Mai Notes: Amigos y amigas… he aquí el penúltimo capítulo de este fic. Me salió en un ataque de inspiración en cosa de tres días, y el resultado fue bastante decente. Para comentar: IchiRuki grado 1, IchiRuki, IchiRuki… es todo lo que hay. Ya las cosas se han aclarado y el barco llega a buen puerto. A tirabuzones, pero a buen puerto al fin y al cabo. Dedicado con mucho cariño a todos quienes se preocuparon por mi crisis vocacional. Ya estoy mejor, pero mi racha de mala suerte no se acaba: ahora me ha surgido la alergia xD. Soy alérgica al polen de las flores, y la primavera me sienta del reverendo asco. Pero es un mal menor. De verdad, gracias a todos aquellos que me dieron su palabrita de aliento… ¡Son el público más maravilloso que cualquier escritor pudiera desear! :3
Disclaimer: Ichigo y Rukia han renunciado oficialmente a ser de Tite y ahora me pertenecen. Byakuya aún lo está pensando.
7 DAYS OF LOVE
D A Y 6.- P o к e r F α c e. W o u l d Y o u B e M y G i r l ?
La casa Kurosaki, esa noche, parecía una verdadera bendición. Después de haber pasado toda una tarde en la playa, los cinco miembros de la familia (Rukia ya era una hija más de Isshin…) y su invitado especial lo único que realmente deseaban era poder darse una ducha y dormir.
En común acuerdo, Byakuya fue el primero en obtener el beneficio, e Ichigo se quedaría de los últimos, junto a Rukia.
—Andas excesivamente generoso… —apuntó la shinigami, extrañada de esa solidaria actitud. —¿Es por algo en especial?
—Nah, estoy tan cansado que no tengo ganas de discutirle al pijo, es todo.
Ambos estaban descansando en el sillón, tirados como cualquier cosa. Rukia tenía los ojos cerrados, con sus cosas personales en las manos, esperando su turno. Ichigo la miraba, sin que ella se percatase, con un ojo abierto y el otro cerrado.
Se veía bastante agraciada, con el pelo revuelto y aún húmedo, la piel más tostada y las mejillas coloradas producto del sol. Estaba envuelta en una de las toallas que habían llevado, y todavía tenía el bikini púrpura puesto.
—Deja de mirarme, Ichigo. —demandó, con los ojos cerrados.
—¿C-Cómo sabes que te estoy mirando? —preguntó él, aturdido. Lo habían descubierto en plena fechoría.
—Siento tu mirada depredadora sobre mí… —aclaró, abriendo un ojo para mirarlo y volviéndolo a cerrar. —Deberías ser al menos, un poco más disimulado.
—Son ideas tuyas, tonta. —se defendió el otro, volteando la mirada con vergüenza.
—¿Tanto te gustó mi bikini?
—¿D-D-D-De qué estás hablandoo?? Yo n-no te miro el bikini…
—Ajá, entonces… ¿Intentas adivinar lo que hay debajo del bikini? —sonrisa sarcástica, de esas que iban medio a medio entre la picardía y la inocencia.
—¡¡Rukia!! —gritó finalmente Ichigo, imposibilitado de reflejar más roja la cara —¡¡No te pases, eh!!
Ella se encogió de hombros con indiferencia.
—Andas muy tenso, no se te puede gastar ni una broma.
Se levantó del sillón con parsimonia. Al fin llegaba su turno para la ducha.
—¡H-Hey! —gritó el pelinaranja, intentando detenerla. Ella volteó levemente. —D-después de la ducha… Necesito que hablemos.
Rukia abrió mucho los ojos, sorprendida. No esperaba que él quisiera hablarle. ¿De qué? ¿De algo relacionado con la noche anterior?
—Puede ser mañana, Ichigo —dijo, reanudando su caminata hacia el baño. —Estoy cansada.
—No, no puede ser mañana. —siguió alejándose, sin tomarlo en cuenta. —¡Oi, Rukia! ¡¡Que no puede ser mañana!!
La shinigami terminó por perderse escaleras arriba, con una venia desinteresada en la mano.
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"Maldita mujer…" pensaba Ichigo, mientras la lluvia de la ducha le recorría el cuerpo.
Rukia había ignorado su petición olímpicamente. Había terminado de bañarse y se había encerrado en la habitación que compartía con Yuzu y Karin sin siquiera dirigirle una mirada compasiva.
¿Qué se estaba trayendo entre manos, la muy zorra?
Y él, que quería contarle cosas… que habían pasado… que LE habían pasado en la playa, cuando la vio así, tan contenta, tan libre…
Quería contarle lo que Byakuya le había dicho…
Y la muy tonta lo ignoraba y lo postergaba para mañana.
Ichigo sacudió la cabeza, contrariado, salpicando trozos de espuma del shampoo que quedaron pegadas en la cortina de la ducha.
¡La enana le estaba comiendo el coco severamente!
Para una vez que le interesaba una chica, ésta va y lo pone así.
¡Argh, no podía simplemente ignorarlo!
De modo que terminó su aseo rápidamente, se secó, se vistió y se encaminó hacia la habitación de sus hermanas.
Había tomado una decisión, y Rukia tendría que escucharlo AHORA.
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Golpeó la puerta despacio, no sea que vaya a despertar a cierto par MUY copuchento, cuando sólo quería hablar con la shinigami.
—Rukia… ¿estás despierta? —susurró. Pero no obtuvo respuesta. Sabía que ella no estaba dormida, puesto que tardaba bastante en conciliar el sueño y él no se había demorado tanto.
Así que tuvo que entrar.
Posó su vista en las tres camitas alineadas, y para su suerte se percató que Yuzu y Karin dormían y roncaban salvajemente, cubiertas hasta el cuello.
Dio unos cuantos pasos hacia el interior, y descubrió que Rukia tenía los ojos muy abiertos, y que miraba hacia el techo con indiferencia.
—¿Por qué no has contestado cuando he golpeado? —le preguntó el pelinaranja, sentándose al pie de la cama.
—Porque no me apetecía… ¡Oye, y no te sientes aquí como si fueras un invitado más!
Se levantó de la cama y arrastró a Ichigo con ella hacia fuera.
—¿Qué quieres? —preguntó, nerviosa. —¡Ya te dije que hablaríamos mañana!
—N-No podía esperar, y…
Ambos tenían la vista puesta concienzudamente en el otro, explorándose sin poder emitir palabra coherente alguna.
Ichigo no comprendía cuál era la manía de las mujeres de dormir tan ligeras de ropa… La shinigami llevaba puesta una camiseta MUY amplia con un Chappy estampado en medio, que le llegaba un poco más abajo del redondeado final de la espalda.
Aunque no llegaba a ver nada impropio, le pareció condenadamente sexy.
Y a Rukia le pasaban cosas parecidas…
Podía ver perfectamente la ancha espalda de Ichigo, apenas cubierta por una camiseta musculosa blanca, sin contar que todavía llevaba el pelo húmedo y revuelto y que unas cuantas gotitas rebeldes se desprendían de él, bajando por el cuello hacia el pecho por la abertura del pijama…
Ambos pasaron saliva ruidosamente, al mismo tiempo.
—Creo… que este no es un buen momento para hablar —Rukia fue la primera en romper el hielo, haciendo amago de abrir la puerta del cuarto para volver a encamarse.
—No me iré de aquí hasta que me hayas escuchado —terció el shinigami, sentándose en el suelo con la espalda apoyada en la pared contigua a la puerta. —Si se te ocurre entrar allí y escapar de mí como una cobarde, cuando despiertes mañana me encontraras aquí todavía, ¿entiendes?
La morena negó con la cabeza, abatida y soñolienta.
—Haz lo que quieras. —fue lo último que dijo al cruzar la puerta.
Sabía que la terquedad de Ichigo era amplia, pero no daba para esperarla allí toda una noche.
"O eso quiero creer…" pensó, mientras se metía entre las cobijas.
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Las horas pasaron veloces, de un rato para otro el día había llegado, y la shinigami había dormido muy poco, en verdad. De nuevo había adquirido ojeras, que le daban un aspecto cansado, pero esta vez decidió tapárselas con crema, o algo.
A decir verdad, durante toda la noche la tentación de abrir la puerta para ver si Ichigo seguía allí le atosigó, pero supo dominarse (más bien, el temor de que estuviese esperándola aún la dominó) e intentó dormir en varias oportunidades.
Pero ahora, que ya era hora de desayunar, no podía seguir alargando lo inalargable.
Así que abrió la puerta despacito… y se asomó un poco, con los ojos cerrados.
—¡Agh, dios! —emitió un berrinche para sí misma, y volvió a entrar, sin haber abierto los ojos.
Era una tontería. Ni siquiera sabía por qué le asustaba tanto mirar, después de todo Ichigo no iba a comérsela…
—Ni siquiera es probable que se haya pasado la noche en vela. Es una estupidez —se auto convenció, mientras apoyaba su mano en el pomo de la puerta…
…Hasta abrirla, un tanto violentamente.
Y lo que vio, la dejó helada.
—Por fin dejas de hacer payasadas, enana tonta.
"No, esto no está pasando" pensó la shinigami con la boca abierta.
¡Ichigo estaba allí, igual a como lo había dejado la noche anterior!
—Vale… haremos esto de nuevo, porque tiene que ser una alucinación de mi mente sugestionada —dijo, volviendo a ocultarse tras la puerta. —Cuando yo abra, esta vez no habrá nadie. Sí, vale, lo haremos de nuevo…
—¿Quieres dejar de decir tonteras, Rukia? —exclamó el pelinaranja, fastidiado. —Me cagué de frío toda la noche, no pegué un ojo esperando que salieras, me atacó el hambre, despertaron mis hermanas y me preguntaron que qué coño hacía yo aquí, se burló mi padre, se burló el pijo, me ha pasado de todo… ¿Y TÚ SÓLO ATINAS A DECIR QUE SOY UNA PUTA ALUCINACIÓN DE TU MENTE ATROFIADA? ¡¡ERES BRUTA O QUÉ!!
Se había puesto de pie de pura indignación, y ahora indicaba a Rukia con el dedo. Notó que aún llevaba esa sexy camiseta de Chappy, pero no se dejó perturbar.
—Yo no te pedí que te quedaras… —fue lo único que ella pudo decir en su defensa, algo culpable.
—Pues sigo en las mismas. Joder, pensé que iba a darte algo de pena… ¿Vas a escucharme ahora?
Ahora fue el turno de Rukia de alterarse.
—¡¡Joder, Kurosaki!! ¡Yo también dormí pésimo pensando que podías estar cagándote de frío allí afuera, y he estado aguantando las ganas de salir a buscarte! ¡¡Para qué te voy a mentir, ni siquiera dormí!! Ahora mírame… estoy en pijama, tengo unas ojeras horrendas, siento hambre, frío y culpa. ¿¿Me puedes dar UNA MALDITA TREGUA??
Ambos callaron.
Y el silencio se prolongó por algunos segundos, espeso, pegajoso. Como un chicle sin sabor que no podía ser más estirado.
—Mejor vamos a desayunar… —concedió el, algo tullido de estar tanto tiempo allí sentado. Estiró los músculos brevemente y bajó sin decir una palabra más.
La shinigami lo siguió en silencio, escaleras abajo.
Notaron que la casa estaba vacía, prácticamente. Isshin tenía que estar ya en el hospital perdiendo el tiempo, y las chicas en la escuela de verano… Sólo Byakuya quedaba, e iba de salida. Dijo que iría a supervisar los preparativos de su regreso, y que contactaría con Soul Society para que Renji haga los preparativos para poder volver a asumir como Capitán.
Ichigo entró en la cocina haciendo un ruido que nada tenía que envidiarle a las pisadas de godzilla, cogió el frasco de los cereales, se echó una cantidad desmedida en el plato y vació la leche sobre ellos sin ningún cuidado, ignorando en el proceso a la shinigami. Por su lado, Rukia preparó huevos revueltos, calentó pan y se hizo un café MUY cargado, sin prestar mucha atención al pelinaranja.
Y contrariamente a lo normal, él pescó su desayuno y subió a su habitación, alegando que quería dormir un poco, y ella se instaló frente a la tele, a ver el show matutino de Don Kanonji.
—Qué infantil… —musitó Rukia, luego de pensar un poco en la reacción de Ichigo. —Ahora que me tiene aquí, dispuesta, va y se larga. Será idiota…
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—Qué terca… —susurró Ichigo, en la seguridad de su habitación mientras pensaba en la reacción de Rukia. —En vez de subir a pedirme disculpas por todas las penurias que me ha hecho pasar, va y se pone a ver al viejo loco ese. Será idiota…
Revolvió el cereal con leche sin muchos ánimos de comer, un tanto inseguro.
Tenía que reconocer, aunque sea a sí mismo, que él también había tomado una actitud poco apropiada. Huir no era la mejor solución, pero le ponía nervioso el hecho de quedarse a solas con ella y hablarle de estas cursilerías que sentía…
Además, tampoco sabía cómo expresarse.
Todos quienes conocemos a Kurosaki Ichigo, sabemos que cuando actúa, NO PIENSA. De modo que ahora estaba ahí, todo aproblemado porque una vez más había hecho el ridículo quedándose a esperar a la chica, presionándola para que lo escuche, y…
…Y si ella le hubiera escuchado, ¿Qué le hubiera dicho?
—Joder, no había pensado en eso…
Y de seguro, Rukia sí había calculado ese predicamento. Por eso lo había esquivado.
—La enana siempre va un paso por delante de mí… —se dijo, mientras masticaba con cuidado los cereales en forma de estrellita.
Después de todo, ella era muchísimo mayor que él. Y en algo se reflejaba esa experiencia adquirida y esa madurez a bajo perfil.
—Puede tener unas piernas increíbles, unos ojos preciosos y unas curvas de encanto… pero es una ANCIANA. —recalcó en su mente.
Tal vez ella era mucha chica para él solito.
…
Pero mucha o poca, era la que él quería. La que él había elegido…
Y la que ahora, no sabía cómo abordar. Después de todo, nunca antes había abordado a alguien en el plano sentimental.
—Estoy hecho un imbécil —volvió a meditar en voz alta, abandonando en algún lugar del desorden de la habitación, el cuenco de los cereales ya vacío. —Tal vez sólo debería ir y decirle "Hey, Rukia. A partir de ahora eres mi chica". —después se rió de se pensamiento tan digno de Keigo y no de él. —Es una idiotez, de seguro si voy y le suelto eso me parta la cara, y me diga "Yo no le pertenezco a nadie, BAAAAAKA!"… Y ahí voy a quedar yo, solito con mi soledad y una humillación de los soberanos cojones…
Sin contar que Byakuya se lo restregaría en la cara hasta que ésta se le borrase.
—¡No puedo permitir eso!
…
—Pero tampoco puedo hacer mucho más, en estas condiciones de mierda…
Se echó hacia atrás en la cama, con el firme propósito de dormir. En una de esas durante el sueño su materia gris se multiplica, y en un rato más amanece más inteligente.
Vaya… No había calculado cuán comido el coco le tenía Rukia.
Se rió mentalmente, pensando en la cara que pondría ella cuando él le avisase (nótese, no va a ser un acuerdo mutuo. Daba lo mismo que ella quisiera o no) que ahora, era su dueño.
—Ja, como si te atrevieras, Kurosaki… —se dijo, abatido, mientras ocultaba su faz soñolienta y decepcionada bajo el cobertor de la cama.
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Joder, un día a solas con Ichigo daba para mucho, pensaba Rukia. Pero primero, tenían que estar en buena lid o si no se tornaba aburrido y desabrido.
Y como ahora estaban sin hablarse, pues… el día había sido de mierda.
Ella había visto por la mañana al buen viejo Kanonji mientras desayunaba. Luego ordenó un poco el desastre de Yuzu y Karin en la habitación (y el suyo propio también, todo sea dicho), el de la cocina, el del comedor… Salió un momento a comprar algo para comer, se encontró con Orihime en la tienda, le contó lo mal que estaban las cosas, ella le dio ánimos, regresó a casa, almorzó sola, salió a regar las plantitas del antejardín…
Es decir, ni un brillo.
Ahora estaba por sentarse delante de la tele, cuando recordó que existía un ser llamado Kurosaki Ichigo.
…Vale, siempre tenía presente su existencia, pero no había querido acordarse hasta ahora de él. Así su jornada sería un poco más llevadera.
El shinigami llevaba toda la tarde durmiendo, o sepa dios qué cosa estaría haciendo dentro de su habitación, pero ella no había querido ir a molestarlo. Sabía que era cosa de tiempo, Ichigo bajaría de allí en cuanto sintiera hambre o sed y, calculando la resistencia de un cuerpo humano, eso debiera ser… en cualquier momento.
Y los pasos en la escalera le dieron la razón.
Dicho ser hacía su aparición triunfal al fin. Llevaba el pelo más revuelto que de costumbre, pero tenía mejor cara. Sin duda había repuesto su sueño, aunque seguía con esa agria expresión producto de su enojo con Rukia y su recién experimentada frustración.
—Tengo hambre… —declaró, mientras hurgaba en la alacena.
La morena simplemente le indicó con un dedo el depósito del refrigerador.
Él abrió dicho depósito… y sus ojos se iluminaron.
—Pollo asado, papas fritas, sushi y torta de Selva Negra. ¿Todo eso almorzaste? —preguntó incrédulo, mientras lo sacaba todo y empezaba a engullir a velocidad frenética.
—Bueno, sí… aprovechando que estaba sola, me di un gustito —sonrió la shinigami, sentándose junto a él en la mesa y sacando algo de merengue del pastel con el dedo. Ichigo se atoró un poco con el gesto, pero intentó concentrarse en lo que comía y NO en la lengua de Rukia, sacando la crema con movimientos ágiles mientras dejaba un rastro de brillante saliva en el dedo…
Coño, lo estaba haciendo.
Carraspeó un poco, y aparentó naturalidad.
—Y… ¿de dónde sacaste dinero?
—Asalté la ropa de Byakuya, evidentemente.
"Claro, puede que el ricachón no sea noble aquí, pero sin plata no iba a andar…"
—Ah…
—¿Ya se te pasó la mala uva?
—Mmh… algo.
—Entonces, si quieres, podemos hablar…
El chico volvió a atorarse, esta vez en serio. De todas las estupideces, frases hechas y bobadas que recordaba de Keigo y Mizuiro, no logró reconstruir algo decente para decirle a Rukia. Y él no tenía idea de cómo hacerlo. No era romántico, ni espontáneo, ni cariñoso…
La tenía difícil.
Pero entre toda esa barbarie, tenía una cualidad aún intacta, y era momento de usarla.
—Pues… tengo muchas cosas que decirte, pero la verdad no sé cómo. No pude cranear un buen método en todo este rato —expresó, con sinceridad.
¿Para qué aparentar que era un playboy con amplia experiencia si jamás se había comido un rosco? Además… a Rukia le gustaba así, tontito y todo, o eso prefería creer.
—Para que aterrices un poco tus aires de divo —le dijo ella, sin cortarse un pelo. —Te crees lo mejor pero masticas la sopa. Bien, te ayudaré un poco…
Le cogió la mano (la limpia) con cierta delicadeza, y entrelazó sus dedos con los de él.
Ichigo, por supuesto, se prendió como un farolito de Navidad. Su cara se puso roja y su mirada se concentró en la belleza sin igual del plato de sushi, ya sin comida.
—Joder, al menos mírame, Kurosaki. No quiero pensar que me enamoré de un cobarde.
Y ese verbo que Rukia utilizó…
—¿E-e-e-e-e-enam-morarte? ¿De mí?
—¡Vamos, Ichigo! ¡Lo sabes! ¡Desde siempre! Desde aquella primera vez que entre a tu cuarto y me pateaste el trasero… —no pudo evitar ponerse roja también, pensando que estaba soltando cursilerías semejantes o peores que las que le tiene que haber dicho Inoue a Ishida.
Pero tenía que ser sincera, al menos en esto: Siempre le gustó el idiota que hacía el papel de su shinigami sustituto. Y se dio pleno permiso de amarlo cuando él llego a rescatarla a Soul Society, con su cara de mocha y su pinta de antihéroe moderno.
—¿No me vas a decir nada? —preguntó, nerviosa. Ichigo sólo la miraba con cara de bobo y la boca abierta. Pero en el fondo de esa expresión bien poco inteligente, ella supo ver un brillo especial —No quiero palabras bonitas, ¿sabes? Lo único que quiero es que seas sincero. No lo pienses mucho, tan sólo dilo.
—Yo… —apretó la mano de Rukia para auto convencerse de que esto estaba pasando, y no era una alucinación cruel. No quería despertar en su cama, con hambre, y tener que empezar todo de nuevo. —¡Vamos, Rukia! ¡También lo sabes! …Sabes que… te quiero… ¡Agh, cómo no te voy a querer, enana estúpida! —Bien, eso estaba bien. Se sintió propio de sí mismo, y le dio ánimos para continuar. —Desde aquella primera vez que entraste a mi cuarto como Pedro por su casa y… te tuve que patear el trasero…
Bien, eso ya era algo. La shinigami correspondió al apretón de mano algo torpemente. Pero Ichigo siguió hablando. Ahora que tenía vuelo, no iba a parar hasta acabar de expresarse.
—Me desordenaste la vida entera con tus dibujos asquerosos y tu inocente ignorancia. No sabes lo bien que me hacía despertar y ver que no eras un sueño, que no me estaba volviendo loco. Bueno… tú terminaste volviéndome loco, pero…
—¿Pero?...
—Si mal no recuerdo… creo que empecé a amarte de veras cuando supe que ibas a morir, allá en Soul Society. Bueno, que ibas a re-morirte, porque partiste estando muerta, y…
—Ya déjalo, Ichigo. Hasta ahí estás bien, lo demás son estupideces.
Rukia se levantó de su asiento, sonriendo. Se sentó sobre las piernas de un consternado Ichigo, y con un brazo le rodeó el cuello.
—¿Ves que no fue difícil? —le dijo, mientras le picaba la punta de la nariz con su dedo.
—Mmmh… —asintió él, consintiéndose por primera vez en tocar a la shinigami. Le rodeó la cintura y la sujeto más firmemente contra sí. —¿O sea que estuve pensando tonteras todo este rato para no decir ninguna?
—No mientas, no pensaste nada… —se acercó hasta quedar a escasos (y molestos) milímetros de sus labios —Pero no lo hiciste nada de mal…
Hasta que finalmente, ambos eliminaron la distancia entre ellos al mismo tiempo.
Se besaron con calma, para conocer el terreno del otro nada más. Ya habría tiempo, y vendrían besos mejores que conduzcan a otros fines… pero de momento, lo único que les importaba era grabarse bien en la mente la forma y el sabor de los labios del otro, y beber de ellos hasta que el maldito aire se acabase. Las manos de Ichigo subieron por los brazos de ella, acariciándola como estaba queriendo desde hace rato ya, y se emplazaron finalmente en las mejillas de una colorada shinigami, que tenía las manos enredadas en su cabello naranja.
Hasta que al final, el oxígeno se hizo escaso y tuvieron que dejarlo para más rato. Aunque no consintieron en separarse…
—No lo haces nada de mal, eh… niñato —apreció Rukia, apoyando su frente en la de él con cariño. —Te reconozco el mérito.
—Hey, Rukia… ¿Ahora qué? —pregunto él, algo inseguro. Desvió la mirada hacia abajo, arrepintiéndose en el acto. Porque ahora tenía demasiado cerca ciertas curvas de ella… que no le hacían nada de bien. —Ahora… ¿estamos juntos?
Ella clavó su mirada violeta en los ojos castaños de él, sonriendo con gracia.
—¡Siempre hemos estado juntos, baka! Lo de ahora es una mera formalidad. —y volvió a besarlo con el mismo ímpetu y la misma determinación de hace un rato.
Por primera vez en mucho tiempo, Rukia se sentía absolutamente libre.
Como un ave que abre las alas por primera vez.
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Y si alguien hubiera estado pendiente de la puerta, se habría notado más el regreso de Byakuya al hogar. Aunque él siempre era silencioso, esta vez lo fue más…
Iba a buscar un vaso de agua, pues el día había estado caluroso y él tenía sed… Pero cuando vio el panorama de la cocina, desvió sus pasos. A fin de cuentas también se podía tomar agua en el baño.
No conocía esa faceta tierna y apasionada de su hermana (ni hubiera querido conocerla, vivía más tranquilo sumido en la ignorancia) y bueno, estaba bien… ¿pero no podía elegir a alguien más decente que el odioso Kurosaki?
Y era idea de él, o…
¡¡No, no era en absoluto idea de él!! ¡¡Rukia estaba sentada SOBRE el regazo del tonto de pelo naranja!! ¡¡Y él tenía sus pérfidas garras en el trasero de su hermana!! (En realidad un poco más arriba, pero Byakuya no está acostumbrado a ver esas… escenas).
—Esa niñita… —murmuró, con todas las ganas de ir a sacarla de allí.
Pero se veía tan contenta…
Que al final optó por dejarlos ser.
—Qué juventud más precoz. —se dijo, mientras iba al baño a tomar su bendito vaso de agua.
Y a mitad de camino se encontró sonriendo. ¡Hey…!
Consternado, borró esa expresión de su rostro, porque los nobles no deben demostrar sus sentimientos, MENOS si son Kuchiki…
Pero que va… estaba conforme, porque ahora Rukia tendría a alguien que la iba a proteger siempre.
·: Chapter 6: FINISHED! :·
Ya, dije que el anterior iba a ser el último chap largo… pero mentí, no lo pude evitar xD. ¡Pero no se quejen! El próximo capítulo es… el final de "7 Days of Love". ¡¡EL FINAL!! ¡SE ACABA! No se lo pueden perder. Y como han sido un público tan pro, pues he decidido… que habrá un epílogo lemon. ¡Para que celebren y lean con más ganas, guarrosillas!
Paso a saludar a los gentiles seres que me han dejado su comentario :D
MargoChanning, Eva Vidal, Miicaa, Rose Dattebayo, kisa kuchiky, xdoll, JaNy (me impresiona que sigas cuerda después de leer toda esta horripilancia de un tirón xD), Emi.Green, kary-uchiyama, mirleys, lindarin, Hikari-chan, GreXx..3!, Haruhi Kurosaki, rromy (agradezco tu comentario, pero no puedo poner menos modismos. El fic es muy verbal y el contexto me lo exige para no generar OOC's a los personajes. Ojo, que tampoco son chilenismos… más bien diría yo "españolismos", y vamos, que esos son estándar a todos los hispanohablantes), Kuchiki-Jae (mi hermana xd. No te preocupes, no me voy a salir de la carrera. Lo decidí cuando me pasaron una prueba ENTERA en chino y la entendí toda!) y Shizenai.
Entonces, nos estamos viendo pronto. En una semana y media tal vez, para alcanzar a terminar a mediados de octubre, que no quiero alargarme más.
¡Besos a todos! ¡¡Se les quiere mucho!!
-Maichula, con MUCHA alergia TT…
