No se lo digas a mamá

Capítulo 12

Por la mañana, completamente sobrio y con una ligera resaca, Tom quiso golpearse en la cabeza por lo descuidados que habían sido. No sólo la noche anterior, sino por todo. Habían sido tan descuidados en casa, en el autobús, en los clubes...

Tom observó a Bill durmiendo profundamente sobre la cama, y sacudió la cabeza. Su propia madre sabía, y ahora quizá también Gustav. Ellos, obviamente, estaban perdiendo el control de la situación. Quería sentirse peor, culpable o avergonzado, pero una gran parte de él no podía sentirse mal por lo mucho que amaba a su hermano.

¿Era tan malo que no quisiera ocultarlo siempre?

-Sí lo es –se masculló a sí mismo. Suspiró y dejó que su mano acariciara suavemente a Bill por lo largo de su cuerpo, antes de ponerse de pie.

Decidió bajar para desayunar temprano. No tenía hambre, pero sabía que Gustav estaría allí.

Después de que estuvo bañado y vestido, Tom dejó un beso sobre el vientre de Bill y marchó hacia el área de desayuno. Tiró nerviosamente de su gorra mientras descendía en el ascensor. ¿Qué iba a decir?

Sentía miedo de tal vez confesarlo todo únicamente por decírselo a alguien. No confiaba en que Gustav estuviera de su lado, pero tanto esconderse y escabullirse realmente era un peso sobre él.

-Buenos días -saludó caminando por el área de desayuno. Gustav estaba sentado en una de las mesas con un periódico y un plato de waffles.

-Oh, hola -respondió Gustav. Dejó el periódico y le señaló las sillas continuas-. Sírvete. Desayuno continental gratis.

Tom rió ligeramente. -Claro.

-Te despertaste temprano -Gustav se inclinó hacia delante-. ¿Algo te molestaba?

-No. -Tom desvió la mirada, fingiendo echar un vistazo al desayuno-. ¿Por qué? -Gustav tomó un largo sorbo de su jugo.

-No lo sé, Tom.

Ahí estaba, ese tono. Tom estuvo inmediatamente seguro de que Gustav sabía algo. Trató de no hacerle caso a sus nervios, relajar sus hombros y parecer despreocupado.

-Estas camas del hotel son horribles.

-La mía estaba muy bien, pero yo tenía toda la cama para mí solo, así que… -dijo Gustav, volviendo a leer su periódico.

Tom mordió su labio. ¿Qué significaba eso? Decidió ignorarlo y eligió su desayuno, a pesar de que se sentía como si fuera a vomitar.

-Entonces -dijo Gustav con el periódico ocultando su rostro-, ¿cómo está Bill esta mañana?

Tom dejó caer la rosquilla que sostenía.

-¿Cómo voy a saberlo?

Nope, eso no sonó para nada a la defensiva.

-Ustedes dos comparten habitación -dijo Gustav, suavemente-. Igual que Georg y yo, ¿no?

Tom asintió y dijo: -Sí, pero él estaba dormido cuando me fui. Um. Anoche estaba realmente ebrio, ¿sabes?

-Los dos lo estaban -dijo Gustav-. Ustedes no aguantan nada. –El baterista rió levemente entre dientes y eso tranquilizó a Tom.

-Uh, sí. Apenas recuerdo algo -mintió-. No hice nada vergonzoso, ¿verdad? -Gustav rió de nuevo.

-Ah, sólo lo habitual.

Tom miró su desayuno, su estómago se revolvía de manera desagradable.

-Tan mal ¿eh?

-Nada que no hubiera visto antes -Gustav volteó la página y resopló-. Sin embargo, Georg sigue inconsciente. Ni siquiera podrá decirte si anoche salimos. ¿Lo viste? Boca abajo sobre esa mesa.

Tom logró soltar una débil risa.

-De todas formas, Georg se comportó -dijo Gustav.

El terrible malestar en el estómago de Tom empeoró. Se inclinó hacia atrás, desistiendo completamente de comer algo. Gustav aún tenía su cabeza enterrada en la prensa, y Tom quiso, desesperadamente, verle la cara. Ese periódico actuaba como una pared y era frustrante.

-Pero ya sabes -continuó Gustav, mirando por sobre las páginas-. Tal vez deberíamos ser más cuidadosos sobre cuanto bebemos. Algunas cosas que yo podría considerar normales, otros podrían considerarlas distinto.

Tom miró al chico rubio cuidadosamente, sin apartar la mirada.

-¿Algo cómo qué?

El periódico subió, nuevamente, y Gustav dijo: -Ya sabes.

-¿Lo sé? -Gustav rió, cosa que estaba haciendo bastante esa mañana.

-Eso espero. De todas formas, ¿es por eso que bajaste tan temprano?

-Uh, yo...

-Porque sólo nosotros debemos saber –afirmó el baterista.

-¿Nosotros?

-No eres estúpido, Tom. Deja de actuar como uno. No creo que jugar al tonto ayude a alguien -dijo Gustav, en un tono tenuemente agudo-. Sólo... no bebas mucho, ¿bien? No siempre estaremos alrededor para...

-De acuerdo -interrumpió rápidamente Tom, poniéndose en pie y apartando lejos su desayuno-. Puedes quedarte con el resto de esto, voy a... Sí.

-Nos vemos más tarde -dijo Gustav, cortante.

Tom caminó lo más rápido que pudo intentando parecer casual. Caminó hasta que llegó a su habitación y en cuanto entró, Bill le atacó.

-Tomi -dijo Bill bostezando, cerrando sus brazos en su cuello -. ¿Adónde fuiste? Es muy temprano.

-Bajé a desayunar con Gustav -contestó bajando gentilmente los brazos de su hermano.

Bill le miró un poco consternado

-Oh, ¿sí? ¿Cómo fue eso?

Tom se sentó en la cama y frotó su frente bajo su gorra. No podía mirar a Bill. Incluso en la intimidad de su propia habitación se sentía observado

Dejó salir un pequeño suspiro y encendió la televisión.

-Salió bien.

***

Unas semanas más tarde, los gemelos estaban en casa durante el fin de semana para celebrar el cumpleaños número cuarenta de su madre. Los vecinos habían planeado una fiesta para ella, y aunque se suponía que fuera una sorpresa, Simone era tan entrometía que sabía de la celebración desde semanas antes.

Bill y Tom estaban sentados en un sofá en la sala de estar del vecino, viendo como transcurría la fiesta. Cada uno tenía bebidas en sus manos, y se sentían increíblemente incómodos.

Tom tomó un largo sorbo y echó un vistazo hacia Bill. Su hermanito estaba enroscado como una pelota, sus piernas dobladas bajo su cuerpo, y la mirada fija e inexpresiva. De vez en cuando, uno de los amigos de la familia caería en picada sobre ellos, diciéndoles la agradable cosa que habían hecho al lograr ir. Como si aparecer en la fiesta de cumpleaños de su madre hubiera sido un sacrificio asombroso de su parte.

-Aburridísimo -masculló Bill, dejando su vaso en la mesa detrás de él. Tom sólo asintió y Bill se le acercó un poco más en el sillón, haciéndole tensarse-. ¿Cuánto más tenemos que quedarnos?

-Chicos, ¿no estarán pensando en escaparse ya? -Simone se aproximó a ellos, sonriente, con una gran copa de vino en la mano. Tom no la había visto tan relajada en años-. Ni siquiera hemos cortado el pastel aún, y le prometí a Lara que la saludarían… -Miró expectante hacia Tom mientras hablaba y su hijo menor hizo una mala cara.

-¿Lara? -preguntó Bill-. ¿Te refieres a la de la escuela?

-Sí -dijo Simone, con una sonrisa vacilante-. Te acuerdas de Lara, Tom. La llevaste a uno de esos bailes escolares. Recuerdo que conseguimos que usaras un traje.

Tom luchó contra las ganas de poner los ojos en blanco.

-Eso fue hace años, mamá. No sé si quiero...

-¡Oh! Aquí está -gritó Simone, tomando a una sorprendida muchacha y tirando de ella para que se acercara-. Lara, justamente estábamos hablando de la vez que Tom te llevó a ese baile.

La mencionada se sonrojó y bajó la cabeza.

-Ah, él... um, probablemente no lo recuerde -dijo.

Tom podría haber matado a su madre, pero era su cumpleaños, así que sonrió a través de una mueca. No era culpa de la chica que su madre estuviese loca y, además, ella era bastante bonita. Pero, por supuesto, no se encontraba interesado.

-Toma asiento -alentó Simone-. Bill, muévete, cariño.

Bill miró hacia arriba, a Simone, con ojos confundidos, pero se alejó de Tom para que Lara pudiera sentarse entre ellos.

-Recuerdo el baile -dijo Tom, cuando ella se volteó a verlo-. ¿Cómo has... uhm...estado?

-Muy bien, ya casi he terminado con la escuela -contestó Lara, un rubor rosado todavía muy brillante en sus mejillas-. No ha sido lo mismo si ti. Sin ambos -añadió rápidamente.

-Dios, la escuela apestaba -dijo Tom, riendo-. De verdad. Cómo está... ¿cuál era su nombre? ¿Señora Bauer?

-Está muy gorda -Lara rió tontamente-. ¡Ah!, y bueno, tiene un bebé, pero nadie podría asegurarlo porque...

-Cierto, cierto -dijo Tom, sonriendo ampliamente. Echó un vistazo hacia Bill. Su hermano miraba fijamente el piso y jugaba con la pajilla de su bebida.

-De todas formas, muchas chicas siempre me preguntan cómo eres realmente, qué es lo que te gusta -dijo Lara- y yo estoy cómo: "¡no sé! Fue hace años que salí con él.

Tom comenzó a recordar que hizo más que bailar con Lara. Habían salido algunas veces, y ella le había gustado.

-Nah, sigo igual -dijo suavemente-. Como siempre.

-¿De verdad? -ella sonrió y bajó la cabeza recatadamente. Bill soltó un suspiro y se levantó, caminando fuera de la habitación. Simone lo observó mordiendo su labio.

Tom se volteó hacia Lara y frunció las cejas. Le había gustado Lara, pero siempre amó a Bill.

-Te veo luego -dijo apresuradamente, y se puso en pie para seguir a su hermano.

Bill fue directo a la cocina, moviéndose discretamente hacia la puerta de atrás, y Tom estaba a punto de tomar la manija de la puerta, cuando sintió una mano sobre su hombro.

-Tom...

Se dio vuelta para afrontar a su madre y se encogió ante la vista enojada de su cara. Ya no estaba sonriente y Tom casi sintió vergüenza por alterarla en su cumpleaños. Pero entonces, recordó por qué estaba molesta y él, le miró molesto.

-¿Qué?

-¿Puedes quedarte un segundo? -preguntó Simone-. ¿Por favor?

-Pero, mamá, Bill está...

-Yo iré a hablar con él -le cortó firmemente. Tom trató de protestar, pero mantuvo su mano encima de su hombro-. Es mi cumpleaños. ¿Por favor?

Tom sólo pudo suspirar. No quería desistir, pero no podía comenzar a discrepar con ella.

-Bien, pero no me quedo toda la noche y no... No le digas nada a Bill sobre...

-Vuelve allí y charla con la muchacha -fue todo lo que dijo Simone dándole una mirada tan severa que él solamente ensanchó los ojos y se giró para volver. Simone suspiró, sabía exactamente lo que pasaba. Entendía el poco control que tenía sobre ello, y no quería traicionar a Tom hablando con Bill directamente sobre la situación.

Pero debía hacer algo.

***

Simone cruzó el césped y caminó hacia su casa. Estaba oscuro y silencioso, y vio los zapatos de Bill directamente en el vestíbulo. Los tomó, por hábito, y luego se dirigió hacia la habitación de su hijo.

-Billy -dijo suavemente, empujando la puerta de madera que estaba abierta. Vio que la cama estaba vacía, y su pecho se encogió. Sin otro pensamiento, fue directo a la habitación de Tom y empujó la puerta.

Bill estaba enrollado en la cama de su hermano, enredado entre las mantas, y de espaldas a Simone.

-¿Tomi? -dijo despacio.

Simone suspiró.

-Bill.

-¿Mamá? -Bill rodó sobre sí mismo rápidamente y se sentó. Sus ojos estaban inyectados en sangre y le miró cansado, su maquillaje corrido bajo sus ojos. Salió de la cama, poniéndose en pie.

-Siéntate, Billy. -Los hombros de Bill se hundieron y se sentó al borde de la cama-. ¿Te importa si yo también me siento? –El chico se encogió y Simone se sentó junto a él sobre el colchón-. ¿Qué pasó allá? -preguntó cuidadosamente.

Bill desvió la mirada.

-No me sentía bien y no quise arruinar tu fiesta.

-Bill, dime la verdad. -Ella no quería presionarlo, pero necesitaba hablar con su hijo. Necesitaba resolver las cosas, deseaba sentirse mejor respecto a su relación con él.

-Mamá –se quejó Bill-. La chica, Lara, era una enorme perra conmigo en la escuela, la mitad de... la mayor parte de los niños allí lo era. Es duro estar alrededor de ellos.

Bill sabía que aquella únicamente era la mitad de la verdad, pero no quería explicarle a su madre cuánto le molestaba ver a su hermano con alguna muchacha. Sabía que Tom no la quería, estaba seguro de ello, solo no le agradó como su madre la lanzaba hacia Tom.

-Tenemos que hablar, cielo -dijo Simone, luego de un incómodo silencio.

-¿Por qué? -preguntó Bill-. ¿Qué tienes que decirme? -Se sentía nervioso y no sabía el por qué, sólo era consciente de que nunca había visto a su madre mirarlo de esa forma antes. Ella le veía con... lástima.

-No puedes enojarte por Tom -dijo Simone, con voz neutra.

-Mamá, no es eso, te dije que yo...

-¡Él no siempre va a estar allí para ti! -estalló Simone. Trató de calmarse, pero sentía las emociones abrumarla-. ¡Va a tener su propia vida, Bill! Una familia, una esposa, niños. ¡Y tú también! Ustedes dos necesitan... seguir adelante.

Bill sólo pudo mirarla fijamente.

-¿Qué?

-Sé que crees que siempre estarán juntos, pero cariño, así no es como son las cosas -dijo. Puso una mano sobre el hombro de Bill y apretó-. Es una idea encantadora, pero no es realista.

-No lo digas -dijo Bill, sintiendo sus ojos escocer. Se alejó de su madre, sosteniendo una mano contra su pecho-. Tom no va...

-Ustedes dos se harán daño mutuamente, aferrándose a algo como esto -aseveró ella-. No puedes dejarle controlar tu vida.

Bill se giró, lejos de ella, sintió una lágrima sobre su mejilla.

-Lo amo -susurró. -Simone acarició su espalda y esto lo hizo sentirse enfermo.

-Volvamos allá, bien, ¿cariño?

Bill se encogió y sacudió su cabeza.

-No puedo. Perdón, mamá, pero mírame. No puedo volver allí. Estoy demasiado cansado y...

Simone miró a su hijo, lucía absolutamente miserable y aún cuando ella quisiera empujarlo a la normalidad, simplemente no podría. No esa noche.

-Bill, me gustaría que lo reconsideraras. Sólo se cumplen veintinueve una sola vez -dijo ella, dándole un codazo amistoso.

Bill sonrió sin ganas.

-Feliz cumpleaños, mamá.

Simone asintió, levantándose y acariciando el pelo de Bill con cariño.

-Me gusta así -fue lo último que dijo, refiriéndose a su pelo. Bill sólo le dio una sonrisa débil.

Ella se marchó sintiéndose inestable y decepcionada.

***

Pasaba de la medianoche cuando Tom, finalmente, pudo alejarse de la fiesta. Se acercó cansadamente a su dormitorio, sabiendo que Bill estaría allí. Vio a su gemelo dormido sobre la cama, y su corazón dolió un poco.

Se recostó a su lado, acurrucándose contra él, y acarició su rebelde pelo negro suavemente. Bill se despertó al instante, girando su cabeza y bostezando en la cara de Tom.

-¿Mamá?

Tom envolvió sus brazos alrededor de su la cintura y lo apretó.

-Soy yo, idiota.

-Sabía que no olías como mamá. Tú hueles como a Tomi. -Tom rió y bajó su cabeza, besando el cuello de Bill.

-¿Estás bien? Traté de venir después de que te fuiste, pero mamá enloqueció y traté de regresar antes, pero...

Bill se abrazó más cerca.

-Estoy bien -dijo-. Sólo que mamá está rara.

-¿Rara? -preguntó Tom-. ¿Qué te dijo?

-Ugh. -Bill se empujó aún más cerca hasta que sus vientres quedaron juntos-. Ella soltó alguna mierda sobre que te casarías y me dejarías.

Tom tocó los labios de Bill contra los suyos, en el más suave de los besos.

-Bill...

-Pero eso no va a pasar -dijo Bill-. Quiero decir... ¿verdad? -Tom lo apretujó con fuerza contra su cuerpo.

-Voy a estar siempre contigo -dijo, con un tono feroz en su voz-. No escuches a mamá. Ella no lo entiende. Ella no sabe.

-Tal vez sí lo sabe -dijo Bill. Se alejó un poco de Tom-. ¿Por qué me diría todo eso? Ella... ella me gritó, Tomi. Pero no podría saber...

Tom mordió su labio, sintiéndose culpable.

-Sí, solamente se imagina... no entiende -terminó sin convicción.

Bill se quedó en silencio por un momento y luego presionó sus labios contra Tom, profundizando inmediatamente el beso, convirtiéndolo en algo íntimo y apasionado. Tom le sostuvo, ahogando en lo profundo su culpa, y devolvió el beso.

Cuando Bill se separó estaba sollozando.

-Mamá siempre va a estar sobre nosotros porque no sabe la verdad. Joder, tal vez sería mejor si supiera. Seguramente nos odiaría, pero no trataría de hacer que te pusieras a coquetear con una cualquiera directamente en frente de mí.

-Lo haría -dijo Tom suavemente. Se enderezó un poco y Bill le observó hacia arriba con ojos interrogatorios.- Bill, tengo que decirte algo.

-¿Estás terminando esto? ¿Me estás dejando? -Bill se sentó, histérico-. ¿Tom?

-No, no, no -dijo Tom firmemente, incorporado totalmente y tocando el hombro de Bill-. Desde luego que no, Bill. Jesús.

-Bueno, yo sólo pensé que... -Bill dejó salir un largo suspiro y miró a Tom con ojos tristes-. Mierda, no sé. Mamá realmente me descolocó.

Tom se sintió molesto y tragó con fuerza, intentando tranquilizarse.

-Ella se equivoca -dijo él-. Y debería estar jodidamente avergonzada de sí misma por lo que nos hizo esta noche.

- No lo sé.

-Yo sí -contestó Tom-. Ella lo sabe, Bill. Ella jodidamente sabe lo nuestro.

Bill sacudió su cabeza.

-Solo estás preocupado...

-No, ella lo sabe. Me ha hablado sobre eso varias veces.

-¿Qué? -Bill frunció el ceño, con los hombros caídos. Empujó lejos a su hermano-. ¿Cómo? -parpadeó, mordiendo su labio-. ¿Cómo? ¿Cuándo?

-Hace un tiempo -contestó Tom, despacio-. Poco más de un mes, tal vez. Probablemente más. ¿Estás bien?

-Tomi... -Bill se echó hacia atrás hasta que sus omóplatos golpearon la pared, y tembló ligeramente-. ¿Cómo lo averiguó?

Tom arrugó la nariz.

-No creo que quieras saberlo...

-Dime.

-La vez pasada, cuando vinimos por un descanso y pensamos que estábamos solos -dijo Tom suavemente-, pues… no lo estábamos.

-Joder -murmuró Bill-. Mierda, mierda, Tom, ¿qué vamos a hacer? -Bill lucía asustado, temblaba constantemente-. No puedo quedarme aquí, ¿qué piensa mamá? Nos odia, debe hacerlo. Oh, Dios mío.

-No nos odia -dijo Tom-. Está molesta, ¿sabes? Pero nos ama.

-Es por eso que no me llamaba, ¿verdad? Por eso no se quedaba cerca de nosotros... -Bill estuvo a punto de comenzar a gritar, pero Tom tiró de él y lo besó profundamente.

-Bill, tienes que entender que ella, obviamente, tenía que estar molesta y confundida -dijo Tom, haciéndose hacia atrás-. Pero eso no significa que tenga el derecho a decirte esas cosas.

Bill tembló en los brazos de su hermano.

-Me siento tan avergonzado, Tom.

Tom meció a su gemelo en sus brazos, y lo calló.

-No te sientas de esa forma sobre nosotros, por favor. Nadie lo entenderá, pero eso no significa que sea un error.

-Pero está mal -dijo Bill-. Lo está.

-Bill.

-Eres mi hermano, Tom. ¡Se supone que tú no...! ¡Se supone que yo no...! ¡Jesús! Nunca vas a ser capaz de tener una familia.

Tom lo abrazó con tanta fuerza que Bill chilló.

-No digas eso -espetó bruscamente-. Tú eres mi familia. La única familia que necesito.

-¿Y en cuanto a mamá? -Bill gimoteaba, sintiéndose muy confuso.

-Mamá va tener que aprender a aceptarnos -dijo Tom. Bill estaba agitado entre sus brazos y le acarició la baja espalda-. Porque nunca voy a ser capaz de ser solamente tu hermano. Nunca.

-¿Por qué no me lo dijiste antes? -preguntó Bill, relajándose en sus brazos-. No me gusta que me escondieras esto. No es justo.

Tom acarició el cuello de Bill con su nariz.

-Lo siento tanto, Bill. Me costaba manejarlo, no sabía qué hacer. Y mamá estaba tan alterada, tan molesta. No quería que te dijera lo que me dijo a mí.

-¿Qué te dijo? -Tom negó con la cabeza, pero Bill tomó sus manos y le forzó a mirarlo-. Dime, Tomi.

-Creyó que yo te hacía daño, y que te obligaba a... ya sabes, pensó que yo te forzaba. -Tom desvió la mirada-. No lo hago, ¿verdad?

-Tom, cállate -masculló Bill-. Por supuesto que no.

-Ella me culpó.

Bill envolvió sus brazos alrededor del cuello de Tom y lo besó. Todavía temblaba y aún peleaba contra el impulso de sollozar muy fuerte.

-Tomi, no sé... realmente quiero salir aquí. Quiero que me lleves fuera de aquí. ¿Podemos ir a un hotel?

-¿Puedes pagar un hotel? -Tom se inclinó sobre la cabeza de su hermano, y Bill arrugó la nariz-. Estamos atorados en este lugar. No te preocupes. Mamá no te dirá nada, hice que lo prometiera.

-Desearía que lo hiciera. Creo que esta noche iba a decírmelo.

Tom sacudió su cabeza.

-Si te hace sentir como me hizo sentir, en serio voy a...

Bill besó los labios de Tom y se recostó bajo su brazo.

-Vayamos a algún sitio.

-Tendremos que afrontarla tarde o temprano.

-No esta noche.

-Probablemente está ebria, Bill. No tendremos que verla hasta mañana -dijo Tom. De verdad quería llevarse a Bill, pero sabía que debían quedarse-. Lamento que te enteraras. No debería haberte dicho.

-No, prefiero saber -dijo Bill-. No estoy molesto porque no me lo contaste, pero no vuelvas a esconderme cosas otra vez, ¿bien?

Tom tomó un profundo aliento.

-Um. Gustav sabe.

Los ojos de Bill se abrieron desproporcionadamente.

-¿Qué?

-No me lo dijo directamente, pero fue obvio -dijo Tom rápidamente. Bill gruñó y retrocedió, cubriéndose su cara con las manos.

-Apuesto a que todos están enterados, Tom. Si mamá y Gustav lo saben.

Tom no sabía nada de eso. Tiró de Bill contra él de nuevo y acarició su espalda.

-No te preocupes.

-Llévame -susurró Bill-. Sólo por ahora. Volveremos y lidiaremos con todo esto más tarde, pero ahora mismo lo único que quiero es irme contigo.

-Bill.

-Por favor. -Se enroscó contra Tom y enterró su cara en el pecho de su hermano-. Di que está bien.

-Bien -dijo Tom en voz baja, cerrando sus ojos-. Nunca te dejaré, Bill.

El menor asintió y se alejó, sus ojos marrones brillantes y húmedos.

-Desearía dormir contigo esta noche.

-Probablemente sea una mala idea.

-Lo sé -Bill frunció el ceño y se levantó, frotando sus brazos de arriba hacia abajo-. Joder, hace frío.

-Puedes tomar mis mantas -dijo Tom. Bill rió un poco.

-¿De verdad?

-Sí, de verdad. -Tom se levantó y amontonó sus mantas en los brazos de su gemelo, que las abrazó contra su pecho-. Cristo, Bill.

-¿Qué?

-Yo… solamente...

-Lo sé -se movió hacia delante y besó a Tom suavemente-. No vuelvas a esconderme las cosas, Tomi.

Tom tocó la cara de su gemelo tiernamente.

-No voy a hacerlo. Ahora ve a la cama. Mañana estaremos en un hotel y entonces haré lo que quieras, ¿bien?

Bill alzó una ceja.

-¿Cualquier cosa?

Tom le dio un codazo empujándolo.

-Sí, pero sólo si te vas a dormir ahora.

La cara de Bill volvió a la normalidad y le dio un último beso corto a Tom sobre los labios.

-Buenas noches, Tomi.

El corazón de Tom se encogió cuando Bill se dio vuelta, aún abrazando las mantas contra su pecho.

-Buenas noches, Bill.

***

Bill pateó sus propias mantas fuera de la cama y se recostó sobre las de Tom. Estas se sentían más suaves que las suyas, y se enrolló en ellas, acurrucado y oliendo a Tom alrededor suyo.

Al carajo el mundo, ellos iban a estar bien sin importar lo que costara.

Tom había dicho para siempre y Bill lo creía. Se acurrucó todavía más en las mantas y apagó la lámpara, sumergiendo el cuarto en la oscuridad.

Bill no sabía cómo se sentía para siempre, pero imaginó que debía ser algo caliente y suave como esto.

Nota: Este fic es como dos inmensos y casi insoportables: "aww" más un "auch". Dios. :(

Los créditos de siempre. Besos.