Si Hagane no Renkinjutsushi me perteneciera, no estaría aquí, escribiendo fanfics, sino en mi isla particular tomando el sol con Ed. Sight.

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"…" Lo que dice un personaje

Texto en cursiva Lo que piensa un personaje

------- Cambio de escena

-.-.-.-.-

"Envy."

El aludido salió de la oscuridad donde se encontraba ante la llamada de su señor.

"¿Y bien?"

"Confirmado: la vieja estiró la pata ayer, según me he informado" dijo el chico, estirando los músculos de sus brazos con despreocupación.

"Bien. ¿Dónde está Lust?"

"¿La cría? Por ahí andará. Últimamente ha estado un poco rarita."

"Ya me he percatado", murmuró el hombre. "Lust surgió demasiado rápido, tendría que haberse quedado más tiempo antes de salir al exterior. Su antigua alma de humana está haciendo mella en ella."

"Entonces habrá que matarla antes que hable más de la cuenta, ¿no, jefe?"

"Relájate, Envy. Todo está bajo control", murmuró Él. "Lust fue creada para un fin. Y ese momento está próximo. Envy, ve a echarle un ojo a los militares y procura que Gluttony no haga de las suyas…en exceso."

Envy frunció el ceño. No estaba muy conforme con mantenerse a la espera, sirviendo en bandeja de plata a Gluttony todo lo que valía la pena. Además, desde que envió aquel telegrama a los Cuarteles Generales, no sabía nada de Hagane no chibi. Tal vez al día siguiente se pasaría a hacerle una visita de cortesía.

"¿Tienes algo que decir, Envy?" dijo Él, que interpretó el silencio del joven homúnculo como un silencioso deseo de reprocharle algo. Envy bajó la mirada, apretando los puños, sin atreverse a replicar. "Déjame que te recuerde por qué y, sobretodo, gracias a quién estás aquí. De no haber sido por mi ayuda, tú aún…"

"…seguiría en ese estúpido mundo de fanáticos, aburrido y monótono. Sí, ya lo sé. Entendido, pues. Si me disculpa…" dijo el joven, desapareciendo y dejando al Padre de los Homúnculos a solas.

El hombre asintió, mirando a través del cristal la luz de la luna. Su pelo dorado caía como una cascada libre hombros abajo, con algunos mechones atados en una cola de caballo alta. Estaba sentado en un gran butacón de piel, vestido por largas túnicas con bordados de signos incomprensibles para Envy, que brillaban casi tanto como su cabellera.

Sus ojos, brillantes también, escrutaban a su alrededor la gran sala donde se encontraba, en el suelo de la cual había siete círculos de alquimia enredados entre ellos. Había tardado años en conseguir descifrar las Antiguas Escrituras de los alquimistas para dominar la técnica de los círculos enredados, y ahora, tras años de esfuerzo, coartadas, mentiras y jugadas, por fin se acercaba a su objetivo.

Sus ojos dorados brillaron como la luz de puro regocijo.

Por algo le llamaban Hikaru no Hohenheim.

"SAGITEKINA KOUKAN"

Cap.10 –Un lejano otoño

Por CiNtUrO-cHaN

Se ajustó la pañoleta y dio una calada más a su cigarro de pipa, cansada. En días como hoy en que la lluvia se llevaba a los compradores a tiendas y cafeterías en lugar de a tiendas de automail y talleres mecánicos era mejor quedarse en casa, pensó mosqueada. Pero no podía ser así; su padre era ya demasiado viejo para los trotes que comportaba el mundillo, y su madre… bueno, simplemente nunca pasó de la frontera de coser y remendar. Tampoco es que le importara estar al cargo de la pequeña tienda mecánica, además Rush Valley les proporcionaba buenos clientes casi siempre. Es sólo que a sus veinte y tantos años tenía ganas de ver mundo, y no de quedarse atrapada detrás de un mostrador.

-Perdone, estaba buscando una pieza APX-04 de mercurio…

La dependienta miró al recién llegado de arriba a bajo, arqueando sus cejas –Eso es una pieza un poco difícil de encontrar, señor.

El hombre sonrió. Tenía una sonrisa atractiva, pensó la joven. Luego se dio cuenta de en qué estaba pensando y giró la cabeza.

-Por eso he venido aquí; tengo entendido que si hay algo que no se encuentra en ningún lado, aquí estará.

-No lo decía por eso. Es que esa pieza es especial para automails, y usted no…

-Vaya, me ha pillado –rió el hombre. La joven le miró sin entender-. En realidad lo que buscaba era un poco de compañía. Ahí afuera está lloviendo a cántaros y no tengo hostal ni sitio adonde ir, y esta era la única tienda que estaba abierta aun, así que…

-Vaya, ¿y qué ha pasado con todo eso de "si hay algo que no se encuentra en ningún lado, aquí estará"?

El hombre rió.

-Hoy está de suerte, resulta que estoy aburrida como una ostra y no tengo nada mejor que hacer que seguirle el cuento a un cliente charlatán… tome, séquese un poco –dijo, tendiéndole una toalla-. Voy a preparar algo de té, ¿le apetece?

-Muchísimas gracias. Pero no hace falta que me hable de usted, aunque lo aparente no soy tan viejo –dijo, sonriendo.

Ella se encogió de hombros –Como quieras.

-Gracias –dijo, cogiendo la toalla y secándose su media melena dorada-. Ah, dónde tengo mis modales. No me he presentado.

-Tranquilo, los clientes normalmente se presentan con sus billeteras –rió ella. Luego le tendió la mano-. Pinako Rockbell, aunque supongo que "Taller Rockbell" ya es como una presentación en sí…

-Encantado, Pinako. Mi nombre es Van Hohenheim, un placer.

***

Van Hohenheim era un hombre misterioso, o eso le pareció a la joven Pinako. No sabía exactamente cómo, pero podía permitirse de vez en cuando hospedarse en algún lugar de la zona. Y si no, simplemente se iba de ruta para volver al cabo de un par de meses otra vez a su taller de automails. Por algún motivo, Hohenheim siempre solía pasarse por el taller a saludarla, y a menudo se quedaba todo un día charlando con ella sobre varias cosas: mecánica, nuevos inventos del norte, física, medicina… La mayoría de las veces Hohenheim hablaba y ella preguntaba, exceptuando el tema de la mecánica, por el que el hombre parecía estar muy interesado. Siempre que venía Pinako sonreía, pues ese hombre nunca venía sólo: siempre iba acompañado de nuevos conocimientos y descubrimientos de otras zonas lejanas, que Pinako muy cuidadosamente apuntaba y clasificaba para en un futuro darle un uso práctico.

-Sería fascinante crear un vínculo entre la mecánica y otras ciencias –decía él a menudo. Y aunque Pinako le preguntaba qué quería decir exactamente con "otras ciencias", él siempre se encogía de hombros y sonreía. Era un tipo peculiar. Nadie sabía a ciencia cierta a qué se dedicaba, y por algún motivo, Pinako tampoco compartió su existencia con sus padres u otros compañeros de la profesión. Se sentía especial de que ese misterioso viajero hubiese elegido su compañía. No fue hasta unos meses después que Hohenheim empezó a hablarle sobre alquimia. Al principio, Pinako adoptó una postura escéptica.

-Yo no creo en trucos de magia baratos. Yo creo en la ciencia y en la física –dijo ella.

-Observa –dijo él, y dando una palmada hizo surgir del suelo de madera un árbol sin hojas. Ésa fue la primera vez en que Pinako Rockbell presenció la alquimia, aunque no sería hasta mucho después que le tendría el respeto y el miedo necesarios.

-Tenía entendido que los alquimistas teníais que hacer unos garabatos o algo parecido para transmutar –dijo ella, arqueando una ceja.

Hohenheim dejó de sonreír durante un momento, pero luego volvió a mirarla con esa afabilidad suya –Parece ser que te he subestimado, amiga mía. Efectivamente, un alquimista no puede realizar alquimia sin dibujar círculos de transmutación, a menos que haya cumplido ciertos requisitos.

Pinako no le pregunto qué requisitos eran, y él tampoco dio más explicaciones. Fue entonces cuando Pinako empezó a advertir algo extraño en el hombre: casi siempre que hablaban, salía el tema de la fusión de ciencias, la fusión entre mecánica y alquimia, física y alquimia y, en definitiva, hacer cosas con la alquimia. Con el tiempo, Pinako empezó a sospechar que las visitas que recibía de Hohenheim podían quizás no ser casuales. En una ocasión dejó la tienda un par de horas para ir a un proveedor cercano a recoger materiales, y al volver se encontró que él estaba adentro, esperándola con calma mientras leía apuntes de mecánica.

-Quiero proponerte algo, Pinako.

Así que desde el primer momento había tenido bien claro su objetivo; no había entrado en el taller de los Rockbell porque buscase refugio de las lluvias, sino porque sabía que allí se encontraba la mejor mecánica de toda la zona. Sólo con eso ya tenía excusas suficientes como para echarle de la tienda y pedirle que no volviera jamás, y él lo sabía. Pero Pinako era joven, tenía alma de aventurera y no quería resignarse a pasar el resto de sus días detrás de un mostrador. Quería ir más allá, hacer algo con su vida que fuese digno de haberla vivido… y eso era precisamente lo que ese extraño personaje de ojos dorados le ofrecía: le tendió unos planos y unos esbozos con los que juntando mecánica y alquimia podrían conseguir grandes cosas, o eso le había asegurado él.

-Pero… si es sólo una puerta –había dicho ella, confundida.

-Con alquimia, "nada" es sólo "nada" –respondió él enigmáticamente.

Y así, mientras que por la mañana y la tarde atendía a sus responsabilidades, ya entrada la noche Pinako y Hohenheim se encerraban en el taller trasero para juntar conocimientos. Pinako intentó preguntarle en más de una ocasión qué era exactamente lo que estaban construyendo, pero Hohenheim alegaba que no estaba seguro de si funcionaría y que, por lo tanto, no quería dar más información de la necesaria.

Mientras tanto, en Amestris, las cosas empezaron a cambiar. Empezaban a oírse rumores lejanos de guerras, y no tardaron en llegar cartas de alistamiento. Por aquél entonces había un hombre dentro del ejército que empezaba a amontonar títulos y buenas críticas, aunque nadie pudiera imaginarse jamás que ese joven robusto llegaría a convertirse al cabo de unos años en Daisouto, ni mucho menos que no fuese humano. Pinako no podía imaginárselo, ni tampoco el papel que estaba jugando en todo ello sin saberlo. Todo iba según sus cálculos en su vida: por las mañanas y tardes trabajaba, y por las noches se quedaba en vela construyendo ese extraño portal que Hohenheim iba completando con toques de alquimia y símbolos extraños. Todo iba según lo planeado, hasta que ocurrió el incidente.

Era un día de otoño como muchos otros, con el cielo encapotado y lluvias sin cesar. Hacía casi un año de la primera aparición de Hohenheim, pero ya hacía algunos días que el hombre había desaparecido. A veces lo hacía; se iba por la mañana, cuando ella descansaba antes de entrar en la tienda, y reaparecía al cabo de unos cuantos días sin dar explicaciones. Pinako había aprendido que era inútil preguntarle nada; si quería contarle algo, se lo decía. Y ella tampoco era como sus amigas cotillas, su curiosidad iba toda canalizada a la mecánica y, en aquel momento, al invento que tenían preparado entre manos. Y en eso estaba pensando, acerca de para qué demonios acabaría sirviendo ese estúpido portal, cuando la puerta de la tienda se abrió y entró uno de los jóvenes del pueblo, aterrorizado.

-¡Pinako, rápido! ¡Necesitamos ayuda!

-¿Qué sucede, Carl? –dijo la joven, preocupada, siguiéndole fuera de la tienda. Llovía a cántaros y lo único que pudo ver a través de las cortinas de agua fue que había un gran revuelo en la ciudad, y que mucha gente corría hacia una misma dirección.

-¡La presa de la montaña está a punto de romperse por las inundaciones!

-¡Eso es imposible! –gritó ella, mientras seguía a Carl por las calles-. ¡El sistema de engranajes está diseñado para aguantar aguas torrenciales…!

-¡Lo sé, es lo que dicen todos, pero al parecer se ha roto! ¡Necesitamos a todos los mecánicos disponibles para repararlo antes de que el dique se rompa e inunde a todo el pueblo!

Pinako maldijo por lo bajo y empezó a esprintar. Al llegar al lugar acordado se juntó con el resto de grupo de mecánicos y, entre todos, llegaron a la sala de máquinas donde se encontraban los mecanismos que manipulaban la presa.

-¡Parece que se ha atascado, hay que arreglarlo manualmente! –dijo otro de los mecánicos.

-Es imposible, no hay tiempo para desatascarlo, alguien tendría que colarse por la rendija del engranaje y luego…

-Dejadme pasar, lo haré yo –dijo Pinako, poniéndose un chaleco salvavidas por si acaso y dirigiéndose al conducto con determinación.

-¡¿Estás loca?! –dijo Carl, agarrándola por el brazo.

-¡Si no hacemos algo rápido, todo el pueblo quedará inundado! –respondió ella.

-¡Ya lo sé, maldita sea, pero es demasiado peligroso! ¡Iré yo…!

-Lo siento, Carl, pero esta espalda fornida tuya no te va a ayudar a pasar por ahí –le sonrió Pinako-. Quién lo iba a decir, mi condición de mujer pequeña y enjuta sirve para algo…

-Pinako… -murmuró uno de los hombres- Ten cuidado. Danos un golpe con el casco si necesitas ayuda y te subiremos con la cuerda.

La joven se amarró la cuerda bien fuerte al torso y empezó a deslizarse por la rendija antes de que Carl o cualquier otro tuviesen tiempo de impedírselo. El descenso hacia la sala de máquinas duró sólo unos tres metros. Ya tocando de pies a tierra, Pinako miró a su alrededor e inspeccionó las turbinas y los engranajes. Arqueó las cejas, sorprendida. Había detectado el problema, pero no entendía cómo había podido suceder… Uno de los engranajes estaba literalmente fundido. Eso no era una simple malfunción del sistema, parecía un sabotaje en toda regla. Fue hacia allí con decisión dispuesta a arreglarlo con su arsenal de herramientas, cuando toda la sala oscureció. Pinako se quedó quieta. No era la oscuridad típica de cuando se apaga una vela, ya que incluso había dejado de oír las voces de sus compañeros. Entonces, en medio de la oscuridad, un ojo del tamaño de una persona se abrió de la nada, mirándola.

Pinako se quedó estática, sin fuerzas para gritar.

-No puedo permitir que arregles esto, joven humana –dijo la voz. Tenía un timbre difícil de identificar, ni de hombre ni de mujer, pero por algún motivo a Pinako le resultó extrañamente familiar.

-Tengo que… arreglar la presa o todos morirán –murmuró ella, más para infundirse fuerzas que para llevarle la contraria a ese extraño ser.

-No te entrometas en mi plan o lo lamentarás –dijo la voz. Parecía que se apiadaba de ella, aunque eso sólo alimentó la ira en Pinako.

-¡¿Qu-qué plan…?! ¡¿Y se puede saber qué demonios eres tú?! ¡¡No pienso permitir que un estúpido ojo cause la muerte de centenares de personas…!!

-Necesito esos centenares de personas para alcanzar mi plan. Necesito mis sacrificios, y ya he esperado demasiado tiempo.

Pinako miró hacia la oscuridad, horrorizada. ¿Oscuridad…? No, no estaba oscuro del todo. Parecía ser que esa cosa estaba gastando algo de energía manteniéndola en una oscuridad total, porque cada vez empezaba a hacerse menos oscuro… sí, ya podía ver el sistema de engranajes, podía ver el hueco donde tenía que colocar una palanca y tirar de ella para que todo funcionase de nuevo… Sin pensárselo dos veces ni plantearse lo que le estaba pasando, echó a correr hacia allí y colocó la palanca en el lugar exacto. Antes de que ese extraño ojo tuviese tiempo de atacarla, movió la palanca con fuerza hacia sí. Un sonido estruendoso y luego un temblor inundó el lugar. Pinako volvió a oír los gritos de sus compañeros desde más arriba, llamándola.

Cuando la subieron, Pinako estaba en un estado de hipotermia avanzado, hablando y titiritando a la vez. Les aseguró que todo estaba arreglado antes de caer inconsciente en los brazos de Carl, que junto con otros hombres la llevaron rápidamente al hospital. La presa de Rush Valley aguantó momentáneamente hasta que pudo llegar el equipo de mecánicos al completo y solucionar el problema definitivamente, no sin antes elogiar las aptitudes de la joven que había podido mantener el problema con sólo un par de herramientas.

Mientras estaba inconsciente en el hospital, Pinako soñó. Y no era un sueño agradable. Soñó que la oscuridad más densa la envolvía y que un ojo la miraba iracundo porque le había arrebatado su sacrificio para conseguir algo… algo que no terminaba de entender. Algo que tenía que ver con otros mundos. Qué tontería, pensó la joven incluso desde su inconsciente. Entonces esa voz extraña le susurró al oído unas palabras que al principio la aterrarían, pero que con el tiempo empezaría a olvidar hasta creer que no era más que el producto de su miedo irracional:

"Algún día volveré a por ti, y reclamaré todo el sacrificio que hoy me has arrebatado. Y seguramente será una energía insuficiente, así que no me conformaré contigo, Rockbell… Hasta más ver."

Pinako se despertó asustada en la oscuridad, pero no era la oscuridad como la del sueño, sino que era una oscuridad normal. Se fijó en que no estaba sola en la habitación: Carl se había quedado a velar su sueño, y tenía su mano agarrada. Ella se la estrechó con cariño.

Unos días después salió del hospital. Fue directa al taller de mecánica, alentada por alguna extraña corazonada. Así que cuando llegó a la trastienda y descubrió que ese extraño portal, junto con todos los mapas e información había desaparecido, no se extrañó. Lo había sabido. Como también sabía que, de un modo u otro, no volvería a ver a Hohenheim.

***

El tiempo lo cura todo, y también ayuda a olvidarlo todo. Con el tiempo, Pinako empezó a cuestionarse lo que le había sucedido aquella fúnebre noche de otoño en la presa de Rush Valley. Carl, con quien llevaba ya un tiempo casada, siempre le decía que justo cuando bajó por el conducto dejaron de oír su voz, ya que debió de quedar inconsciente por las bajas temperaturas, el cansancio o la baja presión. Que en ningún momento perdieron el contacto visual con ella y que, por supuesto, allí no había ningún extraño ojo que la vigilase. Pinako sabía que esa era la explicación más lógica, pero por mucho tiempo que pasara no podía evitar mirar de reojo por las sombras, con la inquietante sensación de… de que la espiaban. Pero eso no podía ser, le decía Carl. Incluso llegaron a cerrar la tienda y trasladarla a otro lugar lejano para que Pinako pudiese empezar de cero. Su primer y único hijo nació ya en Risembool, donde creció sano y fuerte hasta encontrar a una joven y preciosa estudiante de medicina llamada Sarah.

Sí, con el tiempo Pinako aprendió a olvidar y a hacerse fuerte de corazón. Aprendió a seguir adelante pese a la repentina muerte de Carl, en un extraño accidente en el río. Aprendió a ver la belleza en su nieta que día a día crecía y se interesaba más por la mecánica, llenándola de orgullo, y aprendió a ver crecer la amistad de su nieta con los niños del pueblo, especialmente con los niños de los Elric que vivían encima de la colina. Pero algo no terminaba de encajar bien. Pinako había conocido a Trisha desde que ella iba en pañales; era un poco mayor que su hijo y a veces había venido a su casa para vigilarle. Trisha se había casado con un hombre encantador y alquimista llamado Hohenheim, y por algún extraño motivo cada vez que pensaba en ese hombre, a Pinako le entraba un dolor de cabeza angustiante. Tan angustiante que no se le pasaba hasta que dormía toda una noche. Luego se levantaba, extrañada y totalmente bien, sin recordar exactamente qué le había sucedido para sentirse mal… hasta que volvía a pensar en ese hombre. Esa sonrisa afable, esa mirada inteligente, y ese nombre… ¿Por qué tenía una extraña sensación de que le conocía? Pero era imposible. Una vez, Trisha y Hohenheim vinieron a casa para que sus hijos jugasen un rato con su nieta, y Trisha les estuvo contando que su marido se había criado en Central, donde había conocido a Trisha de casualidad tropezando literalmente con ella hasta casi hacerla caer al suelo. Y Pinako jamás había estado en Central.

Y los años fueron pasando en Risembool… Hubo momentos felices, pero también momentos tristes. Su hijo y Sarah jamás regresaron de Ishbal, y ella se quedó como única tutora de su nieta. Poco tiempo después, Trisha sucumbió a una enfermedad… dejando a los niños Elric solos, ya que el padre se había ido de casa años atrás para completar unas investigaciones… hasta que llegó la noche en que los hermanos Elric, un tiempo después de la muerte de su madre, atentaron la transmutación humana. Esa noche sería recordada por todos ellos de maneras distintas, pero a parte de lo obvio, Pinako se levantó en medio de la noche, sudando y tocándose el corazón. No supo por qué, ni por qué lo había podido olvidar, o cómo (aunque sospechaba que algo o alguien hubiesen tenido algo que ver en ello), pero la cuestión es que la noche en que los hermanos Elric abrieron la Puerta, Pinako recobró sus recuerdos.

La oscuridad.

El ojo.

El portal.

Hohenheim.

Hohenheim, con ella, cuarenta años atrás. Hohenheim, casado con Trisha unos años atrás, con el mismo aspecto que hacía cuarenta años. Un escalofrío le recorrió toda la columna dorsal. Un fuerte dolor empezó a quemarle en el pecho.

Sacrificios.

Un llanto.

Pinako se levantó de la habitación; Winry se había despertado y estaba llorando, se quejaba de que le dolía el pecho. Pero no pudo prestarle más atención porque minutos después se oyó un ruido seco en la puerta, y el shock de ver a una armadura hablando y sosteniendo a un Edward Elric manchado de sangre, sin brazo ni pierna, les hizo olvidar sus otros problemas… temporalmente.

***

-…y el resto de la historia ya la conoces, corazón –murmuró Pinako, mirando a su nieta. Bebió un poco de agua, cansada. Llevaba toda la noche hablando. Winry, a su lado, en la cama, la miraba como si la viese por primera vez.

-No… entiendo… -musitó Winry, medio llorando-. ¿Me estás diciendo que… el padre de Ed y Al te ha hecho esto…?

-Ese ojo… ¿Era Hikaru no Hohenheim? –preguntó Izumi-. ¿Eso es lo que crees?

-No puedo estar segura, pero… -musitó Pinako-. ¿Es posible borrar ciertos recuerdos con la alquimia, Izumi?

Ella parecía extrañada -…No he escuchado nunca nada parecido. Eso va contra las reglas de la alquimia, pero si ese hombre es capaz de hacer lo que creo que es capaz de hacer, entonces…

-¿Izumi? –preguntó Winry, sin entender.

Ella suspiró. No estaba acostumbrada a compartir esos conocimientos con gente ajena a la alquimia, pero aun así… Pinako y Winry tenían derecho a saber –Existe un portal, la Puerta de la Verdad, un lugar extraño al que todo alquimista que intenta hacer una transmutación humana tiene la obligación de ir… Es el lugar donde te "quitan" algo equivalente. Es donde se encuentra el cuerpo de Al, el brazo y la pierna de Ed, así como una parte de mi –dijo Izumi, tocándose el vientre-. Normalmente, para abrir la puerta es necesario un sacrificio humano. Y cuanto más sacrifiques, más se abre, proporcionándote más posibilidades de atravesarla.

-…¿y eso qué tiene que ver con…? –preguntó Winry.

-Creo que ese… hombre, o ser, o lo que sea que es… tiene la capacidad de invocar esa puerta a su antojo. No juega con nuestras normas. Tiene "algo" que le permite hacer trampa, y creo que no voy muy desencaminada al pensar que ese "algo" podría tener algo que ver con ese portal que usted le ayudó a construir, Pinako-san –murmuró Izumi. Winry se giró hacia su abuela, que tenía una expresión derrotada.

-Tendría lógica –murmuró Pinako.

-¿Pero qué… por qué…? ¿Por qué alguien querría hacer esto…? ¿Por qué alguien querría sacrificar a tantas personas…? ¿Para qué?

-Atravesar la puerta. Ir a otros mundos. Quizás… -murmuró Izumi-. No podemos saberlo con certeza, pero es posible que su objetivo sea ése. Nunca jamás podría haberme imaginado que el padre de Ed y Al…

-…yo tampoco lo entiendo… ese hombre era bueno, lo juro por lo más sagrado –dijo Pinako-. Al menos, lo fue mientras estuvo con Trisha. El día en que recobré mis recuerdos simplemente no podía asociar la imagen del bonachón de Hohenheim arreglándome el tejado con el del hombre que conocí cuarenta años atrás. Quizás no sea el mismo, quizá sí, pero eso no cambia que… ¡couhg, couhg! –Pinako empezó a toser de nuevo, y Winry la abrazó, preocupada.

-Po-por eso… lo siento tanto, mi niña, tanto –dijo Pinako, empezando a llorar.

-Abuela, no digas eso, por favor, no es culpa tuya… -dijo Winry, a quien también empezaban a humedecérsele los ojos. Ahora mismo tenía la sensación de no estar conscientemente allí. Mientras sus manos acariciaban a su abuela y la mecían con ternura, su mente no paraba de dar vueltas.

¿Qué significaba todo aquello?

¿Qué significaban esos dolores en el pecho?

¿Ella terminaría como Pinako-baachan?

¿Qué le pasaría a su abuela? ¿Y ella? ¿Iba a morir…? ¿Justo ahora que Ed había vuelto…?

-Decidle a los chicos que siento n-no habérselo dicho antes… simplemente pensé que… s-si lo quería con todas mis fuerzas, todo esto no… -murmuró Pinako, tosiendo. Esta vez Winry vio con horror que tosía sangre.

-Se lo diremos. Puede descansar tranquila –dijo Izumi. Y Winry supo que su abuela no llegaría al amanecer de un nuevo día. Aunque su cabeza estaba llena de preguntas sin respuesta, lo único que podía pensar en ese momento era que no era justo que su abuela hubiese tenido que soportar esa carga sola tanto tiempo.

-Ahora duerme, abuela. No te preocupes, todo saldrá bien… duerme –dijo Winry, dándole un beso en la mejilla. Pinako sonrió y suspiró, cayendo en un apacible sueño del que ya no despertaría.

En la habitación reinaba un silencio profundo y tranquilo. Winry soltó la mano de su abuela cuando el sol empezó a salir por el horizonte, y se giró hacia Izumi, que la contemplaba pensativa y con el cejo fruncido.

-Pero… ¿por qué no me lo dijo antes? –musitó la joven, mirando el rostro apacible de Pinako.

Izumi se tocó los labios –Tengo una teoría… -Winry la miró con interés, e Izumi prosiguió-. Todo está relacionado, ¿no lo ves? Ese hombre le hizo algo a Pinako-san para que olvidara todo cuanto había sucedido hace cuarenta años, y por algún motivo recobró sus recuerdos el día en que Ed abrió la Puerta. Pero luego pasan unos diez años sin que vuelva a pensar en ello… hasta que Ed volvió a abrir la Puerta hace unos días para regresar aquí. Y Pinako-san volvió a recobrar sus recuerdos.

-¿Quieres decir que después de recordarlos hace diez años… volvió a olvidarlo? –preguntó Winry, intentando aclarar sus ideas.

-Sólo es una teoría.

Winry bajó su mirada, intentando aparentar una tranquilidad que en el fondo de su ser no sentía en absoluto.

-…Izumi, ¿q-qué debería hacer?

Antes de que Izumi pudiera contestar algo, la joven se tiró en sus brazos y empezó a llorar.

***

Su mirada dorada se posó durante un instante en un objeto alto y tapado por una vieja capa raída; pese a que estaba tapado, la forma alta y ovalada de ese objeto era palpable. Sonrió, satisfecho. Faltaba cada vez menos para la Noche Blanca, lo sabía… y todos los habitantes de Amestris también lo sabían, aunque por distintas razones. Hacía tiempo que en la calle se empezaban a vender lupas y cristales aptos para los eclipses lunares, y hacía tiempo que los periódicos iban pregonándolo. La Noche Blanca, la última noche del año… o la primera, según cómo se mirase. Centenares y centenares de personas congregadas en un mismo espacio para contemplar el cielo, totalmente ajenas a lo que realmente estaba ocurriendo.

Su mirada se movió del objeto tapado hacia el centro de la estancia oscura. De la oscuridad salían tubos y cables, y todos ellos llegaban a cinco probetas de cristal colocadas en forma de pentágono de casi dos metros de altura y medio metro de radio. Cuatro de ellas emitían un extraño resplandor plateado. Pero la última, la que estaba en la punta superior del pentágono, estaba vacía. De momento.

-Lust.

Una pequeña sombra se presenció delante del hombre.

-¿Sí, Padre?

Él le tendió una pequeña notita, en la que había una dirección apuntada. Ella se la leyó una vez y sonrió complacida. Por fin podría jugar.

***

Un silencio reinaba en la habitación. Pero no era un silencio cómodo. Tampoco era exactamente silencio; la respiración apresurada de Ed y los sollozos de Winry. Ed seguía sentado en la cama delante de ella y cogiéndole de la mano, pero su mirada estaba perdida. Su puño metálico temblaba.

Winry había finalizado su narración, y se maldecía por haber cedido a las peticiones del alquimista de acero. No tendría que habérselo dicho, ¿qué diferencia había? La joven siguió llorando en silencio, hasta que Ed reaccionó y la abrazó con fuerza, casi con brusquedad. Winry jadeó ante la sorpresa, pero no dijo nada y apoyó su frente en su hombro metálico, llorando en silencio y devolviéndole el abrazo.

-Lo siento, Winry. Siento haberte hecho hablar de esto, pero necesitaba saber qué ocurría para poder hacer algo. Lo entiendes, ¿verdad?

Ella asintió. No tenía ni fuerzas para preguntar "¿Y qué puedes hacer al respecto?". Aunque él pareció leerle la mente.

-No te preocupes. No llores, Winry, mírame. Mírame –insistió él, al ver que ella seguía llorando. Winry hizo un esfuerzo para parar el torrente de lágrimas, pero fue inútil. Pero al menos le miraba-. Eso es. Winry, no vas a morir. ¿Me oyes? Lo prometo. No, lo juro.

Al pronunciar la temida frase, la joven se derrumbó y empezó a llorar con más fuerza.

-¡No llores, porque todo va a ir bien! ¡Haz el favor de mirarme, maldita sea…! ¡Winry…! ¡No voy a dejar que…! Maldita sea –dijo él, al ver que ella no podía parar de llorar. Ed volvió a abrazarla con fuerza y a esconder su rostro entre sus brazos. Tenía la cabeza funcionando a toda velocidad. Era demasiada información, demasiados detalles que necesitaban ser minuciosamente desglosados y cuidadosamente investigados… necesitaba la ayuda de Al, de Izumi y de Mustang, y sobretodo necesitaba relajarse y pensar, pensar, pensar. Pero no ahora, ahora sólo podía concentrarse en Winry y en consolarla, y en intentar hacer que no llorara más.

Pero lo que le acababa de decir era demasiado…

Su padre, un hombre sin edad que no envejecía.

Ese portal… y lo que había dicho Izumi, que supuestamente servía para mantener las Puertas abiertas… ¿qué demonios se proponía?

Pinako estropeando sus planes y tomando el relevo de esos sacrificios… así como sus generaciones venideras… condenando así hasta a la mismísima nieta que se encontraba llorando en sus brazos en esos instantes.

Demasiadas preguntas. Demasiados enigmas.

-…por eso… por eso no… tú y yo no… -intentaba explicarse Winry entre sollozos. Ed dejó apartados esos pensamientos en un lugar resguardado de su mente para volver allí al cabo de unas horas, y centró toda su atención en la joven.

-¿Por eso tú y yo no… podemos estar juntos? –terminó él la frase por ella. Winry se estremeció y asintió con la cabeza, y Ed sintió cómo una ola de rabia y cariño a la vez le envolvían-. Winry… ¿qué clase de persona crees que soy yo como para siquiera imaginarte que te dejaría en un momento así?

-No es el hecho de dejarme... es el hecho d-de que tengo fecha de caducidad –dijo ella, intentando sonreír-. ¿Q-Qué clase de persona crees que soy yo como para siquiera imaginarte que seguiría estando contigo sabiendo que mañana mismo podría morir por culpa de algo que ni siquiera entiendo?

-…Winry Rockbell… eres la persona más estúpida que conozco… sólo tú podrías encontrarte en una situación así y seguir preocupándote por los demás en lugar de por ti misma –dijo Ed con una media sonrisa triste, apartándole un mechón de la cara-. Nada de esto va a pasar, ¿me oyes? Encontraremos una solución. Sólo tenemos que terminar con el que inició todo esto, y ya está.

Winry tuvo un escalofrío.

-Ed… pero… él es…

-Yo no tengo padre –dijo él. Y Winry, por un momento, tuvo miedo de esa mirada.

Winry bajó la cabeza; ya no lloraba, pero seguía temblando. Ed consultó el reloj y vio que eran más de las tres de la madrugada. Dando un resoplido, el joven se levantó de la cama.

-Será mejor que duermas. Siento haberte hecho hablar tanto rato, ahora será mejor qu…

Ed se paró en seco porque Winry le había cogido de la manga, mirándole suplicante –Quédate esta noche.

El joven alquimista observó a la joven que estaba medio sentada, medio tumbada encima de la cama y que le miraba con esos ojos azules suplicantes. Ni un millón de imanes podrían jamás ejercer la mitad de atracción que la que la chica ejercía en él en ese instante. Y Ed sabía, sabía que ese no era un buen momento, que Winry necesitaba descansar, que había sido un día muy largo y que ambos tenían las emociones demasiado a flor de piel… pero no pensó en nada de eso cuando se sentó en la cama de ella y la besó con ternura, inclinándose suave y gentilmente hacia ella mientras que Winry se recostaba en la cama, con Ed encima. Winry le acarició la espalda y el pelo, atrayéndolo más hacia ella, y Ed correspondió al gesto abriendo más los labios y profundizando el beso… hasta que ambos abrieron los ojos y se apartaron de repente, como electrocutados.

Unas chispas de alquimia, esta vez más fuertes, acababan de salir disparadas de los brazos de Ed.

-…parece ser que se nos acumulan los problemas, Win –musitó Ed, respirando con dificultad.

-Maldita alquimia y malditos alquimistas… no me importan esos calambrazos, Ed… -dijo ella sugerentemente, acercándolo más hacia sí. Ed le siguió el juego y volvió a besarla, y lo mismo volvió a ocurrir.

-¡Joder, joder, joder…! –gritó Ed, dando un golpe de puño a la almohada, frustrado-. ¡¿Qué demonios me pasa?! ¡¿Por qué no puedo ni…?!

-…pff… jajajaja…

Ed dejó de maldecir y perjurar porque Winry estaba empezando a reír. La situación no era divertida, pero en conjunto era tan inverosímil, tan extraña, tan… La joven mecánica estalló en carcajadas. Si no lo hubiera visto con sus propios ojos, Ed jamás hubiera creído que minutos antes estaba llorando a pleno pulmón. Quizás fue su sonrisa lo que le ayudó a aclarar la mente, pero tuvo una idea. Envolvió a la joven con una manta (mientras ella seguía riendo) y luego él se tumbó a su lado, abrazándola pero tocando sólo las partes cubiertas por la manta.

-Win… mira, ya está –dijo él.

-…jajaja… ¿el qué…?

Winry se dio cuenta de lo que quería decir -¡Genial…! No solo estoy sentenciada, sino que encima no puedes ni tocarme sin electrocutarnos a menos que me cubras con una manta… jajaja… dios mío, ¿por qué todo nos tiene que pasar a nosotros…?

-¡Te he dicho que todo va a salir bien, friki de los automails! –dijo él, dándole un golpecito en la cabeza.

-Auch…

Winry no tardó mucho tiempo en empezar a cerrar los ojos y finalmente a dormirse, de espaldas a Ed. Su respiración acompasada era lo único que se oía en la habitación. Pero Ed no logró conciliar el sueño. Mientras que con una mano acariciaba la melena de la joven mecánica, con la otra se rascaba la barbilla y sus ojos dorados escrutaban la oscuridad en busca de respuestas. O como mínimo, en formas de formular las preguntas correctas y maneras de cómo poder explicar todo lo que estaba sucediendo a su hermano menor, que dormía a la habitación contigua a escasos metros de ellos, sin volverle loco.

¿Cómo decirle a Al que su adorado padre estaba tras la muerte de Pinako, y que estaba poniendo en peligro la vida de Winry? ¿Cómo decirle que estaba empezando a sospechar quién era el que gobernaba desde las sombra a los homúnculos que habían reaparecido los últimos días en Central…? ¿Cómo sugerirle que quizás el único modo que les quedaba para salvar a futuros sacrificios humanos y a Winry era acabar con la vida del que una vez fue el hombre que les paseaba por los verdes prados de Risembool a brazos mientras su madre preparaba la cena…? ¿Cómo decirle que ellos mismos tendrían que quitarse de encima a Hikaru no Hohenheim…?

…quitarse de encima.

Ed abrió los ojos de golpe. Y unas palabras que había oído hacía tres años, antes de vagar por un desierto llamado Nada como castigo, volvieron a su mente…

"Y además…"

Edward le miró "¿Aún más?"

La silueta sonrió "Vamos, vagar durante tres años por el desierto de la nada es poca cosa. Allí no vas a sufrir. ¿Tienes idea de lo mucho que ha sufrido tu hermano, sin poder dormir, comer, beber…? En ése desierto tú tampoco podrás. Así quedará compensado su sufrimiento; en cuanto a la compensación por el hecho de traer su cuerpo… voy a tener que quitarte otra cosa más… material"

Edward notó que empezaba a desaparecer. Esa llamada 'Verdad' le estaba tele-transportando a algún lugar, seguramente a ése desierto de la nada que decía. "¡¡Espera!! ¡¿Qué es lo que vas a quitarme?! ¡Dímelo!"

La silueta sonrió; una sonrisa que le heló la sangre al alquimista "Cuando regreses, estoy seguro que lo notarás"

…Y por fin Ed comprendió qué es lo que le había sido quitado en el intercambio como precio para volver a casa. Sonrió, y una lágrima resbaló por su mejilla, secándola antes de que nadie tuviera tiempo de verla.

Era irónico que su mismísimo padre fuera el responsable de todo lo que estaba ocurriendo.

Era irónico que fuesen sus propios hijos quienes tuviesen que pasar cuentas.

Pero lo más irónico de todo era saber que la Verdad le devolvió de vuelta a casa para estar con los suyos haciéndole pagar un precio que le impediría estar con la joven que dormitaba a escasos centímetros de él.

Así pues, ahora ya lo sabía.

Su precio era su relación con Winry.

CONTINUARÁ

Notas de la autora

Aquí estoy de nuevo, ¿pensabais que os abandonaría? Más de uno seguro que sí… y no me extraña. Diría que, como siempre, siento la tardanza. Pero hasta a mí me suena repetitivo y sé que la única manera de compensaros por la larga espera es intentar que el próximo capítulo no tarde tanto como éste.

Por cierto, aunque estoy segura que lo debéis saber todos ya, como fan de FMA me siento llena de alegría por esta segunda nueva adaptación del anime de FMA: Brotherhood (aunque muy a mi pesar me guste más el argumento de la primera, pero al menos en Brotherhood tenemos más EdxWin jiji). Otra cosa quería comentar en relación al manga (el cual no tardará en acabarse, por desgracia): sólo quiero hacer constar que todo esto del "eclipse" no es un plagio del manga, ya que cuando empecé a publicar este fanfic ya tenía la idea concebida, y todo lo del eclipse no salió hasta mucho después en el manga. Sólo era para aclarar xD.

En fin, creo que no tengo nada más que añadir. Sólo deciros a los que me dejasteis review en el último capítulo que muchas gracias, de corazón; este capítulo es para todos aquellos que no han tirado la toalla conmigo. Prometo hacer lo mismo yo también con el fanfic.

Hasta el siguiente capítulo,

Read & review~

CiNtUrO-cHaN

15 de febrero de 2010