Capítulo 4
La herida del demonio
Kyoto, Japón.
Ya era de noche al momento en que Kurama y Yusuke regresaron al Ningekai. Ambos estaban en la estación de trenes aguardando el que tenía como destino Mushiyori.
- Esperar, esperar ¡odio que Koenma haga eso!
- No podemos hacer otra cosa hasta saber dónde está nuestro enemigo y qué es lo que planea. Es lo mejor que podemos hacer además de estar alerta a cualquier señal fuera de lo normal.
- Si no queda de otra… -dijo cruzando los brazos detrás de su cabeza.- Oye, ¿qué fue lo que te dio Koenma?
- ¿Esto? –preguntó sacando el frasco de la bolsa de su saco.- No es importante.
- Mmmm… Si tú lo dices.
- No te preocupes Yusuke, te aseguro que no es nada que no pueda manejar.
Ambos vieron la luz del tren llegando al andén.
- Kurama, podrías avisarle a Kuwabara lo que sucede, yo debo ir a ver a Keiko o estará molesta conmigo el resto de la semana.
- ¿Le hiciste algo?
- Me salí de clases para ir a buscarte, ya sabes cómo le molesta que haga eso.
- No te preocupes, yo le informaré.
El tren se detuvo por completo, y las puertas se abrieron.
- Mantenme al tanto ¿quieres? –dijo Kurama entrando a uno de los vagones.
- No te preocupes –alcanzo a decir antes de que las puertas se cerraran, y el tren se puso en marcha.
Adentro, y mientras dejaba atrás la ciudad, Kurama volvió a poner atención en el frasco que traía
Flashback *
- Ese, es el jugo de una fruta que recién descubrí en el makai. Uraurashima la uso contra ti luego de su ataque de niebla, pero da mejores resultados si se bebe.
- ¿Por qué nos estás dando esto, Susuki?
- Hace mucho tiempo quise enfrentarme a Toguro, creí que podría vencerlo, había entrenado para hacerlo… Pero no pude ni hacerle un rasguño: él, usando apenas un treinta por ciento de su poder casi acaba conmigo, tuve que suplicar por mi vida. Desde entonces, comprendí que no sería yo el indicado para vencerlo, y guarde la esperanza de que un día llegaría la persona que podría hacerlo. Quiero creer que hay alguien más fuerte que Toguro y todos los de su equipo. No sé si realmente sean Ustedes, pero al menos sé que no fracasaran como yo lo hice ¡pero no se confundan! No me estoy poniendo de su lado. Yo solamente les doy estos objetos, ustedes deciden si los usan o no.
Fin del recuerdo
Alzo la vista fijándola en el vidrio, percibiendo su reflejo, el de su verdadera naturaleza.
Flashback 2 **
- Había escuchado que fuiste herido de muerte ¡pero jamás creí que en tu desesperación huyeras al mundo humano!
- ¿Para eso me hiciste venir?
- Tan frio como siempre ¿verdad Kurama? Pero tienes razón, te pedí que vinieras como una muestra de lo mucho que recuerdo y aprecio el pasado, cuando aún podía ver. Tú sabes que la muerte de Raizen no está muy lejos, y cuando él desaparezca, muchos demonios, Mukuro incluida, tratarán de ganar la supremacía del Makai.
- Debo suponer que no vas a quedarte atrás.
- En este estado, levantar mi reino me llevó bastante tiempo. Pero cuando al fin lo logre, ya tenía la fuerza para enfrentarme a todos esos monstruos que en el pasado no pude… Es increíble lo que pueden llegar a hacer con tal de que uno les perdone la vida
Una puerta que estaba tras ellos se abrió de pronto. Kurama tuvo que hacer un esfuerzo para no sorprenderse: frente a él, un demonio estaba encadenado, con signos evidentes de una fuerte y extensa tortura
- Este es el culpable de que yo haya quedado ciego –Yomi se acercó a él.
- ¡Por favor! Ya fue demasiado ¡Ya, acaba conmigo!
- Una última pregunta ¿recuerdas cómo era el youkai que te pago para hacerme esto?
- Era un sujeto de cabello plateado y mirada fría… él, él dijo llamarse Youko Kurama ¡ARGGGGH!
En ese momento, el demonio caída decapitado, a manos de Yomi.
- No debes temer, no te guardo rencor por eso. Me lo merecía, gracias a ello aprendí el valor de la obediencia, la primera ley de mi reino. Digamos que de no ser por esa lección, no sería lo que soy ahora. Y es por eso, en pago a esa deuda, por los viejos tiempos, que te ofrezco unirte a mi ejército: ayúdame a conquistar las tierras de Raizen y a enfrentarme a Mukuro.
Kurama aún veía sorprendido a Yomi.
- ¿Qué pasaría si me negara?
- ¡Ay, Kurama! Creo que tu mejor que yo estas consciente de que muchos accidentes en el mundo humano son causados por los demonios ¿y sabes? Sería una terrible noticia que un avión, entre los cuales va una pareja de recién casados, cayera al vacio sin razón aparente ¿no lo crees?
- ¡Cómo te atreves! –dijo Kurama apretando los puños.- ¡No te atrevas a hacerle ningún daño a mi madre!
- No lo haré si aceptas mi propuesta ¿qué dices?
Fin del recuerdo.
Y luego de eso, cuando tuvo la oportunidad, traicionó una vez más a Yomi, aceptando el plan de Yusuke para llevar a cabo un torneo que determinaría quién debía reinar sobre todo el Makai.
En su última pelea decidió dejar en el ayer, de una vez y para siempre, su vida como el legendario bandido del Makai. Lo que hizo, la forma en que vivió, parecía no dejar de perseguirlo, y lo que menos quería en ese momento era arriesgar la vida de Shiori, su madre humana. Pero parecía que cuanto más trataba de alejarse, más era perseguido por el pasado
"No podré mantener esta apariencia humana –dijo para sí.- Pero esperaba tener un poco más de tiempo"
Su celular sonó en ese momento.
- Hola madre… Si, no te preocupes, ya voy camino a casa… Claro…Estoy bien… No, no me ocurre nada… De acuerdo… Yo también te quiero, Madre.
"El problema es, que yo no quiero marcharme…"
El tren seguía su camino.
Grecia
Santuario de Atenas
Shun estaba reunido con Hyoga, Saga y Máscara Mortal en el Salón Dorado, el sitio en el que los caballeros de oro solían efectuar sus reuniones. Estaban ahí coordinándose para custodiar el Santuario, pues su turno empezaba en menos de media hora.
- Lamento el retraso –dijo Aioria, reuniéndose con ellos.- Dulantei no quería irse a dormir, me hizo perseguirlo por todo el campo de entrenamiento.
- No te preocupes, por cierto ¿quién estaba cuidando los dormitorios de los aprendices?
- Seiya estaba ahí hace rato.
- Dudo entonces que esos niños vayan a dormirse pronto –afirmó Hyoga.
- Pues más vale que lo hagan –protesto Máscara.- ¡No pienso ir a arrullar mocosos rebeldes toda la noche!
- No lo harás –afirmó Saga.- Recuerda que Kiki está con ellos, pero aún así, creo conveniente darles una vuelta en el transcurso de la noche, solo por si acaso.
- Creí que Kiki aún estaba en Aries –comentó Shun.
- No, Mu creyó que lo mejor para él era que adquiriera una responsabilidad, y ahora tiene una habitación en las estancias de los aprendices… aunque creo que el enano no está muy feliz con esa decisión.
- Es una etapa, ya se acostumbrara.
- Esperemos ¿y qué han decidido?
- Pues, Máscara se quedara con los campos de entrenamiento y el Coliseo; Hyoga hará guardia en el templo y el cementerio… Estamos viendo quienes nos quedamos con los límites del Bosque y Cabo Sunion, la entrada y…
- ¡Shun! ¡SHUN NO VAS A CREER ESTO! –dijo Seiya, que entró corriendo y casi choca contra la mesa en que estaban los Caballeros.
- ¡Seiya pero que maneras son esas de interrumpir! –le regañó Saga.
- ¡Qué no sabes que la maldita puerta existe por algo! –agregó Máscara muy molesto.
- ESPERO tengas una muy buena explicación para haber entrado de esa forma –inquirió Aioria. Sus otros dos compañeros solo lo vieron, apenados.
- ¡Lo es! Shun ¿a qué no sabes a quién vi hace rato dirigirse a la casa de Aries?
- Seiya, no crees que… -empezó a regañarlo Saga.
- ¡June regresó al Santuario!
- ¡¿De verdad?! –preguntó Hyoga, igual de sorprendido que el resto
- ¡Mira nada más QUE SUERTE tiene algunos! –le dijo Máscara.
- ¿E-estas se-seguro? –Shun estaba que no se lo podía creer.
- ¡Completamente! Iba con Marín, aunque ella no portaba su armadura sino ropa de entrenamiento ¡pero te dijo ERA ELLA!
- Es extraño ¿por qué Atenea o Shion no mencionaron nada al respecto? –Preguntó Saga a Aioria.- ¿Tú sabías algo?
- Shun qué esperas ¡VE A SALUDARLA! –le animo Seiya.
- Tendrá que ser en otro momento –replicó Saga.
- ¡Pero…!
- Nosotros estamos a punto de iniciar nuestra guardia, no podemos dejar nuestras obligaciones por nuestros intereses personales.
- ¡Será solo un momento!
- Saga tiene razón, Seiya –dijo Shun para calmarlo.- El que un miembro de la Orden parta o regrese, no es motivo para descuidar nuestras actividades.
- Esta bien –asintió Seiya, no del todo conforme.- Lo lamento, adiós –el caballero abandonó la habitación.
- Gracias por pasar a saludar ¿en qué estábamos? –Saga, Hyoga y Aioria le dedicaron una no muy amable mirada a Máscara, pero a este pareció no importarle.
Shun, en cambio, se había quedado pensativo
"Ya debe haber olvidado todo, de otra forma no me explico que haya vuelto sin decirme nada"
- ¿Shun? –llamó Hyoga su atención.- ¿Estás bien?
- De maravilla, Saga ¿te molesta si yo vigilo los límites del Bosque y Cabo Sunion?
- ¿Seguro? Eso ya está un poco más alejado del recinto.
- Estaré bien.
- Como quieras.
Saga continúo con los preparativos para relevar al turno de Aldebarán, tratando de ignorar el cambio de actitud de Shun ante esa noticia; este, por su parte, no estaba seguro de cómo reaccionar en el momento que estuvieran de nuevo frente a frente
¿Qué tanto habría cambiado durante esos dos años?
Meikai
8va Prisión
Radamathys salía de Caina con rumbo a Guidecca. Hacía una semana, desde que fue su señor fue al Reikai, que lo veía más intranquilo de lo normal. Conocía los motivos de sobra.
¿Cuántos siglos habían transcurrido? Quizá seis o siete, tal vez un poco más. Recordaba vagamente el rostro de Yakumo, pero no olvidaba la magnitud de sus poderes: no en pocas ocasiones, mientras el youkai había reinado el Meikai, sus diferentes opiniones y puntos de vista los resolvieron mediante golpes. Y estuvo más que complacido cuando Hades regresó y, literalmente, humillo a Yakumo, demostrando que por eso ÉL era el dios del Inframundo.
- Juro que te mataré con mis propias manos en cuanto se presente la oportunidad –amenazó en el aire.
En Guidecca, Hades estaba sentado en el salón principal, con los ojos cerrados. Por más que daba vueltas al asunto, no lograba entender cómo el youkai logró burlar a los guardianes del Tártaro y escapar frente a sus ojos.
Alzo la vista al sonido de pasos acercándose al salón. La puerta se abrió y cerró a la misma velocidad, y una forma comenzó a avanzar hacia él rápidamente, venía envuelta en una capucha que cubría su rostro. Sabía que no era un enemigo, esa presencia le era conocida, sin embargo, tenía algo que le resultaba extraño, casi hasta diferente.
- Mi señor Hades –hablo con voz ronca, pero igualmente le reconoció.
Hades se puso de pie, bajando los algunos de los escalones, hasta quedar al mismo nivel de aquel visitante.
- Giges ¿Qué es lo que ocurre?
El hecatónquiro se quito la capucha, dejando ver cicatrices de distintos tamaños por todo su cuerpo, de algunas incluso aún brotaba sangre. Hades se sobresaltó al ver el estado en que se encontraba.
- ¡Por Zeus, qué te ha ocurrido!
Pero para sorpresa suya, el hecatónquiro empezó a convulsionarse frente a él; parecía que su cuerpo era una masa viviente ya que algunos brazos desaparecían o se fundían con otros, mientras perdía tamaño y volumen.
Radamanthys, que estaba ya a las afueras del templo, sintió una descomunal energía emanar del mismo sitio en que estaba el cosmos de Hades. Subió las escaleras lo más rápido que pudo, pero la entrada principal se cerró en ese momento.
Empujo la puerta haciendo uso de cosmos, sin embargo, era como si la hubiesen sellado por dentro.
- ¡Maldita sea! –dijo golpeando con su puño la puerta.- ¡Minos, Aiacos! –grito al mismo tiempo que encendía su cosmos para dar la alerta
Adentro, Giges terminó de transformarse. Frente a Hades estaba un hombre de aparentemente unos 30 años, de tez morena y cabello blanco; portaba una armadura con una apariencia entre piedra y hueso que cubría sus hombros, brazos parte de la cara y de su cintura hacia abajo. En el pecho, todo el ropaje parecía estar unido por una pequeña calavera.
- Yakumo –Hades parecía estar y no, sorprendido.- ¡Qué le hiciste a Giges!
- Tus amigos, igual que tus guerreros, son bastante tontos ¡Ahora entiendo por qué tu sobrina te ha derrotado una y otra vez! –exclamó burlonamente
- Eso no responde a mi pregunta ¡Qué Fue Todo Eso! –Bajo los escalones hasta quedar a nivel del suelo. Visiblemente, Yakumo le sacaba algunos centímetros.- ¿Cómo pudiste escapar del Tártaro? Nadie jamás lo ha logrado de no ser con ayuda…
- Y eso, fue justamente lo que recibí –la cara de asombro de Hades provoco que Yakumo riera cínicamente.- No Hades, nadie te ha traicionado, como te dije, tontos, pero fieles debo admitir.
El youkai le dio la espalda a Hades, al sentir el cosmos del Kyoto activarse.
- Wyvern sigue siendo bastante lento.
- ¿Qué es lo que pretendes? –el dios empezaba a sentirse molesto.
- Mi venganza, eso es todo… He pasado milenios planeando, esperando pacientemente para tomar el dominio del Reikai. Pero después de que te fuiste, los poderes, los secretos que el Meikai guarda, terminaron por seducirme del todo.
- Esa fue justamente la causa de tu derrota ¿lo olvidas?
- De la misma forma que ha sido la tuya, Hades. Ambos somos ambiciosos, pero nuestra principal diferencia es que tú, por culpa de tus mediocres posesiones, conoces los patéticos sentimientos humanos. Eso es lo que nos hace diferentes, es por eso que al final yo dominaré, incluso sobre el mundo humano.
- Sé sincero conmigo: el mundo humano no te interesa en lo más mínimo. Solamente lo anhelas porque será la fuente de comida de tu ejército, el que planeas conseguir en el Makai.
- Parece que me conoces bastante bien… y solo por eso, te diré lo que ocurrió con tu amigo: se convirtió en mi cena.
Hades no podía dar crédito a lo que estaba escuchando.
- Eso… cómo rayos…
- Cuando nací no era más que un insignificante niño sin poder alguno, muy por el contrario, tenía un apetito voraz: todo lo que cruzaba en mi camino se convertía en mi alimento. Y fue entonces, que me di cuenta del gran poder que tenía.
- ¡Yakumo! –alcanzaron a escuchar desde la entrada.- ¡SÉ PERFECTAMENTE QUE ESTAS AHÍ! ¡No te atrevas a dañar al señor Hades si deseas seguir con vida!
Una y otra vez, fuertes golpes retumbaron contra la puerta
- Cada demonio que devoraba -continuo ignorando a Radamathys,- cada aparición que entraba a mis entrañas, me hacía más fuerte, más poderoso. El ansia de comer fue disminuyendo, pero mi sed de poder no se apagaba… Ese monstruo cometió el error de acercarse demasiado, el resto ya lo sabes.
El dios apretó los puños
- ¡Eres un…!
- ¿Un maldito?, ¿un cobarde?, ¿un malnacido? –nuevamente Yakumo rio con descaro.- ¡Por favor, Hades! Tu menos que nadie puede juzgarme. Has causado más daño y dolor del que yo hasta el momento. Pero cometiste el error de traicionarme…
Del interior de la mano de Yakumo emergió lentamente la hoja, y después la empuñadura de una espada. El dios la reconoció de inmediato.
- ¿Sorprendido?
- ¡No es posible que hayas conseguido mi espada tan fácil! ¿A cuántos más has devorado?
- Solo a éste, pero al hacerlo, absorbí completamente su esencia, por ello nadie noto mi escape, hasta muy tarde.
"Maldita sea, sin mi armadura soy blanco fácil"
- No lo tomes personal, pero, entre menos estorbos haya en mi camino, más rápidamente instalaré mi propio reino –Yakumo alzó la espada, amenazando a Hades.
"No debo permitir que salga de aquí"
- ¡Hasta aquí llego tu reinado, Hades!
Afuera, la explosión de cosmos contra energía demoniaca fue tal, que lanzó a Radamanthys, Aiacos y Minos, quienes habían tratado de entrar a como diera lugar.
En el Reikai, el rey Enma sintió la energía demoniaca activarse abruptamente.
En Makai, Enki, Yomi, Mukuro y muchos otros youkai presintieron que algo terrible estaba por suceder.
El mundo humano fue sacudido por un fuerte temblor que causo pánico a escala global: ningún aparato fue capaz de determinar qué lo causo, y no hubo sitio en que se sintiera con menor fuerza.
Pero en el Santuario de Atenea, la diosa salía de sus habitaciones, preocupada: un cosmos divino empezaba a apagarse… Y Shun, el elegido para ser el cuerpo de Hades, apenas y había logrado detenerse, recargándose contra un árbol.
Quizá él, más que ningún otro ser, sintió el ataque a Hades en carne propia: ese terrible y súbito dolor en el pecho, como si hubiese sido atravesado por algo, empezaba a manifestarse en una herida sangrante.
- Atenea –fue lo que su cosmos alcanzó a decir, antes de perder la consciencia.
Fin del Capitulo.
N/A:
¡Al fin lo logre! Tuve tiempo, musa, paz y tranquilidad... el resultado ¡El rescate de un capítulo más largo e interesante! Ese pequeño bache al inicio se debía a la necesidad de situar bien a los personajes y sus conflictos para empezar con los problemas.
Si se preguntan por qué Radamanthys empieza a perfilarse como uno de los caracteres principales de la trama, esto se debe a que recién descubrí que el Kyoto y nosotros nacimos el mismo día. Y como digo en mi messenger ¡amen a Radamanthys! Solo por eso tendrá una buena participación y la oportunidad de redimirse, al menos conmigo n.n (Sé perfectamente que esta rata hizo pasar muy malos momentos a mi querido sensei Milo, Mu, Aioria y Kanon, pero al menos hizo algo bueno ¡le dio unas buenas patadas a Seiya!)
Caina: es el templo de Radamanthys. Las figuras en la parte superior del templo son Wyverns.
Wyverns: conocidos también como dragones heráldicos o guivernos (wyverns, en su grafía inglesa, drakontas, y a veces incluso llamados Wind Runners) Son unas criaturas legendarias pertenecientes a la mitología medieval, de mas de 10 metros de largo y enormes alas de murciélago; son capaces de lanzar hechizos y propinar fuertes zarpazos si son molestados.
A diferencia de los dragones, los wyverns por lo general sólo tienen dos patas traseras, su inteligencia es más baja y su vuelo, no tan ágil como el de un dragón, es prácticamente imposible si llevan a una criatura más pesada que ellos. Además, su cola termina en un aguijón semejante al de un escorpión, con un veneno que pocos seres logran sobrevivir. Existe una variante que es más pequeña, en colores negros, verdes, azules, rojos, marrones o grises, que si puede llevar humanos (máximo dos) pero a causa de esto ha perdido su aguijón.
Guidecca: es el templo donde están los aposentos de Pandora y Hades (De casualidad ¿han notado que el templo de Hades se parece a la casa blanca? ¬¬ hasta parece el centro del Infierno)
8va Prisión: Según el mapa de Kurumada, es el sitio donde está el rio Cocytos, y las 4 esferas -Guidecca, Caina, Antenora (templo de Aiacos) y Tolomea (templo de Minos)
Le hago mención de todo esto porque en los siguientes capítulos llegare a usarlos como escenarios.
Hecatónquiros o Hecatónqueros: (en griego Έκατόνχειρες Hekatonkheires o Έκατόνταχειρας Hekatontakheiras) Eran gigantes con cien brazos y cincuenta cabezas, hijos de Gea y Urano. Su padre los arrojó al Tártaro, pero fueron rescatados por Cronos, al que ayudaron a castrar y derrocar a Urano. Tras ayudar a Cronos, éste les volvió a encerrar en el Tártaro, donde permanecieron guardados por Campe hasta que Zeus les rescató. Durante la Guerra de los Titanes, arrojaban rocas de cien en cien a los Titanes.
Al terminar la guerra se establecieron en palacios en el río Océano, convirtiéndose en los guardianes de las puertas del Tártaro, donde Zeus había encerrado a los Titanes. En La Ilíada hay una historia, que no se encuentra en ningún otro sitio, que cuenta que en algún momento los dioses estaban intentando derrocar a Zeus, y éste llegó a ser encadenado por Hera, Atenea y Poseidón (anda pues, y yo que creí que estos dos NUNCA habían llegado a trabajar juntos) PERO fracasaron cuando Tetis invocó a los Hecatónquiros y éstos acudieron en su ayuda. A veces se les considera deidades del mar, y puede que provengan de los pentekonter, barcos con cincuenta remeros.
Los Hecatónquiros eran Briareo ('fuerte'), Giges y Coto ('hijo de Cotito'). Homero también se refirió a Briareo como Egeón ('cabruno'), si bien éste era también el nombre de un dios del mar diferente.
* y ** Estos flashbacks son de escenas ocurridas durante el anime de Yu Yu Hakusho. La primera es casi literal a la traducción que escuchamos en cierto canal privado de caricaturas; el segundo también ocurrió durante la serie, pero este fue modificado en parte porque esos capítulos no los pude ver por cambio de casa en aquella época U.U!!
Gracias por leer!
