SILUETEADO POR EL MAR
(Silhouetted by the Sea)
Por Kristen Elizabeth
Traducido por Inuhanya
------
Capítulo 8
------
Quatre entró a la cabina de Duo temprano en la mañana para inquirir sobre su plan para la navegación del día. Un minuto después, dejó la habitación, cerrando la puerta rápidamente tras él. Pasó una mano por su rubio cabello, inseguro de lo que debería estar sintiendo después de ver a Duo en un adormilado y desnudo abrazo con la pequeña pirata. Era algo entre vergüenza y diversión.
Una hora después, mientras se tomaba una taza de te en cubierta, Duo subió, colocándose su camisa negra. "Buenos días," lo saludó Quatre. "Confío en que dormiste *muy* bien."
El hombre de trenza suspiró. "Mira, no le hice nada."
"Dije algo para sugerir que tú…?"
"No tuviste." Duo se inclinó contra la baranda. "Pero no lo hice. Pude; pero no."
Quatre regresó su taza a su plato. "Fin del tema?" El otro hombre asintió cortamente. "Está bien. Entonces, nos dirigimos hacia Barbados?"
Duo se enderezó. "No."
"No hay nada que hacer al quedarnos aquí," señaló Quatre. Hubo una pausa. "Eventualmente vas a tener que entregarla a Treize"
"Kushrenada nos envió para encontrar su barco *y* a su novia." Duo extendió sus manos. "Hasta ahora, sólo le enviamos su barco. No hemos terminado nuestro trabajo."
Quatre habló tranquilamente. "Duo, es altamente improbable que alguien sobreviviera, especialmente la hermana del Duque."
"Pero…" Duo sonrió. "No imposible." Él señaló el horizonte. "Hay islas, no muy lejos de aquí. Quiero revisarlas."
"Creo que desperdiciaremos nuestro tiempo."
"Tienes que estar en algún lugar importante?" Cuando Quatre no respondió, le dio al rubio una palmada en la espalda. "Es una aventura, amigo. Ahora, si me disculpas…"
Quatre sonrió. "Ella despertará pronto." Sujetó el brazo de Duo antes de que el hombre pudiera retirarse.
"No te encariñes mucho, Duo. Sabes lo que tendrás que hacer eventualmente."
Después de un segundo, Duo asintió. "Sí. Lo sé."
El rubio liberó su brazo. "Nos dirigiremos hacia esas islas inmediatamente."
Aún asintiendo, Duo regresó abajo. Entró a su cabina tranquilamente; Hilde aún estaba dormida, recogida en su cama. A la luz del sol, se veía más joven. Alcanzándola, trazó sus labios con la punta de su dedo pequeño. "Cuando llegue el momento, espero que me perdones."
------
"Creo que estás haciéndolo mal."
"Cuándo has pescado para comer, mujer?"
Sally reajustó su agarre en sus faldas para mantenerlas fuera del agua. "No tiene ningún sentido simplemente lanzar la lanza. Es improbable pensar que golpearás un pez de esa forma. Tienes que elegir uno primero y no lo harás al correr en el agua como un búfalo!"
"Quieres hacerlo?" Wufei empujó la lanza que Heero había tallado en la mano de Sally. "Si atrapas algo además de un resfriado, yo…"
"Qué harás?" lo retó ella.
Wufei frunció y cruzó sus brazos. "Sólo pesca, mujer, si estás tan segura de que puedes hacerlo mejor."
No mucho tiempo después, mientras Trowa tendía en el fuego tres de los peces que Sally había pescado, ella le dio al pirata chino una satisfactoria sonrisa. "Tal vez mañana pueda mostrarte cómo atrapar algunos de los cangrejos que vimos." Wufei la ignoró y mordió su plátano.
Heero levantó la mirada de su cuchillo en un coco para observar a Relena. Estaba sentada cerca al fuego, mirando los pescados mientras se cocinaban en sus hojas de banana. Desde que él y Wufei habían regresado de enterrar el cuerpo, no había dicho una sola palabra. Había ayudado a reunir leña cuando se lo pidió, pero se había ido a hacer su labor en un perturbador silencio.
Él aclaró su garganta y le alcanzó el coco que había abierto. "Bebe esto."
Relena levantó sus ojos del fuego para mirarlo. "No, gracias."
"Necesitas líquidos, Relena. Así que bébelo, sí?"
"Dije 'no'."
Heero soltó el coco. "Bien, enférmate. Por qué debería importarme?"
"No tengo idea," respondió ella, su voz elevándose. Trowa dejó de avivar el fuego para observar su confrontación. Incluso Sally y Wufei hicieron a un lado su discusión por un momento. Todos los ojos estaban en Relena mientras continuaba. "Me ayudas, una y otra vez. Pero justo cuando comienzo a sentirme cómoda contigo, te retractas y actúas como si no me soportaras." Ella se levantó. "Supongo que la respuesta a tu pregunta es que no deberías preocuparte. Pero entonces… por qué pareces preocuparte un minuto y luego al siguiente no? No puedo continuar! Estoy cansada de intentar continuar!"
Él la miró. "Es muy simple. Si algo te pasara, no podría reunir mil piezas de oro de ese prometido tuyo."
Relena guardó silencio por un minuto antes de comenzar a reír. "Da un vistazo alrededor, Heero! No vas a obtener dinero de mí; vamos a morir aquí! Puedes dejar de pretender preocuparte, porque no vas a recibir nada por tus esfuerzos para protegerme!" Él no tenía respuesta. Ella retrocedió unos pasos. "Apuesto que sientes no haberme dejado ahogar. Verdad?"
Cuando aún no dijo nada, Relena se giró y comenzó a alejarse. Heero miró el coco que había tirado. Pasaron unos pocos segundos antes de sentir los ojos de los demás en él. Levantó la mirada. "Qué?"
Trowa levantó una ceja. "Realmente sólo es por el dinero para ti?"
"Por supuesto," mintió Heero.
Sally se puso de pie y miró al pirata líder. "Qué tipo de hombre frío e insensible eres? Cómo te atreves a jugar con las emociones de una joven…"
"Mujer, siéntate," ordenó Wufei.
Enfurecida, Sally se giró hacia él. "Y cómo *te* atreves a ordenarme…" El chino agarró su muñeca y la bajó a la arena. Alcanzó por un trozo del pescado cocido y lo metió en su boca.
Trowa tomó su propia porción de su almuerzo. "Deberías ir tras ella," le dijo a Heero.
Su amigo le dio una fría mirada Prusia. "Tú fuiste detrás de Catherine?"
Hubo una pausa antes de que Trowa le diera una calmada mordida a su pescado. "Si hubiese podido, lo hubiese hecho. Pero eso está en el pasado y escasamente necesita traerse a colación. Todos tenemos cosas de las que nos arrepentimos no buscar." Él tragó. "No dejes que ella sea la tuya."
Heero metió su cuchillo en sus pantalones. "No necesito ninguna ayuda con esto," espetó él. Poniéndose de pie, partió en dirección opuesta a la de Relena.
Sally le frunció a Wufei. "Tu líder es un bastardo," anunció ella.
Wufei se encogió. "Es culpa de la mujer."
Ella lo empujó, derribando el pescado de su mano. "Y tú eres un bastardo mayor!" Con eso, ella partió tras Relena.
Trowa comió otro trozo de pescado mientras Wufei intentaba recuperarse del shock de ser empujado por una mujer. "La quieres, verdad?"
El chino lanzó el arenoso trozo de su almuerzo al fuego. "Más y más cada maldito día."
------
La segunda mañana que Duo despertó con Hilde en sus brazos después de otra noche de dormir en celibato, era la primera vez en toda su vida que se enamoraba. Siempre había asumido que si le pasara a él, sería lento y continuo y que lo vería venir a tiempo para prepararse. No fue de esa forma. Más bien, lo golpeó como una carroza. Y todo lo que ella hacía era suspirar.
Cuando abrió sus ojos, estaba mirando sus rizos negros, tan cortos, pero tan suaves. Duo hundió su rostro en ellos, inhalando el suave aroma de las rosas. Cómo lograba oler a rosas en medio del océano?
Ella inhaló y se giró en su sueño para encararlo. Cuando tuvo su cabeza contra su clavícula, dejó escapar un pequeño suspiro.
Duo Maxwell se enamoró.
Tan pronto como la realización tuvo tiempo para impactarlo, cuidadosamente se apartó de Hilde y rodó hacia el borde de la cama. Por la seguridad de su cordura y la santisidad de su virginidad, había mantenido puestos sus pantalones durante la noche e insistió en que ella al menos usara una camisa. Se sentó por largo minuto con su cabeza en sus manos.
Lo próximo de lo que estuvo consciente fue de sus manos, pequeñas y cálidas, deslizándose por su estómago. Hilde recostó su cabeza en su espalda y lo apretó con toda su pequeña fuerza. "Tuve un sueño contigo."
Duo arrastró sus dedos por su rostro. "Oh. De verdad."
Ella asintió, frotando la punta de su nariz contra su carne. "Soñé que estabas tocándome otra vez. Como lo hiciste antes de hacerte detener. Y me gustó…" Ella tomó un respiro. "Me gustó mucho. Duo…" Hilde se sentó. "Mírame."
Cuando giró su cabeza, dejó escapar un silencioso gruñido. Su camisa se había ido y se sentó de rodillas en la cama, una mano descansaba en su desnudo muslo y la otra cubría un pequeño seno. "No quiero ser más una niña, Duo."
Él se levantó y cruzó la habitación. "Por favor ponte tu ropa."
Hilde parpadeó. Después de un momento, su labio inferior comenzó a temblar. "Duo…"
"Por favor. Antes de que te agarre y te tome tan fuerte que te lastime." Su voz era amortiguada y ahogada. "Sólo… hazlo."
Sus manos temblaban mientras se colocaba una de las camisas de Relena. "No creo… que me lastimaras nunca."
Duo sacudió su cabeza. "No me conoces muy bien," susurró. Al otro lado de la habitación, ella se sonó y vistió, luchando con sus lágrimas con gran bravura. Él se giró para ver su cabeza agachada mientras ataba los lazos de algodón sobre sus senos. "Hilde…" Ella levantó la mirada al escuchar su nombre. Sus ojos brillaban, azules y húmedos.
Algo lo llevó a ir con ella. Con incómodas zancadas, Duo regresó y se desplomó de rodillas junto a la cama. Alcanzó por ella, halándola hacia el borde hasta que pudo hundir su rostro en su regazo. "Sin importar lo que pase mañana, o pasado mañana… o el día que alcancemos Barbados…" Su mano se deslizó entre sus sedosos muslos. "Quiero ser el primer hombre en hacerte gritar de placer." Gentilmente separó sus piernas. "Quiero ser el primer hombre en probarte."
Hilde inhaló un fuerte respiro cuando presionó un cálido beso en su muslo interno. Se sentía muy expuesta, abierta a sus ojos y su caricia, pero no hizo nada para detenerlo. Duo cerró sus brazos alrededor de sus piernas, manteniéndola en posición. Todo en ella era rosado y húmedo; la almizclada esencia de su excitación lo intoxicó más allá al punto de pensar en retractarse.
Él desperdició poco tiempo, como si temiera que Quatre pudiera entrar en cualquier momento. Después de depositar pequeños besos a lo largo del punto donde terminaban sus piernas y comenzaba su sexo, le dio una larga y suave lamida. Hilde llevó hacia atrás su cabeza y gritó.
Duo usó cada poca de su experticia en el área para llevarla al máximo placer posible. Cuando sus dedos se hundieron en su cabello, él chupó más fuerte, sabiendo que estaba cerca. Su pecho subía y bajaba con cada gemido. Cuando levantaba la mirada ocasionalmente, veía sus ojos cerrados, su boca abierta en una perfecta "O". Pero lo amó más cuando susurró su nombre.
Sus muslos se apretaron alrededor de su cabeza; la lamió más rápido, llevándola más cerca al límite. Finalmente, ella gritó su nombre. Su espalda se arqueó por largo momento antes de colapsar en la cama, completamente agotada. Liberó su cabello y levantó su mano hacia su enrojecida mejilla. Duo le dio a su sexo un beso final antes de ponerse de pie. Los sonidos de su placer había disparado su propia pasión, pero la ignoró. Él limpió su boca en su camisa y se inclinó sobre su saciado cuerpo.
"Duo," murmuró ella.
Él acunó su cuello. "Lo sé. De nada." Él alcanzó la desordenada colcha y la colocó sobre su enrojecido cuerpo. "Sólo duerme, Hilde. Estaré en cubierta."
Mientras salía por la puerta, él la escuchó decir, muy adormilada pero segura, "Te amo." Pausó antes de continuar su camino.
------
"Nunca me he sentido más sucia en toda mi vida."
No había nadie cerca para escuchar la admisión de Relena. Sólo le hablaba al pequeño arroyo de agua fresca del cual debería estar llevando la provisión del día en una bolsa que Heero había hecho del cuero de Trowa.
En el agua, Relena apenas podía distinguir su reflejo y lo que vio la sorprendió. Su cabello estaba sucio con arena, su rostro con mugre. Peor que eso, seguramente le saldrían pecas de la casi constante exposición al sol. Nadie en Londres la reconocería. Fue casi divertido. Su media sonrisa cayó. No era de extrañar que Heero aún no le hablara desde la pelea en el almuerzo dos días atrás. Probablemente no podía soportar mirarla.
Ella trazó sus dedos en el agua fría, soñando en el último baño que había tomado, la noche antes de zarpar para América. Baldados de agua caliente, llena de fragantes burbujas de los aceites franceses, jabones aromatizados y enjuagues de cabello. Cosas que había tomado por sentado. Qué no daría ahora por un rápido baño de lejía.
Mientras continuaba mirando el arroyo, una idea repentina le llegó. De dónde venía este pequeño riachuelo? Ella siguió el agua con sus ojos hasta que desapareció en el espesa vegetación. La curiosidad la golpeó y antes de saberlo, estaba de pie adentrándose en la jungla.
------
"Qué demonios está demorando a Relena?" Sally movía su pie impaciente. "Necesito esa agua para limpiar tu herida."
Wufei giró sus ojos hacia el cielo. "Si quieres hacer algo, ve a pescar otra vez. No necesitas cuidarme más, mujer."
Ella lo ignoró y miró a Heero. "No supones que algo le pasó, verdad?"
Heero depositó otra hoja de palma en la enorme fogata y Trowa había comenzado a construir una señal de aviso para cualquier barco que pudiera pasar. "Conociendo a la duquesa… todo es posible."
"Entonces…" Sally cruzó sus brazos. "Ve a encontrarla y tráela."
"Si estás preocupada por ella… ve a encontrarla tú."
Sally se le acercó, sus ojos brillaban peligrosamente. "No estás engañando a nadie, sabes. Puedes pretender estar en esto por el dinero, pero todos lo sabemos mejor. Ahora, trágate tu orgullo, levanta tu perezoso trasero, y ve a encontrarla antes de que algo le pase."
Heero tiró su última palma. "Nadie te ha enseñado meterte en tus propios asuntos, verdad?"
"Lo intentaron. Y fallaron." Sally sonrió y regresó con su reluctante paciente. "Muévete."
Sus ojos se fruncieron, pero sin otra palabra, se dirigió hacia el arroyo, la última ubicación conocida de Relena. Cuando lo alcanzó, todo lo que encontró fue la bolsa de cuero, llena de agua. "Relena," llamó. No recibió respuesta, lo cual no le sorprendió. Suspirando, se adentró en la vegetación. Cuando la encontrara iba a darle un duro discurso sobre los peligros del bosque tropical. Podría encontrarse una serpiente o un cerdo salvaje. Había una remota posibilidad de que pudiera cruzarse con un nativo. O una tribu de nativos.
Él triplicó su velocidad, haciendo a un lado ramas y saltando rocas. "Relena!" Se agachó bajo una baja enredadera. El suelo bajo él, notó, se había vuelto mucho más rocoso. Después de otros minutos, la vegetación se aclaró y se encontró al borde de una laguna de agua fresca.
El sonido de una cascada llevó sus ojos al otro lado del pozo. De pie bajo la poderosa cascada con el agua a la cintura estaba Relena. Su cabeza estaba hacia atrás, sus ojos cerrados mientras el agua bajaba por su desnudo cuerpo.
Heero tragó grueso. El arco en su elegante espalda sacaba y levantaba sus senos. Estaban perfectamente formados, cada uno con un pezón rosa, duro por el agua fría. Sus brazos subieron para cepillar su limpio cabello. Parecía perfectamente contenta, como si hubiese sido hecha para permanecer bajo esa cascada. Había una sonrisa en su encantador rostro; era, para Heero, lo más hermoso que hubiese visto.
Un muy olvidado dolor bajo su cintura lo llamó. Pero a diferencia de sus pocas veces con varias de las más finas prostitutas de Savannah, quienes fueron lo amables suficiente para no cobrarle por una noche de placer, había algo más que su deseo físico. No quería tener su momento con Relena y dejarla después de terminada su hora. En esos largos momentos que pasó observando su baño, completamente hipnotizado, no le importó nada de lo que su sentido común le había tratado de decir sobre sus diferencias y todas las razones de por qué no debía ir con ella y tomarla en sus brazos… a donde pertenecía.
Actuó completamente por emoción por una de las raras instancias en su vida, la primera siendo el día que encontró a una pequeña de cuatro años con desordenado cabello negro abrazada a unos pies del cuerpo de su madre y decidió cuidar de ella. Tomó un respiro y salió de la jungla.
El roto vestido de Relena y corsé yacían en la pequeña orilla de la laguna. La propia camisa de Heero se había ido hacía mucho; todo lo que tenía puesto eran sus pantalones de cuero. Rápidamente los desató y se le unieron a la pila de la ropa de Relena en la arena. El agua de la laguna estaba fresca, pero no fría. Heero entró tranquilamente como para no alertarla de su presencia hasta que quisiera que supiera que estaba ahí.
Pero su esfuerzo fue un desperdicio. Después de sentir por un tiempo que estaba siendo observada, Relena abrió sus ojos. Heero estaba dirigiéndose hacia ella en el agua a la cintura. Su boca se desplomó y sus brazos instintivamente se cruzaron sobre su pecho para cubrir sus senos.
"Heero! En el nombre de Dios qué crees que estás…" Ella se desvaneció cuando captó la mirada en sus ojos. Era peligrosa y predadora; se sentía más bien como un ciervo, cercado por una pantera. Y aún… no fue miedo lo que silenció sus protestas. Sólo el extraño calor esparciéndose por su cuerpo mientras avanzaba por el agua, más cerca a ella. "Heero…" logró susurrar de nuevo.
Él no se detuvo hasta que estuvo a pulgadas de ella. Se observaron mutuamente, suspendidos en un mágico y prohibido momento. Relena no fue consciente de sus manos bajándose, pero lo hicieron y no se preocupó de que sus senos quedaran expuestos a sus ojos. De hecho, parecía correcto que le fuera permitido verla. El primero en verla.
En el destello de un segundo, sus brazos estuvieron entrelazados, cuerpos presionados, labios unidos en un ardiente beso. Relena cerró sus ojos, disfrutando la exquisita sensación de la boca de Heero amando la suya. Sus senos estaban presionados contra su duro y musculoso pecho mientras la levantaba levemente en el agua. Sus manos agarraban la suave carne de sus caderas; la besaba como un hombre hambriento. Ella devolvió su beso con igual furia. Estaba más allá de cualquier sueño. Era la realidad.
Ella era suave, mucho más suave que algo que Heero se hubiese permitido tocar antes. Era todo lo que podía hacer para contenerse de tomarla en el agua. El agua golpeaba en su espalda mientras la bajaba y movía sus manos de sus caderas para enredarlas en la larga y húmeda masa de su cabello. Su boca era dulce y cálida. Tenía sus brazos envueltos alrededor de su cuello y su alma envuelta en su dedo meñique y se encontró amando cada segundo de eso.
Reluctantemente, él interrumpió el beso y gentilmente tomó su rostro en sus manos. "Si me dices detenerme ahora, lo haré," dijo él, su voz áspera con pasión contenida.
La respiración de Relena era laboriosa; sus labios estremecidos y su corazón acelerado. Detenerse? Estaba loco? Ella no tenía más deseo de detenerse del que tenía para saltar por un acantilado. En respuesta, cerró sus ojos de nuevo y levantó su mentón, dándole un suave beso.
Sus labios tocaron los suyos y sin ninguna duda, la alzó en sus brazos. Su beso nunca se interrumpió mientras la cargaba a la orilla y la depositaba en la arena. Él se acostó a su lado, apoyado en un codo. Separándose, Heero acarició su mejilla.
"Sabes lo que significa…"
Ella lo interrumpió presionando sus dedos en sus labios. "Tengo una cuñada mayor, Heero. Ella me ha explicado todo." Tragó. "Especialmente lo bien que se siente."
Heero le dio su rara sonrisa y otro húmedo beso. "Has estado sorprendiéndome desde el día que nos conocimos, lo sabías?"
"Y tú has estado atormentándome." Relena pasó sus dedos por su húmedo cabello. "Diría que estamos iguales."
Él rodó su cuerpo sobre el suyo, manteniendo con cuidado su peso en sus antebrazos. Bajó su cabeza y besó el hueco en la base de su garganta. "Déjame saber…" susurró entre besos. "… cuando lo sientas bien."
Relena asintió e inmediatamente, su espalda se arqueó cuando comenzó a pasar su lengua a lo largo de su cuello. Ella deslizó sus manos por su musculosa espalda. Nada de lo que Lucrezia le hubiese dicho sobre las relaciones entre hombres y mujeres posiblemente la hubiesen preparado para la intensidad de hacer el amor con Heero Yuy. Mientras su cálida boca rodeaba un pezón, cerró sus ojos. *Te amo*, dijo. Pero ningún sonido escapó de sus labios. Estaba muy segura que él hacía esto no por amor, sino por placer.
Pero entonces, no podía dejarse preocupar.
------
Continuará…
