Título: -

Claim: Rusia - Canadá

Prompt: Algo que solamente él ve.

Extensión: 588

Traté de ser original, no quería hacerlos pareja por esta vez.

Rusia necesitaba distraerse con algo. La mesa de debate estaba muy aburrida, y sinceramente, opinaba que había sido una mala idea reunirse cuando la mitad de los participantes no habían terminado aún de armar su proyecto. Por lo que sólo podía estar sentado allí mirando como Alemania, Francia e Inglaterra exponían sus asuntos delante de todo el resto que, a igual que él, fingían interés.

-A-Alemania…lamento interrumpir pero necesito tomar un descanso, no me siento…bien.

Iván siguió con su mirada fija en los puntos luminosos del gran mapa en la pantalla gigante que estaba situada al frente. Más allá, la mirada perdida de Estados Unidos se clavaba en él. Esta vez no le daría el gusto de devolvérsela. Sabía que si lo hacía…

Si lo hacía iba a terminar todo mal. Y no tenía ganas de explicarse a sí mismo por enésima vez en qué consistía ese "mal".

-A-Alemania, ¿me estas escuchando? Necesito salir a tomar aire…

Giró su cabeza, extrañado ante la indiferencia de Ludwig que seguía hablando como si nada hubiese sucedido. Dirigió su mirada hacia donde suponía que venía esa voz y se sorprendió al ver al canadiense parado a costado de su asiento, moviendo la mano delante de alemán, que al parecer ni siquiera lo miraba.

O bien, sí lo miraba. Sólo que…su mirada lo atravesaba. Como si viera a través de un vidrio.

-Alemania…¡por favor! ALEMANIAAAAA!

Rusia soltó una risita al notar cómo los gritos de Canadá pasaban totalmente desapercibidos, no solo para el que hablaba sino para el resto. Excepto Alfred, el cual le hacía señas como sugiriéndole que no era necesario solicitar permiso ya que de un modo u otro no lo verían salir.

Se quedó contemplando los mil y un intentos del rubio por hacerse notar frente a Alemania. Cuando ya habían pasado unos minutos, comenzó a notar como los ojos del menor se enrojecían por las lágrimas y, frustrado, daba media vuelta y se dirigía hacia la puerta, consciente de que incluso debía cuidarse de no dar un portazo de bronca ya que se armaría un revuelo al pensar que un fantasma habitaba ese viejo hotel de Berlín.

Mientras lo veía caminar hacia sí, o mejor dicho, hacia la puerta de entrada/salida, se quedó extasiado mirando su rostro. Tan idéntico al de aquel otro americano…sólo que había cierto aire de tristeza y a la vez de simplicidad que lo diferenciaba de su hermano. Veía las lágrimas descender por sus mejillas, la melancólica sonrisa de resignación asomar en sus labios…

Pasó por su lado en silencio, aún así pudo notar el aura de angustia que emanaba de chico. No había motivos para que lo estuviera. Tenía un hermano, un amigo que siempre le invitaba helado y otro que le regalaba tulipanes, y además, un francés que siempre lo consentía y un inglés, que, a pesar de confundirlo con Alfred… lo quería. Esas lágrimas no tenían razón de ser. Si lloraba porque nadie lo veía, entonces ¿qué le quedaba a él mismo? habiendo experimentado lo que era la soledad y el abandono de quienes más quería, o al menos, lo acompañaban.

Esa congoja, esa frustración, ese sentimiento de decepción y de conformidad ante la realidad…podía decir que, en una escala menor, lo entendía.

Y sin embargo, cuando lo vio regresar a su asiento con una sonrisa cándida, como si hubiese olvidado sus penas en un instante, se sentía como si él mismo también hubiese recobrado la alegría por unos instantes.

Aquellos sentimientos…algo que solamente el comprendía.

Algo que solamente él veía.