DISCLAIMER: Saint Seiya Ⓡ Original de Masami Kurumada. No se hace uso de nombres ni caracteres con fines de lucro.
Todo hecho aquí narrado es meramente ficción. Cualquier parecido con la realidad, personas vivas o muertas, es total y mera coincidencia.
Celebraciones
V. Flor de noche buena
Sermersooq, Groenlandia.
El entrenamiento en Dinamarca había sido mucho más sencillo que en ese "inmenso pedazo de roca helada" que ahora llamaba casa. Claro que nunca esperaba que fuera tan simple todo el tiempo, pero cuando su maestro dijo que las cosas se iban a poner "más intensas" esperaba algo como golpes más fuertes u horas de entrenamiento más extensas, no un clima inhóspito en el que mantener con vida las rosas se volvía realmente frustrante.
"¡Es imposible que las rosas sobrevivan a este clima!" le grito en más de una ocasión a su maestro mientras veía impotente sus rosas muertas en el intento de invernadero que le obligaron a construir. "Eso significa que tu cosmos no es lo bastante fuerte. Esas rosas son una extensión de tu poder, si tu eres débil ellas también lo serán. Y mientras no seas capaz de hacer que sobrevivan, no eres digno de ser mi alumno".
Así que Afrodita no solo no tenía rosas, tampoco tenía maestro. Porque las flores que tenía que mantener con vida eran rosas diabólicas, rosas piraña, rosas sangrientas y todas sus demás variedades, sembradas intencionalmente para poder fabricar el veneno que debía beber para poder ser inmune a sus propios ataques. Todo se reducía a un circulo de supervivencia: el caballero de piscis podía crear flores venenosas, pero para hacerlo debía beber ese veneno e incorporarlo a su organismo, de otra forma solo obtendría flores para decoración.
- Debo ser el peor de los aprendices de esta generación -dijo tomando las herramientas para arrancar las plantas congeladas y dejar de nuevo el terreno listo para su siguiente intento. Antes de que su Maestro se fuera, le gustaba torturarlo -o mejor dicho humillarlo- narrándole con detalle los progresos de sus futuros compañeros de rango.
"Hasta el hermano del traidor ha avanzado bastante para no tener maestro. El otro día vapuleó al aprendiz de escorpión, como si estuviera peleando contra un peón y no con un futuro caballero dorado" -recordó lo último que dijo su maestro antes de marcharse, hace casi dos meses.
- ¡Viejo amargado! -grito lanzando su ataque contra el suelo, y los brotes empezaron a salir lentamente de la tierra. Las plantas no debían crecer en ese mismo momento, sino desarrollarse y crecer durante la noche -cuando el frío era más intenso- de lograrlo, significaba que estaba listo para la última fase de su entrenamiento.- Más vale que no se mueran ¿me oyeron? -grito a los pobres brotes como si fueran a contestarle, y se metió a la cabaña. Esa era la conclusión del día.
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Regresaba a su cabaña -como siempre- luego de hacer sus actividades diarias, las cuales consistían en comprar comida fresca en el mercado de la ciudad, una hora de carrera, ejercicios de resistencia, levantamiento de pesa y perfeccionamiento de sus ataques. Lo cierto era que retrasaba todo lo posible el momento de ir al invernadero, pues estaba seguro que de nuevo sus esfuerzos no darían resultado.
Pero cuando ya no hubo pretextos, tomo resignadamente sus herramientas y salió al invernadero. Sobra decir que al verlo, todo lo que llevaba en sus manos había caído al suelo: frente a él se levantaban flores blancas y rojas, todas con el tallo fresco y emitiendo el tan mortal polen que desprendían con el frío aire de la tarde. Lo había logrado, las flores estaban vivas... pero al acercarse un poco más vio algo que lo dejo aún más sorprendido. Ahí, en medio de ese campo de muerte, crecía también una flor que para él,significaba esperanza.
- Poinsetia... -dijo en susurro, desenterrando la planta y llevándola adentro.
La flor que había crecido entre las rosas, era mejor conocida como flor de Noche Buena. Una planta asociada a la esperanza, como él lo recordaba.
Había crecido entre plantas y flores, acompañando a su madre mientras trabajaba en un inmenso invernadero en Dinamarca. De entre las cientos de personas que día a día hacían florecer de forma espectacular rosas, girasoles, tulipanes, crisantemos y muchas más, solo su madre era capaz de lograr flores de Noche Buena resistentes, listas para florecer cada año y seguirse viendo espectaculares aún sin esas hojas rojas que no siempre fueron sinónimo de sangre y muerte para él.
Terminó de acomodar la planta en su nuevo hogar al interior de su cuarto. Mañana tendría que partir en busca de su maestro que -esperaba- siguiera en algún lugar tierra adentro, hacia el norte. Debería rastrearlo con su cosmos, quizá no regresaría durante semanas, quizá tendría que regresar a Dinamarca, quizá tuviera que humillarse ante el patriarca... pero todo estaría bien, dentro de él, aún había esperanza.
