SILUETEADO POR EL MAR

(Silhouetted by the Sea)

Por Kristen Elizabeth

Traducido por Inuhanya

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Capítulo 7

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Hilde levantó su cabeza de la almohada de plumas en la pequeña cama que Duo le había dado para dormir. Ahora estaba mojada con sus lágrimas después de horas de llanto. Cada vez que pensaba que no tenía más lágrimas, pensaba en Wufei o Trowa o Heero… y los sollozos aumentaban una vez más.

Parte de ella se rehusaba a aceptar que estaban muertos. Porque si lo aceptaba, entonces qué le pasaría a ella? No había estado sola desde que tenía cuatro años. Sólo tenía vagos recuerdos de ser encontrada por un Heero de ocho años en las calles de Philadelphia. Desde ese día, se había vuelto su guardián oficial, protegiéndola de los niños mayores de la calle y asegurándose de que cuando robara comida, ella tuviera la mayoría para comer. Era su hermano, en espíritu, más que de sangre.

Su rostro se arrugó en agonía. Y ahora se había ido, junto con los otros dos miembros de su extrañamente formada familia, Trowa y Wufei. No los vería otra vez y nunca tendría la oportunidad para decirle a Heero lo mucho que lo amaba.

No podía quedarse más con su sufrimiento. Necesitaba salir de la pequeña cabina. Cuando era pequeña y se asustaba en medio de la noche, siempre podía ir con Heero. Habían compartido la misma cobija por años, hermano mayor y hermana menor. No había nadie a quien acudir por consuelo en esta horrible noche.

El borde del pijama que había sacado de los baúles de la duquesa cayó al suelo mientras se levantaba y salió de la cabina. Sus pequeños pies hicieron poco ruido mientras avanzaba por el angosto y oscuro corredor que la llevaría a cubierta. Pero en vez de subir la escalera, pausó en frente de la puerta de la cabina del capitán. La habitación de Duo. Tan enfurecedor y disgustante como lo encontraba, su compañía era mejor que estar sola.

Entró en la habitación tan tranquilamente como fuera posible. Con la luz de la luna brillando por la escotilla, apenas podía distinguir a Duo, tendido en su cama. Su pecho desnudo, con su larga trenza sobre él, subía y bajaba al tiempo con su profunda respiración.

Era la luz de la luna o la vista de sus expuestos músculos o su propia soledad lo que llevó a Hilde a quitarse el pijama de Relena. Cayó al suelo en una pila de algodón. Tomando un profundo respiro, cruzó la habitación y gateó en la cama de Duo.

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El contacto de piel desnuda contra la suya despertó a Duo de un ligero sueño. Cuando abrió sus ojos y vio a una desnuda Hilde sentada a horcajadas en sus caderas, se sentó de golpe, golpeando su cabeza contra la madera de la litera de arriba.

"Oww!" gritó él, sujetando su cabeza. "Qué de… qué demonios estás haciendo aquí?"

Hilde recostó su cabeza en su pecho. "No podía dormir," susurró ella.

Él se relajó un poco, tanto como cualquier hombre podría con una joven muy ligera y muy desnuda presionada contra él. "Esto es lo que siempre haces cuando no puedes dormir?"

Una cálida lágrima se deslizó de su ojo por su estómago. "Cuando no podía dormir, Heero siempre me dejaba dormir con él."

Duo miró la madera suspendida sobre ellos. "Entonces… él es más que sólo el líder de tu pequeña banda de piratas, eh? Es tu compañero de cama?"

Hilde asintió contra su pecho. "Ha cuidado de mi desde que era muy pequeña. Cuatro años."

"Y…" Duo aclaró su garganta; su cuerpo estaba comenzando a responder en una forma que pronto ella notaría. Habían pasado dos años desde que había estado con una mujer. "Qué edad tienes?"

"Dieciséis," respondió ella. "Estoy incomodándote?"

Duo apretó sus dientes. "No tienes idea. Pero entonces, supongo que sí. Probablemente haces esto todo el tiempo con tu líder."

Hilde se sentó tranquilamente. Su piel era blanca como la leche a la luz de la luna; sus senos, supuso, serían una perfecta manotada. "Hacer qué?"

Él parpadeó. "Um… espera. Un momento." Después de un respiro, continuó. "Duermes con este Heero… pero no te acuestas con él?"

"No entiendo." Hilde sacudió su cabeza, sus masculinos rizos rozaron sus orejas. "Qué quieres decir?"

Duo maldijo por lo bajo. Estaba sentado debajo de una virgen deliciosamente desnuda. "Nadie te ha tocado, verdad?"

"Puedo vencer a Trowa en una primera pelea," dijo Hilde. "No me ha dejado ganar más. Digo…" Su labio inferior tembló. "No solía hacerlo. Supongo que no podré derrotarlo otra vez."

Él silenciosamente maldijo a Dios por la situación. No era parte de su trabajo iniciar a una inocente. Miró su inmaculado y floreciente cuerpo de arriba abajo. Pensándolo mejor… tal vez debería agradecerle a Dios. Profundamente.

"Está bien," dijo él finalmente. "Tienes opción. Puedes dormir conmigo esta noche. Pero…" Él alcanzó para tocar un rizo de seda negra. "Será a *mi* manera. No como solías hacerlo. Aprenderás muchas cosas nuevas y experimentarás muchas sensaciones nuevas."

Algo en la forma como dijo las palabras produjo un escalofrío en su espina. Desconocido para Hilde, pero para el placer de Duo, sus pezones se endurecieron. "Cuál es mi otra opción?"

Él levantó sus hombros. "Regresar a tu propia cama." Sus dedos bajaron por su garganta. "Estás lista para ser una mujer o quieres quedarte como una niña?"

Después de un momento de contemplación, Hilde dio su respuesta. "Muéstrame tu forma de dormir."

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Después de comer varios pedazos de coco y una extraña fruta que Heero había llamado un plátano, Relena se sintió mucho mejor y lo fuerte suficiente para ayudar a reunir leña para la fogata con Sally. Con las ramas que encontraron, los hombres construyeron una gran fogata hacia la playa, junto al improvisado refugio que Wufei había hecho. Relena se sorprendió de cómo el aire se enfriaba una vez que el sol se ponía y estaba muy agradecida por el calor del fuego.

Al otro lado de la fogata, Heero estaba sentado en la arena, cortando un trozo de madera con su cuchillo. Relena lo observó entre las danzantes llamas por un largo minuto. Sally estaba dormida en la arena junto a ella, su cabeza amortiguada en una almohada de hojas de banano. Wufei y Trowa también estaban dormidos sentados, espalda contra espalda para evitar que la herida de Wufei, vendada con trozos de las enaguas de Sally, se llenara de tierra.

Con cuidado, como para no despertar a nadie, Relena se levantó y rodeó el fuego. "Qué estás haciendo?" le preguntó al pirata líder.

Él no levantó la mirada de su trabajo. "Una lanza de pescar. No podemos vivir de cocos para siempre."

Relena se sentó junto a él, envolviendo sus brazos alrededor de su alto torso. "Eso significa que piensas que estaremos aquí mucho tiempo?"

"Ansiosa de llegar a tu prometido, duquesa?"

Ella parpadeó ante su rudo tono después de toda la amabilidad que le había mostrado desde la tormenta. "En realidad, no. No lo estoy." Si Heero se interesó, lo escondió muy bien. Ella continuó a pesar de su silencio. "Fue una promesa entre mi hermano y Lord Kushrenada. No tuve opinión en el asunto." Relena sonrió cansadamente. "Por supuesto, raramente tengo algo que decir en los asuntos de mi vida excepto para elegir mi vestido del día."

"Después de que hayas recogido sobras de comida de los basureros, puedes quejarte de tu vida," respondió él, bruscamente.

Relena observó sus rápido y furiosos cortes. "Debo disculparme por haber nacido en la vida en la que nací?"

"No más de lo que yo debo disculparme por no sentir lástima hacia una niña que nunca ha conocido el hambre o el dolor, pero aún espera mi simpatía."

Ella parpadeó las repentinas lágrimas. "No entiendo… por qué de repente eres tan… tan odioso conmigo. Fueron las cosas que dije en la calle de Savannah? O algo después de eso?" Heero continuó con su trozo de madera. "Al menos podrías decirme para que sepa por qué me desprecias tanto?" Aún, se rehusó a hablar. "Es porque soy inglesa? O sólo porque mi familia tiene dinero? O es porque mi cabello es rubio?" Su voz se elevó. "Qué es, Heero?!"

Heero le apuntó su cuchillo. "Lo único que odio es ser molestado. Vete a dormir y déjame en paz."

Relena apretó sus temblorosas manos y se levantó sobre temblorosas rodillas. "Si eso es lo que quieres. Buenas noches." Con la cabeza en alto, regresó rodeando el fuego, para acostarse junto a Sally.

Él miró su pulgar y la herida que había hecho el cuchillo cuando lo deslizó en su carne momentos atrás. Un hilo carmesí bajó por su mano y salpicó formas en la arena. Fijando sus hombros y bloqueando emociones indeseadas, continuó trabajando en su lanza durante la noche.

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Nadie nunca le había enseñado a Duo Maxwell cómo hacerle el amor a una virgen. Su propia virginidad le había sido entregada a una bustona prostituta llamada Martha en víspera de su décimo cuarto cumpleaños. Hasta su encarcelamiento, había disfrutado de la compañía de muchas más de las colegas de Martha, sin mencionar varias esposas bien y aburridas de dueños de plantaciones, un par de sus hijas e incluso algunas isleñas que amaban su piel blanca y suave cabello.

Pero ninguna de ellas había sido inmaculada antes de que entrara en sus camas. Y ninguna de ellas le habían dicho qué esperar si tomaba una virgen. Mientras observaba temblar el desnudo cuerpo de Hilde con nerviosa anticipación, no teniendo idea de qué esperar, Duo decidió que definitivamente no procedería como si estuviera en la cama de una mujer experimentada.

Lo primero que hizo fue decirle acostarse. La suave frente de Hilde se arrugó. "Por qué?" preguntó ella.

"Es más fácil," le dijo él. Cuando accedió y cambió sus posiciones, bajó sus labios hacia los suyos. Comenzando lento, él besó la comisura de su boca hasta que sus labios se separaron. Él incrementó la presión de sus besos, separando sus labios con su lengua. Los ojos de Hilde se abrieron cuando su lengua tocó la suya. Él no se moderó y un calor se extendió por su bajo cuerpo. Ella cerró sus ojos y dejó a Duo besarla.

Él retiró sus labios de los suyos. "Sabes inocente." Sus dedos trazaron su lleno labio inferior antes de besarla otra vez, más fuerte y más apasionadamente. Esta vez, sabiendo qué esperar, Hilde deslizó su lengua en su boca. Él sonrió contra sus labios. "Eso es," susurró entre besos.

El calor en su cuerpo aumentaba con cada beso. Él estaba acostado sobre ella; su rodilla entre sus muslos. Lo único separando sus cuerpos eran sus pantalones. Sus manos se levantaron de la cama para subir tentativamente por sus brazos. Estaban marcados con el esfuerzo de mantenerse suspendido sobre ella.

Duo sabía lo que buscaba antes de que ella realmente lo supiera. "Tócame," le dijo él, trazando besos por su suave garganta.

Hilde deslizó sus manos sobre los músculos de sus hombros y alta espalda, explorando con enloquecedora lentitud. Él ahogó un frustrado gruñido en su garganta y besó la suave carne justo bajo su oído. Sus dedos danzaban por los surcos de su caja torácica y delicadamente se metieron bajo la cintura de sus pantalones.

Incapaz de soportar más, Duo alcanzó detrás y tomó sus muñecas. Las sujetó sobre su cabeza con una mano, dejándola abierta a sus propias exploraciones. Ella se retorció bajo él. "Duo," susurró el nombre que le había dado. "Ese es tu verdadero nombre?"

Él estuvo por tomar su pezón entre sus labios cuando habló. Levantando la mirada, sonrió. "Hilde es el tuyo?" Ella asintió. "Bueno, entonces ninguno de nosotros está mintiendo." Para detener más conversación, Duo sacó su lengua, lamiendo el duro botón.

La espalda de Hilde se arqueó con la corriente de puro placer que sus acciones enviaron. Mientras continuaba amando sus senos, tuvo un duro momento al recordar por qué había querido esconderlos días atrás. No eran más incómodos apéndices.

Duo liberó sus manos pero mantuvo su boca en sus senos. Su piel era suave y dulce y no tenía deseo de dejar de escuchar los pequeños jadeos que probablemente ella no tenía idea que estaba haciendo. Cuando sus manos estuvieron libres, ella inmediatamente fue por la banda de cuero que sostenía su cabello en su trenza. La desató y rápidamente comenzó a desenredar los largos mechones castaños.

La boca de Duo finalmente dejó sus senos y comenzó a bajar por su suave estómago. Hilde se paralizó cuando se dio cuenta de a dónde se dirigía. "Duo… qué estás haciendo?"

Él besó su vientre. "Confía en mi… te va a gustar."

Pero Hilde no estaba segura. Incluso sentir su cálido aliento en los oscuros rizos sobre su sexo no fue suficiente para disuadir su sentido de la modestia. "Puedo verte primero?" preguntó ella, sin aliento.

Duo se sentó, decepcionado. Su cabello suelto bajaba por sus caderas. Muy malamente quería probarla. Pero ir despacio probablemente era una buena idea. Y liberar su contenida erección sería un gran alivio. Sus manos buscaron en la oscuridad por los lazos de sus pantalones.

Los pequeños dedos de Hilde cubrieron los suyos. "Déjame ayudar." Él miró su estómago y la observó desatar el panel frontal de sus pantalones con tranquila eficiencia. Ella lo ayudó a bajarlos por sus fuertes muslos, mostrando una justa cantidad de titubeo virginal cuando su duro sexo fue expuesto a la luz de la luna.

Sin avisar, ella cerró su mano a su alrededor. Duo cerró sus ojos y dejó escapar una pequeña maldición. Podía sentirse perdiendo el control con cada caricia que hacía. Cuando su pulgar rozó la sedosa punta, agarró sus manos y bajó su pecho hacia el suyo. La besó rudamente mientras su rodilla separaba sus muslos. Todas las ideas de tener cuidado con su virginidad salieron de su cabeza. A lo único que le prestó atención en ese momento fue al punzante deseo en su bajo cuerpo.

Hilde gimoteó en su boca y forcejeó contra él. Cuando sus dedos se presionaron en los suaves pliegues entre sus piernas, ella sacudió su cabeza, intentando liberarse de su duro beso. "No!" gritó ella. "Por favor… basta!"

Su súplica lo sacó de su trance. Había dolor en sus ojos junto con miedo y una vaga sensación de traición. De repente, Duo se sintió como la escoria más baja en la tierra. Aflojó su agarre en sus muñecas y removió sus dedos de dentro de su cuerpo. Una lágrima se deslizó por su mejilla.

"Hilde," dijo él, su voz llena de vergüenza. "Lo siento mucho."

Lágrimas continuaron bajando por sus mejillas. Giró su cabeza a un lado para evitar sus culpables ojos. "Puedes abrazarme en vez? O ahora tengo que regresar a mi cama?"

La garganta de Duo se cerró. Le dio a su mejilla un suave beso y valientemente ignoró su punzante excitación. "Puedo abrazarte." Con un poco de esfuerzo, él cambió las posiciones hasta que ella estaba recostada con su espalda hacia él. Envolvió sus brazos a su alrededor y la haló contra su pecho. Apretó sus dientes cuando su trasero rozó contra su erección. "No te muevas por un tiempo," le dijo.

Hilde se relajó en sus brazos. "No me odias, verdad?"

"No." Suspiró él. "No te odio. Es mi culpa… por ir muy rápido."

Ella pausó. "Me gustó lo que hiciste con mis senos."

A pesar de sí mismo, Duo rió. Él depositó un beso en su hombro desnudo. "Pequeña Hilde, no tienes idea de lo mucho que te deseo."

"Supongo que aún soy una niña…" Ella abrazó su brazo hacia su pecho. "Pero no querré ser una para siempre."

Duo asintió. "Sólo déjame saber cuando estés lista." Pero tan pronto como las palabras dejaron su boca, Duo se dio cuenta que no estaría ahí para ver ese día. Tan pronto como llegaran a Barbados, era su deber entregársela a Kushrenada. Después de todo, era una pirata.

Él no creía que todos los pasajeros a bordo del barco pirata hubiesen muerto en la tormenta. Ningún bote o restos de uno habían sido encontrados. Habían varias islas cercanas que nadie había cartografiado, pero Duo sabía de su existencia. Revisarían cada una sistemáticamente.

Al menos, Duo imaginó, si encontraba a su amado líder por ella, no se sentiría tan mal cuando Kushrenada los tirara a la cárcel.

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Relena despertó la mañana después de que pisaran la pequeña isla en medio del Caribe antes que alguien más. El fuego había muerto a cenizas, pero el sol estaba elevándose. No se sintió fría mientras se levantaba, pero su estómago gruñó con hambre.

Ella miró al otro lado de la fogata. Heero yacía en la arena, dormido, su cabeza amortiguada por su enrollada camisa y su mano en el cuchillo en sus pantalones, como si estuviese listo para entrar en acción en cualquier segundo. Relena estudió su rostro por un largo minuto antes de que su mirada se deslizara por su desnudo pecho. El simplemente mirar su esculpido cuerpo enviaba a su vacío estómago por una nerviosa espiral.

"Oh no," susurró ella en voz alta. Estaba enamorándose de él.

Ella dejó el área del refugio rápidamente para escapar de la realización y aclarar su cabeza. Inhalando el salado aire marino, comenzó a bajar por la playa. Era su primer momento sola en mucho tiempo.

El humor de Relena se animó mientras ponía más distancia entre ella y Heero. Mientras caminaba, se detenía ocasionalmente para recoger varias y bonitas conchas que estaban enterradas en la arena. Sin nadie para ver su descubierta piel, levantó lo que quedaba de su falda y depositó su creciente colección de conchas en la improvisada canasta.

Justo se había agachado para recoger una cercana y perfecta concha cuando captó un vistazo de algo largo, pero no identificable abajo en la playa. Curiosa, avanzó hacia él.

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Heero despertó con la ligera idea de que algo faltaba. Se sentó y escaneó el refugio. Sus ojos se fruncieron. Relena se había ido. Rápidamente, se levantó de un salto. No le tomó mucho encontrar sus frescas huellas en la arena. Sin ninguna consideración de que pudiese querer estar sola, siguió sus pasos. Cuando estuvo a cincuenta pies en su camino, escuchó un estrangulado grito a la vuelta de la orilla. No podía verlo de seguro, pero sólo podría ser Relena en problemas.

Heero comenzó a correr. "Relena," la llamó. "Relena!" Hubo otro grito y aceleró, tropezándose una o dos veces en la floja arena. Finalmente la ubicó a varias yardas de pie sobre algo, paralizada con shock. Mientras se acercaba, se dio cuenta de lo que era.

El cuerpo de un desafortunado tripulante había llegado a la orilla durante la noche, para el deleite de varios cangrejos que ahora trepaban su cuerpo. Hinchado de ahogarse y de dos días en el agua salada, expedía un horrible hedor. Heero levantó su mano hacia su boca y alcanzó por Relena.

Ella gritó de nuevo mientras le daba la vuelta. Sus ojos estaban abiertos y horrorizados; lágrimas bajaban por sus mejillas. Sin pensar, él la haló contra su cuerpo. "No mires," le dijo, muy tarde. Relena hundió su rostro en su cuello, sollozando incontrolable. Heero la mantuvo en un fuerte abrazo, ignorando cada resolución que había tomado en lo que se refería a su duquesa. Sus dedos se enredaron en su cabello. "Está bien… shhhh." Él cerró sus propios ojos. "Vamos. Regresemos, Relena."

Pero sus piernas no funcionaron y no pudo dejar de temblar. Heero la alzó en sus brazos, acunándola contra su desnudo pecho. Él retrocedió del cuerpo, se giró y comenzó a regresar con los otros.

Varios minutos después, Relena levantó su cabeza de su hombro. "Su nombre era Yves," dijo ella, entre sollozos.

"No deberías pensar en eso," le aconsejó Heero.

"Me habló sobre las marsopas." Hipó ella. "Lo… lo enterrarás?" Heero asintió. Ella regresó su cabeza a su hombro. Sus lágrimas eran cálidas contra su piel. Heero cerró sus ojos de nuevo mientras caminaba con ella en sus brazos. Había estado muy cerca de perder a Relena en el agua; también podría haber sido su cuerpo el que apareciera en la orilla.

Cuando llegaron al campamento, la recostó en la arena. Ella alcanzó por él, rogándole contacto humano. Con sólo un momento de titubeo, se sentó junto a ella y levantó su cabeza en su regazo. Heero la observó caer en un irregular sueño, determinado a estar ahí para alejar cualquier mal sueño.

Podría negar más que se había enamorado de ella?

No.

Podría tenerla?

Él miró hacia el techo de palma y los cocoteros.

No.

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Continuará…