nos extraña, especialmente a mí -hablaba Bill, sonriendo y alzando las cejas.

Tom suspiró aliviado. -Bueno, sí, por supuesto que lo hace.

Bill rodó a un lado, lanzando su teléfono lejos. Acababa de hablar con Simone y ella se había comportado, diciendo cosas agradables y poniendo, de nuevo, una sonrisa fácil en la cara de Bill. Tom sintió que se sacaba un gran peso de los hombros.

-Tomi -susurró Bill-. ¿Cuál es el problema? -Tom miró a su gemelo, vio su expresión de confusión y forzó una sonrisa brillante.

-Nada. Te dije que ella sólo estaba ocupada.

-Sí, me dijo que está teniendo algunas buenas ventas en la galería.

Tom asintió, sabiendo que no había ventas, buenas o de otro tipo.

-Claro. Ella pone como locos a todos cuando cosas como esa pasan, ya sabes.

-Extraño nuestra casa -expuso suavemente Bill, descansando su mentón sobre su pecho-. Y a mamá.

-Cuentas conmigo -dijo Tom casi inaudiblemente, besando la frente de su hermano. Él no podía extrañar su casa, no cuando sentía mucha más libertad en la carretera, donde era mucho más fácil estar con Bill. Estar en casa nunca se sintió como libertad o seguridad para él. Siempre había tensión.

Bill rodó sobre su espalda y arrugó la nariz.

-Ella dijo que nos envió algo. Espero que pueda comerse.

-Me alegra que te haya llamado -fue todo lo que Tom dijo. Atrajo a Bill contra su pecho y besó el espacio entre sus hombros.

Bill dejó escapar un pequeño chillido.

Pero Tom no podía relajarse. Se sentía intranquilo, nunca olvidaría cómo Simone le había hecho sentir y se prometió a sí mismo que se aseguraría de que Bill nunca se enterase y también se sintiese de esa forma.

¿Pero cómo podría guardarlo para sí mismo? ¿Cuánto tiempo podría? Él le decía todo a Bill y sabía que el calvario con su madre aún estaba lejos de terminar. Ella todavía se encontraba enojada, siempre lo estaría, y Tom no la culpaba por ello.

No era estúpido, sabía que lo que Bill y él hacían era considerado erróneo, que probablemente fuera un error. Pero eso no significaba que pudiera detenerse, incluso aunque hubiese querido. Ellos estaban demasiado conectados, uno era la vida del otro. Tom nunca podría alejarlo, nunca podría alejar a Bill.

El sólo pensar en perder a su gemelo hacía que las palmas de sus manos sudaran y que su corazón latiera de forma irregular. Nadie, ni siquiera su propia madre, había estado allí para Bill como había estado Tom. Y nadie había estado nunca para él como Bill. Crecieron confiando sólo en ellos, hasta llegar a enamorarse uno del otro. Había tomado años, pero habían caído en ello y ahora no había retorno.

Tom se preguntaba, mientras sostenía a Bill cerca de sí sintiendo cómo caía en un profundo sueño, si algo de esto habría sucedido si su padre no se hubiera ido. No, Tom sabía que el que su padre se fuera no tenía nada que ver. Fue mejor cuando se marchó.

Significaba que debían estar juntos, decidió. Y si ellos lo querían así, nadie podría detenerlos. Nadie podía decirle al destino que se fuera a la mierda. No era un error.

Estaba destinado y a Tom no le importaba que tan duro tuviera que trabajar para mantenerlo. Él siempre tendría a Bill.

**

La música sonaba ruidosamente en torno a Tom. Se encontraba en la barra, apoyado sobre uno de sus codos y sorbía lentamente su bebida. Era un licor fuerte, más que nada alcohol, demasiado para que él pudiese manejarlo. Su mundo comenzaba a volverse borroso y su vientre se sentía cálido mientras miraba a Bill en la pista de baile.

Bill estaba sonriendo, bromeando, riendo y moviéndose espasmódicamente alrededor de la pista, bailando al ritmo de la música y saltando alrededor de todo el mundo. Georg estaba cerca de él, empujando y tirando de Bill, y tenían un aire de presunción. Gustav se detuvo junto a Tom y asintió.

-Vergonzoso -comentó Gustav, cabeceando hacia Georg y Bill.

-Celoso -replicó Tom, riendo un poco. Su cabeza se sentía pesada y sólo deseaba tomar a Bill y frotarse contra él. Su estómago se agitó un poco cuando vio cómo una chica se movía hacia la derecha, hasta Bill, mientras él reía y le tomaba de la cintura.

Sabía que no significaba nada, que Bill sólo se divertía, pero el extraño sentimiento aún se retorcía en su estómago. Celos. Tom rió levemente, casi le agradaba sentirse posesivo sobre Bill. Era una emoción normal.

Tomó un trago de su bebida y miró a Gustav.

-Tal vez deberíamos ir por ellos antes de que se vuelvan unos completos idiotas -dijo.

Gustav tomó un largo sorbo de su cerveza.

-¿Celoso?

-Yo podría arrebatársela a Bill en un segundo -dijo Tom, sonriendo.

-No me refería a eso -dijo Gustav. Vació su botella y se volteó hacia la sección VIP donde habían estado toda la noche-. Vuelvo allá.

Le dio una última mirada y desapareció dentro de la cabina. Tom miró abajo, hacia la pista de baile. Georg había dejado solo a Bill y volvía, también, hacia la sección VIP.

Ahora, sólo quedaban Bill y una linda pelirroja.

Suspiró y continuó mirando. Bill se movía contra la chica, riendo, tomando su cadera y con una pierna entre sus muslos. Intentó ver hacia otro lado, tratando de ignorar la agitación en su estómago. Sin embargo, tenía que seguir viendo. Nunca había visto a Bill en acción de esa forma, ni siquiera había pensado en ello. Una parte de él se sintió fascinada.

Pero una parte aún más grande quería a Bill sólo para sí, y rápido.

Tom se preguntó si Bill se sentía de la misma forma cuando él estaba con chicas. El pensamiento hizo que apartara rápidamente la vista. Echó una ojeada hacia la sección VIP y decidió unirse a Gustav, también Georg iba en camino hacia el lugar.

¿Podría dejar a Bill, así como estaba, en la pista?

Vio como el rostro de su gemelo se enterraba en el cuello de la muchacha y decidió que sí, que podía dejarlo.

-¿Otro trago para ti? -preguntó Gustav cuando apareció. Se deslizó dentro de la cabina y asintió, tomando el último sorbo de su bebida.

-¿Tú pagarás? -Tom hizo una mueca.

-Sip. ¿Qué pasó, no pudiste tomarlo allí? -Gustav le dio una sonrisa ladeada a Tom.

Tom sabía qué era lo que Gustav estaba insinuando y se sintió un poco incómodo.

-Todas las chicas guapas se han ido. -Gustav sólo asintió, luciendo poco convencido. Georg comenzó a reír.

-¿Qué? -dijo Gustav, pareciendo irritado.

-¿Has visto a Bill? Estaba como... follándosela en la pista. O algo así. -Georg golpeó la mesa, moviendo la cabeza-. No pensé que lo tuviera en él.

-No lo tiene -dijo Tom directamente, sin pensarlo. Se puso de pie, de nuevo-. Saben... debería volver.

Gustav rió y Tom lo hizo a un lado.

-Ya vuelvo -dijo y corrió escaleras abajo, hacia la enorme pista de baile. Se paró, por unos momentos, torpemente a un lado de la pista, localizando a Bill entre la multitud y sólo se quedó viendo. Tuvo que admitir que le gustaba ver a Bill con la chica. Era diferente, incluso excitante. Su miembro se agitó entre sus pantalones y pudo ver claramente las manos de Bill deslizándose por el trasero de la chica.

Pero su hermano no presionaba su trasero, azotándolo, o nada rudo. Él la sostuvo y rió hundido en su cuello.

La muchacha era todo sonrisas, muy bonita, incluso más atractiva de lo que había notado. Y estaba bien por él, hasta que ella alzó la cabeza y besó suavemente a Bill, sobre la comisura de los labios. Tom sabía que no debía enojarse, él había dormido con mujeres antes, arruinándolo, pero algo acerca de esto ya no se sentía bien. Él no había estado con chicas en años, no había podido, ni siquiera bajo la insistencia de Bill.

Su pecho dolió y antes de que supiera lo que estaba haciendo se encontró en el medio de la pista de baile, tan cerca de Bill que podía oler su sudor.

Únicamente tocó a su gemelo entre los omóplatos y Bill volteó la cabeza, sonriéndole suavemente.

-¿Hm? -canturreó Bill.

-Deberías volver arriba.

-Tú deberías quedarte -respondió Bill-. Esta es Ana, es realmente agradable.

-Hola -dijo la chica, Ana, y Tom simplemente le sonrió como respuesta.

Los ojos de Ana destellaron y Tom supo que la palabra trío estaba en su mente.

-Hola -dijo-. No estamos haciendo esto. ¿Bill?

-Tomi, vete, déjame ser -respondió Bill frunciendo el ceño-. Ve a hablar de deportes con Gustav.

-Ugh -gruñó Tom. Tomó el brazo de Bill y tiró de él, sintiendo los celos rasgándole por dentro. Sí, rera excitante pensar en Bill con la chica, pero esta chica era agresiva. Demasiado agresiva. Bill aulló y se dejó arrastrar, incluso se cubriéndose bajo el brazo de Tom.

-¿Puedo ir con ustedes? -preguntó Ana.

Tom negó con la cabeza.

-Estamos en el VIP -dijo, sintiéndose como un esnob, pero era una forma fácil de cortarla. Arrastró lejos a Bill, mientras saludaba a la chica y tragaba lo último de su bebida.

-Tomi, Tomi, Tomi -susurró Bill, tropezando con sus propios pies cuando Tom lo empujaba hasta la sección más exclusiva-. Ouch, estás agarrándome muy fuerte.

-Bill -dijo Tom, poniendo los ojos en blanco. Bill estaba más ebrio que él. ¿Cómo había pasado eso? Ayudó a su hermano a subir las escaleras y luego entraron en el compartimiento donde estaban Georg y Gustav.

-¡Caballeros! -gritó Bill, empujándose hacia la esquina de la pequeña cabina.

Georg alzó su vaso a modo de saludo y Gustav eructó.

-Ustedes chicos, tienen mucha clase -dijo Tom, siguiendo a Bill hacia el rincón. Se sentó muy cerca de él, más de lo que usualmente hacía en público, pero no le importaba. Algo, quizás el picor de celos en su espalda, le hacía ansiar una repentina cercanía con su gemelo.

-Yo... soy un caballero –Georg arrastró las palabras-. Bill lo dijo.

-Claro, lo eres. -Tom rodó los ojos y puso una suave mano, bajo la mesa, sobre el muslo de su hermano.

Bill rió tontamente y se apretó más cerca.

-Entonces, ¿anotaste con esa chica? -preguntó Gustav. Tom lo observó, no parecía tan borracho como Georg y los miraba con un poco de cautela.

Debería haber apartado a Bill, pero en cambio, apretó aún más la mano en el muslo de su gemelo, haciendo que este gruñera.

-¡No! -dijo Bill-. Tomi me alejó de ella. Celoso, celoso, Tomi.

Bill agarró la nariz de Tom un segundo, riendo peligrosamente cerca de su cara.

-Debía de ser muy sexy -dijo Georg- como para que Tom se pusiera celoso.

-Lo era -contestó el de rastas. Bill sonrió ampliamente y descansó su cabeza sobre el hombro de su hermano.

-Tomi, tráeme otra bebida -murmuró.

-Creo que ya ha tenido suficiente -dijo Gustav-. Creo que todos lo hemos tenido.

-Aguafiestas -canturreó Georg-. ¡Tú no has tenido bastante!

Gustav resopló, examinando la multitud. -Creo que Saki está por allí, iré a ver si puede traernos el auto.

Los tres chicos gruñeron cuando Gustav se marchó.

-Nada divertido -dijo Bill, directamente en el cuello de su gemelo. Tom tembló cuando los labios rozaron su piel y sólo pudo mirar hacia Georg. Él estaba con la cara contra la mesa, su mano aún sosteniendo su cerveza.

-No está mirando -dijo Bill, presionándose con el más suave de los besos contra la garganta de Tom-. Tomi celoso.

-De ninguna manera -murmuró Tom, separándose, probando la resistencia. Bill continuó y su estómago ardió ligeramente. Los labios de Bill se conectaron de nuevo a su cuello y su lengua rozó su clavícula. Tom dejó salir un suave suspiro, apoyado contra Bill, moviendo su mano por su muslo y presionando contra la sorprendente dureza en la ingle de su hermano.

-Uh, uh -susurró Bill-. No hagas eso. No ahora.

Tom gimió, apretando ligeramente la erección y Bill se retorció, presionando directamente sus labios contra los de su gemelo. Tom casi se ahogó, no podía creer que Bill lo besara en público. Quiso alejarlo, golpear su hombro o gritarle, pero debido a toda la preocupación, se encontraba muy excitado. Estar en público era algo que los gemelos nunca se habían permitido, y eso lo emocionaba un poco.

Colocó su mano tras el cuello de Bill, acariciando, y este empujó su lengua entre sus labios lamiendo detrás de sus dientes. Gimió, amaba eso. Cerró los ojos olvidándose de todo y empujando a Bill contra los asientos de vinilo.

Las manos de Bill volaron bajo su pecho y tomaron su cintura, mientras sus lenguas se encontraban.

-Mierda -masculló Tom contra los labios de su gemelo, quien lo hizo callar con un doloroso beso. El miembro de Tom casi estallaba, estaba tan duro y necesitaba entrar en Bill. Era lo único en su mente-. Bill, oh, Bill...

-Mmmm -siseó Bill, casi sentado sobre el regazo de Tom.

Se escuchó un ruidoso chasquido y Tom se giró, viendo como Georg golpeaba su vaso contra la mesa y alzaba la cabeza. Gustav acababa de aparecer y tenía una ceja alzada.

-El auto llegará pronto.

-Oh -dijo Tom, lo más casual que pudo. Alejó a Bill, tratando de que pareciera un juego. El menor le dio una mirada molesta, pero Tom cabeceó bruscamente hacia Gustav y Bill palideció un poco.

-¿Puedo conseguir otra de estas antes de irnos? -gruñó Georg, todavía sosteniendo su cerveza.

* *

El recorrido dentro del auto estuvo lleno de tensión, aunque pareciera que sólo Tom y Gustav eran conscientes de ello. Georg, en su asiento, pasaba de la conciencia a la inconsciencia y Bill hablándole mucho a nadie.

-En verdad no quiero volver al hotel -estaba diciendo Bill-. Es asqueroso, lo juro. Muy asqueroso. Mi bañera estaba sucia. ¿Tu bañera también estaba sucia, Tomi?

Tom observaba a Gustav por el rabillo del ojo, tratando de imaginar lo que su amigo había y no había visto.

-¡Tomiiii!

Se volteó a verlo. -¿Ah? -Bill sonrió y se inclinó hacia adelante, muy cerca de Tom.

-No me estás escuchando.

Tom no podía hacer menos que ver de reojo a Gustav. Él miraba por la ventana, fijamente hacia fuera.

-Lo siento –le dijo a Bill y éste apoyó su barbilla sobre su hombro- . Um...

-Tomi travieso -susurró Bill, antes de agachar su cabeza y golpearle el brazo cariñosamente. Tom le dio un codazo por detrás y Bill hizo una cara de fastidio-. Tomi, cuando lleguemos... -hizo un gesto con las cejas.

-Será mejor que duermas un poco -interrumpió Gustav-. Tenemos un gran show y entrevistas por la mañana.

-Pero no quiero dormir -dijo Bill. Miro fija y directamente hacia Tom-. Me siento muy despierto.

-Apuesto a que lo estás -dijo Tom, trató de reírse, también de encogerse y mirar por la ventana como hacía Gustav, pero Bill estaba adherido a su costado y prácticamente respiraba sobre su cuello. Eso le gustaba, mucho. Su problema era que no estaba seguro de poder ocultar cuanto le gustaba y Gustav parecía todo ojos y oídos.

-Tal vez, yo sólo... -Bill se acercó más a Tom y apretó su rodilla-. Oye. Oye.

Tom agitó su cabeza y dio una aguda mirada a su gemelo. -Shh.

-¿No quieres? -trató de susurrar Bill, pero lo que salió lo bastante ruidoso como para que hasta el conductor se enterase.

-¿Dormir? Sí -le dijo Tom, significativamente.

Bill exhaló un gran suspiro y se arrojó hacia atrás en su asiento. Gustav miraba a los gemelos con una cara inexpresiva.

-¿Cómo están tus ampollas? -preguntó Tom, tratando de hacer conversación con baterista. Quería tratar la situación lo más normal que le fuera posible.

-Mejor.

Tom arrugó la nariz. Entonces, Gustav no estaba para conversaciones en ese momento. Se encogió de hombros y se inclinó hacia atrás, preguntando cuanto faltaba para llegar al hotel.

Bill bostezó ruidosamente y cayó contra su hermano. Tom se tensó un poco, pero decidió que estaba bien, Georg estaba prácticamente apoyado contra Gustav.

Tom acarició el hombro de su gemelo y Bill capturó su mano y la apretó. No tenía corazón para separar su mano, así que metió sus manos discretamente entre ellos, acariciando con su pulgar sobre los nudillos de Bill. Esperaba que el toque le trasmitiera lo que él no podía decir.

Bill presionó su mano y sonrió. Había entendido el mensaje.

* *

Tom dijo buenas noches a Gustav y Georg, antes de deslizar la tarjeta en la puerta y dejar que Bill entrara en su habitación de hotel. Sus ojos persistieron sobre Gustav por un momento antes de seguir a Bill hacia el interior.

Su hermano se hundió en la cama y dejó salir un sonido suave.

-¿Tomi?

Tom cerró la puerta y se dirigió hacia Bill, lo encontró retorciéndose despacio contra el colchón. Tragó saliva y Bill se frotó a sí mismo contra las mantas, gimiendo suavemente. Tom dio un paso adelante y Bill gimió de nuevo.

-Por favor, Tomi -suplicó Bill-. Ven aquí.

Tom alzó una ceja y se movió hacia la cama. Bill estaba completamente desvergonzado, apretándose despacio contra el colchón y tocándose ligeramente. Tom mordió el piercing de su labio. Nadie podía volverlo loco como su hermanito lo hacía. Podría correrse en sus pantalones con sólo mirarlo.

-Bill -murmuró Tom, avanzando otros pocos pasos-. Quítate la ropa.

-Mmm -susurró Bill, yaciendo sobre su espalda y empujando su camiseta por encima de su vientre-. Sácala tú.

-No, quiero verte haciéndolo -dijo insistentemente, parándose unos centímetros. Su ingle dolía con fuerza, y él solamente deseaba saltar sobre la cama y follar a Bill furiosamente-. Vamos, hazlo.

-Hmmmm.

Bill sonrió con satisfacción y deshizo su cinturón, dejándolo abierto. Entonces arqueó un poco su espalda, deslizando su pequeña camisa roja lejos de su torso hasta que el rosa de sus tetillas estuvo expuesto. Tom lamió sus labios sin entender aún. Siempre pensaba que Bill era increíblemente atractivo, pero esa noche había algo más. Tom estaba temblando.

-¿Más? -preguntó Bill. En respuesta cabeceó mudamente-. ¿Qué quieres ver primero?

Todo lo que Tom podía decir como respuesta era. -Mierda, todo.

Bill se rió tontamente y acarició su cuerpo, temblando bajo su propio toque. Empujó su camisa y se inclinó sobre sus codos

-¿Más que esto? -preguntó, ruborizándose tímidamente.

Tom sabía que Bill no era tímido, pero la inocente mirada en la cara de su hermano hizo que su estómago se calentase.

-Desabróchate los pantalones -dijo Tom-. Quiero ver tu erección.

Bill se sonrojó de verdad: -Tom... estoy tan duro. Si me toco me correré.

Tom maldijo y empujó una firme mano contra su propia ingle.

-Sácatelos, Bill -hizo saltar el botón de sus pantalones y su miembro presionó hacia afuera, caliente y erguido, desde la abertura de sus boxers-. Quítatelos, así puedo entrar en ti.

-¿Qué vas a hacer? -preguntó Bill.

-No voy a durar -admitió Tom-. Yo sólo quiero...

Bill asintió y se deshizo rápidamente de sus pantalones, tratando de no tocarse.

-Termina aquí.

Tom no perdió el tiempo. Acortó el espacio entre ellos y se subió sobre Bill, e inmediatamente comenzó a frotar su miembro contra la ingle de su gemelo. Sintió como Bill bajaba la mano, hurgando para tomar su miembro. Tom jadeó cuando finalmente sintió la piel húmeda y caliente de Bill. Aumentó la fuerza, arrastrando su erección hacia arriba y hacia abajo, sus caderas envistiendo involuntariamente. Se iba a venir, y con fuerza.

-Dios, Tomi -Bill se las arregló para cubrirse los ojos con una mano-. Lo haces tan jodidamente bien...

Tom sólo asintió, mordiendo su lengua y balanceando su cadera contra las de Bill. Tenían un muy buen ritmo, podía sentir su orgasmo apenas a unos segundos de distancia

- Córrete conmigo, ¿de acuerdo? -le susurró Tom, lamiendo una zona bajo el cuello de Bill-. Tenemos que venirnos juntos.

-Dime cuándo, estoy listo -respondió Bill, y luego lo besó, sus labios comprimiéndose juntos, casi dolorosamente. Tom gimió y sintió recorrerle hormigueo en sus dedos de los pies. Estaba tan cerca, su necesidad de correrse era tan desesperada. Pensó en tirar de Bill y empujarse dentro de él, pero no duraría mucho tiempo.

Bill gritó y se vino con fuerza, sobre los jeans de Tom, quien soltó un gemido pesadamente.

-Mierda Bill, mierda, eso fue...

-Hazlo -dijo Bill, su voz sonaba atorada en su garganta-. Hazlo, lo necesito en mí... Dios, ¿quieres que lo chupe?

-Sí -dijo rápidamente Tom, cayendo de espaldas y sonriendo silenciosamente. Bill avanzó lentamente sobre sus piernas y tomó la erección entre sus manos, e inmediatamente estaba casi tragándosela-. ¡Mierda!

Bill asintió, lamiendo alrededor de pene de Tom.

-Yum -masculló Bill, con una mirada lasciva en su rostro. Tom sólo inclinó su cabeza hacia atrás, se volvería completamente inútil después de que se viniera. Bill chupó con fuerza, aprovechando toda la humedad de su miembro, y cuando tragó la primera vez, Tom sintió como su estómago ardía y se corrió duro contra la lengua del otro chico.

Bill lo tragó todo, primero luchando por aire y después lamiendo alrededor de sus labios. Tom retrocedió contra la cama y pronto su hermano avanzaba muy lentamente, abrazándole cerca.

Ambos estaban pegajosos, con sudor, restos del orgasmo y aún semi vestidos.

-Mierda -gruñó Tom-. Me has dejado hecho un desastre.

Bill suspiró feliz y se acurrucó más cerca.

-Dios, Tomi, estabas tan irritado en el club…

-Tú hiciste que me irritase -dijo Tom. Apretó a Bill con fuerza y yacieron en silencio por uno momento-. Um... ¿te diste cuenta que Gustav actúa extraño?

-No -dijo Bill, bostezando-. ¿Por qué?

-Él casi nos vio, estoy seguro que sospecha algo -dijo Tom-. No creo que sea un gran problema, probablemente estoy paranoico.

Bill no respondió, sólo besó la garganta de Tom.

-¿Alguna vez sientes preocupación por ello?

Bill gruñó.

-Por supuesto, Tom. Yo sólo.... Estoy cansado y medio ebrio. ¿Podemos hablar en la mañana?

-Sí -dijo Tom silenciosamente. Sabía que probablemente no lo harían.

Se quitaron el resto de sus ropas y se cubrieron con las mantas, desnudos y sudorosos. Bill se acurrucó alrededor de su brazo y Tom cerró los ojos. No podía dejar de pensar en Gustav, y repentinamente, su madre asaltó su mente

-Oh, no.

-¿Cuál es el problema? -Bill se revolvió contra Tom y suspiró.

-Nada. -Tom tragó y trató de despejar su cabeza. Estaba feliz, todo estaba bien-. Sí, nada.

-De acuerdo -dijo Bill, despacio. Cerró sus ojos y puso su cabeza sobre su brazo.

Por unos minutos hubo silencio.

-¿Bill?

-Sí.

-¿Nunca has pensado que mamá lo sabe?

Bill frunció el ceño.

-Hemos sido muy cuidadosos con eso. Tomi, hablamos mañana.

-Sí, está bien. -Tom trató de olvidarse de todo aunque fuera por un segundo, pero no ayudaba sentir que no habían sido lo suficientemente cuidadosos.

Nota: Yep, Gustav lo sabe. LOL En fin. Originalmente traducido por Laura (LaDamaDeLaOscuridad) y beteado por Sarameliss. Yo también le acabo de dar una beteada, aunque más que todo por corregir algunos crasos errores y darme el placer de relectura. Besos~