Anatema

Disclaimer:

Los personajes de Inuyasha no me pertenecen, son propiedad de R.T; he continuado el fick porque necesitaba cambiar de fandom, tanto escribir en yyh me ha dejado sin ideas, supongo que mi imaginación hizo ¡caput!, muchas gracias a quienes siguen leyendo, a quienes luego de tanto me han apoyado. ¡Gracias!. Este fick no está hecho con fines lucrosos, sólo le escribo cuando siento la necesidad.

Notas:

Espero acepten mis disculpas, mis infinitas disculpas, sé que fueron dos años desde la última vez que actualicé dicho fick, pero al menos espero les agrade la continuación. Acepto cualquier crítica u comentario, mientras no me insulten.

En especial quiero agradecer a una autora "Calandri", sé linda que quizás jamás llegues a leer mi historia, pero si en algún minuto te pasas espero te agrade, te lo dedico, porque con tu fick "Do you believe in ghots? Me devolviste la inspiración para escribir mi historia, aunque no se parezcan absolutamente en nada.

Con amor para quien lea y para quien me comente.


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Capítulo IV

"En color púrpura"

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...La raíz de todas las pasiones es el amor:

De él nace la tristeza, el gozo, la alegría y la desesperación...

-Lope de Vega-

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-Palacio del cisne de piedra, salón de baile-

-Un aplauso para Seshoumaru Taisho- escuchó, en seguida una descarga de aplausos siguieron a dicha voz, el taicho sonrió notoriamente mientras Kagome sólo desvió la mirada.

-¿Otra copa joven Inuyasha?- se giró, un camarero le hablaba al parecer.

Cosa, que no interesaba por ahora.

-No, retírate-

-Como guste-

En silencio les vio entrar al salón y justo en ese minuto el corazón le dolió sin saber porque, tanto como una ola chocando en una piedra, tanto como cuando se experimenta una herida en el pecho; no pudo más que llevarse a la boca la copa con licor que yacía en una de sus manos, y aunque el sabor amargo del alcohol pareció quitarle la horrible sensación de la garganta aquello le duró sólo unos cuantos minutos.

-Muchas gracias, ¿Nuestro Furher a arribado ya?- la voz de su hermano, no quería mirarle, cada vez que lo hacía una estaca se le clavaba en medio del torso, más cuando la mirada gélida de él se topaba con la suya.

-No Seshoumaru Taisho, pero no debe tardar en llegar- era estúpido creer que no notaba lo nervioso que se hallaba su persona en ese lugar, sabía que Seshoumaru le había encontrado entre toda la gente, y que se acercaría sin que él lo notara.

Con la otra mano tomó su chaqueta para irse, y dejar el vaso de cristal en alguna de las mesas del palacio -Inuyasha- pero cuando experimentó el peso de una mano sobre su hombro no pudo mover un sólo músculo del cuerpo.

No hubo palabras.

-Te ves mejor, parece que encerrarte le hace bien a tu cabeza- estaba sarcástico como siempre.

-Hn, y a ti se te ve bien también, supongo que aprovechaste la tarde en que no estaba- dijo, cerró los ojos, el otro sonrió con cinismo. ¿Aprovechar el tiempo?, claro que lo había hecho.

-A diferencia tuya, me gusta hacerlo cada vez que puedo- dijo, Inuyasha le miró con furia, y justo en ese minuto Seshoumaru se giró a su acompañante.

Yació estupefacto.

-Ella…-

-Vestida como se debe se ve decente-

Odiaba no poder tener el valor para ir y decirle que cómo se le ocurría ir precisamente con ella a dicha ceremonia. Ella, quien le miraba ahora con ojos empañados en lágrimas y los labios tiritones.

Ella, con quien esperaba poder bailar al menos una pieza esa noche.

Con un gesto el mayor le fulminó para que se quedase callado.

-Recuerdo haberte dicho que ere bella, pero que no le quitaba lo maldita, no importa cuánto la arregle siempre seguirá maldita- Kagome sintió un nudo formándose en su pecho, pero la mano que le sujetaba ahora de la cintura era lo suficientemente fuerte como para dejarle clavada en el suelo a su lado. -Además, a ella igual le gustó, hubieras visto como gritaba-se burló, Inuyasha apretó los dientes, terminó rompiendo el vaso. Kagome le pisó con uno de sus tacos.

A continuación Seshoumaru le propuso una bofetada que resonó en toda la ceremonia.

En silencio, Kagome sintió la mejilla ardiendo producto de esa bofeteada.

-Tócame de nuevo basura, y te las verás en la noche con mi mal genio- dijo, enseguida escucharon las campanadas de las doce, dos campanadas. Aquello le indicó debía terminar de arreglar unos detalles antes de la llegada de Naraku.

-Que oportuno- dijo el mayor, le hizo un gesto con el ojo a su hermano y de la cintura se llevó a la mujer a la fuerza hasta él. La otra quedó por el golpe y el impacto sobre sus pectorales.

-Escucha- susurró- Si te le acercas te mato, sólo cumple con lo que te dije-

-Cállate, no debes de repetirlo-

-¿Quieres otra bofeteada parece?-

-No te tengo miedo, ya no-

-Deberías basura- luego de ello el otro le soltó, la chica sintió como por el peso todo su cuerpo caía con violencia al suelo.

-Cuídate la espalda querida mía- dijo, y les dejó a ambos en silencio en medio del salón. Kagome sintió como el pecho le palpitaba con violencia, y que todo su cuerpo temblaba en medio de ese lugar.

-Pensar que debo de sacrificar la vida de otra persona para salvar la mía es horrible-

Por su parte, Inuyasha le miraba en silencio imaginando lo maravilloso que sería bailar con ella.


-Hauptbahnhof, estación de trenes de Munich-

Parecía que le iba a explotar las piernas, cansada y de mal humor yacía sentada en uno de los asientos más lujosos del tren a Alemania, en París se sentía muy sola, pero culpar a su novio era como escupirle al cielo. Después de todo ella tenía siempre todo lo que quería.

¿Y qué mejor que tener de pareja al hermano menor del teniente coronel del ejército alemán?

Era mimada, lo sabía, terca y orgullosa, y eso también lo sabía. Rió.

En el tren en donde viajaba, las paredes de su asiento eran color miel, papeles decomurales se alzaban uno tras otro con el símbolo de Naraku, quien para ella era igual a un Dios. Movió el vaso vacío de agua que yacía en una de sus manos, el sonido de los hielos le indicó que quería beber otro.

-Tráeme un vaso de agua, aquí hace un calor horrible-dijo al acomodador que justo en ese instante había ingresado para arreglarle la almohada del asiento.

-Como guste señorita- Para Kikyo aquello era muy bueno, en especial con el cuerpo y el porte que le caracterizaba.

-No debes ni saber lo que te espera Inuyasha- dijo, traía un conjunto color rojo, el cabello suelto negro le rozaba más allá de la cintura, la falda apretaba sus muslos y sobre sus piernas dos medias color negro resaltaban lo delgado de sus tobillos, más por los zapatos vino de tacón que portaba. Ojos maquillados de marrón miraban por la ventana con picardía mientras con una mano abanicaba su cara con lentitud. Alemania era como un horrible sauna en esos días, por el contrario Paris era muy helado.

Tan frío como se sentía ella desde que su novio se enlistó con el mayor al ejercito, tan frío como las peleas que solía tener con Inuyasha cada vez que ella le decía quería irse a vivir con él.

-Te quiero, y así como te quiero te lo voy a demostrar- dijo, en seguida vislumbró el momento en que el acomodador del tren traía su vaso de agua, le recibió sin cambiar la expresión de su rostro.

Y si tenía que viajar un millón de kilómetros sólo para recordarle al otro que le amaba, a su manera claro está, porque ella no siente esas cosas que dicen las demás personas lo haría. Porque en el fondo, sabía le amaba con todo su corazón.

Luego de ello, frente a sus ojos quedó la parada de trenes y bajó a ella con todo su equipaje.

-Te llevarás la sorpresa del año cuando vuelvas a casa- dijo, justo cuando hacía parar un taxi.


-Salón de baile, el castillo el cisne de piedra-

-Demonios-dijo, desde donde estaba no podía hallar a nadie que pareciese una esclava, toda la gente se veía demasiado alemana para su gusto, y sabía por experiencia al otro le gustaban sólo las raresas, quizás porque dentro sentía una necesidad enferma por ese tipo de mujeres. Kagome sintió ganas de vomitar de sólo pensar que le haría a otra lo que a ella, pero en ese minuto le valía una mierda ese detalle, ¡sólo quería que la liberase porque tener que respirar el mismo aire que él era estar en el mismo infierno!

Estuvo segura de que nadie le observaba tan detenidamente como para percatarse de ese detalle, pero cuando experimentó como tras de su oído se colaba una voz tembló.

-Señorita- Tembló porque sabía de quien era la voz, porque sabía le costaría mucho trabajo el que esa persona dejase de mirarle. Porque durante un minuto ambos intercambiaron miradas demasiado personales.

Y sabía, no quería involucrarse con él, porque luego dolería.

-¿Qué pretendes?-se giró, Inuyasha le observaba con un claro gesto de duda, había dejado su chaqueta en el suelo.

-No tengo porque decirte-

-Seshoumaru te ha encargado una esclava ¿verdad?- muda, supo que el corazón le estalló apenas él dijo esas palabras. –Compra una para cada semana, no creas que no es de conocimiento público, si me lo preguntas, le gustan las niñas- otra vez la misma sensación, las ganas de escupirle en la cara a ese enfermo regresaron como las ganas de averiguar por el paradero de su familia. ¿Qué hacer?

-Yo…-

-Naraku- notó el desprecio con el que dijo ese nombre- le ha comprado una gitana según me han informado en la fiesta, por lo que no debes de preocuparte de ello- dijo, y llevó su vista hasta otra parte para que ella no notase el medio sonrojo que subió a sus mejillas.

Le conocía, tanto como para admitir que él aún tenía alma.

-Gracias-

-Olvídalo, sólo no quería que tuvieses luego pesadillas- no quería decirlo, ¡estúpido!, la idea era sólo decirle que no debía preocuparse por ello.

-¿Tú tienes?- suspiró, ¿en qué minuto habían llegado a ese grado de confianza?, no lo sabía, pero algo le dijo que ella era la cura, que ella era la indicada. Y sabía, tenía novia, pero el amor que sentía por aquella mujer se había ido consumiendo con el paso de los años como en una vela. Y ahora, no yacía más que la esperma derretida de la misma.

-Siempre tengo pesadillas- fue todo, y luego la otra se acercó hasta rozar con sus dedos las facciones cansadas de su cara. -¿Qué?-

-¿Bailamos?- perplejo sintió como el pecho le subía de golpe. ¿Bailar y con ella?, no podía negar que la idea la había pensado antes, pero no esperaba que ella fuese la que tuviese el valor para pedirlo. Se imaginó en el salón, y no pudo evitar mirarle de los pies a la cabeza, era linda; con el cabello negro largo y vestida de rojo vino.

Dios, pero era tan parecía a su Kikyo.

-¿Porqué?-

-Porque si me quedo quieta como piedra me volveré planta de tan aburrida que estoy- rió inconscientemente.

Igual a Kikyo.

Tan parecida que no podía evitar sentir que estaba engañando a su novia, tan parecida que sabía quizás podría confundirse y llamarla por aquel nombre.

-Una pieza-¿y qué importaba?, después de todo no la volvería a ver otra vez, y no volvería jamás a estar tan cerca de ella.

Y luego, estando en medio de la pista, con una mano en su cintura y otra en su hombro experimentó como de nuevo su corazón palpitaba con velocidad, y ello, no lo sentía desde que conoció a Kikyo.

-La primera vez…-muda, Kagome escuchó el tono que dejó salir, no era el mismo que la primera vez que le vio, no tenía ese tono depresivo y angustioso que necesitaba de ayuda, esta vez era altanero, con pizcas de tono pícaro y algo terco. –No pregunté ni tu nombre-

-Kagome- dijo, enseguida experimentó como le rozaba el aire al momento de girar en la pista, piernas deslizándose con galantería y ojos posados en el otro.

-No lo olvidaré- Inuyasha cerró los ojos, pestañeó, la otra sintió como se sonrojaba al notar por primera vez el tono dorado de los suyos.

Y pensó que ese momento era el más maravilloso de su vida.


-Coche Miallena, a unos metros del palacio-

-No lo olvides, no lo diré otra vez- experimentó como la frente sudaba, labios tiritaban producto de un frío extraño que le había calado de golpe en todo el cuerpo. Dios, sabía que soñaba, otra vez, como ese día que vislumbró aquella guerra.

Otra vez soñaba con esa guerra.

-No digas eso, ¡estarás bien!- se vió, de rodillas con los ojos enrojecidos de tanto llorar.; con una camisa rasgada en sangre y el cabello enlodado y sucio. En la camisa yacía abierta los primeros botones y los labios sangraban por haberlos mordido con el filo de sus dientes. ¿Porqué lloraba?; otra vez el pecho dolía, quería gritar, pero sabía no podía despertar.

Sentía las manos temblando, que se movía producto del sueño, y otra vez veía la misma escena, el campo rodeado de gente agonizante y el humo casi negro que cubría el cielo escaso de nubes.

¿Dónde?, ¿Con quién?

-Niñata tonta, te estás engañando- no supo porque, pero el dolor de esa escena se transfirió a su corazón, los ojos cerrados sufrían, y en el sueño veía a un hombre a unos metros bajo ella, con un ojo herido y sangrante y el pecho lastimado tratando, inútilmente de respirar.

-¡Lo prometiste!; ¡Lo prometiste Seshoumaru!- Y luego, la Rin del sueño experimentó un espasmo cuando una mano de él se posó en lo tersa de la piel de sus pómulos. Experimentó como el pecho se apretaba, como las manos dolían; como, sin preverlo se sintió viviendo la imagen de ese sueño.

-Las promesas...se hicieron para romperse, Rin- y el dolor de ello, los labios que se apretaron luego, las manos de la niña que experimentaron el momento en que las de él se enfriaban y perdían fuerza, el instante en que al mirar esos dorados ojos notaba como minuto a minuto perdían brillo frente a ella.

-¡No te mueras!- y el grito de ella en su mente le paralizó, porque era ella la del sueño, porque no entendía porque le dolía a ese grado de no querer vivir después. –Sesshoumaru…lo prometiste…- y luego, sin quererlo, la mano del hombre bajó de las mejillas a su boca, rozando levemente la carne de los labios en silencio.

-No lo olvides- volvió a moverse, y cuando vislumbró como la Rin de su sueño se partía en llanto vislumbró el color dorados de los ojos del hombre, con el cabello que debió de ser plata en su momento, con los pómulos helados y algunas marcas de cicatrices recientes.

Y esos ojos dorados sin brillo, que ahora, le miraban completamente muertos.

Muertos…

-¡No!- gritó, despertó en medio de un coche con asientos negros, la frente aún yacía bañada de sudor, y las mejillas rojas yacían calientes en toda su cara. Quería, necesitaba, tenía la amarga sensación de querer llorar, pero no sabía porque quería llorar, porque el corazón le pesaba tanto.

-¿Un mal sueño bruja?- la voz de otra persona la regresó a la realidad. Frente a ella un hombre de cabellera negra semiondulada y larga le miraba con cinismo.

-Yo…-

-Si es algo prediciendo muerte no quiero saberlo- Naraku se giró en su asiento, los ojos lilas de él ahora yacían en el vidrio del coche.

-¿Cómo sabes que soñé con la muerte?- Naraku tembló, estaba bromeando la verdad. Entonces si era una bruja como le habían informado.

-Sólo lo intuí- dijo.

La otra se quedó en silencio.

-¿A dónde me llevas?-

-Al palacio del Reich, te presentaré a todos, hoy te entregaré a tu nuevo dueño porque a si lo quiero, y no puedes hacer nada por tu condición de gitana inmunda; recuerda, ni los judíos soportan a tu raza de ladrones y brujos-

-No entiendo; ¿a quién me darás?; ¡porqué!-

-No debes de entender niña, sólo debes de obedecer, no lo olvides-

-No lo olvides- otra vez la voz, la sensación que se estaba olvidando de algo importante. Pero, ¿quién era ese hombre?

-Bruja- la voz de Naraku volvió a alertarle, el hombre le miraba ahora con una fascinación morbosa, enseguida el otro le llevó cerca de su cara para que la otra le mirase con detenimiento.

-Si lo que me dijeron de ti es cierto, dime…¿qué ves en mis ojos?-


-Salón de baile del palacio el cisne de piedra-

Llevaban un rato bailando, tanto que las manos de Kagome yacían dormidas en la cadera del otro, estaba perdida, lo sabía porque no podía dejar de mirarle, porque no quería ver a otra dirección. Pero su mente le decía estaba muy mal, terriblemente mal. Un flash en su cabeza, y el momento se partió en pequemos fragmentos. La mirada gélida de Seshoumaru mirándole la sacó del ensueño; y el idilio en el que yació se desvaneció de un momento a otro.

Frenó el baile.

-¿Qué?-

-Nada, olvidé que debo hacer algo ahora- dijo, y se soltó de las manos del otro, Inuyasha se encontró con los ojos del mayor mirándole en furia.

-Si es por ese idiota no debes de preocuparte-

-Si como no, no me digas que hacer- exclamó, el otro le agarró del brazo antes de que ella se alejase completamente de su visual. –Tómate una foto conmigo-

-¿Porqué?-

-¿No te gustaría sacarle de quicio un minuto?; ¿ahora qué puedes?-dijo, y el otro sonrió con sorna, los ojos dorados juguetones le señalaron el lugar donde tomaban dicha fotografía.

Kagome guardó silencio, si lo pensaba nada le gustaría más que reírse en la cara de Seshoumaru, ahora que podía y que tenía una excusa.

-Una-

-Dos-

-Dos, pero en la segunda me darás un beso en la palma de la mano para que me sienta como una reina-

El otro rió, definitivamente era como Kikyo.

-Hecho, pero me guardaré las copias-


-Dentro del coche, estacionamiento del palacio-

-¿Ves todo eso en mis ojos?- se quedó frío, era tal y como le habían descrito, una bruja con cuerpo de niña que podría hacer petrificarse hasta al más valiente soldado. Una niña, que sin quererlo le había revelado todo el pesar que yacería en sus hombros. Las muertes, la guerra, la ira de por medio.

Hasta su propio suicidio.

-He dicho lo que preguntas, no agrego más…cada vida tiene sellado su destino en los ojos, podría leer tus manos, pero las manos dicen la mitad de las cosas que dicen los ojos de una persona- exclamó, Naraku se estiró en el asiento dentro del coche, la cabeza yacía ahora semi extendida para atrás, el cabello negro semi ondulado le caía en toda la cara.

-Eres una bruja como dicen-

-Ahora, yo tengo una pregunta que hacerte-

-¿Sí?-

-Hace días que sueño con lo mismo, y no entiendo quien es él-

-¿No se supone eres tú la que predice y define el futuro?-

-Si no he conocido a quienes involucra dicho futuro no puedo definirle- dijo, Naraku se quedo helado.

-Bien, te escucho, dime, ¿con quién sueñas?-

-Dime…-la niña se llevó un mechón de cabello tras el cuello, cerró los ojos cuando la pregunta salió de su boca. -¿Quién es Seshoumaru?-

Y en ese instante Naraku volvió a quedarse frío.

Definitivamente era un bruja.


-Dentro del palacio-

Seshoumaru estaba furioso, moviéndose de un lado a otro vislumbraba el momento en que la otra subía al estrado con su hermano para sacarse una fotografía, ojos puestos en la chica; ¡ya vería en la noche!

Tronó los dedos, de inmediato un camarero le entregó una copa de champagne, le supo más mal que cualquier otro licor.

-¿Celoso?- una voz, se giró, una chica con un traje casi blanco con manchas púrpuras le miraba divertido. Vaya momento para toparse con ella, con un demonio.

-No, ¿qué te hace pensar eso?-

-Ya decía yo que estabas tratando de asesinar con la mirada al pequeño Inuyasha, que va, ¡si se ve bien con ella!-

-Córtate la lengua Kagura- ¿importaba que fuese la hermana de Naraku?; no. En ese minuto ella no era más que otra mujerzuela en esa fiesta, lastima, que le debía más respeto que a otra mujer.

-Se te salen los ojos de rabia Ta-i-cho- dijo con sorna, enseguida la otra sacó un abanico del bolsillo de su traje, el otro experimentó el aire producto del movimiento del objeto cerca de su cara.

-Deja, ahora-exclamó, la chica se retiró luego de ello.

-Como quieras, acaban de informarme que mi hermano ya llegó- sudó –Asegúrate de esconderla, porque a diferencia de la gente inculta que yace en este salón, yo sí reconocí que es judía- tembló y el vaso casi se le cayó de las manos. –Quítale el collar, porque dice "Soy judía" y Naraku les conoce de sobra-

-¿Alguna idea para esconderla?-

-Podrías darla de sirvienta, pero es sólo una sugerencia- y luego de ello ya no sintió el aroma de la colonia del cuello de ella, ni del sonido de sus zapatos de tacón. Quedó con los ojos puestos en el cuello de Kagome, ¿Cómo no había notado ese collar?; ¡pero claro que decía que era judía!

-Eres una perra- pensó en la sugerencia de Kagura, pero una mejor idea se le cruzó por la mente.

Y sonrió al instante en que la anotaba entre todas las ideas que tenía para ella.


-Estrado de fotografía-

-Muy bien, necesito se junten un poco más- dijo un hombre vestido de negro, traía un bigote, lentes casi ahumados color gris. El traje yacía gastado de tanta pólvora y ceniza que quedaba de las fotografías.

-Así está bien- dijeron ambos, tratando de no chocar los codos de lo cerca que estaban, Kagome relucía entre la gente, en medio de Inuyasha y de un chico de ojos azules, el cual, sostenía una sombrilla para dar efecto a la fotografía.

Y si lo pensaba, sentirse como una chica de alta clase en esa situación era lo mejor del mundo hasta ahora, vestida con esa ropa y con ese chico junto a ella olvidaba la existencia del otro, tanto que el pecho le subía con furia, tanto que las piernas le temblaban de sólo idear una vida alejada de él.

Y esperaba, en esa vida, pudiese conocer a alguien como el chico que ahora estaba junto a su codo.

-¡Plasf!- el humo de la fotografía salió luego, aire gris oscuro entre negro y marrón quedó impregnado en sus ojos, y al mirar la fotografía ambos quedaron con las palabras en la boca.

-¡No es negra!-

-Por supuesto que no, ahora usamos tinte púrpura, le da más elegancia a las fotografías- en el papel Inuyasha miraba de reojo a Kagome, la otra se sonrió.

Sabía que para los hombres era bonita, y en ese minuto se sintió hermosa, aún con la mejilla que seguía ardiéndole producto de la bofeteada de Seshoumaru, aún cuando estaba usando ese color rojo en su vestido.

-¿Listo para la otra?-preguntó ella, mirándole de reojo con sarcasmo claramente retándolo a cumplir el trato impuesto.

-Hn, si me crees un bebé estas equivocada- rió.

-¿Listos?-preguntó el hombre, Kagome se sentó en un sillón, mientras el otro chico aún le sostenía una sombrilla, extendió su mano en señal de reto para el albino.

-¿Hu?-dijo, y el humo salió justo en el instante en que Inuyasha le besaba la palma, sabían que Seshoumaru miraba con furia la escena, porque habían escuchado ya el trinar de más de dos copas cayendo al suelo, y también que estaba muerto de celos.

Y para ambos, aquello era la mejor música que escucharían en mucho tiempo.


-Salón de Baile, mismo palacio-

Se acercó a ella cuando la estúpida sesión de fotos terminó, ¡vaya perra que era!; ¡era de él!; y no dejaría a otro que se la quitase por ahora, porque le gustaba en el fondo ver la cara de tristeza que traía luego cada noche, porque luego, la otra le gritaba.

Y sabía, le gustaba más cuando explotaba esa judía.

Le agarró del brazo, Inuyasha yacía hablando con el fotógrafo para ponerse de acuerdo a quien le enviaba las copias. Kagome experimentó el jalón y se mordió los labios.

-Si esperabas que me enfureciera lo lograste querida- dijo, y enseguida volvió a abofetearle, Kagome experimentó el flujo de sangre caer por sus labios.

Pero no le interesaba ya su opinión.

-Eso quería- dijo, y Seshoumaru estuvo a punto de darle otra bofeteada cuando las luces del centro se prendieron, frente a ellos el lugar donde debería yacer el asiento para el nuevo furher ya no estaba, en su lugar había ahora una especie de micrófono, y una mujer de cabellera negra atada en una especia de coleta se encontraba mirando desde aquel escenario.

No tenía que ser un genio para saber quién era ella.

Y la verdad era, que le odiaba con todo su corazón.

-Kagura- soltó a Kagome apenas la voz de la otra se escuchó, y cuando la otra giró su vista para contemplar el escenario Kagome experimentó como de su cuello era arrebatado el collar de su familia en un solo movimiento.

Y vio, como, lentamente cada perla de dicho collar se desprendía y se perdía por el suelo.

Y el corazón le dolió tanto como una hoja siendo quemada en fuego.

-¡Porqué!-dijo, Seshoumaru rió.

-Porque te lo mereces- sintió otra vez su mundo desvanecerse, y las ganas de volver a reírse de él desaparecieron, otra vez, otra vez volvía a sentir miedo, otra vez se sentía perdida como la primera vez en que él le dijo le mataría por ser judía, y no pudo evitar sentir como los ojos se le cristalizaban.

Y las manos le temblaron tratando de recoger algunas de las partes del collar que ahora, yacía roto en todo el suelo.

-Olvídate de esa basura-dijo el hombre, Kagome le fulminó, ojos a punto de explotar en cólera cuando experimentó como de golpe, aquel hombre con alma de demonio le empujaba hasta su boca, la lengua penetró con facilidad hasta la suya, dejándola tan estática como estuvo la primera vez. Y luego, al vislumbrar la saliva que quedó en la boca de él se sintió sucia, tan sucia como una cualquiera.

-En la noche te daré el resto del castigo, y te digo que te dolerá- Kagome se giró con rabia, ¡vaya maldita forma de decirle que en la noche volvería a usarla como a una muñeca!

-Eso veremos-susurró, tan despacio que estaba segura Seshoumaru no debió de poder escucharla.

Estaba por decirle algo en la cara cuando la voz en susurró de él le invadió de nuevo.

-¿Y ahora qué quieres?-dijo, el otro rió.

-Si hoy me entregan mi nueva muñeca, ¿quieres algo antes de que te deje en libertad?

Blanco…

Así percibió su mente, como un lienzo en banco que no tenía nada escrito, como una imagen que esperaba rellenarse luego de escuchar esas palabras. ¿Algo?...

-¿Lo qué sea?- Seshoumaru rió, dios, era muy ingenua. ¿En serio creía que la dejaría en libertad como le decía?

-Lo que sea- le gustaba jugar con los sentimientos de la gente, pero más le gustaba jugar con los de ella, porque siendo como era, Kagome explotaría en llanto cuando supiese la verdad.

Porque, desde el minuto en que se había acercado a Inuyasha él se había jurado hacerle enteder a ella que no podría tener nada con él; porque le quería casado con Kikyo y alejado de esa basura.

-Dime qué pasó con mi familia, según escuché ese día cuando trataste de que me matará tu hermano que tienes el cargo más alto en este país-

-¿Cómo te apellidas?-

-Higurashi-

Que conveniente, ni que lo hubiese planeado tan bien.

-Tu familia fue la que incendió una joyería alemana hace dos días ¿verdad?-

-Lo hicieron porque querían quitarnos nuestra casa, porque querían vendernos como esclavos para los alemanes, yo me quedé esa noche en la bodega esperando porque regresaran, pero jamás volvieron-

Dolió, recordar la noche y los gritos, recordar el fulgor la luz de la linterna que le iluminó el rostro aquella vez.

-Juu- se alejó de ella, Kagome le sujetó del brazo para que no le ignorase.

-¡Dijiste que me darías cualquier cosa!-

-Tu familia está muerta- se petrificó- yo mismo los mandé a matar uno por uno y créeme cuando te digo que el trabajo salió perfecto, lástima que quedases tú con vida, odio cuando queda alguien vivo porque ello conlleva a una guerra inútil de venganza-

Helada, sintió que las piernas ya no le respondían y que de un minuto a otro se caería al piso como una muñeca; que nada servía seguir con vida ni tratar de liberarse de las manos de él; que de nada servía inmolarse en su contra si después quedaba abandonada a su suerte. Lloró, lloró en el instante en que su cerebro procesó aquella situación, con el pecho palpitándole a mil por hora creyó se desmayaría, y al levantar la mirada se cruzó con los ojos de Inuyasha; quien le miraba en silencio preguntándose si debía o no acercarse, soltó autómata el brazo de Seshoumaru.

Inuyasha por su lado se mordió los labios con rabia, porque si Kagome lloraba ¿era por algo que le había hecho Seshoumaru verdad?

Kagome sintió que necesitaba un abrazo, sintió la horrible necesidad de alejarse de Seshoumaru, porque ahora mirarle era recordar que estaba sola, porque ahora escucharle era lo que menos deseaba en ese lugar.

-Escucha, y escucha bien- Seshoumaru le fulminó con su mirada, le tomó del brazo antes de que ella saliese corriendo a donde Inuyasha, porque sabía era la única persona que conocía ella además de él.

La chica quedó estática ante ese gélido color dorado- Hoy cuando terminé la ceremonia del furher te daré una dirección-

-¿Una dirección?-

-Te mostraré cara a cara al asesino de toda tu familia- y cuando escuchó eso, se soltó del agarré de él.

No quería pensar, no quería sentir, sólo quería correr y desaparecer; correr y experimentar el choque del torso del menor en medio de ella.

Y cuando sintió las lágrimas brotar por la cuenca de sus ojos lo supo, que quería que Inuyasha le abrazase como nadie lo había hecho jamás.

Porque el pecho le dolía, porque los ojos ya no veían de tan cristalizados que estaban, y el aire se había vuelto demasiado pesado para respirarle.

-Todos están muertos- no, eso no podía ser verdad… ¿Pero si no habían ido por ella era porqué era verdad no?

-Salió perfecto, lástima que quedases tú-

Kagome corrió sin mirar hasta donde estaba Inuyasha, sintiendo el corazón palpitar y las manos temblar, sintiendo como seguían cayendo las perlas del collar que ahora roto; yacía en el suelo desperdigado por todas partes.

Y en su mente, cuando experimentó por fin el agarre de los brazos del otro sólo pudo pensar en aquella fotografía de color púrpura que se había tomado antes con él. Porque era, demasiado perfecta.

-¡Kagome!-gritó él cuando experimentó el golpe del cuerpo de la chica en su traje, y quedo mirando como ella se prendaba de la camisa de su smokin.

-Lo siento-dijo ella,-sólo no sabía a dónde más correr- y en silencio, Inuyasha posó una mano en la cabellera negra de ella y comenzó a acariciarle sin saber porque lloraba. –Inuyasha-

-Dime- suspiró, Kagome sollozaba en silencio, con una mano agarrada con fuerza en uno de sus hombros. -¿Tomémonos otra fotografía?-

-¿Cómo puedes pensar en eso ahora que estás llorando?, ¡Kagome!- la otra se mordió un labio, pero es que no podía pensar en nada más que en el color de aquel papel, más que en lo perfecto de fingir que eran amigos eternos; en lo perfecto de creer que vivía en un idilio junto a él.

-En esa foto…en esa foto creí vivía una fantasía- mudo, escuchó como ella dejaba salir aquellas palabras por su boca. –Quiero…volver a vivirla ahora- Inuyasha bufó, y en silencio le abrazó con fuerza hasta que ella sintió el aroma de la colonia del cuello.

Y es que con ese gesto, aunque no se lo dijese con palabras, Kagome supo que el otro trataba de decirle que podía contar con él.

Por su parte, Seshoumaru les miraba desde donde estaba, con otra copa de licor en la boca mientras chequeaba la hora en su reloj de muñeca.

Y reía, con sorna y con los ojos inyectados de lujuria.

-Mañana, ya no pensará lo mismo de ti, Inuyasha- dijo, y se retiró al escenario para recibir a Naraku y recitar su discurso al Reich.

Después de todo mañana sería otro día.

-Continuará-


Próximo capítulo: Como pajarillos azules

Bueno, sé que me he demorado mucho, pero espero al menos se les haya hecho el capítulo interesante. Pido disculpas desde ya si las personalidades se me fueron muy en olla, pero es difícil mantenerlas por el contexto de la historia. Cualquier cosa, pueden decírmelo vía review o mp, sólo no contestó cuando se trata de insultos.

Gracias especialmente a:

Cat noir, Nejo-chan, Carodina, Pgranger, Kitty_Wolf, Andrómeda no sainto, Alexandra G, Abril chan y InutaishoAmor.


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...No esperes más niña de piedra…

Miguel no va a volver…

El mar le tiene preso por no querer cederle a una mujer…

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-Naturaleza muerta-

Mecano