Acá la segunda parte. Espero que les guste, las leyendas son ciertas, ocultan misterios que esperan ser descifrados para que no haya una segunda vez. Las cosas que se viven son únicas, y puede que sean parecidas pero iguales jamás.
A Erika, mi gemela. Gracias geme de nuevo. Y Lala, mitad hermosa tu apoyo es mi otra "mitad".
Naufragio del destino
Parte 2: La leyenda
Habían pasado semanas desde que me encontraba en esa isla donde conocí a la mujer a quien realmente amo. Nada en comparación con eso que creí sentir alguna vez por Tanya, era a Bella a quien sueño, deseo, respiro y amo, pero eso no quiere decir que sea mía. Las cosas están complicadas en este lugar. Me aceptan, es cierto, de todas formas sigo siendo un intruso, un extranjero. Me daba terror animarme a confesar mis sentimientos hacia mi doncella india, temor a que me rechace, al menos albergaba la esperanza de ese recuerdo que jamás se borraría de mi memoria, ese instante en que fuimos prisioneros de las miradas.
¿Con qué esto se llamaba el "verdadero amor"? Si era así, ¡Dios! Superaba por lejos las expectativas que nunca llegué a albergar. Cada segundo que pasaba estaba más enganchado con esta doncella india, con Bella. Era tan bonita, además de poseer un corazón único, se preocupaba por cada quién en esta aldea perdida en la isla, cuidaba a los niños, quienes la querían mucho, y no era de menos, ¿Acaso existía alguien que se negara al flechazo de sus ojos chocolate? Yo creo que no, y si hubiese persona alguna, debe estar mal de la cabeza. Le estaba agradecido infinitamente a Bella, me demostró que sí hay amor, un amor por el cual una mínima parte de las personas están dispuestas a luchar, quiero ser uno más en ese porcentaje realmente, y también entre otra de sus miles de cualidades, ella era únicamente la que me aceptó tal cual era sin problemas, con mis defectos y virtudes.
Una tarde de mucho calor hablando y hablando, como otras tantas donde Bella y yo solíamos vivir nuestra tradición, sentados en la arena contemplado el crepúsculo perdiéndose el sol en las aguas cristalinas y, oscuras a la vez, por las tonalidades del atardecer, nos sinceramos sin tapujos. Amaba tanto oír el eco de su voz, un susurro hecho melodía.
Fue por un simple segundo, pero al estar ambos con el rostro al mar, se podría decir que no nos veíamos, pero yo de reojo la espiaba de vez en cuando, se me hacía imposible no quitar mis ojos de los suyos, pero después cuando ella se enfrentó a mi, el roce de su piel en la mía, hizo que sensaciones jamás conocidas para mi, revolotearan en mi ser.
-¿En qué piensas Edward?- sus pupilas castañas destilaban luces ambarinas que me derretían- Es que… Estas callado. ¿Dije algo malo?
Definitivamente, era un completo idiota, ¿Cómo llegó mi doncella a esa conclusión? ¿Acaso no veía que mis ojos se perdían en los suyos y yo no podía hacer otra cosa más que verla y maravillarme?
-¿Qué dices Bella?- tomé sus manos con las mías entrelazando nuestros dedos- Es que no puedo dejar de…- otra vez no me salían las palabras, lancé un suspiro de rendición- Eres tan hermosa, dulce doncella.
-Lástima que esta doncella, como tú llamas- sus finos cabellos se removieron de su sitio por causa del viento- no pueda elegir de quién ser…
Bajó la vista para luego depositarla sin destino fijo más allá de lo que se me permitía saber. Seguí su mirada, no encontré más que rayos de sol ocultándose pero al mismo tiempo reflejar destellos en su rostro.
-¿Qué sucede? ¿Qué anda mal?- mi voz se tensó debido a la preocupación, decidí acercar mi mano derecha a su mejilla rosa pálido para atraer su atención- Bella ¿Pasa algo malo con tu pequeña?
-¿Pequeña? Edward yo no tengo hijos, soy… ya sabes.
-Lo siento, pensé que la niñita que vi junto a ti el día que nos conocimos era tuya, quiero decir- sacudí mi cabeza quitando la idea de mi mente- el parecido es muy fuerte.
Soltó unas risotas, al menos, recobró su sonrisa que tanto que me hacía suspirar.
-Para nada, Bree es mi sobrina Edward, por eso es el parecido.- quedé pasmado por la noticia pero ella continuó- si ya sé, no has visto a su mamá por aquí porque falleció en el parto.
-Realmente no lo sabía, lo siento, pero Bella todavía no me dijiste por qué no puedes elegir quién ser, no entiendo. ¿Puedo ayudarte?
-Es que si te diste cuenta de que somos algo así parecido a una tribu ¿verdad?- señaló a nuestras espaldas las pequeñas casitas- y… toda tribu tiene sus reglas o tradiciones.
-Te estoy siguiendo… Sigue por favor, doncella-le urgí.
Suspiró y volvió con su intensidad de mirada a verme.
-El jefe, el cacique mayor, mi padre, quiere comprometerme con el joven de la otra aldea, ya tengo edad para contraer matrimonio según la ley mapuche.
Todavía se me complicaba al acostumbrarme a estos nuevos términos aborígenes, ¡Vaya vueltas que da el destino! Me trajo hasta Sudamérica, bien lejos de mi tradicional país nativo.
-Pero tú ¿amas a ese joven?-rogué que lo negara, deseaba ser su esposo, y si ella era infeliz haría todo y mas para quitar su amargura, sin importar las consecuencias.
-Para nada, Edward, yo ya me enamoré, y el verdadero amor se vive tan solo una vez, y no se si él me corresponda pero aunque no sea así, yo le seré fiel. No quiero convertirme en Flor, No… ¡No quiero!- chilló con pesadez dejando escapar largas gotas de tristeza por su bellísimo rostro perlado por las lágrimas- Edward, Ágil todavía la busca a Flor, yo no quiero, de verdad no. ¡Ayúdame! Te lo suplico.
La abracé sin dudarlo y su aroma me embriagaba en lo mas alto de la dicha, podía sentirla tan cerca… Hundí mi rostro en sus cabellos para que no note mi rabia, ella estaba sufriendo. Juré hacerla feliz, pase lo que pase.
-Bella, ¿Estas enamorada? ¿Y crees que no eres correspondida? Créeme que doy por sentado que no exista hombre en esta Tierra que no desee estar junto a ti.
-Si Edward, estoy enamorada, confieso que no conocía el sentimiento, no lo busqué, él me encontró, y caí tendida a los pies de Eros, el Dios del amor.
-¿Puedo saber quién es? Así te podré ayudar.
Ella seguía restañando las lágrimas de su cara, mi doncella lloraba y yo maldecía por lo bajo por no poder detener esa lluvia de dolor, el mismo dolor y pena que era eco de los míos, al saber que ella amaba a alguien más, su corazón pertenecía a un afortunado hombre, el cual no era yo.
-Edward, no quiero ser Flor, no, no, la leyenda no, Edward, ¿Tú estarás verdad? No querrás que la leyenda cobre a dos enamorados otra vez.- hablaba dirigiéndose a mi pero estaba ensimisma en sus pensamientos llenos de llanto.
-Bella, dulce doncella, tu eres Bella, no Flor, siempre serás Bella- canturreé aferrándome a su cuerpo de rosa- nadie te quitará tu identidad.
-Pero Edward, joven apuesto será Ágil, él la amaba a su Flor pero no se pudo, Tupá ayudó pero el innombrable jugó su partida y hasta hoy lleva ventaja.
Estábamos a tan poca distancia, sus labios eran una delicia por saborear, una tentación pintada en deseo.
-Flor y Ágil se amaban en secreto, la tribu de ella no lo aceptaba a él por ser de otra enemiga, y como ves, eso sigue sucediendo en estos días, a pesar de que ya siglos después las cosas cambiaron pero no del todo, una noche una amiga de Flor los descubrió y la envidia disfrazó la bondad y ella fue a contar lo sucedido al jefe, luego de eso no pudieron verse más, la Luna conocía la pena de los enamorados, y le contó a Ágil que su padre quería casarla con otro joven, el cual ella no quería y por esa razón Flor pidió al Dios Tupá una bendición para quitarle de tal castigo, ese mismo día la muchacha se transformó en lo que dictaba su nombre, una Flor.
Miraba con asombro a mi doncella prohibida, ella no sería una nueva Flor, no lo sería, me aseguraría de ello.
-Ágil se enteró de esto gracias al Viento, desesperado pidió a Tupa que la ayude a encontrar a su amada, por sus pétalos la reconocería, bajo el hechizo de la luna, se convirtió en un colibrí, y hasta el día de hoy va de flor en flor buscando a la suya, a su amada, pero no la encuentra- cerró sus ojos de princesa y se mordió el labio- Edward, el amor está siempre pero ellos no están juntos, es una pena. Y yo no quiero que suceda de nuevo, no Dios.
-Bella, te prometo que tu enamorado y tu estarán juntos, lo juro- sentí deseos de besarla pero no me atreví, coraje no me faltó pero era el derecho que no quería perder en ella.
-Edward, ¿No entiendes? ¡No quiero ser Flor!
Lloriqueaba infantilmente, pero yo sabía que en este embrollo no existía inocencia alguna.
-¡Bella! Nadie te obligará a que hagas algo que no quieres, no mientras esté yo aquí y la vida me lo permita.
-Veo que no entiendes- lanzó unas débiles puñaladas con sus manos de ángel que no me hicieron daño alguno salvo aumentar la cuota de odio en mi alma. Odio en cuanto a las leyendas, porque todas guardaban su verdad secreta en esas historias indígenas.
No sé que fue, pero la besé, mis labios no se contuvieron un segundo mas, su boca sabía a dulzura propia, enloquecedoramente fuera de este mundo, la carnosidad de sus labios eran como la manzana de Adán, pedían a gritos ser besados, probados, tantearlos con la vida. Ella no se negó a mi beso, se entregó al completo, y pensé que correría por su cabeza en estos momentos, ella amaba a otro tipo, y estaba allí regalando su boca como si fuera un souvenir, no era correcto, su niñez borrada en los rasgos de una doncella adulta debían ser resguardados por el hombre indicado, por el que ella amaba.
-¿Qué es lo que no entiendo Bella? Dime, estoy confundido, no sé que ocurrió hace un segundo pero lo haría con placer y deseo de nuevo sin pensarlo dos veces. Y no me arrepentiría para nada. ¿Es que quieres hacerme ilusionar? ¿Acaso no ves cómo me muero en vida y resucito a la vez cada vez que te miro? ¿Qué no sé que es lo que pasa cuando atraviesa la corriente de ardor y emoción cuando nuestras pieles se rozan? ¿Cómo me complemento al oír tu voz? ¿Hace falta que te diga que te amo? Te amo Bella, mi doncella india. Y no sabes cuánto se me rompe el corazón cuando dices que amas a otro, pero aun así te apoyaré y ese otro joven, el mas afortunado del mundo, quien posee tu alma y vida, te amará, no hará falta que lo repita, pero si es necesario…
-Edward, tu eres ese afortunado que dices, tu eres quien cuida mi corazón, solo tú. Desde ese momento en que llegaste parado frente a mí, con tus cabellos al viento, con esos ojos en donde mi vida cobró rumbo, donde soñé amarte como mereces, donde me perdí naufragando en ese destino que nos unió.- guardó silencio esperando mi respuesta.
-Te amo mi doncella- la atraje hacia mí, y ahora fue un beso de victoria, mucho mas largo que el anterior, uno correspondido al ciento por ciento. Ella asintió solemne y sus lágrimas desaparecieron para dar paso a unos rayos de luz en sus bonitos ojos que eran míos.
-Ya no más, esta vez, no habrán otros nuevos Flor y Ágil, lucharemos.
