Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer - ya quisiera ser yo :(
Perdón por tardar en subir la última parte, tardé mucho en convencerme de como quedaba, pero aquí está. Espero que les guste!
Vida Nueva
El tiempo pasa, para nosotros, los inmortales, más lento o más rápido, da igual, solamente pasa.
Dolí, ardía. Quién era lo que me hizo esto. Qué mal había hecho para merecer este castigo. Repasé mi vida para ver el momento en que había fallado y me habían condenado a este infierno.
Nací en el pequeño pueblo de Forks, siempre amé a mis padres, los cuidé hasta su muerte. Me casé al salir del instituto con el que creía que era el amor de mi vida, tuve una maravillosa hija. Por desgracia me divorcié. Eso era, había defraudado a Renée en todos los sentidos. Obligándola a vivir en un pueblo donde no había en que prosperar. Eso era el motivo por el que estaba en este infierno. Seguí pensando en mi vida, crié a mi hija, Bella, la vi crecer todos los veranos conmigo, la cuidé cuando vino a vivir conmigo al momento en que su madre se volvió a casar. Pero la dejé sufrir al momento en que ese muchacho la dejó. Otro de los motivos por el cual estaba condenado en este infierno. No ayudar a mi hija cuando más me necesitaba.
Ardía, me quemaba todo el cuerpo. Quería gritar pero no podía, no podía mover mis músculos, todo era negro, tan oscuro que parecía que había quedado ciego.
-Es tarde – escuché una melodiosa voz que me recordaba a alguien – llegamos tarde, ya está en proceso.
Sí, estaba en proceso de ir directo al infierno, porque me seguía quemando. Tratando de gritar, por fin lo logré.
-Arde, quema – grité con todas mis fuerzas.
-Shh, lo sabemos, pero aguanta, va a pasar – me dijo una voz maternal. Hace mucho tiempo que no escuchaba una voz así. Me recordaba a mi madre, aquella mujer, de piel blanca, con el cabello castaño, y esos ojos cafés tan lindos. Aquella voz me recordaba cuando me calmaba esas noches de tormenta y truenos cuando apenas tenía tres años.
-Tranquilo, mi Charlie, ya va a pasar, la tormenta no va a durar mucho, shh mi niño, duerme tranquilo que yo voy a estar contigo velando tu sueño – me decía siempre que la tormenta era demasiado fuerte para que me dejara dormir. Se sentaba en un lado de mi cama y me acariciaba el cabello, me daba un beso en la frente y me cantaba hermosas canciones de cuna para que me duerma.
Mi padre se quedaba viendo como mi madre me cuidaba desde la puerta, con aquella sonrisa que hacía que mi madre se pierda en su mundo, luego de ver que no podía dormir se acercaba y me decía – Charlie, los hombres no lloran por tormentas, estás tormentas no nos hacen nada - me revolvía mi cabello y le daba un beso a mi madre.
Seguía ardiendo, me seguía quemando, esto era insoportable. Esperaba que mi tiempo en este tormento acabe, y que termine donde tenga que terminar.
Escuché como el viento pasaba demasiado rápido en mi cara, sentía que volaba. Me di cuenta que alguien me llevaba en sus brazos. De pronto sentí como si me sacudieron.
-Jajaja, esto es tan raro – decía una voz fuerte – Bella siempre quiso que esto le pasara, y mira, es su padre quien va acabar así. Siempre con mala suerte.
Escuché como muchas personas se rieron.
Mi Bella, mi niña, ella quería pasar por esto. Pero cómo ellos la conocían, ni siquiera yo sabía quiénes eran esas personas. ¿Cómo era posible que mi niña quisiera este sufrimiento, este paso al mismo infierno?
Sentí que paramos de pronto y que me acostaron en un lugar algo duro.
-¿Cuánto falta? – preguntó una voz profesional.
-Pocas horas – respondió aquella primera voz que escuché cuando ardía mucho.
Pero aquel ardor, no se comparaba como este nuevo. Ahora escuchaba más cosas, sonidos demasiado fuertes. Coches pasando de seguro en la carretera, pasos de personas sobre el piso de madera. Mucho ruido.
-¿Qué viste? – Preguntó una voz aterrada -¿Qué has visto Alice?
Alice, ese nombre lo conocía, pero ¿de dónde? Sé que lo había escuchado en algún lado. En algún momento de mi vida. Pero Alice era un nombre algo común.
-Ya tomó una decisión. Ya no puede seguir sin ella – dijo de manera alegre – tardó mucho el cabezota. Solo hizo que sufriéramos… y que ella sufriera.
-Por fin vendrá. Mi niño – dijo aquella voz maternal de nuevo. Hablaba de su hijo. ¿Se fue su hijo? La abandonó.
Me sentía mal, aparte por el obvio motivo de que me quemaba por dentro, sufría por el sufrimiento de aquella persona, aquella mujer que su hijo había abandonado.
Bum, Bum escuché muy fuerte, aquel sonido lo escuchaba más, más cerca de mí. Cada vez lo escuchaba menos… hasta que lo dejé de escuchar. Un último "Bum" retumbó en mis oídos e hizo que el dolor acabara. Por fin mi castigo había acabado. Iba a poder estar tranquilo. Mi dolor había acabado.
Poco a poco intenté despertar. Pero era idiota, ¿cómo iba a despertar si ya estaba muerto? Intenté moverme y abrir mis ojos. Y de pronto lo vi todo. Muy claro, muy iluminado. Con seis persona viéndome, tres hombres delante de tres mujeres.
La familia Cullen. Eran ellos, pero qué hacían en este castigo del infierno, eran personas tan buenas que ellos no podrían estar en el infierno y más que nada no podrían estar muertos.
-Charlie – dijo con voz calmada, pero autoritaria, el Dr. Cullen – cálmate, relájate – sentí como mis músculos se relajaron de momento –siéntate y te explicaremos todo.
Podía ver sus expresiones de todos. Carlisle estaba a la defensiva, queriéndome calmar. Esme, su esposa, me veía con aquellos ojos de una madre, preocupados por mí. La pequeña Cullen, Alice, me veía emocionada, el que estaba a su lado, el grandote, al igual que su hermana me veía con un aire divertido, luego estaba la otra hermana, la rubia, quien me observaba con fastidio. Y por último estaba él, lleno de cicatrices, protegiendo todos los que estaba atrás de él.
-¿Qué hacen aquí? No pueden estar muertos – dije afirmando un hecho.
-No estamos muertos, ni tu lo estas – me aclaró el doctor. ¿Cómo? Pero si no estaba muerto, ¿por qué pasé todo este sufrimiento?
-Pero…
-Nosotros no estamos muertos, ni estamos vivos, estamos en una vida a la mitad, en el limbo – tomo una gran bocanada de aire, dio un pestañeó y continuó – somos… somos vampiros.
Me puse a reír como histérico. ¿Vampiros? De verdad creían que con eso me iban a engañar. ¿Cómo iban a ser vampiros? ¡Por Dios! Si trabajaba en un hospital ese hombre, sus hijos iban al instituto, uno de sus hijos fue novio de mi hija. No podían ser vampiros. Los vi de día en la calle y según Bella su casa era hermosa e iluminada. Me imaginaba que no había ataúdes. Todo esto era tan absurdo. ¿Cómo los Cullen iban a ser vampiros?
-Cómo no está Edward, don él sería más fácil – dijo el doctor.
Edward, su hijo, no podría verlo otra vez, si hirió tanto a mi hija, no podría verlo a la cara. Así que era tiempo de acabar esta farsa e irme, me dispuse a caminar hacia la puerta. Pero de pronto, la más pequeña, Alice, estaba enfrente de mí.
-No puedes salir, o por lo menos no hasta que oscurezca.
Pero como sabía que me iba a ir, si tan solo lo había pensado, tan solo había tomado una decisión. No había hecho ningún movimiento para dar a entender que me iba.
-Charlie sé que no nos crees, créeme a la mayoría de nosotros nos costó aceptarlo, pero ahora esa es la realidad, se que no era lo que querías, nadie de nosotros quiso esta vida, pero nos tocó y tenemos que vivir con eso. Somos lo que somos, y somos vampiros.
-¿Vampiros? Pero… no existen, son simples criaturas de los libros, no existen –dije en una pequeña reflexión hacia mí.
- Hay algo que probará que es verdad. ¿Sientes que tu garganta se quema?
¿Mi garganta se quema? No lo sentía hasta que lo dijo, era un ardor igual de fuerte que el anterior. Llevé instintivamente mis manos a mi garganta.
-Esa es una prueba que quieres beber sangre. Pero por el momento no podemos ir, hay demasiado sol en Florida para salir a la calle.
-Vampiros – dije sin aire.
…
El tiempo pasa, para nosotros, los inmortales, más lento o más rápido, da igual, solamente pasa. No nos damos cuenta de que pasan los días, los meses, los años… pasan y las cosas raramente cambian, pues en estos tiempos las cosas cambian día a día, así que no notamos la diferencia. El tiempo pasa y no nos damos cuenta.
Estábamos llegando a la nueva casa. Esta vez nos instalamos a las afueras del norte de Moscú. No conocía Rusia, a decir verdad, no conocía muchos lugares del mundo, tan solo algunos pocos y normalmente no había mucha gente a nuestro alrededor. La casa era linda. Pequeña, como a mí me gustaba. A mi hija, Alice, mientras tenga un buen armario y bastantes tiendas a su alcance, todo iba bien, y para mi hijo Emmett con que tenga un gran patio para practicar sus luchas, una gran pantalla de televisión para sus días de videojuegos y una gran cantidad de osos cerca, con eso era feliz. Mientras que para mi otra hija, mientras no tenga demasiada atención para ella, con eso estaba feliz.
Carlisle, Esme, Rosalie, Jasper y Edward aún no habían llegado a su casa –en teoría-. Ahora que éramos demasiado no podíamos vivir en una solo casa sin llamar la atención. Así que decidimos separarnos, aunque vivíamos en juntos, ya que en un par de semanas ellos llegarían a su casa, habían decidido ir a cazar Carlisle y Esme, y como Jasper quería darle un nuevo regalo a Alice –que seguro ya sabía que era- se llevó a Rosalie con él.
Dejamos las cosas en todas las habitaciones, cada quien estaba en la suya. Baje a la sala de estar, en ella había solo tres sillones y enfrente del más grande una gran televisión, me acosté en el más largo y cerré los ojos. Me sentía cansado, aunque no lo estaba físicamente ni mentalmente, solo eran las costumbres. De pronto escuché unos pasos que bajaban de las escalera, no eran ninguno de mis hijos, puesto que cada quien tenía su forma de caminar muy particular que se no se confunde, así que en mi muy subconsciente supe de quien se trataba.
-Aún después de tantos años, es raro acostumbrarse a cambiarse de casa cada pocos años. Yo me acostumbre por la década de los noventa. Es algo tedioso – me dijo de manera amigable mi yerno.
-Mmhh – es lo único que pude contestar.
En muy mi subconsciente todavía le tenía un poco de rencor por haber abandonado a mi hija, mi única hija sanguínea, en una soledad y tristeza que era imposible soportar. Pero después que supe que lo éramos, le tuve que dar la razón. Eso indicaba que él la amaba y de una manera inimaginable.
Escuché los pasos o más bien el baile que hacía Alice al bajar las escaleras.
-Charlie – dijo con su voz cantarina, sabía que ya tenía planeado algo que no estaba muy de acuerdo – vi una ofertas en una gran tienda. No te puedes imaginar que cosas habían, cosas que realmente necesitamos – dijo con insistencia. Sabía que ahora venía la parte en que me rogaba, y por ser la mejor parte de todo su show, mis otros dos hijos bajaron para apreciar mi negativa – por eso he decidido que todos vallamos, así podemos conocer los alrededores y… - ahí paro de hablar, supe que estaba teniendo una visión, por lo que me senté y todos la miramos fijamente.
-¡Oh! – Dijo feliz – perfecto. Edward tráeme todos los papeles de siempre. Esta inversión será emocionante.
Solo sentí como Edward pasaba como un rayo y subió las escaleras y de pronto ya estaba en la mesa de la cocina para hacer la inversión del "año".
-No sé para qué necesitan más dinero, si con el que ya tienen es suficiente para que toda África sea de su propiedad – dijo con voz fastidiosa mi hija Bella, mientras se sentaba a mi lado y veía como Alice trabajaba para obtener esa "maravillosa inversión".
En estos años que hemos pasado juntos no hemos hecho más unidos, a pesar que en esta casa no se podría tener ningún secreto, ella decidió contarme toda su historia relacionada con los Cullen.
Después de mi transformación, no pude ver a mi hija. Ya tenía en mente que nunca la podría volver a ver, pero un año después la pude ver. Al momento en que Edward quiso hablar conmigo para pedir su mano para casarse. Al principio me negué, ya que eso significaba que Bella tuviera que atravesar un gran sufrimiento, pero al hablar con ella y al contarme toda su historia, me di cuenta de que a ella no le importaba pasar por todo esto con tal de pasar eternamente en compañía de Edward. Con esos argumentos accedí, aunque en el fondo todavía no podía perdonar a mi yerno por haberla abandonado.
Los siguientes años fueron de mal a peor. Ciertamente, toda la familia Cullen evitaba que los dos nuevos miembros cayeran en la tentación, pero no siempre podían cuidarnos. Le fallé a ellos unas cuantas veces, aunque Emmett y Jasper me trataba de animar y me decía que todos tenemos deslices, hasta Esme. Con Bella solo ocurrió una vez, que fue la primera vez que fue de caza. Al no volver después de un tiempo todos nos asustamos de lo que pudo haber pasado, y más yo, que le tenía un extremo cariño a mi hija. Los encontramos en medio del bosque, con Bella llorando sin lágrimas encima de Edward, él nos explicó lo que había pasado y consolé a mi hija, como aquella noche de navidad, nuestra última noche juntos como humanos.
En fin, los años pasaron y aprendimos a controlarnos, ahora éramos tan inmunes con todos ellos. Claro que si alguien viniera con la sangre saliendo de su cuerpo, sería algo bastante difícil de controlar.
De momento a otro se cambiaron los planes para esa tarde, para mi suerte, se avecinaba un tormenta y era el tiempo perfecto para que hagamos un poco de deporte. Al momento siguiente nos encontrábamos en las profundidades del bosque más cercano, en un pequeño claro.
Todos estaban en sus posiciones, esperando que Alice nos diga cuando podíamos empezar.
Al llevar más o menos 20 minutos jugando, empezaron las peleas entre nosotros, mostrando nuestro lado competitivo, haciendo más notorio todas las faltas del equipo contrario.
Al final ganó el equipo contrario del que estaba, el de Carlisle. Emmett los amenazó que en la próxima vez se vengaría y los haría "sentir vergüenza de que son vampiros con super poderes" pues así llamaba al equipo contrario, viendo que ahí estaban Alice, Jasper y Edward.
Y así era nuestra vida, cada tantos años nos mudábamos, normalmente lo hacíamos todos juntos, había unas cuantas veces que nos separábamos, pero siempre acabábamos juntos.
Nos dirigimos de nuevo a la casa, solo Bella y yo, los demás habían decidido ir a cazar, y nosotros lo habíamos hecho antier, así que podíamos esperar.
-Extraño a Renée – Bella dijo muy bajito – ya no recuerdo muchas cosas. No recuerdo como era el rostro de Phil, no recuerdo a mis amigos, Ángela, Mike, Jake. No recuerdo como era Forks.
-Bueno Bells, para serte sincero, yo igual no recuerdo muchas cosas, como a mis padres, o a todos los de la comisaría. Pero lo mejor es que sí recuerdo a mi hija, te recuerdo, y siempre voy a estar a tu lado.
-Gracias, papá – bajó el rostro en vez de sus sonrojo habitual de cuando era humana. La abracé y así seguimos caminando.
