HOLAAA! Aquí vengo, primero que nada a desearles FELIZ AÑO NUEVO! QUE SEA UN AÑO SOBRENATURAL PARA TODOS!

Luego, ya más calmada, quiero agradecer a todos los que han leído la historia y la siguen capítulo a capítulo. Aquí les traigo el nuevo capi. Sigue enfermo el menor de los Winchester y sigue preocupado y angustiado el mayor. Bobby los acompaña. ¿Cómo terminará todo esto? Lean si quieren saber….

CAPÍTULO III. INCERTIDUMBRE

Lentamente el sueño invadió al mayor de los Winchester y unos instantes después –pese a la luz solar que iluminaba la habitación- dormía plácidamente junto a su hermano menor, que seguía inconsciente, pero al menos había dejado de alucinar. Parecía descansar tranquilamente y eso fue lo que calmó al angustiado Dean. Bobby regresó con la botella de agua en sus manos pero no quiso interrumpir el descanso de los hermanos. Sin hacer ruido, se retiró de la habitación.

Unas dos horas después, Dean se despertó con un fuerte dolor en su cuello, producto de la posición en la que se había quedado dormido; viendo que su hermano descansaba tranquilo, decidió prepararse un café en la cocina del anciano cazador.

- ¡Hola, te despertaste! Creí que iba a pasar todo el día cuidándolos a ambos…-el sarcasmo de Bobby no alcanzaba a ocultar su alegría al ver que las cosas parecían marchar bastante bien.

- Descansé un poco, gracias por preguntar, Bobby- el mayor de los Winchester se frotaba el cuello mientras ingería la caliente bebida.

- Sam parece estar bien, Dean. Creo que lo peor ha pasado ya. Tal como te dije, ha sido como una especie de reacción de su cuerpo ante la presencia de una parte que no estaba en él. Como un trasplante. ¿No lo crees?

- Pues… supongo que…

Dean no alcanzó a terminar la frase, pues un fuerte grito proveniente del cuarto donde descansaba Sam le hizo arrojar la taza de café y salir corriendo precipitadamente, seguido por Bobby.

Sam yacía de espaldas, pálido, todo su cuerpo temblaba y sus ojos se movían rápidamente de un lado a otro, como si estuviera soñando. Dando un potente grito, se sentó en la cama, respirando con agitación.

- Dean, yo…¿por qué..? ¿qué es…?- alcanzó a decir antes de que todo su cuerpo comenzara a temblar incontrolablemente.

Dean se apresuró a tomarlo por los hombros, aproximándolo a su propio cuerpo, abrazándolo.

- Ya todo pasó, Sammy. Estás bien. Estamos juntos –fueron las palabras del mayor al oído del menor. No siguió hablando porque se dio cuenta que Sam no lo podía oír. Estaba inconsciente, aunque la convulsión seguía atacando su cuerpo. Pasaron largos e interminables segundos antes de que el cuerpo de Sam se relajara en los brazos del su hermano. Lo peor parecía haber pasado aunque la mirada cargada de angustia de Dean no demostraba eso.

- ¡Saaaam! ¡Sam, dime algo! ¿Qué te pasa?- fueron las pregunta que lanzó el mayor al aire, ya que el menor de los Winchester seguía inconsciente. Minúsculas gotas de sudor perlaban su frente y un ligero temblor recorría todo su cuerpo. Bobby fue quien actuó: tocando en el hombro al rubio, le alcanzó una manta con la que el primero envolvió al castaño. Luego, tocándole la frente, comprendió:

- ¡Tiene mucha fiebre, Bobby!

- Si, hijo, lo veo. Por eso ha tenido esa convulsión. Hay que bajarle la temperatura. Ahora. Voy por la medicina- acotó Bobby seguro de sus palabras.

Y el rubio, sin perder tiempo, mojó una prenda con abundante agua y comenzó a pasarla por la frente y la cara de Sam, que seguía ajeno a todo lo que sucedía con su cuerpo.

- No puedes hacerme esto, chico. No te atrevas a dejarme otra vez. No lo soportaría. Casi muero el año pasado cuando tuve que dejar que fueras al infierno para acabar con Lucifer. Entiéndelo de una vez: no puedo vivir sin ti, no sé hacerlo, jamás he hecho otra vida que no sea esta, hermanito. Cuidar de ti y de papá ha sido todo lo que he hecho en mi vida. Si algo te pasa, yo te juro….

- Nada le sucederá a tu hermano, Dean. Tranquilízate. Te lo repito, su cuerpo tiene que acostumbrarse a la parte que no estaba de él –le dijo Bobby tocando suavemente el hombro derecho de Dean, en un gesto de cariño paternal. El anciano había escuchado todo lo que el rubio había dicho creyéndose a solas con su hermano y aunque no necesitaba oírlo para saberlo, le había dolido sobremanera ver el sufrimiento de quienes consideraba sus hijos.

- Bobby ¿y si su cuerpo rechaza a su alma? Sucede en los trasplantes ¿no? - Dean lo preguntaba con tanta angustia que daba pena verlo.

- Si, es verdad, puede suceder. Pero esperemos que no sea este el caso. Tal vez lo que nos quede sea confiar y esperar…

-¡Menos mal que no te has atrevido a decir "orar"! Esos ángeles hijos de puta no han ayudado en nada. Cada vez que los hemos necesitado, han complicado aún más las cosas. ¡Y ha tenido que ser Muerte quien pudiera ir al Infierno por el alma de mi hermano! ¡Ni siquiera Castiel es sincero con nosotros! –estalló el mayor con los ojos chispeantes de furia y dolor.

- Lo sé, lo sé, Dean.

Unas horas más tarde, gracias a la insistencia de ambos cazadores, la fiebre del menor de los Winchester bajó a niveles tolerables, por lo que comenzó a recuperar la consciencia.

- ¡Dean! ¡De- dean! –llamó débilmente.

- Aquí estoy, Sammy, a tu lado. ¿Cómo estás, amigo? –la mirada del rubio se había dulcificado ante la mirada de su pequeño hermano. Mientras le hablaba, tocó su frente, buscando signos de fiebre y se alegró cuando lo sintió fresco.

- ¿q- qué me ha p- pasado? – el castaño miraba a su alrededor con confusión. -¿Por qué estoy en el cuarto del pánico?

- Hey, yo pregunté primero. ¿Cómo estás? Ya no le respondes a tu hermano mayor…

- Mejor, creo. Pero me duele mucho la cabeza. Siento como un calor que proviene de mi interior – le respondió el menor. –Pero dime, Dean. ¿Qué sucedió y por qué estoy aquí?

- ¿Qué es lo que recuerdas, Sammy? – preguntó con cautela Dean que no se había separado de la cabecera de su hermano desde que comenzara su agonía y que se había dado cuenta que no iba a poder esquivar las preguntas de su hermano.

- No lo sé, todo es confuso. Recuerdo ruidos, imágenes sin sentido. A ti hablándome al oído… -mientras hablaba Sam se tocaba la frente, tratando de calmar el dolor que comenzaba a sentir en sus sienes.

- Tranquilo hermanito, has tenido muchísima fiebre. Por eso estás confundido. Deja que tu mente se aclare y verás cómo recuerdas todo. Las heridas de un cazador necesitan tiempo para sanar. ¿Quieres un poco de agua fresca?

Sam asintió débilmente, cerrando sus ojos. Dean aprovechó para salir del cuarto justo a tiempo para evitar que el chico viera sus ojos llenos de lágrimas y notara su respiración agitada a causa de la angustia.

- ¡Esto no puede ser! –decía unos instantes después frente a Bobby, que lo escuchaba. -¡Voy a tener que mentirle y que ocultarle todo un año de su vida para evitar que se dañe su Muro! ¿Hasta cuándo seguiremos mintiéndonos, ocultándonos cosas? Aunque sea por nuestro bien, eso es parte del daño que nos hacemos mutuamente. Te juro que ya no lo soporto, Bobby- concluyó el rubio triste y angustiosamente.

- Tal vez él solo recuerdo algo de lo que ha sucedido. Tú solo rellena sus lagunas lo más ligeramente posible, hijo. Y ahora concéntrate en su bienestar físico. Necesitamos que se reponga de todo esto. ¿Has entendido, Dean?

- Sí, señor –fue la lacónica respuesta de Dean Winchester, que sacudiendo su cabeza se dirigió hacia el cuarto de pánico con la botella de agua que le había prometido a su hermano. Después de todo él era un soldado. Nunca había dejado de serlo. Y los soldados obedecen sin preguntar. Tal vez era mejor así, porque si él comenzaba a cuestionarse las cosas, los acontecimientos, todo se iría al carajo. Tal vez todo esto se trataba sólo de obediencia, de dejar de pretender desafiar al destino.