SILUETEADO POR EL MAR

(Silhouetted by the Sea)

Por Kristen Elizabeth

Traducido por Inuhanya

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Capítulo 14

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Después de un largo minuto de silencio, Trowa avanzó. "Cuidado," le advirtió Treize, blandiendo el mosquete apuntado directamente hacia Heero. "Estoy expuesto a disparar en cualquier minuto." Él chasqueó sus dedos. Cuatro hombres más con mosquetes los rodearon. "E igual ellos."

Quatre retiró cabello rubio de su frente y enderezó su espalda. "Treize… tienes mucho honor como para matar a un hombre indefenso. Al menos el Treize que solía conocer."

"Winner…" El hombre le dirigió una divertida mirada hacia su antiguo amigo. "Asociarse con hombres buscados… ensuciando tus manos con trabajo manual… qué bajo has caído."

Con un firme agarre en la mano de Hilde, Duo se dirigió a Treize. "Miren, creo que esto puede arreglarse sin sangre…"

"Maxwell," lo interrumpió Treize. "Cállate." Él miró a Heero. "Apostaría que soy la última persona que esperabas ver aquí."

"Te das demasiado crédito para imaginar lo que pensaba sobre ti," resopló Heero.

Treize miró pasándolo a la mujer presionada a su lado. "Mi encantadora noviecita…" Relena visiblemente se recogió antes de mirar alrededor de los puertos. Había tantas personas alrededor; cómo es que nadie había notado el mosquete en manos de Treize? "No te molestes en intentar llamar por ayuda," le dijo Treize, captando. "Nadie va a ayudar a un grupo de piratas por encima de mi." Él le movió un dedo en su mano libre a Relena. "Ven aquí. Ahora."

"Heero?" Ella miró a su esposo con mucho temor.

Él intentó mantener la misma emoción fuera de sus ojos, por su seguridad. "Quédate aquí. Todo va a estar bien."

"Quédate ahí…" comenzó Treize. "Y le haré un agujero en su pecho."

Los ojos de Relena se llenaron con cálidas lágrimas. Cuando pesaba contra la seguridad de Heero, su propia vida parecía inconsecuente. "Lo siento," le susurró a Heero.

Su esposo alcanzó por ella mientras se separaba de él. "Relena… no! Estaré bien; no lo dejes…" Pero Treize ya la había alcanzado. El mosquete ahora estaba apuntado hacia su mentón.

"Buena chica," dijo Treize con triunfo. "Tú *puedes* ser tan obediente como lo prometió tu hermano."

Los ojos de Heero se fruncieron. La gente se filtraba alrededor; parecían ignorar la situación. "Qué quieres de nosotros, Kushrenada? Tu barco… tu ron? Bien. Tómalos. Pero si no dejas ir a mi esposa, yo…"

"Tu esposa?" Los ojos de Treize se deslizaron por el cuerpo de Relena hacia el anillo en su mano que debió haber notado inmediatamente. "Vaya, vaya… no fue suficiente para ti revolcarte en el lodo una vez, dulzura. Has decidido vivir ahí." Sólo la amenaza de los mosquetes y los brazos de Trowa detuvieron a Heero de atacar.

Relena se contuvo y levantó su mentón hacia Treize. Sólo podría lastimarla físicamente; sus palabras nunca podrían tocar su corazón. "Creo, señor, que evité una vida de degradación cuando elegí no estar atada a ti para siempre."

Él clavó el mosquete en el borde inferior de su seno. "Podría matarte en este momento, sabes," siseó Treize en su oído.

Su aliento estaba sucio con ajo; Relena giró su rostro rápidamente. "No vas a matarme. No está en tu plan."

"Podría cambiar de planes muy rápidamente."

"Y cuál es tu plan?" Duo quería saber. Sus brazos se apretaron alrededor de Hilde, protectoramente. "Digo… Tengo que darte crédito por recuperarte de tus heridas y adivinar a dónde nos dirigiríamos. Pero esto… Estás rodeado de personas; no puedes matarnos."

Los dedos de Treize se cerraron alrededor de la delgada garganta de Relena. "Recuperarme de ese piquete que Yuy me dio no fue nada. Y venir a las Caimán era el paso lógico; aquí puedes obtener el mejor precio por ron robado." Él fijó odiosas miradas con Heero. "Sí, quiero mi barco. Y mi ron. Pero más que eso… quiero a mi novia."

"Estás mintiendo." Quatre sacudió su cabeza, ondeando rizos dorados. "No quieres a la Sra. Yuy. La única mujer a la que has querido fue…"

"No!" Treize desvió su mirada hacia su antiguo amigo. "No manches su nombre al dejarlo salir de tu traidora boca, Winner."

"… Une," terminó Quatre con mucho rencor. "La Sra. Yuy no es ella, Treize. Sin importar lo mucho que lo quieras. Nunca serás feliz y la harás miserable." Pausó. "Así como hiciste miserable a Une."

Treize cerró sus ojos. "No!! Estás equivocado! Une no era lo fuerte suficiente… Yo habría regresado por ella, si sólo hubiese tenido la fuerza para esperar…" Él se compuso de repente. "Te olvidas de ti mismo, Winner. Pero entonces, nunca has conocido la sensación del cuerpo de una mujer debajo del tuyo." Él bajó su rostro hacia el cuello de Relena. "Nunca has sabido lo que es inhalar una en tu alma y poseerla completamente…" Su cabeza subió de golpe. "Si no puedo tener a Une, tomaré a la mujer que me ha sido prometida. Deshonrada como está, es mía. Unos apresurados votos de matrimonio en medio del océano no significan nada."

"Relena tomó su decisión," gruñó Heero, forcejeando contra los brazos de Trowa. "Se casó conmigo porque me ama. La promesa nunca fue suya; nunca fuiste su elección. Suéltala… ahora!!"

Los ojos azules del hombre brillaron peligrosamente. Gesturizó a uno de sus matones. "Yuy, te reto." El aliento de Relena se atascó en su garganta, entendiendo sus intenciones.

"Me retas?" repitió Heero. "Estás pidiéndome un duelo, Kushrenada?"

"No estoy pidiéndolo." Treize indicó a sus hombres; ellos comenzaron a despejar los puertos, empujando y gritándoles a los confundidos nativos hasta que el área alrededor estuviera vacía. "Estoy demandándolo. Por todo lo que me has quitado… demando una satisfacción." Él miró a la joven en su fuerte agarre. "Por ella… el ganador se lleva todo."

Relena presionó una mano en su boca. "Heero…"

"Ella no es un trofeo," le informó su esposo a su adversario. "Pero cuestionas su honor… no puedo aceptarlo." Heero se zafó de Trowa. "Acepto tu reto."

"Oh dios." El estómago vacío de Relena se revolvió. "No hagas esto… por favor."

Treize sonrió ampliamente e indicó para que uno de sus hombres llegara un minuto después con una larga y plana caja de madera. Abriéndola para revelar dos pistolas. "Escoge a tu padrino, Yuy. Pero no elegiría a Winner si fuera tú; no tiene gusto por los duelos."

Heero inmediatamente se giró hacia Quatre. "Qué dices, amigo?"

Quatre inclinó su cabeza. "Está bien." Él avanzó hacia Treize y el hombre designado como padrino de Treize. Eligió el arma de Heero con cuidado y la revisó por alguna falla o sabotaje.

Duo observó al rubio cargar la pistola de Heero. "Yuy, será mejor que seas un buen tirador. Treize ha matado hombres de esta forma."

"Tendré el primer disparo, siendo el que fue retado, y por lo tanto, la ventaja," dijo Heero tranquilamente. "Debí haberlo matado cuando tuve la oportunidad." Él miró al otro lado hacia donde Treize estaba sujetando a su esposa. "Está lastimándola…"

Trowa puso una mano en el hombro de su líder, para detenerlo de precipitarse y ser herido por los hombres de Treize. "Concéntrate, Heero. Todo lo que tienes es un disparo."

Heero frunció. "Estoy muy consciente de eso."

Los ojos de Hilde se llenaron con lágrimas. "Heero, por favor ten cuidado…"

Él alcanzó y tocó su mentón. "No te preocupes por mi. Lo que pase, vas a estar bien."

Después de que Quatre hubiese puesto la pólvora en la pistola y colocado la bala en su lugar, se le acercó a Heero con el arma cargada. "Buena suerte, Sr. Yuy."

"Si *algo* me pasa…" Heero tomó la pistola. "Mantengan a mi esposa a salvo de él." Tomó un profundo respiro y avanzó hacia Treize.

"Estás listo?" preguntó el hombre, empujando a Relena en los brazos de uno de sus hombres. Los ojos de Heero se desviaron hacia Relena; ella sacudió su linda cabeza, suplicándole no arriesgarse. Su corazón dolía, pero su decisión estaba tomada. Si esta era la única forma de librar a todos de Treize para siempre, era como tenía que ser.

"Estoy listo," respondió Heero, dándole la espalda a Treize.

Treize encaró la otra dirección y levantó su arma a su nivel visual. El hombre sujetando a Relena comenzó la cuenta y los dos duelistas se movieron hacia adelante, lejos del otro, por el puerto.

"Uno… dos… tres… cuatro… cinco…"

Hilde se aferró al brazo de Duo. Quería esconder su rostro en su hombro para bloquear la escena, pero encontró que no podía desviar la mirada.

El rostro de Relena se paralizó en una máscara de horror, lágrimas deslizándose por sus mejillas. Su mano libre cubrió su bajo abdomen, el lugar donde el hijo de Heero crecía dentro de ella. El niño perdería a su padre en los próximos minutos? Ella contuvo su aliento mientras el conteo llegaba a un final.

"Trece… catorce…" El hombre pausó. "Quince."

En el último número, Heero se giró y se preparó para disparar. Antes de que pudiera presionar el gatillo, Treize se giró y apuntó. Los ojos de Relena se abrieron; no estaba siguiendo las reglas de su propio duelo. Y Heero, no preparado para el cambio de eventos, estaba por ser herido. Sin pensar, Relena se zafó del hombre de Treize. "Heero!" gritó ella, avanzando hacia su antiguo prometido, determinada a detenerlo.

Treize captó a la rubia volar hacia el por el rabillo de su ojo. Su dedo ya estaba presionando el gatillo de su pistola cuando lo golpeó con su delgado cuerpo. Atrapado completamente fuera de base, su brazo flaqueó y el arma se disparó, enviando una bala al hombro de Relena.

Heero gritó su nombre cuando vio el destello rojo. Con la pistola en su mano, corrió, alcanzándolos justo cuando Relena caía, sujetando su brazo derecho. Sangre brotaba entre sus dedos y sobre su anillo de bodas. "Relena!" gritó de nuevo.

El hombre que le había disparado permanecía sobre su cuerpo, su pecho subía y bajaba. No había sido su intención dispararle a la mujer prometida, sólo para reclamarla. Lo próximo que pensó era cómo el metal de una pistola de Londres se sentía contra su garganta.

"Maldito bastardo," siseó Heero, clavando el arma en el cuello de Treize. Estaba más allá de la razón, empujado a un sobrehumano estado por la vista de su ensangrentada esposa. "No mereces morir así de rápido." Su dedo índice se curvó alrededor del gatillo.

Hubo movimiento alrededor. Trowa, Duo y Quatre, incapaces de quedarse y observar los sucesos, habían dominado a los hombres de Treize, controlándolos rápidamente y sin mucho alboroto. Los hombres estaban muy conmocionados por el repentino giro de eventos para dar la pelea. Una dama había sido herida, su jefe estaba a punto de morir a manos de su compañero de duelo… nada quedaba para ellos. No era como si Treize fuera algo para ellos sino un bolsillo de dinero y trabajo diario. Ciertamente, nada para perder sus vidas.

Relena sintió la bala pasar por la suave carne de su brazo, sintió el cálido ardor, la dolorosa sensación, el cálido flujo de su propia sangre. Le tomó un momento poder levantar su cabeza después de colapsar en el puerto. Cuando pudo, todo lo que vio fue a Heero, su pistola contra la garganta de su oponente, asesinato en sus ojos Prusia. Los mismos ojos que la habían mirado en el éxtasis de la pasión la noche anterior, prometiéndole nunca dejar su lado.

"Heero…" Su voz era débil con la pérdida de sangre y el shock. "Por favor, no… no lo mates… tendrás que dejarme… por favor detente… por favor."

La mirada de Heero cayó al escuchar la súplica de su esposa. Encontró su mirada y parpadeó. Largos minutos pasaron mientras debatía consigo mismo. Matar a Treize en un duelo que él había instigado no era un crimen. Y cada instinto primario en él llamaba por la inmediata muerte de Kushrenada.

Pero al final, sus ojos le ganaron a sus instintos. Heero dejó caer la pistola de la garganta de Treize. "Me retaste. Gané." Se alejó del hombre. "Regresa a tu isla. Olvida que nos conociste. Nosotros haremos lo mismo contigo, puedes estar seguro."

Alivió bañó a Relena. Cerró sus ojos con dolor y apretó más fuerte su herida. Hilde voló a su lado y la ayudó a ponerse de pie. Heero gentilmente hizo a Hilde a un lado y reunió a su esposa en sus brazos. Sin una mirada a la patética figura de Treize, comenzó a bajar por el abandonado muelle hacia el pueblo.

"Heero!" El grito de Hilde fue frenético y agudo. "Cuidado!!"

Él no tuvo que girarse para sentir a Treize abalanzándose hacia él. Sólo giró su cabeza una fracción para ver el brillo de un cuchillo de plata en la mano del hombre. Heero sostuvo más fuerte a Relena, preparándose para lo que viniera después.

Pero el cuchillo nunca tocó su espalda. Un ensordecedor disparo irrumpió el salado aire marino a su alrededor. Ante esto, Heero se dio la vuelta. Había sentido la húmeda salpicadura de sangre contra su espalda y pudo ver la mancha en la falda rosada de Relena.

Treize estaba paralizado, su rostro una máscara de muerte. Sangre humedecía su fina ropa del fresco agujero en su pecho. Heero miró pasándolo. El agujero hecho por Quatre Winner.

Quatre bajó el mosquete que había tomado de uno de los hombres de Treize. Su delgado cuerpo temblaba bajo el peso de sus acciones. Cuando Treize golpeó el muelle en un charco de sangre, él soltó el arma. "Lo siento, Treize," susurró.

Heero miró a su agonizante oponente. Relena se había desmayado en sus brazos del dolor y shock. Treize tosió; un hilillo carmesí caía de la comisura de su boca.

"Une…" susurró Treize, sus ojos azules se giraron hacia atrás. En sólo otro momento, estaba quieto, habiendo partido del mundo y de sus vidas para siempre.

Cargando a Relena, Heero se giró hacia sus amigos. "He tenido suficiente de Gran Caimán." Su atención regresó a las heridas de su esposa. "Dónde está el doctor más cercano?" le preguntó a uno de los hombres.

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Relena entró y salió de la oscuridad por varios minutos antes de que abriera sus ojos. Heero estaba suspendido sobre ella en el amplio catre que compartían en el *Lady Une*. "Heero," murmuró ella. "Qué… qué pasó?"

Él sonrió y acarició su pálida mejilla. "Recuerdas, duquesa? Te dispararon en los muelles. Has dormido por horas."

La punzada en su brazo derecho probaban sus palabras; el recuerdo regresó a ella un segundo después. "Oh dios… todos están bien?"

"Todos excepto Kushrenada." Los dedos de Heero viajaron sobre sus labios. "Ahora está con su lady."

Relena cerró sus ojos brevemente. "No puedo decir que lo siento. Te habría matado."

"Casi *te* mata." Los ojos de Heero se nublaron. "Fue una suerte que la bala sólo rozara tu brazo."

Ella asintió. "No te habría dejado sin una pelea." Algo de vida estaba regresando a sus encantadores rasgos. Él sonrió; Relena tomó su rostro entre sus manos. "Somos libres… verdad?"

Heero llevó sus palmas hacia sus labios y las besó a cambio. "Estamos juntos y libres."

Su estómago se revolvió como si el bebé que probablemente descansaba entre ellos estuviera haciendo conocida su presencia. "Heero…" Relena aclaró delicadamente su garganta. "Cuánto falta hasta que alcancemos Nueva Orleans?" Ahora que Treize no era más una amenaza, todo el grupo podía llevar al *Lady Une* a América, sin tener que separarse.

"Otras dos semanas, diría." Él levantó las cobijas y, aunque aún vestido en sus pantalones y camisa, se deslizó en la cama con ella. "Más si nos topamos con mal clima."

"Cuando lleguemos, qué quieres hacer?" continuó rápidamente, "Estabas planeando establecernos en algún lugar o tomar de nuevo los mares?"

Él la haló contra su pecho, tomando cuidadosa nota de su brazo herido. "Realmente no he pensado en eso." Descansó su mentón contra la cima de su rubia cabeza. "Cuál preferirías?"

"No podría soportar alejarte del océano; lo amas demasiado." Titubeó Relena. "Pero tal vez podríamos quedarnos en tierra… por unos meses al menos."

"Sé que ha sido difícil para ti, estar lejos de la civilización."

"No es eso." Ella miró su apuesto rostro. "Sólo creo que busco estar cerca a un doctor… para cuando el bebé nazca."

Heero no parpadeó por largo rato. Cuando finalmente pudo hablar, sólo fue un ahogado susurro. "Bebé? Relena…" Se sentó, llevándola con él gentilmente. Su mirada bajó hacia su plano estómago. "Vamos a tener un hijo?"

Ella asintió, mordiendo su labio. "Creo que sí." Hubo una pausa. "Esto no te molesta, sí…"

Su mano cubrió su vientre; sus labios tocaron los suyos en un beso asegurador. Relena sonrió contra su boca y todos sus temores se desvanecieron. Él se separó un momento después, un nuevo brillo de felicidad en sus alguna vez fríos ojos. "Pensé que posiblemente no podría amarte más hoy que ayer." Heero le dio un suave beso. "Me alegra que continúes probándome lo contrario. Y que vayas a darme alguien más a quien amar."

"Heero…" Relena ignoró su vendado brazo y hundió su rostro en la curva de su cuello. "No me importa dónde terminemos. En tierra… en el mar… yo siempre… *siempre* te amaré tanto, si no más, que ahora."

Él alcanzó y la haló en un apasionado abrazo. Planeaba hacer del viaje a Nueva Orleans tan placentero como fuera posible. Y, pensó, acariciando su abdomen momentos después, que planeaba hacerla feliz por el resto de su vida.

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**Mayo 10, 1790

Queridos Milliardo y Lucrezia,

Para entonces suficiente tiempo ha pasado para escribirte con clara consciencia. Y no hago excusas para lo inexcusable… la cantidad de tiempo que ha pasado desde mi última carta ha sido aterradora. Pero te aseguro, estoy saludable, feliz y segura.

Estoy segura que has recibido noticias en Inglaterra de la muerte de Lord Kushrenada; siento la pérdida de tu amigo, Milliardo. Yo misma fui testigo de su mortal duelo, pero ese es el final de una historia muy larga que tengo que contarte…**

Y una hora y dos tinteros después, Relena terminó de escribir su historia en el rollo de pergamino descansando contra su redondo vientre. Sumergió su pluma en un tintero fresco y continuó su carta.

**Ahí lo tienes. Las direcciones que mi vida ha tomado no han sorprendido a nadie más que a mí. Pero no cambiaría los sucesos de los meses siguientes a mi partida de Inglaterra por nada. He vivido una aventura más grande que cualquiera que pudiera haber imaginado y por eso, soy una mejor mujer.

Tal vez te estás preguntando cómo están los otros en mi historia. Debo decirte lo mejor de mi conocimiento, aunque todos nos separamos hace casi cinco meses.

Duo y Hilde partieron a América. Hay más tierra ahí que en toda Europa, creo, y los jóvenes novios no quieren nada más que explorarla juntos. Después de que los vimos casarse en Nueva Orleans, se fueron juntos, hacia Virginia, aparentemente la tierra natal de Duo. Recibimos una carta de ellos no hace mucho; tendrán un hijo a comienzos del invierno.

Todo Londres debe estar lleno con rumores de la Baronesa Po, pero te prometo, son más que falsos. La Baronesa encontró su compañero perfecto en el pirata Wufei y la última vez que los vimos, estaban reservando pasajes al Oriente, aún discutiendo, por supuesto. Sally fue la mejor compañía que pude haber esperado para este increíble viaje. La extraño grandemente, como estoy segura que tú, Lucrezia. Aún, tengo la sensación de que regresará a Inglaterra algún día, tal vez con el hijo que su último esposo no pudo darle.

No te preocupes por tu amigo, el Sr. Winner, Milliardo. Con sus propios recursos, ha comenzado una compañía de comercio en las Caimán. Con su conocimiento en idiomas y su buena cabeza para los negocios, sin mencionar su gracia y fuerza, estoy segura que será un éxito. Es importante para él, siento, pararse en sus propios pies, después de depender de Lord Kushrenada por tanto tiempo. Ayudándolo con su nueva compañía está Trowa, el pirata silencioso. No tengo dudas de que los dos amigos se llevarán bien.

Por mi, tengo un esposo que amo con cada fibra de mi ser y esperamos que nuestro primer hijo nazca antes del verano. Después de eso, regresaremos al mar. Heero ha trabajado duro para hacer suficiente dinero para reacondicionar el barco de Lord Kushrenada, aunque hemos conservado el nombre. Después de todo, nos encontramos ahí. Nos conocimos en Savannah, nos enamoramos en una isla sin nombre en el Caribe, pero para nosotros, el *Lady Une* siempre será el hogar. El único lugar para criar a nuestros hijos.**

Con pasos cuidadosos, Heero se acercó a la silla en la que su esposa estaba recostada, escribiendo. Se alegró de sorprenderla cuando se agachó para besar su expuesto cuello. "Aún escribiendo, duquesa?"

"Casi termino." Su pluma pausó mientras levantaba la mirada, hacia la playa y hacia las aguas del Golfo de México. "No puedo pensar en el final correcto."

"Puedo?" Heero tomó la pluma de su mano, la sumergió en el tintero y se inclinó sobre su cabeza para terminar su carta, diciendo las palabras que escribía mientras se formaban en la página. "Cuando mires hacia el mar… piensa en nosotros. Es donde estaremos… viviendo el cuento de hadas… felices por siempre…"

Relena levantó su mentón para mirar su rostro. "No me dijiste que eras poeta, Heero."

"Tú lo sacaste." Él regresó la pluma a su mano, depositó un beso en su frente y comenzó a bajar a la playa con su perro, un cachorro negro Labrador, jugueteando en sus pies descalzos.

Frotando distraídamente su abultado vientre, ella inhaló el limpio aroma del aire marino, sonrió y terminó su carta.

*Con todo nuestro amor, Heero y Relena.*

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Fin

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Nota de Inu: Hola a todos!!!! Muchas gracias por sus lindos comentarios para esta historia, me contenta saber que les gustó tanto como a mi la primera vez que la leí pero lastimosamente ya ha llegado a su final. Definitivamente esta es otra de mis autoras favoritas de GW y por eso esperen muy pronto la publicación de una nueva traducción, tengo varias listas así que sólo es cuestión de decidirme, jejeje... Mil gracias por todo el apoyo que me han dado, es pago y motivación suficiente para continuar trayéndoles otras buenas historias... Se me cuidan y hasta muy pronto...