SILUETEADO POR EL MAR
(Silhouetted by the Sea)
Por Kristen Elizabeth
Traducido por Inuhanya
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Capítulo 12
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"Srta. Peacecraft… Srta. Peacecraft, qué pasa?"
Relena levantó su cabeza de sus faldas y miró los ojos aguamarinos de Quatre, dolidos con preocupación. "Sr. Winner?"
"Está bien? Qué le pasó? Está llorando…"
Ella miró alrededor de la habitación con gran temor. "Se fue?"
"Quién?" Quatre frunció. "Treize?"
"Se fue?" repitió ella.
Quatre puso su mano en su hombro. "Lo vi salir justo mientras venía… Srta. Peacecraft, le dijo algo que la molestó?"
Relena cerró sus ojos. "Quiero a Heero…"
"Está bien, Srta. Peacecraft. Lo que sea que dijo Treize, le aseguro que no fue verdaderamente en serio. Este matrimonio es tan difícil para él como para usted. Y mientras ha sido conocido por perder su temperamento en ocasiones, yo nunca…"
"Me lastimó!" Gritó Relena. "Metió su mano debajo de mis faldas y…" se detuvo. "Oh dios, por favor… quiero a Heero!"
Quatre la miró mientras asimilaba el peso de su acusación. "La tocó, Srta. Peacecraft?" Ella asintió y bajó su mentón hacia sus rodillas. "De una forma no bienvenida?"
"No muy bienvenida," susurró ella.
La quijada del rubio se apretó más. "No puedo creer… esto es demasiado incluso para él. Un caballero nunca debería…" Él sacudió su cabeza, incapaz de continuar. Cuando sus lágrimas fallaron en detenerse, sacó un pañuelo de su bolsillo y se lo alcanzó. "Tome… seque sus ojos." Ella lo aceptó y delicadamente tocó el lino en sus mejillas. "Venga, Srta. Peacecraft. La llevaré a la suite de la Baronesa. Ella la cuidará."
Relena lo dejó guiarla gentilmente hasta levantarla. "A dónde irá?" Él no respondió y estaba muy molesta para preguntar otra vez.
Quatre la dejó en las capaces manos maternales de Sally y procedió a bajar. El niño del establo saltó tan pronto como salió al pórtico.
"Va a necesita su cabao, Amo Quatre?"
"Sí, gracias, Julius." El joven corrió tan rápido como pudo hacia el establo y regresó más tarde con el Árabe pura sangre de Quatre, pulcramente ensillado. Ayudó a subir a su amo y cuando estuvo sentado, Quatre se le dirigió de nuevo. "Por cuál dirección se fue Treize, Julius?"
Julius rascó su sudorosa cabeza. "El Amo Treize galopó hacia el pueblo, Amo Quatre. Parece que estaba apurao."
Quatre asintió, sus ojos oscuros. "Gracias otra vez." Golpeando gentilmente su caballo, Quatre partió por el mismo camino. Tenía una muy buena idea de a dónde podría dirigirse Treize.
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"Oh, Marjorie Bass es una chica rolliza quien te hará sus favores gratis… pero cuidado joven amigo, te pondrá amarillo con el…"
"Oye." Wufei colgó sus brazos a través de las barras en la celda como si pudiera alcanzar por la larga distancia y estrangular a su compañero de cárcel a media canción. "Si cantas eso una vez más, yo…"
Duo se sentó de su catre. "Qué harás?" le preguntó al pirata al otro lado.
"No deberías provocar a Wufei," le advirtió Hilde al trenzado. "Si encuentra una forma de escapar, es una fuerza con quien ajustar cuentas." Sus palabras fueron puntualizadas con una profunda tos. Duo le disparó una mirada a tiempo para ver sus hombros saltar con la fuerza de su tos.
"Oh dios…" Duo presionó su rostro en las barras para verla mejor. "Estás enferma."
"No lo estoy," respondió ella.
"Sí lo estás."
"No!" Hilde tosió otra vez, más y más profundo.
Duo apretó su agarre en la puerta de su celda y colgó su cabeza. "Maldíceme… esto es mi culpa! Debí haber seguido mis instintos y nunca aceptar regresar aquí contigo. Si lo hubiese hecho, estarías a salvo y caliente en algún lugar."
Hilde parpadeó ante el peso de la emoción en sus palabras. "Duo… pensé que tu plan siempre fue entregarnos."
"Estás bromeando? Todo lo que he querido desde esa primera noche que viniste a mi fue…"
Su confesión fue interrumpida por el sonido de una furiosa voz viniendo desde el frente de la cárcel. Ellos no tuvieron que esperar mucho para descubrir a qué se debía. Sólo unos segundos después, la puerta a las celdas se abrió y Treize Kushrenada irrumpió, fuego llameando en sus ojos.
Duo le dio la sonrisa más grande y falsa que podría lograr. "Amo Treize! Bienvenido a nuestra humilde morada. Sentimos mucho no poder saludarlo apropiadamente; por favor perdone nuestros terribles modales."
Treize lo ignoró completamente. Su pecho subía y bajaba con rabia. "Cuál de ustedes es Heero?"
"Hay un pequeño héroe en cada hombre, Amo Treize." Duo hizo una genuflexión con mucha burla.
"Maxwell…" Treize no lo miró, pero levantó una mano. "Cierra tu maldita boca y dime cuál de estos bastardos responde al nombre de 'Heero'."
Los ojos de Hilde se desviaron a la celda opuesta a la suya donde Heero estaba preparándose para ponerse de pie. Ella captó su mirada y sacudió su cabeza, suplicando guardar silencio. El dueño de la plantación tenía un asesinato en mente y Heero estaba indefenso.
Pero el pirata líder no era un cobarde. Con su espalda recta y sus ojos fríos, anunció, "Yo soy Heero."
Treize gruñó tras sus espesas cejas rojizas antes de cubrir la distancia entre ellos. "Quiero unas palabras con usted, señor." Él escupió la última palabra.
Heero señaló las barras que lo encerraban. "Supongo que no tengo opción sino escucharlas."
"La fornicaste," gruñó Treize, no desperdiciando tiempo en llegar a su punto. "A mi novia… la tomaste, no?" Heero se rehusó a responder, enfureciendo más al otro hombre. "Verdad?!" Aún, Heero guardó silencio. Treize sacudió su cabeza. "Por supuesto… por qué debería esperar la respuesta de un caballero de una escoria callejera como tú?"
Entre la tos, Hilde le frunció al extraño que controlaba sus destinos. "Heero no es escoria!"
Como Duo antes, fue ignorada. "Bueno, espero que lo disfrutaras," le dijo Treize al pirata líder. "Aunque, las vírgenes son notoriamente muertas entre las sábanas." Sus labios se curvaron en una cruel sonrisa. "Supongo que podría agradecerte por tomar su virginidad." Él se acercó a la celda de Heero. "Fue todo menos muerta cuando me metí entre sus piernas."
Sus palabras le otorgó su primera reacción de Heero. El joven levantó sus duros ojos. Treize continuó presionando. "Sabes, he estado en la cama con prostitutas que fueron menos lujuriosas de lo que mi novia fue anoche."
Heero se precipitó, agarrando las barras, la única barrera deteniéndolo de matar a Kushrenada. Llevado al borde de su cordura, los ojos de Treize brillaron. "Entonces quieres una pelea más apropiada?" Él sacó unas llaves de su traje y abrió la puerta de Heero. "La tendrás."
Con una explosión de energía, Heero atacó al hombre tan pronto como pudo. Treize esquivó el golpe y dio el suyo en la baja espalda de Heero. El golpe atrapó a Heero fuera de guardia y cayó de rodillas en el piso de tierra. Treize tomó la oportunidad y pateó el estómago de Heero.
Hilde gritó cuando el mentón de Heero golpeó el polvo. "No!! No lo lastimes!!!"
Trowa, Wufei y Duo estaban en las puertas de sus celdas, incapaces de salir y ayudar. Era obvio que Heero no era oponente para el hombre en su condición. Con debilidad de días sin comida y descanso apropiado, Heero era un blanco fácil para la rabia de Treize.
El dueño de la plantación estrelló el punto duro de su zapato en las costillas de Heero. Antes de que el pirata tuviera una oportunidad para recuperarse, él lo levantó del suelo y lo estrelló duro contra las barras de la puerta de Hilde y entregó un poderoso golpe a la quijada de Heero. Su segundo y tercer golpe echaron hacia atrás la cabeza de Heero contra el duro metal una y otra vez. En su celda, Hilde sólo pudo observar y llorar.
Sangre brotó de la boca de Heero. Cuando Treize se preparó para un cuarto golpe, él logró levantar un brazo y atrapar el puño del hombre antes de que alcanzara su cara. Reuniendo lo que le quedaba de su aliento, le habló al otro hombre por primera vez desde que se presentó. "Yo la hice… feliz," jadeó Heero. "Tú… nunca lo harás."
Treize lo golpeó de nuevo con más fuerza. Heero cayó al suelo; su cabeza rodó hacia adelante. Se preparó para el próximo ataque de Treize, pero en vez de un puño o una patada, escuchó una clara voz desde el frente de las celdas.
"Treize," Quatre llamó a su amigo. "Déjalo."
Pero el normalmente frío hombre que Quatre llamaba amigo no estaba presente. Celos y orgullo habían empujado a Treize más allá de cualquier cosa que Quatre hubiese visto antes. "Vete," le ordenó Trieze. "A menos que quieras verme matarlo."
"Sé lo que le hiciste a la Srta. Peacecraft, Treize." Quatre dio un paso hacia los hombres. "Qué estabas pensando, manoseándola así?? Ella es una dama, Treize y su honor debe ser protegido por ti antes que por alguien más."
"Ella no tiene honor… ni castidad," espetó Treize. Él señaló a Heero. "Él lo tomó. Y por eso…" Treize lo levantó por su rota y ensangrentada camisa. "Es mi derecho matarlo."
Antes de que Treize pudiera golpear otra vez, Quatre se abalanzó. Hizo un agarre por el brazo de su amigo, pero Treize lo vio venir y lo sacó del camino. La fuerza de su brazo envió a Quatre a estrellarse en las barras de la celda de Trowa.
Le tomó un momento a Quatre recuperarse. Saboreó sangre en su boca donde había mordido su lengua en shock. Dolor y traición destelló en sus rasgos. "Treize," dijo él, incrédulo.
"Te dije irte. Si intentas detenerme otra vez, también te mataré."
La palabra se asentó en Quatre y por primera vez, vio pasando el exterior de su amigo de niñez de lejana indiferencia y caballerosidad. Más que un hombre digno de su respeto, Quatre se encontraba mirando a un esclavizador. Un hombre que podía matar a otro hombre con sus manos. Manos que habían deshonrado a una mujer destinada a ser su novia.
Era todo lo que Quatre podía soportar.
Las llaves que Treize había usado para abrir la celda de Heero yacían en el suelo. Sin pensar en titubear, Quatre las tomó. El pirata líder necesitaba ayuda. Ayuda que Quatre no podía darle. Antes de que Treize lo notara, forcejeó con la cerradura de la puerta de Trowa.
El pirata de ojos verdes no tuvo dudas. Tan pronto como su celda fue abierta, se lanzó hacia Treize, aterrizando un duro y rápido puño en la mejilla del hombre. Treize se tambaleó hacia atrás y soltó a Heero. Para entonces, Quatre había liberado a Wufei, quien se le unió a su amigo para atacar al dueño de la plantación.
Hilde observó la pelea, pero estaba perdiendo la batalla con su tos. Cada uno sacudía todo su cuerpo, empeorando cada vez. Sus pulmones se sentían pesados… la asustó.
El rubio apareció en su puerta y la abrió antes de moverse a la de Duo. Mientras esperaba para que Quatre abriera su puerta, Duo observó a Hilde tambalearse fuera de su celda, tosiendo. "Está enferma," le dijo a su antiguo compañero.
Quatre asintió. "Ve a ayudarla."
Treize estaba forcejeando contra Trowa y Wufei. Pero a pesar del hecho de que ambos piratas estaban debilitados por las mismas condiciones de Heero, aún eran dos hombres contra uno. Pero Duo no veía el progreso de la pelea; su atención estaba solamente en Hilde.
Ella estaba apoyada contra la sucia pared en un mal momento. Duo cruzó y la tomó en sus brazos. "Tenemos que sacarte de aquí," dijo él.
Hilde se dejó descansar el lado de su cabeza en su hombro por un minuto, muy cansada para protestar. Ella tosió y colocó una mano en su boca. Cuando la retiró, una delgada línea de sangre cubría su palma.
Duo miró su mano, temor lo golpeó como una bofetada en el rostro. "Oh cielos…" respiro él. Cómo podría enfermarse, tan rápidamente? Era su culpa, concluyó. El calabozo y ahora la cárcel. Debió haberla hecho comer; debió haberle llevado más cobijas.
No debió haber seguido las reglas.
Ver su propia sangre asustó a Hilde más que la idea de estar sola en el mundo. Apenas reaccionó cuando Duo la cargó en sus brazos. "Todo va a estar bien," le dijo, intentando creerlo. Hilde alejó su rostro de él, un nuevo temor desarrollándose en su pecho. El temor de propagar su enfermedad al hombre que amaba.
Heero se levantó del suelo y parpadeó para enfocar sus ojos. Las puertas habían sido abiertas, pensó para sí. Wufei y Trowa parecían estar ganando la pelea contra Treize. Su próxima idea fue Relena. Treize había venido aquí por ella… porque sabía sobre ellos. Si Treize le había hecho esto a él, qué horribles cosas podría haberle hecho a Relena?
El rubio había dicho que había sido manoseada. Tuvo enfermas visiones de su degradación en manos del dueño de la plantación. Golpes, latigazos, violación. En su corazón, sabía que Treize le había mentido sobre su supuesta noche de pasión con Relena. Ella nunca habría consentido su caricia. La única seguridad que Heero había conocido llegó en la forma del amor de Relena y la lealtad hacia él.
Las puntas de sus dedos se clavaron en la dura tierra y con cada poco de fuerza que pudo reunir, se puso de pie. "Kushrenada," gritó él, ignorando la sangre en su boca. "Si la lastimaste… si incluso la tocaste, te mataré!"
Kushrenada lo miró y rió, a pesar de que Wufei y Trowa avanzaban hacia él. "No tienes la fuerza para matarme. Mucho menos los medios."
Los ojos de Heero se fruncieron. Estaba renuente a admitirlo, pero el hombre tenía razón. Sin toda su fuerza y sin un arma, nunca sobreviviría otro round de pelea.
Fue entonces que sintió algo metálico presionado en su mano herida. Bajó la mirada; discretamente Quatre estaba desliándole la espada decorativa que había estado guardando bajo su abrigo. Los dedos de Heero se cerraron alrededor de la empuñadura. Una vez que la tuvo agarrada, gritó, "Wufei… Trowa… muévanse!!"
Ambos hombres saltaron inmediatamente y Heero se precipitó. Atrapó a Treize fuera de guardia; el hombre apenas reaccionó a la espada deslizándose en su hombro. Simplemente bajó la mirada, como si no pudiera creer que hubiese sido herido, luego miró a Heero.
El pirata líder retiró la espada; unas pocas gotas de la sangre de Treize gotearon de la afilada punta. El pecho de Heero subía y bajaba mientras observaba a Treize colocar una mano sobre su herida. El hombre sólo logró mantenerse de pie por otro minuto antes de caer de rodillas.
Quatre agarró la espada, "No es fatal, pero debes irte," le dijo a Heero.
"Relena." Heero secó sangre de la comisura de su boca. "No me voy sin Relena."
Hubo ruidos afuera; los guardias, alertados de la situación, estaban avanzando hacia la cárcel. Quatre abrió la puerta que conducía fuera del bloque de celdas. "Vete, ahora!! Toma su caballo y sigue el camino principal hasta que alcances la casa." Él miró a los otros. "Todos los demás, síganme a los puertos."
Parecía el lógico curso de acción. Tan pronto como emergieron de la cárcel, Duo aún cargando a Hilde, Quatre le lanzó la espada a Trowa. "Los guardias," le dijo al pirata de ojos verdes. Trowa asintió y volvió su atención hacia los dos hombres avanzando hacia ellos.
El corcel de Treize estaba amarrado a un árbol al borde del claro. Tan pronto como Heero alcanzó el caballo dos más de las criaturas salieron de los bosques de la dirección del camino principal, cargando a Relena y a Sally en sus espaldas. "Heero!!"
Heero parpadeó. "Relena?" Su sorpresa se desvaneció mientras se tornaba completamente consciente de que ella estaba ahí, viva y aparentemente ilesa.
Sin esperar a que el caballo se detuviera completamente, Relena saltó de la silla y corrió hacia él. Sus brazos se abrieron, igual de ansioso por su abrazo. Ignorando la sangre, sudor y mugre en él, Relena lanzó sus brazos alrededor del hombre que amaba. "Heero!" repitió ella en su cuello. "Estás bien… estás vivo…"
Ella olía a madreselva fresca. Sus manos se enredaron en la sedosa masa de su suelto cabello. "Relena…" Él cerró sus ojos para asegurarse de que no era un sueño. "Qué estás haciendo aquí?"
"Vine a rescatarte."
Heero rió, a pesar de su adolorida quijada. "Te amo," le dijo. "Te amo demasiado."
Relena no tuvo tiempo para procesar su monumental confesión. Trowa había derrotado a los dos guardias, pero vendrían más en cualquier minuto. Quatre montó su caballo Árabe. "Necesitamos llegar a los puertos! Tienen que salir de aquí!"
Duo estaba a un paso de él, ya teniendo el flácido cuerpo de Hilde montado en el abandonado caballo de Relena. Él subió a la silla justo detrás de ella y acomodó a la joven contra él. "Estoy de acuerdo. Movernos ahora sería bueno, muchachos."
Heero subió al caballo de Treize y alcanzó por la mano de Relena. Era ligera en sus brazos mientras la alzaba y la sentaba justo en frente de él. Mientras tanto, Sally miraba a Wufei desde su caballo.
"Me extrañaste?" le preguntó ella.
Él cruzó sus brazos. "Así no se supone que debe ser esto. Nosotros íbamos por ustedes."
Sally suspiró y le extendió su mano. "Vienes o no?" Después de darle lo que casi podría interpretarse como una sonrisa, Wufei tomó su mano ofrecida y montó el caballo tras ella.
"Qué hay de… Trowa?" Hilde levantó su cabeza del hombro de Duo. Estaba despierta y consciente, pero apenas podía moverse.
Trowa sacudió su cabeza. "Los alejaré de su rastro. No se preocupen por mi."
"No vamos a dejar atrás a nadie," le dijo Heero, firmemente. "Puedes montar con…"
"Conmigo," terminó Quatre. Él le sonrió al pirata quien aún estaba en el suelo. "Si está bien contigo." Trowa subió a la silla del árabe y se sentó detrás del rubio.
Heero tiró de las riendas del corcel; el hermoso caballo levantó sus patas delanteras del suelo por un breve segundo. "Vamos!"
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El rítmico golpeteo de cascos contra la dura tierra llenaba los oídos de Relena, casi ahogando el sonido de los latidos de Heero. Se aferró más fuerte a él mientras corrían con los otros hacia la orilla de Barbados. Casi habiéndolo perdido una vez, no planeaba dejarlo ir de nuevo.
"Relena," dijo él. Su voz suave a pesar del viento sobre ellos. "Esto es lo que quieres, verdad? Digo, quedarte, una vida conmigo…" pausó. "No será la vida a la que estás acostumbrada."
Ella enredó sus dedos en el algodón de la camisa que debieron darle en el barco. "Pero una vida sin ti no sería una digna de vivir."
Duo llevó su caballo al lado del suyo. "Cuál es tu plan?" le preguntó a Heero. Hilde estaba acomodada en la protección de sus brazos, mortalmente pálida.
"Tomaremos uno de sus barcos a la isla más cercana. Ahí separaremos caminos." Los ojos de Heero se fruncieron. "Sabes que ella no estaría enferma si…"
"Sí." El hombre de trenza tiró de las riendas de su caballo, alejándose de ellos. "Lo sé."
Los cuatro caballos y ocho personas emergieron del bosque tropical a altísima velocidad, dirigiéndose directo hacia los puertos. Heero tomó la delantera y se hizo muy obvio hacia cual barco se dirigía. El *Lady Une* yacía a cien pies de la orilla, esperando por la próxima zarpada.
Quatre corrió hacia Heero. "Está cargada con un cargamento de azúcar y ron para América en la mañana. Podrías vender las provisiones por dinero."
Heero asintió y pateó los costados de su caballo, urgiendo al animal. "Vamos," les gritó a sus compañeros.
Sorprendentemente había unos pocos trabajadores presentes cuando bajaron hacia el borde de la isla y todos se retiraron cuando vieron al Amo Quatre. Cuando Heero alcanzó su destino, tiró de las riendas de cuero y saltó del corcel. Relena lo alcanzó y él tomó su muñeca, ayudándola a bajar. Los otros desmontaron rápidamente, Duo tomando cuidado extra con Hilde.
Un largo bote estaba apostado en la arena, como si estuviera esperando por ellos. Sin titubear, fue abordado y Heero, Trowa y Wufei lo empujaron a una profundidad de la cadera antes de subir. Los minutos que les tomó remar hacia el amado barco de Treize parecieron casi horas.
Duo pasó su pulgar sobre la mejilla de Hilde. Ahora en vez de pálida, estaban enrojecidas, una señal segura de que tenía fiebre. "Resiste," le susurró. "Casi estamos ahí." Hilde asintió y cerró sus ojos, presionándose más en el calor de su cuerpo.
Cuando alcanzaron el lado del barco, Heero fue el primero en subir la escalera de soga con Trowa detrás. Una vez que se aseguraron que nadie estaba a bordo del barco, dieron la señal para que los otros los siguieran. "Hilde," Duo llamó su nombre hasta que abrió sus ojos. "No puedo cargarte por la escalera, amor. Puedes…"
Ella asintió de nuevo, reunió su fuerza y agarró la soga. "No me dejes… caer."
"Lo prometo," dijo él mientras miraba hacia arriba. Él la siguió un momento después, usando sólo una mano para subir. La otra estaba sobre su cabeza, sosteniendo su pequeña espalda. Sally lo siguió y luego, Quatre.
Wufei fue el último en subir a cubierta. Tan pronto como estuvo ahí, se le unió a Heero y a Trowa en subir la pesada ancla. El *Lady Une* y sus pasajeros fueron liberados.
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Continuará… oh, sí… este *totalmente* no es el final.
