SILUETEADO POR EL MAR
(Silhouetted by the Sea)
Por Kristen Elizabeth
Traducido por Inuhanya
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Capítulo 9
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Después de que Hilde se recuperó de la inesperada mañana, pero ciertamente un bien recibido encuentro con Duo, se vistió en el mismo vestido verde y dorado de Relena y subió las escaleras hacia la cubierta. Quatre la saludó con una genuina sonrisa.
"Buenos días."
Hilde se sonrojó; podría decir, con sólo mirarla, lo que había pasado bajo cubierta? Ella hizo una rápida y torpe venia. "Buenos días, señor."
Duo apareció alrededor de un pila de cajones de madera, examinando un mapa. "Creo de deberíamos dar la vuelta… estoy muy seguro de que nos faltó una isla justo al este de…" Él levantó la mirada. Al ver su expresión inocentemente culpable, todo lo que quiso hacer fue sonreírle y dejarle saber que, cuando cerraba sus ojos, aún podía saborearla. Pero en vez, aclaró su garganta y saludó con un seco, "Ya era hora de que decidieras levantarte."
Su corazón dolió cuando bajó su mirada hacia sus pies descalzos, apenas asomándose bajo el dobladillo del vestido de Relena. Podía ver sus manos temblando en silencioso shock. Para su crédito, y su malestar que sólo ayudó a solidificar sus sentimientos por ella, levantó su cabeza, mantuvo en alto su mentón y respondió en una voz igualmente fría, "Lo siento, señor. Al parecer no pude hacer trabajar mis rodillas de nuevo. Tal vez esta noche deba dormir en mi propia cama."
"Creo que esa sería una buena idea," respondió su amante trenzado. Vacío silencio yacía entre ellos.
Quatre aclaró su garganta. "Estabas diciendo, Duo?"
El otro hombre parpadeó y miró el olvidado mapa en sus manos. "Sí… um… hay otra isla, justo al este de la más pequeña que vimos ayer. Nunca me he detenido ahí, pero si lo consideras natural, es posible que alguien en un bote pudiera llegar ahí… porque no está muy lejos de los restos."
Hilde frunció. "De qué hablas?"
"Duo cree que podrían haber sobrevivientes del…"
"No es nada definido," Duo interrumpió a Quatre abruptamente. "No eleves tus esperanzas, Lady Hilde. Probablemente están muertos, pero vamos a asegurarnos. La hermana del Duque es muy valiosa, después de todo." Él le pasó el mapa al rubio. "Le diré a los hombres dar la vuelta."
Hilde lo observó alejarse, mordiendo su labio hasta que pensó que podría sacarse sangre. Miró al compañero bien vestido de Duo. "Puedo preguntarle algo, señor?" Quatre asintió. "Duo está… quiero decir… él… tiene a alguien esperándolo? Una esposa? Prometida?"
Quatre sacudió su cabeza. "Sólo una obligación que no puede romper." Él depositó una mano en el hombro de la joven. "Podría ser mejor si no piensa más en él."
Ella asintió. Mirando su ropa, de repente se sintió horriblemente infantil. A quién había estado tratando de engañar al vestirse con la ropa de una dama real? Era un rol que nunca iba a desempeñar. Después de agradecerle a Quatre, regresó abajo en busca de su propia ropa. Tal vez si abandonaba de nuevo su feminidad, podría olvidar cómo la había hecho sentir Duo, por primera vez en su vida, como una mujer.
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"Heero…"
Él levantó su cabeza de entre sus muslos y frunció. Había estado seguro de que estaba en camino a lo que imaginó sería su primer orgasmo, cuando había tirado de su cabello y dijo su nombre en su voz suave y sin aliento. Lamiendo sus labios, gateó sobre su enrojecido cuerpo. "Qué pasa, duquesa?" Él besó el bien amado lado de su cuello.
"Te quiero dentro de mi."
Heero se levantó en sus brazos. "Estás segura que estás lista?"
Relena asintió y enredó sus dedos alrededor de los cortos cabellos en la base de su cráneo. Intentó halar su pecho sobre el suyo; las puntas de sus senos extrañaban el contacto de su duro torso. "Estoy lista. Por favor, Heero… no quiero esperar más. Yo…" Su garganta se cerró. "Siento como si hubiese estado esperando por ti… toda mi vida."
Antes de que pudiera dejar salir que se sentía de la misma manera, Heero la besó otra vez. "Está bien. Quiero que te aferres a mi, Relena." Ella asintió y cerró sus brazos alrededor de sus hombros. "Prometo que intentaré no lastimarte."
Sus ojos se cerraron mientras comenzaba a entrar en su cuerpo. Ella no fue consciente que gimoteó de dolor hasta que él acarició su mejilla con su pulgar. "Shh," susurró él. "Sólo relájate." Mientras más de su sexo se presionaba en el suyo, ella clavó sus dientes en su labio inferior, luchando con el dolor. Heero la abrazó más fuerte. "Estás bien?" preguntó él una vez que no pudo ir más allá.
Ella no respondió por un largo minuto. Cuando finalmente abrió sus ojos, estaban humedecidos con lágrimas de felicidad. "Estoy bien, Heero. De verdad." Ella se movió experimentalmente. El movimiento le hizo a Heero cerrar sus ojos de puro placer. Relena se movió de nuevo.
"Aprendes… muy rápido," respiró Heero. Sintió un punzante deseo de moverse, pero titubeó en caso de que pudiera lastimarla más. "Estás segura que estás…"
Relena cubrió su rostro con sus cálidas manos. "Heero. No me voy a romper."
Él sonrió de nuevo; el gesto se estaba volviendo más natural para él. "Bien. Porque apenas estamos comenzando." Él tomó sus labios contra los suyos una vez más.
Varios minutos después, Relena tuvo un duro momento en creer que hubiese habido algún dolor inicial. La boca de Heero estaba fija en la suya mientras empujaba dentro y fuera de su cuerpo… y nada se hubiese sentido más correcto. Los sonidos de su acto sexual, sus amortiguados gruñidos, su laboriosa respiración, el choque de sudorosa piel contra piel, ahogaban los sonidos del bosque.
Heero entrelazó sus dedos en los suyos y levantó sus brazos sobre su cabeza. Con cada delicioso empujón estaba acercándose a perder el control completamente. Sus besos se hacían más duros, pero ella no hizo sonido de queja. Todo lo que hizo fue envolver sus piernas alrededor de su cintura. La sensación de sus suaves muslos deslizándose arriba y abajo por sus costillas era demasiado.
Él separó su boca de su beso y soltó sus manos. "Dios… Relena…"
Ella inmediatamente clavó sus uñas en su espalda; su cabeza se revolvió en la arena sin su boca en la suya. "Heero," gritó ella, aproximándose al ardiente límite de la felicidad. "Por favor…"
Sus caderas empujaron una última vez y el aire se cortó con su gutural grito de éxtasis. Habiéndola tomado ahí, Heero se dejó ir, gruñendo su nombre en su cuello mientras se liberaba profundo en su calor. Colapsó sobre ella y esperó por que regresara su aliento.
Cálidos labios besaron su hombro. "Te amo, Heero. Y si eso es demente…"
Heero finalmente levantó su cabeza y la miró con ojos húmedos. "Estaremos locos juntos."
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"Ha estado encerrada en esa pequeña cabina todo el día." Duo se paseaba de un lado a otro por la cubierta. En la distancia, el sol estaba comenzando a ponerse, dando una brillante coloración de colores cálidos por el mar. "Debería ir a verla…"
Quatre cruzó sus brazos por su costoso abrigo. "Probablemente está bien, Duo. Podemos por favor enfocarnos en la tarea en mano?"
"Sí… por supuesto." Duo miró sus mapas. "Deberemos regresar a la isla mañana en la mañana. Haremos una completa búsqueda tan cerca como sea posible y si no vemos algunas señales de vida…" Él tomó un respiro. "Regresamos a Barbados."
"Y la joven?"
Duo clavó sus dedos en sus espesos mechones. "La entregaremos a Kushrenada con cargos de piratería."
La voz de Quatre era calmada. "No me gusta más que a ti. Pero la mayoría de la carga del *Lady Une* era grande y consecuentemente se perdió cuando el barco pirata se hundió, sin mencionar la probable pérdida de la hermana del Duque y la Baronesa. Treize va a querer a quien culpar por el incidente. Y lo siento… pero ella es lo único que tenemos para darle."
"Pero qué si no se la entregamos? La llevaré a América; nunca tendrá que saber que ella…"
"Treize es como mi hermano," continuó Quatre firmemente. "Mentirle sería una traición a todo lo querido para mi."
El ceño de Duo se arrugó, su rabia dirigida hacia su rubio compañero. "Cómo podría esperar que entendieras. Nunca has amado a alguien, verdad?" Quatre abrió su boca para protestar, pero Duo presionó. "Escuché cosas en la cárcel, amigo. Cuántos arreglos matrimoniales has rechazado? El último, si la información que obtuve era correcta, fue con una condesa italiana muy rica… algo Catalonia, no?"
"Realmente no creo que sea tu problema." Los tranquilos ojos de Quatre destellaron.
"Qué paso con ella? No era bonita? Tenía cejas extrañas o algo?"
"No había nada de malo con…" Se detuvo. "No tengo deseo de continuar esta discusión."
Duo pausó. "Te gustan las mujeres, verdad?"
Quatre se giró hacia él con evidente rabia. "Aparentemente no tanto como a ti o me habría acostado con la pequeña pirata!"
"Su nombre es Hilde!" Grito Duo. "Y si tienes en tu mente que ella es fácil, será mejor que saques esa idea antes de que te la saque! Ella tiene más pureza en su dedo pequeño que cien de tus tan llamadas damas!"
Desapercibida para ambos hombres, Hilde eligió ese momento para subir a cubierta. Desde su lugar detrás de los cajones, escuchó el resto de su conversación.
Algo de la rabia murió en Quatre. "Te has enamorado de ella?"
De repente recordándose de él y de la obligación a la que no podría escapar, Duo rascó su mejilla y respondió con un simple, "Importa?"
"Sí?"
"No puedo ganar aquí, Quatre." Duo arrugó el mapa en su mano. "Cuales son mis opciones? Amarla no parece ser una de ellas, te diré eso. Tan pronto como alcancemos Barbados, se supone que debo meterla en una celda e irme, para nunca ser visto de nuevo en la isla. Qué demonios puedo hacer?"
El rubio levantó sus hombros. "No lo sé."
"Cuando la deje en esa celda de Barbados, va a ser mucho más fácil para mi irme si no la amo."
Eso fue todo lo que Hilde pudo soportar escuchar. Con su mano presionada en su boca, regresó abajo.
Duo continuó, inconsciente de su entrada o salida. "Aún… intenta decirle eso a mi corazón. Yo lo hago. Cientos de veces." Resopló. "Está determinado a amarla."
"Sin importar qué?"
El hombre de trenza miró por el océano mientras el sol continuaba hundiéndose en el horizonte. "Sin importar qué."
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"Debería preocuparme por ella?" Sally retorció sus manos y miró el encendido cielo nocturno. "Se han ido por horas."
Wufei sacudió su cabeza y lanzó otra concha en la espuma. "Ella está en buenas manos."
"Son las manos las que me preocupan," respondió ella, secamente. "Y con razón! Después de todo, soy su guardiana."
"Déjame ver si entiendo." Él se levantó y sacudió arena de sus pantalones. "Realmente no tienes tu propia vida para vivirla, así que viajas por ahí, cuidando a otras personas que sí?"
El mentón de Sally se desplomó; le tomó un momento recuperarse de sus hirientes palabras. En ese momento, Wufei se arrepintió de cada una de ellas. Finalmente, ella cerró su boca y se giró para regresar a la enorme fogata de aviso que Trowa estaba atendiendo.
Algo atrapó su brazo y la detuvo. Se giró, preparada para lanzar un asalto verbal en el pirata, cuando captó la mirada más extraña en sus ojos, una que nunca pensó que vería. Disculpa.
"Siempre tienes que ser tan sensitiva?" preguntó él, pero su usual sarcasmo estuvo ausente de las palabras.
"No soy sensitiva! Tú eres completamente *insensible*!" Ella intentó zafarse de su agarre, pero él continuó. "Suéltame."
Wufei gentilmente tiró de su brazo, acercándola lo suficiente para envolver su brazo alrededor de su apretada cintura. "Si fuera insensible, no querría hacer esto." Él estrelló sus labios en los suyos en un duro beso de pura lujuria.
Al principio, Sally protestó con toda su fuerza. Empujó contra su pecho, intentó separar su boca de la suya, pero después de un largo minuto, se relajó y lo dejó besarla. Nadie la había besado desde que su esposo murió y nunca lo había hecho así. Besarla así como si muriera al no hacerlo.
Wufei sonrió cuando sintió su cuerpo soltarse y sus labios comenzaron a responder a los suyos. La bajó a la arena, de repente muy agradecido de que Trowa estuviera ocupado mucho más abajo en la playa y que Heero y la duquesa no estuvieran por ningún lado.
Mientras continuaba besándola, alcanzó la parte superior de su corsé. Más que desatarlo, lo bajó junto con el resto de su vestido y camisón. Sus amplios senos se derramaron; los cubrió con su mano, girando y masajeando sus pezones.
Sally gimió. Había enloquecido o había deseado esto tanto como él? Más que intentar resolver algo lógicamente, cerró sus puños en su camisa negra y la sacó por su cabeza. Aterrizó en algún lugar en el agua, pero a ninguno de ellos le importó. Su piel era cálida contra la suya; él los rodó en la espuma hasta que ella estuvo a horcajadas en sus caderas.
Ella echó hacia atrás y meció su entrepierna contra la suya cuando él levantó su boca lo suficiente para pasar sus labios por sus pezones. Después de un delicioso momento, Sally dejó caer su cabeza y lo besó, su lengua luchaba con la suya por el control. Ella cedió en la pelea cuando él rodó sobre ella. Una ola de la inminente marea se estrelló sobre ellos, pero fue ignorada mientras él escabullía su mano bajo su rota falda.
En cuestión de segundos, tenía su falta levantada y sus propios pantalones desatados. Cuando unió sus cuerpos, un grito de satisfacción ahogó los sonidos del océano. No hubo incómodos titubeos; instantáneamente encontraron su ritmo perfecto y lo siguieron juntos. Las olas del agua que los golpeaba sólo añadía combustible al apasionado fuego que estaban construyendo.
Él la besó mientras ambos terminaban para tragar sus fuertes gritos y tal vez amortiguar los propios. El agua continuó lavándolos y se retiraba en los largos minutos que les tomó recuperarse. Wufei eventualmente se levantó de ella. "No te lastimé?"
"No." La sonrisa de Sally era una de puro placer saciado. "Un poco de advertencia hubiese sido bien recibida, pero…"
"La próxima vez." Wufei retiró su húmedo cabello de sus ojos.
Ella levantó una ceja. "Habrá una próxima vez?" Cuando no respondió, ella presionó sus labios en su oreja. "Puedo esperar?"
Aclarando su garganta, Wufei se separó y subió su vestido para cubrir sus senos. "Tal vez debamos ir a buscar a Heero."
Sally lo observó subir sus pantalones. "No. Déjalos. Lo que sea que estén haciendo…" Suspiró. "… déjalos tener su momento juntos." Sus rodillas temblaron mientras se levantaba. "Es más de lo que la mayoría de las personas tienen."
Él no le ofreció seguridades o promesas. Pero le ofreció su mano para tomarla mientras regresaban al refugio. Y tal vez eso era igual de bueno.
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"Te diste cuenta que el sol se está ocultando?"
Heero abrió un ojo para mirar el cielo sobre ellos. "Cuándo pasó?"
Relena amortiguó una risita en la curva de su cuello. "No estoy segura. Perdí el rastro del tiempo hace horas."
El brazo alrededor de sus desnudos hombros se levantó; Heero pasó sus dedos por su enredado cabello. "Y nadie vino a buscarnos." Cerró sus ojos perezosamente. "Demasiado para la lealtad de mi gente."
"Sally probablemente ha perdido toda esperanza referente a mi castidad," dijo Relena. Ella depositó un beso en su manzana de Adán. "Eso es por qué vino conmigo en este viaje, sabes. Para ser mi chaperona."
"Y para entregarte a Kushrenada." Heero abrió sus ojos, su neblina sexual se desvaneció rápidamente ante el recuerdo del hombre a quien le fue prometida su amante.
Relena apartó sus labios de su piel. "No quiero pensar en él." Se levantó en su codo para mirarlo. "Y tampoco quiero que lo hagas." Cuando se volvió aparente que Heero no iba a olvidarlo tan fácilmente, Relena sonrió traviesa y comenzó a bajar sus dedos por la conocida planicie de su estómago. "Preferiría hablar… sobre ti."
Heero levantó su cabeza para ver lo que estaba pensando. Cuando tomó su sexo en su mano, dejó caer su cabeza en la arena. "Relena…" gruñó él. "Eres insaciable, lo sabes?"
Ella lo acarició como si lo hubiera amado por años. "Por qué te volviste un pirata?"
"Porque… todas las silla del Congreso… habían sido ocupadas," fue su sardónica respuesta.
Relena frunció sus labios. "De verdad. Dime la verdad."
Él tomó su mano y rodó sobre ella. Ella rió, completamente tranquila con la fiera mirada en sus ojos. En el curso de la tarde, la había visto varias veces y en cada instante, no llevó a nada sino placer. "Quieres la verdad? Está bien. La verdad es que he sido ladrón toda mi vida, Relena. Cuando era niño, robé pan y manzanas. Cuando crecí, robé billeteras y bolsas de dinero. Y ahora, a los veinte, robo barcos. O lo que sea en ellos."
"Pero… también matas personas. Cómo puedes hacerlo?"
"Si piensas que lo disfruto, estás equivocada. Pero algunas veces, no puede evitarse. Tengo que golpear lo que esté en mi camino, deteniéndome de mi objetivo." Él se encogió. "Es la única forma que sé cómo sobrevivir y proveer para las personas bajo mi cuidado."
"Tu joven amiga? La chica en ropa de hombre?"
"Hilde, sí. Si no hiciera lo que hago, la única forma para ella vivir sería vender su cuerpo como tantas chicas con las que crecí. Preferiría ser un asesino que verla degradada." Él la dejó besar sus párpados; era su gesto de consuelo y la amaba más por eso. "Ella fue la primera persona a la que amé."
Relena lo incentivó a recostar su mejilla contra su seno; pasó sus dedos por sus desordenados mechones mientras hablaba. "La primera persona a la que amé fue mi hermano. Milliardo." Ella sonrió hacia el cielo. "No pensaba que hubiese una persona viva más fuerte, valiente y maravillosa." Su sonrisa cayó. "Se fue para la escuela cuando yo tenía seis años. Por los años siguientes, sólo lo veía en las vacaciones. Se unió a la armada después de terminar su escuela y casi inmediatamente zarpó a América. Mientras se fue… nuestros padres murieron y fui a vivir con su esposa, Lucrezia. Para cuando la guerra terminó y regresó, ya estaba creciendo. Así que supongo que podrías decir que… realmente no conozco a mi hermano del todo." Su voz tembló con emoción. "Y ahora me envía lejos para casarme con su amigo sin tanto como preguntarme…" Se detuvo; Heero depositó un beso en su seno. "No quiero quejarme. Muchos la han pasado mucho peor."
"El dolor no es siempre sobre lo que uno ha pasado, sino quien ha sido rechazado. Sin importar lo que pude haberte dicho antes." Heero levantó su cabeza. "Quién te ha amado, Relena Peacecraft?"
Ella contuvo lágrimas. "Mi hermano… alguna vez. Mis padres antes de morir. Lucrezia una vez que nos conocimos." Desesperadamente quería añadir su nombre a la lista, pero se detuvo. La barrera de no haberlo escuchado decir las palabras estaba deteniéndola. "Exactamente no me ha faltado el amor."
"Exactamente tampoco te lo han dado sin condiciones." Heero rozó su pulgar por su pezón.
Relena le permitió libertades con sus senos. Ignorando su dolor de lo que sería su tercera vez juntos, ella se abrió a él, aceptando su renovada excitación dentro de su cuerpo. Hicieron el amor lentamente. Dulcemente. No había prisa en seguirle el paso al sol. Cuando finalmente terminaron en los brazos del otro, la oscuridad había cubierto el aire a su alrededor.
Ella se aferró a su amante, nunca queriendo que dejara su cuerpo. "Podemos quedarnos aquí esta noche? No me importa lo que piensen algunos de ellos… aún si nos encuentran así." Sus palabras eran ligeras, pero había un fondo de intensidad. "Podemos, Heero?"
Él tragó. "Nada podría hacerme dejarte ahora, duquesa." Satisfecha con su respuesta, Relena se acurrucó en sus brazos y en unos minutos se había dormido. Él salió de su cuerpo y se acomodó en la arena para dormir. Antes de unírsele en sueños, Heero besó la cima de su cabeza y susurró. "Nada podría hacerme dejarte por el resto de mi vida."
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Continuará…
