Capítulo 3: Maldito inconsciente
Lentamente, el sueño fue ganando. La imagen de Justin comenzó a desvanecerse, para dar comienzo a otras: un sueño…
La brisa soplaba y acariciaba dulcemente el rostro de Courtney. No tenía ni idea de donde se encontraba, pero eso no importaba, el lugar le transmitía una paz que pocas veces había sentido. El paisaje no se podía definir con otra palabra que "maravilloso": Desde el balcón en el que se encontraba podía verse el inmenso mar, el lugar estaba rodeado de montañas y frondosos bosques, sin embargo, lo más hermoso de aquel paisaje, era la puesta del sol, que con sus colores amarillo, rojo y anaranjado, cautivaba a la castaña.
Respiró profundo el aire puro de aquel lugar, y pudo sentir el aroma a la brisa marina. Paso sus manos por su castaño y sedoso cabello. Se sentía tranquila, confiada… se sentía una princesa esperando a su príncipe.
A lo lejos oyó el galope de un caballo. Imaginaba que ese príncipe sería el hombre de su vida, montado en un caballo blanco con mayas incluidas. Vendría por ella, la tomaría por la cintura y luego de verse fugazmente a los ojos, se besarían apasionadamente. Inconscientemente se abrazó mientras oía que el galope se hacía más fuerte.
-He venido por ti, princesa…-le susurró al oído una voz seductora al oído. La rodeo con lo que ella sintió que eran unos fuertes brazos, apoyó su cabeza en los hombros de la castaña; podía sentir su respiración en el cuello, le provocaba escalofríos. Sonrió.
-Te he estado esperando por mucho tiempo, ¿Dónde te encontrabas?
-Siempre he estado aquí, para ti. De ahora en adelante, lo único que importa es que desde hoy, donde me encuentre será donde te encuentres…-besó su cuello. La dio vuelta rápidamente y finalmente el misterio del príncipe se develó: un hermoso hombre de ojos azules, cabello negro y… VERDE!! ¡No podía ser, Duncan era su príncipe! ¡¡Eso no podía estar pasando!!
La besó apasionadamente, y ella no opuso resistencia.
Courtney abrió los ojos como platos para encontrarse con la oscuridad de su habitación. Había sido un sueño, simplemente un sueño… pero se había sentido tan real. Tenía la piel de gallina y la garganta seca, sin mencionar que sentía una llama en su pecho; esa llama la quemaba, quería decirle muchas cosas, cosas que ella no quería comprender.
Se sentó en la cama confundida, no… no era confundida sino preocupada: Siempre había imaginado al hombre de su vida como un muchacho apuesto, pero más que nada inteligente, bueno, respetuoso y con muchos planes a futuro cosa… características de las que Duncan carecía –"Bueno, salvo por lo de apuesto… NO, NO, NI SIQUIERA ES APUESTO"- se dijo.
Tenía que dejar de pensar en él, y tenía que hacerlo lo más pronto posible. Estaba segura de que el único motivo por el cual pensaba en él, era porque era todo lo opuesto a ella, algo nuevo… exótico y fuera de la clase de personas que solía conocer –"Sí, es eso, era eso"-se convenció.
Estaba segura de que si lo conocía un poco más, se daría cuenta de la clase de persona desagradable que es, y principalmente, se daría cuenta de que no tenía futuro, y ella JAMÁS estaría con una persona así.
Se dio vuelta y se acurrucó. Simplemente debía dormir y mantener a ese punk sin futuro alejado de sus pensamientos. Se concentró en cualquier cosa y finalmente cayo dormida. El resto de la noche paso sin mayores complicaciones, no volvió a soñar con Duncan, mejor dicho no había soñado con nada, o por lo menos, no que ella recordase.
El insistente chirrido de su reloj despertador logró levantarla. Todavía faltaba hora y media para su primera clase, así que decidió tomar un baño. Como toda persona, el momento del baño era un momento en el que Courtney analizaba todos los aspectos de su vida… sin embargo, esta vez no quería pensar, así que decidió hacer algo que no era para nada propio de ella, poner música. Mientras se duchaba escuchó una serie de canciones románticas de la trasnoche de la radio. No ayudaba para nada a no pensar. Rápidamente se enjuago y salió de la ducha. Se vistió también rápidamente y preparó sus cosas. Cuando fue a desayunar, afortunadamente se encontraba Bridgett para ayudarla a mantener su extraño sueño fuera de su mente.
-Buen día Bridg…
-Hola Court, ¿Café?-le tendió una taza de café negro, fuerte como a ella le gustaba. Le sonriór por lo menos, no que ella . Se concentrncan no eraos por su castaño y sedoso cabello a su amiga rubia-Todavía recuerdo tus gustos-Courtney tomó un sorbo y le devolvió la sonrisa.
Se conocían desde que tenían 6 años. Habían ido a la primaria y secundaria juntas y se habían vuelto mejores amigas. Courtney sentía a Bridg como la hermana que nunca tuvo.
-Como a la palma de tu mano…-añadió, sabía que era la próxima frase que su amiga diría-Dime… ¿A qué hora regresaste? No te oí después desde que te fuiste con Geoff-hizo unos instantes de silencio para que su rostro asomase una pícara sonrisa-¿Hay algo entre ustedes?-preguntó mientras comía una tostada untada con mermelada de manzana.
Pudo notar como su amiga se ponía roja hasta las orejas. Estaba segura que a ella le gustaba aquel rubio atolondrado, y a él parecía gustarle también… o por lo menos eso le pareció a Courtney, quien los observo gran parte de la tarde. Siempre había estado orgullosa de que juzgaba muy bien a las personas, no podía equivocarse en esto.
-Bueno… realmente no hay nada, aún…
-¿Y qué es lo que esperan para que haya algo, Bridg?
-Es que… Geoff nunca me ha pedido nada formal. Sabes, el ama las fiestas, y hay veces que temo que no me diga nada por eso, para poder seguir disfrutándolas…-dijo angustiada.
-No te refieres a que cree que no lo dejaras salir más, ¿no?
-No… yo creo que a él le gusta estar con otras chicas, y teniendo novia formal, no le sería posible… no abiertamente, por lo menos-Bridg ya había pasado por eso una vez. Courtney odiaba a todos los hombres que hacían sufrir a su amiga. La anterior vez, había pasado noches enteras tratando de consolar a su amiga, que lloraba sin cesar ahogando su rostro en la almohada.
-No creo que él sea de ese tipo de chicos, Bridg. Recuerda que juzgo muy bien a las personas, y veo el amor en sus ojos. Como te mira… lo hace de una manera muy linda y especial.
-A lo mejor tienes razón, pero… ¿Qué debo hacer?
La castaña pensó un poco en cuál sería la mejor opción para su amiga. Courtney era una de las personas que creían que jamás debían dar el primer paso, de eso se encargaban los hombres; sin embargo, también había oído hablar y comportarse a Geoff, y temía que a lo mejor, jamás juntase las fuerzas para poner los puntos sobre las íes, o también era posible que ni siquiera supiera que era lo que Bridgett deseaba.
-Sabes que detesto que las mujeres tomen la iniciativa, pero también veo a Geoff como un chico muy distraído. Jamás se enterara de que quieres si no se lo dices-sonrió cálidamente.
-Gracias Court, creo que seguiré tu consejo, será lo mejor.
El día transcurrió sin mayores complicaciones. Tuvo tres clases, dos de ellas con Bridgett y la restante con Geoff y Justin. En ninguna de sus clases encontró a Duncan, se hubiese preguntado el por qué, pero eso era algo que a ella no le importaba.
Descubrió que Geoff era la persona más simpática que alguna vez habría conocido, sin embargo, también era una de las personas con menos cerebro con las que se hubiese cruzado. Los gustos de su amiga eran realmente extraños; por otro lado, descubrió que Justin, además de ser sumamente hermoso, era increíblemente vanidoso: Todas las veces que se miraron a los ojos, sospechaba que él lo hacía porque se reflejaba en sus ojos almendrados. No tenía otro defecto que su exceso de vanidad: Era hermoso, inteligente y sabía sacarle provecho a su belleza. Sin embargo, el tema más importante para Justin era Justin.
A las 3 pm sonó el timbre que indicaba el fin del turno de la mañana. Al cabo de diez minutos, los pasillos de la universidad se encontraban prácticamente desiertos, la excepción, era Courtney que se encontraba tomando unos cuantos libros para adelantar la lectura de las próximas clases. Mientras se encontraba perdida en sus pensamientos, sintió que alguien se acercaba y ese alguien, al cabo de unos instantes, se apoyó en el casillero al lado del suyo. Fingió que no le interesaba quien era, pero como al cabo de unos instantes el desconocido no pronunció palabra alguna, levantó la mirada. Sus ojos se encontraron con unos intensos ojos azules en los cuales creyó perderse por unos instantes, luego vio el cuerpo que acompañaba a esos ojos y se sorprendió al notar quién era.
-¡¡ERES TU!!
-Hola nena, se nota que me has extrañado.
-Ya quisieras…-tomó sus libros y cerró su casillero con un fuerte golpe. Después de su sueño, no necesitaba que volviese a confundirlo-…Ahora si me disculpas, tengo que irme-trato de tomar todos sus libros, pero al ser muchos y muy pesados se tambaleó y perdió el equilibrio. Duncan la tomó por la cintura para evitar que cayese-¡¡Quítame las manos de encima!!-exclamó horrorizada por el contacto con aquel punk.
-Tranquila princesa, sin mi hubieses terminado en el piso-le dedicó una media sonrisa que lejos de derretirla como seguramente había sido su intención, a Courtney le pareció altanera.
-Debo irme…ADIOS-dijo media vuelta y emprendió su…huída. Pero Duncan no era de los que se rendían fácilmente.
-Voy contigo-parecía más una orden que otra cosa.
-No quiero.
-Lo lamento nena, pero vivimos en el mismo edificio-dicho eso arrebató los libros de los brazos de Courtney- Déjame ayudarte- Ella no respondió, después de todo, no se lo había pedido.
Duncan era un joven terco. Desde muy pequeño, siempre conseguía lo que quería y de la manera que a él le parecía más conveniente. Siempre fue así con todo, y claro está, las mujeres no eran la excepción. Nunca había pensado en ponerse serio con una mujer, para él eran simples… objetos. Desde el día que había visto a Courtney por primera vez, supo que debía ser suya: Era una morena ardiente, tenía una exótica belleza con rasgos asiáticos, y un cuerpo que tenía más curvas que la carretera que ocasionalmente tomaba para volver a casa. La frutilla del postre, mientras más lo rechazaba, más la quería.
Habían caminado por los pasillos de la universidad cerca de tres minutos, hasta que finalmente Courtney rompió el silencio.
-¿En qué clases te encuentras que tienes tanto tiempo para andar… mal gastándolo?
-¿Acaso estás interesada en cruzarte conmigo, preciosa?
-No seas tonto, es simple curiosidad.
-Voy a algunas clases de la noche…
-¿Pero cuántos años tienes?, ¿No deberías ya haber empezado con la carrera?
-No preciosa, tengo 20, debería cursar las materias del segundo año del ingreso.
-¿Y cuáles cursas?
-Las que quiero, cuando quiero.
Era claro que Duncan no se interesaba por su futuro. No había tomado un camino adecuado en su vida. En un par de años, en el mundo no habría lugar para él.
-No sé que le ves de interesante a hacerte el rebelde… es patético-sentenció- El día de mañana no encontrarás un lugar en el mundo.
-¿Qué te hace pensar eso, nena?
-No tienes ni idea de lo que quieres hacer con tu vida, SE NOTA. El mundo te comerá el día de mañana. No tienes posibilidades- Desde su punto de vista cada una de sus palabras tenía sentido: para ella el mundo era una jungla y la manera de hacerle frente, de protegerse y seguir con vida era estudiando.
-Claro que se que quiero hacer con mi vida nena.
-Entonces dime… ¿Qué?
-Eso no es asunto tuyo, princesa-respondió de mal modo.
-No me dices porque ni tú sabes que quieres ser- Era tan altanera que lejos de desagradarle, Duncan sentía que esa morena le gustaba cada minuto más. Ya no tenía dudas de que debía ser suya.
-Entonces dime que es lo que quieres hacer tú, cariño.
-¡¡No me digas cariño!!... Yo quiero seguir la carrera de abogacía para luego ser diplomática-tenía muy en claro su futuro, mil veces lo había imaginado antes de dormir, cuando siempre imaginaba lo que quería su vida perfecta.
-¿Sólo eso?
-SI… solo eso, ¿Qué mas esperabas?
-Valla muñeca, hablas mucho pero tienes muy pocas cosas planeadas- Nadie le había dicho eso jamás. Obviamente se sintió ofendida.
-Tengo más cosas planeadas que tu-le respondió ofendida.
-Es algo que no sabes nena, jamás te he dicho mis planes.
-Porque tú no me has querido decir nada, DIME- ordenó. Él negó con la cabeza.
-Tendremos que conocernos un poco más para que te revele eso, preciosa- Courtney no respondió, sintió como la mirada de Duncan se posaba sobre ella. Sintió escalofríos- Alguien debería enseñarte a disfrutar de la vida nena. Seguir las reglas no siempre es divertido-dijo después de un minuto de incómodo silencio.
-Imagino que tú sabes divertirte rompiendo las reglas.
-No sabes cuánto nena. Yo podría enseñarte.
-JAAA, no gracias, ni soñarlo. Una persona como tú no puede enseñarme nada. Yo podría enseñarte más cosas que tu.
-Hazlo…
-¿Eh?
-Enséñame… algo, lo que creas que puedas enseñarme, y yo te enseñare a divertirte.
-Gracias pero no, gracias-habían ya entrado a su edificio y se encontraban cerca del apartamento de Duncan.
-Piénsalo princesa, será divertido.
-Está bien, lo pensaré-mintió-pero no esperes muy entusiasmado una respuesta-le quitó sus libros de la mano y siguió caminando sin siquiera saludarlo. Ese chico podía alterar todos sus sentidos, sin mencionar que la alteraba y enojaba.
Entró a su apartamento y cerró la puerta sin siquiera mirar atrás, pero pudo jurar que Duncan seguía allí, en el pasillo. Podía sentir sus ojos clavados en… bueno, en un lugar en el cual ella no se sintió para nada cómoda.
Todavía era temprano y Bridgett no estaba en casa, imaginó que estaría con Geoff siguiendo sus consejos. Sonrió al pensarlo. Decidió prepararse un té y adelantar un poco de lectura, la tarde era joven, pero el clima no acompañaba para nada. El cielo se encontraba cubierto de nubes, y el viento no dejaba de soplar.
Leyó alrededor de dos horas. Bridgett todavía no aparecía y la tarde se hacía cada vez más oscura. Mientras emprendía camino a preparar otro té, su teléfono celular comenzó a sonar. Lo tomó y miró quien podría llamarla a esas horas. Sonrió cuando vio quien era.
-Justin, ¡Hola!
-¿Qué tal Courtney?, ¿Te molesto?
-Para nada, no tenía nada para hacer, así que estaba leyendo.
-¡Genial!-Courtney no entendió sino hasta su próximo comentario el por qué de su emoción-Estaba preguntándome si querrías salir conmigo esta noche-podía imaginar como del otro lado Justin estaba lanzando una de sus sonrisas irresistibles, de esas con las que parecía comprar a cualquier mujer.
-Me encantaría, pero necesito saber que haremos, así sé que debo ponerme-odió el haber hecho ese comentario, había sonado tan vacío, sin embargo, dudaba que Justin lo hubiese notado.
-Cualquier cosa que te pongas estará más que bien. Quiero sorprenderte. Pasaré por ti a las 9.
-Hasta entonces, Justin.
-Adiós Court-ambos cortaron la comunicación luego de saludarse.
No sabía muy bien por qué había sentido esa repentina emoción por el llamado de Justin, después de todo, a ella no le gustaba otra cosa que no fuese su exterior… o al menos eso era lo que ella pensaba, "no se habían tratado lo suficiente" fue la manera en que lo justifico.
Sin duda alguna, era su mejor opción y no la desperdiciaría. Más aún si sabía que con eso sacaría completamente de sus pensamientos a ese joven punk.
