Bueno, es un intento de historia, es un one shot, los personajes son de Stephenie Meyer, yo sólo los tomo prestado para seguir ilusionando con las diferentes historias de amor que se pueden contar sobre Bella y Edward. Espero que les guste.

Para Erika, mi gemela, que siempre está apoyándome. Ojalá no te defrade gemelinda.

Naufragio del destino

Parte 1: Doncella india

Ya sabía que el mundo guardaba muchas sorpresas, pero ¿ésta? ¿Qué hice para merecer semejante traición? ¿Acaso no fui buen novio? ¿Futuro esposo mejor dicho? ¿No fue tan solo hace tres malditos meses que me declaré arrodillado como los caballeros de antes frente a ella deslizando el anillo que compré con esmero? ¿Todo eso fue en vano?

¿Qué hay del "vivieron felices y comieron perdices"? ¿Eso no se incluye en la vida real? Se acabó todo, se terminó, aunque ahora culpa de esa mujer espero no perder mis estribos. ¿Quién diría que yo podía ser una persona tan estúpida con todas las letras? Ni mas ni menos, lo único que falta sería que tenga la obligación de agradecer el favor a Tanya de que haya pasado todo como pasó, recién ahí abrí los ojos. ¡Qué ciego fui!

Lindo regalo de aniversario, cumplemes diría yo, en que salí antes del trabajo en el banco, una mañana perfecta me esperaba, fui, compré un ramo de flores, amapolas, las favoritas de ese entonces mi prometida, llegué a nuestro departamento, con la esperanza de que ella esté allí acomodando algunas cosas de la mudanza o algo por el estilo, pero no, vaya asombro el que me di al verla tumbada en la cama matrimonial que habíamos elegido juntos para cuando nos casáramos. Estaba muy entretenida, abrazada a su amante, Laurent. ¡Excelente! Con que el tal Laurent, "dueño de una inmobiliaria", el que nos vendió este apartamento, era el mismo que estaba ahora, descansando plácidamente entre las sábanas blancas, sin estrenar, según entendía, pero ahora veo que no es así. Todo estaba planeado. ¿Y qué hay del cuento que me tragué sobre que sería papá? ¿Qué pasa con eso? ¿También es mentira? Ya, claro, Tanya, tal vez si estaba esperando un niño, pero estaba un casi cien por ciento seguro de que yo no era el padre, a estas alturas, ¿Qué mas falta? ¿Acaso la idea de esta total desconocida para mi, mi novia, hace menos de un minuto, antes de ver todo esto, era que tener dos vidas? ¿Una con su amante secreto, y otra conmigo, con quién la mantendría?

-¡Edward!- chilló soltándose de inmediato de su amigo con derechos- No es lo que parece, es que…

Me puse furioso. ¿Hipócrita también? ¿Dónde estuvieron mis ojos todo este tiempo? No es que fuese una persona perfecta, pero mentiroso no.

-¿A qué no?-vociferé- ¿Y qué es entonces? ¿O me dirás que este tipo- le lancé una mirada colérica- solamente se ofreció a practicar asuntos maritales?

Se pasó una mano por sus cabellos, y su compañero me fulminaba con la mirada, ni se dignaba a pestañear, pero aun así, estaba tranquilo, como si nada. Me envaré de sólo verlo.

-Ahora tú- lo señalé con la barbilla- si te queda algo de dignidad vete de aquí. ¡Ahora!

-Amor, Edward… lo siento, lo siento.- corrió hacia mi pero no me moleste en mirarla. Me daba asco ver como confié tanto en una persona y que después me traicione de esa forma.

-Vete Tanya, junta tus cosas y sal de aquí.

-Ya, corazón- ahora fue Laurent, con mirada pacifica cuando se dirigía a esa extraña para mi- él se lo pierde.- se enfundó sus pantalones y con la camisa aun en la mano pasó junto a mi antes de irse- pensé que tardarías menos en darte cuenta Cullen, después de todo, veo que no eres tan listo como dijo ella.

Gruñí por lo bajo. ¡Dios! Es verdad, no hay peor ciego que hombre que no quiere ver.

-Edward, lo siento otra vez- fue a buscar el anillo que descansaba sobre la mesita de noche, me lo tendió sin mirarme.

- ¿No eres capaz de verme a la cara mujer?- no puedo creer, mi voz sonaba pésima, pero no les daría el gusto de verme derrumbarme frente a ellos, aun me queda algo de orgullo- ¿Acaso piensas que quitándote el anillo remediarás tu error? ¡Por favor!

Los seguí con la mirada viendo como abandonaban la casa que compré junto a ella, me imagino que nunca me amó a mí, sino a mi dinero, cosa que es lo que menos me importa en la vida. ¿Para qué tener todo el oro del mundo? ¿Eso nos hace mejores? Pues no. Si, es cierto, soy heredero de los triunfos de mi padre, la dinastía Cullen, gran cosa, pero también crecí con los modales y enseñanzas de una buena familia. Centrado, desinteresado, y claro, idiota.

Una vez solo, no me percaté de que tenía clavadas las manos en la encimera caoba. No tenía muy buen aspecto mi cara, parecía un muerto en vida. Solté un bufido al lanzar una copa de vidrio con vino sin terminar que encontré junto al espejo oval, los cristales se quebraron en mil pedacitos. Ni eso me quitaba la bronca de mis adentros.

Necesitaba un trago fuerte, de ese modo, podría despejar mis pensamientos y ver qué seguía.

-¡Maldita sea!-hablaba solo ya- ¡No hay nada en esta casa!

Rebusqué en el mini bar del living, en la planta baja, después de remover todo, encontré una botella de vodka. Un trago fuerte por la mañana. No acostumbraba a beber, pero era una buena ocasión para digerir la idea de una primera vez.

-¿Ahora qué quieres?

Se me salió del alma. Dejé vacío el vaso transparente.

-Hubo un problema aquí Edward- era Jasper- no quise llamar, sabía que estarías ocupado. Suenas fatal hermano.

-Ni que lo digas, pero ya, bien, ¿Qué sucede?

Se escuchaban gritos de fondo. ¿Emmett discutiendo?

-Se filtraron unos papeles importantes, de un cliente goleen de la compañía.

Crují mis dientes.

-Si, ya ves, no se si escuchas, Emmett está que arde.- hizo una pausa- Pero necesitamos que vengas un momento, no es que sea urgente… pero hermano si no fuese algo tan… complicado no te molestaría.

-Estaré en unos minutos, déjame arreglar los destrozos y voy para allá.- quise colgar pero mi hermano menor seguía en la línea.

-¿Destrozos? ¿Arreglos? ¿Edward en qué diablos te metiste?

Colgué.

Fui al cuarto de baño, me lavé el rostro con agua fría y mirando al tipo que tenía en frente del espejo me dije decidido:

-será un nuevo comienzo. Seguiré mi sueño, dejaré el banco, y por primera vez en mi vida, haré caso a mi corazón. Sueno estupido, pero ya que. Ya no mas engaños, esperaré a la verdadera. ¿Alguna vez aparecerá no? ¿Quién sabe? Tanya solo me abrió los ojos a la realidad.

No me importó demasiado tener que darles explicaciones sin sentido a mis hermanos, sólo esperaba que no manden a la ruina a nuestro banco, ya que Carlisle dejó en nuestras manos todo el negocio antes de mudarse a Canadá con Esme.

Reí para mi mismo al recordar la reacción del dúo menor Cullen.

-Pero… ¿Es qué te has vuelto loco Edward?

-¿Qué haremos?- Emmett se pasó sus grandes manos por sus cabellos oscuros- Sabes que somos unos irresponsables, y tu eres quién da las órdenes.

-Maduren hombres, me cansé de pensar en los demás, por un segundo pónganse en mi lugar se los pido- caí rendido.

No diría una palabra acerca del altercado con Tanya, pero a juzgar por mi cara…

-Jasper confío en que seas la cabeza a partir de ahora, y tu Emmett, la fuerza dura.- dije sonriendo falsamente, no se me daban las mentiras- es hora, me voy a seguir mi locura.

-¿Qué te tomaste Edward? Es en serio.

-La vida me tomó a mi, iré a navegar con el barco olvidado que prometí una vez a Esme usarlo en algo útil. Le haré un favor a Rosalie- le dirigí una mirada a Emmett- tu esposa estará feliz de que saque "los trastos viejos" de tu garaje.

Me hacían compañía recordarlos, aquí se siente solo estando en medio de la nada, la única vista que me permiten ver mis ojos son agua… agua y mas agua. Y el viento resulta ser lindo contra la cara, pero no después de días yendo sin rumbo fijo.

Una noche más pensé. No se si eran espejismos míos o qué, pero comenzaba a divisar entre el mar infinito una pequeña isla en medio de toda lejanía.

La tranquila marea me despertó con los rayos del sol sobre mi rostro. Unas cuantas palmeras dejaban ver cómo bailaban sus hojas verdes con la brisa. El barco, bote como le digo de cariño, ya no se movía.

Una vez bien despierto, me sentí con una paz interior al escuchar una melodía danzante llena de dulzura.

Dejé de lado las chozas que había a los costados, las hogueras que desprendían tenues llamas con las personas de colores trigueños hablando entre sí.

¿Estaba en el Cielo? Una joven muchacha de tez más clara, a diferencia de las demás, de cabellos chocolates con ojos a tono inundó al completo mi visión. Llevaba puesto un vestido color crema con adornos en rojo y naranja que sólo resaltaban más aun su belleza innata. Estaba descalza, sus piernas eran tan bonitas.

No sé como pasó, pero sin darme cuenta, me encontré a tan solo unos pocos pasos de esa doncella blanca tan hermosa. Una diosa india.

Llevaba un andar especial, resaltaba entre todos y yo no podía hacer otra cosa más que contemplarla como lo haría un escultor a su musa.

Sonreía en mi dirección, volteé a mis costados pero no había nadie junto a mi lado. ¿Me miraba a mí? Nuestras miradas se entrelazaron como un imán, los dulces vientos hicieron que sus cabellos bailen con la brisa.

Me aclaré la garganta al descubrir que tenía seca la boca, estaba sediento, anoche había tomado mi última ración de agua.

Una joven niñita se acercó a ella tomándola de la mano, pero la verdad, la pequeña no formaba parte de esta burbuja, no podíamos despegar nuestros ojos.

-El abuelo llama, el abuelito dice que debes ir, tiene que decirte algo- explicó jalando del vestido de la chica hermosa- vamos, no vaya a ser que se enoje.

La magia se había roto, tan sólo con las pocas palabras que expresó la chiquilla se rompió el globo del cual volábamos.

Ella sacudió su cabeza de un lado para el otro como queriendo despertar. Se agachó y le dijo algo en el oído a su compañerita, tan bajo que se me imposibilitó escuchar su voz. Seguramente, esa joven que me cautivó al instante en que la vi, era su mamá. ¡Qué afortunado sería el hombre quien era dueño de semejante belleza!

-¿Quién eres?- caminó hacia mí, y quedamos frente a frente, tan así que sentí su respirar, el cual desprendía un sabor a flores. No lo dudé, su voz era angelical como todo su ser.

-Ed…-tosí, mi voz sonaba amortiguada y me costaba hablar claro- Edward Cullen.- volví la vista a sus ojos terracota solo para perderme una vez más en ellos- la marea me trajo hasta aquí. No sabía que existía este lugar. Pero… ¿Me harías el honor de decirme cuál es tu nombre joven doncella?

Ella se sonrojó pero no bajó su rostro, dio un paso más y sus mechones de cabellos cosquillearon en mi piel.

-Bella, me llamo Bella- se arrimó y primero pensé que iría a besarme, me agradó la idea, pero sus labios, el superior mas relleno que el inferior, susurraron en mi oído- y la marea no te trajo hasta este sitio, fue el destino.