VÍAS SILVESTRES
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Advertencias: Universo alterno. NaruSasu implícito y explícito; contenido homosexual en pequeñas cantidades. Violencia, palabras altisonantes, sangre y muerte. Personajes de doce y trece años.
Nota: Nuevamente agradezco los comentarios y las visitas, y sé que algún día lograré responderles a todas; pero, ehm, digamos que estoy limpiado la computadora y está demasiado lenta. Y las cuentas, maldita sea, estúpidos impuestos. En fin, pasen buen día señoritas y señores, que me encuentro escribiendo y pronto me verán otra vez por aquí; con los caminos que he dejado abandonados. Hasta pronto.
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(3)
Han pasado las suficientes semanas para que el brazo de Sasuke esté como antes, así que ya no necesita ese llamativo cabestrillo verde que le dieron en el hospital. Hoy Naruto se siente muy feliz porque ha escuchado que Itachi tiene problemas para salir del pueblo y eso quiere decir que tiene más tiempo para disfrutar con Sasuke sin frustrarse. O al menos, no más de lo normal.
—Oe, bastardo, esto se está poniendo aburrido. Vendría bien asustar a esa-
—No.
Desde que lo conoce, Sasuke ha tenido la maldita facilidad de quitarle gracia a las cosas divertidas. Pero no es como si le pidiera permiso de todos modos. Camina hacia la mujer que tiende ropa en la terraza de su casa, pero se arrepiente al final, porque se ha sentido solo y gira los tobillos siguiendo a Sasuke que se le ha adelantado bastante. Recuerda entonces (y fugazmente) la promesa que le hizo de no hacer nada malo. Si bien está seguro que va a aburrirse mucho, Naruto desea pasar desapercibido y con esto demostrarle a Itachi que es una buena persona. Así no tendrán que mudarse nunca. Así las cosas seguirán como siempre. Como le gusta que estén.
…aunque eso no quita que haya hecho unas cuantas cosas antes de cumplir su abstinencia, se recuerda riendo un poco, sólo para pasar un día sin Kakashi y practicar con él algo que descubrió hace unas noches pasadas. Sonríe, silbando un poco, dándole pronto alcance a Sasuke, guardándose todo pensamiento como un pequeño secreto.
Una vez, desde hace tres o cuatro días, Naruto desaparece por completo, dejándolo solo y tranquilo. Sabe que puede confiar en él porque ya no ha hecho travesuras y él mismo se ha cuidado mucho; así que cree que no hay nada de qué preocuparse. Coge una piedrecilla junto al muelle y la arroja en el lago. Ésta salta unas veces por la superficie antes de hundirse por completo. Le gusta estar solo de vez en cuando, sin esa compañía ruidosa, pero sabe que llegará en cualquier momento y quiere estar preparado, para no asustarse. La madera rechina cuando la pisa y se sienta en la esquina, tocando el agua con sus pies. El lago está tranquilo, no hay ruido. Piensa y desea que Naruto se tarde más en encontrarlo.
La madera cruje de nuevo.
—¿Sasuke?
Voltea con rigidez hacia atrás, encontrándose con el rostro de una amiga que casi nunca ve debido al pasado que lo persigue. Ella le sonríe, poniendo la bolsa del mercado a su lado cuando se sienta y las suelas de sus sandalias de paja se humedecen cuando tocan el agua. Sasuke ya no la mira, pero agradece internamente su compañía. Es agradable, después de tanto tiempo.
—Ha pasado casi un año, ¿verdad?
Sakura observa la tranquilidad silvestre del lugar, el sonido de los pajarillos, la suave ventisca haciendo una orquesta con los árboles y las flores; el silencio profundo que enmarca la naturaleza. Le parece que el lago se ve muy pequeño ese día, quizás se ha secado.
—He querido hablar contigo pero mis papás no me dejan acercarme a ti —comienza a explicarse, sus cejas rosas arqueadas reflejan una melancolía casi idéntica a la de la última vez. Aunque el agua se mueve, el rostro de Sakura se refleja como un espejo, así que lo sabe sin necesidad de mirarla de frente—. Te mandé unas cartas... ¿las recibiste, tal vez? Como no recibí ninguna respuesta, pensé-
—Las leí —le interrumpe, mirando la sorpresa de la muchacha por el agua—. No supe que contestarte, así que preferí no escribirte nada. De todos modos no habría forma de entregártelas.
—P-puedes dárselas a Ino; ella me las habría dado sin problemas.
—Hay demasiadas personas en el centro.
Sakura frunce las cejas y lo abraza, porque ya ha superado su duelo y sabe que el que más está sufriendo es el muchacho que está forzando a refugiarse en sus brazos. También lo hace porque sabe de qué está hablando; aunque antes haya dicho que sus padres no quieren darle razones. Prefiere mentir que verlo perdido, ensimismado en su mundo (tan solo y negro), cuando los dos están juntos. Es tan triste que podría llorar por eso otra vez.
—Te extrañé mucho —le dice, arrullándolo con la voz.
—Lo noté en tus cartas.
Sakura sonríe con ternura porque sabe que eso es como un "yo también" en el extraño lenguaje de Sasuke. Respira hondo, recargando su cabeza en el hombro del muchacho, sintiendo la tranquilidad envolviéndole como antes. Es tan fascinante que cierra los ojos sin darse cuenta.
—Será mejor que te vayas. Si demoras demasiado podrían regañarte.
Sakura asiente, ahora renuente, separándose con mucho esfuerzo del brazo que estruja. Es difícil apartarse, porque no está segura cuando podrá verlo de nuevo. Fue una suerte que se le ocurriera pasar por ahí después de hacer las compras, y aún más que su madre estuviera ocupada y no la acompañara también. Sakura se levanta medio temblorosa, casi berreando, porque ese rencuentro es casi como algo irrepetible que no sucederá de nuevo hasta que pase más tiempo.
No quiere dejarlo en el muelle, no así. Tan solo. Pero debe hacerlo o sino, todo se pondrá peor. Suspira. Se decide a abrazarlo por el cuello una última vez, viendo el rostro de Sasuke reflejado junto al suyo en el agua, observándolo con ansiedad. Aún es demasiado atractivo para su edad, aún lo ama, pero sus mejillas no se enrojecen porque la tristeza ha ganado la batalla. Es difícil no ser suave con él después de verlo tan destruido.
—Ya no pienses en eso, no fue tu culpa. Ignóralos a todos como siempre lo haces. Te quiero mucho Sasuke, por favor no lo olvides.
Ella se aparta, acostumbrada a su silencio, recogiendo la bolsa de víveres del suelo como si fuera un bebé. Y luego corre, corre, con lágrimas cayendo de sus ojos verdes, sonriendo un poco cuando cree escuchar un gracias susurrado al viento. Y decide que hará hasta lo imposible para que Sasuke sea feliz, porque se lo merece. Los castigos no pueden ser para siempre.
Naruto, al otro extremo del puente, arquea las cejas porque Sakura, aquella niña que quiere tanto, ha pasado a su lado y lo ha ignorado. Pero se traga la ponzoñosa sensación y camina hasta Sasuke, preocupado y curioso. Nunca le ha gustado verla llorar, pero no entiende porqué siempre lo ignora. ¿Cómo no va a ponerse celoso de ellos dos si le hacen eso cuando los está viendo?
—Le conté que voy a mudarme, eso es todo —le responde Sasuke cuando le pregunta sobre Sakura y esas palabras no hacen más que enfurecerlo.
—¡Tú no te vas a ir a ningún lado! ¡Te lo dije y...!-
—Que lo digas no quiere decir que vaya a cumplirse —continúa diciendo el bastardo, levantándose, caminando por el pasillo de madera clara agujerada para llegar a tierra firme. Las manos escondidas en sus bolsillos no dejan de temblar desde que se levantó del suelo.
Pero no llega a donde debe llegar porque una fuerza lo empuja al agua y hace que se ahogue, hasta que Naruto se calma y lo estampa contra las patas de base del muelle. Está furioso, tanto, que parece otra persona y eso lo asusta porque le recuerda a ellos.
—¡NUNCA VUELVAS A DECIR UNA COSA COMO ESA! ¡TE LO ADVIERTO, SASUKE! ¡TÚ TE VAS A QUEDAR CONMIGO, NO VOY A DEJAR QUE TE VAYAS OTRA VEZ! ¡NUNCA, NUNCA!
Las manos que lo tocan tiemblan desesperadas, adhiriéndose a su espalda como si compartieran la misma piel. El agua no está tan fría, pero tampoco está tibia, así que no puede evitar erizarse como una gallina y que sus dientes castañeen de vez en cuando. Eso está mal. Le asusta imaginarse que pasará cuando alguien lo encuentre. No habrá nada bueno si eso sucede.
—De-debo salir d-del agua, pedazo de idiota. D-déjame m-moverme.
—Sasuke… tú, tú prometiste que no te irías otra vez —tiembla, desesperado, mirándolo con el azul intenso de sus ojos—. No vuelvas a decir algo como eso, mierda. Haces que haga estupideces.
—N-no es nece-cesario que diga algo p-para que las hagas, imbécil.
—Estoy hablando en serio, bastardo.
Sasuke está seguro de eso. Le palpa la cabeza con suavidad, porque no se cree capaz de sonreírle. Ya no más. Es suficiente.
—No voy a irme, a-atontad-do. Si-siempre cumplo mis promes-sas.
Naruto abraza a Sasuke con más fuerza, mordiéndole el pálido cuello descubierto. Quiere que deje de temblar, pero lo único que logra es asfixiarlo, así que lo suelta y deja que nade hasta la orilla, observando como no deja de estremecerse ni cuando llega a la orilla. Se siente mal por lo que ha hecho, pero el bastardo ha tenido la culpa. Él hace que su sangre se enfríe y se caliente al mismo tiempo. Es el único que ha llegado a descontrolarlo de esa forma.
Kakashi siente que su cabeza explota como un volcán en erupción, tiene una jaqueca horrible y no sabe por qué si ha sido cuidadoso estas semanas para estar pendiente de Sasuke. Quiso salir pero no encontró sus llaves, la luz no sirve y no sabe si las puertas están exageradamente duras o es él el que está demasiado débil. Tampoco encuentra su ropa, los cajones están vacíos, y lo único que lleva puesto es la ropa interior y un pantalón caqui de lana cubriéndole las piernas.
Espera que Sasuke se encuentre bien.
Cuando llega a casa le sorprende que Kakashi no lo reciba en la puerta, pero más le sorprende que sea su hermano quien la abra y corra hasta él sin tropezarse.
—¿Estás herido? ¿Qué te pasó? ¡¿Por qué no cuidas más de ti, maldición?!
Sasuke se siente mal por ver a su hermano tan alterado, pero prefiere dejar que se desahogue antes de decir algo para defenderse. No entiende cómo es que Itachi sabe que su ropa está mojada, porque es seguro que nadie lo vio de camino de regreso o en el puente. Cree que se ha tratado de Kakashi, pero borra ese nombre de su cabeza cuando ve a alguien saliendo de su casa. Su corazón late con fuerza, sus ojos están muy abiertos.
—¿Cómo has estado, Sasuke? Hace un día precioso, ¿no?
Uchiha Madara, su abuelo, ese que tanto aborrece su hermano está frente a sus narices. Ahora sabe quien ha alterado a Itachi. Maldice. Todo está saliéndosele de las manos. La terrorífica sonrisa de su abuelo casi logra hacerle temblar. Casi.
Atrás, en un cuadro aparte y sombrío, Naruto tiembla de ira y estupor. No le quitarán a Sasuke se repite con atropello en su mente, como si alguien viviera dentro de su cabeza.
—Me han llegado rumores acerca de tu problema —señala con gusto Madara, eligiendo las palabras como si fuera un juego. Sasuke frunce el ceño, escuchando la voz ronca que penetra el silencio después del escándalo de Itachi—. Nos iremos pronto.
No le quitarán a Sasuke, no le quitarán a Sasuke, no le quitarán a Sasuke, no le quitarán a Sasuke, no le quitarán a Sasuke, no le quitarán a-
—No voy a-
—Ya lo he decidido —le advierte Itachi, agarrándole el brazo y metiéndolo a la casa, acompañándolo a su habitación. Sasuke patalea, pero deja de moverse cuando nota que Itachi también tiembla. Vuelve a sentirse mal por él, pero no quiere irse del pueblo aunque sea lo mejor para todos. No puede abandonar a Naruto. No debe hacerlo—. Sasuke, eres lo único importante que tengo en mi vida. No hagas nada estúpido por favor.
Sasuke no hace nada cuando su hermano cierra la puerta, sólo mira la cama de sábanas y cobijas grises, recordando que el día del incendio le había dicho lo mismo, cuando quiso meterse a la casa y salvar a sus padres. Esa vez, por culpa suya y de su impertinencia, su hermano había quedado ciego. Fue entonces cuando se juró a sí mismo obedecerlo... pero ese tonto lo necesita, también tiene una deuda con Naruto.
Una mano le aprieta el hombro con ferocidad.
—Vámonos de aquí, Sasuke. ¡No pudiste convencerlo y yo no voy a dejar que te vayas! ¡Tienes que cumplir tu promesa, bastardo!
Los ojos azules se han alterado de nuevo. La dilatada pupila negra se empequeñece entre tanto azul y lo único que puede hacer Sasuke es mirar su cama mordiéndose los labios, frunciendo los ojos, pensando una y otra vez. No dejará a su hermano solo, pero tampoco puede abandonar a Naruto.
—¡Sasuke! —le jalonea el brazo, casi como si quisiera arrancárselo. Y recuerda el accidente, el rostro de su hermano al enterarse—. ¡Vámonos de aquí! ¡Hey!
Se odia por ser como es. Da un paso hacia atrás y Naruto deja de gritarle y zangolotearlo, confundido. Es verdad. Le debe más a su hermano que a él. Y eso no hace más que arrancarle el corazón, su último soplo de sueños y alegrías, porque ha llegado el momento que tanto teme, el que deseaba y se cumpliera cuando fuera capaz de decir adiós. Su flequillo oculta sus ojos, tan opacos y amargos, compungidos hasta la última gota y se da la vuelta, incapaz de verlo otra vez. La espalda tiembla su poco cuando sus puños caen laxos a su costado.
—Lo siento, Naruto.
Y es cuando estalla. Sasuke no ha cumplido su promesa después de todo.
Ahora es su turno de hacer lo mismo.
