Anatema

Disclaimer:

Los personajes de inuyasha no me pertenecen, son propiedad de R.T, fick inspirado en el holocausto judío; disculpas de antemano si es que resulta muy tedioso con tanta nota histórica de por medio. Las palabras en otras leguas usadas están traducidas en paréntesis.


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Capítulo II

"Al otro lado del cielo"

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Los recuerdos se filtran por mis venas como un veneno mortal…

-Anónimo-

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-Centro de fusilamiento, campo de concentración; 30 minutos después-

-Mátala- su cabeza parecía repetirle millones de frases y palabras in entendibles. Apretó sus labios descascarando un poco la piel y la carne de su boca. De inmediato la sangre pareció comenzar a brotar, recorriendo toda la curvatura, pasando por sus dientes y la punta de su mentón.

Manchándolo…Hiriéndolo…llevándolo a un mundo de sensaciones que creyó que no se encontraba dentro de él.

Ni en su corazón ni en su cerebro.

-Demuéstrame que eres de los míos…Hermano- la presión acarreada en esas palabras era lo suficientemente efectiva para hacerlo dudar. Sin embargo dentro de su mente parecían a golpearse los recuerdos de la noche anterior, el color de los ojos de aquel niño regresaba hasta su memoria con cada mirada que ella le dirigía. El podía acabar con esta mierda maldita que se estaba acumulando en su corazón, pero…el tiritar de sus dedos en el gatillo metálico del arma le hacía entender que no tenía la suficiente fuerza de voluntad para hacerlo.

Ni las agallas…

-Ayú…dame-estuvo seguro que aquella frase había escapado por sus labios. ¿Él pidiéndole a una judía, una escoria arrojada a este mundo para ser maltratada por sus manos, por sus propios dedos que lo matase?

¿Él…implorando la ayuda de aquella blasfemia sin gracia ni poder?

Kagome le fulminó con miedo…rabia e inseguridad.

-Asesino-

Otra vez el eco de su mente lo descontrolaba

-No mereces vivir-

El palpitar de su pecho se esclarecía y mortificaba el avance del aire por su cuerpo.

-Eres una criatura arrojada para matar a otros, para ver morir a otros-

Cada recuerdo, cada frase parecía descomponerlo más. ¡Volverlo loco!. ¡Loco de rabia, de ira, de impotencia por no poder parar los gritos de su cabeza!.

-Los judíos no sirven, son ratas arrojadas al servicio de nuestro Fürher-

No fue consiente del momento en que había retirado la pistola de la cien de ella, ni mucho menos de las lágrimas cristalinas que sus ojos estuvieron derramando por casi diez minutos. Después de todo; ¿qué era él?; ¿Quién era él?, más que un mero peón en aquel tablero, liderado por un grupo de hombres sanguinarios a los que parecía que el diablo había comprado su vida…su alma?:

¿A quién quería engañar?; ¿Acaso había que sorprender a alguien?. ¡Por supuesto que no!, y estaba harto de padecer las misma pesadillas por las noches, harto de sus rostros, de sus labios, del maldito aroma grabado en la funda de su almohada y de sus sábanas.

¿Y si la paranoia estuviera carcomiéndole?

¡Harto de contemplar su rostro en el espejo de su cuarto y darse cuenta que cada día perdía una parte de si mismo!, ¡porque si no era el brillo de sus ojos, era el constante palpitar de su corazón!...o el aire que ingresaba hasta sus pulmones no era el suficiente para mantenerlo de pie.

Sin quererlo…sus piernas flaquearon en frente de ella y de su coronel.

-Levántate y termina esta encomienda-los ojos dorados de Sesshoumaru le fulminaron.

Matando el brillo que aún residía en sus ojos.

…Aquel poco brillo de cordura…

Sus labios entreabiertos daban la sensación de que su mente estaba atada a algo imaginario, iluso.

Fuera de lo común.

Inuyasha fijó sus ojos en el rostro de la judía, sin quererlo se quedó en silencio, contemplando sus manos, su piel… ¡su maldito parecido con el crío!

¿Los pecados se pagan?

Claro que si…

Con locura o muerte…

-¡Te di una orden sargento!- sonrió sarcásticamente al escuchar el grito proveniente de esa voz. De inmediato se levantó del frío de concreto y llevó su mirada hasta los ojos del Taicho. Su mirada era irreconocible.

Perdida…endemoniadamente pérdida.

Aquellas gemas rogaban la muerte…muy en el fondo la añoraban.

-¿Acaso no confías en mí…Sesshoumaru?- el Taicho escuchó con inseguridad el tono usado por sus palabras. Parecieron deslizarse por su piel, atravesándole el cuerpo por completo. La lluvia, el frío que experimentó luego de esa frase fue suficiente para hacerle entender que no valía la pena seguir con esa estúpida encomienda.

¿De qué servía a fin de cuentas?

Inuyasha cumpliría su orden y luego se mataría con su propia arma.

Matarse con su propia pistola, disparar, jalar el gatillo, imaginarse aquello lo descompuso.

Muy en el fondo supo que aquello le dolería, después de todo ¿él también podría llorar alguna vez verdad?

-Te dejaré solo con ella, el Fürher está por llegar y no quiero que me montes uno de tus espectáculos. Eso sería denigrante incluso para ti-Inuyasha apretó el metal de su arma con toda la fuerza de sus puños, palpando el frío y lo largo del gatillo.

-No te molestes en volver Sesshoumaru, perderás tú tiempo si lo haces- el Taicho escuchó como uno de sus huesos crujía a medida que daba un paso por la tierra fresca y húmeda que se encontraba debajo de sus botas militares.

-¿Estas consciente de que puedo mandar a arrestarte por desacato verdad?-

-¿Acaso importa una mierda eso?-

-Claro que no-

En ese momento ninguno ni siquiera Kagome se atrevió a pronunciar una sola palabra. Pero…el aire había quedado tan espeso, que no era recomendable siquiera moverse en aquel lugar.

Tan molesto…

-El corazón me pesa Taicho, pero…yo creo…que aún tengo el valor suficiente para decidir por mi mismo- de inmediato Inuyasha escuchó como el eco de las botas militares desaparecían del pelotón de la muerte. Dejando solo sus huellas.

-Y mi deseo es matarme con mi arma y mi mano-


-Afueras del pelotón de la Muerte-

¿Cuánto tiempo llevaba imaginándose el color de los ojos de su hermano sin aquel brillo de superioridad?... ¿sin aquel toque de luz?...

Aquel aire impotente que le recorría el cuerpo…

La sonrisa esquiva de un militar de veinte años no se logra remplazar con nada…ni con fuego, ni con alcohol o drogas.

-¡Eres un idiota Inuyasha!- sus manos se tensaron en el momento en que llevaba un dedo índice hasta su sien, el aire frío de aquella tarde penetró en alguna parte de su cuerpo alejado de su corazón.

Una pequeña caja cerrada bajo llave llamada "alma"

-¿Ne Sesshoumaru?... ¿Si yo matase a alguien sería malo?-

Esa voz…

Esa voz lograba algo imposible para cualquier persona. Lo ablandaba lo lastimaba…¡lo volvía enfermo!

-¡Los alemanes somos la sangre casta!; ¡los que llevaremos al honor y la gloria el país, y al pueblo!-

-¿Pero está mal matar...o no?-

-Matar a uno de tu raza es pecado….matar por defenderte no-

¿Y si estuviera equivocado?

-Pero mamá decía que…-

-Olvida esas patrañas de las iglesias-El sólo recordar esas escenas lo dejaban sin respirar, sin aire o ápice de ganas de contrariar sus palabras.

¿Quién podía decirle cosas a si a un niño?

¿Acaso alguien podía explicarle a una criatura si estaba mal lo que le enseñan?

-Sería de cobardes matar a uno de tu raza-

¿De cobardes!; ¡y no es más cobarde dejarle solo con esas preocupaciones estúpidas que le carcomiera el cerebro!

-Matarte es aún más cobarde que intentar vivir- aquella frase quedó suspendida en el aire por mucho tiempo.

-Tú no tienes idea de lo que me duele verte así, aunque no lo demuestre, no soy de hielo!; ¡no soy una roca que puede estar siempre con esa sonrisa fingida!-

¿Acaso no podía hacer nada?...

¡No estaba en sus facultades de Taicho velar por el beneficio de los suyos!; ¡Con un carajo!; ¡si él era el Taicho!; ¡Y si él no podía hacer nada!; ¿no estaba dejando en claro que era un incompetente?; ¿por no decir una basura en frente de su tropa como de su pelotón!?

-No te molestes en volver, perderás tu tiempo- claro que volvería, volvería para dejarle en claro quién manda en el cuartel, quien da las órdenes.

Si él quiere matarse con su arma allá él, pero no dejaría que aquello le envenenara la cabeza a él también.

-Es mejor que te hayas matado- giró su rostro, y dirigió sus pasos nuevamente hasta el pelotón de la muerte donde le había dejado con aquella judía. No sabía porque…pero esa chica…esa chica le daba tantas cosas en que pensar.

¿Y si la usara en su favor?...¿Cómo un arma de doble filo para manipular a la gente?

-Dios te está envenenando esa cabeza que tienes Inuyasha, y yo me encargare de limpiártela-

Aunque me juegue la vida en ello…


-Dentro del pelotón de la muerte-

-Ellos son las bestias sin alma, los enviados con el castigo de sufrir en la tierra a manos de nosotros, los enviados de Dios-

-¿Tienes que hacer esto?-los ojos de Kagome le miraron de manera extraña.

Hipnotizada, grabando en cada una de las células de su cerebro la imagen y las facciones de aquel ser.

Sus ojos…eran tan extraños…

Sus labios…estaban tan resecos como los de ella…

Su piel parecía temblar con cada gota de lluvia y cada brisa de aire gélido que cruzaba por ese lugar.

…Y por sus poros…

-Mátame- de inmediato las manos de Kagome parecieron hincharse. ¿Hablaba en serio? –Si yo te desatara de esas sogas… ¿Correrías de mí?-

-No podría hacer eso-

-¿Y porque no podrías?- de inmediato las gemas doradas volvieron a posarse sobre ella.

-Porque es de cobardes-

-De cobardes….-

-Dios te está envenenando esa cabeza que tienes-

Eso ya lo sabía…pero no quería reconocerlo…

-¿Quién eres?- Inuyasha escuchó su pregunta en medio de toda aquella confusión. ¿Le estaba hablando?..¿O era producto de su imaginación y retorcida mente?

-Yo…no soy nadie-

Kagome tomó el poco aire que necesitaba para acercase hasta él, sin embargo se quedó quieta, experimentando una descarga eléctrica en todo su cuerpo cuando sintió como los dedos morenos del alemán la acariciaban lentamente.

-Tranquila, no te haré nada-

Parecía fácil fingir estar tranquila, pero….aquel demonio…aquella boca jugaba con sus emociones y los impulsos que trascurrían por su cuerpo.

-¿Y crees que te creeré algo de lo que me estas diciendo?- las palabras de ella, le hicieron reaccionar. Como un balde de agua fría.

-Toma- no supo en qué momento pero el arma que el traía en su mano, aquella arma que estaba protegiendo con todo su cuerpo ahora se encontraba en sus propios dedos.

-¿Qué…estas?-

-Ahora es tuya, mátame o yo lo haré-

-¡Eres un verdadero idiota!- las manos de la morena soltaron el arma de un solo golpe, la dejó caer, se ensució, se manchó con la tierra y el barro que yacía bajo sus pies.

-¡¿Es de idiotas querer matarse¡¿acaso es de idiotas querer para esta mierda?!- las palabras de el salieron rápidas por su boca, la torturaban con cada frase.

Kagome se quedó estática, contemplando como el volvía a recoger su arma del suelo.

Y como la ponía sobre su cien…

-Nadie puede hacer esto por mí-

¿Acaso tanto era el dolor que sentía?

-Déjame ayudarte- a pesar de que lo pronuncio lento, a pesar de que aquellas palabras no fueron más que un susurro, estuvo seguro….¿las había pronunciado no?

-¿Qué cosa?- de inmediato Inuyasha volvió a contemplarla con sus gemas.

-Ven aquí- Kagome se acercó lenta, aminorando las pisadas que daba a medida que se acercaba hasta él.

-¿Qué haces?-

-¿Nunca nadie te ha dado un abrazo?-

¿Un abrazo?...una muestra de afecto…

A decir verdad….nunca le han dado nada por el estilo.

-¿Puedo…quedarme así?- los ojos de ella, se cerraron en el instante en que el se dejaba aprisionar pos sus brazos, el aroma lo embriagaba.

Tan cálido…tan extraño…

Algo que lo relajaba hasta el punto de hacerlo dormir.

-¿En serio quieres matarte?- la pregunta volvió hasta su cerebro.

-¿Acaso tú no lo querías?-

-Yo no creo en la muerte-en ese momento estuvo segura, que no podría olvidarse de su rostro. Ahora que se daba cuenta llevaba casi media hora con las manos desatadas, podía huir, podía dejarle solo con sus preocupaciones, pero….¿por qué no quería soltarlo?.


-Dentro del Pelotón de la muerte-

Sus manos se tensaron cuando lo vieron en los brazos de esa blasfemia; ¡él!; ¡en brazos de una judía inmunda!; ¡siendo acariciado por las manos de ella, y esos ojos…esos ojos estaban derramando lágrimas in entendibles para él!.

-¿Qué estás haciendo?- cuando su voz cruzó por los oídos de la morena, ella giró su rostro de inmediato.

El miedo se grabo en toda sus facciones.

-¡Te hice una pregunta!-el Taicho la levantó del concreto, separando sus manos de la piel de su hermano.

¿Quién se creía que era ella?; ¡acaso podía llegar y calmar la ira, calmar la sed que se acumulaba en el corazón de su hermano!. ¡Por dios si era su propia sangre!

-¡No me toques!- la voz de la judía, pareció divertirlo aún más.

-¿Y quién te tocaría, judía inmunda?- el sarcasmo se grabó en su boca, cruzando sus labios, infestando cada poro de la piel de él.

-No tengo que contestarte- la voz de ella pareció desafiarlo.

Dominante, luchadora,….lástima que era un judía.

-Oh, si que tienes- Sesshoumaru se giró para contemplar el rostro de Inuyasha.

-Eres patético- la sola mención de esa frase hizo que algo dentro del sargento se reventara.

Sus ojos volvieron a tomar aquel aire que caracteriza a todo alemán.

-¡No me vengas con esas cosas Sesshoumaru!-

-¿Quién es el que esta errando aquí, eh cabo?; ¡Yo por preocuparme por tu estúpido estado mental¡ O tu por dejarte tocar por una judía!-

Guardo silencio.

Estaba en lo correcto.

-Yo…sólo…-

-¿Qué crees que pensaría nuestro Fürher si te hubiera visto en brazos de ella, de esa cosa?-

-No podría darle la cara señor-

-¡Por supuesto que no!- la rabia que se grabo en los ojos del Taicho quedo impregnada en alguna parte de su cerebro.

De su piel, de sus ojos.

-Levántate, te ves patético, no te mandaré a una iglesia a confesarte, eso sería una pérdida de tiempo, en especial ahora-

¿De qué estaba hablando?

-Sesshoumaru…de que estas…-

-No quería decirte en estos momentos, y mucho menos en frente de esta cosa-

El volvió a fulminarle.-Mañana, a las diez en punto todas las iglesias serán quemadas y si se sorprende a alguien circulando por los alrededores será arrestado y mandado al cadalso.-

-Y eso que tiene que ver conmigo; ¡que tiene que ver ahora!.

-¿Miroku no te dice nada?-

Ahí creyó que se ahogaría con su propia saliva…con su sangre. ¿Perderlo a él también estaba en la lista?. ¡Su libertad! ¡ su vida!...

-¿No puedes hacer nada para evitar esto?; ¡por el carajo eres el Taicho!-.

-Un Taicho que hace lo que debe y tiene que hacer, y si tengo que mandarte a una mazmorra de barrotes de acero para que esa cabeza tuya se refresque y tengas que ver morir a muchos de tus compañeros, entonces lo haré, y sabes bien que es así-

Sesshoumaru le fulminó.

Guardo silencio al contemplar la mirada de la judía.

-No puedo negar que es bella- las palabras salieron por si solas. Cambiando de nuevo el contexto de la conversación. –Pero lo bello no le quita lo maldita-

-¡Cállate!-

-Acércate- no supo cómo, pero cada orden que él le daba le hacía obedecer a la perfección.

-Desde este momento estas bajo arresto presidiario, no saldrás, no comerás ni siquiera respirarás a menos que yo te lo ordene, y si te ordeno volarte esa cabeza lo harás.-

-Tú…no puedes…

-¿Estar hablando en serio?- otra vez volvió su sarcasmo.

Los ojos dorados fulminaron los del menor de los Taicho, el aire se volvió espeso, las gotas de lluvia mojaban cada hebra de cabello de ambos.

Los ojos del mayor estaban inyectados de sangre.

Como un demonio sin compasión.

-Tus manos están atadas con las cadenas del juicio, y sólo seré yo quien te libere- Sesshomarou giró su mirada hasta los ojos negros de la judía.

Las lágrimas la hacían verse más atractiva…

La lluvia remarcaba la curvatura de sus pechos y la fina línea de su cintura.

Le estaba excitando…carcomiendo….¡su cuerpo imploraba violarla!

-Escúchame…Basura- la boca del Taicho se curvo, despectiva…sarcásticamente atractiva.

-Tengo nombre sabes-

-Tú no mereces más nombre que el que tiene una puta-

¿Sabes que me duele esas cosas que dices?...

Kagome guardo silencio.

-Tú vendrás conmigo-

-Eso es lo que tú crees-

-Te aseguro- los ojos volvieron a fulminarla.-que ni siquiera Dios podría ofrecerte algo mejor que yo-

Ni en tus mejores sueños…


-Pasillo de la reencarnación- Iglesia alemana

-Anoche tuve un sueño- levantó sus piernas de la entrada de la catedral, y de inmediato enjugó su frente con agua bendita haciendo la señal de la cruz.

-Anoche…soñé que unas manos me sostenían en medio de una guerra- giró su rostro, sus ojos negros fulminaron a todas las personas que se encontraban dentro de la iglesia. Sus ropas llamativas hacían ver que no era alemana, y su tonalidad tostada y sus cabellos largos cubiertos de trenzas que no era judía.

Una romance…

-Que la gente me llamaba por muchos nombres- cuando tomó asiento, el joven que estaba sentado al lado de ella le miró con desprecio y de inmediato cambió de puesto.

-Gitana…ladrona…mendiga…- se quedó en silencio al escuchar el comienzo del evangelio.

Soñé…que unas manos apretaban las mías….pero ellas estaban manchadas de sangre.

Sus ojos contemplaron las gemas azules del padre y un leve sonrojo subió hasta sus mejillas.

-Que aquellas manos levantaban mi rostro y me llamaban por mi nombre-sin quererlo unas cristalinas lágrimas descendieron por sus mejillas, las limpió de inmediato para que nadie le preguntara nada.

Aunque no lo hicieran.

-Rin…sólo Rin-


-Celda de presidio alemán, a unos metros del pelotón de la muerte-

¿Cuánto tiempo había transcurrido desde que sentía sus manos atadas a unos grilletes y sus piernas enclaustradas a unas cadenas?. ¿Qué su cuerpo padecía frío?.

-Estarás bajo arresto presidiario-

Tenía hambre, sed.

Parecía que la luz del sol se había extinguido y que sus ojos ya no podían ver…o llorar.

-¿Nunca nadie te ha dado un abrazo?.

Pero… ¿por qué tenía que volver ella a su mente?

Sus ojos…

Sus labios…

La curvatura de su cuerpo…

-Pienso en ella…porque quiero-


-Bodega alemana-

El olor a moho ingresó hasta sus fosas nasales, sus cabellos negros ahora estaban atados en una coleta gracias a un elástico negro que aquel demonio había tenido el lujo de darle. Miró por sobre su hombro la habitación. Carteles del Furher se alzaban en aquel cuarto, muchos uniformes y un lote de armas estaba clavado en la pared.

Sesshoumaru le hizo una seña con sus ojos.

No tenía que hablar para decirle que podía o no hacer.

-No te esté permitido mirar la decoración, basura-

-¿Qué quieres?-

Los labios del Taicho se curvaron; ¿Qué que quería?. ¿Tan inocente era?. De inmediato sus piernas se acercaron hasta ella, la acorraló a la pared. La atrajo con su cuerpo al concreto de cemento.

Él era más alto que ella.

Ella tenía miedo de él.

-Tú sabes lo que quiero- las palabras salieron susurradas hasta el oído de ella.

.Dios ¿por qué me has abandonado?…

-No te lo daré-

-No te pregunté- en ese momento la boca del Taicho se posó en la de ella, e introdujo su lengua violenta y cruelmente. Kagome no podía apartarlo de ella, aquella lengua estaba violando sus labios. Su saliva se mezclaba con la de él, y ella no podía gritar.

El cuerpo de él era más alto y más fuerte.

Kagome comenzó a quedarse sin aire, cuando tuvo una oportunidad le mordió con sus colmillos.

El Taicho la miró con unos ojos llenos de lujuria.

-Es más entretenido cuando se resisten- Kagome intento huir de la pared pero aquel demonio la apretó más con su pecho. Las manos de Sesshoumaru aprisionaron las de ella y le hicieron una herida en las muñecas.

¿Señor si yo te rezo siempre… porque no estás cuando te necesito?.

-Me gusta hacerlo de esta manera- las palabras del Taicho la penetraron, la mataron por dentro.

De inmediato sintió como las piernas de él la llevaban hasta su entrada. En un movimiento, bajó el cierre de su pantalón, y su miembro erecto quedo a la vista de ella.

Kagome se quedó sin aire, lo golpeó lo mordió cuantas veces pudo…

-¡No te atrevas!-

-Me gusta cuando gritas así-

Sin embargo...Nadie llegó a su auxilio y aquel alemán introdujo su miembro en la entrada de ella.

Las gotas de sudor bajaban por su cuerpo, provocando que con la ropa mojada sus pechos parecieran más excitados, sus mejillas se tornaron rojas, y las manos del Taicho apretaban sus pechos y pasaban por su cuerpo.

Apretó los senos, los mordió, los lamió.

Jugaba con su cuerpo como con el de una muñeca.

-Me gusta tu cuerpo, puta- Kagome no podía moverse, sus labios estaban lastimados por la lengua de ese demonio y su cuerpo estaba estático.

Sesshoumaru la tiró al piso. Y le dio un golpe en la espalda para que no se levantara.

Con todo el dolor…de todas formas no podría levantarse.

De inmediato él le levantó las piernas y se arrojó hasta ella.

La penetró con furia, rabia.

Se movía violentamente en su entrada y apretaba sus pechos. Cubría con su boca la boca de ella para que no gritara.

.¿Y si te pido que me ayudes?...¿vendrías en mi auxilio señor?

Cuando se cansó de usarla, la dejo en el piso. Bañada de sangre, y de semen.

Ssshoumaru subió el cierre de su pantalón y la miró por sobre el hombro.

-Si quieres vivir puta judía vendrás cada vez que yo te llame-

Kagome no podía diferenciar bien que estaba oyendo o mirando. Pero por dios que no le importaba.

El dolor en su entrada era demasiada y sus pechos estaban rojos de tanto haber sido apretados.

Su boca ya no tenía besos ni saliva para nadie.

-Ahora serás mi puta, hasta que otra toque mi puerta-

Continuará-


Gracias especialmente a:

Patonejo, KittyWolf, Jimena-Chan, Miko Kaoru-Sama, Yukiko- 09, Abril-Chan, Andrómeda no Sainto, Sivis-ink y Sakuno-Chan Echizen.

Y a todas las personitas que leen esta historia.


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Oh señor, dios de la tristeza, Ángel del dulce dolor…

Bebe la hiel de mi boca, Blasfema, ven y hazme el amor...

-Mägo de Oz-

Diábolus in música