Hola! Cumpliendo con lo pactado, les traigo el 2º capi de esta breve historia, sigue la angustia, la incertidumbre…. el amor de hermanos. ¡Y también está Bobby! Please, dejen coments si les ha gustado….

Y a los que ya dejaron su comentario ¡GRACIAS, GRACIAS!

CAPÍTULO II

ANGUSTIA

Las horas habían transcurrido lentas, pesadas, cargadas de augurios y presagios terribles. La soledad se hacía más desesperante a medida que avanzaba la noche. Dean se había quedado al lado de Sam, decidido a no moverse hasta que su pequeño hermano despertara.

- Dean, Dean –era Bobby palmeándole el hombro al mayor de los Winchester- te he traído un poco de sopa. Tienes que comer algo. Has estado allí por horas.

- Gracias, Bobby –respondió Dean con mirada agradecida, sonriéndole con tristeza al anciano cazador.

- ¿No vas a tratar de dormir un poco?- el tono de preocupación era bastante notorio en Singer.

- No. Ni loco dejo a Sam en estas condiciones y no te ofrezcas porque no acepto que te quedes a velar su sueño. Esa es tarea mía y quiero hacerla. ¿Has entendido, Bobby?

El viejo hizo un gesto en señal de asentimiento y tocando suavemente a Dean en el hombro, se retiró.

-Buenas noches, hijo.

- Buenas noches para ti, Bobby.

Unas horas más tardes, Dean Winchester cabeceaba muy en contra de su voluntad con su espalda recostada en el camastro donde reposaba Sam. El menor se veía tranquilo, calmo, un poco pálido tal vez, pero su respiración denotaba una gran calma. Parecía descansar por fin luego de tantos meses sin hacerlo. Y esa escena hizo que Dean poco a poco se fuera tranquilizando hasta apoyar su cabeza y brazos cerca de los brazos del menor, de modo tal que podía dormitar sin perder el contacto con su hermano. Antes de que se pudiera dar cuenta, se hundió en la inconsciencia él también. Era una escena bastante tierna y peculiar: el menor de los hermanos tendido cuan largo era en la angosta cama, perdido en un sueño sin sueños, profundo, reparador. El mayor en cambio, medio cuerpo en el suelo, sus piernas encogidas y medio cuerpo sobre el camastro, dormido con su cabeza y brazos apoyados en los de su hermano.

Lo despertó un quejido suave, leve, tan bajo que era casi inaudible para un oído humano. Pero no para él. Se había dormido con todos sus sentidos alerta, esperando ese momento. El momento en que Sam recuperara la conciencia, el momento en que pudiera mirarlo a los ojos y darle la bienvenida a este mundo, como había hecho tantos años atrás cuando lo viera por primera vez en brazos de su madre.

- Mmmmmm me due-duele- fueron las primeras palabras de Sam Winchester.

- ¡Sam! ¡Sam! ¿Qué te pasa? ¿Qué te duele, hermano? Aquí estoy…

- ¡No, no, no! Sam comenzó a revolverse inquieto en su cama, los ojos cerrados, como si una potente luz le impidiera abrir sus párpados. ¡Ahhhhhhhh! ¡Ahhhhggggg! -los sonidos guturales brotaban de la garganta del más joven de los Winchester sin que el mayor pudiera hacer algo para aliviar el sufrimiento que aparentemente padecía el chico.

- ¡Saaam! ¿Qué tienes, chico? ¿Qué sientes?- casi gritó Dean al borde del pánico.

- ¡No voy a decir que sí! ¡No seré el envase de ningún ángel caído!- las palabras brotaban pastosas pero claras de la boca del menor.

- ¡Tranquilo, Sam. Ya todo ha pasado!- Dean trataba de tranquilizar a su convulso hermano.

- No, no, no! ¡Váyanse! ¡Déjenme!- repetía Sam moviendo sus manos, tratando de alejar de él invisibles fantasmas que en ese momento lo atormentaban.

El joven Winchester seguía con sus ojos cerrados, revolviéndose inquieto cuando Bobby llegó a su lado. Mirándolo y revisándolo rápidamente para tratar de entender lo que le sucedía, el cazador llegó a la rápida conclusión de que el chico alucinaba o deliraba.

- No tiene fiebre, por lo que no creo que esté delirando, Dean.

- ¿Entonces qué quieres decir? ¿Está loco?- preguntó el mayor casi enloquecido de desesperación. ¿Por qué alucina? ¡Bobby! ¡Dime algo más! ¿Es que acaso la pared de Muerte no ha funcionado?

Mientras así decía, las piernas le flaquearon al mayor de los hermanos y fue Bobby quien prontamente lo sujetó, tomándolo por los hombros y asegurándose que no cayera.

- Tienes que calmarte, chico. De este modo no ayudas a Sam. Vamos a pensar en lo que le sucede.

- Está bien, está bien- la respuesta le llegó a Bobby en medio de breves inspiraciones que Dean realizaba tratando de equilibrar su psiquis, asustado como estaba al ver a su hermano alucinar sin tener la menor idea de dónde se hallaba ni por qué.

- Mira, la pared que Muerte le ha instalado en su inconsciente es muy nueva aún. Es imposible que no funcione. Sólo dejará de funcionar si Sam se empeña en hurgar en sus recuerdos. Y te aseguro que eso no lo ha hecho aún. Creo que sólo es su cuerpo que está reaccionando a su alma, como lo que sucede cuando te aplican una vacuna: tienes una reacción atenuada e inocua de la enfermedad contra la que te han vacunado. Es una especie de adaptación del cuerpo al alma. No te olvides que no ha dormido en casi un año, Dean- el cazador explicó todo esto sentado al borde de la cama del chico, con Dean mirándolo y oyéndolo como si estuviera revelando los secretos del universo. Y es que para Dean, entender lo que le sucedía a su hermanito era mejor y más importante que conocer el más recóndito de los secretos universales.

Más tranquilo luego de la explicación de Bobby, y mientras éste iba por una botella de agua, Dean se quedó allí mirando el rostro contraído y angustiado de su hermano menor: había regresado, sí, lo había traído de vuelta…otra vez. Pero ¿a qué precio?

- ¿Qué te hice, Sammy?- preguntó Dean mientras le acariciaba la frente quitándole de allí el largo cabello que se empeñaba en cubrir el rostro del menor.

Por la ventana, el amanecer se abría paso y el sol, lento y perezoso, dejaba escapar sus primeros rayos tibios que besaron la frente del enfermo, como queriendo darle consuelo y salud. Los ojos verdes del mayor brillaron aún más que siempre, con una intensidad pocas veces vista, producto de la ansiedad que lo invadía como una marea imparable.