Hola :3

Disculpen la demora, pero no recordaba que había sudibo esto por acá. Lo siento xD
Como quiera, ya traigo continuación. Muchísimas gracias por los review del primer capítulo; ojalá les guste este segundo :3

Tornasol
Capítulo dos: Marrón.

El tintineo de las llaves equivocadas no dejaba de resonar dentro de una de las bolsas en mi mochila. Del puro coraje, tenía ganas de sacarlas y aventarlas lejos, pero sabía que debía controlarme; si no, ¿cómo demonios manipularía la puerta trasera de mi casa? Si no la cerrara ni nada, podría meterse alguien a robar.

No, mejor me controlaba.

Mi estómago rugía desmesuradamente. La próxima vez, sin importar qué, me compraría un maldito despertador; no pensaba volver a depender únicamente de mi celular.

Sin dudarlo, apreté el paso de manera considerada. Tal vez le había dicho a Naruto que casi nunca necesitaba de Sai, pero aquella era una de esas escasas veces.

Pasaron aproximadamente otros veinticinco o treinta minutos y llegué a casa de aquél tipo. Me paré fuera de la entrada y miré la fachada con duda. ¿Sería bueno que tocara? En sí, yo sólo quería pedirle las llaves a mi tío para poder entrar a mi casa y comer algo; además de hacer tarea, claro está. Pero… conociendo a la familia de Sai, de seguro me entretendrían ahí por un buen rato.

¡Demonios!

Le volví a marcar a Itachi, pero el señor ocupado nada más no me contestaba. ¡Cómo odiaba que eso pasara!

Suspiré con desgano dando un par de pasos al frente. Estiré mi mano pesadamente y toqué el botoncillo del timbre. Pasaron más o menos unos treinta segundos, y logré divisar a mi querido compañero abriendo la puerta.

—Sasuke —musitó con mucho asombro—. Habías dicho que no ibas a venir, ¿no? —Cuestionó mientras se acercaba a la rejilla y me abría para entrar.

—Hmph… surgieron cuestiones —respondí de manera seca y con la mirada volteada—. ¿Está tu papá?

—¿Mi papá? Sí. Hoy no fue a trabajar, por eso mismo planearon la reunión… ¿por qué?

Por segunda ocasión, lancé un suspiro al aire mientras en mi rostro se formaba un pequeño visaje de molestia. Llevé mi mano derecha a mi cara para, segundos después, pellizcarme el entrecejo.

—Quería ver si me podía prestar las llaves de mi casa.

Sai me miró con duda y ladeó su cabeza de forma disimulada, tal y como lo hacen los cachorrillos cuando algo les llama la atención. Más bien, fue como un ademán de no entender mis palabras.

—¿Las llaves de tu casa?

Asentí con la cabeza gacha, sin mirarle el rostro. Estaba seguro que me toparía con una sonrisa tremendamente sorna.

—Sasuke, ¿te has quedado afuera?

—Hmph, no es eso… —arrugué el ceño y apreté mi puño. Podía notar el tono de burla en cada una de sus palabras— Sólo dime si está o no tu papá. ¿Quieres, Sai?

En ése momento levanté la cabeza y lo miré fijamente; irradiaba odio por los poros de mi piel. Sai pudo notarlo de inmediato y sonrió con una de sus típicas caras que, a decir verdad, me enferman.

—Ya te he dicho que sí está, Sasuke. Vamos, pasa.

Se volteó y caminó unos cuantos pasos en dirección a la puerta de su casa. Lo seguí y, ya que él se había posicionado frente al pórtico, miró para atrás de reojo.

—Sasuke-kun. No seas maleducado y cierra la rejilla. ¿Acaso llevas cola puesta?

Su comentario me hizo hervir la sangre. ¡¿Quién demonios se creía para hablarle así a Sasuke Uchiha?
Gruñí por lo bajo y las ganas de abalanzármele con unos buenos golpes se me subieron a la cabeza. Pero, antes de que la ira se apoderara completamente de mi cuerpo, apreté el puño de nuevo y me resigné. Si quería que mi tío me prestara las llaves, más me valía portarme bien con su querido hijito.

Tragándome el orgullo, caminé hacia la rejilla y la cerré queriendo azotarla. Me volví hacia Sai, caminando con pasos fuertes.

―¿Pasa algo, Sasuke-kun? ―cuestionó mirándome de reojo y manifestando una sonrisita sorna.

Ése cinismo estaba comenzando a molestarme bastante. Reitero: ¡¿quién jodidos se creía Sai para estarme hablando en ése tonito?

Entré a su casa sin siquiera prestarle atención y dejé mis zapatos en el recibidor, al igual de la mochila. Claro estaba que era de muy mala educación hacer aquello sin ningún permiso, pero la rabia carcomía mis adentros y por poco comenzaba a manifestarse en el exterior.
Sai, por supuesto, se dio cuenta de todo y únicamente se limitó a reír por lo bajo. Contuve mis ganas de golpearle de nuevo.

―Vamos, Sasuke, pasa a la sala. Ahí está mi madre y las tías.

Bien, por lo menos, íbamos progresando: había suprimido el 'kun' al decir mi nombre.

Asentí con rapidez y me dirigí a la sala. Asomé la cabeza con disimulo, pudiendo divisar a la madre de Sai junto con algunas de mis tías…

―Buenas tardes, tías ―saludé lo más cortés que pude, haciendo una pequeña reverencia frente a todas ellas mientras no dejaba de repetirme en mi mente: '¡necesitas esas llaves!'

―¡Oh, Sasuke-chan! ―exclamaron todas casi al unísono.

Por enésima ocasión en el día, mi sangre hirvió. Si algo odiaba de sobremanera, era que me dijeran 'Sasuke-chan'. ¿Chan? ¡¿CHAN? ¡¿Acaso parecía un mocoso de seis años? ¡NO!
¡Yo era muy diferente al enclenque de Sai, sin duda alguna!

Sonreí muy ―pero muy― fingidamente y volteé la mirada. Nishuka, mi tía y la madre de Sai, se levantó del sillón para luego darme un abrazo.

―Sai me había dicho que no ibas a venir, ¡pero mira nada más con qué sorpresa nos ha salido! ¿Dónde está Itachi? ―preguntó mientras buscaba tras de mí con insistencia (claro, como si Itachi estuviera tan enano como para poder esconderse detrás de mí…).

―Ah, no he podido avisarle de lo de hoy. No me contesta el celular.

―Oh, qué pena. Bien, ¡no importa! Puedes llamarle más tarde, a ver si ya puede venir ―agregó Nishuka con optimismo.

Por cierto, no pude describir bien a mi tía: Nishuka Katayama. Pues… ella es una persona bastante peculiar, a decir verdad.
Físicamente, tiene el cabello largo hasta la cintura, de color azabache y con pequeños ―casi insignificantes― reflejos castaños. Sus ojos son grandes y de color marrón claro. Tez clara y complexión delgada.

Su forma de ser… bueno, digamos que es un poco 'efusiva', por no decir algo menos cortés: le encanta estar abrazando gente. Recuerdo perfectamente que, cuando Sai, Itachi y yo éramos pequeños, ella solía abrazarnos más o menos el ochenta por ciento del tiempo que estábamos juntos. Inclusive, hubo días en los que los abrazos le tocaron hasta al dobe.
Es cariñosa, pero en exceso. Realmente puede provocarte una fuerte jaqueca si estás con ella mucho tiempo…

Comentaban mis demás tías que Nishuka tenía cierto parecido en la forma de ser con mi madre, pero yo digo que son puras mentiras.
¿Cómo decirlo? Mikoto Uchiha era más… considerada; más Uchiha.

―A decir verdad… ―interrumpí zafándome del agarre de Nishuka, que ya me tenía tomado por un brazo― Yo ya me iba, tía. Sólo vengo a pedirle un favor a mi tío. Uhn, claro, y a saludar a la familia…

'Sí, como no…' Hablé para mis adentros.

―Oh, Sasuke-chan, ¡pero hace tanto que no te veíamos! ―comentó otra de mis tías: Moshuki.

Ella es hermana del tío Sakoutaro y la tía Moshi; además de compañera de enfado de la madre de Sai. Entre ella y Nishuka, lograban sofocarnos a mí, a Itachi y a Sai, en la infancia.
Pero gracias al cielo, se habían ido a vivir a Hokkaido, hacía ya varios años. Aunque de seguro por esta estúpida reunión familiar, habían venido desde allá hasta Tokyo.

―Hmph, lo siento. Es que… tengo bastante tarea para mañana ―contesté en tono de enfado.

―Eso no es verdad, Sasuke. No es tanta tarea…

Esa segunda voz… ¡joder! ¡Estúpido Sai! ¡¿Tenía que estarme arruinando más el día?
Lo miré con llamas de furia en los ojos y tosí de manera leve para después aclararme la garganta.

―¿Ves, Sasuke-chan? ¡Entonces puedes quedarte! ―aseguró mi tía Nishuka en tono victorioso.

No tuve más opción que agachar la mirada y gruñir mientras apretaba el puño. No sabía por qué, pero Sai andaba bastante enfadoso ése día en especial. Definitivamente, estaba HARTO de él.
Mis tías sonrieron, al igual que Sai, y me llevaron al sillón, sentándome más a la fuerza que de ganas.

Estuvieron hablando un buen rato. ¿De qué? Dios sólo sabrá…
La verdad, ni siquiera mostré el mínimo interés por escuchar el barullo de mis tías; sólo miraba el marco de la puerta que conectaba al pasillo para ver a qué horas se le ocurría aparecer a mi tío. Pasaron diez, quince, veinte minutos y el susodicho no aparecía; sinceramente estaba fastidiado por completo.

―Hm… ―aclaré mi garganta de manera discreta y miré a mis tías― Creo que es momento de que me retire…

―¡¿Pero cómo, Sasuke-chan? ―bramó la tía Moshuki en tono de incredulidad.

―Llevas muy poco tiempo aquí, querido, quédate otro rato ―pidió Nishuka mientras me sonreía.

―Es que…

―Vamos, Sasuke, quédate. Te tengo una sorpresita… ―agregó Sai guiñando un ojo.

Bien, eso sí me había asustado.
De por sí, ya pensaba que Sai era rarito, ahora: ¡¿que me guiñara el ojo? Ya estaba raro y sospechoso de más. Quise salir corriendo de su casa, jamás lo negaré…

―Me lo dices mañana en la escuela ―contesté secamente al extraño ademán de Sai.

―¡Pero Sasuke-chan! ¡No puedo creer que tú y Sai sean tan indiferentes entre ustedes siendo que están relacionados! ―exclamó la madre de Sai, tomando a cada uno de una muñeca―. Queridos… ¡son primos!

El comentario me mató. ¿Tenía que decirlo en voz tan alta? Tener una relación directa con Sai era… pues algo no muy grato.
No era que lo odiara, pero tampoco lo quería… Hmph, él era demasiado molesto en muchas ocasiones; eso era lo que no me gustaba, principalmente. Adicionándole, claro, su estúpida sonrisita, que no sabes si es real o se está burlando de ti. Sí, creo que eso es de lo peor que tiene Sai…

―Lo siento, tía, pero tengo tarea en serio y creo que debo irme. Además, si Itachi llega y no estoy en casa, creo que se preocupará.

―Oh, Sasuke… ―su tono se convirtió casi en un lamento.

―Quédate más rato, Sasuke. No es tanta tarea, y…

―Debo irme, Sai ―solté con voz imponente, a lo cual el sólo contestó con una sonrisa.

―Lo entiendo.

Metí las manos en las bolsas del pantalón y miré a mis demás tías. Aunque de alguna forma sabía que debía esperar a que llegara mi tío para pedirle las llaves, no soportaba más estar en todo ése molesto barullo; tampoco soportaba la sonrisita de Sai, los abrazos de Nishuka… ¡no soportaba estar en ésa casa!
Prefería mil veces irme de ahí, irme a mi hogar y esperar fuera hasta que Itachi arribara, que quedarme. Hasta ése punto me dejaron harto.

―Eh… debo irme.

―Oh, qué pena ―dijo la tía Moshi mirándome de forma fija―. Cuídate, Sasuke.

―Hmph, claro…

Miré hacia el marco del pasillo y ¡bingo! Mi tío por fin había aparecido. ¿Cómo demonios era que había tardado casi media hora en presentarse? ¡¿Qué creía que yo lo iba a estar esperando eternamente?

Lo miré y una media sonrisa se dibujo en mi rostro. ¿Por qué? No lo sé de manera concisa, pero me imagino que era por el hecho de sentirme más aliviado: podría irme de ése molesto lugar, llegar a casa y entrar sin tener que esperar a Itachi; hacer la tarea, comer…
En fin, podría continuar con mi rutina diaria.

―Tío… ―me acerqué a él pasando justo al lado de Sai, quien me vio de reojo con extrañez.

―Ah, Sasuke ―sonrió―. ¿Qué pasa?

―Bueno, hm… sólo quería saber si tienes las llaves de mi casa y… si me las pudieras prestar.

―¡Sasuke-chan! ―bramó Nishuka levantándose del sillón― Me hubieras dicho antes que querías las llaves y yo te las hubiese dado… las tengo acá…

Caminó en dirección al pasillo, pero fue detenida por mi tío.

―No te preocupes, Nishuka, yo voy por ellas.

―Oh, Ryuuto querido. Gracias.

Hmph, claro, también olvidé hablar sobre mi tío: Ryuuto Uchiha.
Pues… es un Uchiha, por lo que se me hace más fácil llevarme con él. Si bien, es un poco diferente a como solía ser mi padre, creo que tiene ése 'algo' que nos caracteriza a todos nosotros.

Es alto, de tez muy blanca y cabello completamente azabache. Ojos negros, delgado… todas las características de un Uchiha, en sí. En cuanto a su actitud: es serio y conservador, de alguna forma; aunque siempre está tranquilo.

Bufé por lo bajo y una mirada victoriosa se proyectó en mi, ¡por fin podría salir de ahí!

Esperé durante unos momentos ―mientras, me despedía de la familia― y, pasados no más de cinco minutos, llegó el tío Ryuuto con un llavero en las manos.

―Aquí tienes, son todas las llaves de tu casa. Está la de la entrada, el cancel de la parte de al lado, la puerta trasera; ya sabes…

Me entregó el montón de llaves y sonrió. A decir verdad, Sai se parece bastante a él cuando sonríe, sólo queda la importante diferencia de que el tío Ryuuto tiene una sonrisa verdadera, aunque casi no la muestre.
Hmph, también olvidé agregar que, de alguna manera, mi tío conserva una extraña 'dulzura'; raro en un Uchiha, pero bueno… siempre dicen que todos solemos ser diferentes.

―Gracias.

―No hay de qué.

―Uh… ¿entonces ya te vas, Sasuke? ―preguntó Sai apareciendo tras de mí.

―Sí, Sai. Te veo mañana en la escuela ―dije intentando parecer cortés. De menos, debería hacerlo ya que el tío Ryuuto me había entregado las llaves.

Él asintió y finalicé despidiéndome de Ryuuto. Sacudí la mano en ademán de despedida mirando a todos, mientras caminaba hacia la puerta principal. Ah, por cierto: para variar, Sai me acompañó hasta la rejilla de afuera…

―Lástima que no puedas quedarte más tiempo, primo.

―Hmph, no lo creo tan 'lastimoso'.

Rió de forma extraña y entrecerró los ojos.

―Bueno, finalmente tú te lo pierdes.

Me quedé callado, di la media vuelta y musité:

―Claro… Adiós.

Comencé a caminar en dirección a mi casa, sin mirar atrás. Pude sentir la mirada de Sai por unos momentos, pero luego esa sensación desapareció. Doblé la esquina y, estando casi a mitad del camino, me topé con un manubrio y unos rines rechinando; estuvieron a punto de atropellarme con una bicicleta.
¿Qué idiota manejaba aquello sobre la banqueta y a alta velocidad?

No me pasó nada, pero un lado del manubrio alcanzó a rozarme el brazo, dejándome un pequeño rasguño.

Miré hacia atrás y pude ver que la persona de la bicicleta estaba tirada en el suelo; era una muchacha. Sonreí con sorna y metí las manos en las bolsas del pantalón.
Ella se movió con dificultad y musitaba no sé cuántas maldiciones mientras intentaba pararse. La observé unos momentos, miré mi rasguño y me di la media vuelta, continuando con mi camino.

―¡Oye!

Escuché que me gritaron detrás. Volteé con un visaje de molestia, sin responder.
Al verme, la muchacha se quedó callada. No sé ni qué pasó en ése momento: parecía haber estado muy enojada, pero de pronto, todo el coraje se le bajó de la nada.

¿Qué? ―solté de manera seca y cortante.

Ella mostró una sonrisita algo estúpida y rió por lo bajo.

―Nada, lo siento.

Un sonrojo apareció en sus mejillas. Levantó la bicicleta con rapidez y continuó su camino, sin siquiera volverme a mirar.
Bufé molesto y proseguí mi camino, que pasó ya sin ningún inconveniente.

En media hora, ya estaba en mi casa. Abrí la puerta y pude notar que ya no tenía la primera chapa, eso significaba…

―¡Itachi! ―grité en tono molesto.

Nadie respondió.
Me pareció extraño, supuestamente la primera chapa siempre estaba cerrada. Oh, ¡pero claro! Había olvidado que en la mañana tomé las llaves equivocadas; no cerré… ¿acaso un ladrón se había metido a mi casa?
Corrí despavorido escaleras arriba y noté que todo estaba igual.

Me asomé al baño, mi cuarto, el cuarto de Itachi… al parecer todo continuaba siendo un desorden. Bufé de nuevo y, por segunda ocasión, grité:

―¡Itachi!

Nada, nuevamente.
Bajé las escaleras. Revisé la sala, el medio baño de abajo, el cuarto de la televisión, la cocina… ¡bingo! Vi una cabellera negra enganchada al refrigerador.

―¿Qué no escuchas que te estoy gritando? ―le dije a mi hermano mientras me acercaba a él.

―Hm, sí… ―contestó mirando el refrigerador todavía.

―¡¿Y?... ¿Por qué no contestas?

Itachi cerró el refrigerador y me miró fijamente.

―La primera chapa no estaba puesta; además, parece que un tornado pasó por allá arriba. ¿Algo interesante te pasó mientras no estaba, Sasuke? ―preguntó mientras me miraba con sorna.

―Hmph, cállate…

―Otouto* tonto.

Caminó hasta la barra de la cocina y tomó una jarra con agua, sirviéndosela en un vaso con hielos.

―¿Por qué no me contestabas el celular? Es más… ¿por qué llegaste tan temprano? ―cuestioné acercándome a él amenazantemente.

Mi hermano sonrió después de haberle dado un trago al vaso con agua y me pegó en la frente con su dedo índice.

―Estaba trabajando, hermano. Hm, llegué temprano porque recibí una llamada del tío Ryuuto hace un par de horas, más o menos. Va a haber reunión en su casa, así que cámbiate o haz lo que tengas que hacer. En media hora nos vamos.

¿Había escuchado bien?
¡¿O sea que todo el tiempo, Sai sabía que Itachi iría? Lo mismo con la tía Nishuka… ¡aghh! ¿qué demonios? Mi día iba empeorando aún más…

―Vengo de ahí, y no pienso volver. Todo está aburridísimo. Además, Sai me tiene harto; no quiero volverle a ver la cara en todo el día…

―¿Vienes de ahí? ―cuestionó Itachi con extrañez― ¿Qué hacías en casa de Sai?

―Hmph… fui a pedirle las llaves de la casa, las confundí al momento de salir con las prisas…

Itachi se tapó la cara con una mano y rió por lo bajo. Sentí un golpe en mi orgullo… mi propio hermano estaba burlándose… ¡¿de mí?

―¡¿Qué es tan gracioso?

Se destapó la cara y me miró, negó con la cabeza para después salir de la cocina.

―No es nada. Sólo ve a cambiarte… ―escuché el eco del pasillo― ¡Ah! Y cuando volvamos…

Volvió hacia conmigo, asomando sólo su cabeza por el marco de la puerta de la cocina y sonrió de medio lado.

―Quiero que limpies el desorden que causaste, Uzumaki-chan*

..

..

*Otouto: Hermano pequeño, en japonés.
*Uzumaki: Tornado, en japonés.


Gracias por leer.

Hasta la otra :3