SILUETEADO POR EL MAR

(Silhouetted by the Sea)

Por Kristen Elizabeth

Traducido por Inuhanya

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Capítulo 6

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Londres

"Algo interesante llegó con el correo hoy."

Lucrezia levantó la mirada del recién nacido infante acunado en sus brazos y le dio una perpleja mirada a su esposo. "Qué es, amor?"

Milliardo Peacecraft sonrió y se sentó en una silla junto a su esposa e hijo. "Una carta de Relena."

Los ojos de su esposa se abrieron con excitación y se humedecieron con sus lágrimas. "De Relena? Oh… cómo está?"

"No la he leído todavía." Él sacó el doblado pergamino de su bata. "La leo en voz alta?" Lucrezia asintió enfáticamente y levantó al bebé hacia su hombro.

Milliardo rompió el sello, desdobló el desgastado papel y aclaró su garganta. "Septiembre 24, 1789. Querido Milliardo y Lucrezia. Mientras escribo esta carta, nuestro barco se aproxima rápidamente a América, llevando a un final la primera parte de mi viaje. Aún, no puedo pensar más allá de Savannah. Todo lo que deseo hacer es dejar este barco, así sean unas horas. Los mares han sido rudos conmigo y la Baronesa, pero hemos soportado. Hablando de mí, la promesa de verlos, a mi familia, algún día es, a veces, la única idea alimentándome. Cuando me detengo a pensar en cuántos años podrían ser; es todo lo que puedo hacer para evitar llorar." Él se detuvo y levantó la mirada cuando escuchó un delicado sollozo. "Lu?"

"Lo siento," susurró ella. Besó la mejilla de su hijo y tomó un respiro. "Continúa."

Él continuó. "Por favor no piensen que estoy llena de nada sino miseria. Hay una vaga sensación de alegría que no puedo negar. Ver América y luego, Barbados. Es una aventura que pocos tienen la oportunidad de experimentar." Milliardo miró de nuevo a su esposa. "Ves, Lu? Está bien."

Lucrezia cerró sus ojos y se aferró a su bebé. "Por favor lee, Milliardo."

Después de una pausa, hizo lo que le pidió. "Esta será mi única carta hasta que alcance Barbados. Escribiré de nuevo tan pronto como pueda. En otras palabras, después del matrimonio. Lo único que odio y que ensombrece completamente la alegría de la aventura. Aún, tengo que decirte, Milliardo, que mi corazón te ha perdonado. Mi cabeza lo hará algún día. Los amo a ambos grandemente. Estoy segura que mi sobrino o sobrina ya ha llegado al mundo; le mando mi amor y mis mejores deseos. Por favor, dile al bebé que su tía al otro lado del mar piensa en él o ella constantemente." La garganta de Milliardo se cerró. "Con todo mi amor, Relena."

Lucrezia abrió sus ojos. El mentón de su esposo descansaba en su pecho; la carta en sus manos amenazaba con arrugarse bajo la presión que aplicó en ella. "Milliardo…"

"Me equivoqué, Lu?" Su cabeza se levantó. "Me equivoqué al prometérsela a Treize? Y luego al reforzar esa promesa?"

Ella mordió su labio inferior por un momento antes de responder. "Hiciste lo que pensaste era lo mejor para ella. Y parte de ella te ha perdonado. Creo que es todo lo que puedes pedir por el momento, mi amor."

Él asintió. "Treize la tratará bien. Nunca deseará nada." Lucrezia contuvo su lengua. Estaba equivocado. La única cosa que a su cuñada le faltaría en el matrimonio con Treize Kushrenada sería amor. El corazón de Treize se había perdido con otra mucho antes.

El bebé en sus brazos gimoteó. Lucrezia palpó suavemente su espalda. "No llores, James." Le susurró ella al niño. "Tu tía Relena va a estar bien. Estoy segura que ya está en Barbados, preparándose para su boda."

Sus palabras no sólo consolaron al pequeño James, sino a su padre también. Milliardo se levantó, presionó un beso en los labios de su esposa y gentilmente tocó la suave y calva cabeza de su hijo. "Te amo," le dijo a ella antes de retirarse a su estudio.

"Y yo a ti," dijo ella suavemente. Sus ojos se levantaron hacia el candelabro de cristal sobre su cabeza, encendido con cien pequeñas llamas. "Te extrañamos, Relena. Donde sea que estés, espero que duermas bien esta noche."

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El sonido del océano despertó a Relena de un irregular sueño. Pero fue la sensación de dura madera contra su espalda lo que la hizo sentarse abruptamente. Su cabeza comenzó a punzar instantáneamente.

Heero estaba sentado a su lado en el bote, mirando hacia el llano horizonte. Se giró para mirarla mientras despertaba. "Te duele algo?"

Relena sacudió su cabeza lo suficiente para indicarle que no. "Sally está bien?"

"Estoy bien, Relena," respondió Sally desde el otro extremo del bote. "Sólo sedienta."

El pirata chino le frunció a la Baronesa. "Ya te dije, no hay agua."

"Lo sé!" Ella lo miró. "Es horriblemente irónico que estemos rodeados completamente por ella, pero no podamos beber una gota!"

Relena miró alrededor, desconsuelo sintió cuando todo lo que vio fue el mar. Sus ojos se llenaron con cálidas lágrimas. "Entonces es inútil. Verdad?" Ella miró a Heero. "Sin agua… vamos a morir."

"Nadie se está muriendo todavía," respondió Heero. "Hay un par de islas a las que debemos estar cerca. Las he visto en otros viajes. Si podemos llegar a una de ellas, estaremos bien."

"Pero si no podemos…" ella miró sus manos.

Hubo un silencio por un largo minuto. Trowa miró hacia el sol mientras una solitaria nube pasaba sobre él, brindando una breve sombra. "Si no vemos una de esas islas para el mediodía, debemos comenzar a remar hacia el oeste?" le preguntó a Heero.

Heero levantó sus hombros. "Tendremos que ver." Él captó a Relena por el rabillo de sus ojos mientras alcanzaba sobre el bote para meter su mano en el agua. "Relena! No!" Él agarró su brazo y lo puso a salvo.

Relena tragó espeso cuando un triángulo gris se deslizó por el agua donde sus dedos habían estado justo antes de desaparecer bajo la superficie. "Qué era…"

"Tiburón," dijo Wufei de mala gana. "Por lo menos ha habido uno de ellos siguiéndonos desde el amanecer."

Heero liberó su brazo. "Mantén tus manos en el bote si quieres conservarlas."

"Realmente vamos a morir aquí," murmuró Sally. "Si no por falta de agua, entonces por las criaturas del agua."

La mano que casi había perdido temblaba violentamente. Relena levantó sus rodillas hacia su pecho, sin notar las enaguas que había perdido durante la tormenta. La modestia no se ajustaba a una situación de vida o muerte. Por instancia, no pareció importar, cuando enfrentaba el prospecto de morir, que la camisa de Heero se hubiese rasgado, revelando un bronceado y musculoso hombro.

Por el contrario, Heero no dejaba que sus pensamientos profundizaran en el hecho de que por sus rotas y faltantes faldas, toda la pierna derecha de Relena hacia su muslo estuviera expuesta. Fue sólo cuando notó a Trowa mirándola que se molestó.

"Deberías cubrirte," le dijo Heero, rudamente, señalando su pierna.

Sonrojándose furiosamente, Relena haló lo que quedaba de sus faldas hasta que sólo su pie desnudo estuvo visible. "Podría darte el mismo consejo," dijo ella, cortamente.

Él tiró de lo sobrante de su propia ropa. "No es de extrañar que fueras enviada al otro lado del mundo. Yo hubiese hecho lo mismo si fuera tu hermano," espetó él.

No sintió nada de la satisfacción que buscó cuando su encantador rostro se derrumbó bajo el peso de sus palabras. Heero la observó bajar su cabeza, después de un momento, sus delgados hombros comenzaron a temblar. Una punzada de algo parecido a la culpa atravesó su pecho. Él tragó y desvió la mirada. Varios minutos después, se levantó, meciendo el bote.

Wufei sujetó ambos lados para estabilizarlos. "Qué demonios estás haciendo, Yuy?"

El brazo se disparó, señalando un punto varias millas adelante. "Tierra," les dijo. Su rostro esbozó una verdadera sonrisa. "Puedo ver tierra."

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"Duo… realmente tenías que amarar sus manos *y* sus pies?" Quatre miró por la cubierta hacia el pequeña masa de verde y dorada seda brocada.

El hombre de trenza se encogió. "Es una pirata." Frunció. "Y me pateó en las bolas."

Con cuidado, Quatre escondió su risa detrás del puño de su abrigo. "Tiene espíritu de fuego. Pero tal vez pudieras dejarla usar sus piernas? Es lo caballeroso de hacer. Va a llevarnos con la Baronesa y la hermana del Duque, después de todo."

Duo enrolló el mapa que había estado estudiando y lo regresó al tubo de cuero. "Me veo como si me importara la caballerosidad?" Él observó la ceja de Quatre levantarse con decepción. Suspiró. "Bien. Pero si me patea otra vez, la pequeña pirata camina por la tabla."

Él se acercó a la joven con cautela, como una criatura herida. Sus ojos, detrás de la cortina de desordenados mechones negros, lo miraron. "Aún deseas que estuviera muerto, mi lady?" dijo él.

Hilde continuó su infructuoso forcejeo contra sus amarres. "Un millón de veces! Ahora déjame ir!!"

"Tut, tut." Duo le sacudió un dedo. "Eres una pirata confesa. Debería dejarte tener libertad en este barco?"

"Obviamente no podría hacer mucho con quince hombres." Hilde sonrió traviesa. "O temes por tus bolas?"

Duo parpadeó antes de comenzar a reír. "Una chica que dice 'bolas'. Creo que desataré tus pies por eso." Su sonrisa cayó. "Sólo recuerda, no dudaré en tirarte por la borda si lo intentas otra vez."

Hilde lo dejó remover las sogas de sus pies. "Qué tan cerca estamos de mis amigos?"

"No debe ser mucho." Él la miró. "A menos que estés equivocada."

Su temperamento flameó. "No estoy equivocada! Podría encontrar a Heero en cualquier lugar. Demonios, he estado siguiéndolo desde que tenía cuatro años!"

"Qué lengua tan sucia," comentó Duo, haciendo a un lado las sogas. "De una niña tan pequeña."

"Realmente no piensas que soy pequeña," le dijo Hilde, confiada. "Te vi mirando mis senos."

"Qué senos?"

El pie de Hilde se disparó, pero Duo logró quitarse de su camino antes de que hiciera contacto con su bajo cuerpo. "Quieres ser lanzada por la borda para nadar con los tiburones?"

"Sería mejor que quedarme aquí como tu prisionera!"

Duo agarró sus delgados tobillos con una mano y los sujetó. Se arrodilló junto a ella y se le dirigió en voz baja. "Hay mujeres en el mundo que *me* pagarían para ser mis prisioneras por una noche. Considérate afortunada."

"Me considero desafortunada," escupió Hilde. "Y esas mujeres deben ser encerradas en el más cercano…"

"Duo!" Quatre corrió por la cubierta hacia el hombre trenzado y la pequeña pirata. "Duo… ven y mira. La tripulación ha visto algo."

El humor de Hilde se aligeró instantáneamente. "El *Tempest's Wing*!!"

Quatre lamió sus labios. "Sólo dale un vistazo, Duo."

Ella observó mientras los hombres cruzaban hacia la baranda del barco. Sus conversación estaba fuera de su rango auditivo y estando sentada en la cubierta, no podía ver lo que estaban discutiendo. Cuando Duo se giró, su rostro estaba perturbadoramente caído.

"Qué pasa?" le preguntó. "Puedes ver el barco?"

Sin decir nada, Duo la ayudó a levantarse y la sostuvo del brazo mientras la guiaba hacia la baranda. Hilde miró hacia el agua y su corazón se derrumbó hacia su estómago. Ninguno de ellos habló por largo rato hasta que Duo dijo, "Lo siento."

Sobre las azules aguas donde había visto a Heero y sus amigos, había piezas de pecios quemados y deformados. Tablas de madera, cajones, barriles. Pero nada más grande que ella. Todo eso quedó del *Tempest's Wing*.

Hilde sacudió su cabeza. "Eso… no… no puede ser…" Ella giró su cabeza para mirar a Duo. "No son ellos!! Heero no está… NO!!!" gritó ella.

Duo haló a la joven contra él por apoyo. Sólo luchó con él por un breve momento antes de entregarse a su pena. Sus lágrimas humedecieron el negro algodón de su camisa. Él la rodeó con sus brazos; una mano alcanzó para acariciar sus desordenados rizos. Eran tan suaves como la seda. El cabello de una mujer; algo casi olvidado.

"Está bien," le dijo él mientras continuaba llorando contra su hombro. "Está bien."

Pero no estaba bien para Hilde. Ahora estaba, como siempre había temido que estaría, sola en el mundo.

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"Casi estamos… ahí," jadeó Heero, levantando el remo en sus manos para otra remada. "Vamos…"

Wufei hizo por agarrar el remo. "Heero, toma un descanso. Vas a desmayarte antes de que podamos golpear el arrecife."

El pirata líder sacudió su cabeza y levantó su hombro para secar su sudorosa mejilla. "Cambia con Trowa, Wufei. Tenemos que continuar."

Al otro extremo del bote, Relena apretó la mano de Sally. "Casi lo logramos, Sally," susurró ella.

La mujer asintió y pasó una seca lengua sobre sus labios. "Y sólo tomó… dos días." Su voz estaba tan seca como su boca.

Escuchando su comentario mientras reemplazaba a Trowa en el remo opuesto a Heero, Wufei sacudió su cabeza. "Siento que no hubiese sido lo pronto suficiente para ti, mujer. Tal vez si tomaras un turno. O eso lastimaría tus manos?"

Él fue ignorado. "Heero dice que hay una buena probabilidad de que haya agua fresca en la isla," le dijo Relena. "No vamos a morir, Sally. Vamos a vivir."

"Espero que tú vivas, Relena." Sally cerró sus ojos ante la fuerte luz del sol. "No estoy segura de mi."

"No te atrevas a hablar de esa forma." Relena golpeó levemente las mejillas de Sally hasta que abrió sus ojos. "Simplemente no puedes dejarme sin chaperona con esos hombres."

Las comisuras de los secos labios de Sally se levantaron ante el razonamiento de la joven. "Por supuesto que no. Sin embargo… no creo que te importaría si fuera con ese líder suyo. Verdad?"

El rostro de Relena se enrojeció. "Eso no tiene sentido," mintió ella. "Y baja más tu voz cuando digas esas cosas. Es lo arrogante suficiente como es."

Heero no escuchó nada de la conversación. Finalmente alcanzaron el arrecife de coral rodeando la isla y no estaban a más de cien pies de la playa. Él remó más rápido, ignorando sus adoloridos brazos y el sudor que pegaba su camisa a su pecho y espalda.

Su mirada se desvió hacia Wufei. Con cada remada que daba el chino, hacía una mueca de dolor. Heero bajó la mirada; el lado de la camisa negra de Wufei estaba aplastada a su costado, húmeda con lo que sólo podía ser sangre.

"Estás herido," le dijo a Wufei.

El otro hombre gruñó y continuó remando. "No es nada."

"Cuánto tiempo ha estado sangrando?"

"La remada abrió la herida. Estaré bien," respondió Wufei, su voz en un tono de advertencia.

Ellos remaron en silencio por varios minutos más hasta que pasaron el arrecife de coral y rápidamente se acercaban a la playa. Cuando juzgó que el agua estaba a la altura de su cadera, Heero saltó y comenzó a arrastrar el bote más cerca a la orilla. Trowa se le unió, pero Wufei se quedó. Sangre en el agua no sería sabio.

En cuestión de minutos, Relena sintió la madera bajo sus piernas rozar la arena. Cerrando sus ojos para contener unas lágrimas, hizo una pequeña oración de agradecimiento. Algo tocó su hombro. Era Heero, extendiendo su mano para ayudarla a salir del bote. Ella la tomó tentativamente y pisó tierra seca. Después de dos días sin caminar, sus rodillas casi ceden bajo ella.

Heero la estabilizó antes de que pudiera caer. Relena miró su apuesto rostro. Sus mechones estaban pegados a su frente con sudor y dos días de barba cubría su mentón. Maldito. Aún era guapo.

Ella era muy ligera en sus brazos, pero parecía ajustarse tan perfectamente. Su mentón estaba levantado; sus ojos azules confiados y agradecidos, asombrados y confundidos. Heero aclaró su garganta y se separó. "Baronesa…" él alcanzó en el bote por la mano de Sally. "Vamos."

La promesa de tocar tierra había revivido a Sally. Estaba sentada derecha en el bote. "Sácalo primero," le dijo a Heero, señalando a Wufei. "Tenemos que detener su hemorragia."

Wufei frunció y sostuvo su costado. "Fuera del bote, mujer."

Sally se levantó y colocó sus manos en sus caderas. "Bien." Enteramente sola, bajó y una vez que se ajustó a la tierra, se giró hacia él. "Ahora vas a bajar o vas a desangrarte hasta morir en el bote?"

"Pensé que dijiste que te estabas muriendo hace un momento," gruñó Wufei, saliendo del bote con cuidado.

"No vas a deshacerte de mi tan fácilmente." Sally alcanzó por su camisa. "Déjame ver tu herida."

Wufei se tambaleó lejos de ella. "No necesito ayuda!"

Los ojos de Sally se fruncieron. "Cuando mi esposo vivía, fui responsable de toda su casa, además de la mayoría de las familias granjeras alrededor de nuestra mansión. He tratado cada herida posible y soy completamente capaz de cuidar de ti."

"No pedí que me cuidaras!"

"Bueno, vas a necesitar mi ayuda, así que levanta tu camisa y déjame darle un vistazo!"

En algún lugar en el curso de su discusión, la cabeza de Relena comenzó a darle vueltas. Era de dos días sin comida o agua o el dominante prospecto de estar atrapada en una isla desierta, no lo sabía. Pero antes de que pudiera detenerlo, sus piernas cedieron. No estaba muy segura, pero esperaba que fueran los brazos de Heero los que la atraparon antes de que pudiera golpear la arena.

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Algo frío y húmedo bajaba en su boca. Relena abrió sus ojos sólo para encontrar a Heero mirándola con preocupación. Su palma estaba curvada mientras derramaba una manotada de agua fresca entre sus secos labios.

"Relena… traga," le dijo él.

Ella hizo lo que le indicó, su garganta pegajosa con la repentina humedad. Después de otra manotada, se sintió para levantar su cabeza. "Heero," susurró ella. "Grac…" Lo último de la palabra no salió mientras comenzaba a llorar suavemente.

Heero se sorprendió más que cuando secó las lágrimas de sus mejillas. "Hemos encontrado un arroyo de agua fresca y Trowa está buscando comida. Te sentirás mejor una vez que hayas comido algo."

Relena comenzó a sentarse, notando que estaba recostada en los brazos de Heero, por sus muslos doblados. Sus faldas se habían abierto de nuevo y podía sentir la cálida brisa del océano contra su desnuda piel. "Cuánto tiempo estuve… dormida?"

"Unas horas," le dijo él. "El sol se está poniendo, pero Wufei está construyendo un refugio."

"Ustedes trabajan rápido." Ella presionó una mano en su plano estómago. "Supongo que sabes qué hacer en cualquier situación."

Heero tragó. El cuerpo de su vestido se había aflojado sobre su apretado corsé, amenazando con exponer más de sus senos de lo permitido. "Casi," respondió él. Aclarando su garganta, la recostó en la arena. "Quédate aquí y bebe esto en pequeños sorbos." Él colocó medio coco vacío lleno de agua en su mano. "Te enfermarás si la bebes toda de una sola vez."

Sin esperar por una respuesta, Heero se levantó y partió a buscar a Trowa. Ella lo perturbaba, pero no era realmente ella, notó. Era la forma como se sentía a su alrededor. Ella tocó algo dentro de él que nadie había hecho. No era lo protectivo que se sentía con Hilde, aunque tenía el deseo de cuidarla de todo mal. Era admiración, entretención y exasperación.

Y deseo.

Pero no sería amor, se dijo mientras se unía a Trowa en la búsqueda por cocos. No podía ser. A pesar de que fueran rescatados, ella era una dama. Inmaculada y educada. Él no ensuciaría sus manos con sus pecados. Sin importar lo que su cuerpo quisiera, el sentido común prevalecería.

Relena Peacecraft, su duquesa, estaba completamente fuera de su alcance.

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Continuará…