Holaa! pues aqui traigo otro capitulo de esta historia que espero les este gustando! este es un poco mas largo que los anteriores y por fin aparece Bruno! espero que les guste tanto como a mi!

de nuevo todo lo que reconoscan no es mio! lo demas corre por mi cuenta =)

En el capitulo anterior…

-¿Por qué te casaste conmigo? –no pude evitar preguntar, entendía lo de un embarazo no deseado, entendía que yo hubiera accedido a estar con él apenas conociéndolo, si volviera a estar en las mismas circunstancias me cuesta creer que le negaría a Edward cualquier cosa; pero aun así porque casarse con alguien que no ama, yo no lo hubiera apartado de su hijo.

Su sonrisa burlona me helo la sangre, pero sus palabras fueron como si me hubiera arrancado una parte de mi

-Porque era una condición para que tu lo tuvieras –sentí que la sangre abandono mi rostro y aunque no estaba segura creo que mi corazón se detuvo por un momento –No sé a qué estás jugando Bella pero no quiero volver a caer en tu juego –me dijo levantándose y encaminándose a la puerta, la voz no me salía seguía en shock y solo me quede viendo a la nada –Mañana traeré a Bruno para que te vea.

Y con eso salió de la habitación. Me sentí sucia y vacía.

Capitulo 5

Necesitaba respuestas. Debía de haber algo detrás de todo. No sabía cómo era mi relación con Edward pero estaba segura que no era buena. Necesitaba encontrar a alguien que estuviera de mi lado, por decirlo de alguna manera. Alguien que me pudiera dar un punto de vista más desde mi perspectiva y solo un nombre se me venía a la mente. Alice Brandon.

Después de que Edward había salido de la habitación solo habían pasado algunas enfermeras cada cierto tiempo a checar las maquinas y poner algunos medicamentos, mis pensamientos seguía vagando en todo lo que me había dicho, pero lo que más se repetía en mi mente como una película de terror era su rostro frio diciéndome con sorna el motivo por el cual se había casado conmigo.

La única solución a la que había podido llegar era esperar a que llegaran mis padres para pedirle a mama que dejaran entrar a Alice. Estaba segura que la enana debería estar muy enojada por qué no la dejaran entrar a verme; ella y yo siempre habíamos sido amigas, desde que éramos unas bebés, mi madre me llevaba a pasear al parque en el cochecito mientras la niñera de Alice lo hacía con ella y desde siempre habíamos congeniado. Era como una hermana. Habíamos estado juntas en todos los cambios de nuestra vida, cuando Tyler había llenado de gusanos el lonche que me había puesto mi mama en el jardín de niños Alice había agarrado un puñado de arena y se lo había echado en el pelo, cuando los niños en la primaria se burlaban porque siempre que era clase de gimnasia me caía, Alice hablo con su papa para que nos dieran permiso a las dos de no tomar la clase cuando hicieran algún deporte no apto para niñas a palabras de Alice, cuando éramos adolescentes y estábamos en el instituto Alice no acepto ser parte de las animadoras por quedarse a mi lado después de que la capitana Rosalie Hale se había burlado de mi. Habíamos decidido vivir juntas en el colegio y hasta donde tenía memoria seguíamos viviendo juntas. Ella tenía que saber que había pasado con Edward.

El único problema es que no estaban en Forks y cabía la posibilidad de que ella no estuviera afuera esperando que la dejaran pasar como había pensado. Tendría que preguntarle a mi madre.

Para cuando llego la noche había perdido esperanzas de que mis padre vinieran, quería preguntarle a mi madre como era mi hijo, si tenía los ojos de su padre, si era alto, porque había mencionado Edward que no convivía con michos niños de su edad si ya estaba en edad de ir al jardín de niños, tenía tantas dudas. Mas que al principio.

Estaba en un estado de sopor cuando escuche como abrían la puerta. Sentí alguien acercándose pero el cansancio y el medicamento me impidieron juntar energía para abrir los ojos. Sentí como tomaron mi mano que estaba inerte a mi costado. Sentí la necesidad de apartarla, su tacto se sentía indebido pero después de un momento me causo cierta familiaridad. No quise seguir luchando con el sueño y estaba a punto de vencerme cuando de nuevo la puerta se abrió.

-¿Se puede saber qué diablos haces aquí? –la voz de Edward era apenas un susurro que me helo la piel, la mano que sostenía la mía se aparto y su dueño se alejo de mi

-vine a visitar a mi mujer Cullen –le contesto con el mismo rencor que había utilizado Edward. No entendía nada, ¿Quién era ese hombre? ¿Por qué había dicho eso?... por un momento sentí que despertaría pero, para variar; mi aletargado cuerpo no me respondía

-¿Tu mujer?, hasta donde recuerdo aun lleva mi anillo puesto así que si no quieres que te saque a patadas de aquí más vale que te largues –la amenaza en su voz me hubiera hecho temblar si no sintiera que estaba escuchando una mala sintonía de radio

-¡Eso porque no le has querido dar el divorcio!, acéptalo Cullen lleva más tiempo en mi cama en todo el tiempo que llevan esa farsa de matrimonio…

De repente escuche un golpe y luego otro más fuerte de algo caer al piso. Mis sentidos no me ayudaban a despertar me sentí angustiada pero incapaz de moverme, trate de concentrarme y lo único que logre fue sumirme en un sueño profundo pero lleno de pesadillas

Era de día cuando una enfermera me despertó para hacerme tomar unos medicamentos. Me habían desconectado la intravenosa y el monitor electrocardiográfico así que podía moverme todo lo libremente que la escayola me dejaba.

-¿Cuánto tiempo más voy a estar aquí? –pregunte confundida, aun seguía angustiada por la pesadilla que había tenido una noche antes, donde Edward me acusaba de adulterio y otro hombre me decía que yo lo amaba a él…

-Hasta que el doctor crea pertinente señora –su tono cortante me puso alerta, cada vez comprobaba como los empleados destilaban un poco de veneno hacia mi; algo que no comprendía pero que estaba empezando a hartarme.

A los pocos minutos de que la enfermera saliera por la puerta sin volver a dirigirme la palabra entro Renée, se veía bastante más contenta que yo y cargaba con un pequeño neceser.

-Buenos días hija, ¿Cómo has dormido? –me pregunto mientras se acercaba y acariciaba lo que debía suponer eran ojeras.

-La verdad nada bien, he tenido pesadillas toda la noche. –Respondi cansada, pero decidí pasar a un asunto más importante –Mama cuenta sobre mi hijo por favor –le pedí de nuevo volviendo a sentirme como la peor de las madres, sentí como unas lagrimas se me juntaban en los ojos pero no quería dejarlas salir, por lo que trate de calmarme

-Edward ya te dijo que tienen un hijo –me dijo mientras habría el neceser y empezaba a sacar objetos personales que supuse eran míos, pude reconocer la misma crema con olor a fresas que usaba desde mi adolescencia entre otras cosas. Dejo las cosas un momento y volteo a verme

-Tu hijo es precioso mi amor –dijo notando mi mirada. Había otra cosa que yo no había tomado en cuenta hasta ese momento, yo les había fallado a mis padres, no había terminado la carrera que con esfuerzos ellos me pagaban y había salido embarazada…

-Bruno es un niño encantador, es sano, bastante maduro para su edad y con un ingenio envidiable –las lagrimas empezaron a correr libres por mi rostro, mi madre hablaba de mi hijo como una abuela orgullosa –No llores cariño, todo va a estar bien –me dijo mientras me abrazaba y yo me deje hacer, lo que más necesitaba en estos momentos era consuelo de alguien y quien mejor que mi madre para hacerlo.

-¿A quién se parece? –pregunte con la voz un poco ronca por el llanto. Mi madre sonrió. –Lamento decirte hija que es el vivo retrato de su padre –solo pude sonreír mientras la vista se me nublaba de nuevo, era como si todas las emociones amenazaran con desbordarse, pero me negué a dejar que eso pasara, no sabía a qué hora pero hoy vería a mi hijo y no quería asustarlo, era solo un bebé –Bien – fue toda mi contestación. No quise hacer más preguntas, estaba al límite y no pensaba dejar que me desbordaran. Tenía que dejar pasar un rato para volver a estar lo suficientemente ecuánime como para soportar otra ronda de preguntas. Solo tenía una duda que de repente llego a mi mente

-¿Dónde está quedándose ahora que no puedo cuidar de él? –era obvio que con mis padre no puesto que ellos estaban la mayor parte de los días aquí conmigo. Mi madre se enderezo y continúo con lo que hacía antes de que yo preguntara nada, esquivo mi mirada y eso no me gustaba

-Está en tu casa hija, Edward no dejo que nadie lo sacara de ahí. Esme y yo hablamos con el por qué pensamos que lo mejor era que lo cuidáramos cualquiera de las dos pero él no lo creyó conveniente, dijo que al final de cuentas Tanya estaba ahí para cuidarlo –dijo mi mama evidentemente molesta por la decisión de Edward

-¿Esme?, ¿Tanya?- no sabía quién era ni una ni otra.

-Lo siento cariño a veces olvido que no recuerdas algunas cosas –cuando mi madre se acerco de nuevo a mi llevaba un cepillo en las manos y se dispuso a cepillar mi pelo. El día anterior me había quitado el vendaje de la cabeza junto con los cables. Ya solo me quedaban las escayolas del antebrazo izquierdo y la pierna derecha. –Esme es la mama de Edward, tu suegra. Un encanto de mujer, ya la conocerás, y Tanya es la institutriz que tienen para Bruno desde que tenía dos años. –dijo haciendo un mohín que tampoco me paso desapercibido

-¿Institutriz?, ¿Por qué iba a dejar yo a mi hijo con una institutriz?, ¿tengo algún trabajo o a que me dedico yo? –tampoco había tomado en cuenta eso, aun no sabía nada de mi vida actual

-Tú tienes una hermosa boutique en la plaza comercial de más prestigio de chicago –me dijo mi madre que había terminado con mi pelo, no es que se le pudiera hacer mucho – ¿no te gustaría que te ayudara a ir al tocador? –Me pregunto, tenia días que yo tenía la urgencia de darme un baño pero no me lo habían permitido, solo me aseaba con toallas húmedas –No sé si pueda hacerlo ma, la enfermera me prohibió darme un baño el otro día que lo intente –le dije mirando con añoranza la puerta del baño

-no te preocupes la enfermera me ha dicho que puedes hacerlo, solo hay que tener cuidado con las fracturas y tengo que llevarte en silla de ruedas –me sonrió y me ayudo a sentarme, ya no me dolía tanto, tenía un poco de dificultad al respirar desde que me habían quitado el oxigeno pero nada que no pudiera manejar por mi cuenta, aun no había tenido oportunidad de ver mi cuerpo magullado por que la enfermera que me ayudaba a limpiarme con las toallas húmedas lo hacía tan rápido que no me daba tiempo de nada. No me había acercado a un espejo y la verdad le había huido al tema, no sabía que apariencia tendría ahora con veintisiete años y la verdad era lo último que me había preocupado. Pero ahora viendo el momento acercarse me empezaba a dar un poco de nervios.

Batallamos un poco con lo de las férulas, gracias a dios por las batas abiertas de hospital no tuvimos problema en desvestirme. Con cuidado y aun sin acercarme al pequeño espejo que había enfrente del lavabo, me duche lo más rápido que pude usando mi champú y mi acondicionador con olor a fresa. Fue refrescante ver que algunas cosas nunca cambian.

Al terminar mi madre me ayudo a meterme en una pijama que ella había traído entre mis cosas, igual había sido una bata suelta de seda que era fácil de manipular. Cuando llego la hora de enfrentarme al espejo me quede muda con la diferencia que había en mi rostro. A mi ver nunca había sido fea, pero sí bastante normal. Ahora mis rasgos antes redondeados estaban más bien finos. Mi rostro acorazonado tenía más prominentes los pómulos y mis ojos resaltaban más con la palidez de mi rostro. Mis labios estaban sin color y lucia unas ojeras que bien podían parecer moretones como el que estaba en mi frente. En la base de mi cuello había una tremenda marca del cinturón de seguridad que seguía y se perdía dentro de mi bata. Mi pelo húmedo medio ondulado lucia más largo de lo que nunca lo había tenido. Aun así podía ver diferencias en mí y aunque sabía que la del espejo era yo, había rasgos que no recordaba que tenía.

Sin decir una palabra ninguna de las dos trate de peinarme un poco y mostrarme lo más presentable que podría estar dadas las circunstancias. Iba a conocer a mi hijo y no quería que me viera toda demacrada.

Después de un tiempo de haber terminado y ya estando de nuevo en la incómoda cama de hospital entro uno de los internos para hacer un chequeo de rutina, cuando hubo terminado me informo que pronto me quitarían la férula de la pierna dado que solo había sido una sufrido una luxación y con el tiempo que tenia aquí era suficiente, en cambio en el brazo había una fractura así que duraría con ella por lo menos dos semanas más, pero para ese entonces lo más seguro es que estuviera dada de alta.

Me alegraba saber que poco a poco mi cuerpo se iba recuperando y aunque tuviera que hacer rehabilitación lo aria con tal de estar bien como antes y ahora con mayor razón teniendo a un pequeño de cuatro años a quien cuidar.

Renée se quedo conmigo durante toda la mañana haciendo platica fácil y contándome lo que hacía en mi vida diaria, o bien lo poco que ella sabía. Según sus palabras y resumiéndolo todo yo no hacia prácticamente nada. Me encargaba de una tienda que tenía suficientes empleadas para que yo no me molestara más que en supervisar, me molestaba un poco eso, pero pensando las cosas bien podría cambiar algunas con las que no estuviera de acuerdo.

Una de esas seria esa ridiculez de tener una institutriz para mi hijo. Nunca había estado de acuerdo con lo de educación en casa, siempre creí que un niño necesitaba socializar con niños de su edad. Ya tendría tiempo de hablarlo con Edward y arreglarlo como mejor se viera.

Cuando mi madre se fue las ansias por ver a mi hijo empezaron de nuevo. No sabía bien a qué hora lo vendrían pero estaba casi segura que seria a la hora de la comida o un poco después. No estaba segura de cómo actuar ante eso. Era un cambio muy grande, si hubiera estado casada con Edward sin tener hijos bien podría haberle dado el divorcio. Jamás pensaría en retener a mi lado a alguien que no me amaba y que no sentía el mínimo respeto por mí, como ya me había dejado claro. Pero pensando en mi hijo tendría que ver cómo era nuestra vida en casa para saber cómo proceder, tal vez resultaba que lo mejor si sería una separación. A veces es mejor que un niño tenga padres divorciados a unos que se la pasan peleando y que no se pueden ver.

Eso también lo tendría que hablar con Edward.

Edward. Todo se reducía a él. Con él era con el que tenía que arreglar las cosas, hablar y llegar a un acuerdo. Me encontraba más tranquila sabiendo en donde estaba parada con él, que sin saber que esperar. Aun así no me podía sacar de la cabeza hablar con Alice, cuando se lo había mencionado a mi madre se había escabullido un poco aunque al final solo me dijo que ella vivía aquí en Chicago al igual que yo pero que tenía mucho que no sabía nada de ella y de ahí no pude sacarle más.

Como había imaginado después de que la enfermera llego para llevarse el carrito con los platos de la comida que apenas y había tocado, Edward hiso su aparición por mi habitación lo primero que note es que iba solo y lo segundo fue el golpe que tenía en su labio inferior en el lado izquierdo de su cara.

-¿Qué te paso?—fue lo primero que salió de mi boca mirando con ansia el golpe en su rostro.

-Anoche tuviste una visita inesperada –me dijo lentamente, calculando mi reacción. Lo mire a los ojos y su mirada era dura casi con odio. Recordé inmediatamente lo que pensé había sido un sueño. No dije nada, al fin no sabía que decir. –Regrese en la noche para pedirte una disculpa por mi comportamiento de la tarde y me encontré con tu visita aquí adentro tomándote de la mano –escupió las palabras con mucho trabajo, si las miradas mataran… - ¿no vas a decir nada?

-No tengo nada que decir –le conteste de manera cortante, ya no iba a dejar que me acusara de cosas que no tenía ni la menor idea. –Ni siquiera sé quien vino. Alcance a escuchar que alguien entraba pero la verdad me quede dormida. –le dije con indiferencia, no iba a caer en sus provocaciones y tampoco me iba a preocupar por algo que no entendía. Lo más importante para mí en ese momento era mi hijo.

-¿Dónde está Bruno? –pregunte enseguida

-Abajo con… esta abajo en la cafetería, primero quería saber cómo estabas

-Un poco nerviosa pero con muchas ganas de conocerlo. –le dije, había pasado por alto que no me decía con quien estaba, era obvio que lo había dejado con alguien, mi Bruno apenas era un bebé y se notaba a kilómetros que él lo adoraba, tanto que se había tenido que casar conmigo. Lo mire observándome y no pude evitar el ridículo sonrojo. Se notaba tenso y aun así cautivador. Desvié mi mirada y me entretuve con el dobladillo de la sabana que me cubría hasta arriba de la cintura. Patético.

Puedes traer a Bruno por favor –le pedí de la manera más amable que pude, pero no era una pregunta.

Salió sin decirme nada más. Parecía que se volvía una costumbre que siempre saliera de aquí enojado. Trate de tranquilizarme, no quería que mi hijo se sintiera mas intranquilo de lo que probablemente se sentiría, no quise pensar en la nueva discusión que había tenido con Edward. Al parecer no nos llevábamos nada bien.

Unos minutos después volvió a entrar pero esta vez toda mí atención estaba en la pequeña figura que estaba detrás de él. Edward se detuvo a un lado de la puerta dejándolo entrar y en el momento que lo vi supe que nada iba a volver a ser lo mismo. La vida como la conocía no tenía ningún sentido, ese pedacito de cielo que se encontraba tímidamente parado en la puerta escondiendo parcialmente su rostro con una hermosa rosa iba a ser la razón de mi existir.

Su padre lo animo a acercarse. Yo no podía emitir palabra las lagrimas se me acumularon en los ojos y un nudo se instalo en mi garganta. El pequeño se acerco despacio a mí, como dudando. Me partió el corazón lo temeroso que se mostraba pero yo no podía controlar la montaña de sentimientos que se me abalanzaba. Cuando llego a mi lado extendió sus manitas con las que sostenía la rosa y me dijo lo más hermoso que nadie me había dicho

-Es para ti mami –las lagrimas que se habían acumulado ahora caen libremente por mi rostro, toma la rosa de sus manos y apareció una tímida sonrisa en sus labios, yo no pude contenerme y como pude lo abrace a mí con la única mano que tenia libre. Lo sostuve mientras descargaba todo lo que tenia dentro. Me tranquilice cuando Edward se acerco a nosotros y cargo a Bruno lo suficiente para que yo no tuviera ni un solo gramo de su pequeño peso en mi adolorido cuerpo, me separe un poco y no pude evitar mirarlo con reproche. Era mi hijo y yo apenas lo había conocido, quería tenerlo lo más cerca de mí que pudiera, el solo negó y me dio una mirada de disculpa.

-Lo siento bebé, mami está un poco sentimental –le dije con una sonrisa acuosa que no pude contener –Gracias por la rosa

-Papá la compro para que yo pudiera dártela –me dijo mientras se acomodaba sentado en la cama al lado de mi.

-Pero fue tu idea campeón –dijo Edward despeinándolo un poco más de lo que ya estaba. Yo no cabía de felicidad, mi sonrisa era un acto reflejo a mis emociones y las lágrimas habían cesado. Ese niño era un milagro, lo observe bien y me di cuenta que mi madre había tenido razón, era una copia de su padre, los mismos ojos verdes, su cabello era más obscuro pero se veía igual de indomable aunque sedoso al tacto, sus rasgos eran los mismos pero tenía mi nariz. Una risita tonta salió de mi boca y mi hijo me miro divertido

-Te extrañe mami, pensé que te habías ido a tu viaje sin mi. —me dijo un poco triste y me partió el corazón, voltee a ver a Edward que se había alejado un poco y vi como se tensaba

-Jamás te dejaría mi amor, por nada del mundo –le dije confortándolo. Me miro y sus ojitos se llenaron de alegría.

No dijimos nada por un rato. Yo estaba maravillada con él, revise todo lo que tenía a la vista, su carita, sus oídos, sus manos, todo lo que podía tocar y ver de él. Lo observe por un rato, traía puestos unos jeans un suéter café claro y una playerita roja se asomaba por el cuello de este. Memorice lo más que podía, pero no era la única que estaba observando

-¿Te duele mucho? –me pregunto tocando delicadamente con su dedito el moretón que estaba en mi frente, le tome la mano y la acerque a mis labios para dejar un suave beso en ella –Ya no tanto –le dije mientras lo jalaba un poco y lo colocaba sobre mis piernas

-Bella… -fue la intervención de Edward desde el sofá que estaba en la ventana, era claramente una advertencia de que no debía hacer esfuerzos

-Déjame ser Edward –le dije mientras mi pequeño se recostaba en mi pecho, dolía un poco pero valía la pena por sentirlo un poco más cerca –tiene mucho que no veo a mi bebé –le dije haciendo un pequeño puchero, él solo sonrió y negó con la cabeza pero me dejo estar el que protesto fue el pequeño que tenía en mis brazos

-¡Pero yo no soy un bebé mami! –exclamo mi hijo con los ojitos abiertos de par en par, pude apreciar de cerca su color verde pero a diferencia de su padre con destellos dorados y unas gruesas pestañas rizadas que los enmarcaban

-¿A no? –le dije siguiéndole la corriente

-No, yo ya voy a cumplir cuatro –dijo enseñándome cuatro de sus pequeños deditos

-¡Wow! –Exclame –ya eres todo un niño grande, y hablas muy clarito –dije desviando mi mirada a Edward que solo se encogió de hombros

- Y también se contar –me dijo muy orgulloso de si mismo

-Eso sí que es de niños grandes –le dije con una sonrisa. Estaba disfrutando demasiado de mi hijo, no podía evitar pensar en todo ese tiempo que no recordaba. Los recuerdos que tenia no estaba segura de recuperarlos, pero estaba dispuesta a construir unos nuevos.

Con forme avanzo la tarde Edward se tuvo que retirar a su consulta, había traído una mochila llena de cosas para hacer con Bruno, unos cuentos para iluminar con algunos colores, unos juguetes y unos bocadillos y jugos para cuando le diera hambre. Al parecer también era el padre del año.

Mientras Bruno me relato su día a día, sus horas de comida, lo que le gustaba, lo que le molestaba. Era un niño dulce y tranquilo. Se mostro un poco temeroso cuando le pregunte por sus clases, al parecer tampoco le gustaba Tanya y eso me preocupaba. Le emocionaba tener más amigos aunque se mostraba un poco tímido al respecto. Era muy cariñoso y me demostraba su amor frecuentemente con besos y pequeños abrazos. También había sacado un lado curioso cuando hiso preguntas sobre mi salud y cuando estaría de nuevo en casa. Por lo visto se sentía a gusto conmigo y eso me alegraba, si no era una buena esposa al menos parecía que era una buena madre.

Cuando Edward regreso nos encontró durmiendo, Bruno se había cansado de colorear y se había acomodado de nuevo en mi regazo, yo le había cantado una canción y él se había quedado dormido de lo fatigado que estaba, no me había dado cuenta que yo también me había dormido hasta que Edward entro e intentaba zafar a mi pequeño del fuerte agarre que tenia de la bata que usaba.

-Lo siento no quería despertarte –hablaba despacio para no despertar a Bruno pero su voz me pareció hipnótica –parece que no quiere separarse de ti –me dijo a manera de broma tratando aun de abrir su manita sin aplicar mucha fuerza, solo pude sonreír

-Es extraño verte así como esta tarde –no sabía a qué se refería y arrugue un poco el ceño –No me malinterpretes, siempre has sido una estupenda madre, solo que más bien eres de las que observa todo desde el margen no de las que se involucran –eso para nada me gustaba, que él no estuviera contento con mi desempeño de esposa lo pasaba, pero Bruno se veía bastante cómodo y acostumbrado a mí como para ser esta la primera vez que interactuábamos de esa manera.

-Tal vez sería más participativa en la vida de mi hijo si no hubieras relegado su cuidado a una institutriz –sin querer las palabras me habían salido a manera de reproche, el solo me miro entrecerrando los ojos

-Si te hubieras mostrado más abierta a cuidar de él no hubiera contratado a nadie –me dijo de manera dura. Eso no lo iba a tolerar, tal vez no recordar nada pero estaba segura de mi manera de pensar, de mis valores e intereses en la vida y estaba segura que eso ni siquiera un cambio de personalidad lo podía borrar

-¿Estás seguro de lo que dices? –Le pregunte con una voz que desconocí de mi, estaba tratando de hablar despacio para no despertar a Bruno que seguía en mis brazos –Por que por mas mala esposa que te resulte se perfectamente que este niño es y ha sido mi vida desde que nació. Tal vez no recuerde pero creo que me conozco lo suficiente. –le dije de manera dura. El me observo un momento y después bajo la mirada a Bruno

-Si tal vez me excedí. La verdad es que no tengo quejas de ti como madre. –me dijo mirándome a los ojos como tratando de leer lo que pensaba –pero era lo mejor para Bruno tener a alguien que cuidara de él.

-¿Era lo mejor?—le dije mientras enarcaba una ceja –eso ya lo veremos –concluí desviando la mirada a mi hijo.

Se acerco una vez mas y esta vez lo ayude a zafar el agarre de mi bebé de mi bata, dándole un pequeño beso en la mejilla como despedida.

Cuando lo tenía en sus brazos lo miro tiernamente ya sin rastros de hostilidad y mi corazón se derritió al observarlo darle un pequeño beso en su mejilla.

-Parece que seguirá siendo un niño de mama –dijo a modo de broma

-Claro –respondi como si fuera lo más lógico. Edward me miro arqueando una ceja ante mi afirmación y yo solo me encogí de hombros. Cuando se daba vuelta para salir recordé algo

-Edward, ¿podrías conseguirme el número de Alice Brandon? –Para cuando termine de hablar Edward estaba mirándome con una mirada calculadora desde la puerta aun cerrada de la habitación con nuestro hijo en sus brazos durmiendo plácidamente – ¿Para qué quieres el número de Alice?

-Necesito saber que fue lo que paso en verdad –le dije lo mas sinceramente que podía –tu ya me contaste tu versión de cómo terminamos casados –le dije mirándolo a los ojos –y sé que no me mentiste, pero algo no encaja, a pesar de lo que tú piensas de mi y de lo que yo te haya dicho sé que yo no sería capaz de chantajearte con la vida de mi hijo, aunque tú no lo hubieras querido estoy segura que yo lo hubiera tenido, porque eso era una de las cosas que más deseaba, ser mama y no hubiera renunciado a ello así fuera en las circunstancias que fueran. Tu puedes decir que soy mala persona, tal vez lo sea, pero sé muy bien que era lo que yo quería en la vida y sé que eso no pudo haber cambiado.

Observe como me miraba confundido. –Mañana te traeré el numero pero no se si logres hablar con Alice –yo solo asentí

-¿Mañana traerás a Bruno de nuevo?—esta vez mi pregunta sonó mas a suplica, el sonrió y sus facciones se relajaron

-¿De verdad crees que lo voy a poder dejar sabiendo que tu estas aquí? –Me pregunto jugando –Mañana lo tendrás aquí temprano. —Se acerco dudando y se inclino con Bruno en sus brazos y me dejo un suave beso en la frente –Que descanses –me susurro antes de dar media vuelta y marcharse sin voltear atrás.

Este hombre iba a ser mi perdición, me volvería loca con tanto cambio de humor, de repente se enojaba de repente era dulce; no lo entendía para nada. Lo único que sabía es que me moría por que fuera mañana.

¿que les parecio? ¿quien cren que haya ido a visitar a Bella? ¿que tal el multipolar de Edward? la verdad hasta yo me mareo con sus cambios de humor!

espero que haya sido de su agrado!, si les gusto dejenmelo saber por favor! y si no tambien! el escritor de fics vive de los reviews y yo soy practicamente pobre! jajaja

bueno eso es todo por hoy espero poder subir pronto

besos! =)

chary