"Muse no es mi musa… pero sí mi fuente de inspiración. Cuando entiendas la diferencia comprenderás mi locura"

Korina Herrera Zuno

Todos los personajes son de Masashi Kishimoto-sama

Especialmente dedicado a Sahorii-Chan, que siempre espera una segunda parte.

Capítulo 2. La oscuridad tiene un corazón de luz.

Advertencias:

OcC.

Algo de AU.

Yaoi (SasuNaru). O algo así…

Lemon, o lime.

Algunas groserías.

La siempre presente falta de ortografía.

El lector podría morir de aburrimiento.

Akari es Luz.

Ankoku es Oscuridad.


- No está aquí… -murmuró el rubio inclinándose un poco hacia adelante, entrecerrando los ojos con frustración.

El muchacho estaba en cuclillas sobre el alfeizar de la ventana de Uzumaki Naruto, apartando con su mano derecha la persiana de bambú que protegía la habitación de la luz del sol durante el día, pero innecesaria a esas altas horas de la noche. El chico, reflejo exacto de la apariencia física de su dueño, llevaba puestos unos pantalones cortos en un oscuro tono verde oliva, que llegaban hasta sus rodillas. Unos abultados bolsillos resaltaban a cada uno de sus costados, localizados a la altura de medio muslo. Una camiseta de tirantes gruesos en color negro, que apenas le cubría el pecho, contrastaba contra unas placas militares plateadas, en una de las cuales se leía grabada la palabra Demon mientras la otra tenía la leyenda The most wanted. Dos elementos parecían fuera de lugar en la vestimenta del ojiazul: las getas de madera en sus pies y el guante tradicional japonés en su mano derecha (1). Este era de color negro, y no le cubría totalmente el dorso de la mano, terminando con un anillo de plata en su dedo medio.

- ¿Y a quién buscas, kitsune (2)? –le preguntó una voz divertida al oído, provocándole un escalofrió. Al mismo tiempo que esas palabras, le llegó la sensación helada del acero en su cuello.

Con cuidado, el rubio se giró a su derecha, solo para constatar la presencia de ese ser al que no quería encontrarse. Vestido con ese qipao blanco que lo caracterizaba, estaba el Akari (3) de Uchiha Sasuke, tranquilamente acuclillado a su lado. La afilada superficie que sentía en su cuello era nada más y nada menos que la katana del moreno.

El ojiazul tragó saliva con dificultad debido a su nerviosismo, no se había percatado de la presencia del Sasuke-blanco hasta que éste le había hablado.

- ¡Aléjate de mí, dattebayo! –gritó el rubio molesto, alzando su jo (4) para alejar de sí la peligrosa arma del contrario.

- ¿Qué? ¿La maldad no quiere que el cielo la purifique? –lo interrogó el pelinegro con una sutil sonrisa en los labios, soportando la fuerza del golpe.

- Bastardo… -maldijo el muchacho con los dientes apretados. Su contrincante podría ser más fuerte que él, pero no se iba a dar por vencido. Ahora que se había encontrado con el ojinegro, tenía que regresar cuanto antes con Naruto si no quería meterse en problemas.

De dos certeros golpes con el bastón de madera, el rubio sacó de balance al pelinegro, provocando que callera por la ventana. No perdió tiempo en observar su obra, si no que se precipito en el interior del cuarto, cruzando la puerta abierta de este hasta llegar a la escaleras que conducían al piso inferior.

Consiguió llegar a la puerta de la calle, atravesando la sala del Uzumaki y saltando con agilidad por encima del sillón que había en ella. Estaba a punto de tocar la perilla de metal, a un paso de su libertad, cuando un rápido movimiento de cierto metal que ya estaba conociendo demasiado bien para su gusto le impidió seguir avanzando. El Akari le devolvió con agilidad los dos golpes que había hecho con anterioridad, consiguiendo desarmarlo al tercero.

- ¿Qué haces aquí? –preguntó el moreno con voz seria, colocando la katana en la barbilla del ojiazul para levantarle la cara-. ¿No eres tú el que no se cansa de decirle a su hermano que no se nos acerque?

- Yo… estoy aquí para… -empezó a balbucear el Naruto-negro con las manos alzados donde el otro pudiera verlas, o eso fue durante un segundo, pues de improviso el muchacho se agachó y le aplicó una barrida al ojinegro, mandándolo al suelo. Antes de un parpadeó ya estaba corriendo de nuevo en dirección a la salida.

- Tsk… -maldijo el chico algo adolorido, pero tuvo la claridad de mente para levantarse con rapidez e ir tras el otro muchacho.

Lo empujó contra la puerta de madera, provocando un fuerte quejido de dolor por parte del ojiazul. El pelinegro lo sujetó por la delgada camisa y después de obligarlo a girarse lo estampó de nueva cuenta contra la dura superficie de la entrada, con el filo de su katana rozando su moreno cuello. Sin embargo, el Naruto-negro no se amedrentó por la amenaza, con una velocidad que el ojinegro no se esperaba, le asestó una patada directo a su mano derecha. El golpe, con la fuerza acrecentada por la firmeza de la geta, hizo que el muchacho soltara la empuñadura de la espada. Pronto también el puño derecho del ojiazul se alzó buscando impactar la cara de su atacante, pero esta vez el pelinegro consiguió atrapar su mano con facilidad.

El rubio se quedó de piedra cuando, en vez de devolverle el golpe, el moreno acercó con lentitud la mano hasta su cara, consiguiendo que sus delgados labios tocaran la piel que dejaba descubierta el guante.

- ¡¿Qué estás haciendo, dattebayo? –gritó el chico escandalizado, forcejeando para soltarse-. ¡No me toques!

- ¿Creíste que no te reconocería, Akari? –preguntó el moreno con una ligera sonrisa burlona. Al mismo tiempo que hablaba, el Sasuke-blanco desataba con su mano libre la oscura tela del guante del rubio, descubriendo el tatuaje de un solitario yin debajo de ella. Era la marca inequívoca que lo señalaba como la parte blanca de la conciencia de Naruto.

- Yo… c-creo que… -balbuceó el Akari del Uzumaki al verse descubierto-. ¡Creo que debería irme! –gritó el ojiazul empujando al pelinegro para seguir con su intento de huida.

- ¿Por qué? –preguntó el moreno empujándolo a su vez contra la puerta, ahora con más suavidad-. Todavía es temprano… -le susurró al oído.

Se inclinó, ansioso para besarlo, pero el joven se apresuró a desviar su cara, provocando que los labios del ojinegro apenas rozaran la mejilla del Naruto-blanco.

"Esto está mal" se dijo a sí mismo el rubio "Ambos somos luz… no podemos estar juntos".

No vio los decepcionados ojos del pelinegro hasta que este lo tomó con delicadeza de la barbilla, levantándole la cara. El Sasuke-blanco se acercó de nuevo a su boca, esta vez sin darse por vencido y lograr sellar con sus labios los contrarios. Se sorprendió cuando el ojiazul le echó los brazos al cuello, correspondiéndole con fuerza y cierta desesperación. Las manos del moreno se desplazaron desde la cara del rubio hasta su cadera, aprisionándolo entre él y la puerta.

- Ah… -gimió el Naruto-blanco, terminando con brusquedad el beso, cuando sintió como la mano del ojinegro se colaba por debajo de su delgada camiseta, subiendo rápidamente, sin detenerse a ser delicado.

El rubio tampoco perdió el tiempo. Tomó la cara del Uchiha entre sus manos, guiándolo de nuevo a su boca, y una vez que consiguió de nuevo su atención, esas mismas manos se deslizaron hasta los dorados botones del qipao blanco. Ahí probaron que tan agiles podrían ser sus morenos dedos.

Cuando menos se lo esperaba, el pelinegro notó que las manos del rubio acariciaban su pecho descubierto. Se habían elevado lentamente desde su ombligo hasta sus pectorales, llegando a uno de sus hombros para buscar quitarle la ropa que lo cubría mientras que la otra quedó detrás de su nuca. El ojiazul dejó su cuello al descubierto, y pronto dejó los labios del moreno para colocar los suyos sobre esa piel blanca. La mordió con cierta fiereza, para después besarla con suavidad, provocando que comenzara a lucir algo irritada.

Incitado por los movimientos de su compañero, el ojinegro tomó bruscamente las manos que lo acariciaban y las elevó por encima de la cabeza del rubio. Lo besó rápidamente, apenas un rose, para después soltarle las manos y sujetar el borde inferior de su camiseta. Comenzó a quitársela, tocando toda la piel que podía en el proceso.

- Taiyo… (5) -susurró el pelinegro, acariciando la cadena que pendía del cuello del Akari, hasta que el metal brilló tenuemente, y comenzó a transformarse en un suave cordón negro. Las placas se fusionaron y adquirieron un brillante color azul, endureciéndose hasta formar un fino cristal. Ahora era el collar de la Quinta lo que brillaba en el cuello del rubio.

El Sasuke-blanco sonrió ante el cambio, antes de besar la joya, pasando rápidamente a la piel del muchacho. Ese collar sólo lo usaba su Akari, sólo él…

- Tú… ¿cómo sabes mi nombre? –preguntó el Naruto-blanco en medio de suspiros, provocados por las caricias que le dedicaba el moreno.

- ¿Creíste que no sabría el nombre de quien amo? –preguntó a su vez el pelinegro, sujetándole de nuevo la barbilla antes de besarlo con ferocidad.

- A… -intentó decir el ojiazul una vez que el otro le dio espacio. Necesitaba demostrar que él también conocía el nombre de la persona que quería, pero no se lo permitieron.

- No digas mi nombre, ¡no quiero que digas mi nombre! –exigió el chico con voz firme, pero con los ojos cerrados como si algo lo torturara.

- ¡No! ¡Yo lo sé! –jadeó el rubio contra su boca-. ¡Es…!

Antes de que pudiera terminar, el muchacho lo besó de nuevo, introduciendo de llenó su lengua en la boca contraria, y después de un segundo de duda por parte del ojiazul, fue correspondido con vigor. Las manos del pelinegro se desviaron hasta el botón de los pantalones del rubio, desabrochándolo y bajando el cierre sin ninguna vergüenza. Tampoco sintió pena cuando sus manos frías se introdujeron en la prenda, y tocaron la tibia piel del chico. Siguió bajando su mano hasta que alcanzó el muslo de Taiyo, entonces lo sujetó con firmeza, consiguiendo que el ojiazul elevara una de sus piernas hasta que esta rodeó su cadera.

- Así no puedo quitarte los malditos pantalones –gruñó el moreno con molestia, sacándole una ligera sonrisa de burla al otro muchacho.

- Yo si puedo, dattebayo –susurró el rubio, al tiempo que llevaba una mano a la faja de seda que sujetaba los pantalones bombachos del pelinegro y tiraba de ella.

El pelinegro tomó el otro muslo y también lo llevó a su cintura, obligando al Uzumaki a que se colgara de su cuello. Lo estampó nuevamente contra la puerta, frotándose sensualmente contra el cuerpo del otro.

- Te estás pasando –le advirtió el Uchiha, antes de besarle el cuello con salvajismo.

- ¿Y qué vas a hacer, dattebayo? –lo retó el Akari de Naruto.

Por toda respuesta el moreno lo sujetó con más firmeza de sus piernas, desviando una mano a la espalda del muchacho. Era momento de buscar un lugar más adecuado para lo que pasaría.

- ¡Oye! –se quejó el ojiazul, cuando tropezaron con el sillón y el moreno calló encima de él.

- No creo que lleguemos a una cama… -susurró el pelinegro con la voz entrecortada.

- Por mí la puerta hubiera estado bien –le respondió el rubio en el mismo tono.

Se besaron después de eso, al tiempo que terminaban de quitarse la ropa mutuamente. El Akari de Sasuke lo sujetó por la muñeca, dejando sus labios en ella, para entonces elevar el brazo del Uzumaki hasta su cuello, haciendo que lo rodeara con él. Taiyo aprovechó que el moreno tenía su rostro de lado para jugar un poco con el oído que había quedado beneficiosamente a su alcance, provocándole un estremecimiento al ojinegro. Ese era uno de sus puntos débiles, y ya no estaba dispuesto a esperar mucho después de que eso pasara.

- Debes girarte –susurró el Uchiha, acariciándole los costados hasta que sujetó las caderas contrarias.

- ¡No! –le respondió el rubio, para después besarle el hombro-. Quiero verte…

- Va a dolerte –dijo el Sasuke-blanco, negando levemente con la cabeza, pero sin dejar de besarlo.

- Si eres tú, no me importa… -le aseguró al ojiazul, hundiendo sus dedos en el negro cabello del chico.

- ¡No voy a lastimarte! –aseguró el pelinegro, separándose con brusquedad.

Los ojos azules lo vieron con reproche, antes de girarse hacia el piso. Taiyo se sentó sobre el sillón, dejando sus manos sobre su regazo. No le estaba gustando nada lo que le pedía su compañero, mucho menos el tonó que había usado.

Dio un pequeño brinco cuando sintió como tomaban una de sus manos, y se giró al instante para saber lo que quería el moreno, aunque el semblante de su cara seguía siendo molesto. No pudo contener un jadeó cuando los delgados labios de Uchiha volvieron de nueva cuenta a su muñeca, lamiéndola lascivamente y dándole pequeños mordiscos, pasando por su palma, hasta que sus dedos también recibieron esas caricias. Empezaba a pensar que el muchacho tenía cierta fascinación por esa parte de su cuerpo.

- No voy a lastimarte… -repitió el pelinegro, tomándole la barbilla para que lo viera a los ojos.

Se acercó al rubio, pasando un brazo por uno de sus hombros hasta que consiguió colocarla sobre su torso, atrayendo la espalda del ojiazul contra su pecho. Hubo unos momentos de duda por parte del Akari de Naruto, pero se relajó cuando sintió de nuevo la boca del ojinegro sobre su cuello. Simplemente no podía negarse a esos besos, ni decir que no a esa piel rozándose contra la suya.

Las manos del Uchiha se deslizaron por los brazos del Uzumaki, hasta que tocaron su abdomen, pero no interrumpieron su camino, sino que siguieron descendiendo sin que nadie quisiera detenerlas. El rubio sintió como si pequeñas corrientes de electricidad lo recorrieran por completo, provocándole un placer que nunca imagino llegar a alcanzar. Gruño de manera imperceptible cuando finalmente el moreno se unió con él, y el jadeo que dejó escapar el Uchiha le indicó que para él tampoco fue fácil.

- No te detengas… -dijo el ojiazul, tomando una de las manos del muchacho para alzarla hasta su rostro y llenándola de besos.

- No voy a hacerlo… -le susurró al oído el pelinegro, en respuesta a su suplica.

El ojinegro comenzó a moverse contra él, sacándole gemidos de satisfacción. Sentía como se hundía con fuerza en él, provocándole algo de dolor, más que nada incomodidad. Pero eso no era importante, lo importante era que esa sensación embriagadora, que lo hacía sentir como si estuviera en alguna alucinación, no se detuviera sin importar cual fuera su nombre. Esos labios que recorrían su espalda eran mágicos. Aquellas manos que memorizaban su cuerpo… Sabía que pronto terminaría, pero él ya esperaba con ansia su siguiente encuentro.

Se separó bruscamente del moreno, haciéndolo maldecir por el brusco movimiento, pero el rubio decidió ignorar sus quejas, echándose sobre su pecho para besarlo con toda la pasión que le fue capaz de entregar de una sola vez.

- Es hora de irme, o mi aniki me echara de menos –dijo Taiyo al cabo de un tiempo, dando un pequeño suspiro.

- No… quédate un poco más –suplicó el pelinegro besándole la mejilla.

El ojiazul llevó ambas manos a la cara del moreno, atrayéndola contra la suya, hasta poder depositarle un tímido beso en los labios.

- Lo siento –susurró el rubio, al tiempo que comenzaba a esfumarse. Ahora que el otro no trataba de retenerle, era más fácil volver con su dueño.

El muchacho se dejó caer totalmente sobre el sillón, quizá en un vano intento por abrazarlo y no dejar que se fuera, pero el Akari ya había desaparecido. Aspiró con fuerza el tejido que cubría el mueble. Todavía tenía su olor… Incluso su ropa, también él, su propia piel tenía esa esencia. Tomó sus pantalones, y se echó la parte superior del qipao sobre los hombros. No tardaba en amanecer, y ya era hora de regresar con el jefe.

- ¿Qué crees que hacías con mi ropa? –preguntó una voz a sus espaldas, en cuanto terminó de vestirse.

Cuando se dio la vuelta, el pelinegro se encontró de frente con otra persona igual a él, con la diferencia de que el muchacho se encontraba en ropa interior, titiritando de frío y con un enojo más que palpable. En su tobillo izquierdo llevaba tatuado un blanco yin con su centro negro, marcándolo como el Akari de Uchiha Sasuke.

- Lo siento, ototo-chan. Iba a devolvértela… -aseguró el Sasuke-negro con su mejor cara de inocencia… que no funcionó.

Con un gruñido de molestia, el moreno en ropa interior chascó los dedos, con lo que inmediatamente las desiguales condiciones se invirtieron. Se sintió un poco mejor cuando percibió como la suave tela lo cubría de nuevo. El Sasuke-blanco tenía orgullo y no iba a ponerse las ropas de su hermano mayor, cargadas con toda su energía negativa. Por eso había seguido al baka de su onisan hasta el departamento del Uzumaki en calzoncillos, aún a costa de que otras consciencias pudieran verlo.

El Uchiha mayor le dedicó una sonrisa de suficiencia al pobre de su hermano menor, antes de chascar él también los dedos y verse rápidamente cubierto por esa negrura que lo caracterizaba. Puede que ni él ni el baka de su ototo tuvieran el poder de crearse nuevas ropas por lo que simbolizaban, pero una vez que no estaban vigiladas no era muy difícil llamarlas hasta donde se encontraran.

- No debiste haberle mentido –dijo de repente el Sasuke-blanco con el entrecejo fruncido.

Los blancos dedos del otro pelinegro resbalaron momentáneamente por el cierre de su chaqueta.

"Pensé que Taiyo se había ido a tiempo" se dijo a sí mismo el pelinegro mayor con algo de incomodidad.

- Rin… (6) ¿Nos viste? –preguntó el Sasuke-negro en un susurro bajo.

- ¿Hace falta que te conteste? –le regresó el otro moreno, colocando una mano en su cintura.

Se sorprendió un poco cuando su hermano mayor se dejó caer sobre el sillón del Uzumaki, subiendo los pies en él para poder rodear sus rodillas con los brazos. Era en momentos como ese que envidiaba a Rin. Siempre el primero en romper las reglas, en dejarse llevar por sus deseos, aún a costa de engañar a los demás, esa era su naturaleza, ¡y le encantaba! Pero dolía tanto cuando comenzaba a creerse sus propios castillos de nubes, y estos se le escapaban de entre los dedos, de la misma manera en que se había escapado Taiyo.

- De otra manera… él nunca se habría acercado a mí –dijo el Sasuke-negro con la cara escondida entre las rodillas-. Nunca hubiera permitido que lo tocara…

- Onisan… -susurró el menor, sentándose a su lado.

- La oscuridad siempre tiene un corazón llenó de luz –le recordó su hermano, hundiendo las manos en su oscuro cabello-. Él es mi luz, ototo –dijo el muchacho levantando el rostro, mirándolo directamente a los ojos negros.

- Lo sé, Yue (7) –dijo el Sasuke-blanco con dulzura, abrazando a su hermano para consolarlo-. Lo sé…

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- No pudiste evitarlo, ¿cierto? –preguntó un rubio con el entrecejo fruncido, cruzándose de brazos ante la llegada de su hermano gemelo.

El otro ya imaginaba que su hermano mayor no iba a estar contento al tener que vestirse con su ropa, demasiada tela y demasiado color para su gusto. Su nariz torcida ante el kimono interior negro, colocado debajo del llamativo kimono naranja con unas largas rasgaduras en los hombros, evidenciaba su disgusto. El obi era de un brillante tono rojo, color que también compartían unas delgadas tiras de seda entretejidas en las mangas del kimono exterior. Su rehusó totalmente a ponerse aquella cinta roja que Taiyo usaba al cuello junto con el collar de la Quinta, pero no puso objeciones para ponerse el guante tradicional blanco en su mano izquierda, que a diferencia de su hermano, terminaba en un anillo dorado. No le quedó de otra más que quedarse descalzo, puesto que el Akari de Naruto no usaba zapatos.

- Aniki… -murmuró el susodicho, girando su rostro, para evitar que viera su vergüenza. Acaba de estar con alguien, pero a pesar de sus esfuerzos por tratar de ocultarlo había sido descubierto.

- ¿Por qué? –preguntó el moreno empujándolo a su vez contra la puerta, ahora con más suavidad-. Todavía es temprano… -le susurró al oído.

Se inclinó, ansioso para besarlo, pero el joven se apresuró a desviar su cara, provocando que los labios del ojinegro apenas rozaran la mejilla del ojiazul.

"Esto está mal" se dijo a sí mismo el rubio "Ambos somos luz… no podemos estar juntos".

Sus ojos azules siguieron clavados en el piso, aunque sintió como el otro muchacho le tomaba con delicadeza de la barbilla para levantarle el rostro él no quería hacerlo. Porque entonces vería en esos ojos negros a su complemento, y no podría evitar corresponderle, a pesar de arrepentirse después. El Akari de Naruto estaba a punto de comenzar de nuevo con sus forcejeos cuando lo vio… tatuado en el tobillo derecho del muchacho del qipao, un yang negro con su centro blanco.

"¡Yue!" pensó el rubio con sorpresa, pero entonces sintió la boca del moreno directo sobre la suya, y todos sus pensamientos se desvanecieron.

La persona que había ido a buscar, la persona que quería con todo su corazón, ¡lo estaba besando!

- Ah… Solo dime que ese Ankoku (8) te trató bien –exigió saber el rubio mayor con cierta molestia transmitiéndose en su voz.

- ¡Ey! ¿Quién crees que soy, dattebayo? –contestó el Ankari con un puchero.

"A la luz siempre va a seducirla la oscuridad" pensó Tsuki (9) con preocupación, con la imagen de cierto moreno con qipao blanco cruzando su mente.

- Taiyo-baka… –susurró el Ankoku de Naruto alborotándole con ternura el rubio cabello a su hermano menor.

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- Oye, teme. ¿No hueles algo extraño, dattebayo? –preguntó Naruto mientras entraban en la casa.

- No –contestó el moreno con tranquilidad al tiempo que se encogía de hombros-. Estas alucinando, dobe –dijo el Uchiha con una sonrisa ladeada.

El Uzumaki lo vio con mala cara, antes de darse la vuelta y caminar en dirección a su cuarto.

- Baka –masculló el rubio mientras subía por las escaleras. Él estaba seguro que había un olor diferente en el aire, además se le hacía vagamente familiar…

En cuanto los pasos del ojiazul dejaron de escucharse, la sonrisa de Sasuke se esfumó rápidamente de su cara y cruzó los brazos sobre su pecho. El pelinegro estaba molesto.

- ¡Ustedes dos! –susurró el moreno señalando a los dos muchachos que se encargaban de torturar su mente-. ¿Qué demonios estuvieron haciendo?

- ¿Qué demonios insinúas, Uchiha? –preguntó Rin con el entrecejo fruncido, que segundos atrás se encontraba sentado tranquilamente en posición de loto sobre la mesa de cocina.

- Nos divertimos un rato… estábamos aburridos, jefe -respondió Yue con suficiencia encima del refrigerador, mientras le arrogaba una naranja a su hermano.

Su respuesta le sacó una extraña cara a Sasuke y una muy molesta al Uchiha-blanco.

(1) En realidad no sé como se llame este tipo de guante. Lo investigue y no lo encontré, pero para que se hagan una idea es igual a los que usa Miroku de Inuyasha.

(2) Zorro en japonés. No sé porque pero siento que ya la mayoría sabe… -_-*

(3) Luz en japonés.

(4) Bastón largo de madera, de aproximadamente 120 cm de longitud.

(5) Sol en japonés.

(6) Sol en chino.

(7) Luna en chino.

(8) Oscuridad.

(9) Luna en japonés. Si, se escucha como de mujer, y creo que así es, pero era necesario para la trama -_-*

La neta, la neta. ¿Se entendió? ¿No está medio raro el asunto? Lo que paso es que no estaba en mis completos sentidos cuando estaba escribiendo esto. Esos excesos navideños… ¡Pero por las desveladas, no vayan a pensar mal! (L) Aún así espero que lo hayan disfrutado, y que no critiquen mucho el lemon, o lime, o lo que sea que haya salido -_-*

Nanunita. ¡El SasuNaru es hermoso! ¡Y lo mejor! Es de verdad :3 ¡Gracias por agregar este pequeño fic a tus FF! Espero que la segunda parte también haya sido de tu agrado =)

Sahorii-Chan. Pues ya ves, ¡si hubo una segunda parte! ¡Y especialmente dedicada para ti! Con mi cariño, Zaphy :P

ddeiSmile. ¡Y yo ame que lo amaras! X P

Ro 91. Pues se hace lo que se puede n/n. Ya sabes que cualquier cosa que haga caerá primero en tus manos, querida. Las gracias sobran =), al contrario, gracias a ti por apoyarme :P

kaRura-UchihaI-wtf. ¡Gracias! No quiero hacer publicidad pero… ¡no dudes en pasarte por el resto de mis fics! Si valen la pena ya te veré en los reviews OwO. Y si… el teme ocupa terapia u.u

Ayame Chan. O si, loco, loco, loco, ¡como yo! O_o. Y esta segunda parte es la prueba de lo que tú dices, ¡si hasta sus subconscientes se buscan! :P

ƖƖ Uzumaki Hinamori ƖƖ. ¡Sip! ¡Sasuke-teme está loco! 8 ) ¡Y Zaphy-chan no! 8 ) Ignora ese último comentario -_-* ¡Me alegra que te haya gustado! =)

luna. Es un gran placer para mí informarte que los fondos recolectados fueron suficientes para conseguirle un psiquiatra decente al Uchiha, lo difícil ahora es conseguir que vaya a sus terapias u.u Por fortuna, cierto kitsune me está ayudando a convencerlo :P

X-x-YukO-x-X. ¿Ligera? U.u Pero bueno… una buena internada diría yo :P ¡Gracias por tu review! =)

Lenay-chan. Efectos colaterales del Sharingan, según creo u.u De hecho de ahí obtuve la idea, cosa que al parecer es muy obvia u/u, pero bueno… ¡Hare lo posible por mejorar! :3

YO. ¡Me alegra que te haya gustado! :3 ¡Gracias por reviewiarme! :3

. Ja ja ja, yo también me reí de la cara de Malo Sasu-chan, pero ahora es tiempo de que tome una de su propio chocolate oOo ¡Qué bueno que te gusto! n/n

Meimi Taisho. Pues en esta segunda parte hubo más de ese Chibi-malo, aunque ahora saque su lado más sensible u.u Espero que no te haya molestado el cambio de actitud n.n

Lanasheya. Ciertamente extraño es una palabra que escogería para describirlo, es de las cosas más raras que he escrito hasta el momento u.u ¡Gracias por tomarte la molestia de dejarme un comentario! n.n

hiromihyuga24: Gracias, espero que este tambien haya sido de tu agrado n.n

Bien, AVISO ESPECIAL. Pongamoslo asi, me voy unas semanas a un lugar donde no hay computadora hasta algunos kilomentros, asi que no podre actualizar en dos meses, cuando menos, ya que despues viene el inicio de curso. Me voy a mas tardar el 7 de enero, asi que, como no quiero desaparecer nada mas asi... voy a actualizar todo lo que tengo, TODO. Me trajo de vuelta, Yoko, Hemorragia, Escuchame con los ojos... Cada hora, o cada dos horas. No se... suena chantagista, pero eso ya dependera de ustedes :P La encuenta sigue en pie!

Zaludos

Zaphy

Sela Yal than Rami usa te, finta Zaphyrla... Temo si la ura le