Mai Notes: …¿Qué puedo decir? Último capítulo… en realidad está un poco retórico, lo reconozco. Pero no quise arreglarlo, porque es testimonio del cariño que le tomé a la historia y a las reacciones que ustedes, lectores amigos, me contaban capítulo a capítulo en sus reviews… Me costó terminarlo. ¡No quería terminarlo! Pero bueno, ya vendrán otros proyectos y asdasdf xD.
No puedo despedirme sin haberles agradecido la ¿sintonía? x) bueno, por haber estado ahí. Por sus ánimos, sus críticas (siempre constructivas), sus saludos, sus elogios… Por haber hecho de "7 Days of Love" un hito en mi historia personal.
Besos fugaces a las personas que reviewearon en el capi anterior, que son: Miicaa, JaNy, Pao, Hikari-chan (que me apoya con el vocabulario anti-RAE xD y que me hace reír mucho con sus comentarios… espero vaya mejorando tu alergia, que sé que es jodido. ¡Besos!), Lioku, Xtina Odss (que dejó casi un review por capítulo porque se los había perdido, ¡gracias por tu ánimo!), Marcia, RUKIA-KAT-SAMA-BONNIE89 (que se había desaparecido y la estaba echando de menos x3), lindarin, MargoChanning, Emi.Green (seh, el apodo es todo tu mérito, me encantó xD, ya no me lo saco más! Ojala que también te mejores de todos tus males, que estás bastante peor que yo. ¡Te mando harta energía IchiRukistica! Y yo también te quiero x3…), chofisima, Magenta07 y Kaary-chan.
Disclaimer: Bleach es del mundo entero. ¡Di NO a la propiedad privada! :eaeaea:
7 DAYS OF LOVE
D A Y 7.- M e l α n c н o l i c S e v e n D α y s … S α y o n α r α.
Esa mañana sucedieron cosas terribles.
Es decir, sucedió lo mismo de siempre… pero durante la noche del día anterior se había producido un cambio entre ciertos miembros de la familia, y bueno, el resto se fue a enterar de la PEOR manera, cuando Isshin fue a la habitación de su hijo a darle los "buenos días" con su particular estilo…
—¡¡LEVAAAAAAAAAAAAAANTATEEEEEEEEEEEEEEE, ICHIGOOOOOOOO--… —usualmente, esta frase tendría muchas más 'o' al final…
Pero en vez de eso, de la boca del patriarca de la familia sólo salió un:
—¡¡KYAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!! … ¡¡ICHIGO, PEQUEÑO GAMBERRILLOOOOOOOOOOO!!
El ser que responde al nombre de Kurosaki Ichigo abrió un ojo, molesto. ¿Cuál era el escándalo ahora?
Volvió a cerrarlo, acomodando su naranja cabecita en un regazo muy blandito y abrazando las piernas de quien le estaba haciendo las veces de cojín.
Ese 'quien' no era otra persona que Kuchiki Rukia, que también abrió un ojo algo enfadada, e iba a mandarle una sarta de insultos al estúpido que estaba armando barullo tan temprano… cuando algo en su mente hizo sinapsis, abriendo ya de paso los dos ojos de manera desmesurada.
El estúpido ese era Isshin, su suegro. Y su grito había atraído a Yuzu, a Karin y a su hermano Byakuya.
De modo que ahora todos les veían con ojos de huevos fritos.
Ella sentada, con la espalda en el respaldo de la cama, la cabeza un poco ladeada y apoyada sobre una almohada. Las manos enterradas en un espeso cabello naranja… perteneciente a Ichigo, que tenía su cabeza puesta sobre el regazo de la shinigami, y ahora abría los ojos completamente, pero sin coordinar mucho.
—¿Qué nos ven? —preguntó inocentemente, mientras intentaba rescatar un brazo que le hormigueaba, a causa del peso de la cadera de Rukia sobre él.
Los demás guardaban un sepulcral silencio. Si fuera por Isshin, ya habría ido a publicar la noticia de que su hijo ya no era un virgencillo, y estaría comentándoselo al cuadro de Masaki también… pero respetaba la presencia del hermano de la chica que le había robado la inocencia a su pequeñín. De modo que se estuvo quieto.
—¿Y bien? —preguntó Byakuya, a nadie en particular y a todos en general. Necesitaba una explicación. Porque una cosa es dejar que Rukia esté con Kurosaki. Pero de ahí a dejar que se revuelque con Kurosaki… es algo MUY diferente.
Tenía que hacer algo al respecto, se anotó de forma mental.
—Nii-chan, esto… yo… —comenzó ella un intento de justificación… pero Ichigo no le ayudaba en nada con su cara de idiota, sin moverla un centímetro de encima de sus piernas. —Esto no es lo que parece… Eeeh… ¡Ah, joder! ¡Ichigo, di algo!
Le agarró del pelo aprovechando que tenía las manos ahí, y levantó su rostro hacia los demás.
—¡Coño, Rukia! ¿Qué maneras son esas de…?
Recién ahí, Ichigo fue consciente de su problema.
—Eeeeh, bueno… ¡Ah, sí! Byakuya, mira… esto no es lo que parece —aclaró, recordando ciertas palabras que comprometían su hombría. —Yo sólo… pues, anoche me quedé dormido mientras Rukia… tu honorable hermana, me… ¡sólo me regaloneó un poquito, te juro que no le toqué ni un pelo!
Más silencio sepulcral.
Que se prolongó mucho, mientras los unos se miraban con los otros.
—Espero que así haya sido, Kurosaki. Porque si no…—el noble retiró su presencia de la habitación, dejando la advertencia (algunos le llamarían amenaza, pero no… Byakuya no hace esas cosas tan vulgares) en el aire.
Aunque a Isshin esa mentira no se la colaban.
—¡Ichigo, cómo te atreviste a mancillar la pureza de Rukia-chan! —le gritó en un susurro, para que las niñas no escucharan. —¡Y delante de las narices de su hermano!
—Que no le toqué un pelo, viejo… ¿A que no, Rukia?
Ella sólo se encogió de hombros, dejando MUCHO lugar a la duda.
—Además… ¿Por qué Rukia-chan estaría…? Yuzu, ¿Cómo fue la palabra que usó Ichigo? —preguntó la futbolista hermana del chico, con sonsonete.
—"Regalonear", Karin-chan —aclaró la menor, picarescamente.
—Eso… ¿Por qué Rukia-chan te "regalonearía" a ti?
—¿Están juntitos acaso y no nos han querido contar?
Ambos shinigamis se miraron, con las mejillas algo coloradas.
—Bueno, nosotros… —iba a empezar a contar Rukia
—…Nosotros no tenemos porqué darles explicaciones a ustedes —le cortó Ichigo, frunciendo el ceño de nuevo. —Ahora si nos disculpan… —agarró de la mano a la chica y salió de la habitación, con parsimonia.
Y los Kurosaki no necesitaron ninguna confirmación más.
—UUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUYYYY, ¡¡ICHIGO Y RUKIA SE AMAN!! —gritó el padre, saltando y lanzando besos con corazoncitos en todas direcciones mientras los seguía, escaleras abajo.
A ambos les corrió una gotita. Mala cosa esa de que los hubieran descubierto… pero mejor así. Ahora no tenían que evitar a nadie, ni tenían que andarse con secretos…
Se miraron significativamente por breves instantes, y el agarre de sus manos se afianzó por completo.
Sí, se amaban.
¿Y qué?
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Al final, la parejita se fue a desayunar muy amenamente. Como ya todos habían comido, tuvieron que hacerlo ellos mismos, y esta vez Rukia preparó huevos revueltos y café para dos, mientras que Ichigo sacó dos boles de la alacena y los llenó con leche y cereales.
En el marco de la puerta, Yuzu y Karin veían atentamente la escena, sin siquiera pestañear.
—Es increíble… —dijo la primera, con ojitos brillantes. —¡De verdad están juntos, Karin-chan!
La futbolista le miró con ironía.
—Era evidente que iban a terminar juntos… —dijo, con tono aburrido mientras caminaba hacia el sillón y agarraba el mando de la tele. Después, en cosa de segundos, su faz mutó a una más maquiavélica, y vociferó a todo volumen: —¿O no te diste cuenta cómo Ichi miraba a Rukia en la playa? ¡Como si la escaneara! Parece que se le iban a salir los ojos…
…
—¡¡COF COF!! Waggggggh…
—¿¡Ichi-nii, estás bien!?
—Sí, es sólo que… me atoré…
—¡Karin-chan, no le digas esas verdades tan duramente! No ves que es delicado…
—Oooh… ¿dije algo malo? —risa maligna de Karin.
—No le hagas caso… —dijo Rukia, con una sonrisa enorme y muy simpáticamente. —Ya me había dado cuenta de que me mirabas lujuriosamente…
—¡Ru-Rukia! ¡Cómo dices eso! —gritó el pelinaranja, alterado. Su cara empezó a ponerse roja en exceso, signo de que todo era cierto y que se estaba volviendo un pervertido de mierda.
—Ah… es la verdad.
—Claro… ¿Y tú, me vas a decir que no me mirabas cuando fui a tu habitación en pijama? ¡¡Me desnudabas con la mirada, guarra!! —contraatacó él, viendo cómo su novia se atoraba con un pedazo de tostada.
—¿QUÉ ESTÁS DICIENDO?
—¿¡Fuiste a nuestra habitación!? —preguntaron las dos hermanas en coro, con ambos ojos y la boca en forma de 'O'. —¿Y qué le hiciste a Rukia-chan?
—No me hizo nada, el muy depravado… pero de seguro ya pensaba en cosas sucias ¬¬ —mirada inocente de la shinigami y tono teatral.
—Quién te haría algo, boba…
—Te mueres de ganas… Cochino
—Mal pensada
—Pervertido
—Pedófila
—Mocoso precoz
—Asaltacunas
—Nos vamos a la escuela…
—Estirado
—Enana
—Nos vemos en la tarde…
—Caraculo
…
—Siguen siendo los mismos imbéciles de siempre… —dijo Karin al cerrar la puerta.
—Y que lo digas —le apoyó Yuzu, negando con pesimismo.
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La vida es un torrente constante de emociones en absoluto equilibrio. Pueden pasar cosas buenas a veces, y para que dicho equilibrio no se rompa, también ha de suceder algo malo, medianamente malo o… trágico.
Así entendía la familia Kurosaki este momento de sus vidas… Momento en que, claro, era obvio y a la vez chocante… ahora Ichigo y Rukia andaban por la vida sin esconder las ganas que se tienen… digo! lo mucho que se quieren… Eso es algo bueno.
Pero ese mismo día, Kuchiki Byakuya abandonaba el hogar. Sus vacaciones se terminaban, y él debía regresar a ese misterioso lugar lejano donde vive… Y eso es algo malo.
Después del almuerzo todos los miembros de la familia estaban ya en casa, pero muy silenciosos, cada uno en algo distinto para distraerse un poco. Byakuya había anunciado hace algunos momentos que estaba terminando de preparar sus cosas, y que en una hora se marchaba.
La noticia cayó como un balde de agua fría a la familia Kurosaki. Para qué negarlo… la visita del hermano de Rukia había sido una de las cosas más especiales del último tiempo, y al final le habían agarrado cariño y se habían acostumbrado a verlo deambular por ahí, con su aire de estrella de cine.
Yuzu estaba en la cocina, preparándole algunos bocadillos para el viaje. Karin leía una revista haciéndose la que no le importaba nada, pero a cada rato miraba hacia la escalera con la esperanza de que Byakuya no viniera a despedirse todavía. Isshin vociferaba tonteras para alivianar el ambiente, pero a un reto de su hija morena calló, y también se sumió en la aflicción frente al cuadro de Masaki ("MASAKIIIIIIIIIII… NUESTRO QUINTO HIJO NOS ABANDONAAAAAAAA…"). Ichigo veía la tele junto a Rukia, quién la verdad no se había concentrado ni un segundo en el show de Chappy el Conejo…
Tenía su mente muy lejos de allí.
Cuando trajo al estirado y cara de nada Capitán de la Sexta a vacacionar a Karakura, no se imaginó nunca que su vida cambiaría tanto. Había ganado un verdadero hermano, creado lazos importantes entre su familia en Soul Society y su familia en el mundo humano, había conseguido ser sincera consigo misma, y ahora tenía a alguien (no se acostumbra a la palabra novio)... Estaba feliz y triste a la vez, y no sabía si reírse o largarse a llorar.
—No te pongas así, enana… —Ichigo, junto a ella, le miraba con el rostro demudado. También estaba afligido, aunque intentara ocultarlo. —Si el pijo te ve con esa cara, pensará que te hice algo malo y me matará.
Ella sonrió, agradecida por el comentario: intentaba subirle el ánimo y se preocupaba por ella. E iba a contestarle alguna tontera al shinigami…
Cuando un par de bolsos resonaron al pie de la escalera, signo de que alguien los había dejado caer sorpresivamente.
Era Byakuya, con sus maletas listas. Curiosamente había llegado con las manos vacías, y ahora se iba con… muchas cosas, aunque de seguro, las más importantes no le cabrían en ningún tipo de bolso.
Ya era la hora de marcharse.
—Nii-chan… —Rukia se levantó como una autómata, y se dirigió hacia él. —¿Ya te vas?
—Así es… —dijo él, paseando su mirada por todos los miembros de la familia. Quiso preguntar por qué estarían todos reunidos y con esas caras de nalga, pero una urgencia súbita le volvió a la realidad. Había algo importantísimo que tenía que discutir con su hermana. —Pero antes, Rukia… me gustaría hablar contigo en privado.
La aludida se sorprendió, y excusándose con la mirada hacia los presentes lo guió hasta la cocina, donde podrían expresarse con el debido espacio.
—Bueno, dime…
El noble se veía un poco nervioso, cosa rara en él. Su usual cara de nada ahora estaba deformada en una mueca de incomodidad.
Tenía que decir algo MUY importante, pero no sabía como expresarlo. No tenía mucha noción de esas cosas... Hace tiempo ya que él había dejado de hacer esas chiquilladas, pero era su deber prevenir a Rukia, con toda la vergüenza que eso podía conllevarle.
Decidió partir por lo evidente.
—Ayer, cuando llegué a casa… te vi con Kurosaki en la cocina —dijo, con una expresión neutra.
Rukia sudó frío. ¿¡Los había visto!? ¡Qué horror, qué vergüenza! ¿Y con qué momento de su… apasionada… muestra de cariño se habría encontrado? Quería y no quería saberlo.
Prefirió hacerse la tonta de primera.
—Ya… ¿y?
—Y bueno… tú ya sabes. No estaban precisamente a un metro de distancia el uno del otro…
"Mierda, me pilló encima de él, genial".
Optó por la sinceridad. Su hermano se lo merecía.
—Fue la primera vez, Byakuya. No volverá a pasar. —¡Noooo! ¡Rukia tonta! ¡Cómo se te ocurre prometer algo así! Bueno… mentirilla blanca mode ON.
—No te preocupes. Puedo comprender que, si vas a estar con él, esas cosas tienen que pasar… —La shinigami emitió un sonoro suspiro de alivio. Al menos su hermano la entendía… —Pero quiero hacerte una sugerencia.
—OK. Tú dirás…
—Eh, bueno… —la incomodidad volvió a aflorar, y esta vez el noble tuvo que desviar la mirada un poco. —No dejes… que el odioso Kurosaki te haga cosas.
La shinigami no entendió. Porque de seguro, Byakuya no se estaba refiriendo a lo que ella estaba pensando, no… ¡Ah, mente sucia!
—¿Cosas? —dijo, inocentemente. —¿A que te refieres con 'cosas'?
Ahora fue el turno de Byakuya de sudar frío.
—Bueno… cosas. Esas cosas… que hacen las parejas… —y con un poco de vergüenza la recorrió con la mirada, deteniéndose en un par de puntos de su anatomía MUY significativos. —Perdona, pero…
Eh… bien. Esta es la realidad: Byakuya estaba hablando de SEXO con ella. ¡Joder, de sexo…!
…
Casi le da un ataque de risa.
—¿Te refieres a que no te gustaría que tenga algún tipo de contacto… sexual… con Ichigo?
El puritano y conservador noble de la sexta estuvo al borde de un infarto cerebral cuando escuchó eso salir de la boca de su querida e inocente hermanita.
—N-no lo digas… de esa m-manera. —articuló como pudo. ¡Joder, qué juventud más precoz la de hoy en día!
—¡Pero nii-chan, no puedo hacer nada! —se excusó ella, por adelantado. —¡Todo este cuerpecito es de él, puede tocar lo que quiera!
Un minuto de silencio…
Y la silueta de su hermano desmayándose le dio la señal para detenerse.
—¡Vale, todo era una broma!
—No vuelvas a hacer eso. —dijo, recuperando las proporciones normales de las cuencas de sus ojos.
—Bueno. Te prometo que ninguna de esas cosas pasará si no quieres.
—Confiaré en ti, Rukia. Me has dado tu palabra de Noble Kuchiki.
Ella asintió, con ataque de risa. No había dado ni una palabra de nada, pero si eso dejaba más tranquilo a su hermano…
—Vamos, que se te hace tarde. —dijo, empujándolo hacia fuera.
Ya era hora de decir adiós.
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Cuando ambos volvieron al salón, la cosa estaba hecha un desastre. Yuzu llorando a moco tendido en brazos de Karin, Isshin acompañándola en el escándalo e Ichigo sin poder hacerlos callar.
—¡Byakuya-sama se vaaaaaaaaaaaaaaaa…! —decía la niña rubia, con dolor. —Se vaaaaaaaaaa… y nos dejaaaaaaaaaa…
—No puedo creer que se hayan encariñado tanto con el pijo feo… —se comentó Ichigo, sin poder creerlo.
—Me voy tranquilo porque he comprobado que, al menos, tengo más carisma que tú, odioso Kurosaki.
El noble hizo acto de aparición en el salón, con Rukia detrás, aún riéndose.
—Ya es la hora, Urahara debe estar esperándonos… —apuntó, dando espacio para que la familia se despidiera.
—Te voy a extrañar mucho… —le dijo Yuzu, aferrándose de sus piernas por primera vez. Byakuya no supo cómo reaccionar, así que sólo le dio unas palmaditas afectuosas en la cabeza, consternado. Nadie le había tratado así en mucho tiempo… Decidió que le gustaba, en demasía. —Toma, te preparé algo para el camino. No quiero que pases hambre… —le extendió un envoltorio rosa con lunares blancos mientras seguía hipando y sollozando sin mucho consuelo.
—G-Gracias… —el noble recibió el paquete cuidadosamente, estupefacto.
Karin también se acercó, muda, y le entregó un papel doblado. Esperó a que Byakuya lo abriera, y cuando lo hizo…
En la hoja se apreciaba claramente un dibujo de una persona verde bajándose de algo parecido al Extreme Fall, a punto de vomitar. Una flecha junto a su nombre indicaba claramente que ese ser era él, ni más ni menos.
—Maldita mocosa…
—Espero que algún día vuelvas, pijo. Para ir al parque de nuevo, ya sabes…
—Volveré. Sólo para que nos subamos a ese bicho hasta que seas tú la que termine devolviendo el desayuno.
Una mirada cómplice selló la promesa. Tal vez el pelinaranja ya no le daría tantos dolores de cabeza ahora que estaba bajo el control de Rukia, pero Karin era una digna sucesora.
Por su lado, Isshin le estrechó la mano fraternalmente, dejándole muy en claro que en su casa siempre iba a ser bienvenido.
Y como correspondía, Ichigo también tenía que despedirse de él. Después de todo, era su cuñado, y también sentía algo de pena por su partida.
Pero cuando llegó, dispuesto a hacerlo… Algo le sucedió.
—Nosotros iremos a dejarte —fue lo único que pudo decirle. Agarró los bolsos y salió corriendo rápidamente hacia la calle ante la mirada atónita de todos.
—¿Qué le pasa? —preguntó el capitán, desorientado.
Rukia no dijo nada.
Sabía que a Ichigo no le gustaba que lo vieran llorar.
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El camino fue largo y tortuoso, y el silencio lo acentuaba aún más. Las tres personas que caminaban iban sumidas cada uno en sus pensamientos, y no se atrevían a proferir palabra para no interrumpir los del otro…
En realidad cualquier cosa que pueda decirse sobra. El cariño, la alegría y la preocupación nunca han sido sustantivos concretos.
Finalmente, los últimos pasos fueron devorados, y la tiendita de Urahara ya se divisaba.
Ichigo y Rukia iban a adentrarse para esperar en el vestíbulo… pero notaron que Byakuya no los seguía. Había detenido su caminata unos cuantos metros más atrás.
—¿Nii-chan? —le preguntó la morena, confusa.
Podía afirmar, sin miedo a equivocarse, que su hermano tenía nostalgia.
—Me gustaría… —pronunció él, con su tono aparentemente frío e indiferente tratando de ocultar algo más —…que me dejaran marchar solo.
—Pero… ¿Por qué?
—Hey, no creas que vinimos hasta acá para decirte chao con la manito, desde lejos… —apuntó Ichigo, fastidiado.
Si el pijo sentía pena, ¿Por qué no se largaba a llorar y ya? Ah, claro… los códigos de los pijos dicen que no debes ser sincero NUNCA. Que se joda entonces.
—Es que… No quiero llevarme una vista traumática de Karakura, ¿comprendes? —respondió el noble, picándolo adrede. —Si lo último que veo de este pueblo es tu cara, entonces creo que no querré volver.
—Y realmente quieres hacerlo, ¿cierto?
—Por supuesto. Creo que me hará bien. Además… a Renji le gustará volver a ser Capitán, eso seguro.
—Entonces… creo que es momento de decir "hasta luego", ¿no?...
Rukia no quería llorar. No quería y no quería… Pero las lágrimas son siempre más tercas.
—No llores, enana… —le consoló el pelinaranja, acariciándole la cabeza y despeinándola en el proceso. —¡Lo pintas como si no fueras a verlo nunca más!
—Yo no lloro, imbécil. Es sólo que me entró una basurita al ojo.
—Me molesto en consolarte y me llamas imbécil…
—Es lo que eres. Un imbécil crónico.
—Enana.
—Insensible.
—Llorona.
—Hijito de papa.
—Hermanita de hermano ricachón.
—Me encanta cómo me demuestras tu amor hacia Rukia, Kurosaki… Me voy muy tranquilo, sé que la dejo en buenísimas manos. —ironizó el noble…
Esas peleas eran una de las cosas que iba a extrañar. De veras que las echaría de menos cada mañana… Fueron un acontecimiento que se grabó en su mente, junto al aroma del pan tostado de Yuzu y el café con leche. E Isshin haciendo gárgaras con él, y Karin estampándolo en la pared por eso…
Los añoraría todos los días, desde su fría oficina.
Dios, se dio cuenta de que tenía que irse YA.
Ahora podía comprender cómo fue que Rukia cambió tanto entre misión y misión en el mundo de los humanos…
Y no podía culparla. Eran una raza extraña, pero adorable.
—Bueno… Rukia, nos vemos en Soul Society —comenzó a despedirse. —Cuídate… y acuérdate de lo que me prometiste —recalcó, moviendo su dedo índice en el aire como las abuelitas.
—Sí, sí… Saludas a todos de mi parte.
—Eh, yo… —al fin Ichigo se había animado a acercarse. Después del colapso emocional que le dio en casa, lo último que quería era ponerse sensible de nuevo. —Bueno, tengo que decirlo. Gracias… por todo.
—A ti, Kurosaki… —concedió él, estrechándole la mano al muchacho. —Acuérdate todos los días de tu mugrosa vida de que te dejé mi bien más preciado, así que como me vaya enterando…
—Sí, sí… —repitió el chico, tratando de evitar que Rukia se enterase de esa sangrienta ame… advertencia. —El portal se va a cerrar como lo sigas haciendo todo más difícil.
Y así, Kuchiki Byakuya agarró sus bolsos nuevamente, y entró a la tienda, donde su aburrida rutina lo esperaba con los brazos abiertos… Pero iba cargado de recuerdos, de sabores y olores que le harían la vida más llevadera a partir de ahora.
Habían sido siete días de verdad inolvidables.
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La tarde caía. Un chico y una chica caminaban abrazados a su casa, después de una jornada cargadita a la cebolla.
—No puedo creer que nii-sama les haya cogido tanto cariño… —Rukia caminaba lentamente, embelesada con el paisaje que cambiaba caprichosamente de rosado a naranja, deseando volver a vivir cosas tan bonitas otra vez. Y que se quedaran para siempre…
—Hmm. —contestó Ichigo, que de romántico no tiene nada y la verdad, no le apetecía seguir hablando de Byakuya. No cuando, por fin, se había quedado solito con la morena…
—Que nos haya dejado… bueno, ya sabes…
—Hmm.
—Y que TÚ te hayas puesto a llorar cuando lo estaban despidiendo… ¡Eso fue de culto, Ichigo!
—Hmm… ¡Hey! —le miró, más avergonzado que molesto. —Yo no lloré, boba. ¿Qué te hace pensar eso?
—Tus explosiones emocionales me las sé de memoria… Estoy SEGURA de que te fuiste a llorar cuando despedíamos a Byakuya.
Se detuvieron cerca de la orilla del río de siempre. Había que aprender a crear momentos de vez en cuando…
—Cualquier persona que haga feliz a mi familia y le tome tal cariño, merece un momento de emoción por parte mía, Rukia —confesó el pelinaranja, con todo su pesar. En sentido figurado, claro… De verdad estaba siendo honesto. —Aún cuando esa persona sea tu jodido hermano.
—¡Oye, no es tan malo!
—Pero ¿viste cómo lloraba Yuzu? Eso se agradece…
La shinigami se soltó del abrazo que la mantenía unida a su chico, y se agachó a jugar con las olitas rebeldes que el viento formaba en el agua al topar tierra firme.
La semana más caótica, chispeante y anormal de su vida había llegado a su fin.
—Ah… ¡Adiós, siete días de amor…! —suspiró, con aires teatrales.
—Hey, no te pongas cursi —apuntó Ichigo, sentándose junto a ella.
—No tienes derecho a decirme cursi, mamón.
—¿Quieres morir? —le reto él, incorporándose de repente y cerniéndose sobre ella como si fuera una terrible amenaza. Y el hecho de que el sol se estuviera poniendo alargaba su sombra, haciéndolo parecer bastante más agresivo.
—Quiero ver si puedes hacerlo… —canturreó la shinigami, con aires de intocable. —No me habrás puesto una mano encima cuando Byakuya esté tras tus pasos, Kurosaki-kun…
Ichigo se retractó con un "agh…" apenas audible cuando escuchó el nombre de su cuñado.
—¿Vas a estar amenazándome con eso cada vez que quiera acercarme a ti?
—Depende… —pareció pensarlo ella, con un dedo en la barbilla. —Si quieres acercarte para cosas buenas… Y cuando digo 'buenas' quiero que de verdad sean buenas… ¿eh?
Ambos se rieron, contentos y con la cochinada en la mente. A nosotros los lectores no nos van a engañar, están pensando en algo REALMENTE BUENÍSIMO…
Pero todavía no es tiempo. Nadie los apura… El viento y las sonrisas mutuas eran todo lo que necesitaban para crear un buen recuerdo de su primer atardecer juntos.
Finalmente regresaron a casa, tomados de la mano, entrelazando los dedos de vez en cuando.
Siete días de amor fraternal habían acabado…
Pero los días de amor del bueno estaban recién, recién comenzando.
·: T H E E N D :·
El fin... al fin.
Ahora, la buena noticia: ¿Quieren lemon? ¡¡Entonces reviews!! xD y en dos semanas más, tal vez menos… todo se acaba en serio TT
¡Nos vemos!
