SILUETEADO POR EL MAR

(Silhouetted by the Sea)

Por Kristen Elizabeth

Traducido por Inuhanya

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Capítulo 3

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"Relena! Relena… despierta!"

La voz de Sally despertó a Relena de un profundo sueño una semana después. Abrió sus ojos y bostezó delicadamente. "Cuál es el problema, Sally?"

La mujer sonrió positivamente. "Ahora estamos en el Caribe! Ven! Debes ver el color del agua!"

Relena se sentó, logrando, con adquirida gracia, evitar golpear su cabeza en la litera. Después de salir de la cama, se dio un rápido e incómodo baño de esponja antes de ponerse su numerosa ropa interior. Sally apretó sus tiras con prisa, dejando a Relena con suficiente aire para sobrevivir. Luego levantó un ligero vestido de muselina de los baúles de Relena, ignorando los muchos de seda brocada de Robe a l'Anglaise y Robe a la Francaise.

"Este servirá para el clima allá en cubierta," decidió ella. Ayudó a Relena a ponerse el simple vestido de suave color crema y cubrió sus rizos dorados con un sombrero de volantes mientras Relena se ponía un par de calcetas. "Apúrate! Confía en mi… vas a amar la vista."

Las dos mujeres emergieron a la cubierta del barco y fueron saludadas con las aguamarinas aguas del Caribe. Relena jadeó en completa alegría. "Oh dios…" respiró ella. "Es tan… hermoso!"

"Justo anoche, el agua aún era azul Atlántico." Sally juntó sus manos. "Y ahora estamos en el paraíso."

Un poco de la felicidad inicial de Relena se disipó. "Este es el único color de agua que voy a ver una vez que alcancemos Barbados," dijo en voz alta.

Sally sonrió tristemente. "Y aquí tenía la impresión de que Lord Kushrenada estaba planeando casarse contigo, no mantenerte prisionera en su isla," fue su respuesta.

"Un matrimonio obligado también podría ser una prisión, Sally." Relena colocó una mano en su sombrero para protegerlo de la leve brisa. "Si sólo…" ella se detuvo.

"Si sólo qué?"

Relena sacudió su cabeza. "No es nada. Nada más que un deseo infantil." Ella apretó la mano de su compañera. "El agua es verdaderamente divina, Sally, pero creo que bajaré otra vez."

"El aire aquí arriba te hará mejor."

No deseaba discutir con la Baronesa, así que una hora después, aún estaba en cubierta, maravillada con el agua. No había pasado mucho antes de que hubiese visto la primera marsopa, aunque no supo cómo llamar a la extraña criatura jugueteando a lo largo del bote hasta que un tripulante le dijo.

Fue una experiencia maravillosa observar a las marsopas seguir el barco. Tanto así, que pasó otra hora antes de que Relena se diera cuenta de lo que pasaba a su alrededor. Había mucho movimiento dentro de la tripulación, más de lo usual. Estaban gritándose cosas en una mezcla de francés, inglés y español criollo, había aprendido. El lenguaje del Caribe. Ella levantó su cabeza y miró a Sally. "Qué pasa?"

El rostro de Sally estaba sumergido en preocupación. "No estoy segura. Creo que están diciendo… que otro barco se nos aproxima."

Relena ladeó su cabeza. "Eso es extraño? Seguramente no podemos ser los únicos viajando a Barbados."

"Relena." Sally tomó su mano. "Los hombres dicen que el otro barco no está igualando nuestro curso. Está navegando directo hacia nosotros."

"Bueno… eso qué significa?"

En ese momento, un enorme auxiliar que había trepado el mástil del barco gritó, "Les pirates s'approchent!!"

Relena no necesitaba hablar mucho francés para entender. "Sally?" preguntó ella, las inminentes señas de temor se extendían por sus rasgos.

Sally apretó su agarre en la mano de su encargo, "Ven. Vamos abajo."

El primer disparo de mosquete hecho a las dos mujeres, pasaron a un pie del hombro de Relena. Muy asustada para gritar, se giró para mirar el otro lado del barco. A no más de veinte pies a babor, un segundo barco más pequeño había maniobrado al lado del suyo.

"Cómo pudo haber pasado esto?" Humeó Sally. "Ciertamente debieron haber visto aproximar el barco!"

El primer ayudante del *Lady Une*, Robert Bouchard, se les acercó. "Señoritas… señoritas, por favor… no deben estar aquí."

"Estamos bien conscientes de ese hecho," susurró Relena. "Todo va a ser un…"

"Ils viennent a bord!" el mismo hombre gritó hacia la cubierta.

El primer ayudante palideció. "Se están preparando para abordarnos." Él hizo la señal de la cruz.

Todo pasó en un borrón. Relena estaba en la cubierta, indefensa aferrada a Sally, mientras el *Lady Une* era tomado. Hubo un destello rojo cuando uno de los infortunados tripulantes colapsó con una bala de mosquete. Bajo circunstancias ordinarias, podría haber gritado o desvanecido cuando el muerto colapsó a sus pies, su sangre salpicó el borde de muselina de su vestido.

Hasta el final del ataque, Sally se aferró a ella, tan asustada a pesar de toda su mundanería. Cuando alguien agarró a Relena, un hombre alto con atemorizantes ojos verdes, Sally luchó. "No! Déjenla en paz!!" Otro pirata tenía un firme agarre en ella y fue alejada. "Relena!" gritó ella.

"Sally…" susurró Relena. No tenía fuerza de voluntad para luchar contra el agarre de un pirata y pronto, no podría, aún si hubiese poseído la voluntad. El pirata amarró sus manos detrás de su espalda con cabuya y la dejó para continuar con el asalto.

Sudoración nublaba la visión de Relena, pero podía ver que Sally, también, había sido amarrada y tirada a un lado. Debió haber golpeado su cabeza en la cubierta; estaba inconsciente. Los piratas aún eran una mancha para ella, manchas de movimientos apresurados mientras atacaban a los miembros de la tripulación. Parpadeó y sacudió su cabeza, intentando desesperadamente enfocarse en al menos uno de los horribles hombres.

Un destello de azul Prusia fue todo lo que captó su ojo, pero fue suficiente para enviarla a un estado de furia. Y, odiaba admitir, a esa extraña calidez.

Cuando fue capaz de enfocarse totalmente, el rudo extraño de la calle estaba de pie en la cubierta del barco de su prometido, a no más de cinco pies de ella, espada blandida, preparándose para bajar el arma sobre el viejo y amable capitán.

"No!!" gritó Relena, luchando contra las sogas. "No lo mates!!!"

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La cabeza de Heero se giró al escuchar su voz. El mismo acento inglés que había invadido sus sueños durante una semana. Ella estaba ahí, en el barco. Su resolución titubeó momentáneamente mientras lo miraba, sus manos atadas detrás de su espalda, lágrimas reuniéndose en sus ojos zafiros.

Él bajó su espada. "Y por qué no debería?"

"Porque…" la joven continuó luchando con sus amarres. "No te ha hecho nada!"

Trowa y Wufei, habiéndose ocupado de la mayoría de la tripulación, se les acercó con los dos restantes miembros encañonados. Heero miró a sus amigos. "Trae a Hilde." Trowa dejó a Wufei con ambos hombres y corrió a cumplir la orden de Heero. Heero miró a la joven inglesa. "Mantente callada, duquesa."

"No me llame así en broma, señor. Es un honor que posiblemente no podría comprender."

Las piezas cayeron en su lugar para Heero. "Entonces… tú debes ser la hermana del Duque Peacecraft. Y tu nombre es…?"

Ella levantó su mentón a pesar de la posición en la cual se encontraba. "De ninguna consecuencia para ti."

Heero arqueó una ceja y gesturizó hacia Hilde quien se les había unido en la cubierta del barco secuestrado. "Puedes comenzar a transferir sus provisiones a nuestro barco. Revisa todo… trae todo lo que sea de valor."

Hilde cruzó sus brazos por su pecho, vendado con harapos para esconder su desarrollo. "Ustedes tienen toda la diversión y todo lo que *yo* hago es mover el botín?! No es justo!!"

"Entonces, quieres matar al capitán?" le preguntó él, extendiendo la espada.

El rostro de la joven inglesa se transformó en una máscara de puro horror. "Por qué estás haciendo esto?" gritó ella. "Cómo puedes pedirle a este pobre niño que mate por ti?!"

Heero casi suelta una genuina carcajada cuando su pequeña Hilde se giró hacia la hermana del Duque con toda la rabia y la furia en su pequeño cuerpo. "Niño?!" Exclamó Hilde. "No soy más niño que tú!!!" Ella arrebató la espada ofrecida. "Lo haré."

Cálidas lágrimas se reunieron en los ojos de su prisionera al ver al pobre capitán hacer una mueca en absoluto temor por su vida. "No… por favor! Por favor no lo mates. Si algo en ti tiene una onza de sentimientos humanos…"

"Es él o tú, duquesa," dijo Heero, planamente. "Es tu decisión."

Para su completo shock, la mocosa inglesa contuvo sus lágrimas y luchó por levantarse sin el uso de sus brazos. Se levantó ante los piratas, espalda recta, mentón arriba y se les dirigió con toda la grandiosidad de una reina. "Entonces mátame."

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Ella nunca había estado más asustada en toda su vida. Completamente a merced de una banda de piratas sedientos de sangre, dirigidos por un hombre que a simple vista le revolvía su estómago. Relena tragó y trató de levantar más alto su mentón. Si iba a morir, no iba a hacerlo agachando la mirada.

El pirata líder la miró por un momento, pero ella no podía comenzar a adivinar lo que estaba pensando. O sintiendo. Si podía sentir algo. Cerró sus ojos y tomó un respiro. "Si vas a hacerlo, por favor adelante."

Frío metal tocó la base de su garganta. Ella inhaló profundamente antes de disponerse a permanecer inmóvil. Después de un largo momento, la dolorosa presión en su piel desapareció. "He cambiado de opinión," anunció el pirata líder. Relena abrió sus ojos. El apuesto hombre estaba enfundando su espada. "Desde que estabas tan dispuesta a morir hace un momento, estoy seguro que estarás más que feliz en aceptar ser…" Él sonrió, algo que supuso no hacía con frecuencia. La sonrisa era muy rústica. "… nuestra rehén."

Relena tragó. "Rehén?"

El hombre asintió. "Creo que será mucho mejor que simplemente saquear este barco y dejarte a la deriva." Él se acercó a ella un paso. "Debe haber alguien que te extrañaría si murieras… y pagará mucho por mantenerte viva."

Su quijada se apretó. "Tienes el barco de mi prometido. También tendrás su dinero?" Era la primera vez que reconocía a Lord Kushrenada como tal; no le sentaba bien, pero se condenaría antes de que dejara que el pirata lo viera.

Los ojos del pirata destellaron peligrosamente. "Lo tendré todo, duquesa." Esa misma voz, gutural y amenazadora. Relena tuvo que desviar sus ojos. El pirata líder se dirigió a sus hombres… y mujer. "Denle a los cuerpos una apropiada sepultura marina. Esas dos…" Él señaló a Relena y a la aún inconsciente Sally. "… se quedarán con nosotros."

"Espera…" Relena lamió su labio inferior rápidamente. "Si nos tomas como rehenes, cómo esperas que alguien sepa lo que han hecho con nosotras? No puedes tener… el dinero de mi prometido si no sabe que estoy siendo retenida."

Él se le acercó, trayendo los aromas que recordaba, combinado con fresco sudor. "Puedo no hablar tu tipo de inglés, pero no soy tonto." Hubo una pausa. "Hilde… tú te quedarás atrás en el *Lady Une*. Lo llevarás a tierra o hazle señas al primer barco que encuentres. Ahí le harás llegar un mensaje al prometido de nuestra prisionera…" Él la miró, esperando un nombre.

Ella apretó sus dientes. "Relena."

"Nuestra prisionera, la Srta. Relena Peacecraft… Asumo que es Lord Kushrenada… el mensaje de que su novia está con nosotros y que sólo será liberada a la entrega de mil piezas de oro." Él miró a Relena. "Crees que ese rescate le queda a una dama?"

Relena le dio una fría mirada. "Tenía la impresión de que no me consideraba una dama, señor."

"El título se gana, no se da," respondió él, igualando la frialdad en su tono.

La chica vestida como niño tiró de la suelta manga de la camisa de su líder. "Heero… podemos hablar sobre esto?" Sus ojos estaban abiertos.

Mientras los dos piratas se alejaban, Relena parpadeó. Tenía un nombre. Heero.

Qué completamente inapropiado.

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Hilde estaba asustada, pero no ante el prospecto de estar a cargo de un trabajo tan peligroso. Más bien, le daba una cálida sensación de orgullo que Heero confiara en ella con algo tan importante. Significaba que realmente era una del grupo, no sólo una niña indefensa.

Su terror venía del prospecto de quedarse atrás.

"Heero," comenzó ella, incapaz de mantener el susto en su voz. "Por favor no me hagas hacer esto… déjame quedar contigo! Por favor…" Hilde hipó. "No quiero ser olvidada."

El temor que demostraba no lo molestó. Sólo lo hacía querer ceder y dejar a Wufei o a Trowa. Pero como había aprendido mucho tiempo atrás, Hilde odiaba ser mimada… odiaba ser tratada como un inferior. Sin importar lo asustada que pudiera estar, y estaba seguro que lo estaba después de ser abandonada por alguien más en su vida hasta que él apareció, tuvo que negarle su petición.

"Tú eres la única que puede pasar por una inocente sobreviviente, Hilde. Este es el mejor plan."

La mirada de Hilde se desvió alrededor mientras intentaba mantener su control. "Dónde… dónde estarás?"

"Estaremos justo aquí, anclados. Conoces estas aguas tan bien como yo, Hilde. Puedes dirigir a Kushrenada a nosotros sin ninguna dificultad." Él desató una bolsa del cinturón de sus pantalones. "Después de que lo hagas, quiero que uses este dinero para vivir en Savannah hasta que regresemos. Y regresaremos por ti. Eso lo juro."

Ella tomó la bolsa de cuero con manos temblorosas. "Será mejor que sí," susurró ella. "Y será mejor que tengas cuidado."

Heero alborotó sus cortos pero desordenados rizos negros. "Eso va para ti también."

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A unos pies en cubierta, Relena observaba la pequeña demostración de afecto. Si no lo hubiese visto con sus propios ojos, lo habría creído imposible de un hombre que había dirigido un asalto que terminó en siete muertes. Cuando se separó de la joven, su expresión perdió cada porción de vehemencia. Caminó hacia Relena y tomó su abrazo. El duro cuero de sus guantes raspaba contra su delicada piel.

"Nos vamos?" preguntó él, burlón.

Ella no tuvo elección sino dejarse llevar hacia el otro lado de la cubierta. Uno de los otros piratas, un hombre bronceado con cabello negro, recogió a Sally de cubierta y los siguió. Relena miró al pirata líder. Su mente corrió por encontrar una salida a la situación.

"Por favor… nuestros baúles están abajo. Vamos a necesitar ropa limpia…"

Su agarre en su brazo se apretó. "Asegurar que estés vestida a la última moda no es una prioridad para mi, duquesa."

"Pero…" Relena masticó su labio inferior. "Todas nuestras joyas también están ahí."

Esto lo hizo pausar. Él miró al tercero de sus piratas, el alto que había amarrado sus muñecas. "Trowa… ocúpate. Pero sólo las joyas… nada de vestidos. Y luego trae a los últimos de la tripulación." El hombre asintió y desapareció bajo cubierta.

Cuando alcanzaron la baranda de babor, él soltó su brazo sólo para agarrar su cintura con ambas manos. De alguna forma, Relena logró contener un pequeño grito cuando la levantó a la tabla de madera que conectaba los dos barcos. Su corazón se atascó en algún lugar de su garganta mientras miraba hacia la impetuosa agua azul. El improvisado puente parecía lejos de seguro. Cuando él se le unió en la tabla, tuvo que admitir que se sintió aliviada.

Sus manos permanecieron en su cintura, una extraña pero no completamente rechazada guía mientras se dirigían hacia su barco. Una vez que la cruzaron, él saltó a cubierta primero antes de ayudarla a bajar. Casi fue caballeroso. Cuando sus pies tocaron madera sólida, levantó la mirada hacia esos obsesionantes ojos.

"Bienvenida al *Tempest's Wing*, duquesa."

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Continuará…