Y aquí está el epílogo…espero que les guste, muchísimas gracias por haberme seguido a lo largo de toda esta historia…. Las espero próximamente en otra aventura con los Winchis!
EPÍLOGO
Unos días después, en algún lugar de Estados Unidos…
El potente motor del Impala del '67 rugía con su característico sonido mientras surcaba los solitarios caminos del Oeste. Los hermanos Winchester viajaban en él, silenciosos, ambos absortos en sus propios pensamientos. Dean fue el primero en romper el incómodo y persistente silencio que inundaba el vehículo desde hacía más de dos horas.
- ¿Qué te pasa, Sam?
- ¿Por qué lo preguntas, Dean? No me pasa nada.
- Vamos hermano. ¿Lo dices tú o lo digo yo?
- ¿Qué cosa? No comprendo…
- Estás tratando de recordar, ¿verdad? –el mayor lo preguntaba con visible ansiedad.
- No, Dean. Te juro que no quiero recordar. ¿Y sabes por qué?
El rubio lo miró de reojo sin saber adónde apuntaba la respuesta de su hermano menor. Negó con la cabeza, la vista firme en la carretera.
- Porque te vi sufrir y desmoronarte cuando regresaste de allá abajo, hermano. Hiciste todo lo posible para ocultar tu dolor, el horror que inundaba tu mente de día y de noche. Pero no pudiste, Dean. Recuerda cómo estabas. Y no lo niegues, porque yo estuve ahí, contigo. Te oía sollozar de noche, te veía beber para tratar de ahogar tus recuerdos, y vi lo que le pasó a tu autoestima con todo lo que viste. Así que no quiero pasar por eso. Agradezco a Muerte que me pusiera ese Muro, y te juro que no voy a tratar de averiguar lo que hay detrás de él –las palabras de Sam sonaban sinceras y llenas de una calma que no hizo más que aumentar la ansiedad del pecoso.
Los ojos del rubio se habían puesto brillantes a causa de las emociones encontradas que inundaban su alma, pero aun así le preguntó a su hermano:
- ¿Y entonces, Sam? ¿Qué te pasa? Porque tú me ocultas algo y sabes que no puedes engañarme. Te conozco demasiado bien…
Sam desvió la mirada hacia el paisaje que en ese momento se veía a través de la ventanilla del Impala y guardó silencio. El mayor permaneció callado, esperando. Sabía que era cuestión de tiempo para que el dique que contenía los sentimientos y las emociones de su hermano menor se rompiera y éstos fluyeran libremente. Pasaron varios minutos más así.
- ¿Te acuerdas cuando íbamos a emboscar a los skinwalkers que Lucky había citado en ese viejo almacén? –preguntó Sam.
- Ajá –respondió el mayor sin comprender adónde iba la conversación de su hermano.
- Tú estabas esperando desde hacía varias horas. Actuabas como un francotirador, muy profesional…estabas listo para disparar y yo estaba a tu lado.
- Si, lo recuerdo, Sam. ¿Qué tiene eso que ver con lo que te he preguntado? – Dean comenzaba a imaginar lo que venía.
- Jamás perdiste la cabeza, preferiste perder el tiro a arriesgar la vida de personas inocentes. Pero yo en ese momento te dije lo que sentía, de verdad lo hice.
- Lo sé. Lo recuerdo perfectamente –fue la calma respuesta del mayor. – Dijiste que tú si nos traicionarías.
Sam lo miró algo asombrado. Después de tantos años juntos, aún se sorprendía por lo bien que lo conocía su hermano. Tragó con fuerza y luego prosiguió:
- Durante varios meses cacé totalmente solo. Y te juro Dean que muchas veces en que hice cosas desagradables y que estoy seguro que tú no aprobarías. No fueron pocas las vidas humanas que puse en peligro para lograr mi objetivo. No sé si pueda vivir con eso…
- Sí que puedes. Claro que sí, chico. Mira, te lo dije y te lo repito. Todos tenemos un pasado sobre nuestras espaldas, todos hemos hechos cosas malas de las que nos arrepentimos. Tú no eres ni mejor ni peor que el resto de nosotros. Es parte de la vida del cazador. Papá también se equivocó, varias veces. ¿Recuerdas?
Sam hizo un gesto de asentimiento. Un nudo le cerraba la garganta. Era difícil recordar y enfrentar el pasado. Pero sabía que tenía que hacerlo para poder seguir adelante. Y tenía el apoyo de la única persona que realmente le importaba. El único que siempre había estado con él. Y si Dean no lo juzgaba, tal vez…
Dean lo miró, le sonrió de medio lado y luego de palmearle la rodilla afectuosamente, le dijo:
- Tenemos trabajo que hacer, Sammy.
Sam asintió silenciosamente, una lágrima surcó su mejilla y el sintió el corazón rebosante de paz y tranquilidad, sabiendo que los hermanos Winchester estaban unidos y listos para lo que el futuro les deparase. El silencio inundó otra vez el automóvil, pero esta vez era un silencio pacífico y armónico. Y el Impala del '67 se perdió a lo lejos en ese solitario camino del Oeste de los Estados Unidos.
FIN.
