SILUETEADO POR EL MAR

(Silhouetted by the Sea)

Por Kristen Elizabeth

Traducido por Inuhanya

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Capítulo 10

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Hilde estaba despierta, vestida y en la baranda del barco mucho antes de que el sol comenzara a salir. Iban a ir a la última isla posible donde Heero y los otros podrían haber desembarcado en unas horas y no quería perderse un momento, en caso de que ese momento pasara a ser el único donde sus amigos… su familia… fueran encontrados.

Estaba tan envuelta en escuchar el océano que no sintió a Duo llegar tras ella hasta que pudo sentir su calor rodeándola. Se paralizó, insegura de exactamente cómo manejar la situación. Debería hablar o esperar por él? Ignorarlo o lanzar sus brazos a su alrededor?

Afortunadamente, él hizo el primer movimiento. "Qué le pasó a tu vestido?"

"No era mío," respondió ella. Debajo de los vendajes sobre sus senos, su corazón latía. "Y me siento mucho mejor vestida así."

"Quieres decir que te sientes mucho más segura vestida así?"

Hilde frunció. "Sólo estoy cansada de intentar ser algo que no soy." Pausó. "Y no es como si realmente te preocupara cómo me veo, así que por qué no dejas de hablar de eso?"

"Bien." Duo tragó. Justo entonces, habría renunciado a su libertad por otros dos años sólo para probar sus labios. "Hilde…"

"No." Ella se giró y presionó su espalda en la baranda. Hubo un destello asesino en sus ojos azules. "No uses mi nombre como si fuéramos… como si fuéramos amantes."

Él sonrió tristemente. "*Fuimos* amantes."

"No por completo." Hilde se giró. "Y me alegra. Merezco alguien que me ame. Que sea capaz de amarme."

Sus palabras fueron como un golpe bajo y dolió más que la patada a su entrepierna que le había dado en su encuentro. "Sí. Supongo que sí," respondió él, colocando sus manos en la baranda. Sus brazos crearon una pequeña celda alrededor de su cuerpo sin tocarla realmente. Guardaron silencio por mucho tiempo y no fue hasta que el sol de la mañana asomó su cabeza sobre el horizonte, que Duo habló de nuevo. "Por lo que vale, Lady Hilde…"

Ella lo interrumpió. "No vale nada." Agachándose, escapó de la prisión de sus brazos y se movió más abajo en la baranda para esperar.

Quatre los encontró unos minutos después, a diez pies separados, observando la misma porción de tierra en la distancia acercarse más al barco. Y observó ambas de sus reacciones con mucho cuidado cuando ambos ubicaron la señal de fuego en la isla, una guía llamándolos.

Duo se giró y, en una voz más calmada de la que Quatre lo habría creído capaz de producir, anunció, "Los hemos encontrado."

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Trowa abrió sus ojos, entrenado para despertar con el amanecer. Parpadeando, revisó para asegurarse de que el fuego aún estuviera encendido; con la cantidad de hojas con las que lo había construido y habiéndolo revisado dos veces durante la noche, estaba satisfecho de ver que lo estaba.

Se sentó y pasó sus manos por sus largos mechones. Su estómago llamó por su atención, pero lo ignoró por el momento. El amanecer era su momento favorito y no lo perturbaría. Los momentos en los cuales nacía un nuevo día eran los únicos minutos que había tenido con Catherine.

Como si nunca se hubiese subido a ese maldito barco con sus padres y zarpado a Inglaterra, siempre se le aparecía con el sol de la mañana. Podía escucharla reír, verla sonreír y, si se concentraba lo suficiente, sentía sus labios en ese único beso que les habían permitido.

Con frecuencia se preguntaba si la independencia del país había valido perder al único amor de su vida.

Probablemente estaba casada para entonces, razonó. Con un lord, un duque o un barón… su familia moviéndose en los correctos círculos sociales. Muy importante para quedarse en un país traidor. Aún si no hubiesen dejado América, ella nunca hubiese podido ser suya. Esta idea siempre señalaba el fin de sus arrepentimientos a la luz del amanecer. Diciéndole su usual adiós en su mente, se levantó, preparado para comenzar el día.

Fue entonces que se dio cuenta de dos cosas. Una, que la baronesa y Wufei estaban durmiendo con sus manos entrelazadas. Y dos, que Heero y la duquesa aún no habían regresado de donde sea que hubiesen estado el día anterior. Sacudió su cabeza. Era momento de prestarle atención a su estómago.

Treinta minutos después, Wufei despertó. Sin remover la mano de Sally de la suya, se sentó. Trowa estaba sentado junto al fuego de cocinar, rostizando un cangrejo de agua salada. "Eso huele verdaderamente horrible," le informó al hombre alto.

Trowa asintió. "Pero no planeo comerme el caparazón." Él levantó su ceja. "Llegamos a tomarnos de las manos, no?"

El chino dio su usual frunce e ignoró la insinuación. "Veo que Heero y su niñita no han regresado." Sacudió su cabeza. "No debería haber terminado para este momento? Sólo toma unos minutos…"

"Espero que Heero sepa en lo que se está metiendo," Trowa lo interrumpió. Miraba su desayuno mientras hablaba. "No es como si él realmente pudiera estar con ella."

"Y lo sabrías?" preguntó Wufei.

Trowa aclaró su garganta. "Lo sabría."

Una larga pausa siguió. Finalmente, Wufei habló. "Date la vuelta y dime que no es un barco acercándose."

La cabeza del otro hombre se giró, el desayuno olvidado. Sus ojos verdes se abrieron y se levantó abruptamente. "Creo que han visto nuestro fuego." Él tragó.

Wufei codeó a la mujer junto a él. "Mujer… mujer, despierta." Los ojos azules de Sally se abrieron adormilados. "Hemos sido encontrados," le dijo él.

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Duo tenía anclado el barco justo afuera de las impenetrables aguas del arrecife de coral de la isla. Sentía los ojos de Hilde en él mientras ayudaba a la tripulación a bajar el bote al agua. Finalmente, cuando la tarea estuvo completa, se giró para encararla.

"Vas a venir?"

Sus ojos se iluminaron mientras asentía ansiosa. Cruzó la cubierta y se le unió a Duo, Quatre y a tres de los otros nativos miembros de la tripulación mientras comenzaban a bajar la escalera de soga hacia el bote. Su impaciencia aumentó mientras comenzaban la lenta tarea de remar a la isla. Sabía que estaba nerviosa y no le importó. Todo lo que le importaba era ver los rostros familiares de las personas que amaba… las personas con las que casi había perdido la esperanza de ver otra vez. Wufei, Trowa… Heero.

"Pueden remar más rápido por favor?" Hilde le preguntó a un tripulante. El hombre sonrió, sus dientes brillantemente blancos contra su oscura piel.

Duo la observó temblar con anticipación antes de que se volviera muy duro para él observar más. En vez, observó la orilla mientras se acercaba. Había dos fuegos que ahora podía ver, el grande de aviso y uno más pequeño, probablemente para dar calor o cocinar. Sintió movimiento en la orilla, pero ninguna silueta tomó forma hasta que se acercaron mucho más.

Cuando estuvieron aproximadamente a cuarenta pies de la orilla, Hilde cerró sus manos alrededor de su boca. "Heero!?"

"Hilde… aquí estamos!!" respondió una segunda voz. Definitivamente era de Wufei.

El entusiasmo inicial de Hilde comenzó a titubear. "Ese es Wufei… también está bien." Frunció ella. "Pero qué hay de Heero?"

Duo no estaba seguro si sus celos eran justificados, pero estaba comenzando a disgustarle este Heero.

Cuando el agua fue lo baja suficiente, Hilde no pudo soportar esperar más. Podía ver a Wufei y a Trowa, con la baronesa, de pie en la orilla. Todo lo que quería hacer era lanzar sus brazos alrededor de los dos hombres… y preguntarles sobre Heero.

Ella saltó por el costado del bote y aterrizó en el agua. "Oye!" le gritó Duo. "Qué demonios estás haciendo?" Hilde lo ignoró y comenzó a anadear. Emergió en la orilla corriendo, su masculina ropa aplastada a su cuerpo. Corrió directo a los brazos de Trowa.

"Estás vivo!" gritó ella en su pecho. "Pensé que todos estaban muertos!!" Su amigo la abrazó, sin palabras ante su disposición para dárselo.

Wufei se les unió y se encontró próximo en la fila para un abrazo rompe huesos. "Dónde empacas toda tu fuerza, pequeña?" le preguntó él.

Hilde se separó e hizo la pregunta que absolutamente necesitaba responder. "Dónde está Heero?"

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Heero estuvo despierto mucho antes que Relena. Estaba contento de recostarse en la arena para siempre con su pequeño cuerpo acurrucado junto al suyo, observándola dormir. Despertar en los brazos de una mujer nunca había cruzado su mente como algo que le gustaría hacer. Ahora, sabía que nunca se sentiría completo a menos que comenzara cada mañana así. Pero, pensó mientras retiraba un perdido mechón de su cabello de su rostro, sólo lo haría en los brazos de Relena.

Cuando ella finalmente despertó, Relena no dijo nada. Sólo lo observaba, perdida en el amor que sentía en su mirada. Temerosa de que si hablaba, el momento se perdería, simplemente llevó su mano hacia su mejilla. Él cubrió su mano con la suya y llevó sus dedos a sus labios.

Finalmente, Relena no pudo mantener a raya sus pensamientos. "Por favor dime que no estoy soñando," susurró.

Heero sonrió. "No lo estás."

"Por favor dime que esas veces que me despertaste durante la noche tampoco fueron sueños."

"Las veces que *yo* te desperté a *ti*?" preguntó él, puntualmente.

Ella le dio una traviesa sonrisa. "Tal vez fue más algo mutuo. Quienquiera que despertara a quien… me alegra que no fuera un sueño." Relena se presionó más a su cálido cuerpo.

"Relena," comenzó él, titubeante, unos minutos después. "Tengo hambre."

Su cabeza se levantó. "Y yo tengo sed." Parpadeó. "Esto significa que tenemos que levantarnos?"

Él asintió. "Eso creo. Pero…" le aseguró. "Siempre podemos regresar."

Relena sonrió y lo dejó ponerla de pie. Después de recuperar su equilibrio, sus brazos la rodearon. Él la besó profundamente. "Estás seguro que tenemos que…" comenzó ella.

"Necesitamos alimento."

Ella hizo un puchero juguetona. "Supongo que no soy tan tentadora como un pescado rostizado o un plátano, verdad?"

Heero la levantó del suelo. "Eres un tipo de alimento diferente. Uno del que nunca tendré suficiente."

"Hmmm…" Relena le dio un suave beso. "Está bien. Eso es bueno de escuchar."

Después de una rápida sumergida en la laguna para lavar la arena, se pusieron lo que quedaba de su ropa y siguieron el arroyo de agua fresca de regreso a su destino final. De las manos, emergieron en la playa. Lo que encontraron esperándolos hizo que el estómago de Heero se desplomara.

Varios nativos en ropa europea vigilaban de cerca a Trowa, Wufei y Hilde. Ellos, a cambio, estaban siendo observados por dos hombres blancos, uno rubio y vestido con el último grito de la moda; el otro, todo de negro con una afeminada trenza colgando por su espalda.

Relena se aferró al brazo de Heero. Lo que quedaba de su vestido no era indecente cuando la ropa de todos los demás estaban rasgadas, pero con la aparición de dos extraños completamente vestidos, de repente se sintió incómodamente expuesta. El hombre los miró cuando salieron a la vista.

Los ojos de Hilde se abrieron. "Heero!!" gritó ella, corriendo hacia él. Uno de los nativos la agarró, deteniéndola. "Suéltame! Qué haces?"

El hombre con la trenza le habló. "Está bien." El hombre soltó a Hilde y después de lanzarle la mirada más odiosa que pudo conjurar, rápidamente abarcó la arena entre ella y su viejo amigo y lanzó sus brazos alrededor del cuello de Heero.

Heero le devolvió su abrazo con igual emoción. Mostrar los sentimientos le pareció más fácil de repente. Él miró a Relena. Todo se lo debía a ella. Retirando los brazos de Hilde de su cuello, cubrió su rostro en sus manos. "Qué pasa? Quiénes son esos hombres?"

"Pensé que estabas muerto," sollozó ella en vez de responder. "Encontramos restos donde se supone que iban a estar…"

"Un huracán," dijo Heero. "Estamos bien. Hilde… los hombres…"

Ella se sonó. "Hice lo que se suponía… hasta que me perdí. Pero me topé con ellos… estaban buscando el barco de Kushrenada. Trabajan para él. No quise decirles quien era, Heero, lo juro. Pero Duo… él no me creía."

"Quién es Duo?" Heero la sacudió gentilmente. "Dime qué pasa, Hilde?"

"Es muy fácil de imaginar." El hombre trenzado se les acercó. "Sí y no te molestes en mostrar *demasiada* gratitud por salvar a tus amigos." Él señaló a Trowa y a Wufei. "Tus hombres ya nos han dado suficientes gracias." Su voz expelía sarcasmo.

Heero frunció y apretó la mano de Relena. "Quién eres?"

"Duo Maxwell, a tu servicio." Guiñó él. "Y al suyo, mi lady." Por el rabillo de su ojo, Heero notó los ojos de Hilde siguiendo cada movimiento de este Duo Maxwell. Le molestó.

Antes de más conversación, el otro hombre se les unió. "Srta. Peacecraft?" Su boca se desplomó mientras asimilaba la vista de la desaliñada mujer presionada al costado de Heero. "Srta. Peacecraft… qué le han hecho?"

"Lo conozco?" preguntó Relena, cruzando sus brazos sobre sus senos casi expuestos.

Él sacudió su cabeza. "Nunca nos hemos presentado oficialmente, aunque la vi en la boda de su hermano hace años. Mi nombre es Quatre Winner. Soy un buen amigo de Lord Kushrenada."

Relena asintió. "Perdóneme por no inclinarme, señor."

"Está bien." Quatre le alcanzó una mano. "Venga. Vamos a alejarla de estas personas."

Los ojos de Heero se oscurecieron con lo que Relena reconoció como furia. "Relena decide si se va o se queda."

"Tiene mucha audacia, señor, para dirigirte a la Srta. Peacecraft por su nombre cristiano."

Relena levantó su mano. "Por favor, está bien. Este hombre no ha hecho nada sino salvar mi vida, Sr. Winner. No hay ningún lugar donde me sienta más segura que con él."

Duo lamió sus labios. "No puedes quedarte con él, duquesa."

Ella se molestó; sólo era la duquesa de un hombre. "Puede llamarme 'Srta. Peacecraft', señor."

"Srta. Peacecraft, bien. Pero aún no puede quedarse con él." Duo le indicó a un nativo. "Porque estoy arrestándolos a todos." Él pausó y miró a Hilde. "Incluyéndola a ella." Sus ojos regresaron a Relena mientras aceptaba una soga del tripulante. "Así que, por favor vaya con Quatre. Va a hacer todo más fácil si no tengo que ponerla también en el calabozo."

Ella miró los ojos de Heero por seguridad. Ellos estaban humedecidos con lágrimas contenidas. Todo lo que hizo fue asentir y soltar su mano.

Relena estaba muy nublada para hacer algo cuando Quatre la alejó gentilmente de Heero. Fue sólo cuando vio las sogas comenzar a ser amarradas alrededor de las muñecas de su amante que reaccionó. "No!" gritó ella. "No pueden hacer esto… por favor!" Quatre la mantuvo en línea, deteniéndola de regresar a él. "Por favor… no hagan esto… Heero… Heero!!!"

Heero cerró sus ojos, incapaz de soportar verla siendo alejada de él. Las sogas se clavaban en su piel, pero el dolor no era nada comparado a cuando ella comenzó a llamar su nombre. Cuando sus gritos se desvanecieron, reabrió sus ojos. A su lado, Duo estaba amarrando las muñecas de Hilde en su espalda.

Él observó a la pequeña niña que había protegido por tanto tiempo mantener en alto su mentón a pesar de la descorazonada situación. El hombre de trenza parecía estarse tomando mucho tiempo con sus sogas, para gusto de Heero, con más preocupación en sus movimientos del que un carcelero debía darle a su cautivo.

"Duelen? Puedo aflojarlas," dijo Duo, una vez que terminó.

Hilde se rehusó a mirarlo. "Preferiría que no me tocara más, señor."

Hubo dolor en los extraños ojos violeta del hombre ante sus palabras. Si no hubiese estado pensando en Relena, probablemente le hubiese prestado más atención. Pero como estaba, todo en lo que Heero podía pensar mientras esperaba por el regreso del bote, era en sus últimos momentos juntos, tomados de las manos, haciendo su recorrido por el bosque tropical… dirigiéndose hacia una inevitable conclusión.

Él bajó su mentón hacia su pecho y dejó caer unas pocas lágrimas.

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Continuará…