N/A: Los capítulos van turnando de punto de vista, el primero fue de Ginny, éste de Draco, y el siguiente de Ginny de nuevo, y así sucesivamente.


Capítulo dos: Momentum en medio del vacío

Me senté en el lugar de siempre y sentí como mi estómago se encogía. Últimamente no tenía ganas de comer, pero lo hacía porque mi cuerpo me lo pedía. Me servía té, sacaba una tostada con mantequilla y buscaba el jarro con zumo de calabaza casi por costumbre. Por más de cinco años siempre desayunaba lo mismo y estaba tan procesado en mi vida, que mis brazos se movían con agilidad por la mesa antes que pudiera siquiera pensar qué tomaba.

Mis oídos ya estaban impermeabilizados para que las sordas conversaciones de mis compañeros, y del Gran Salón en general, no llegaran a mi cabeza. Desde que había llegado la primera noche de este curso, supe que las conversaciones de los demás me amargaban más de lo que me encontraba. Hablaban de mí, aunque ya después de algunos días, no tanto; o hablaban de la extraña desaparición del trío dorado. Estúpido Potter. Estúpida sangre sucia. Estúpido Weasley. O al menos, esos eran los ejes temáticos que ocupaban las vidas de los adolescentes superfluos de Hogwarts hasta hace dos días atrás. Vi alrededor de mí como los de la mesa de Gryffindor movían sus bocas sin emitir ruido alguno. Sonreí agradecido que sus voces no fueran más que un mal necesario del pasado.

El único par de ojos que se posaban en mí eran los de Pansy.

La sonrisa de a poco se fue y la observé perplejo. Era raro que alguien se fijara en mí con tan poca discreción. En general sí me miraban y mucho, pero era cuando se suponía que no tendría que darme cuenta y cuchicheaban indagando sobre aquella fatídica noche en la torre de Astronomía. Ya me era familiar que mis compañeros de casa ni me dirigieran la palabra después que la primera noche me habían mirado por última vez con el mensaje de traidor muy claro. Era el cobarde que había desobedecido las órdenes del Señor Oscuro, que había huido como una rata y tenía la cara de volver a la escuela siendo que era la gran decepción de Slytherin.

Pansy suspiró con profundidad. Sus labios se curvaron en una mueca indecisa. La única idea que se me ocurrió era que se debatía por hablarme, pero no podía traicionar a nuestros compañeros. Se había establecido la ley de ignorarme entre todos los de la casa verde.

Decidí terminar con su dilema. Le dirigí una fría mirada y me concentré en el té que tomaba.

Estoy seguro que lo entendió porque se giró para pescar el hilo de la conversación que dirigía Blaise a su lado.

Después de terminar el desayuno antes que nadie, me puse de pie sin que nadie pareciera percatarse y caminé en dirección a la salida.

Para ganar tiempo antes que empezaran las clases, dejaba mi mochila encima de mi cama, así tenía que devolverme para ir a buscarla. Luego me quedaba vagando por los pasillos sin saber qué hacer. Podría entrar a la sala de clases, pero la perspectiva de verme solo, entre cientos de mesas y la pizarra en frente no me era muy tentadora. Aún quedaban varios días en el año para poder buscar qué hacer antes de las clases, aunque secretamente esperaba que Hogwarts fuera atacado por uno de los mortífagos que desempeñaban la labor de profesores o que el ministerio mandara a cerrar las instituciones educativas. Así volvería a casa y me mantendría lejos de todos, de todo.

La clase dio comienzo luego de largos minutos en los que me dediqué a admirar las pinturas del castillo. Todos los personajes que habitaban en los lienzos dejaban de realizar sus labores y me miraban extrañados. De seguro estaban al tanto de que era del bando del Señor Oscuro, que tenía la misión de matar al viejo Dumbledore y fallé. Era la miel en un panal de abejas para los estudiantes, los profesores e incluso las pinturas. La mayoría se quedaba callados, muy pocos retomaban sus tareas y sólo una pequeña niña me saludó deseándome un buen día.

En mis tres días de clases, era la primera vez que alguien me deseaba un buen día. Sentí nostalgia por los primeros años donde hablaba con todos, con los mayores y los de mi año. Eran buenos tiempos y los extrañaba.

En el aula de Transformaciones me senté solo. Esa era la única clase que compartíamos con los Gryffindors. Tenía que soportar ver las caras de pánico de los Hufflepuffs casi todo el día, con quienes tenía casi todas las clases, temiendo que cualquiera de Slytherin –en especial yo- los matara con un movimiento de su varita. Pero un lado agradecía que fuera así. Estar con los de uniforme escarlata y dorado habría sido una tortura. Si la tensión entre nuestras casas había sido siempre sabida, este año era palpable. De hecho hasta el imbécil de Longbottom se atrevía a dirigirles desdeñosas miradas a los Slytherins.

-Buenos días. Hoy día analizaremos… -empezó a decir la profesora McGonagall con voz potente y estricta.

Apenas presté atención a lo que explicaba. Mi mente se dedicó a divagar en lo que podrían pensar los profesores, los reales profesores, de mí. Todos le tenían mucha estima a Dumbledore y debían sentirse tristes. También enojados por la actual situación. Snape como director, mortífagos infiltrados como profesores o supervisores, el ministerio controlado por el Señor Oscuro y las muertes a la orden del día; éstas no eran razones para permanecer calmados.

Era mi primera clase de Transformaciones en el año y no sabía si iría a ser como las otras. Sólo con decir que en Encantamientos se abstuvieron de preguntarme algunos usos de encantamientos simples, por el miedo que empezara a hablar de maleficios, lo dice todo.

-… ¿No va a leer el libro, señor Malfoy? –me preguntó la profesora de pie a mi lado.

Observé que todos estaban tomando apuntes del grueso libro y lo leían con dedicación. No me había dado cuenta que ya habían empezado a trabajar. Lo abrí y pasé por sus páginas escuchando la impersonal voz de la profesora McGonagall repitiéndome el número de la página a leer.

-Es un buen estudiante, no quiero que se distraiga con lo que pasa afuera o aquí adentro –dijo señalándome mi frente, seguramente haciendo alusión a mis pensamientos. Sólo asentí sin saber qué decirle–. En veinte minutos quiero un pergamino de treinta centímetros explicándome sus teorías del tema del libro –Volví a asentir con la cabeza en silencio y me dispuse a trabajar.

Lo único que pude pensar antes de entrar de lleno en la materia, fue que la profesora McGonagall me había tratado como si no hubiese hecho nada malo. Ella era la más cercana a Dumbledore, la subdirectora, jefa de casa de Gryffindor. Parecía una historia de otro mundo que ella me hablara como a una persona, con su voz severa e imparcial para todos, sin hacer diferencias.

Por primera vez olvidé que era una de las personas más odiadas en la escuela y pude trabajar sin problemas de concentración. Y fue por esto que las dos primeras horas de la mañana se me fueron volando, dando término a Transformaciones.

Como iba en último año, tendría varias horas libres que propiamente debían ser usadas para repasar las clases, y así preparar los ÉXTASIS. Era el tercer día y no había mucha materia nueva, por lo que supuse que no tendría nada que estudiar.

Llegué a la sala común antes que mis compañeros y subí al cuarto que compartía con Blaise, Crabbe, Goyle y Nott. Dejé el pesado libro de Transformaciones en mi mesa de noche y saqué varios pergaminos porque a la hora siguiente tendría Defensa Contra las Artes Oscuras. Ya había tenido la primera clase de aquella materia y realmente no había necesidad de llevar el libro. Sólo anotar los monólogos de torturas, magia oscura, maldiciones y maldiciones imperdonables era suficiente para que el "profesor" Yaxley no te castigara con magia por no atender.

Suspiré al oír las voces estridentes de mis compañeros abajo, en la sala común. Seguramente vendrían y no quería encontrarme con ellos.

Bajé rápidamente las escaleras para encontrar la salida e irme sin que nadie pudiera tener el tiempo de ofrecerme una mirada de desdén, pero mi objetivo no fue tan fácil. Blaise hablaba con Crabbe y Goyle sobre el equipo de quidditch.

-Sí, el profesor Slughorn me dijo que quería hablar conmigo sobre el puesto de capitán. El director Snape le informó que me nombraba como capitán. Debo llevarle la próxima semana una lista con los jugadores que crea conveniente para los puestos, así él los acepta… –contestó Blaise sonriendo arrogantemente y se irguió para sacar pecho-. Soy el único capaz de tener la copa en nuestras manos.

-¡Es genial! –le animó Crabbe aplaudiendo estúpidamente.

Lancé un bufido al ver como Blaise se pavoneaba y apreté mis manos apurando el paso. Recién iba en el último escalón y me faltaba recorrer toda la sala para salir.

-Creo que si todo sale bien, podré organizar el primer entrenamiento la próxima semana…

-Para eso, tendrías que buscar nuevos cazadores –le cortó Pansy luciendo bastante molesta -, lo que no será una tarea fácil.

-Y un buscador nuevo –sentenció Goyle asintiendo.

No sé cómo hice uso de todas mis fuerzas para no gritarle a esos imbéciles. ¡Yo era el buscador de Slytherin! Mi padre había gastado una fortuna comprando nuevas escobas al equipo entero cuando iba en segundo año, había entrenado varias horas para poder vencer a Potter… ¡Yo tenía que ser el capitán en vez del incompetente de Blaise! Él apenas podía mantenerse en la escoba por una hora sin quejarse ni pavonearse frente a las chicas que iban a los entrenamientos. ¿Cómo podía ser la persona más irresponsable ser elegida para capitán?

Estúpido Slughorn. Imbécil Snape.

-… ya que el último que tuvimos nunca atrapó la snitch –finalizó Crabbe riendo.

Pude ver que sólo Goyle se reía. Blaise sólo sonrió apenado y me miró pensativo. La penetrante mirada de Pansy la sentí hasta que mi espalda dejó de asomarse por el umbral de la entrada. Ella había estado muy seria, sus labios eran casi inexistentes y en su lugar había una fina línea horizontal.

Estando ya a varios escalones de la entrada de la sala común, pude suavizar mis manos. Me dolían los dedos, porque habían estado apretados y rígidos por mucho tiempo. Los troné mientras subía pensando en que Goyle y Crabbe no eran más que unos oportunistas. Cuando estaban conmigo, se burlaban de lo que fuera y se reían de mis chistes u ocurrencias. Pero ahora era una la sabandija de Slytherin, entonces se reían a mis costillas. Al menos ya no estaba rodeado de inútiles como ellos. Estaba solo.

Caminé por los jardines con lentitud. Rodeé casi todo el castillo. No pude evitar que mi mirada se dirigiera al imponente campo de quidditch que se erguía a muchísimos pasos de donde me encontraba. Vi las banderas de las cuatro casas ondear y me encogí de hombros sintiendo nostalgia por aquellos días en los que era buscador, era aceptado en mi equipo. Ahora tendría que ver los partidos desde la gradería cuando el estadio estuviera cubierto por la mitad de colores verde y plateado. Y quizás no asistiera a los partidos. No podría soportar ver a otro en mi puesto, a Blaise como capitán dando las órdenes… Ese debería ser mi lugar.

Ya casi empezaba Defensa Contra las Artes Oscuras. Me dirigí al castillo sin perder tiempo y traté de olvidar el tema de Blaise y el quidditch.

De alguna forma sentía que me hundía en un gran espacio vacío y que yo mismo me iba dejando caer sin luchar. ¿Para qué tratar de salir si ya nada era igual?

Al llegar al aula me di cuenta que no había nadie. Entré vacilante, ya que podría ir en contra de las reglas de Yaxley que llegara antes de la hora, pero cuando ya llegué a mi pupitre habitual, respiré sintiéndome más aliviado.

-Buenos días, Malfoy –me saludó el profesor saliendo de su despacho y bajó las escaleras hoscamente. Sólo le hice un gesto con la mano mientras llegaba a su escritorio y buscaba entre los cajones algo-. ¿Falta mucho para que la clase comience?

-Er… sí –respondí viendo mi reloj y fruncí el ceño extrañado por aquella pregunta. Me di cuenta que se veía bastante feliz. Las únicas veces que había visto sonreír a tipos como Yaxley eran cuando el Señor Oscuro los felicitaba por sus misiones cumplidas o cuando torturaban a alguien. No creí que le hayan ordenado algo a Yaxley, ya que las últimas misiones se las daban a mortífagos experimentados. Él era relativamente nuevo, pocos años con la marca en el brazo, y era un gran avance que estuviera en Hogwarts-. Profesor Yaxley… ¿Puedo atreverme a preguntarle algo?

-Dime –Me sonrió como si estuviéramos en confianza. Eso era algo positivo para lo que quería decir.

-¿Qué busca? –Una sonrisa burlona surcó su rostro mientras su mano revolvía el cajón de su gran escritorio.

Mi respuesta se vio de inmediato resuelta: Sacó su varita larga y negra, con un mango de cuero que se veía muy caro. Ya había visto dos ocasiones en donde la había usado, y en ambas era para torturar. Una niña de Hufflepuff de mi año fue la primera. Se atrevió a preguntar por qué veían magia oscura, si debían aprender a defenderse de ellas. Crucio. Aún no salía de la enfermería. La segunda, en un pasillo. Un chico de Ravenclaw dijo que cosas raras ocurrían en el ministerio. Justo Yaxley pasaba con uno de los Carrows. Crucio. No tenía idea cuál fue la suerte del chico.

Tragué saliva y forcé mi mejor cara para continuar la conversación:

-¿Quién es el desafortunado esta vez? –pregunté sonriendo, pero la voz me tembló un poco.

-Afortunada, dirás –corrigió cerrando los cajones y rodeó su escritorio para acercarse a mi pupitre-, ya que puedo enseñar nuevas formas de tortura que aprendí en un libro que me facilitó el Señor Oscuro. Haré una pequeña práctica de los nuevos conocimientos adquiridos –Se rió con petulancia, como si fuera un tema muy trivial. Lo que él no sabía era que me producía escalofríos y asco. Asentí pareciendo sorprendido –La menor de los Weasley se negó a practicar un Crucio a la hija del editor de 'El Quisquilloso'.

El rostro sucio y cansado de Weasley apareció enmi mente casi al instante. Su pelo rojo sucio y mojado hacía juego con la tierra de sus mejillas. Sus pies daban pasos pesados y forzados, como si la vida se le fuese en ello. Y en sus ojos se reflejaba una gran pena que luchaba por no desahogar. Su precaria y penosa imagen después del castigo de Hagrid la noche anterior me había dejado un poco descolocado.

De pronto recordé el castigo del Señor Oscuro y el de mi padre, el maldito castigo que me profirieron al enterarse por boca de Snape que no fui capaz de matar a Dumbledore. Nunca había sentido un dolor tan profundo y prolongado en toda mi vida. Partiendo por los cortes en la espalda, los moretones en los brazos, mi nariz rota, las extremidades torcidas, la quemazón de la garganta, el ardor aplastante en mis ojos, el jadeo anunciando la proximidad de la muerte, las costillas incrustándose en mis pulmones, la presión en el pecho, mis pies no respondían y mis manos se encontraban llenas de sudor. La sangre me nubló la vista. No recordaba nada más de ese asqueroso día. La sangre fue lo último que vi. Lo último que escuché habían sido las risas del Señor Oscuro y como yo mismo lanzaba un grito desgarrador cuando creí no poder respirar más. Me ahogué enmi propia sangre.

-Como Snape no está hasta la noche, por razones de trabajo –Alzó las cejas sugestivamente, dándome a entender que él debía estar en una reunión con el Señor Oscuro-, me tomé la libertad de citarla a su despacho para darle una buena lección. No creo que me tarde más de cinco minutos –agregó con suficiencia.

-Creí que en las reglas del director, la muerte estaba prohibida –dije sintiendo como si estuviera hablando otra persona, pero era yo mismo quien había salido con esas palabras defensivas.

-Nunca dije que la mataría. Sólo la torturaré hasta ver que su espalda sangre por desobedecer las órdenes de un profesor –aclaró riendo divertido.

Su pelo rojo haciendo juego con la sangre que recorría su espalda no era una imagen agradable ni menos atractiva.

Aguanté la respiración pensando en algo para que otra tortura no sucediera.

-Con todo mi respeto, Yaxley, pero no puedo creer que malgastes el tiempo y tu energía en una Weasley –dije llevándome los brazos detrás de la nuca y me acomodé en mi silla para lucir relajado-. Es casi como darle oro a su asquerosa familia traidora.

-¿Por qué lo dices? –Se cruzó de brazos confundido y sus cejas se juntaron hasta ser una sola. Tenía que convencerlo y pronto, si no, su paciencia acabaría-. Desobedeció mis órdenes.

-Pero aún así si las hubiera cumplido, no podría haber hecho la maldición –expliqué resueltamente. Era la verdad, pensé después de unos segundos-. Para hacer una maldición satisfactoria, hay que sentir la necesidad de hacer daño a la otra persona. Ella podría haber dicho mil veces la maldición y nunca le habría movido ni un pelo a Lunática Lovegood.

Pareció meditar mis palabras y su rostro se suavizó.

-Lo que quiero decir es que –Puse mis brazos encima de la mesa y apoyé los codos de tal manera que la parte baja de mi rostro reposara en mis manos-, aunque te haya desobedecido o no, la torturarías igual. No saldrías feliz de la clase cuando vite tu circo romano, por supuesto.

-Mayor razón para torturarla –dijo no muy convencido de sus palabras.

Quería reírme, pero fingí toser. ¡Era pan comido mentirle a este estúpido! Yaxley era uno de los miembros más nuevos dentro de los mortífagos, así que podía ser extremadamente influenciable… Aún no tenía la entereza y astucia de los más experimentados.

-¿Para qué malgastar tus nuevas maldiciones en pobres diablos como ella? Creo que podrías partir por enseñar la teoría de las maldiciones y después explicarles que tienen que odiar. Es más pedagógico y, si entonces, no quieren torturar a sus compañeros; pues ahí puedes castigarlos –Busqué algo más para terminar la conversación aplaudiendo de mi lado y las encontré con facilidad-. Después de todo, si quieres ser el mejor profesor de Hogwarts, tienes que hacer bien tu trabajo.

Luego de mis impactantes palabras para los oídos de Yaxley, fue todo muchísimo más fácil. Lo disuadí de su idea inicial.

La clase empezó pocos minutos después. Escuché los murmullos de los estudiantes llegando, pasaban alrededor casi sin mirarme. Bajé la mirada para ver mi pergamino y pluma, y así evitar fijarme más en las risas de Crabbe y Goyle.

La única razón por la que había ayudado a Weasley era para que no hubiera más torturas sin sentido. No lo había hecho por ella, si no por algo personal. Tan sólo siquiera saber que una persona viviría lo mismo que yo sufrí era terrible. Escalofríos corrían por mi espalda y me moví incómodo en la silla. Incluso si eran muggles debía impedirlo. Nadie merecía sentir que su vida parecía irse de su cuerpo, pero sabiendo que a fin de cuentas no lo haría. Sentir que todo se acaba, pero no es así. Vivir la muerte, pero sólo tocarla porque se llegaba hasta el punto de la inconsciencia. El recuerdo de mi propia experiencia aún me hacía temblar en pesadillas. No sabía si había merecido el castigo severo de mi padre, porque del Señor Oscuro se lo esperaba, pero que mi padre estuviera junto a él haciéndome las heridas más hondas en mi cuerpo y alma era impensado. Constantemente despertaba en las noches sudando frío y con los gritos en mi mente en los que les pedía clemencia a mis agresores.

Y aunque fuera Weasley, no podía dejar que la torturaran por negarse a hacer un acto repulsivo. Enseñar las Artes Oscuras era una de las peores masacres que podía existir en Hogwarts, siendo que antes las amaba, ahora las aborrecía.

Pensar que el mismo sabor amargo de sangre ahogaba a Weasley como la mía llenó mi propia boca, y que su vista se nublaba del agotamiento mientras sus gritos seguían audibles en el despacho del director Snape me hizo estremecer.

Menos mal que aquella escabrosa visión sólo quedó en mi imaginación.


N/A: De verdad no sé cómo agradecerles el grato recibimiento que ha tenido el fic. Creo que si fuera posible, iría a sus casas a darles abrazos de oso (no soy millonaria para comprarles una mansión o algo así). Simplemente me han dejado encantada, ya que no creí que tanta gente quisiera tener historias sobre lo que pasaba en Hogwarts paralelamente a las aventuras del trío.

Bueno, de a poco van tomando forma los personajes… Draco fue esencialmente difícil de sacar en limpio. Sé que me han faltado millones de cosas que explique, pero siento que podría dejar entrever de lo que le pasa a Draco a través de unas conversaciones futuras que tendrá con Ginny (oh, sí, ya suponen por el Summary que Draco y Ginny se harán cercanos). Es por eso que muchas de sus dudas preguntadas en los reviews, serán respondidas a lo largo del fic.

Ya, no los aburriré con un gran monólogo sin sentido… Oh, como último me gustaría que si ven alguna falta de ortografía, errores, falta de coherencia, etc. en el fic; por favor, díganmelo (en lo posible citando la frase y marcando el error), ya que no le pido a mi beta-reader que lo revise porque trato de aprender a ser independiente. Así que con confianza díganme lo que piensan, errores, faltas gramaticales; no me enojaré para nada :).

¡Mucha suerte en sus vidas, adiós!