¡Hola hola! Siento haberme perdido un poco durante el año nuevo, pero mi banda ancha estaba en el médico y no tenía forma de conectarme, además de que he estado un poco ocupada y tiempo de escribir no he tenido realmente, pero no quería dejar de felicitarlos porque juntos llegamos a un año más. Yo le tengo mucha fe a este 2011 en el que nada esta escrito aún, así que hagamos de este el mejor de nuestras vidas: rían mucho, viajen a tantos lugares como les sea posible, coman todo lo que quieran, duerman, hagan ejercicio, bailen, griten, corran, vuelen si quieren, pero no se olviden de vivir y ser felices, que después de todo es a lo que se viene a este mundo. ¡Feliz año a todos!
DISCLAIMER: Saint Seiya Ⓡ Original de Masami Kurumada. No se hace uso de nombres ni caracteres con fines de lucro.
Todo hecho aquí narrado es meramente ficción. Cualquier parecido con la realidad, personas vivas o muertas, es total y mera coincidencia.
Celebraciones
IV. Regreso al hogar
La luz de la luna se reflejaba en los blancos templos del Santuario, tanto, que parecían brillar como los modernos edificios de la ciudad que rodeaba su casa. Eso era para él. Su casa. Ahí se educo, creció, aprendió, y por un tiempo tuvo amigos y un padre. Más todo eso se lo llevó la sombra que llegó la noche anterior, la misma que le arrebato a las dos figuras que más había admirado hasta ese momento: Aioros de Sagitario y Shion de Aries.
Si, aún era así. Porque él todavía no era oficialmente un caballero. Era de hecho un aprendiz un poco más adelantado que los otros, pero seguía siendo un muchacho de trece años, y hasta no cumplir los catorce no podía reclamar la armadura como suya, por tanto, Shion seguía siendo caballero de Aries y Patriarca del Santuario.
Siempre lo sería para él. Aunque hubiera muerto y sepultado en privado por el nuevo señor del recinto, Arles, quien decía haber sido preparado en secreto y designado por el propio Shion para ocupar su lugar. Y todos parecían aceptarlo ciegamente. Él debería hacerlo también, y posiblemente lo hubiera hecho de no haber visto y oído lo que ocurrió en el templo de Géminis unas horas antes de la muerte de Shion.
Por tanto, esa ya no era su casa. No podía vivir en un lugar que traicionaba todo lo que le enseñaron, que destruía lo que debían defender, que los hacía actuar unos contra otros cuando deberían estar hombro con hombro oponiéndose a la sombra. La luz ya no estaba en ese lugar, y él tampoco lo estaría. Tomó la armadura de Aries de la cámara en que estaba resguardada y se teletransporto de nuevo al primer templo.
Respirando agitadamente por el esfuerzo que implicaba romper el cosmos que hacía que teleportarse fuera imposible para quien no estuviera bien preparado, miro en dirección al templo del Patriarca. No tardarían en darse cuenta de la desaparición de la armadura, subió rápidamente a su habitación y tomo solo las cosas con las que había llegado del Tibet: el rosario de su madre, la brújula de su padre, y claro estaba, el hermoso libro de leyendas griegas que Shion le había regalado por su onceavo cumpleaños. No podía llevar más con él aunque quisiera, teleportarse con la armadura a cuestas era más difícil que con ella vistiéndolo, y como esta no lo había reconocido aún como su portador esa posibilidad estaba fuera de su alcance. Atrás dejaba los pocos objetos de su niñez, sus amigos, su casa...
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De nuevo en Jamir. Aunque esta vez solo. No estaba Shion para guiarlo en el entrenamiento. No estaba Caleb para prepararles la cena, no estaba Dreide para enseñarle sobre sanación, no estaban Shizuki y Seiji para jugarles bromas a los otros... Todos se habían ido a la ciudad oculta en los Himalayas, a donde él no podía ir o arriesgaría a todos los lemurianos a contraer de nuevo esa extraña enfermedad que casi los extingue, y a la cual era inmune por haber nacido y crecido entre humanos. Estaba solo y era un paria en el mundo: un peligro para los suyos, y un traidor en el Santuario.
- Pequeño Mu ¿eres tú? -volteó en dirección a la voz que conocía su nombre. Se sorprendió de encontrar a alguien ahí.
- ¿Señora Kairi? -la mujer de largos cabellos rojizos salió de la torre que sirvió de punto de reunión de los lemurianos en los días antiguos.- ¿Qué hace aquí? Yo creía que todos se habían ido.
- No pude irme, es peligroso para mi hacer ese viaje por el momento -entonces Mu se dio cuenta.
- ¿Un bebé?
- Kirkelen esta adentro también, vamos, veo en tus ojos que llevas una pena en el corazón.
Por un momento se permitió una sonrisa, el mundo ya no le pareció tan oscuro. Había perdido una casa, pero ahora estaba en su hogar.
N de A:
1- Como notaron, adelante unos años la edad de Mu. Ya saben, mi eterno trauma es las edades de los caballeros.
2- Siempre me imagine que los lemurianos se habían ido a algún otro lado, sino ¿de dónde salió kiki?
3- Hablando de Kiki, en algunos otros fic he visto el nombre de Kirkelen refiriéndose a él ya como adulto o adolescente, y hasta como su apellido. A mi me gusto para el nombre de su padre. Y si alguien me recuerda donde lo leí se los agradeceré mucho.
4- La genética lemuriana debe ser diferente a la de los humanos, y me imagino que nosotros debemos tener desarrollados anticuerpos que ellos quizá no. Dado que ellos envejecen más lentamente supongo que si alguna enfermedad los ataca, su sistema inmunológico reacciona tardíamente. Digo, son solo suposiciones, ya no veré tantos capítulos de ER, Criminal Minds, Bones y todas esas series que me hacen pensar, veré Glee y pondré a los goldies a bailar al ritmo de Madonna... XD, es broma -lo de bailar solamente- porque si veo Glee :P soy un caso perdido.
¡Mil Gracias por leer y sus reviews! Los estaré contestando en estos días :D
