SILUETEADO POR EL MAR
(Silhouetted by the Sea)
Por Kristen Elizabeth
Traducido por Inuhanya
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Capítulo 5
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Cuando Sally abrió sus ojos el día después del ataque pirata, los hombros de Relena descendieron en completo alivio. "Oh, gracias a Dios," respiró ella. "Pensé que no ibas a despertar."
La mujer luchó por sentarse, pero sus manos estaban amarradas en su espalda. Relena la ayudó tanto como pudo hasta que fue levantada contra la pared de madera. "Dónde… qué…?"
"No hables todavía." Relena pausó. "Hemos sido tomadas como rehenes por piratas. Ahora estamos en su barco."
Sally parpadeó varias veces. "Creo que preferiría estar inconsciente." Sus ojos se cerraron de nuevo. "No puedo creer que esto… esto nos haya pasado… a nosotras."
"Lo siento, Sally." Relena descansó su mejilla en el hombro de su compañera. "Mataron a la mayoría de la tripulación. Tenía que salvar al capitán… pero terminaron tomándonos en vez."
"Está bien, Relena. Estoy segura que tú… manejaste las cosas mucho mejor que las mujeres normales." Sally suspiró. "Qué planean hacer con nosotras?"
La respuesta de Relena fue suave. "Un rescate. Están tratando de enviarle un mensaje a Lord Kushrenada, pero por el momento, vamos a quedarnos aquí. Con ellos."
"Cuánto quieren?"
"Mil piezas de oro."
Sally levantó una ceja. "Ambiciosos, no? Bueno…" Ella arqueó su espalda, intentando en vano romper sus amarres. "Él pagará mucho para recuperar su barco, eso es seguro."
Relena frunció. "Su barco?"
"El *Lady Une*," le recordó Sally. "Ha habido este persistente rumor de que mientras servía a la Armada durante la rebelión, Lord Kushrenada conoció una mujer americana llamada Une. Quiso quedarse en América después de la guerra y casarse con ella, pero su padre le ordenó ir a Barbados para supervisar su plantación. Mayormente, la gente cree que no quería que su hijo se casara con un traidor. Aparentemente, ella enloqueció y murió. De aquí, el *Lady Une*. Él le dio el título por su muerte."
"Eso es tan triste," Relena frunció. "Pero… si amaba a esta mujer, por qué hizo este arreglo con mi hermano?"
Sally la miró. "Verdaderamente nunca has escuchado los detalles de lo que le pasó a tu hermano durante la guerra, verdad?" Cuando Relena no respondió, suspiró de nuevo. "Para hacer corta una larga historia, tu hermano se enfermó en el viaje de regreso a Inglaterra después de la derrota. Cuando pensó que estaba muriendo, le hizo prometer a Lord Kushrenada cuidar de ti. Supongo que no retractarse de eso, aún cuando Milliardo no murió, era lo honorable de hacer para Kushrenada."
"Honor." Relena miró el techo de madera de la pequeña cabina en la que fueron metidas ella y Sally. "Eso es algo que estoy segura no tenía."
No hubo tiempo para más conversación. La pequeña puerta se abrió de repente y el alto pirata con ojos verdes entró. "He venido a llevarlas a cubierta. Si quieren un poco de aire fresco."
Relena logró levantarse, sólo para mecerse con los movimientos del barco. "Eso es muy amable de ti."
El hombre apenas tuvo una reacción para su agradecimiento. Caminó y levantó a Sally. "Estás lastimada?" le preguntó él. "Me dijeron que golpeaste tu cabeza en un rollo de soga."
Ella frunció. "Estoy bien. Pero puedes decirle a tu amigo de cabello oscuro que la próxima vez que ponga sus manos en mi, será pateado en un lugar aún más sensible."
Relena pensó ver un brillo de diversión en el estoico rostro del hombre. "Vamos," les dijo.
Lo primero que Relena sintió mientras era ayudada a subir la escalera a la cubierta principal fue cómo el aire fresco a su alrededor había cambiado. Miró el mástil hacia el cielo el cual debería haber sido un azul puro, pintado con pequeñas motas blancas. Su corazón cayó cuando no vio nada sino gris.
"Viene una tormenta?" le preguntó al pirata.
"Podría ser. Probablemente una muy leve. Las bajaremos antes de que nos acerquemos."
"Nada de qué preocuparse, duquesa." Relena se giró para ver al pirata líder, Heero, afilando su espada. "Sólo una pequeña lluvia."
Ella enderezó sus hombros. "Nunca dije que estuviera asustada."
Heero bajó su espada y se acercó a su rehén. Ella pensó que iba a decirle algo más, pero desvió su mirada hacia el otro pirata. "Trowa, puedes darles algo de comer?" Trowa asintió y bajó de cubierta. Él miró a Relena. "Dudo que tu prometido pague mucho si mueres de hambre."
"Ciertamente no. De hecho…" Ella fue interrumpida por el sonido de un fuerte silbido arriba en el mástil. Las miradas de todos se levantaron para ver al pirata de cabello oscuro bajar. En unos minutos, aterrizó en cubierta en frente de ellos. El frunce de Sally reapareció.
"Reporta, Wufei." Ordenó Heero.
Los ovalados ojos de Wufei estaban preocupados. "Huracán," fue todo lo que dijo.
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Relena nunca había estado tan agradecida por no haber comido. Estaba segura que si hubiese algo en su estómago, ciertamente habría regresado después de horas de rodar y tambalearse por lo que el barco pirata había enfrentado como resultado de la cercana tormenta.
Ella se acercó más a Sally mientras la cabina continuaba meciéndose y brincando. "No estoy segura que pueda soportar mucho más de esto."
La mujer asintió, luciendo verde. "Esperanzadamente, terminará pronto."
Después de un largo minuto de insoportable silencio, la puerta de la cabina se abrió, dejando entrar una corriente de aire frío y a un Heero completamente mojado. Relena y Sally se levantaron mientras él se precipitaba hacia ellas. Pasó una mano por su húmedo rostro y echó hacia atrás su cabello, salpicando gotas de agua sobre ellas. Agua fresca, notó Relena cuando lamió sus labios.
La camisa blanca de Heero se ceñía a cada músculo. Era la definición de un hombre perfectamente hecho. Algo que Relena nunca había visto antes. Sus mejillas estaban encendidas mientras agarraba sus hombros y la giraba.
Sally saltó cuando sacó un cuchillo de sus pantalones. "No la lastimes!" gritó ella.
Relena cerró sus ojos. Iba a matarla? Cuál era su propósito si no? "Heero," susurró ella, diciendo su nombre en voz alta por primera vez.
Él deslizó el cuchillo entre sus amarradas muñecas muy cuidadosamente. Con rápidos y fuertes movimientos, desenrolló las sogas hasta que pudo quitárselas. Relena se giró y cerró su mano sobre su muñeca lastimada. Heero ya estaba trabajando en las sogas de Sally.
"Por qué nos has soltado?" preguntó Relena.
Tormentosos ojos azules la miraron. "No obtendré ningún rescate si te ahogas." Él deslizó su cuchillo de nuevo en sus húmedos pantalones. Relena bajó la mirada e inmediatamente la subió. Su ropa abajo de su cintura también se ceñía y estaba lo sonrojada suficiente para un día. Heero retrocedió para subir. "Quédense aquí. No suban a cubierta a menos que les diga."
Cuando se fue, Sally la agarró. "El huracán debe estar acercándose. Creo que está muy preocupado."
Relena continuó frotando su adolorida muñeca. "Nos soltó… pero qué hay de los otros? El capitán… él y sus hombres también podrían ahogarse. Y ese hombre no se preocupará por ellos." Ella reunió sus faldas y avanzó hacia la puerta.
"No debes subir allá, Relena. Es peligroso!" Cuando su encargo ignoró la advertencia, Sally maldijo y la siguió a cubierta.
Ellas emergieron e instantáneamente fueron empapadas por la fuerte lluvia que azotaba el barco. Los mares, alguna vez tan azul, ahora estaban moteados de gris y verde oscuro. Truenos iluminaron el cielo por un momento, haciendo saltar a Relena. Pero más que retroceder, apretó sus dientes, se abrazó contra la lluvia y se tambaleó para encontrar sus pasos en la resbaladiza cubierta.
Alguien tomó su brazo, mucho más fuerte que el agarre de Sally. Fue girada para confrontar esos ojos Prusia una vez más.
"Te dije quedarte abajo." Su voz se elevó para ser escuchado sobre las olas y la lluvia.
Relena parpadeó para bloquear el agua de sus propios ojos. "No bajaré hasta que muestres la misma consideración con tus otros prisioneros como lo hiciste con nosotras." Húmedos mechones de cabello azotaban contra sus mejillas. "Quiero que liberes al capitán y a sus hombres."
Heero estudió su rostro por un largo momento. Determinada y seria, aún lograba ser distrayentemente hermosa. Finalmente, él tomó su mentón en su mano y giró su cabeza para que pudiera ver el otro extremo de la cubierta. "Qué ves?"
"Hombres… trabajando." Ella regresó su cabeza para zafarse de su agarre. "Ellos son…"
"Tu capitán y su tripulación, sí. Están ayudando a preparar el barco." Heero sacudió su cabeza. "En realidad pensaste que lo dejaría ahogarse."
Relena instantáneamente se avergonzó de sí misma. "Lo… lo siento. No pensé que…" Ella frunció. "Con toda franqueza, no me has dado muchas razones para pensar de ti como algo más que un asesino."
Heero levantó sus hombros. "Tal vez." Sus rasgos se endurecieron. "Demonios, ahora baja."
Su boca se desplomó ante la maldición. "Ciertamente no lo haré!"
Esta vez fue Sally quien haló de su brazo. "Relena… no seas tonta. Hagamos lo que dice."
"Quieres morir?" Le gritó Heero. "Porque si es así, por todos los medios…" Heero extendió sus brazos. "Quédate aquí!"
Una ola golpeó el barco, elevando agua y sobre la baranda. Relena se tragó un grito, pero se mantuvo de pie. "Tal vez podemos ayudar!"
Heero sacudió su cabeza incrédulo. "Ve abajo, duquesa. No hay una maldita cosa que puedas…"
"Cuidado!" Al otro lado de la cubierta, Trowa señaló tras ellos. Relena giró su cabeza. Una alta ola de agua avanzaba hacia ellos. Antes de que alguien pudiera reaccionar, embistió el barco. La cubierta se inundó, derribándolos a todos. Mientras el barco se ladeaba, Relena fue lanzada hacia la baranda. El brazo de Heero se extendió para agarrarla, pero lo pasó.
La baranda de madera detuvo su caída y la detuvo de caer por la borda. Cuando el barco se enderezó, Relena se levantó por la baranda y tosió para sacar el agua salada de su boca.
"Relena!!" La llamó Heero.
Sus ojos ardían tanto que todo lo que quería hacer era mantenerlos cerrados. Pero se obligó a abrirlos para verlo. Estaba aferrándose a las sogas con los otros. Extendía su mano, llamándola. El espacio entre ellos podrían haber sido millas. Relena dio un paso hacia él y soltó la baranda.
"Relena!!" gritó él de nuevo cuando otra ola se estrelló sobre el barco. Fue lo último que Relena escuchó antes de caer en el tempestuoso mar.
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Hilde estaba completamente perdida de palabras. El hombre con cabello trenzado la miraba con un rostro tan amigable, y aún hizo una acusadora pregunta. Se obligó a recordar la misión. Un acto inútil. Al menos estaba usando el tipo de ropa correcto.
"Oh, gracias a dios me encontraron!" exclamó ella, sentándose en la cama. Lanzó sus brazos alrededor del extraño en lo que esperaba pasara como las acciones de una débil mujer. "Tenía miedo de morir aquí!"
El hombre no hizo movimiento para retirar sus brazos. En vez, ella sintió su pecho temblar con risa. "Muy fácil; nos encontramos. Por qué no me dices quién demonios eres y qué le pasó a este barco?"
Hilde se separó y frunció. No parecía estar particularmente preocupado por la damisela en desgracia que encontró. "Piratas," declaró finalmente. "Piratas llegaron… robaron nuestro barco! Mataron gente… y se llevaron a los otros!" Ella hundió su rostro en sus manos dramáticamente. "Fue horrible!"
"Hmm." Él tomó su afeitado mentón. "Eres un poco joven para ser una baronesa… no serías la hermana del Duque, verdad?"
Mentir terminaría con todo su propósito y estaba consecuentemente fuera de pregunta. Pero Hilde de repente tuvo la sensación de que su misión no iba a ser una fácil. "Soy… no, no soy. Soy… la… um… la Srta.… um… Hilde. Lady Hilde." Murmuró ella en sus manos.
Otro hombre entró en la habitación, rubio y vestido de alta costura. Hilde se asomó por sus dedos mientras el hombre trenzado caminaba hacia su compañero. Conversaron por un momento, dirigiendo varias miradas hacia ella, antes de que el hombre que la había despertado regresara a su lado.
"Lady Hilde, dijiste?" Él rascó la parte trasera de su espesa y castaña cabeza de cabello. "Extraño desde que el *Lady Une* sólo llevaba dos pasajeros femeninos. La baronesa y la hermana del Duque. Así que, la pregunta se mantiene." Él sonrió amplia pero peligrosamente. "Quién demonios eres?"
Hilde pensó rápidamente. Una de sus ideas pasó a ser de cuán satisfactorio se sentiría patear al hombre trenzado en un lugar que borrara para siempre la sonrisa de su cara. Finalmente, salió con una nueva historia. "Soy un polizón," confesó. "Me escondí cuando llegaron los piratas y no me encontraron." Ella miró a los hombres con amplios ojos. "Los escuché diciendo que iban a retener a la hermana del Duque por un rescate! Luego dejaron este barco a la deriva…" su cabeza se agachó con burlona pena.
Una confortante mano descansó en su hombro. Hilde levantó sus ojos, esperando ver amabilidad y compasión. El hombre trenzado sacudió su cabeza, sus ojos violeta brillaban. "Tal vez tu tercera historia sea la verdad."
"Pero… yo…"
Él la interrumpió. "Soltaste el ancla. Imaginaría que tú sola. Una vez más. Quién… eres… tú?"
Oh sí. Sólo una rápida patada, pensó ella. Que satisfactorio.
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Heero dejó de respirar por un largo minuto después de que Relena desapareció sobre el borde del barco. Tan pronto como pudo, se alejo de las sogas. "Voy tras ella!" le gritó a Trowa y a Wufei.
Su compañero chino sacudió su cabeza. "Se fue, Heero. No hay caso!"
La otra mujer, la Baronesa, le rogó. "Por favor… debes intentarlo!" Se giró hacia Wufei. "No lo detengas de intentarlo!!"
"Si se hubiesen quedado abajo, esto no habría pasado!" Espetó Wufei.
Heero los ignoró. "Trowa! Prepara el bote. Podría necesitar que lo bajes!"
Trowa asintió y miró al cielo, parpadeando ante la lluvia. "Los rayos se están acercando. Ten cuidado!"
Su líder se tambaleó y alcanzó la baranda antes de la próxima ola. Con una larga soga, se conectó en la baranda, tomó un enorme respiro y se lanzó al océano.
El agua estaba sorprendentemente cálida. Debajo de la superficie, el ruido de la tormenta desapareció y todo lo que escuchaba eran los pensamientos dentro de su propia cabeza.
*Resiste, duquesa. Voy por ti.*
Heero abrió sus ojos, apenas haciendo una mueca ante la ardiente sal. Después de toda una vida en el océano, se había entrenado para ver bajo el agua. Pero el adquirido talento era inútil para él; apenas podía ver su propia mano en el oscuro mar.
Salió a la superficie por aire. "Relena!" gritó él, escupiendo una bocanada de agua. "Respóndeme, Relena!"
La respuesta fue leve, pero persistente. "Heero… Heero!"
Pisoteando agua, se giró, buscando el rostro que correspondiera a la voz. La ubicó, a varias yardas, luchando por mantener su cabeza sobre la superficie. Inhalando, se sumergió bajo el agua y nadó tan rápido como pudo hacia ella.
Cuando salió a la superficie de nuevo, captó un vistazo de ella mientras perdía su lucha y se hundía. "Relena!" Él se sumergió de nuevo y abrió sus ojos. Sólo estaba a unos pies, pero hundiéndose con el peso de sus enaguas. Heero alcanzó por ella, atrapando una manotada de húmedo cabello. Tiró, arrastrando su cuerpo hacia el suyo. Su rostro emergió del agua, pero no comenzó a respirar.
La soga conectándolo a la baranda se tensó. Él gruñó de dolor mientras se apretaba en su bajo torso. Al menos ahora estaban a treinta pies del barco. Con su brazo firmemente alrededor de su cintura, Heero comenzó a halarlos de regreso, usando la soga como guía. Cuando estuvieron a veinte pies de su meta, el cielo se iluminó con una masiva descarga de luz.
Para su suerte, no golpeó el agua, sino el mástil del *Tempest's Wing*. Tuvo suficiente tiempo para sumergirlos bajo el agua antes de que el mástil explotara en llamas. Para cuando salieron de nuevo, el fuego se había extendido por el mástil casi hacia la cubierta. Heero rápidamente se soltó de la soga y curvó sus brazos alrededor de su pecho, soportando el inconsciente cuerpo de Relena contra el suyo.
La tarea de sostenerse y a otro sobre el agua era dura, pero pateaba sus piernas y lo enfrentó. Piensa en el dinero, se decía. Si ella muere, no lo tendrás.
Pero incluso Heero Yuy no era lo ciego suficiente para creer que el dinero era su única razón para cumplir su promesa en lo que a Relena se refería.
Justo cuando su inmensurable fuerza estuvo por ceder, Heero sintió manos levantándolo a un bote. Mientras Trowa lo halaba por el borde, Wufei agarró a Relena. Ambos aterrizaron en el fondo del bote como plomo. Heero tosió dos veces antes de alcanzar por Relena.
Al otro extremo del bote, Sally era la imagen del pánico. "Ella no está… por favor di que no está…"
Heero echó hacia atrás la cabeza de la joven y después de un momento de titubeo, colocó su boca sobre la suya. Sopló varios respiros rápidos antes de presionar su oído en su pecho. Después de un intento más, Relena emitió un vital tosido. Él giró su cabeza al lado para dejarla vaciar sus pulmones del agua salada. Cuando estuvo seguro de que iba a estar bien, la atención de Heero se desvió a su barco.
El *Tempest's Wing* estaba envuelto en llamas. Permaneció inmóvil mientras observaba a su vida quemarse y luego, comenzar a hundirse lentamente en el Caribe. Una sencilla lágrima brotó con las gotas de agua salada goteando de su cabello.
Él miró a sus amigos. "El capitán y la tripulación?"
Trowa sacudió su cabeza. "Saltaron. Locos bastardos."
La tormenta ya había comenzado a subsidiar. Había llegado, hizo su daño y continuó, dejando a cinco personas en un pequeño bote en medio del vasto océano.
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Continuará…
