Capítulo catorce: Los Greengrass

Sin afán de alentar que cantara victoria por su aparente triunfo, la corregí:

-Podría estar, Weasley –enrollé el pergamino con los nombres de los arrestados en el último mes de Azkaban. Tendría que agradecerle a Zabini; y bien sabía que con simples palabras no bastaría por su inmensa ayuda consiguiéndose la información-. No nos adelantemos a los hechos.

-Sabes que estoy en lo correcto –torció los ojos y sonrió con burla-. ¿Dónde más podría estar? Si tanto querían deshacerse de ella los Carrow, entonces, ¿qué mejor manera que enviarla a la prisión para evitarse líos? Pero no está allí. ¿Alguna sugerencia?

-Eres más ingenua de lo que creí al pensar que todos los detenidos se van a Azkaban… -no pude evitar lanzar una risotada, porque me parecía ridícula su inocencia.

Azkaban no era más que un organismo dependiente del gobierno que estaba bajo las manos del nuevo régimen. Y en el panorama actual, la persona que creyera que el gobierno del Señor Oscuro iba a seguir el conducto legal sobre cada movimiento político, policial, de investigación, etc.; entonces se podía decir que su ingenuidad pasaba a llamarse estupidez.

Me concentré en los papeles, mientras sentía que la pelirroja dejaba reposar sus brazos al lado de su tronco. Había perdido toda la euforia ganada por su suposición. No era mala, pero después de todo, debíamos tomarnos con calma el asunto y evaluar cada detalle. Actuar precipitadamente sería nuestro mayor error y sería como lanzarnos a la boca del lobo. Ambos arriesgábamos mucho al hacer esto, y si ya nos habíamos involucrado, pues lo haríamos lo mejor posible. Bien planeado, un trabajo pulido; aun mejor que la estrategia de un partido de ajedrez.

-Si no hay rastro de Trelawney, entonces quiere decir que está muerta o viva, pero escondida –dije más para mí mismo que para Weasley. Revisé los nombres de los inefables muertos-. Y si aún sigue viva, es porque necesitan que aún diga lo que sabe… ¿Qué sería lo tan importante? –maldije mentalmente que no estuvieran los nombres de los protegidos. Hubiera sido un buen inicio el centrarnos en el inefable que cuidaba de la profesora-. ¿Y quiénes son los encargados de hacerla confesar?

-¿Voldemort?

-Claro, Weasley. La mente detrás de toda esta extrema ideología de sangres pura va a tomarse las molestias de torturar a una mujerzuela chiflada –la miré sorprendido por su poca lógica-. El Señor Oscuro se ocupa de asuntos importantes. Si se encarga de castigar…

Ella pareció olvidarse de mi actitud golpeada, cambiando su mirada enojada por una más suave. No había dejado de notar que no pude concluir lo que decía, y no por algún orden mental de palabras o algo así, sino porque el miedo que se plasmaba en todo mi cuerpo al recordar el día en que mi padre y el Señor Oscuro me torturaron.

Con el paso del tiempo, no sólo las heridas en mi espalda habían cicatrizado, así también las mentales. Cuando cerraba los ojos ya no rememoraba esas infames escenas y en gran medida se debía a que me mantenía ocupado en una causa que me llenaba de ánimos para sobrevivir en este castillo. Me la pasaba pensando en pedir información, en no ser descubierto, en actuar y en fijarme en los movimientos de los demás. Estaba demasiado ocupado sirviendo a la resistencia que para estremecerme por los eventos del curso anterior. Y quizás se debía a eso que me entusiasmaba aún más, pero siempre de manera sigilosa, la idea de reunirme con Weasley y cooperar con ella en lo que podría ser un suicidio de proporciones.

Rápidamente recompuse mi semblante, volviendo a usar un tono frío e impersonal:

-En fin… Debe ser un asunto de importancia, pero no tanto. Si fuera así, Trelawney ya estaría abandonada San Mungo por daños irreparables a su memoria o muerta.

-Que una persona, tan humana como tú, pueda ser capaz de causar tanto dolor es… es inconcebible -su voz estaba perdida en lo que fuera que estuviera pensando. La miré extrañado, y algo impactado. Hizo una mueca y suspiró-. Lo siento –con una media sonrisa en los labios, parecía estar realmente arrepentida de ese pequeño lapsus-. Es sólo que me pregunto cómo será que te inflingan un Avada Kadavra

-Bueno, no estamos aquí para resolver tus planteamientos filosóficos.

Habíamos prometido no hablar de Potter ni de mi padre, como parte de un acuerdo para trabajar bien. No mencionamos más, pero creí que implícitamente estaban vetados los cuestionamientos sobre los mortífagos y sus prácticas.

El problema era que en el fondo sabía que no podía aparentar que esa fatídica tarde en la mansión no hubiera existido. Era como si la estuviera enterrando en el fondo de mi memoria, y con eso ya no estaba a completa vista del panorama en general. Sin embargo, seguía allí. Bajo tierra, escondida. Más cercana al centro de la tierra, al centro de mis pensamientos. Y se esparciría por toda mi mente, hasta que llegara el momento en que llegaría a sentir la sangre corriendo por mi garganta como si fuera real.

Para mi sorpresa, Weasley no hizo ningún comentario sarcástico ni me miró furibunda. Sólo se limitó negar suavemente con la cabeza, como si despejara su cabeza, y giró el volumen de "Hogwarts, una historia". Observada detenidamente el mapa donde aparecía que las mazmorras tenían una continuación inexistente.

-Las noticias se saben… Los criados, las niñeras, elfos y muchas criaturas que ofician en trabajos aparentemente insignificantes, siempre saben cuando pasa algo en las casas de sus amos –dijo con mucha seriedad. Su razonamiento no era nada ilógico-. Y no todos son los que dicen ser, lo que muestran ser. Muchos de sus elfos domésticos, criadas, zapateros, modistas, y más; muchos de los empleados de los sangre pura pertenecientes al círculo de Voldemort son opositores. Son espías, que nos informan de sus movimientos.

-Eso es obvio. Hay espías incluso en los mortífagos –me alcé de hombros-. ¿Crees que no lo saben? Por eso eligen con pinzas a los empleados. No van a dejar que cualquiera tenga contacto con alguno de los colaboradores del Señor Oscuro.

-Pero ni Voldemort es el mejor juez para determinar si alguien es digno de confianza –alzó las cejas, y sonrió-. Los espías ya habrían sabido del paradero de Trelawney; en especial si es una persona de vital importancia. Y por esa razón, la habrían ayudado a escapar.

-Bien, en ese caso… No ha habido titulares en el periódico. Si una detenida se hubiera fugado, ya habría recompensas por todos los medios escritos y radiales para atraparla –como Potter, quise agregar, pero me abstuve para evitar alguna nueva rencilla.

Weasley asintió vigorosamente, y se tocó el pelo, incómoda. Lo traía suelto y mientras se hacía una cola de caballo, dijo:

-Trelawney no está en ninguna casa de alguno de los mortífagos. Ni tampoco en Azkaban… ¿No es obvio? –preguntó, con una extraña chispa de vivacidad en sus ojos. Le repetí que no podíamos asumir como certeras meras hipótesis-. El otro gran lugar donde la ley no rige en ninguna circunstancia es Hogwarts. La escuela está a la merced de Voldemort y los locos de los Carrow.

En eso no podía contradecirla. Aunque aún estuvieran los profesores emblemáticos y antiguos, tales como McGonagall, Sprout, Flitwick, Binns, y Slughorn; sólo enseñaban y nada más. Su autoridad era nula, porque el cuerpo directivo concentraba todo el poder de las resoluciones en cuanto a lo que ocurría en la escuela. Snape y los mortífagos manejaban Hogwarts con la facilidad de titiriteros.

-¿Qué mejor lugar que éste? –señaló el mapa. Las mazmorras-. Un castillo que cuenta con cientos de pasadizos ocultos, y que tiene mazmorras, perfectos calabozos para encerrar a prisioneros. Nadie lo sospecharía; menos McGonagall ni los miembros de la Orden del Fénix.

-¿La Orden del Fénix? –pregunté, reconociendo el nombre como vagamente familiar. La primera vez que lo escuché fue a finales de quinto año-. ¿Ése no es el grupo que combate al Señor Oscuro?

-Sí. La verdadera resistencia –asintió y me miró fijamente, antes de continuar. Me estaba evaluando, claramente. Quería asegurarse que era digno de confianza para hablar sobre el grupo que era la antítesis del círculo de mi familia-. La fundó Dumbledore, en la primera guerra. Supongo que por eso se llama así. Él tenía un fénix y lo adoraba.

-Asumo que hay de todo: abogados, aurores, personas con cargos importantes en el ministerio, profesores…

-Igual que los mortífagos –hizo una leve mueca-, aunque obviamos las diferencias sanguíneas, raíces, culturas, entradas económicas. Sólo queremos luchar contra el despotismo de cierto loco que se cree mejor que nadie más –rápidamente se rió-. Bueno, no debería mencionarme a mí. Aún no pertenezco, por ser menor de edad. Pero toda mi familia lo está y he crecido en ese ambiente, así que… es costumbre.

-Te entiendo –le sonreí, sintiéndome extraño. No solía sentir la necedad de abrirme; en especial frente a una Gryffindor y una Weasley-. Cuando hablaba de los mortífagos, también me involucraba en el concepto. Después de todo, había sido criado entre ellos y por inercia terminaría siendo uno oficialmente.

Sabiendo que era mejor no continuar el rumbo de la conversación, Weasley esbozó una gran sonrisa y sus ojos parecieron brillar aún más. De hecho, para ser específico, lucía feliz.

-¿Y qué dices? ¿Trelawney en las mazmorras?

-Tendríamos que encontrar en primer lugar esa parte de las mazmorras –suspiré. No era del todo descabellado, pero de todas formas la idea se me hacía rara. Los mortífagos siempre habían tenido más clase y ocultar a la persona que profetizó algo que vinculaba al Señor Oscuro con cara rajada Potter en las mazmorras de la escuela, era sumamente dudoso-. Te informaré si ese libro tiene grandes errores la próxima semana.

-¿La próxima semana? –preguntó confundida. En su cara se leía la extrañeza y desilusión por mis palabras.

-Tenemos partido de quidditch. ¿O se te olvida? Hay que practicar, comadreja.

El color rápidamente volvió a sus mejillas, y lanzó una carcajada. Mientras cerraba los libros y abría su mochila, comentó:

-Se me olvidaba que aún tienen que entrenar para alcanzar nuestro potencial siquiera un poco.

-¿En qué mundo Gryffindor es mejor que nosotros?

-En éste –sentenció guardando los libros en la mochila. Debía tener un encantamiento para hacerla más grande en el interior o para empequeñecer los objetos, porque de ninguna manera le habrían cabido tantas cosas-. El mismo en que el año pasado tomé la snitch en mis manos y les di la victoria a los leones. Y la final fue contra Ravenclaw… ¿Dónde quedó Slytherin, Malfoy?

Estábamos en nuestros asuntos, a decir verdad. El año pasado casi todos los del equipo teníamos nuestras Marcas Tenebrosas en el brazo izquierdo y planificábamos todo para lograr que los mortífagos entraran a Hogwarts. El quidditch, los estudios, y las actividades escolares en general no eran más que distracciones en nuestra misión. No les prestábamos atención, aunque debía de admitir que cuando nos enteramos que Gryffindor ganó la copa, la sangre hervía en nuestro cuerpo. Les habíamos dado en bandeja la oportunidad de ganar, pero si queríamos triunfar con el Señor Oscuro, entonces teníamos que arriesgar todo.

-Idolatrando la Marca Tenebrosa, Weasley…

Lo había dicho con melancolía, supuse, porque sus ojos se abrieron impactados. Yo tampoco hubiera esperado responderle eso, pero casi se había resbalado en mis labios. De todas maneras, qué importaba. Ya no reconsideraba parte de la casa, así que hablar con franqueza sobre ellos, no estaba mal. No demostraba ninguna debilidad en mí, porque yo no pertenecía a una casa llena de aduladores e hipócritas.

-Pero este año Slytherin vuelve a tenerme, así que sería recomendable que dejarás de soñar –añadí para distender un poco el ambiente.

Funcionó.

Su expresión suavemente se relajó. No me había dado cuenta, pero su cara no mentía. Si algo le extrañaba, sus cejas se juntaban; si no estaba segura de algo, hacía una mueca torcida; si algo le sorprendía, abría los ojos como grandes platos. Se trataba de un libro abierto. Su rostro no ocultaba nada de lo que sentía.

La pelirroja se colgó la mochila y me puso una mano en el hombro, como si estuviera dándome apoyo moral.

-No te lo haré fácil, Malfoy –había mucha convicción en su voz, como era usual en ella cuando hablaba en serio-, aunque debo admitir que se me hará algo difícil patearte el trasero mientras vivimos estas circunstancias…

-¿Por qué?

-Es más fácil ser agresiva en el juego cuando odias a tu oponente –explicó resueltamente. Suspiró y se acomodó la mochila-. Quizás mis antepasados se revuelquen en sus tumbas al oír esto, pero bueno… No te odio. Hasta podría ser que me agrades un poco –una mueca torcida se le formó el la boca. Parecía meditar bien sus palabras y no se avergonzaba de decirlas-. Te lo dije el día en que te devolví tu túnica: entiendo cómo te sientes.

Sin esperar a que le respondiera, me dijo que sólo apuntara con la varita al knut y pronunciara la fecha, hora y lugar del siguiente encuentro. Y sin más se fue del aula.

Siempre cuando empezaba a entender un poco a la comadreja menor, hacía algo para descolocarme. Sus reacciones no siempre eran las esperadas y sus palabras muchísimo menos. Si alguna vez hubiera creído escuchar que hasta le agradaba, podría imaginarme su cara tiñéndose de un carmín intenso y con la voz quebrada, mientras evitaba mirarme a los ojos. No obstante, no fue así. Me miró a los ojos con firmeza, su voz fue calmada y su piel permaneció inmaculadamente blanca.

Bueno, me dije mientras guardaba los pergaminos en mi mochila, no se trataba de una confesión amorosa.

Generalmente cuando me decían que les caía bien; aunque técnicamente no era así con Weasley, ya que sólo no me odiaba; era para luego invitarme a una salida Hogsmeade. Chicas de todos los cursos, mayoritariamente de Slytherin y algunas de Ravenclaw. Y me miraban nerviosas y de palabras atropelladas. ¿Por qué siempre debían ser así? No me gustaba para nada. Parecían inseguras, y algo que odiaba en las mujeres era la inseguridad. Si querían invitar a alguien, pues que lo dijeran y con la voz segura. No prestando más atención a sus zapatos que a mí.

En mis antiguos tiempos, Zabini y yo nos burlábamos de ellas, aunque él solía aprovecharse de las más bonitas, saliendo con ellas de todas formas.

Ese día no tenía clases. Extrañamente, el horario se había aliviado mucho llegando a séptimo año. Solamente cursaba las asignaturas de los ÉXTASIS y abundaba el tiempo libre, el cual estaba formalmente destinado a estudiar. Pero dudaba que más de dos personas se tomaran en serio la finalidad, porque pocas clases realmente seguían el plan de estudios y se regían por parámetros normales para evaluar. En cambio, Defensa de las Artes Oscuras, por ejemplo, era todo menos defensa como propiamente tal. Y Yaxley nos calificaba casi según su criterio de gustos, dando siempre altos números a los hijos de mortífagos y otros bastante cuestionables a los que provenían de padres sangre impura o traidores. Ya no bastaba ser estudioso, ser bueno en una clase para aprobarla; sino que también la sangre jugaba un factor importante.

Mientras bajaba por las mazmorras, pensé sobre la teoría de Weasley. Tenía sentido, pero era demasiado riesgoso… Bueno, no por nada estaba ese famoso refrán muggle y de brujos: tus amigos cerca y tus enemigos aún más.

Miré la entrada a la sala común y luego a la continuación del pasillo. Había cinco aulas abandonadas, las cuales usualmente los Slytherins usábamos para cualquier otro fin que como lugar de estudios.

-¿Adónde vas, Draco?

Volteé sobresaltado, y Daphne Greengrass me observaba con curiosidad desde la entrada de la sala común. Estaba sola, lo que me llamó la atención. Hubiera dicho que me esperaba, pero deseché la idea rápidamente. Ella usualmente estaba acompañada de Parkinson o alguno de los demás, y crear alguna excusa para estar a solas, sería ingrediente de sospechas.

-A ningún sitio –respondí girándome hacia el orificio que dejaba la escultura de la serpiente-. Aunque si así fuera, no debería incumbirte.

-Pues es todo lo contrario. En especial, cuando desapareces sin decir nada… -bajó del pequeño escalón que separaba la sala común del pasillo y se cruzó de brazos con suavidad-. Te buscamos luego de Encantamientos. Y Blaise está empecinado en encontrarte.

-El día en que Zabini se preocupe por el paradero de Malfoy, será cuando el Barón Sanguinario tenga un acto de amabilidad desinteresada –comentó una tercera voz.

Nott llegaba con una pila de libros en los brazos. Todos de distintas materias, aunque la cantidad de Runas Antiguas excedían a los otros.

No pude dejar de notar que Greengrass se intranquilizó. Su mirada ya no irradiaba confianza y su respiración se aceleró; y todo al ver quién intervino por mí en una mentira que lanzó porque de verdad dudaba que Zabini me estuviera buscando, sino que se trataba de ella misma. Aún no había tenido oportunidad de hablar con su hermana para cumplir con el trato pactado la semana anterior. Seguramente quería decirme en qué momento podría encontrarme con ella o a recordarme lo prometido, aunque no hacía falta.

-Toma, se te quedó tu cuaderno –dijo entregándome mi cuaderno de Pociones. Lo tomé tratando de no imponer ninguna emoción en mi semblante, pero me sentí absolutamente aliviado-. Madame Pince tuvo que ayudarme a desencantarlo para descifrar de quién era.

-Gracias –lo guardé preguntándome cuándo me había robado el cuaderno, ya que en la mañana lo había dejado en mi mochila.

-Buenas tardes, Greengrass –saludó con formalidad a la chica.

Sus labios se entreabrieron con reticencia, casi temblando. Después de un segundo, suspiró y se forzó a sonreír:

-Nott –movió la cabeza. Sin esperar más, se dirigió a mí:-. Espero que tengas en mente lo que prometimos la otra noche.

-Cómo olvidarlo.

-Bien, pues tenemos una reunión luego de la cena y podrás empezar… Será una iniciación para los nuevos.

-Claro. Allí estaré –asentí.

Sin decir más, se fue y subió las escaleras, desapareciendo así de las mazmorras.

Me dispuse a entrar, y al fijarme en que Nott no me seguía, lo vi sobre mi hombro: plantado en el mismo lugar observando donde se había distinguido por última vez la estilizada figura de la heredera de los Greengrass.

Pocos segundos después, me miró y caminó como si nada.

Ambos entramos a la sala común. Estaba vacía, como de costumbre; así que mientras nos disponíamos a descansar en alguno de los sillones, le iba a preguntar qué había pasado realmente con Greengrass cuando él habló primero:

-La próxima vez sería conveniente que me avisaras, así tendrías una coartada –dijo despojándose de los libros y la mochila. Los dejó en la pequeña mesa de cristal en frente del sillón-. No fue fácil adivinar cuáles eran tus planes y robar tu cuaderno.

-Útil, pero no precisamente lo que quería –dije haciendo nota mental de aquello. Era una muy buena idea-. Me preguntaba qué pasó con Greengrass.

No me miró, pero pude distinguir por la posición y una especie de aura de su cuerpo, que se había tornado algo triste. Lo que me llevó a pensar en que Greengrass y él quizás fueran más que simples amigos, porque él parecía preocuparse profundamente por ella. O al menos eso notaba cada vez que él la veía en clases o dejaba de leer algún libro al escucharla quejarse de cualquier cosa.

-Yo también me pregunto lo mismo todos los días –su voz sonaba lacónica, y vagamente perdida-. La única persona que consideraba mi amiga, resultó ser arrastrada por el sistema.

-Sus padres la obligaron… -él negó con vehemencia-. ¿No? –dije francamente sorprendido.

-A pesar de que su poderío se debe a la política, la familia Greengrass tenía varias posibilidades para seguir manteniéndose en el mundo mágico. Tanto como si éste sistema se instauraba o los opositores ganaban –una mueca deformó su rostro momentáneamente-. Daphne no es más que un alfil en el tablero. Ella jamás fue la reina o una torre… Su incorporación a los mortífagos es casi insignificante, no asegura nada. En especial cuando sus padres le tenían otros planes…

Así fue como me enteré que los Greengrass sabían que no podrían mantenerse gracias a la política, por lo que querían ser pioneros en alguna otra rama para asegurarse cierto poder y estabilidad. La primogénita del último matrimonio de la familia era una de las más inteligentes y tenía todo el potencial para basar en su vida más allá de tratados políticos: ella podría ser una científica o tener un alto puesto en alguna empresa multimillonaria.

-No le hubiera sido difícil seguir una carrera universitaria y graduarse con altos honores, debido a todos los contactos que tiene la familia. Podría haber obtenido una buena pasantía, incluso un intercambio al extranjero –explicó como si ya le hubiera dado vueltas al asunto varias veces-. Así ella podría amansar un prodigioso futuro en el mundo laboral, lo que le daría riquezas y alto renombre en los negocios…

-De esa manera los Greengrass dejarían de hacer malabares para tener éxito en la política, lo cual es difícil porque deben apuntar a todos los panoramas posibles.

-Exacto –asintió-. Y Daphne no estaba en desacuerdo con ése plan, porque desde que éramos niños tenía interés en trabajar fuera del ministerio. Se le daban bien los números, las estadísticas; todo lo relacionado a una empresa –se irguió y me miró. Me causó un poco de impacto ver los ojos usualmente vacíos de Nott, llenos de rabia. No, de decepción. Una decepción contenida por mucho tiempo, que se había podrido hasta transformarse casi en amargura-. Pero el verano antes de iniciar sexto año me contó en una de las cenas del ministerio que se uniría a los mortífagos. Le pregunté por qué y ella sólo dijo que era lo mejor para su familia… Entonces, sorprendido, le di un largo discurso sobre la pureza de sangre y la estupidez en la que se involucraría. También le hablé de su futuro. Ella era muchísimo más inteligente que sólo para torturar a inocentes con maldiciones imperdonables… Era, en pasado. No sé dónde se fue su inteligencia –concluyó con ironía.

Si tal como decía Nott, eran amigos cercanos; entonces el repentino cambio de Greengrass era muy sospechoso. En todos los años que estuvimos en el mismo círculo de personas, nunca mostró real interés en las artes oscuras o los mortífagos. Tampoco se jactaba de su sangre pura, de hecho. Se reía de bromas que les hicimos a algunos hijos de muggles o sangres impuras, pero nunca fomentaba una o había hecho algún comentario positivo de la pureza.

Daphne Greengrass era un misterio. Habíamos estado desde niños juntos, pero nunca establecimos ningún tipo de lazos. Nos saludábamos, hablábamos de algunos temas sin importancia y asistíamos a la mansión del otro para las opulentas cenas y almuerzos que nuestras familias usaban para agasajar a la elite del mundo mágico. Sin embargo, no la conocía. No sabía cuáles eran sus reales intereses para el futuro, sus pasatiempos; nada.

-Bueno, creo que hay algo extraño –dije llamando su atención. De seguro no esperaba eso como respuesta ante tal revelación-, ya que tienes unas convicciones demasiado marcadas y no creo que aceptes rodearte tan íntimamente por alguien que se te oponga a ellas.

-Quizás tengas razón –asintió, pensativo. Luego de un rato suspiró y sonrió-. De todas maneras, no sé por quién me tomas, Malfoy. No soy una persona perfecta para elegir con pinzas a mis cercanos –se alzó de hombros-. Puedo cometer errores, tal como los demás.

-Claro que puedes –afirmé-, pero eso no resta que seas más maduro que muchos de nuestra edad. Y ciertamente dudo que alguien con tu nivel de introspección se equivoque al confiar en alguien que representa lo que odia… Que puedas llamarla amiga siendo que ella sigue el afán de pureza del Señor Oscuro.

Su sonrisa se volvió más triste, y posó sus ojos en cualquier parte menos en mí. Parecía que quería terminar el tema, puesto que estábamos llegando a un punto bastante frágil. La verdad temía qué reacción podría tomar; en especial si le decía todo lo que sabía sobre Greengrass, ya que por la petición de convencer a su hermana de no unirse a los mortífagos, me hacía tener algunas hipótesis sobre su cambio.

-Deberías dejar de tratar con tanto respeto a ese ser. ¿Señor Oscuro? Malfoy, comienza a llamarlo de otro modo.

-¿Cómo lo nombro?

-No lo sé, pero algo más… -sus ojos dejaron de ser tan apenados. Estaba volviendo a tranquilizarse-, algo más extremo. Yo simplemente le digo "ser", y delante de la familia, "él". No es gran cosa, pero al menos demuestra mi reticencia a su persona y su grupo.

-Esto sonara bizarro, pero me recuerdas a ella con ese argumento –comenté observando la escalera que daba a las habitaciones. Nott rió, divertido-. Y no es para nada un halago.

-Diría que sí lo es –calmó un poco la respiración antes de proseguir:-, porque tiene muchas cualidades que las envidio, mas no me gustaría poseer.

Lo miré extrañado, aunque no me sentía descolocado por sus dichos. Siempre Nott iba un paso delante de mí. Su capacidad de percepción no dejaba de asombrarme.

-Su ímpetu para pelear causas de bien común es admirable. Tiene una energía que incluso pocos de su casa podrían gozar –explicó con mucha parsimonia. Casi había descrito a Weasley a la perfección, y eso que no había tratado con ella-. Aún así, esa es su mayor debilidad… -me llamó la atención la dualidad que representaba la misma característica-. Las personas que tienden a actuar por causas grandes, se olvidan de obrar por la más significativa: ellos mismos.

-¿Pero eso no sería egocentrismo? Digo –me detuve un segundo para ordenar la idea mentalmente-, socialmente no es bien visto que alguien sólo piense en sus propios intereses.

-Y aún así a final de cuentas las personas que las proclaman como exitosas, velan por sus motivaciones individuales –chasqueó la lengua-. No seamos hipócritas… Está bien ayudar a los demás, pero el hecho de actuar tanto a favor del resto, agota nuestra mente. Y eso nos impide evolucionar a vida fructífera. Y no lo digo porque se trate de ella o sea egoísta, sino porque dudo que luchar por causas ajenas tan enormes, sea conveniente. No por nada todos esos líderes se transformaron en mártires.

-Sin embargo, eso es lo que la gente admira de ellos –me recliné en el sillón y subí una de mis piernas hasta dejarla reposar encima de la rodilla de la otra-. Hay cierta mística para las masas eso de morir por una causa justa. Las anima, las alienta. Incluso han instaurado religiones en torno a mártires…

-Creo que llama la atención es su energía, como dije –asintió-. Una fuerza inexplicable, que los insta a pelear hasta la misma muerte; tanto física, como de espíritu… Parece sobrenatural, como si nunca se acabara.

-Te entiendo. Y pareciera que nunca perderán las esperanzas, hasta en los momentos menos prometedores.

-Exacto –sonrió-. Por eso lo tomo como un halago. Hay veces que esa fuerza, aunque al término sea perjudicial, es necesaria para enfrentar algunos obstáculos.

Tal vez se refería a Greengrass en cuanto a los obstáculos, pero en vez de preguntarle, me quedé callado. El tema lo incomodaba y no creía que ya habiéndolo tratado hace poco, era buena idea volver a conversarlo. Él nunca me empujaba a confesar mis asuntos personales, lo que valoraba enormemente; y por eso mismo, debía responderle con la misma carta de respeto por su privacidad.

Lo que quedaba de la tarde, nos la pasamos ordenando apuntes y conversando sobre la vida en general. Extrañamente, aunque no debía serlo porque se trataba de Nott, me sentía interesado de hablar sobre filosofía o costumbres de las personas. Nunca había charlado de este tipo de tópicos con Zabini o los que frecuentaba, sino que planeábamos cómo atormentar a Potter y nuestras conversaciones se dirigían a temas tan irrelevantes como el torneo de quidditch en Italia. Y la verdad temía que jamás pudiera hacerlo. Ellos eran tan ignorantes en temas de cultura general como yo lo era en muchas de las novedades de los mortífagos.

La ronda de todas formas la hicimos luego de cenar. Recibimos a cuatro chicos, entre ellos la hermana de Greengrass, quienes se unirían dentro de poco a las filas del… Señor Oscuro.

Pero aún así, Zabini nos ordenó seguir con la ronda. No podíamos bajar la guardia, en especial cuando habían estado tan cerca de atrapar a la figura misteriosa de la otra noche. No pude evitar mirarlo con suspicacia mientras explicaba nuestro trabajo. ¿Era mi idea o Blaise Zabini estaba nervioso? Le sudaban las manos y sólo hablaba del maldito séptimo piso. Nunca entendí por qué lo pusieron como cabecilla del grupo, siendo que no tomaba las responsabilidades de jefe al pie de la letra, pero su actitud era como la de uno.

-Greengrass –ambas hermanas respondieron ante su apellido y Zabini rápidamente agregó:-, Astoria –ella asintió mientras su hermana mayor le puso una mano en el hombro, como animándola-. Tú estarás con Malfoy. Y tú, Johansen… -se giró hacia el chico de pie a su lado-, acompañarás a…

Dos minutos más de instrucciones, y nos separamos para ir a vigilar nuestro territorio asignado.

Astoria Greengrass caminaba junto a mí en silencio. Observaba todo con mucho cuidado, incluso mis movimientos cuando entraba algún aula a inspeccionar. Parecía que se tomaba muy en serio la oportunidad de ver qué labores tendría una vez que ya tuviera la Marca Tenebrosa en el brazo izquierdo. En mi época, nunca asistí. Mi padre me aconsejó desde segundo año que fuera, pero siempre faltaba y hasta el día en que ingresé a los mortífagos, nunca experimenté como tal.

-¿Entusiasmada de unirte? –pregunté, de repente. El aula estaba vacía, tal como esperaba. Cerré la puerta y me volteé. Ella me escrutaba, algo sorprendida-. ¿Deseosa de esta vida?

-Más que nada en el mundo –dijo, sonriendo.

No era para nada fea. De hecho, podría decirse que era hasta más linda de su hermana mayor; pero eso no sería una observación objetiva. Me gustaban más las mujeres de características contrastantes, como los ojos azules de ella y su pelo negro. De nariz pequeña y respingada, tenía los mismos labios ni tan finos ni tan abultados que la mayor de los Greengrass. Su postura era erguida, y los brazos colgaban a su lado con gracia. Caminaba como todas las de nuestra clase; con elegancia. Parecía flotar con cada paso. Era la típica belleza aristocrática, pero había algo más que me llamaba la atención. No era etérea, como Daphne Greengrass con su pelo rubio, ojos marrón claro y piel blanquecina; sino que era… distinta. Era difícil de explicar en palabras.

-Mira, Malfoy, seré honesta contigo –retrocedió un paso. La miré, inexpresivo-. Sé cuáles son tus intenciones. Daphne me dijo en la mañana que hoy estaría contigo, y el ánimo en su voz sólo podía significar que eras alguien que aprobabas para la tarea de enseñarme lo que es ser un mortífagos –se cruzó de brazos. Sin intención, pensé en que Weasley habría puesto sus manos en la cadera y haría una mueca de suficiencia-. ¿O debería decir en persuadirme de no ser una de ustedes?

-La hermanita menor parece estar más informada de lo que creímos… -dejé escapar con una pequeña risita. Ella me miró ceñuda, quizás algo ofendida por mi comentario-. También obtendrás sinceridad de mi parte, Greengrass. Yo no te estafaré mostrándote un producto lleno de cualidades excepcionales –seguí caminando, y a los pocos segundos ella ya estaba alcanzándome. Me miraba con curiosidad-. Para hacer una compra inteligente, hay que ver también los defectos del producto de interés.

-¿Estás comparando la fidelidad al Señor Oscuro con la economía? –preguntó, incrédula.

-Tómalo como quieras, Greengrass –la adelanté para entrar en la siguiente aula.

La razón por la cual Daphne Greengrass había ingresado a los mortífagos, era una que ni si quiera su mejor amigo pudo descifrar. Estaba muy lejos de los ideales propuestos por el nuevo régimen y también de una estrategia política. Su decisión provenía de un lugar muy distinto a un tablero de ajedrez, donde ella era un mero alfil y las demás piezas eran los movimientos de su familia para mantener el poder y el renombre en la sociedad del mundo mágico.

La Marca Tenebrosa en su brazo era oriunda de su corazón, del inmenso amor que le profesaba a su hermana menor y quería protegerla de enlistarse en los mortífagos. Ella tenía un futuro más libre y prometedor, pero sus padres iban a preocuparse en el presente a la hora de pensar en la hija menor. Y para asegurar un presente exitoso, debían estar involucrados en el séquito del régimen.

Vacía, nuevamente. Ahora sólo quedaba el aula de Defensa Contra las Artes Oscuras. Esa noche la mayoría del cuerpo docente no se encontraría en la escuela, por lo que los Carrow le dijeron a Zabini que también debíamos revisar los despechos de profesores.

Era extraño pensar en la existencia del amor en nuestra clase. El amor no era más que una idea imposible que leíamos en libros. La unión marital era sólo un trámite para convenir riquezas y velar por la mejoría de la sangre, los hijos se les quería por la sangre pura que portaban y no existían amigos, sólo un círculo cercano con quienes se podía hacer negocios o usar como trampolines sociales. Supongo que el amor fraternal podía existir, pero no sabía. Era hijo único y nunca le había dado muchas vueltas a ese sentimiento como en aquel preciso instante.

-Astoria –me giré y ella me sostenía la mirada, desafiante. Pero no de manera terca, sino con una seguridad que no llamaba a pensar en que fuera una malcriada-. Me dijiste por mi apellido, y no me gusta. Mi hermana también es Greengrass –explicó-. Dime Astoria. Sólo Astoria…

Seguí subiendo la escalera al despacho de Yaxley, sintiendo que podría caerme al haber quedado en una posición muy incómoda para poder mirar a la chica.

-Está bien, sólo Astoria –respondí y escuché su musical risa detrás de mí.

Daphne Greengrass quería protegerla porque sabía que ésa no podía ser su vida. Y de hecho, yo la secundaba en esa convicción. Ella irradiaba una energía que no pertenecía a la tropa e rufianes que seguían al Señor Oscuro. No podía ser una asesina, una ladrona, una usurpadora ni mentirosa… No sólo su sangre era pura, sino también su voz, su cuerpo, su mirada. Y quizás su corazón, pero la única que podía asegurar eso era su hermana mayor.

-¿Todo bien? –preguntó al notar que sólo había estirado mi cabeza dentro del despacho y cerré la puesta casi al segundo siguiente.

-Sí –mentí-. Ya terminamos por aquí. Podemos ir al cuarto piso… Ése podría dar más problemas –sugerí y ella asintió, bajando delante de mí.

Tenía que contactar a Weasley lo más pronto posible: no cabía duda que Trelawney estaba en Hogwarts.


N/A: Astoria iba a aparecer sí o sí en el fic, era necesario, ya que esto se desarrolla de manera paralela al último libro. Espero que mantengan eso en cuenta todavía. Y, bueno… No me la imagino con una historia profundamente triste ni nada muy excepcional, pero tengo una idea de por qué a Draco le interesa. Partiendo del punto que es justo su estilo de gusto físico, hay algo de valor en eso de que ella es distinta, tiene un aura que no calza con los mortífagos.

Y como dije, él importa: Nott como salvavidas, aunque seguirá ayudando a Draco. ¿Nadie quiere apapacharlo? Me da pena pensar que se siente traicionado y descolocado por su mejor amiga… Y ella no le dice la verdad.

En fin, ya no queda nada más que decir o sino sería revelar qué pasara en el siguiente capítulo.

¡Felices fiestas! Y muchas gracias por sus reviews. Como siempre, me animan y me dan el empujoncito para seguir adelante. Además que debo recalcar que me impresionó la cantidad que recibí en el capítulo pasado… Fue muy WOW :). Gracias.

Hasta el siguiente año, adiós.