Ustedes deben de querer matarme verdaderamente :3 xD

¡Lo siento; perdón!
Se me olvidaba que tenía una cuenta en , por eso no había acutalizado ni nada, ¡pero ya estaré usándola más seguido! Por lo que me acordaré de actualizar :3
Será de seguro cada una o dos semanas, aunque les aviso que sólo tengo hasta el capítulo seis y no sé cuánto demore en escribir el otro. Lo abandoné dese hace como seis meses xD.

Quiero continuarlo; de verdad que sí, pero no sé si me de tiempo D:
Bueno, sin más preámbulos, el capítulo:

¡Mil gracias por sus bellos reviews!

Tornasol

Capítulo tres: Lila.

El tiempo se me pasó como agua. Media hora renegando e intentando convencer a mi hermano mayor de que no me llevara a aquel lugar infernal ―léase: 'casa de Sai'―, jamás dio frutos; todo fue en vano.
Terminé cambiándome el uniforme y comiendo un ramen instantáneo en el auto, de nuevo en camino a la emocionante reunión familiar.

―Te odio, Itachi… ―gruñí habiendo finalizado mi 'nutritivo' alimento.

―Hmph. Eres un exagerado, Sasuke. Pero si se trata de odiar, bien; haz lo que quieras…

Si algo me molestaba verdaderamente, era que Itachi me diera siempre la razón. Es decir, de alguna forma me daba el '' sólo para que lo dejase en paz; como si fuera un niño chiquito insoportable al que sus padres le afirman todo con tal de que el mocoso se calme…
Claro, así me hacía sentir Itachi y, sin duda, aquello me calaba de más.

―Pero ya te dije, Otouto: regresando, me limpias todo el desorden que hiciste. Sasuke… ¿qué es eso de dejar los bóxers aventados sobre el lavamanos sin pudor alguno? Está bien que yo no te reclame las cosas muy seguido; está bien que seamos hermanos… ¡pero no abuses de mi confianza!

Bien, ahora que Itachi me estuviera regañando de esa forma…

Definitivamente me hacía sentir como un niño chiquito.

―Entendido, ottou-san*… ―solté en tono sarcástico y prepotente.

Sentí la penetrante mirada de mi hermano taladrándome desde el retrovisor.

―Estoy hablando en serio.

―Yo también.

―Sasuke, ¿podrías dejar de comportarte como un niño chiquito por un momento? Ponte a pensar que si no cuidamos la casa entre los dos, nadie lo hará. Estamos solos, ¿lo olvidas?

―Hmph… yo no me porto de esa forma. Además, no fue por gusto… todo es culpa del dobe.

―¿Naruto? ¿Qué tiene que ver aquí el pobre Naruto?

―Ahora resulta que hasta es la víctima, ¿no?

―Sasuke…

―¡¿Qué cosa?

Itachi suspiró y arqueó una ceja, se negó con la cabeza y, en unos momentos, miró al frente para continuar avanzando.

―Sólo compórtate, ¿quieres? No deseo enterarme de que le dijiste 'no sé qué cosa' a Sai, o que te pusiste 'no sé de qué forma' con 'no sé quién'… ya estás grande, ¿no? Se supone que sabes lo que haces…

―¿Qué intentas decirme?

―Que te portes bien y estés en paz con la familia por primera vez en tu vida.

Era molesto. Bastante molesto, sin lugar a dudas. Ponerme como el malo del cuento y a la familia como la pobre víctima, le salía muy bien a Itachi.
¡¿'Por primera vez en mi vida'? Tal parecía que yo siempre estaba ajetreando la unión social de nuestro reducido clan. Si bien, acepto que en muchas ocasiones no soy del todo 'correcto' con la familia, niego rotundamente que eso pase a diario.

―Lo haré si ellos me dejan tranquilo.

De nuevo sentí la mirada de Itachi fija en mí. Miré al retrovisor y me encontré con ése par de orbes negras que irradiaban justo el querer de mi hermano mayor en ése momento: control sobre mí.

―Sai ha estado molestándome todo el día. Nishuka y la tía Moshuki no me dejaron en paz, como siempre ―intenté explicarme―. Sólo exijo tranquilidad. Si me dan tranquilidad, obtendrán tranquilidad.

―No sé cuándo entenderás, Otouto tonto ―masculló Itachi negando con la cabeza―. Hasta que alguien te haga entender la situación, de seguro seguirás igual. Y, a lo que veo, ése 'alguien' no será nada más ni nada menos que Sai.

¡¿SAI? ¡¿Qué acaso Itachi estaba drogado?

―¡Ja! ―solté sarcásticamente― ¿Qué demonios podría enseñarme el idiota de Sai que yo no sepa? ¡Piedad, Itachi! ¡Estamos en la realidad!

Mi hermano mayor soltó otra risita sarcástica, sólo que él la ahogó por alguna extraña razón; dejando escapar un sonidito casi imperceptible que, de no haber visto de forma directa los ademanes que realizaba, juraría que ni siquiera me habría dado cuenta.

―Tal parece que tú estás en tu realidad, Sasuke. Tu realidad, es muy diferente a nuestra realidad; la realidad en la que vivimos verdaderamente.

―Sí. Ahora resulta que soy autista, ¿no?

―Pues poco te falta…

―Hmph…

―Sólo te aviso: tu percepción de las cosas es muy diferente a lo que las cosas son en realidad; espero puedas entender eso. Si lo haces, tal vez recapacites y encuentres el porqué de muchas cosas que te pasan a diario…

De ahí en más, no hubo otra cosa más que silencio.
No me gustaba que Itachi me sermoneara porque la mayoría de las veces no entendía qué era lo que quería decirme, o tal vez creía que lo entendía y no era así… hmph. Vivir de esa manera es cansado y bastante frustrante, por lo que es mejor hacer lo que él hace conmigo: decirle que sí a todo. Definitivamente, es una solución rápida a éste tipo de situaciones.

―Claro, Itachi. Me portaré bien.

Clavó sus pupilas en mí para luego rodar los ojos, finalmente desviando la mirada hacia el frente.

―Si no lo haces, todo mundo se enterará de lo que pasó hoy en la casa. Mira Sasuke que eso te destruiría socialmente hablando. Si de por sí, muchos te ladillan por odio y el simple hecho ser un Uchiha, ¡ahora imagínate si se enteraran de eso!

Mi piel se heló aún más que el hielo. Volteé a ver a mi hermano casi mecánicamente, como si fuese un robot sin aceite, y fruncí el entrecejo de manera extrema.

―No te atreverías.

―Hmph… ¿estás retándome, hermanito?

Su rostro aparentemente apacible en ése momento, cambió de manera espontánea a uno de total malicia. Pocas veces en mi vida había visto a Itachi con ése gesto y, para ser sincero, daba bastante miedo.

Pasaron muchos pensamientos por mi cabeza.
La verdad, Itachi tenía mucho de dónde molestarme. Es decir, si le dijera con más detalle el pequeño desbarajuste que dejé en mi casa a una sola persona, mi vida social se iría totalmente al caño. Con sólo dejar que el dobe se enterara… ¡ya sería una catástrofe! Tal vez no lo divulgaría a propósito, pero su lengua suelta no era de mucha confianza. Es decir, podía escapársele una sola frasecita, y de ahí agarrarse y divulgar el chisme 'sin querer' a todo el mundo.

¡Yo no quería eso para mí!

―No. Sólo era un comentario.

No lo olvidemos, Sasuke: 'Siempre dale por su lado'.

Sonrió de nueva cuenta, pero esta vez con aire de orgullo Uchiha.

—Perfecto. Me temía que dijeras lo contrario.

Maldito Itachi. Tenías que ser mi hermano mayor…


Pasaron alrededor de ocho minutos y finalmente llegamos a casa de Sai; a mi maldita tortura. Bajé del auto sin ganas y me acerqué a la rejilla por segunda ocasión en el día. Esperé a que Itachi se aproximara y, ya que lo hizo, tocó el botoncillo del timbre.
De nuevo: diez, veinte, treinta segundos y… ¡sorpresa! El idiota de Sai apareció en el marco de la puerta.

—¡Itachi! ¡Sasuke! —exclamó acercándose a abrir la rejilla.

—Hola, Sai —saludó mi hermano entrando y acercándose al pórtico, seguido por el imbécil de Sai.

Su sonrisita hipócrita me enfermó por enésima vez en el día. Para contenerme las ganas de golpearlo, tuve que desviar mi mirada y cerrar la rejilla de inmediato, no fuera a ser que volviera a voltear y a burlarse de mí sin miedo alguno. Al desviar la mirada, pude divisar algo que captó mi atención de manera considerable: una bicicleta. Sí, lo sé, era sólo una bicicleta. Pero, de alguna forma, se me hacía conocida; muy conocida…

La miré con detalle sin acercarme y pude darme cuenta de que era parecida a la bicicleta que un buen rato atrás, casi me arrollaba. Si era 'esa' bicicleta, la mujercilla descuidada debía de estar ahí dentro… ¡seguramente!
Fruncí el entrecejo y metí las manos en las bolsas del pantalón, caminando entonces a la puerta. Entré y cerré.

Mi rostro se desfiguró al ver a todas mis tías —literalmente— sobre Itachi. No sé cómo demonios mi hermano puede soportarlas. Yo, en su lugar, ya las hubiese mandado a volar de una sola patada.
Se escuchaba un tremendo barullo que aclamaba el nombre de Itachi y él, con la mayor calma del mundo, saludaba y contestaba a todas y cada una de las preguntas de mis tías.
Hice una mueca y miré hacia otro lado. Al poco rato, vislumbré la silueta de una chica por un lado de la bola de gente frente a mí. ¿Era la que casi me atropellaba hacía un rato? Intenté salir de ahí para pasar a la sala, donde vi que había entrado, pero mis esfuerzos fueron en vano. No fue hasta aproximadamente unos cinco minutos después que la precipitación con Itachi cesó.

Lo único que me tranquilizó de haber estado ahí hacía un rato, es que no podían irse conmigo de nuevo. Bien, se supone, ¿no?
Gracias al cielo, mis suposiciones fueron ciertas y mis tías sólo se limitaron a saludarme por segunda ocasión.

La tía Nishuka nos invitó a pasar a la sala y todos la seguimos. Entramos y el tío Ryuuto y Sakoutaro se encontraban sentados en el sofá, tomando al parecer algo de té. Lo más curioso, es que no había ninguna chica ahí ¿acaso lo había alucinado?
Itachi saludó a mis tíos y yo me aproximé a Ryuuto.

—Tío —le llamé aún con las manos dentro de las bolsas del pantalón—. Hm, aquí están las llaves. Gracias…

Ryuuto me miró con perspicacia y sonrió.

—Por nada, Sasuke. ¿Todo bien?

—Claro —respondí.

—Hmph, ya lo he entendido, Sasuke —soltó Itachi esbozando una sonrisita autosuficiente—. Eres un poco tonto, ¿sabes?

Sin decir nada, fulminé a mi hermano con la mirada y me retiré de frente de mis tíos, yéndome casi al rincón; alejándome de la molesta familia. Quería paz, solamente. Si bien, le había dicho a Itachi que me portaría bien, estaba seguro de que no soportaría que las tías (principalmente Nishuka y Moshuki) me estuviesen 'mimando'. No era ni gato ni perro para sostenerles calma.

Tomé mi celular y acomodé el audio mp3 en volumen considerablemente bajo, sólo para que yo lo escuchara. Mis audífonos se habían quedado en casa o… en la mochila. Sinceramente no recordaba en dónde joder los había metido con toda la conmoción matutina. Cerré los ojos y encendí mi música; eso era lo único que podía animarme en el momento.

Pasaron apenas unas dos canciones de tres minutos cada una, cuando sentí una mano en mi hombro. Abrí los ojos con ira y miré al ente delante de mí. ¡Claro! Era Sai.

—¿Qué? —solté secamente con notoria molestia.

—Tranquilo, Sasuke. Sólo quiero que conozcas a alguien. ¿Se puede? —dijo con su sonrisita en la cara. Cómo me hubiera gustado borrarla de un solo puñetazo.

—Estoy ocupado, ¿no lo ves?

—Oh, disculpa. No vayas a perderte tu canción favorita que puedes escuchar unas mil veces al día. Claro, teniéndola en tu súper celular con reproductor mp3.

—¿Estás burlándote de mí? —cuestioné apretando mis puños.

—¿Qué te hace pensar eso, primo?

¡¿Y así quería Itachi que me tranquilizara?
Si alguien podía aguantar a Sai sin que le sacara de sus cabales por un momento, netamente merecía que algún hombre en la faz de esta tierra le colocase un altar. Yo no, por supuesto, pero sí una persona en mi misma situación.

—Nada. Sólo que me estás jodiendo la existencia. ¿Es eso suficiente?

—¿Jodiéndote la existencia? ¿De qué hablas, Sasuke?

Mi puño rogaba por interceptar la cara del imbécil de mi primo. El tan sólo pensar en la placentera sensación de su nariz fundiéndose y torciéndose por completo debajo de mi mano empuñada, aumentaba mis ganas de golpearle. Pero… sabía que si hacía eso, Itachi y toda la familia me mataría. ¡No entendía porqué Sai era de alguna manera tan 'querido' por todos!
De seguro, era esa estúpida sonrisa y su extraña ingenuidad… ¡¿Cómo era posible que eso no les enfermara? Ugh, definitivamente, la verdadera sangre Uchiha iba perdiéndose poco a poco.

—De esto, precisamente —bufé y centré mi enojo, intentando encerrarlo en alguna recóndita parte de mi iracundo ser—. Solamente dime qué se te ofrece.

—Como te dije, quiero presentarte a alguien.

—Hmph… si son amigos tuyos, no me interesa.

—Oh, vamos, Sasuke.

Bajé la mirada a mi celular y continué escuchando mi música.

—Bien, si no quieres ir, haré que ella venga.

¿Ella? ¿Sería… aquella muchacha?
Un visaje de extrañez se manifestó en mí y subí la mirada desinteresadamente. Sai dio la media vuelta, dirigiéndose al pasillo. Se mantuvo unos momentos ahí y salió, volviéndose a acercar a mí.

Fruncí el entrecejo y busqué a alguien tras él. Definitivamente, era esa chica.

—Ya que no quisiste ir, Sasuke… —se posó frente a mí y miró a la muchacha— Él es Sasuke.

La chica dio dos pasos al frente y sonrió nerviosamente, estirando la mano. La estreché con el entrecejo fruncido de forma leve.

—Hmph, Sasuke Uchiha.

Abrió la boca y, antes de decirme su nombre, esbozó una pequeña risita acompañada de un tenue sonrojo en sus blanquecinas mejillas.

*Ottou-san: Padre de familia.


Ojalá haya valido la pena la espera.

Muchas gracias por leer ;]