No se lo cuentes a mamá
Capítulo 13
17años
Dos pares de ojos observaban a Tom en silencio desde el otro lado de la mesa. Aquellos ojos pertenecían a las hijas de la novia de su padre, gemelas. Ambas de once. Tom se removió incómodo. Ellas estaban siguiendo cada uno de sus movimientos, y pese a que estaba acostumbrado, se le hacía molesto.
Tal vez fuera toda la atmósfera. Tom y Bill habían sido invitados a una cena en casa de su padre por sus cumpleaños número diecisiete. Estaba claro que ninguno de ellos quería que la cena se diese a lugar, y solamente se limitaban a seguir la corriente. La novia de su padre, Jacinda, parecía ser la única inconsciente de lo engorrosa que era la situación.
-Chicas -dijo ella, tocando la muñeca de la pequeña muchacha rubia que estaba más cerca de ella-. No miren fijamente y coman tu comida.
-Está bien -murmuró Tom, sonriendo para ellas.
Jorg aclaró su garganta.
-Desde que las niñas se mudaron, de todo lo que escuchamos hablar es sobre la banda, hora tras hora...
-Tengo posters por toda mi pared -dijo una de las chicas con timidez. Su hermana le dio un codazo, sonrojándose furiosamente-. ¿Qué? Los tengo.
Bill, que se había sentado junto a Tom, le sonrió a la pequeña niña, aunque Tom podía ver como la situación le estaba agotando. Acababan de grabar su último álbum, y la última cosa que querían era pasar una noche con su padre y su nueva familia.
No habían querido hacer algo ni siquiera por su cumpleaños, así de desgastados estaban. Además que se necesitaban mutuamente; pasar un mes entero, apretujados en un mismo pequeño bungalow con Georg y Gustav casi había borrado sus vidas sexuales.
Tom había querido pasar la noche en la cama, de preferencia con Bill y una botella de su lubricante favorito. Había hecho todo tipo de planes para su hermano (incluso alquiló una habitación de hotel en la ciudad), planes que le hacían que sus manos sudaran y que su ingle quemara de deseo.
Pero Jorg había llamado esa mañana con sus propios planes y Simone insistió en que le dieran otra oportunidad a su padre. No lo habían visto o tenido noticias de él en meses, y aunque el corazón de Tom estuviera frío para el hombre, no podía decirle no a Bill.
Su hermano quería que las cosas estuviera bien con Jorg, especialmente ahora que se sentía tan desconectado de su madre.
-Puedo firmar algunos de ellos. En realidad, todo lo que quieras -le dijo Bill a la pequeña niña, y el rubor que se extendió por sus mejillas igualó al de su gemela-. ¿Sabían que Tomi y yo somos gemelos como ustedes?
-Sí, sabemos todo -habló la menos tímida, casi orgullosamente. Y luego estalló en risitas-. ¡Aunque ustedes no se parecen!
-Eso es culpa de Tom, estaba cansado de mí así que no quería mirarse al espejo y ver a alguien igual a mí -respondió Bill, sonriendo. Tom se desplomó un poco en su silla, su estómago se sentía enfermo con lo amigable que estaba actuando Bill. Era una estrella, hasta la médula. Un verdadero intérprete.
-Yo quiero un tatuaje de una estrella como la tuya. Acabo de verlo en Bravo -dijo la otra chica tranquilamente-. ¿Te dolió?
Jorg bajó su tenedor. -No lo creo.
Bill miró a su padre y, a continuación, a las chicas.
-No, sólo me dio cosquillas. Muchas cosquillas.
-Todavía no puedo creer que tu madre te haya permitido hacerte todo eso -murmuró Jorg.
-¿Todo qué? -preguntó Tom, observando a su padre a los ojos por primera vez en años. Jorg le devolvió la mirada, y no había absolutamente ninguna emoción.
-Jacinda -dijo a su novia, sin apartar la vista de su hijo mayor-. Creo que ya es hora de que Callie y Chrissy se vayan a la cama.
-Son solo las once -dijo Jacinda, mirándolo confusa-. Recién acabamos de empezar a comer.
-Quiero que Bill firme mis cosas -gimoteó una de las chicas.
-No -respondió Jorg, casi enojadamente-. No quiero nada más de eso en mi casa.
-Jorg -dijo Jacinda, tocando su brazo-. Las niñas han estado esperando esto toda la semana, y ellas…
Jorg dio un duro golpe con su puño sobre la mesa, haciendo que platos y vasos se agitaran. Jacinda miró hacia su regazo y las niñas chillaron al unísono, saltando fuera de sus sillas y corriendo hacia las escaleras. La cara de Tom ardió de ira observando cómo las niñas se iban, una ola de empatía atravesándolo.
De alguna forma, ellas le recordaban a Bill y a él mismo cuando eran más pequeños. Por supuesto, sólo en algunos aspectos. Miró a Bill; su hermano lucía cansado. Ellos no necesitaban esto, no ahora.
-Lo lamento -dijo Jacinda, mirando a Bill-. Es tu cumpleaños y... ellas sólo están emocionadas, eso es todo.
-Está bien -respondió Bill despacio-. No dijeron nada malo.
-¡No voy a dejar que los traten como si fueran unos anormales! -rugió Jorg-. Es enfermo.
Bill y Tom compartieron una mirada.
-No, dije que está bien -replicó Bill.
-No somos anormales -dijo Tom, tranquilamente.
-Desde... demonios, no sé. Ustedes siempre actúan como si fueran algo especial, y su madre no ha hecho nada para detenerlo. Tom, tú saliste bien. Si Dios quiere. Pero Bill... -Jorg sacudió la cabeza-. A veces enciendo la televisión y ni siquiera puedo mirarte.
Bill observó a su padre.
-¿Estás bromeando? -preguntó Tom, sintiendo sus orejas encendidas.
-Culpo a su jodida madre -dijo Jorg, poniéndose en pie. Jacinda se removió incomoda, mirando su plato-. No tuvieron ninguna oportunidad, ninguno de los dos la tuvo. ¿Saben qué? Me culpo a mí mismo, si me hubiera quedado-
-Tú no te quedaste -respondió Tom en voz alta-. Eres tú el que está jodido…
Jorg se irguió, torciendo la cara de ira. -No te atrevas a hablarme así, Tom. No de nuevo. No en mi casa.
Tom sintió su sangre hervir.
-Quiero irme a casa.
-No, escuchen, se quedarán -Jorg echó un vistazo a ambos gemelos, sus ojos posándose persistentemente sobre Bill-. Jacinda hizo una cena especial.
-Es verdad -intervino ella, asintiendo con la cabeza hacia ellos-. Espero... espero que les guste.
Tom sintió pena por Jacinda, igual como sintió pena por las niñas, pero eso no era suficiente para que se quedara. Se prometió a sí mismo que nunca dejaría que su padre lastimara a Bill de nuevo, no le dejaría decir todas esas cosas que soltaba cuando se enfurecía.
Pero entonces Bill habló:
-La cena estuvo deliciosa, gracias, Jacinda. -Miró hacia Tom, rogándole con los ojos-. Todavía ni hemos partido el pastel.
-También he hecho uno especial -expresó Jacinda.
Tom miró por sobre el hombro de su padre hacia la pequeña torta de chocolate sobre el aparador. Bill odiaba el chocolate, pero estaba seguro de que Jacinda no lo sabría, tal vez sus hijas sí.
-Y las chicas deben querer un poco -dijo Bill. Se levantó y le sonrió a Jorg-. ¿Qué tal si subo y voy por ellas, de acuerdo? Probablemente signifique mucho para ellas.
Jorg se ablandó un poco, al igual que la mayoría de la gente con el encantador comportamiento de Bill.
-Está bien -dijo Jorg-. Pero no quiero... esta fiesta es para ustedes. Sólo quiero que sea agradable, normal. Somos una familia.
Bill asintió.
-Regreso enseguida -Tom trató de capturar la mirada de Bill, trató de leer en sus ojos lo que su hermano estaba sintiendo y pensando, pero Bill subió las escaleras antes de que pudiera decir otra palabra.
* * *
Bill encontró con facilidad la habitación de las gemelas, y sonrió cuando vio fotografías suyas y del resto de la banda en la puerta del cuarto. Le recordaban a él cuando era pequeño, cuando pegaba fotos de Nena por todos lados de su habitación.
Su corazón dolía por las niñas, sabía que la vida con Jorg no debía ser perfecta. Sabía que su padre no lastimaría nunca a nadie físicamente, pero a veces lo verbal es peor que lo físico. Algunos de sus momentos más vergonzosos y dolorosos habían sido con su padre. Se estremeció ante los recuerdos.
Tocó ligeramente la puerta.
-¿Quién es? -dijo una pequeña voz desde adentro.
-Es Tom -dijo Bill, haciendo que su voz sonara un poco más profunda-. Déjenme entrar.
Se escucharon risitas detrás de la puerta y cuando abrieron, las chicas rieron abiertamente.
-Mentiroso -dijo una de ellas. La otra sólo se sonrojó.
-Lo acepto, es Bill. -dijo, rodando los ojos. Recorrió con la vista el dormitorio. Había posters de la banda por todas partes. Eso le hizo sentir un poco mareado-. ¿Quieren un poco de pastel?
-Mamá lo hizo -dijeron al mismo tiempo. Una de ellas hizo una mueca, y añadió-. Ella es una terrible cocinera.
-Igual que la mía. -Bill se sentó en el suelo y miró alrededor de nuevo-. Chicas, ustedes tienen más mierda que yo.
Las muchachas rieron tontamente aún más alto.
-¿Puedes firmar algo de esto? -preguntó la más tímida, y su hermana le dio un codazo-. Sólo algunos, por Dios.
-¿Tienen un marcador? -Bill sonrió.
No se había sentido tan a gusto con fans en años, y eso le calmaba, aunque estuviera increíblemente incómodo en la casa de su padre. Las cosas no habían cambiado. Todavía se sentía fuera de lugar, subnormal y no querido en presencia de su padre. Él sabía que nada cambiaría entre ellos, pero le gustaría que las cosas estuvieran bien.
Abajo, Tom permanecía sentado con Jacinda y su padre, y un latoso silencio se cernía sobre la mesa. Jacinda había tomado el pastel y le había colocado diecisiete velas.
-¿Qué diablos están haciendo allí? -murmuró Jorg, dando golpecitos con los dedos, impacientemente-. Más le vale no estar poniendo ideas en sus cabezas y…
-¿Y qué? -preguntó Tom irritado. Jorg sólo sacudió la cabeza.
-¿Cuánto tiempo ha estado... con ese pelo?
Tom sólo suspiró y se levantó.
-Iré a ver que hacen -dijo y se alejó dirigiéndose a las escaleras.
Cuando subió unos pasos, las dos niñas que reían alegremente bajaron saltando a su lado. Tom les sonrió, sintiendo de nuevo un pinchazo de empatía. Esperaba que Jorg fuera bueno para ellas.
Tom vagó por el pasillo y encontró a Bill con los brazos cruzados, mirando una foto en la pared. Tom dio un paso directamente hacia él, y vio que era un muy pequeño y viejo retrato de familia, los dos chicos, Jorg y Simone.
-El cabello de mamá era tan demente -fue todo lo que dijo Bill, suavemente.
Tom sonrió con satisfacción y colocó una mano sobre la espalda baja de Bill. Miró la fotografía, entrecerrando los ojos.
-Ni siquiera puedo decir cual soy yo.
-Tú eres el que tiene las mejillas gordas.
-Y ahora tú eres el que las tiene así -dijo Tom, empujando a su gemelo juguetonamente. Bill le hizo un gesto de burla y lo empujó de vuelta, pero Tom lo tomó de la cintura haciendo que su hermano descansara la cabeza contra él.
-Esto es incómodo -murmuró Bill-. Toda esta noche lo ha sido. Jacinda es simpática.
-Está buena -replicó Tom. Bill le pellizcó el costado y este se encogió de hombros.
-Quiero irme. -Bill se giró hacia él y le hizo un leve gesto de desagrado, el tipo de puchero que conducía a Tom a una insana necesidad-. Esto apesta.
-Bill... -dijo Tom acercándolo-. Estaba tratando de hacer un corte definitivo en nuestra relación antes, ya sabes.
Bill sonrió.
-No quería que únicamente nos vayamos y dejar a las chicas, y no quiero pelear con papá.
Tom envolvió sus brazos alrededor de la delgada silueta de Bill y le besó suavemente en la boca. Podía sentir a Bill temblando en sus labios. Mierda, ni siquiera habían sido capaces de evadir a los demás por mucho tiempo; Gustav siempre parecía estar viéndolos.
-Eres dulce -dije Tom, alejándose de su hermano-. Creo que las has hecho felices por todo el año.
-Alguien necesita tener un buen momento esta noche -dijo Bill.
Tom dejó que sus manos recorrieran el cuerpo de su gemelo y apretó sus caderas.
-Nosotros también lo tendremos -dijo Tom, justo en su oído. Bill se estremeció y fue contagioso, provocándole lo mismo-. Alquilé en un hotel en Berlín.
-Tomi -suspiró-. Dios, te necesito...
Ningún gemelo podría contenerse, no ahora, no cuando estaban metidos en la esquina de un pasillo oscuro sin nadie alrededor. Bueno, de todos modos, no era un pasillo muy estrecho. Tom besó a Bill, quitándole la respiración y lo presionó con fuerza contra la pared. Estaba desesperado y caliente, y ambos sintieron dolor con en el primer roce de sus lenguas.
-Voy a follarte cuando volvamos, voy a... mierda... -Tom agarró el trasero de Bil y le obligó a colisionar su ingle con la suya-. Bill, Bill...
-No podemos -dijo Bill, suspirando por el último beso y apartándole. Sonrió un poco, todavía sosteniendo la camisa de su hermano-. Dios, eres malo. Casi me tenías de rodillas.
-Mm -murmuró Tom-. ¿Y?
-Y yo... te la chuparía -dijo Bill, sus mejillas sonrojadas-. Mierda, ¿por qué me siento tímido?
-Porque estamos en casa de papá -respondió Tom, tratando de no mirar a Bill, porque mirarlo casi lo arruina , vamos a atorarnos con un poco de torta y nos marchamos.
-Espera -Bill empujó a su gemelo un poco más cerca, con una pequeña sonrisa malvada en sus labios-. Un beso más para recordarme.
Tom gruñó.
-¿Para recordarte qué?
-Que esta noche vas a matarme -susurró Bill, inclinándose hacia adelante y respirando acaloradamente sobre su cuello -. En Berlín.
-Oh -dijo dócilmente.
Se inclinó hacia adelante y besó los labios de su gemelo y permaneció así por un momento, y Bill ronroneó un poco. Cuando se separaron, Bill continuaba aferrándose a la tela de su camisa. Tom lo miró y se sintió orgulloso, y tan excitado que dolía.
Se abrazaron durante unos minutos, balanceándose suavemente. Bill suspiró profundamente, inhalando el aroma de Tom, y dijo suavemente:
-Dios, te amo.
-Lo sé, yo…
-¿Qué demonios están haciendo ustedes dos?
Los ojos de Bill destellaron y capturaron la mirada de su padre.
-¿Qué? -preguntó, retrocediendo, pero sin soltar la camisa de Tom, que trató de alejarse, pero no se lo permitió-. ¿Qué? -volvió a preguntar. Inclinó su cabeza hacia un lado y dio a su padre un frío vistazo.
-Ustedes dos...
Tom miró cómo la mandíbula de su padre se comprimía, miró cómo sus puños se crispaban. No habían sido encontrados haciendo algo particularmente impactante, pero para Jorg era suficiente.
-Suéltalo -ordenó Jorg a Tom-. Déjalo y vamos abajo.
-Vamos, Bill -dijo Tom. No quería otra pelea, pero los ojos de Bill estaban oscurecidos y empujó a Tom cerca.
-Nunca tuve un padre por tu culpa -dijo Bill, lento y blando al principio, pero entonces sus palabras ganaron ímpetu y rabia-. ¡Nunca tuve un padre! -colocó sus manos a los costados de Tom y envió una mirada mortal a Jorg-. No me digas que deje a la única persona que nunca me dejó derrumbarme.
-Esto no está bien -dijo Jorg-. Eso no es…
Bill dejó ir a Tom, pero no para apaciguar a Jorg. De repente, todos los años de esconder la cara de su padre o simplemente de ocultarse se habían transformado en demasiado
-¡No me importa lo que es! -dijo casi gritando-. Yo no… no te quiero.
La cara de Jorg enrojeció y Bill tomó la mano de Tom.
-Vamos, Tomi.
Tom siguió los pasos de Bill, dejando a Jorg detrás. Él quería llamarlos, pero sus pies no se movían y su boca estaba trabajando mudamente en torno a las disculpas que no sabía cómo escupir.
* * *
Tom sostuvo a Bill y lamió su cuello, inhalando el encantador olor de su pelo y piel. No se había sentido tan desesperado en devorar a Bill por completo en un tiempo, pero después de la noche que acababan de tener, quería hacerle sentir seguro de que era querido.
Bill dejó salir un estruendoso ronroneo y se arqueó debajo suyo, dejándose de buen grado, extendiendo sus piernas y cerrando sus tobillos alrededor de la cintura del otro chico. Aún estaban completamente vestidos, con los zapatos incluso, pero en cuanto habían llegado al hotel y habían llegado a su habitación, Tom no había perdido tiempo en empujarlo hacia la cama y comenzar a moverse contra él.
Las luces estaban bajas y todo lo que podía verse eran miembros apretados y miradas de deseo, enredados entre ellos y luchando por el dominio que ambos sabían que fácilmente sería de Tom. Bill luchó para quedar arriba, sólo para besarle el cuello, cosa que Tom permitió, pero para rápidamente dominarlo y ponerle debajo de su cuerpo de nuevo. Él se encargaría de cuidar de Bill esta noche.
-Te necesito -gimoteó el menor suavemente, su voz cargada de emoción.
Años de abandono se acumulaban dentro de él y nunca se había sentido tan agradecido por su hermano, y Tom nunca se había sentido tan orgulloso de Bill. De alguna manera se habían hecho más cercanos, libres, independientes de todo, pero juntos.
Diecisiete años y todavía eran irresistibles el uno para el otro, si no era ahora más que nunca. El miembro de Tom dolía con necesidad, y el interior de Bill temblaba dolorosamente.
-Súbete en mí -gimió Bill.
-Estoy sobre en ti -dijo Tom. Movió su cabeza y chupó con fuerza sobre el cuello de Bill. Estaba seguro de que dejaría una marca y su estómago se retorció de excitación.
-No, necesito más, más duro -respondió Bill. Empujó sus caderas hacia arriba, casi alejando a Tom de él.
-Calma -Tom hizo un ruido con su nariz. Bill le estaba poniendo tan caliente que sintió el temor de correrse antes de que consiguieran sacarse los pantalones-. Tenemos que reducir la velocidad.
-Pero necesito... -Bill bajó la cabeza a medida que se movían juntos, friccionándose y jadeando-. Oh, dime qué tanto necesitas estar en mí, Tomi.
Tom se apretó aún más contra él, besando la garganta de Bill y acariciando con sus palmas las estrechas caderas.
-Tanto, jodidamente tanto.
Se movieron juntos en silencio por unos momentos hasta que Bill gimió con un sonido roto sobre el oído de Tom.
-¿Dejarías de ver a papá para siempre si eso significara que puedes estar en mí?
Tom estaba tan excitado que no podía ni pensar.
-Bill...
-¿O a mamá? ¿Mandarías a todos al diablo para follarme? ¿Te duele mucho esto, también?
-Nada más importa -fue todo lo que Tom pudo decir, levantándose y hundiendo sus caderas sobre Bill. Ambos gimieron, sus pantalones se enterraban entre ellos y causaban sensaciones agradables-. Desnúdate, desnúdate para mí, amor.
Los ojos de Bill destellaron y alzó sus brazos, haciendo una cara.
-Ayuda.
Tom sonrió con satisfacción y casi arrancó la camisa de Bill, y luego deslizó los jeans, sin desabrochar, y los boxers. Después de que Bill pateó sus dos zapatos, se encontró absolutamente desnudo, y Tom tembló un poco.
-Dios... Dios.
-¿Estoy bien? -Bill se estiró, mostrándose descaradamente para Tom, quien tanteó su entrepierna, sintiendo su caliente erección. Dios, Bill lucía lo suficientemente bien como para comerlo, tragarlo, y follarlo-. ¿Soy lo mejor que has visto, Tomi?
Tom dejó salir un suspiro atragantado y se inclinó de nuevo, todavía paralizado sobre el cuerpo de Bill.
-Yo... mierda... Bill, si significara que podría follarte una vez más, dejaría a todos atrás.
Bill se inclinó hacia adelante, sus labios abiertos.
-¿Y si significara sólo un beso?
-Que todos se jodan -respondió Tom, de rodillas frente a Bill. No tenía intención de quitarse su ropa, aún no. El cambio de poderes entre ellos era tan intenso. Tom tenía a Bill desnudo, pero Bill tenía a Tom.
-¿Y si significara sólo... verme? -Bill ladeó su cabeza hacia atrás y estiró todo su cuerpo, abarcando toda la longitud de la gran cama-. ¿Qué pasaría si...?
-Shh. -Tom descendió y lamió el hueso de la cadera de Bill. El miembro del otro golpeó contra su cuello de haciéndole sonreír, acariciándolo una vez con sus nudillos temblorosos.
-¿Qué obtengo por mi cumpleaños? -preguntó Bill y las manos de Tom bajaron para acariciar sus testículos-. Hmmmm, ¿Tomi? –Sus piernas estaban abiertas en toda su extensión y Tom podía sentir el calor que latía de su cuerpo.
-¿Qué es lo que más quieres? -Tom se arrodilló entre las piernas de Bill y acarició por encima de sus muslos desnudos, mirándolo se retorcía y se arqueaba con cada toque.
-Quiero... -Bill ronroneó cuando los dedos de Tom acariciaron los bordes de su trasero-. Quiero tu lengua... en mí.
Tom podría haber gruñido por las palabras, pero en cambio se deslizó hacia abajo, lamiendo las caderas, muslos, testículos y trasero de Bill, a medida que se movía. Bill olía a almizcle y sabía a limpio. Tom no perdió tiempo en hacer subir las caderas de su gemelo y comenzar a lamer los pliegues del trasero de Bill.
-Sí -Bill suspiró, cerrando sus ojos y alargando la mano para alcanzar algo…
Agarró un puñado de pelo y apretó las rastas entre sus dedos, solamente saboreando la caliente humedad que se deslizaba debajo de su trasero. Se sentía delicioso y Bill casi podía saborearlo; la lengua de Tom era una cosa muy familiar a él y estaba muy acostumbrado a que lamiera cada pulgada de su cuerpo.
Tom respiró contra el trasero de Bill y encontró su entrada. Lamió todo a su alrededor, probando meter su lengua, respirando despacio. Bill gimió, retorciéndose y casi apretando su cabeza con sus muslos. Eso lo volvió loco; aunque le dificultara el poder lamerlo, amaba cuando Bill hacía eso. Amaba volver absolutamente loco a Bill.
-Tomi, Tomi -gimió Bill suavemente, dejando el cabello de Tom y sujetó las sábanas detrás de él. Quería gritar, quería hacerse implosión a sí mismo. Ni siquiera era que la lengua de Tom estuviera golpeando dentro de él, aún no. Bill miró hacia abajo y vio el rostro de su Tom enterrado en su trasero.
Tom presionaría su boca y succionaría sin vacilación, provocándole que su vientre doliera.
-Oh, Tom...
Tom gruñó en respuesta, y todo lo que se oía eran los intensos sonidos de succión, el azote de labios y humedad. Bill sintió la nariz de Tom tocando sus testículos y los dedos de sus pies se encogieron. Haría que Tom lo lamiera por siempre, si fuera posible.
Bill bajó una de sus manos y tomó su erección masajeándola, pero Tom colocó una mano sobre la suya y le señaló que él iba a hacerlo. Iba a complacer a Bill de todas las maneras.
-Sí, quiero correrme -dijo Bill, suspirando de placer a medida que la mano caliente de Tom rodeaba su pene. Masturbarse nunca se sintió bien desde que Tom estuvo dentro de él. Sus dedos, su boca, su miembro, eso no importaba. Bill se arqueó con el primer gentil roce e hizo presión contra la boca que trabajaba en él con impaciencia.
Tom presionó dentro más profundo, su mandíbula ya doliendo. Gimió contra el trasero de Bill, frotándose contra la cama, deseando encontrarse desnudo para, entonces, encontrar algún alivio. Quería que Bill se corriera de esta forma, pero no estaba seguro si él tendría la paciencia. Su propia erección tiraba contra sus jeans, y sabía que podría hacer que ambos se corrieran si lograba abrir lo suficiente a Bill para su erección.
-Jesús -dijo Tom, directamente contra el trasero de su gemelo. Los dedos de Bill clavados en su cuero cabelludo, sus caderas meciéndose y casi follándole la lengua.
-Por favor, únicamente no te detengas -pidió Bill.
Tom acarició la dura erección de su gemelo, dispersando el pre-semen de la punta hacia abajo. No podía negarle nada a Bill, no importaba qué tanto necesitara correrse. Atormentó dentro de Bill, exprimiendo su miembro y gruñendo, Bill temblaba bajo él excitándolo de modos que no había sentido en un largo, largo tiempo.
Se perdieron uno en el otro, idos completamente. Tom respiró profundamente, empujando su lengua hacia adelante y lamiendo lo más profundo que pudo. Bill sabía tan fresco y tan familiar, mientras Tom tragaba, que casi se corrió con fuerza. Estaba traspasando su trasero, más concretamente, su entrada. Se tocó por sobre sus jeans, sintiendo la dureza, y se alejó un poco de Bill. Quien miró hacia abajo, sus ojos abiertos totalmente y su frente brillante de sudor.
-Dios, ¿qué pasa? ¿Tom… Tomi?
-Es sólo... -Tom se movió hacia adelante y lamió la entrada de Bill, abriéndola de nuevo y haciendo que se estremeciera-. Sólo, joder. Sé que digo esto todo el tiempo, pero...
-Luzco tan bien -Bill rió un poco y Tom exhaló-, ¿verdad?
-No, tú luces jodidamente fantástico, y sabes que quiero follarte muy duro -contestó Tom, enterrando su cara en el trasero de Bill, de nuevo. Chupó con fuerza haciéndole gritar, llenando el cuarto del hotel con sus súplicas de más.
-Oh... casi, casi, casi -comenzó a decir Bill. Tom ya no había tocado su miembro, pero eso no importaba, Bill se iba a correr de todos modos-. Ah, ah, Tomi, Tomi.
Fue el más dulce mantra que Tom hubiera escuchado nunca. Lamió a través de la entrada tocando suavemente, viendo las caderas de Bill empujar y su erección latir. Lamió una vez más antes de presionar en el interior de nuevo, torciendo su lengua profundamente dentro de su gemelo.
Bill lloró y agarró con fuerza la cabeza de Tom, meciendo su trasero sobre su cara. Dos íntimos lametazos y Bill gritó, corriéndose con fuerza sobre su vientre y pecho. Tom suspiró y sonrió abiertamente, se inclinó hacia atrás observándolo. Bill todavía se retorcía despacio, frotando su mano arriba y abajo de su estómago, dispersando su semen.
Tom sostuvo la cadera de Bill haciendo que se estremeciera, cerrando sus ojos y sonriendo perezosamente.
-Mm, tan bueno, siempre es tan bueno -murmuró Bill, girando sus rodillas hacia arriba y desparramando sus brazos a los lados.
-¿Quieres algo mejor? -preguntó Tom suavemente, desabrochando su cinturón-. ¿Bill?
-Mm -Bill inclinó su cabeza hacia un lado, sus ojos todavía cerrados-. No sé qué podría ser mejor.
-Oh. -Tom deslizó tranquilamente sus jeans por sus caderas y movió su dura erección hacia afuera. La sostuvo sobre el estómago de Bill y la deslizó a lo largo de las líneas del vientre de su gemelo, deteniéndose a admirar el nuevo tatuaje con forma de estrella.
Bill dejó salir un suspiro sonriente, pero no abrió los ojos.
-Oh, eso... Cuidado, Tomi, todavía duele -susurró Bill.
-Mira.
Bill sacudió su cabeza.
-Si hago eso saltaré sobre ti.
-Entonces, mira.
Bill abrió perezosamente los ojos, mirando hacia abajo y gimiendo. Su pene se sacudió, ya endurecido y vio como Tom presionó suavemente su erección contra la reciente piel tatuada.
-Puedes... hacerlo un poco más fuerte -suspiró Bill.
Tom apartó la vista del tatuaje y siseó, frotando su erección contra él, un poco más insistentemente. El tatuaje había estado volviéndole loco durante días, y se estremeció de sólo pensar en correrse por todos lados sobre él. De verdad tenía que hacerlo.
Acarició con sus manos sobre el pecho de Bill, juntando el semen de su gemelo entre sus dedos y empujó un poco su pene entre las piernas de Bill.
-¿Te duele ahí? -preguntó Tom, presionando con un dedo la entrada de Bill-. ¿Hice que te doliera?
Bill sacudió su cabeza y empujó contra el dedo de Tom.
-Haz que duela -dijo Bill-. Vamos, Tomi. -Tom le dio una media sonrisa y dio un empujoncito dentro de la sonrosada entrada de Bill con su dura erección
-No me das mucha opción
-Es porque sólo quiero una opción -los ojos de Bill estaban oscurecidos, ya no estaba jugando-. ¿Te gusta mi estrella?
-Es tan puta -admitió Tom, sintiendo pesadez en su estómago. Le gustaba pensar en qué tan puta podía ser Bill, y sabía que ni siquiera lo intentaba. Bueno, no realmente. Tom tomó la cadera de su gemelo, delineando el área marcada a medida que presionaba sus caderas hacia adelante, incitando la entrada de Bill.
-Dios, por favor -dijo Bill, apoyándose sobre sus codos para mirar a su hermano-. Tienes que hacerlo.
-Lo sé. -Tom extendió el trasero de Bill con ambas manos y dio un pequeño empujón, su miembro transgrediendo el cuerpo que tenía delante. Bill gimió fuerte y abrió sus muslos mucho más, hasta que estuvieron casi perpendiculares con su cuerpo. Tom apenas podía continuar mirando, la visión era demasiada y deseó poder cerrarse de golpe contra él repetidamente-. ¿Puedo ir rápido?
-Dije que quiero que duela -dijo Bill despacio-. Realmente quiero sentirte.
-Seré cuidadoso.
-No –contestó con un tono casi decepcionado-. Siempre eres tan cuidadoso conmigo, Tomi, y te amo tanto. Esta vez quiero que me lo hagas tan duro. Sólo quiero que me folles lo más duro que jamás lo hayas hecho... por favor.
Las palabras sacudieron el corazón su Tom e hizo una pausa antes de deslizarse dentro de Bill.
-Antes te he follado con bastante fuerza.
Bill asintió, jadeando un "Por favor".
Tom podría haber gritado a medida que se hundía más profundo, apenas había preparado a Bill y, sin el lubricante, su erección estaba siendo oprimida mucho más de lo que nunca antes. Sólo la pre-eyaculación hizo más fácil el camino, y ambos se tensaron con la sensación.
-Oh Dios, oh dios mío -jadeó Bill-. Mierda, duele tan bien.
Tom se hundió hasta el fondo, temblando mientras se apoyaba sobre Bill.
-¿En serio? -Bill se sentía aún más apretado que la primera vez, se sentía aún más caliente, y Tom lo necesitaba aún más ahora-. ¿Puedo…? -Antes de que pudiera terminar su pregunta, incluso antes de que le pudieran contestar, se empujó hacia fuera y de nuevo hacia dentro, gruñendo a medida que Bill se estrechaba alrededor suyo.
-Oh, no, por favor, oh -dijo Bill, confuso.
-¿No? -Tom empujó de nuevo y Bill apretó sus piernas alrededor del cuerpo de Tom-. ¿O sí?
-Duele, duele -se quejó Bill-. Pero no te detengas. Más duro, por favor.
Tom no sentía ninguna vergüenza en absoluto, así que folló a su hermano sobre el colchón, sintiendo como el calor lo cegaba y tenía la dolorosa necesidad de correrse.
-Me voy a correr -jadeó-. Bill...
-No todavía, no todavía, Tomi -dijo Bill-. Fóllame más, por favor.
-Cristo -Tom logró hundir su miembro en su interior y presionó su cadera directo al trasero de Bill. Se sostuvo por un momento y vio lágrimas en las mejillas del otro chico. Tocó su cara-. Bill, cariño, ¿estás…?
-Sigue -gimoteó Bill-. Esto duele, sí, pero joder. Necesito esto, sólo... sólo...
Tom arrastró su pene hacia fuera otra vez para luego colisionar dentro, sus testículos golpeando con fuerza contra el trasero de Bill, y en ese momento ambos gimieron. Todo se sentía tan caliente, tan apretado, tan limitado y asombroso. Tom mantuvo una mano sobre la cara de Bill, y éste chupó uno de los dedos, con un poco de fuerza. Tom gritó y cayó hacia adelante, chocando sus narices.
-Hey -dijo Tom suavemente, besando la cara de Bill, y haciendo que él cerrara sus ojos y le acariciara con su nariz el cuello -. Luces tan bien, Bill. Te sientes tan bien, siempre lo haces...
-Te amo -Bill suspiró desigualmente, presionando fuertemente alrededor de su hermano y lamiendo su cuello. Tom tiró hacia delante, casi viniéndose, casi descargándose entero dentro, pero sus ojos se posaron sobre la nueva estrella de su gemelo y se contuvo, suspirando y besándolo con fuerza.
-¿Lo quieres? -preguntó-. ¿Tú lo quieres? Porque yo lo quiero.
-Dámelo.
Tom empujó dentro una vez más antes de sentir el familiar tirón en su vientre y se corrió en Bill. Entonces sacó su miembro y empujó hacia adelante de nuevo. Más semen se deslizó de su sexo y decoró la estrella de Bill, haciendo que ambos jadearan. Tom dominó a su gemelo y presionó su erección contra su cadera, necesitando sentirlo, queriendo que esto no terminara aún.
-Ponlo de nuevo -dijo Bill, empujando el cuerpo de Tom hacia abajo con las caderas-. Por favor, necesito...
Tom agarró su sensible pene empujándolo temerosamente hacia el interior del cuerpo de Bill. Todavía estaba excitado, pero también completamente agotado.
Su cabeza cayó hacia adelante y gimió mitad de dolor y mitad de placer.
-Dios, Tomi, por favor, fóllame -dijo Bill. Su voz era desesperada, rota, y Tom se impulso débilmente en Bill, apretando los dientes a medida que se apretaba contra de él.
-No puedo -dijo Tom-. Se siente tan...
Tom no podría, entonces Bill se movió por él, moviendo espasmódicamente sus caderas contra Tom y haciendo que la cama temblara por todas partes.
-Por favor, Bill -gimió Tom-. ¡Córrete, córrete! -Bill arqueó su trasero, exprimiendo el miembro de Tom con tanta fuerza que le hizo ver estrellas-. ¡Ngh, Bill! Te amo, te amo. -Tom abrigó sus manos alrededor de la erección de Bill sólo sosteniéndola mientras este se movía por ambos.
-Tan cerca, Dios, estoy tan cerca puedo sentirlo -lloriqueó Bill, montándose sobre el miembro de Tom y temblando por todas partes-. Dios, Tomi, lo necesito tanto, lo necesito tanto...
-Vamos -dijo Tom silenciosamente, enterrando su cara en el cuello de Bill, sus labios en el oído de su gemelo-. Córrete, quiero sentirlo. ¿Puedo sentirlo en ti?
-Sí, sí, sí, -respondió con un hilo de voz, su cara completamente contraída-. Ah, sí... Apriétalo, Tom, tómalo y por favor...
Tom logró sostener el miembro de Bill y acariciarlo con fuerza, sintiendo el calor en su mano, el aumento en la longitud, y supo que Bill debía estar frustrantemente cerca de correrse. Sonrió y siguió acariciando a su hermano, gimiendo mientras su sexo le penetraba una y otra vez. Bill soltó un suspiro, su pelo pegado a su frente con el sudor. Con un último grito, se corrió con fuerza en la mano de Tom y todo se volvió oscuro para ambos.
-No te vayas, no lo saques -susurró Bill, poniendo una mano en su frente y frotando-. Solamente... quédate.
-No puedo moverme -contestó Tom, liberando a su gemelo y frotando su mano húmeda entre ellos, dispersando el semen en todas direcciones sobre sus cuerpos calientes. Bill que todavía se aferraba con sus piernas a él, se relajó, dejando que sus pies cayeran sobre el colchón y haciendo que se moviera dentro de él-. Oh, Bill...
-Todavía estás duro -dijo Bill-. Mmm, quieres que...
-No, no puedo -dijo Tom-. No, uh, te muevas. -Ambos permanecieron en silencio, sujetos firmemente uno del otro.
-Este no fue un tan mal cumpleaños, después de todo -dijo Bill.
Tom besó el cuello de Bill y suspiró felizmente.
-Cuando le dijiste eso a papá... -Su boca estaba abierta contra el cuello de Bill y chupó con amor la piel-. Fue tan caliente. Fuiste tan...
Las caderas de Bill se movieron bajo Tom y se mecieron juntos sobre la cama. Tan despacio, tan suave, tan dulcemente.
-No creo que debamos verlo otra vez. -Bill jadeó cuando el movimiento se hizo más intenso y Tom se movió más duro dentro de él-. Tom, pensé que no podrías.
Tom bajo un poco más sobre el cuello expuesto y se arqueó hacia delante con un gemido.
-¿Quieres que pare?
Bill estaba dolorido y agotado y su corazón dolía lo suficiente como para hacer que pequeñas lágrimas brotaran de sus ojos. Pero se mantuvo sujeto a Tom, porque él era la única cosa que realmente importaba en su vida en ese momento. Ni su padre o sus carreras o lo que alguien pensaría por lo que hacían.
-Hazme gritar -susurró Bill.
Habían encontrado la seguridad y la comprensión entre ellos. La pasión, el calor y el infierno. Pero Bill no creía en el infierno, o tal vez simplemente no le importaba. Él sólo creía en los incendios que ya estaban empezando a lamer su ingle, y por supuesto, en Tom.
Y esa era la forma en que siempre había sido.
Nota: Ni qué decir, la verdad, y solo queda un capítulo. :) Los créditos de siempre.
