Anatema
Disclaimer:
Los personajes del anime y manga Inuyasha no me pertenecen, si no que son propiedad exclusiva de Rumiko Takahashi, yo sólo los utilizo para liberar mi imaginación y mejorar mi escritura.
Notas:
Mucha gente me dijo que las personalidades estaban algo occe, no puedo prometerles nada, pero les aseguro que haré algo al respecto, por lo que me he puesto en campaña para volver a leer el manga y algunos ficks.
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Capítulo III
"Muñeca"
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…Eres la persona ideal para mí…
…La persona a la que ansío ver cada noche, cada hora…
…Eres, ese sueño que pido se repita cuando duermo…
-Angelina de la mörte-
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-Celda de presidio Alemán, 0400 de la madrugada-
La luz de la luna apenas conseguía traspasar el fortificado grupo de barrotes metálicos llenos de polvo e impregnados de moho que se encontraban colocados estratégicamente en el respaldo de su ventana. Palabras como luz, agua o comida se habían esfumado de su cerebro desde hace prácticamente unas seis horas. Sus manos atadas ahora a unos grilletes de acero le provocaban un cosquilleo en todas sus extremidades, y la sangre que fluía desde las cortadas que le habían propinado estas en sus muñecas se desparramaba a lo largo y extenso de su brazo. No le interesaba nada de lo que ocurriera a su alrededor, estaba exhausto, intranquilo y desde aquellas seis horas había sido el espectador mudo del sufrimiento de alguien más. Un espectador llevado a la fuerza a una obra de teatro en la que él era el mártir y ella, la protagonista.
-Ahora serás mi puta hasta que otra toque mi puerta- aquella había sido la inconfundible voz de su hermano, dando órdenes a diestra y siniestra de la que nadie, siquiera Dios podría escapar a un toque de sus palabras. Él daba las órdenes, y los demás acataban sin chistar. ¿Por qué?, por el simple hecho de que él lo decía.
Estuvo seguro de haber escuchado una voz hablándole en aquel momento, una voz femenina en su cabeza implorando por que le ayudara, pero su ego y sus pocas capacidades para diferenciar la realidad le habían dejado en un estado de trance durante todo ese tiempo. Recordó como su hermano le decía que jugara con las mujeres, unos cuantos besos y unas palabras románticas y las tendría comiendo en la palma de su mano.
Ese era el estilo de Sesshoumaru no de él.
Ahora que su mente estaba lucida, se sentía patético de su estado dentro de aquella fortificada prisión de hierro, si él quería podía liberarse de ese estúpido castigo. Sólo debía fingir obediencia y saldría campante a la libertad.
Oh si, algunas cosas son terriblemente fáciles.
-Te estás retrasando Sesshoumaru-exclamó, bajo el haz de luna que le iluminaba su pálido rostro, sus ojos dorados parecieron caer en algún punto vacío y perfecto de la habitación. Sintió como la sangre que se estaba desparramando desde sus muñecas le atravesaba el cuello, provocándole un cosquilleo y un frío tan parecido a la muerte que alguna vez creyó experimentar. Su corazón estaba vacío y sus ojos inertes.
Y su alma estaba segura que le había abandonado Dios.
En aquel instante, escuchó como la perilla de la celda se abría lentamente y el olor de la sangre impregnada en la piel de aquel alemán traspasaba la celda.
Aquellos ojos carentes de sentimientos le fulminaron.
Dorados contra dorados
-Más te vale haber entrado en razón… Teniente-
No volvió a ver el color de sus ojos, ni sintió el olor de su perfume putrefacto.
-¡Tú no sabes de lo que hablas!- Sesshoumaru izo caso omiso de sus palabras. De inmediato quitó con suma delicadeza las ataduras que le impedían la libertad y salió como si nada hubiera ocurrido por la reja de la celda.
-Tengo cosas más importantes que hacer- exclamó, y un extraño brillo se apoderó de sus ojos.- Cosas con una judía-
-Dentro de la bodega-
-Ahora serás mi puta- su cuerpo bañado de barro y de harapientas ropas no podía más que temblar ante el imponente frío que se estaba colando desde la ranura vieja de la bodega donde había pasado la noche.
Una noche, un día, quizás mucho más tiempo había transcurrido sin que ella se hubiera percatado.
Como si a alguien le importara lo que sentía.
Sus piernas estaban heridas y su rostro descansaba de frente en una madera sucia de tonos ocre. Su mente vagaba, confundida a lo largo de unos pensamientos extraños.
¿Qué tenía ella al fin y al cabo?; ¡quien era ella al fin y al cabo!.No era nadie más que el juguete de un demonio arrojado y moldeado por los dedos del mismo Dios.
Un dios tan frío, tan cruel, creado gracias al pensamiento de los hombres.
-Serás un precioso regalo para nuestro Fürher- sus ojos se cristalizaron y en aquel instante sintió como una extraña bocanada de aire salía desde sus pulmones.
Lloró…
Una puta era sinónimo de bajeza…
Una puta era sinónimo de pecado…
Lloró por todas las heridas que se habían formado en su piel…
-Debo…salir de aquí- cuando aquel pensamiento cruzó por su cerebro, la figura difusa de aquel extraño de ojos tristes le dejó sin respirar por casi cinco minutos.
Quizás Dios le estaba protegiendo, aunque de la más extraña manera.
-¿Quién eres?-
-Yo…no soy nadie…-
Se quedó tiraba en la fría madera hasta que unos conocidos pasos la alertaron del peligro.
Por segunda vez.
Pasillo de la reencarnación- Iglesia alemana
-Esta es mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna que será derramada… - aquella boca se movía lenta y pausadamente, tocando cada recoveco de sus labios, moviendo su lengua al compás de su ferviente y apresurada respiración. Sus brillantes ojos azules volvieron a fulminarla, y ella, sintió, experimentó como todo su cuerpo reaccionaba a las palabras de él.
Una romance no tenía, nunca, el derecho de permanecer en aquella iglesia, su raza no era tolerada por los alemanes, ni por los judíos.
Por un instante…creyó ver como las imágenes del padre se adentraban en su cerebro, como poco a poco un parte de ella reproducía todo lo que él estaba pronunciando en esa lengua que para ella era sumamente complicada.
¿Matar es algo que dios permita?
¿Matamos porque nosotros queremos que suceda?
-Hágase tu voluntad-no entendía porque todos estaban tan serenos, tan calmados!; ¡tan estúpidamente resignados a que este castigo era y es la voluntad de Dios!.
-Achare- (mi dios)
En ese momento escuchó como poco a poco su corazón palpitó a mil por hora, y como su cerebro le decía que huyera.
-Tengo…un mal presentimiento- se dijo Rin, en el instante en que una bala penetraba la silenciosa iglesia, y dejaba el paso a dos hombres altos y corpulentos.
Ella les miró, con furia en sus azabaches ojos.
Ellos le sonrieron con picardía.
-Bengojis- (demonios)
Sin embargo, aquellos jóvenes de trajes militares y sangrientas armas pasaron de largo, clavándole sus ojos a la pequeña gitana.
-Miroku-san- se quedó quieta, al experimentar como la respiración de uno de los hombres se clavaba detrás de su oreja.
Uno estaba detrás de ella, el otro avanzaba por la iglesia, mientras miles de rostros judíos le observaban detenidamente.
-Dígame- el joven padre detuvo su letanía, y de inmediato guardó en su bolsillo la pequeña Biblia con la que estaba realizando su oración.
Las palabras se quedaron en su boca.
-Perdóneme…pero no son mis órdenes- exclamó el sargento de cabellos negros atados en una coleta, en el instante en que jalaba el gatillo de su arma.
La bala penetró el pecho del padre, dejando caer un chorro de sangre caliente en medio de la alfombra blanca que cubría el pasillo de la iglesia.
-Qué….-Miroku no supo el momento, pero si la razón.
-¡Que están haciendo!-
Aquella voz les dejó casi sin aliento, y esa extraña fuerza en su garganta parecía hechizarlos de una manera mortífera.
-Él sólo están cumpliendo mis órdenes-
Su corazón dejó de latir…
Sus pulmones dejaron de tragar aire….
Quizás incluso, ya no tenía ni fuerza para pronunciar palabra alguna.
El miedo que sintió dentro de ella fue tan fuerte…
Estaba segura que había visto ese rostro en alguna otra parte.
-Mi nombre es Naraku-
Que el sonido de su voz ya lo había escuchado en algún otro momento.
-¿Nara…ku?- preguntó la pequeña gitana, moviendo un poco su diminuto y atractivo cuerpo.
Cuando sus ojos voltearon a ver el fondo de la iglesia, se percato de que todos, sin excepción se arrodillaban dentro del salón.
-Arrodíllate, ante tu Fürher, bruja morena-
-Interior de la bodega del pelotón de la muerte-
Se quedaron mirando por casi diez minutos, su corazón judío palpitó deprisa en el instante en que ella contemplaba como aquella rosada y salvaje lengua se movía y jugaba en los labios de él.
La misma boca que había besado los suyos…
La misma boca que había mordido sus pechos…
Los dorados ojos del taicho la fulminaron de los pies a la cabeza, mientras el frío de aquella noche cubierta por la luna llena se colaba por medio de la diminuta ventana de la habitación.
Fue como si aquel aire frío penetrase sus poros, en cada célula subcutánea de su piel.
Cada milímetro de su raudo y agobiado ser.
La sensación que brotó en ella fue como si miles de agujas bañadas de sangre caliente la estuviesen pinchando al mismo tiempo, clavándose una por una en torno a su entre pierna. Aquel dolor inimaginable aún yacía en el interior de su cuerpo, como una gran descarga eléctrica que poco a poco iba lastimando, clavando, y repercútando en su cerebro.
Volviéndola loca y sacándola de la realidad.
-Anatora- (diablo con cara blanca)
Sin embargo, eso era lo de menos.
No era su cuerpo el que sufría, ni sus pechos o sus labios.
Sino su corazón.
Dieciocho años de virginidad habían sido tirados por la borda en menos de una noche. ¿Y todo por qué?, por haber sido una estúpida cobarde, una idiota que no tuvo la valentía para defenderse y proteger lo que era suyo.
-¿Por qué me miras así?-los dorados ojos volvieron a fulminarla.
Kagome no tenía fuerzas, ni ganas de pronunciar alguna palabra para aminorar el ambiente tenso que se estaba formando en aquella bodega, y al parecer su nuevo amo estaba interesado en mejores cosas.
Guardo silencio.
-No te dije que podías quedarte callada- su mente gritaba cientos de blasfemias y maleficios judíos, pero su cuerpo era incapaz de mover un sólo dedo, y sus labios estaban sellados para él.
Quizás por frío…
Quizás por miedo…
La luz blanquecina de la expectante luna iluminó la basta capa de polvo que se encontraba en el interior de la bodega, cada partícula que yacía en el aire que respiraban. De inmediato, y sin esperar alguna objeción por parte de su nueva inquilina, Sesshoumaru Taicho giró su vista hasta localizar una pequeña caja, la que le conectaba con las órdenes directas del Fürher.
La máquina sonó.
Sus manos tersas con filosas y largas uñas levantaron el auricular del teléfono que le llegaba desde el mentón hasta la oreja izquierda. La estructura de metal pesaba tanto o más que su puño.
Los ojos de la morena quedaron estáticos contemplando el aparato, el gran tubo de metal que conectado con un cable de cobre hacia llegar por extrañas vibraciones una voz.
¿Podría matarlo con ella?; ¿herirlo?; ¿cortarlo?...¿Hacerle pedazos la cara en muchas y diminutas partes?...
¿Arrancarle la piel quizás?...
-Estas pensando estupideces Kagome-
En ese momento la voz de él cayó sobre ella.
Sacudiéndola y destrozándola.
-Ven aquí-su mano adornada con unos cuantos anillos de oro y plata le indicó que se acercara hasta él.
Ella no tenía ni un ápice de ganas de obedecer…pero el miedo puede lograr muchas cosas.
Ocasionar los efectos más adversos y fundir los corazones más valientes.
-Nuestro Fürher acaba de llegar y me solicitan para una "encomienda"-
-¿Debería de importarme?-
A diferencia de lo que ella pensó, en ese momento, él no la golpeó, ni siquiera le tocó.
Sólo la miró.
-Hoy me esperarás al lado de la bodega, vestida con unas finas ropas de "alemanita", que te haré llegar para la fiesta de esta noche que se dará en honor a la llegada de nuestro Fürher, no creas que te estoy dando la "ilusa" posibilidad de ir a un evento tan "exquisito" por que quiero algo contigo, tú sólo debes llegar conmigo, y asegurarte de que tengan una esclava a la venta para mi-
Sarcasmo.
-Eres un enfermo-
-Oh, ya decía yo que te habías quedado muda basura; no te lo estoy "sugiriendo" te lo estoy "avisando".
-¿Qué te hace pensar que haré eso?-
Los labios de él se curvaron provocativamente, de inmediato una larga y ancha hebra de su albino cabello se deslizó por la carne de su cuello, y en aquel instante llevó una de sus manos hasta los labios de ella.
-¿Te dice algo la palabra, "libertad" querida mía?-
-Es…estás loco- exclamó, al momento en que sus filosos dientes se clavaban en los dedos de él.
-Me gustan cuando son bravas-la sádica sonrisa apareció en sus labios, en el momento en que un hilito de sangre descendía desde su boca.
-Prometo no tocarte si haces ese trabajo para mí-
-Eres un monstruo-
-Responde, o te meteré algo gordo y duro en esa linda boquita que tienes-
Sus ojos se fulminaron.
-Te lo sacaré de un mordisco-
-Si es que no te he tumbado en el suelo primero, humana tonta-
Silencio.
-Haz lo que te digo y nos llevaremos bien- él la miró, hasta llevar una de sus manos sobre el pestillo de la puerta que le impedía la salida de aquella bodega. Esas gemas doradas ya no despedían pasión por ella…ni lujuria.
-Hasta entonces, tendrás que cuidarte la espalda, beliebt meine- (querida mía)
-Afueras de la iglesia Alemana Cristiana-
-Esto no puede estar pasando- apretó sus manos en torno a su cintura, mientras pequeñas y traslucidas lágrimas le caían desde sus ojos, pasando y delineando su mentón.
Recordó, con tristeza y con el alma partida en dos, las gemas del apuesto y amoroso padre que hace solo unos minutos se encontraba hablando en aquella iglesia.
La misma iglesia que ahora estaba envuelta en llamas.
La misma iglesia a la que ella había entrado junto a todas esas personas.
-No…no quiero…esto no es verdad…- su corazón le dolía, a pesar de que no había hablado más de dos palabras con él; a pesar de que lo único que sabía de ese chico era su devoción y su amor a dios.
¿Tanto le odiaban como para matarlo?.
¡Tanto peligro significaba su presencia en la ciudad!.
-¿Por qué?…¿por qué están quemándola?; ¡por que están destruyéndola!-
Nadie respondió.
Porque nadie estaba afuera junto a ella.
Sus ojos volvieron a clavarse en la escena mortífera en donde yacía la estructura de madera.
El techo estaba rodeado de unas llamas amarillas rojizas, el olor a humo rodeaba y llenaba el aire dentro del lugar y escuchar los gritos provenientes de dentro no era algo placentero para su corazón….o su cerebro.
Sus manos tiritaban.
-¡Esto es sólo el primer aviso!-levantó rápidamente su visual, para toparse con el Fürher. Naraku le fulminó y de inmediato sonrió sarcástico y pervertida mente.
Sus manos largas le agarraron del cuello, palpando la carne fresca y las lágrimas saladas que yacían en su piel.
-Eres algo único; ¿sabías?- la boca de él quiso probar la suya, pero ella se corrió.
-¿Por qué yo?- preguntó la niña, recordando cómo había dejado a todas las demás personas encerradas dentro de la iglesia.
Ella debería de haber muerto en la sacristía, ella no merecía que aquel hombre le arrastrara por el pasillo; ¡no tenía que haber quedado con vida!
-Porque hay una persona a la que puedes salvar, niñata-
-Afuera de la bodega, treinta minutos después-
Sus ojos quedaron estupefactos al contemplar la magnitud del vestido que aquel demonio había mandado a dejar para ella.
Aquella prenda era más hermosa que todas las ropas que había tenido en alguna ocasión, pero la idea de vestirla para satisfacerlo a él, no era algo que le pareciese.
Su personalidad estaba algo alterada, y a decir verdad ella nunca habría dejado en otro momento que le mandasen, pero vamos, estando tan sumida en su propio dolor y teniendo los recuerdos de su familia sería normal que su forma de ser estuviese cambiando un poco.
Después de todo ella no era una máquina que se comportaba siempre igual, las personalidades cambian de acuerdo a como nos sintamos, y a nuestro corazón.
Y en aquel instante ella estaba demasiado asustada como para "enfrentar" las ideas de su nuevo amo.
-Eres algo muy valioso¿cierto?- pasó una de sus manos por dentro de la prenda, contemplando la enagua de tono blanco y la gruesa capa de tela que yacía sobre esta.
El vestido era de un tono vino muy llamativo, y de él colgaban muchos diamantes y rubíes plateados. Las mangas acortadas estaban bordeadas y delineadas con una cinta negra que remarcaba el atractivo de los hombros.
De seguro era el traje más provocativo que alguien hubiera podido imaginar.
Kagome descendió su vista, para toparse con una sombrilla de iguales tonos, que de seguro le hacían juego con el traje y unos zapatos de taco bajo que cubrían el contorno de sus delicados pies.
Ambos zapatos tenían una joya incrustada en el medio de un listón.
-Eres una bella joya- recordó…como esas palabras le habían dolido.
Porque nadie en toda su vida le había dicho algo similar, y lamentablemente habían salido de la boca de un maniaco.
-Perdóname señor- cuando termino de ponerse el vestido, su corazón quedo apretado al verse con el puesto. No necesitaba un espejo para saber como lucia.
Ella bien sabía que debía verse hermosa.
Lástima…que en su religión el color rojo estuviera prohibido, por atraer la atención de los hombres.
De inmediato vislumbró como un atractivo auto de color negro se detenía en frente de ella, la noche estaba expectante, con la luna brillando en todo su esplendor. El aire frío había penetrado parte de su cuerpo, dejándole una agradable sensación de vitalidad.
-Me han ordenado venir por usted… ¿señorita?-
-Higurashi, Kagome Higurashi-
-Salón de baile del "Neuschwanstein", Munich, Alemania-
Sintió un frío extraño apoderarse de sus manos en el momento en que un camarero alemán le entregaba una copa de champagne para que bebiera, mientras se esperaba la llegada del hombre más importante de Alemania. No tenía las ganas de estar allí, y sus muñecas aún dolían a causa de los grilletes que habían estado apretándole las manos durante casi dieciocho horas.
-¿Algo más, señor?-
-No, retírate-
-Como usted diga-
Se llevó de inmediato la copa de cristal hasta los labios, sin sentir alguna llama dentro de él por querer ver a su Fürher o a su hermano.
Su corazón estaba apretado de tanto sufrir, y su cerebro maquinaba las más extrañas estrategias para escapar de aquella fiesta de "aburridos millonarios" que estaban celebrando aquella noche.
No podía negar que la decoración y el lugar que escogieron era el más apropiado¿qué mejor lugar para recibir al Fürher que el castillo de "el cisne de piedra", que el rey Luís II de Baviera, había mandado a construir en 1866, como un lugar de cuentos de hadas y paz interior?.
-Vaya hipócritas que son- se dijo, cuando el líquido ingresó hasta su garganta.
Recordó la ambientación, el gran salón de baile se alzaba frente a sus dorados ojazos, así como las cientos de lámparas de cristal iluminaban el recinto, brillando y dándole el toque "mágico" al lugar. La gran alfombra roja que conectaba a la puerta del salón estaba preparada para el ingreso del Fürher, así como la música, la comida y los cientos de selectos invitados que pertenecían al partido nazi o del gobierno del Reich.
Él, por el contrario, no estaba interesado en las patrañas de Antisemitismo que profesaba Naraku.
Y tampoco sentía las ganasde alabar las palabras de un hombre tan desquiciado, que creía que la primera guerra mundial, la habían perdido por culpa del pueblo judío.
Mas que eso, no podía creer la desfachatez, que tenía Naraku al pisar Baviera, ya que si somos sinceros la primera vez que lo había hecho sólo había logrado pasar un año en prisión, gracias a su intento frustrado de tomar el gobierno del país, hay por los años de 1923.
-Eso son excusas sin fundamentos-
Sin quererlo, llevó su mirada hasta el suelo, contemplando sus zapatos negros que brillaban a causa de la luz de uno de los faroles.
Quizás esta fiesta sería lo mejor para su hermano, pero lo que era él; era padecer el infierno en vida.
-Ojala pudiese verla-
-Afueras del castillo del "cisne de piedra"-
-Ya llegamos señorita- la voz de el chofer interrumpió los pensamientos que ella estaba intentando mantener en su cerebro. Había pasado más de una hora desde que habían partido del lugar de fusilamiento, y ella juraría que fue hace sólo unos minutos. Se quedo hipnotizada contemplando el atuendo que su "compañero" estaba portando. Si fuera otra persona y no supiera las intenciones de él, habría pensado que era el hombre más apuesto de Munich, pero seamos sinceros. ¿Ese demonio merecía algo de su boca, como un halago si quiera?. No.
Merecía menos que el mejor beso.
-Estas pensando estupideces de nuevo, Kag- se dijo, en el instante en que experimentaba como una de las manos de él le apretaban la palma.
-Las damas primero-
-No te hagas el caballero conmigo-
Se fulminaron
-Entonces, bájate basura, o te tiraré del auto-
-No es necesario; ¿tengo piernas sabes?, no necesito que alguien me "tire" para que me baje-
Sesshoumaru Taicho sólo la miró, esta noche sería muy divertida, en especial por que sería la primera judía en pisar territorio alemán bajo las narices de Naraku Reichskanzler.
-Te advierto una cosa, basura-
-¿Qué quieres?-Kagome le fulminó con sus ojos negros, ahora lo entendía. Todo el tiempo había estado comportándose como una niña que tiene miedo de las personas. Una niña que deja y que se deja hacer lo que las demás personas quieren o esperan de ella.
-Ya no lo haré más-
-Si alguien descubre que eres una judía inmunda, considérate muerta-
-¿Tienes algo mejor que decir o ahora me tirarás al suelo?-
Él sólo se rió.
Después de todo aquella joyita aprendía más rápido de lo que él creía.
-Nada, Beliebt meine-
-Dentro del mismo castillo-
Se dio la vuelta de inmediato cuando escuchó el sonido del pitillo alemán. Aquel, no podía ser otro que el reconocimiento para su hermano, quien de seguro entraría junto a los brazos de una bellísima mujer.
Se bebió el último sorbo de su copa de champagne en el instante en que sus dorados ojos se clavan en el rostro de ella.
Y allí, creyó que se le partía el ama.
-Dentro del mismo castillo-
Se sentía avergonzada de que la miraran de los pies a la cabeza; ¡no era tanto como para que la estuviesen mirando casi todos los hombres del salón de baile!. ¡De seguro alguien se había percatado de su collar de judía o de la forma de sus ojos o quizás de su tono de piel!.
Era imposible que ella, siendo como era, pasara por una alemanita.
-No te preocupes, nadie te dirá nada porque vienes conmigo- escuchar esas palabras no fueron del todo alentadoras, ya que si recordamos ella no venía aquí para pasarla bien, sino para comprar una esclava.
Y eso le dolía en todo el corazón…
Buscó con su mirada algo con que distraerse.
Y le vió….
No supo por qué su corazón latió deprisa, o por que sus mejillas se tornaban de un carmín intenso, pero por primera vez desde que había entrado al salón se sintió la mujer más hermosa de Munich.
Allí estaba él.
El mismo alemán que había tenido entre sus brazos en el ala de fusilamiento, el mismo alemán que había estado padeciendo un infierno, que había llorado junto a ella, que había expuesto una parte de si mismo, que a nadie en su sano juicio habría dejado ver en otra ocasión.
Y por eso le gustaba tanto.
Estaba vestido con un traje de tonos negros al que le acompañaba una gabardina del mismo color con botones de oro. Sus cabellos albinos estaban sueltos, mientras sus manos sostenían una copa de cristal roja.
Intentó decir alguna palabra…
Intentó mover sus labios, o acercarse hasta él, pero el agarré del Taicho era mucho más fuerte de lo que ella creyó.
Inuyasha la contempló en el momento en que la bellísima dama ingresaba junto a su hermano por la alfombra roja.
-No te acercarás a él, a menos que yo te lo ordene- la voz del demonio blanco le penetró los oídos….
Partiéndole el corazón.
Y allí, en medio de la mirada del otro, ella dejó caer unas solitarias lágrimas.
-Continuará-
Nota histórica II:
En el capítulo se habla de un hecho histórico de Hitler, canciller de Alemania; a quien Naraku está representando en este fick.
El hecho corresponde al "Putsch de Munich o la llamada "Toma de la cervecería" ocurrida en los años de 1923, cuando Hitler estaba entrando al gobierno de Alemania.
Esto corresponde al intento del canciller Hitler junto a sus colaboradores entre los que destacaban Rudolph Hess y Hermann Göring por tomar el estado de Baviera, para que se transformara en una ciudad alternativa de la actual Munich, durante los días ocho y nueve de noviembre, después de la primera guerra mundial.
Sin embargo la toma no dio éxito, por lo que se mando al canciller a prisión durante un año, y en ella murieron catorce nazis.
Ese hecho se conoce como la noche de los mártires".
Ahora sobre el castillo del cisne de piedra" o más conocido por su nombre alemán. Este castillo fue creado bajo las órdenes del rey Luís II de Baviera, específicamente en el centro de la ciudad de Munich en 1866. Actualmente el castillo esta bajo leyes alemanas de preservación histórica, y corresponde a uno de los lugares turísticos más visitados del mundo.
Quiero dejar en claro, que la segunda visita del canciller a Baviera no existe en realidad. Este es un hecho que he creado para el fick por mi cuenta propia...
Términos:
Antisemitismo: es la doctrina que sigue el nazismo, en donde se establece la base de la "sangre pura" o la raza aria. Con la cual se toma de excusa para eliminar al pueblo judío, por ser una raza pecadora y perversa.
Pitillo En los años de 1936 a 1939 se tocaba una especie de corneta, a la que se llamaba pitillo por su similitud a un pito, cuando un teniente o un sargento de alto rango ingresaban a lugares público o privados.
ReichskanzlerPrimer canciller (alemán)
Gracias especialmente a:
Patonejo, Kitty-Wolf, Jimena-Chan, Miko-Kaoru-Sama, Yukiko- 09, Abril-Chan, Andrómeda no Sainto, Sivis-ink, Sakuno-Chan Echizen, Mariana, serena tsukino chiba, erini,nkisa-Chan-sohma, kamy-chan-chan, chokolatito19, Black Polaris, Nadja-chan e inuyashaaa-kun.
Y a todas las personas que leen esta historia.
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…Léeme muy bien los labios, te lo digo bien despacio…
…Por el resto de mis días, quiero ser tu compañía…
-Me enamora-
Juanes
