Estaba leyendo otra vez mi historia y se me ocurrió algo más... la empecé a escribir y dió un giro al que yo no me esperaba... espero que les guste.
Disclaimer: todos los perosnajes pertenecen a Stephenie Meyer
El funeral
Lo observé. La piel pálida marcando las ojeras que tenía de un color púrpura. Sus músculos se veían tensos, como si no estuviera disfrutando su viaje al otro mundo, sino como si estuviera sufriendo el más grande de los sufrimientos.
La gente pasaba, caminaba, lo veía, lloraba por él, le decía los grandes momentos que pasaban juntos, se abrazaban de él. Con ese sereno rostro, veía hacia el infinito, el cielo, aunque sus ojos estaban cerrados, sabía que eso estaba viendo. Aunque nosotros no practicábamos ninguna religión, por lo menos él tenía la esperanza de encontrar un día el cielo.
Un cielo que yo nunca quise. Y ahora dudo que lo quiera, aunque en el fondo de mi ser y de mi corazón sé que no lo quiero, no quiero el mismo cielo de todos. Mi cielo era él, y él se fue.
Mi madre se sentó a mi lado, tenía aquél vestido negro que solo una vez se puso, que por desgracia fue en una ocasión con el mismo fin que esta. Un funeral. Sus vivos ojos verdes, no mostraban aquella chispa de vida, ahora estaban apagados por el dolor, el sufrimiento que sentía. Me abrazó y lloró conmigo, porque aunque trataba de no hacerlo, no podía evitarlo. Las traicioneras lágrimas se paseaban por mis mejillas, mostrando una pequeña parte del sufrimiento que tenía.
Mi padre, Charlie, "un hombre que respetaba las leyes, que cuidaba de un pueblo y de su gente", frase que dijeron en un discurso de este doloroso evento, había muerto. El día de navidad, un día que según era y debiera ser el más feliz de todos, fue el más triste para él.
La historia de su muerte era que había sido asaltado por unos jóvenes delincuentes, que se supone que estaban drogados. Que él había sido golpeado y cortado con navajas hasta que se desangró. Esa era la historia que me dijeron. Pero yo sabía que no era así.
Por desgracia, cuando entré al mundo de la noche, al mundo donde los mitos eran realidad, uno ya no estaba a salvo. Le encontré a Charlie una mordida en el cuello, igual a la media luna que tenía en mi brazo. Sabía que había sido un vampiro. Pensar que los vampiros iban a dejar de existir cuando ellos, y en especial él, se fueron, fue una idea demasiado absurda.
Ese día que lo descubrí regresé a mi mundo catatónico. No podía creerlo, cuántas personas morían de esa manera y nosotros no lo sabíamos. Y por desgracia ese acontecimiento trajo de vuelta el dolor que llevaba guardando conmigo por tanto tiempo. Aunque desde la noche donde mis padres me dieron mi último regalo de navidad, trajeron los recuerdos conmigo.
Pensar y saber que él, Edward el amor de mi vida y de toda mi existencia, me amaba, pero no quería su estilo de vida para mí, fue el peor de los regalos. Creo que hubiera sido mejor saber que no me amaba. ¿Para qué amar a alguien cuando no estás dispuesto a compartir ni mostrarte ni ser quien realmente eres? ¿Para hacer más infeliz a esa persona o para alegrarle un poco la vida? Porque eso hizo Edward, alegrarme y hacerme la mujer más feliz de la faz de la tierra por unos cuantos meses, sentirme querida e importante. Pero como todo cuento de hadas el príncipe lucho y ganó, pero el mío huyó, huyó y no volvió, dejando a su princesa en la más oscura vida, más oscura que la de él.
-Bella, vámonos, ya lo van a enterrar – me dijo Phil con un tono de voz triste- ¿quieres despedirte de él?- me preguntó con voz insegura, pero a la vez tratando de apiadarse de mí.
-Sí – dije al momento que me levantaba. No me había dado cuenta de cuando mi madre se había acostado, llorando en una de las bancas del lugar.
Caminé a paso lento, sin ninguna prisa por acabar ese instante, porque la verdad era que no quería acabarlo, no aún. Llegué hasta su ataúd, donde descansaba plácidamente. Lo observé. La piel pálida marcando las ojeras que tenía de un color púrpura. Sus músculos se veían tensos, como si no estuviera disfrutando su viaje al otro mundo, sino como si estuviera sufriendo el más grande de los sufrimientos. Dude en si tocarle la cara o no. Sabía que era una tontería, la gente abrazaba a los muertos, pero ¿podría hacerlo?
No lo dude mucho y mi mano fue cayendo directo a la parte de su frente, acariciando esa piel, tratando de alisar esas arrugas que tenían. Toqué sus pómulos, llegando hasta su cuello. Me tomé el debido momento para hacer que todo el sufrimiento vuelva y los recuerdos lo acompañes, toqué aquella extraña cicatriz que tenía ahí. Aquella singular marca de media luna. Seguí mi recorrido por su brazo y llegue hasta sus manos, ahí igual sentí una característica de ellos, otra cicatriz. Le agarre la mano y trate de acariciarla, pero al hacerlo a mi mente me vinieron varios recuerdos. Recuerdos que no tenían que ver con Charlie, sino con ellos, los fríos, los Cullen.
"Carlisle, me mordió, no sabía cómo hacerlo, solo imitó las mismas cicatrices que él tenía. En el cuello, en las muñecas,… fue muy doloroso". Me dijo Edward en aquella época.
Una característica que no me había dado cuenta, tenía la piel fría y era dura. En ese momento entré en un estado de shock. Vampiro. Mi mente hizo aquellos cálculos matemáticos que no eran mi fuerte, conté los días, cinco veces, y todos me daban que hoy estábamos a 30 de diciembre, cinco días. Mi padre llevaba dos días de ser vampiro.
Rápidamente me gire para ver quien quedaba en la sala, pase mi vista. Renée y Phil estaban en la primera fila abrazados, esperando a que termine de despedirme de mi padre. En medio había un policía de Forks, que estaba cerca de Florida y vino al momento que se enteró que el jefe Swan había fallecido. Al final había unos señores, llevaban los típicos trajes negros, establecidos por la sociedad para acudir a un funeral, no les vi nada extraño. No eran extremadamente blancos ni los ojos eran negros, no rojos, ni miel. Eran verdes. Eso me alivió. De esa gente, no había nadie más.
¿Quién lo vigilaba? No podían dejar un vampiro recién convertido entre la gente. En especial junto a mí, que según varios de ese grupo decían que olía bastante bien. En un giro rápido regresé mi vista a mi padre, lo observé más detenidamente. Acaricié su mano. No sé si estaba loca, pero lo siguiente que hice fue bastante extraño, aunque tenía que comprobar mi teoría.
-Si me escuchas aprieta mi mano- dije en voz lo suficiente baja para que nadie más lo escuchara, sólo él.
Esperé un momento, que fue una eternidad para mí. Pero de pronto sentí como mi mano sufría un ligero roce y luego un apretón lo bastante suave para no lastimarme. El sonido agudo de un suspiro salió de mi boca lo bastante alto para hacer creer a Renée que estaba llorando.
¿Qué hacer en esta situación? Mi padre era… era un vampiro.
-Mañana, entra a mi cuarto a las 2 de la madrugada, te estaré esperando- le dije demasiado bajo y rápido para que yo lo entendiera, aunque sabía que él lo iba a escuchar.
No sé si ahora si me había vuelto loca o no. Tal vez mi vida ya estaba ligada a los vampiros, como para deshacerme de ellos, o tal vez mi mala suerte era algo digno de que también existieran los hombres lobo y las brujas. ¿Qué pensaba al invitar a mi padre, un vampiro de tan solo dos días de convertido a entrar a mi cuarto? Definitivamente ya estaba loca.
Salí lo más rápido que pude del lugar, no me importó la mirada alarmada de Phil, ni siquiera los buenos deseos de aquel policía. No me importaba nada, tan solo quería salir. Afuera había sol, era el mejor lugar para que no venga ningún vampiro a atacarme. Miré por todos lados donde había sombra para encontrar a aquel ser que le hizo eso a mi padre, pero la calle estaba desierta. No había nadie.
.....
Eran ya las 2:30 de la madrugada, no sabía que esperaba, ¿vendría o no? Si venía, ¿tratará de matarme o me matará? Y si no venía, ¿cómo viviría al saber que mi padre, es lo que es? De tantas vueltas al asunto me acomodé en mi cama, tenía la vista puesta en la ventana abierta, como siempre la había dejado desde el día que supe que Edward iba a verme dormir.
Al recordarlo, las lágrimas invadieron mis ojos, las traté de controlar, pero era imposible, ya me habían traicionado. Saqué del cajón de la mesita de noche aquel CD que me había dado para mi cumpleaños y lo puse en mi reproductor de música, me puse mis audífonos para no despertar a Renée y Phil, y escuché esa tranquila melodía. Al pasar los segundos en mi mente se iban recreando los felices momentos que pasé junto a Edward. El día que me salvó en Port Angels, el día que lo vi brillar como el ser más hermosos en la tierra en ese hermosos prado, o el día que me presentó a su familia.
La melodía ya se había repetido varias veces, no me importaba, siempre la disfrutaba como si fuera aquella vez que él la toco en su grandioso piano de cola color negro en aquella iluminada casa perdida en el bosque. De pronto escuché un movimiento en las plantas del jardín que había justo debajo de mi ventana. Y por primera vez tuve miedo.
El maullido del gato dejó salir todo ese miedo y cambiarlo por tranquilidad. Seguí inmersa en la melodía de piano y solo pude notar la presencia de alguien al momento que tocaron mi cabello, con aquellas características manos frías. Y de pronto ese miedo que se había ido, volvió, como hacía el poder de Jasper, cambiar mis emociones de pronto. Aunque esta vez sabía que no era el esposo del que una vez fue mi amiga, sabía que esos cambios venían de mí, era yo la que me provocaba todo ese miedo.
Pero una voz se escuchó detrás de mi espalda, hizo que me sobresaltara, ya que no esperaba a esa persona.
-Vamos Bella, date vuelta, ya vi que notaste que estoy aquí y vi que te sorprendías- dijo con aquella voz cantarina, sacada de un mismo ángel, que hace mucho tiempo que no escuchaba.
Y con eso supe quien era. La persona que menos esperaba ver.
-A…Alice- dije, aunque a la vez sonó como una pregunta.
-Oh, Bella, yo igual te extrañé- me dijo al momento que sus brazos fríos estaban alrededor mío. Estaba sorprendida, sí, pero algo no me cuadraba.
-¿Ustedes…- empecé a decir pero me interrumpió.
-Llegamos casi a tiempo, no pudimos hacer algo más, cuando lo vi al minuto siguiente ya estábamos en el avión hacia Florida. Cuando llegamos al hotel, Victoria ya lo había mordido, Jasper y Emmett acabaron con ella, al momento tuve la visión de Charlie sufriendo la conversión. Lo llevamos con nosotros, en la mañana hicimos toda la trampa para parecer que había sido asesinado. Pero parece que no nos dimos cuenta de que tú te ibas a dar cuenta – me dijo con asombro, para después exclamar molesta - ¿qué piensas al invitar a un neófito a tu cuarto? Bella de plano, nos fuimos supuestamente para que ya no tuvieras que pasar por nuestro mundo, pero parece que tu mala suerte no es nuestro aliado.
-Victoria… ella le hizo esto a Charlie – no fue una pregunta, fue una afirmación de los hechos.
-Tranquila Bella, nosotros cuidaremos de Charlie hasta que logre controlarse más, fue para él todo un reto hacerse pasar por muerto entre tantos humanos. Pero lo consiguió. Es igual de raro que tú, cuando Carlisle le explico todo, lo primero que preguntó fue que ya se imaginaba algo raro de nosotros – Se fue en su mundo Alice, rápidamente me di cuenta de que tenía una visión.
-Alice, ¿qué viste?- le pregunté impaciente, ¿tendría que ver algo con mi padre? ¿Él estaba bien?
-Tranquila Bella, solo que algunas personas están impacientes… - lo siguiente lo dijo tan rápido que no lo entendí – no te preocupes, Charlie está bien – dijo con una sonrisa que iluminaba toda su cara.
-Alice…
-Igual yo te extrañe tanto Bella, eres mi mejor amiga, todavía lo eres, créeme verte sufrir todo este tiempo, para mi igual fue doloroso.
En ese momento de un abrazo, Alice se paró y caminó hacia la ventana.
-No te vayas, no aún, por favor – le supliqué. Eso era lo último que podía hacer.
-Tengo que irme Bella, lo prometí, se lo prometí – hizo una mueca en sus labios – sólo vendría a decirte que Charlie está bien y que en nuestra próxima historia él será mi padre y el de Emmett, Jasper y Rosalie seguirán siendo los sobrinos de Esme. Ahora ya no seremos adoptados – dijo con una sonrisa y dando saltitos. También me di cuenta de que no lo mencionó. ¿Seguirá con ellos?
-Alice – dude un momento en preguntarle, pero luego me armé de valor, y en la cara de mi amiga se vio reflejada la tristeza – Ed… ¿Edward está con ustedes?
La cara de tristeza y el gesto de ver el piso de Alice me dio la respuesta.
-No, la última vez que tuve una visión de él estaba llegando a Rio de Janeiro. Luego lo vi en un cuarto oscuro, y desde esa vez, que fue como hace dos meses, me sigue llegando la misma visión, una y otra vez, siempre está acostado, reclamándose todo el tiempo de haberte dejado.
Me abrazó, me besó la mejilla izquierda, me vio directo a los ojos y en el momento que estaba en la ventana para irse, me sonrió – nos vemos luego Bella, lo sé, la visión donde estás convertida en uno de nosotros no ha desaparecido, sigue estando, esa es una de las razones por las que he estado tranquila, y sé que mi tonto hermano vendrá por ti… pronto.
-Alice… - alcancé a decir al viento que dejó en mi habitación.
Ella se había ido, y me volví a quedar sola, como siempre, solo en esta gran tristeza. Me volví a acostar en mi cama, tomé de nuevo los audífonos y seguí escuchando la melodía que hacía que llorara cada vez más fuerte.
Lloré todo el resto de la noche… hasta que alguien sustituyó la melodía del piano, por una melodía tarareada por una aterciopelada voz.
-Soy demasiado egoísta para estar separado de ti, mi Bella.
Esas fueron las dulces palabras que hicieron que caiga en un profundo sueño. Porque sabía que esa voz solo le pertenecía a él, a mi Edward.
Todavía va a faltar una parte dde la historia. no sé cuando la suba, porque no la he escrito, pero ya tengo una idea.
