SILUETEADO POR EL MAR
(Silhouetted by the Sea)
Por Kristen Elizabeth
Traducido por Inuhanya
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Capítulo 11
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Sally estaba esperando en *El Rose Queen* cuando Relena fue llevada desde la isla en un estado de completo shock. La mujer estaba envuelta en un edredón; sus ojos brillaban con sus propias lágrimas. Después de que Relena fue ayudada a subir, Sally lanzó la colcha y corrió hacia ella, envolviendo a la joven en un abrazo.
Relena apenas tuvo una reacción. "Cómo pasó esto?" preguntó suavemente.
"No había nada que pudieran hacer! Wufei y Trowa estaban superados en número…" se detuvo cuando notó a Quatre observándolas. "Vamos. Continuaremos abajo." Mientras guiaba lejos a Relena, se dirigió a Quatre. "Podría arreglar un baño y ropa limpia para mi y la hermana del duque?"
El rubio asintió. "Por supuesto, Baronesa." Las dos mujeres desaparecieron bajo cubierta.
Una vez que estuvieron fuera de vista, Sally tomó las manos de Relena. "También capturaron a Heero?"
Relena asintió. "Habría sido inútil… pelear para él. Me alegra que no lo hiciera o podría haber sido… herido." Ella cerró sus ojos.
Ellas entraron a una cabina y Sally urgió a Relena a sentarse en una cama. Sentándose a su lado, abrazó a la joven. "Estuviste con él anoche?" Relena asintió. "Te entregaste a él?"
"Felizmente," susurró Relena. Ella hundió su rostro en el hombro de Sally. "Oh, Sally… no me importa si fue un error o algo malo. Lo amo. Lo amo demasiado." Su cabeza se levantó. "No pueden meterlos a la cárcel! Salvaron nuestras vidas!! Eso no cuenta para nada?"
"Aparentemente no cuando pesa contra la piratería." La voz de Sally tembló cuando recordó las últimas palabras de Wufei para ella antes de que fuera inevitable que lo capturaran. *Estarás bien,* le había dicho al oído. *Eres la mujer más fuerte que conozco.* Sally parpadeó rápidamente.
Relena secó sus propias lágrimas. "Qué les pasará a ellos… y a nosotras?"
"Supongo que Kushrenada los procesará. Tal vez los envíe a América para enfrentar cargos." Las palabras dejaron un horrible sabor en la boca de Sally. "Y por nosotras… Yo regresaré a Inglaterra. Y tú…"
"Tendré que casarme con él." Relena se levantó y cruzó la cabina hacia la ventanilla. "Heero me dijo anoche… dijo que nunca me dejaría." Se giró. "No dejaré que nadie lo haga romper esa promesa, Sally."
Sally bajó sus ojos. "No veo que haya mucho que podamos hacer, Relena."
"Pensaremos en algo," dijo Relena firme. "He pasado toda mi vida esperando por Heero. Nunca lo supe hasta que lo vi. Y *no* voy a perderlo ahora."
Hubo un golpe en la puerta y un tripulante entró con un bacín lleno de agua caliente. Se fue un momento después. Sally se levantó y se lo acercó a la joven. "Primero, vamos a asearnos. Y luego veremos qué podemos hacer." Ella cubrió la mejilla de Relena. "También tengo a quien proteger en el calabozo."
Relena asintió. "Esperaba que dijeras eso."
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Duo entró en el calabozo del *Rose Queen* la mañana en que alcanzaron Barbados. En los dos días desde el rescate de la Baronesa y la hermana del Duque, y el subsecuente arresto y encarcelación de Hilde y sus amigos piratas, Duo había sido incapaz de reunir el coraje para descender a los depósitos del barco donde los prisioneros estaban siendo detenidos. No estaba orgulloso de sí mismo, pero al minuto que Barbados había sido avistado, Duo se obligó a bajar a los calabozos.
Las dos mujeres habían intentado entrar para ver a los prisioneros. De acuerdo a Quatre, ambas habían bajado al menos cuatro veces en cuarenta y ocho horas, pero en cada instancia, el guardia de turno las había alejado, recordándoles que los calabozos no eran lugar para una dama. Duo se molestó al escuchar eso; había una dama encadenada al fondo del *Rose Queen*. Y él la había puesto ahí.
Así que, después que la pequeña porción de Barbados fue vista por el guardia matutino, Duo se encontró bajando al calabozo con más que sólo emociones mezcladas en su mente. Necesitaba verla, verificar por sí mismo que estaba bien… o lo bien que cualquier prisionero pudiera estar. Llevó con él un plato de galletas. Otro reporte que había recibido era que no estaba comiendo.
El aire al fondo del barco era escaso. La única luz venía de la linterna que sostenía en su mano y el otro guardia. Despidió al nativo y avanzó hacia el final de la habitación y hacia el grupo de piratas en cadenas.
Ella lo vio venir mucho antes de que la alcanzara y tomó la oportunidad para acercarse más a Heero como sus cadenas la dejaban. Cuando se detuvo a unos pies de ellos, Hilde giró su rostro en el hombro de su líder, rehusándose a mirarlo.
Duo mordió su labio. "Les he traído algo de comer."
El chino quien se había identificado como Wufei Chang cuando fue arrestado, frunció sus ojos. "Preferiríamos morir de hambre."
Heero lo miró, la cabeza de Hilde pesada en su hombro. "Déjalo y vete."
Duo bajó el plato. No podía ver su rostro; tal vez estaba bien. Si no podía ver sus ojos, no vería el odio que tenía que haber en ellos. "Hilde…" comenzó él.
Trowa descansó su cabeza contra la húmeda pared de madera. "Honestamente crees que la dejaríamos hablarte aún si quisiera?"
"No presumiría hablar por ella," espetó Duo. "Tampoco deberías tú."
Hilde levantó su cabeza ante sus palabras. Tendría que enfrentarlo en algún momento. Aclarando su garganta, se dirigió a su amigo. "Puedo manejarlo, Trowa." Sus ojos se levantaron para encontrar la mirada violeta de Duo; su corazón golpeaba en su pecho. "Has hecho lo que viniste a hacer?"
"No. Quiero verte comer antes de irme." Duo se agachó y levantó el plato.
"Por qué debería hacer lo que me pide, señor?" Hilde levantó sus encadenadas muñecas. "Tú eres la razón de por qué estamos aquí."
Duo apretó sus ojos por un momento. "No tuve elección. Yo… de cierta forma, no soy más libre que ustedes."
"Basura," siseó ella.
"Crees que me gusta verte así? Lo odio, Hilde. Nunca quise que esto pasara!" La frente de Duo se arrugó. "Lo juro por dios… no lo quise."
Heero le dio una fría y sospechosa mirada al hombre trenzado. "Exactamente qué está pasando aquí?"
Hilde lamió sus labios secos. No pareció escuchar a Heero, tan concentrada estaba en el rostro de Duo. "Si querías joderme, señor, debiste haber terminado lo que comenzaste esa noche."
Rabia destelló en los ojos azules del pirata líder. "La tocaste?" Él se sentó tan derecho como pudo, sus músculos rígidos. "Hilde… te lastimó? Él intentó…"
Ella lo interrumpió. "Está bien, Heero. Nada pasó que no quisiera."
"Lo hizo." Heero igualó a Duo con una mirada asesina. "Maldito bastardo." Como una serpiente, se lanzó, buscando agarrar la garganta de Duo. Pero las cadenas conectándolo a la pared lo mantuvo en su sitio, sus brazos extendidos frente a él… a simples pulgadas de su blanco.
Duo apenas hizo una mueca. En vez, tragó y se levantó. "Nunca quise lastimarte, Hilde. Por favor, créelo."
"No," le dijo llanamente. "Si realmente lo dices en serio… harías algo para ayudarnos."
"No puedo."
Hilde giró su cabeza. "Entonces… vete. No quiero hablar contigo de nuevo."
Heero continuó luchando contra sus cadenas. "Si llego a ponerte las manos encima…" no necesitó terminar su amenaza.
Trowa miró al hombre de trenza, sus ojos verdes usualmente vacíos estaban llenos de odio, y terminó la amenaza por su líder. "La trenza no será lo único que corte."
"Lo siento," le dijo Duo, retrocediendo. Cuando no recibió respuesta, se giró y se fue.
Una vez ido, habiéndose llevado la luz de la linterna con él, Heero dirigió una mirada en dirección de Hilde. Podía escuchar sollozos amortiguados en la oscuridad. "Hilde," comenzó. "Dime que no te lastimó."
"No lo hizo," susurró ella. "No a mi cuerpo, de cualquier forma."
Heero suspiró y alcanzó para tocar su cabello. Falló y en vez agarró su hombro. "Lo mataría si lo hizo. Encontraría una manera."
Wufei resopló suavemente. "Escasamente eres quien para juzgar, Heero. O pasaste todo el último día en la isla simplemente hablando con la duquesa?"
Porque Wufei era un amigo y estaba tan hambriento, enojado, incómodo y encadenado como él, Heero dejó pasar el comentario con una simple advertencia. "Cuida lo que dices."
Hilde se sonó. "Te gusta la hermana del Duque, Heero?" Él no dijo nada. "Tiene vestidos hermosos," ofreció ella.
Él sonrió en la oscuridad, donde nadie podía ver. La sonrisa se desvaneció casi tan rápidamente como apareció. "Lo que siento o no siento es irrelevante ahora. Tal vez siempre lo fue." Sacudió su cabeza. "No debo amarla. Vamos a dejarlo así."
Un cálido cuerpo se acurrucó contra él de nuevo; el peso de las cadenas alrededor de su delgadas muñecas descansó en su estómago. "Lo siento, Heero. Siento que todo esto es mi culpa."
"Hiciste exactamente lo que te dije hacer," le aseguró. "No hay culpa. Sólo las circunstancias más allá del control de alguien."
La culpa aún presionaba su pecho. Hilde cerró sus ojos. "Qué va a pasarnos en Barbados?"
"No lo sé," respondió Heero. "Realmente no lo sé."
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"Este es." Relena levantó su parasol para escudar el sol de la media mañana. "Esto es Barbados."
A su lado, Sally asintió. "Realmente no pensé que lo lográramos."
"Esperaba que no." La joven se giró de la baranda. "Al menos tal vez pueda ver a Heero cuando desembarquemos."
"No eleves tus esperanzas, Relena." Sally levantó el mentón de la joven con un dedo enguantado. "Estaremos bien idas antes de que los suban del calabozo."
Una lágrima se deslizó por la perfecta mejilla de Relena. "Quiero verlo, Sally. Lo extraño tanto…"
"Lo sé." Los ojos de Sally eran compasivos. "Pero tal vez…" se detuvo.
"Tal vez qué?"
"Tal vez es mejor que no lo veas," continuó Sally después de un momento. "Hará las cosas más fáciles… cuando te cases con Kushrenada."
Relena sacudió su cabeza. "No tengo intención de casarme con Lord Kushrenada."
"No creo que tengas opción." Ella mordió la punta de su lengua. "Lo siento, Relena."
La joven presionó su mano contra los broches en su peto, aplastando los moños rosa. "Cuando pienso en él tocándome el brazo… me enferma." Su mano se movió a su boca. "Por qué no tengo elección, Sally? Algo tan importante en mi vida… y no tengo palabra en ello? Cómo es justo esto?"
"No lo es." Sally levantó sus hombros. "Pero qué vas a hacer sobre…" Ella fue interrumpida por la entrada de Quatre.
"Señoritas," las saludó. Su expresión era una mezcla de amabilidad y simpatía. "Confío en que están bien."
Relena bajó su mano. "Tan bien como puede esperarse, Sr. Winner."
Él asintió y miró a la cercana tierra. "Barbados siempre luce invitante desde el agua."
"A menos que uno también viaje a un matrimonio arreglado o al encarcelamiento."
Quatre bajó sus ojos ante las amargas palabras de Relena. "Verdaderamente siento que se sienta así, Srta. Peacecraft. Si embargo puedo asegurarle que mi amigo Treize es un hombre muy bueno que mantiene su palabra. Hará todo en su poder para cuidar de usted, justo como se lo prometió a su hermano."
"Sr. Winner." Sally consideró al rubio fríamente. "Si no tiene quejas sobre los matrimonios arreglados… por qué la Condesa de Catalonia aún reside en Italia, soltera?"
Él parpadeó varias veces. "No estaba consciente de que mi vida personal se había vuelto un chisme de la sociedad."
"No necesita discutirse más," dijo Relena gentilmente. "Sólo, por favor, no alabe las virtudes de un matrimonio forzado si no puede tolerarlo."
Quatre desvió la mirada. "Muy bien." Cuando miró nuevamente, le dio otra triste sonrisa. "Por favor acepte mis disculpas." Después de otro momento, las dejó en la baranda.
Relena suspiró. "Parece que lo siente realmente. Tal vez nos deje ver a Heero y a…"
"Creo que no debemos contar mucho con él, Relena. Es amigo de Kushrenada."
"Supongo." Ella miró hacia el puerto de Barbados. Toda una vida había pasado desde la última vez que había caminado en la civilizada tierra de Savannah. No era más una joven ingenua, preocupada con la moda y la propiedad. Había enfrentado la muerte y abrazado el amor. Una mujer caminaría en la plantación de Kushrenada, reluctante, sí, pero con su cabeza en alto.
Aunque no podía verlo, sabía en su corazón que Heero estaba ahí. La idea fue suficiente para hacerla continuar. Aún mientras era ayudada a salir del bote y poner pies en Barbados, no sintió nada sino fuerza del hecho de que estaba cerca, fuera de vista, pero muy seguramente no fuera de su mente.
Su ausencia no fue bien recibida. La de Lord Kushrenada no lo era. Cuando falló en aparecer en el puerto para recibirlas, Relena apenas se molestó. Miró a Sally. "Supongo que tiene asuntos más importantes que atender que recibir a su novia." Cerrando su parasol, entró en el carruaje. "Y está perfectamente bien conmigo."
Todo el viaje a través de sus extensos cañaverales pasó en silencio. Relena miraba las filas de plantas alineando el camino, observando a los esclavos cortar y sesgar las altas plantas, la mayoría dos o tres pies más altas que el trabajador más alto. El aire en el carruaje era cálido; sintió un rastro de transpiración bajar entre su modesto escote. Sally le alcanzó un pañuelo; delicadamente secó todos los rastros del calor justo cuando el carruaje se detuvo en frente de la casa principal.
Quatre salió del carruaje que las había seguido, pero Duo no estaba por ningún lado. Él estaba con los piratas, supuso Relena. Con Heero… Conteniendo lágrimas, aceptó la ayuda de un esclavo para salir de su carruaje. El rubio extendió su codo para que lo tomara. "Me disculpo por la ausencia de Treize. Probablemente no ha sido informado de nuestra llegada."
"Por supuesto," Relena respondió suavemente. Ella rechazó el codo de Quatre, tomando en vez la mano de Sally. "No querría perturbar su trabajo. Debe tomar mucho tiempo y energía esclavizar… cuántas personas? Cincuenta? Sesenta?"
La voz de Quatre estaba tranquilamente avergonzada. "Doscientas."
La boca de Relena se desplomó. Sally habló rápidamente antes de que la joven pudiera decir más. Iba a meterla en problemas si no aprendía a controlar su lengua. "Sr. Winner, podríamos resguardarnos del calor? Me temo que está teniendo efectos adversos en Relena."
"Sin duda." Quatre subió los anchos escalones de ladrillo de la casa. "Después de ustedes, señoritas." Desapercibido para las mujeres mientras lo seguían, una solitaria figura observando desde las ventanas arriba dejó caer las cortinas en su lugar mientras se desvanecían de su vista.
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A la siguiente mañana, Treize estaba esperando por Quatre antes de que finalmente golpeara en la puerta de su estudio. "Adelante," llamó él. Su amigo lo hizo cautelosamente. Treize le asintió. "Bienvenido."
"Fue un viaje interesante." Dijo Quatre, cerrando la puerta tras él. "Si fuera a escribir un libro, ciertamente vendería muchas copias. El mar… restos de barcos… islas desiertas. Y la pobre Srta. Peacecraft en las manos de piratas sanguinarios."
"Si es así." Treize alcanzó por su vaso de brandy. "Bueno, en cualquier caso, te agradezco por el regreso del *Lady Une*. Verla regresar al puerto la semana pasada…" Tomó un sorbo de licor. "No hay necesidad de decir, estoy en deuda contigo."
Quatre sacudió su cabeza. "No hay deudas entre amigos." Pausó. "No vas a preguntar sobre tu novia?"
"No hay necesidad." El hombre bajó su brazo. "Ya la he visto."
"Y?" urgió Quatre.
Treize se levantó y caminó hacia su ventana. "Había esperado que su cabello fuera más oscuro."
"Un detalle menor, Treize. Es encantadora, de verdad. Un poco de espíritu, pero siempre has admirado una mujer con pasión." Quatre se sentó en una silla. Las cosas que no estaba diciendo sobre Relena pesaban en su pecho. Aún era mentir no decirle a Treize que su novia despreciaba la idea de casarse con él? Cuando Treize continuó mirando por la ventana, tomó una gran oportunidad. "Sabías que no sería Une."
Finalmente, el hombre se giró. "Tráemela."
Quatre frunció. "No es una esclava, Treize. Podría decirle que esperas conocerla, pero no le daré una orden como si fuera…"
"Entonces iré a verla." Treize avanzó hacia la puerta. Se detuvo con su mano en el pomo de vidrio. "Al menos dime que sus ojos son marrones."
"Azules," respondió Quatre. "Como el cielo." Treize abrió la puerta y se fue. El rubio suspiró. "Ella no es Une, Treize. Y nunca lo será."
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Se supone que no debería dejar el barco. Estaba en el contrato que había firmado con Kushrenada. Simplemente iba a quedarse a bordo del *Rose Queen* y a ser depositado en una isla vecina. Sus pies nunca iban a tocar el suelo de Barbados otra vez.
Pero Duo Maxwell no era conocido por seguir las reglas.
Esto era especialmente verdad, decidió él, cuando justo el día anterior, la mujer que amaba había sido embarcada como una mercancía por el puerto, hacia la cárcel en la que dos años de la vida de Duo se habían desperdiciado. Más que retirarse a su cabina hasta que el barco zarpara a la mañana siguiente, Duo tranquilamente reunió sus pocas pertenencias, guardó su trenza en su camisa, se colocó un sombrero sobre sus ojos y se unió a la tripulación mientras remaban hacia la orilla.
En el puerto, partió con otros hombres antes de que alcanzaran sus destinos, la taberna más cercana. El camino a la cárcel atravesaba el concurrido puerto y continuaba varias millas en el bosque tropical. Duo caminaba rápidamente; entre menos tiempo Hilde tuviera que pasar en el infierno de la cárcel de Barbados, mejor.
El plan para liberar a Hilde y a sus amigos piratas no estaba completamente formado, pero era lo único que había podido pensar desde su encuentro en el calabozo. Era algo que tenía que hacer y las consecuencias al diablo. Arriesgaría cualquier cosa para sacarla de esas cadenas.
Incluso la opción de que pudieran ponérselas de nuevo.
Con los nuevos prisioneros, la pequeña cárcel que tanto aborrecía ahora estaba casi llena. Duo imaginó que esto justificaba los tres guardias extra que Treize había puesto alrededor del edificio. Midió su tiempo, esperando hasta que uno de los nativos saliera hacia el borde del claro para aliviarse en los arbustos. Cuando el guardia le dio la espalda, Duo se escabulló en la cárcel.
El primer guardia adentro nunca lo vio venir. Duo lo derribó con un simple golpe y cayó al suelo. Después de liberar al hombre inconsciente de sus llaves, Duo bajó por los conocidos corredores.
Él encontró a Hilde en segundos cuando ella gritó fuerte, "Qué demonios estás haciendo aquí??"
"Shh!!" Duo agarró las barras en su pequeña celda. "Voy a sacarte…" Miró alrededor a los otros. "… a todos… fuera de aquí!"
Al otro lado del corredor, Heero se levantó de su sucio catre. "Eres tonto o simplemente te falta sentido común?" le preguntó al hombre de trenza. "Eres quien nos arrestó! Y ahora quieres ayudarnos a escapar?"
Hilde frunció sus ojos. "Por qué te importa, Duo?"
"Me importa porque…" lamió sus labios. "Quiero decir… me importa porque yo…" Antes de que toda la declaración de amor pudiera materializarse, Duo sintió el frío metal de la punta de un mosquete presionado contra su oreja.
"No te muevas, Maxwell," ordenó uno de sus viejos guardias. Duo levantó sus manos por instinto. "Qué estás haciendo aquí?"
Duo levantó sus hombros. "Me creerías si dijera que extrañaba este lugar?"
"No," respondió el hombre español. "Y sé que se supone que no debes estar aquí en esta isla. Pero, pensándolo bien… debes extrañar este lugar. Porque te garantizaste una buena y larga estadía aquí. Otra vez."
El corazón de Hilde se atascó en su garganta. "Duo… por qué estás haciendo esto?" Ella envolvió sus manos alrededor de las barras de su celda, donde sus manos habían estado minutos antes, y observó mientras Duo era conducido a una celda esquinera a la suya. "No! Déjenlo ir… no ha hecho nada malo!"
El guardia cerró la puerta de Duo y la aseguró con mucha alegría. "Tomen un buen descanso, todos ustedes. El Amo Treize estará esperando verlos en los próximos días."
"Por qué la demora?" Murmuró Trowa. "Preferiría terminar con eso."
"Tan pronto como termine la boda, no los hará esperar mucho más," prometió el español.
La cabeza de Heero se estrelló contra las barras de metal. Relena… casándose… alguien más tocándola… haciéndole el amor… Él levantó su cabeza para otro golpe con la puerta de la celda.
"Adelante y acaba con tus neuronas." El guardia giró sus llaves en su dedo. "Será una soga menos que colgar en la horca." Riendo, los dejó.
Los preocupados ojos de Hilde se movieron entre las celdas de Heero y Duo. "No puedo creer esto," terminó diciendo ella. "Cómo pudiste haber sido tan estúpido, Duo!"
"Estúpido!" Él presionó su rostro contra las barras de metal para verla mejor. "Estaba tratando de salvarte!!"
"Tuviste muchas oportunidades durante días para evitar esto," contestó Hilde. "Por qué decidiste esperar hasta ahora?? Sabías que también te meterían a la cárcel!! Tal vez eres tonto!!"
Los ojos de Duo destellaron. "Bien!! Soy un tonto. Pero un tonto que está completamente enamorado de ti!!!"
Silencio llenó la cárcel. Incluso Heero se tomó un descanso de golpear su cabeza contra su puerta. Hilde miró a su amante trenzado. "Tú… no puedes… digo, dijiste que no podías… y yo…" Ella miró sus pantalones. "Yo no soy… sólo podrías querer a alguien más bonita que… no… no, no lo dices en serio."
"Sí. Es muy en serio." Duo extendió sus manos. "Crees que regresaría aquí sólo para rescatarlo a él?" Señaló la celda de Heero.
Hilde bajó sus ojos. "No… no me hagas esto." Ella se sonó y dejó caer sus lágrimas detrás de la cortina de sus desordenados mechones. "No ahora… cuando no podemos hacer nada sobre eso… cuando estamos encerrados así…" Su cabeza se levantó. "Preferiría recordarte abrazándome."
Los ojos de Heero estaban muertos para el mundo y su mente estaba muerta para la conversación. Relena. Continuaría con el matrimonio aún después de lo que compartieron en la laguna? Tenía la muy vaga y la muy loca idea de que tal vez su noche de pasión había creado más que sólo emociones nuevas en su corazón. Qué si también había creado un niño en su cuerpo? La simple idea de un esclavizador aristócrata británico criando un hijo nacido de su conexión con Relena hacía hervir su sangre.
Se reunió con el mundo después de su breve partida a sus pensamientos sólo para escuchar la palabra final de Hilde en el asunto en mano. "Bueno… si te dije que te amaba… sólo fue porque lo que me hiciste se sintió muy bien."
Todos los ojos masculinos se desviaron hacia la joven ante su fuerte declaración. Heero ignoró el dolor de su cabeza mientras hablaba. "Me dijiste que no te tocó."
"Dije que su toque no fue forzado," le recordó a su protector.
Duo pudo sentir realmente su corazón arrugándose ante su admisión. "Entonces… no me amas?"
"No," mintió Hilde. "Lo siento."
"Bien, entonces." Duo se alejó de su puerta y fuera de su vista. "Eso es."
El mentó de Hilde tembló. "Sí. Así es."
Heero se desplomó en el manchado colchón de su catre. La recién descubierta sexualidad de Hilde… su encarcelamiento… el inminente matrimonio de Relena. Era mucho de soportar para él. Después de dos días de sentarse derecho, encadenado en el calabozo sin un momento de descanso, Heero cerró sus ojos y se dejó arrastrar en la dichosa inconsciencia del sueño.
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Relena apenas había terminado de sujetar su peto a su vestido cuando hubo un golpe en la puerta de la suite en la plantación de Kushrenada a la cual Quatre la había conducido a su llegada. Observó la puerta durante un segundo llamado, perezosa de responderle. No estaba muy segura de que estuviera lista para conocer al hombre a quien había sido prometida.
Un tercer golpe nunca llegó. La puerta simplemente se abrió y un hombre alto con rizos rojizos entró en su dormitorio. Relena puso una mano en su maquillada garganta. "Lord Kushrenada, presumo?"
El hombre asintió. "Presumes correctamente, mi lady. Bienvenida a mi plantación. Confío en que tu dormitorio fue cómodo anoche."
"Sí. Gracias."
Hubo un largo minuto de silencio. "Cómo está tu hermano?" Treize preguntó finalmente.
"Está bien, señor, de lo que sé. Un hijo estaba en camino cuando partí de Inglaterra."
Treize sonrió. "Bien. Muy bien."
La conversación murió por segunda vez. Relena absolutamente no podía encontrar nada que decirle a este hombre. Así era como iba a ser el resto de su vida? Su corazón gritaba por Heero. Siempre tenía algo que decirle a Heero; una vida con él nunca podría ser aburrida.
Su prometido aclaró su garganta. "Estoy muy feliz de que ahora estés a salvo. Debe haber sido mucho problema para ti."
"Al principio, sí lo fue." Relena bajó su mano a su costado. "Pero al final… fue una experiencia sorprendentemente plácida."
Treize levantó una ceja. "Sí?"
"Bueno…" sonrió Relena, coquetamente. "Muchas mujeres sólo pueden soñar con piratas e islas desiertas. Y yo viví la aventura… completamente."
Cualquier rastro de sonrisa cayó de su rostro. Relena mordió el interior de su mejilla. Había ido muy lejos? Su insinuación fue menos que disimulada? No pudo evitarlo. El hombre lucía tan pagado de sí mismo en su traje, mandando sobre su mansión al punto donde podía entrar a una habitación sin ser invitado. Él la miraba como si fuera una propiedad que estaba decepcionado de poseer y ya lo odiaba.
"Sí?" Él la miró; Relena tuvo la vaga sensación de que podía verla a través de su ropa. Se sintió más expuesta que en la isla. "Los piratas te trataron bien, entonces?"
"Mucho," susurró ella.
Él le dio una fría sonrisa. "Tendré que recordar eso cuando llegue a su sentencia. Pero antes de eso…" Él tomó su mano y la llevó a sus labios. "Nos casaremos."
"Sí?"
"Sí." Sus ojos se fruncieron.
Relena elegantemente retiró su mano. "Perdóneme, señor. Pero unos cuantos días para aclimatarme a este pesado clima sería más apreciado."
"No te acostumbraste en la isla? Con tus piratas?"
"Uno no considera el clima cuando está luchando por sobrevivir."
Treize alcanzó sus ojos por alguna señal de la inocencia que le había sido prometida. En las profundidades azules, idénticos a los de su hermano, sólo encontró confianza, pasión, determinación... y un amor que no era y nunca podría ser para él. Los ojos de una bien amada mujer lo miraban, desafiándolo.
Y en ese instante, lo supo.
"Cuando tu hermano y yo servimos juntos en la armada de su Majestad, con frecuencia me hablaba sobre ti… su santa hermanita." Treize la agarró de nuevo, esta vez por la muñeca. Le dio una extraña sensación de satisfacción ver dolor destellar en su lindo rostro. "En lo buena que eras. Lo dulce. Dócil… obediente."
Relena mordió su labio mientras sus dedos se clavaban en su delicada carne. "Bueno, mi hermano y yo no nos conocemos muy bien, señor."
El remarco lo incentivó más. "Y tu virtud, mi lady. Tu virtud era incuestionable." Él la haló más cerca hasta que pudo sentir su enojado aliento contra su mejilla. "Cuando accedí a este matrimonio, me prometieron una mujer casta. Mantuve mi parte del arreglo con tu hermano. Has cumplido la suya?"
Ella forcejeó contra él, pero era muy fuerte. "No dignificaré eso con una respuesta, señor."
"No necesitas." Treize la llevó contra la pared y sujetó su otra muñeca. Con una mano, sujetó sus brazos sobre su cabeza. "Puedo averiguarlo por mí mismo."
Relena intentó patearlo, pero sus poderosos muslos retuvieron sus piernas. "Alto!" le ordenó ella. Él la ignoró y alcanzó con su mano libre para levantar el borde de su falda. "Por favor… basta!"
Sus determinados dedos subieron por el largo de su pierna. Por qué no se había puesto más enaguas? Sudar ciertamente habría sido mejor que ser violada. Los ojos de Treize estaban nublados como si realmente no estuviese ahí. Finalmente, su mano encontró su meta, el calor entre sus muslos.
"No," le suplicó ella. Su toque no fue nada como el de Heero; Heero la tocaba para brindarle placer. Treize estaba buscando lastimarla en orden de probarse algo. Ella apretó sus ojos justo antes de que introdujera dos dedos en su cuerpo. No completamente preparada para él, Relena gritó de dolor.
Treize parpadeó. Sus dedos no encontraron resistencia virginal. Lágrimas comenzaron a bajar por sus mejillas mientras presionaba más en ella.
"Heero…" gimoteó ella. "Ayúdame…"
Con la misma despreocupación con la cual la había invadido, Treize sacó sus dedos de su cuerpo. "Ese es su nombre? Heero? El que llegó aquí antes de mi?"
Sus faldas cayeron alrededor de sus pies, pero aún se sentía desnuda y expuesta. Él liberó sus manos y se alejó de su violado cuerpo. Los brazos de Relena abrazaron su alto torso y se deslizó al piso, sollozando.
"No más alta y fuerte, verdad?" Treize la miró como a uno de sus campesinos. No respondió excepto para mirarlo con húmedos ojos, llenos de odio. "Quédate aquí. Tengo algo de qué ocuparme."
Él abrió la puerta de la habitación de Relena y salió, no tomando nota de Quatre acercándose desde la dirección opuesta. Treize bajó las escaleras e irrumpió en el pórtico de su mansión. "Trae mi caballo, niño," le ordenó a un empleado de las caballerizas que descansaba en los escalones. El niño negro se levantó de golpe y corrió a cumplir la orden, regresando unos minutos después con el ensillado corcel de Treize. Él montó el caballo y lo pateó con sus talones, partiendo a full galope hacia la cárcel de Barbados.
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Continuará…
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Nota de Inu: Hola a todos!!! Espero que hayan pasado unas felices fiestas y que este nuevo año 2010 esté lleno de muchas bendiciones y cosas buenas para todos... Disculpen la demora en actualizar pero como comprenderán han sido unos días muy ajetreados y no había tenido el tiempo para dedicarme a subir nuevos capítulos. Afortunadamente estoy de regreso así que espero que disfruten de la continuación de esta historia y de nuevas traducciones que les tengo para este año. Gracias a todos por leer, por el apoyo y sus buenos deseos... Hasta la próxima entrega!!!
