CAPÍTULO 8: Mi héroe
En el sepulcral silencio de aquella pequeña habitación en penumbras se encontraba él, cuidándola, observándola dormir entre sus brazos. Estaba agotada de tanto llorar, y finalmente había caído rendida.
Miró aquel perfecto rostro que, desde el principio y en secreto, lo había cautivado: Aquella mueca soberbia –que tanto le gustaba de ella- había desaparecido. Habían destruido por completo su entereza.
Verla allí, tan indefensa, tan lastimada le hizo pensar en las injusticias del mundo. ¿Por qué las cosas malas debían pasarle a personas como ella? Si no era otra cosa que un ángel, un ángel en la tierra.
Hubiese entregado todo porque ella se encontrase bien, por protegerla. Si le hubiesen pedido su vida, a cambio de que ella viviese perfectamente tranquila, la hubiese dado. Sin dudarlo ni por un instante. No sabía el por qué sentía aquella desesperada necesidad de protegerla, pero sabía perfectamente que le había fallado.
-Tranquilizate princesa, todo se arreglará-le había dicho mientras la abrazaba en la oscuridad.
Había pasado cerca de una hora y ella no había pronunciado palabra alguna. Simplemente lloraba. Se esforzaba por no hacerlo, con todas sus fuerzas quería contener las ganas de llorar, pero no podía evitarlo. No podía detener aquel caudal de lágrimas que brotaba de sus ojos.
-Fui una imbécil-sentenció entre llantos-Todo esto ocurrió por mi culpa.
-Oye, escucha nena: Nada de esto es tu culpa-dijo en un tono de voz cálido, que rara vez utilizaba- Aquel tipo es un animal para hacerle tales cosas a una mujer, por el motivo que haya sido. Debes ir con la policía, no debe salirse con la suya…
-¡No quiero!-le gritó interrumpiéndolo-Quiero que todo se termine aquí. No quiero ser conocida como la débil y pobre mujer a la que han violado…-su llanto se hizo aún más violento, y Duncan fortaleció su abrazo.
-No eres débil por ello-por primera vez después de encontrarla, ella posó sus rojizos y cansados ojos en los de él, una corriente eléctrica recorrió su cuerpo, y un amargo sabor se asentó en su boca-No eres débil. Te tomará tiempo superarlo, como es lo normal. Esta clase de cosas no se superan en dos días o semanas…
-Ese tipo arruinó mi vida…
Apoyó su mentón en la cabeza de ella, quedando acurrucada en su fuerte pecho. Él sentía como las lágrimas de la morena mojaban poco a poco su camisa. Quería demostrarle que no estaba sola.
-No digas eso. Ha sido algo terrible, si. Pero te ayudaré a superarlo, te lo prometo. Saldremos de esto juntos-le prometió con la mirada hacia la nada.
-Gracias por todo. Por ayudarme y por… salvarme…Eres mi héroe…
Tras esas palabras la muchacha de ojos almendrados había caído dormida en los brazos del punk.
Aquella última frase le había dejado un mal sabor en la boca. ¿Por salvarla? ¡Qué no hubiese dado por hacerlo! Había llegado tarde, había impedido que cometiesen más atrocidades con ella, pero no había podido protegerla del peligro.
Se odiaba por no haberla encontrado antes. Se odiaba profundamente.
Si tan solo hubiese llegado unos minutos antes, todo hubiese sido tan distinto. Ella no estaría pasando por esto. No hubiese sido más que un mal susto…
Pero no. Había ocurrido y no tenía sentido ya el pensar qué hubiese ocurrido de haber llegado antes.
Se sentía rabioso. Sentía rabia con aquellos estúpidos patanes –a quienes había jurado venganza-; sentía rabia con Justin por haber desaparecido cuando ella más lo necesitaba, porque por su culpa fue que a ella le ocurrió tal tragedia; y sobre todo, sentía rabia consigo mismo: Por sus estúpidos celos que le habían impedido ir por ella antes. Por solo imaginar que se podía encontrar en los brazos de aquel estúpido "muñeco Ken" en alguna de los salones… ¡Por Dios, cuan imbécil había sido!
Cómo pudo mandó un mensaje de texto al celular Geoff, informándole "más o menos" lo sucedido.
Fue entonces que comprobó que las malas noticias no corren, vuelan. En cuestión de minutos oyó a la puerta de entrada abrirse, y los susurros correspondientes a Bridgett, Geoff y Trent en la sala.
La rubia se asomó por la puerta de la habitación, encontrándose con Duncan y con su amiga dormida. Con la mayor delicadeza posible, intentando no despertar a su princesa de castaños cabellos, intentó escabullirse de la cama, para explicarles a los recién llegados lo ocurrido. Salió de la habitación en puntillas.
La excepción a la regla de que las malas noticias volaban parecía ser Justin, las horas pasaron y nada se sabía de él. Intentaron llamarlo, pero había apagado su celular. Pero nadie se preocupó por él.
Duncan se dirigió a la sala con todos los demás para tomar un poco de café, estaba exhausto, pero jamás se alejaría de su lado.
-¿Qué fue lo que ocurrió?-preguntó Trent, preocupado. Bridgett no había podido dejar de llorar por su amiga. Lejos de ser la noche que esperaban, se volvió una noche trágica, sus caras de angustia eran una prueba de ello.
-Es evidente lo que ha ocurrido-respondió de manera seca-Llegué demasiado tarde, no pude salvarla…
-¿Eran los muchachos del otro día?
-Si Bridgett, tres de ellos. Dos vigilaban la entrada y otro…- No pudo continuar, el solo recuerdo de aquella imagen hacía que su sangre hirviera. Apoyó sus manos sobre la mesa y bajó la mirada, mordiendo con fuerza su labio inferior.
Un incómodo silencio invadía la sala. Ninguno quería moverse de allí.
-¿Tuviste alguna noticia de Justin?-le preguntó Trent a Geoff, que siendo el mejor amigo debía ser quien más rápido podría encontrarlo, sin embargo no fue así. El rubio negó con la cabeza.
-Sigue sin atenderme, no sé que pudo haberle pasado… ¿No se habrá cruzado con…?
-No-lo interrumpió Duncan- Rápidamente se fueron luego de que los descubrí-Bebió el último sorbo de café y se dirigió al cuarto de Courtney, ella seguía dormida.
La observó durante un largo rato: Su cabello estaba alborotado, ya no quedaban rastros de su prolijo peinado; su maquillaje estaba corrido por tanto llorar y su vestido estaba reducido a retazos. Se había quedado dormida con su saco puesto, que le quedaba demasiado grande. Acarició delicadamente una de sus mejillas y le dio un beso en la frente, Courtney pareció despertarse.
-¿Duncan… Duncan…?-lo llamo en un susurro, no quería que la dejase sola.
-Tranquila princesa-susurró mientras ella lo abrazaba con fuerza, de manera casi inconsciente-Debes descansar-agregó correspondiendo a su abrazo y acomodándose a su lado.
-No me dejes sola, por favor-le suplicó hundiendo su cara en el pecho del joven. Él fortaleció su abrazo.
-Jamás te dejaría sola- Sintió como ella comenzaba a sollozar nuevamente- Te prometo que nadie te pondrá una mano encima otra vez…
Se hicieron unos instantes de silencio entre los dos. Duncan no quería tocar el tema, pero sabía que debían ir al hospital lo más pronto posible, simplemente para comprobar que todo estuviese bien.
-En la tarde… iremos al hospital-le informó con la voz cortada, intentando no oírse nervioso.
-No-sentenció-No quiero, no quiero salir.
-Pero es lo mejor para ti, nena. Necesitamos saber si todo está bien… Es decir-se corrigió-comprobar que todo esté bien.
-Quiero olvidar todo esto. Quiero que todo termine.
-Solo terminará después de comprobar que todo se encuentra bien
Ella no respondió. Hundió su rostro en aquel fuerte pecho nuevamente, apesumbrada. Dentro suyo, sabía que eso era lo correcto, pero le costaba mucho enfrentar el asunto.
-Por favor princesa, hazlo por mí-insistió-te prometo que nunca te dejaré sola, que te ayudaré a pasar por esto lo más pronto posible. Juntos lo superaremos-le susurró intentando tranquilizarla.
Dudó unos instantes. Lo miró de reojo, finalmente asintió con la cabeza, lentamente.
-De acuerdo, iré-su voz sonaba cargada de dolor-Gracias…-susurró.
-¿Por qué?
-Por no dejarme sola, por ayudarme a superar todo esto…
-No debes agradecer nada-le dijo tiernamente-Haría todo por ti.
Luego de aquello, Courtney se acurrucó en el pecho de Duncan, lista para dormir y levantarse con renovadas fuerzas, las cuales necesitaría para poder enfrentar aquella terrible situación.
Se hicieron las siete de la mañana, y fue entonces cuando Justin hizo su entrada para nada triunfal. Comenzaron a golpear la puerta del apartamento insistentemente. Todos estaban profundamente dormidos, quién logró despertarse y oír el violento golpeteo en la puerta fue Trent, que se había quedado dormido en el sillón. Arrastrando los pies, y sin saber donde se encontraba se dirigió a la puerta para abrirla, al hacerlo se encontró con la cara de Justin, atónito, sorprendido de encontrar al joven en el apartamento de su novia.
-Sabía perfectamente que tus intenciones no eran el ser amigo de Courtney… evidentemente lograste tu propósito-lo empujó hacia adentro del apartamento con violencia. Como los reflejos de Trent todavía no estaban del todo despiertos, cruzó sus pies y cayó al suelo. Lo miró extrañado, luego recordó donde se encontraba y que había pasado la noche anterior. Sacudió la cabeza.
-En vez de decir tantas estupideces deberías decir dónde estuviste…- Los ojos verdes del chico transmitían la ira que sentía por dentro.
-Eso no es de tu incumbencia. ¿Y mi novia?
-Deberías haberte preocupado por ella antes, ahora ya es tarde-le respondió con desprecio, tratando de echarlo del apartamento, pero no lo logró.
-¿A qué te refieres?-Reingresó en el apartamento, empujando a Trent con violencia.
-Tus amigos, te hicieron una visita, pero como no te encontraron…- se le hizo un nudo en la garganta-Courtney tuvo que verse con ellos…-lanzo a Justin una mirada llena de odio. El chico seguía sin entender.
-¿Podrías ser más claro, fenómeno?
-Podría ser muy claro, demasiado diría yo…-hizo una pausa, inhalo profundamente, tragó saliva-A Courtney… la violaron, por tu culpa.
Un silencio sepulcral invadió la sala. Justin no podía creer lo que acababan de decirle, su mandíbula prácticamente llegó a tocar el piso, tenía los ojos abiertos como platos, no podía creerlo.
-¿Cómo…?-preguntó con un hilo de voz-¿Qué es lo que has dicho?
-Ya me escuchaste-se recargó sobre el marco de la puerta, mirando el piso.
-Quiero verla…
-Mejor no, está durmiendo.
-Exijo verla, es mi novia.
-He dicho que no. Vuelve en otro horario, o espera a que se despierte.
Justin comenzó a caminar en círculos, se tomó la cabeza entre las manos numerosas veces. Comenzó a sudar, no podía creer lo que había pasado. Imaginaba que no pasaría de una simple amenaza, por eso no le había importado el dejar sola a Courtney…
-Iré… iré por un café-dicho eso salió corriendo del apartamento dejando a Trent solo y confundido.
Luego de unos instantes de permanecer inmóvil frente a la puerta, la cerró y decidió preparar café también. Se dirigió a la pequeña cocina y mientras programaba la cafetera apareció Duncan
-¿Quieres un café?-el joven asintió. Estaba despeinado y sus ojeras y su preocupación eran evidentes-¿Cómo se encuentra?
-Está dormida… tiene miedo de quedarse sola-Estuvo unos instantes en silencio-No está bien, está destrozada, pero es una mujer fuerte, podrá salir adelante-comentó al tomar la enorme taza de café que Trent le había pasado. Por lo menos he logrado que acepte ir al hospital en la tarde-dijo esto último sintiéndolo como una batalla personal ganada.
-Creo que debes saber que Justin estuvo aquí-dijo tras unos minutos de silencio, de mirar el café. Espero una reacción violenta por parte de Duncan, pero para su sorpresa lo tomó con bastante tranquilidad.
-¿Qué dijo?-preguntó seriamente, mirándolo a los ojos.
-No tenía idea de nada, creía que me encontraba aquí porque había pasado la noche con Courtney-tomó un sorbo de café y calló unos instantes-En tanto se lo dije, salió corriendo. Estaba blanco como un papel, asustado aparentemente.
-¿Dijo donde había estado?-su mirada estaba fija en el café. Trent calló unos minutos más, luego negó con la cabeza.
-Se negó a decirme donde había estado. Salió corriendo.
Duncan trataba de mantenerse tranquilo, ya habían pasado muchas cosas en muy poco tiempo. Dio el último sorbo a su café y comenzó a pasar una de sus manos por su cabello: Su cresta hacía tiempo que se había deshecho, ahora su cabello verde caía sobre su frente, un poco más arriba de sus ojos.
-Mejor vuelvo a ver como se encuentra Courtney…-pensó en voz alta, dejando la taza sobre la mesa de la cocina.
-Aparentemente, ninguno de nosotros se moverá hoy-Trent jugaba con el poco café que tenía dentro de su taza, con una mirada de nostalgia.
-Aparentemente…-murmuró y salió de la habitación.
Cuando entró a la habitación, Courtney se encontraba despierta, abrazando fuertemente las sábanas. Duncan se arrodillo al lado de la cama, quedando ambos rostros a la misma altura.
-Despertaste, princesa…-acarició su rostro y le dedicó una dulce sonrisa.
-No quiero estar más aquí dentro… pero tampoco tengo el valor como para salir-confesó.
-No deberías tener miedo, allí afuera no son todos monstruos. Solo debes enfrentar lo que sucedió y…
-No quiero enfrentar lo que sucedió-lo interrumpió-Quiero olvidarlo. No quiero sufrir más.
-Nena, no podrás olvidar esto tan fácil, necesitas ayuda-insistió.
-El conseguir ayuda solo me hará pensar más en esto…-sus ojos estaban cristalizados, tenía ganas de llorar, pero no lo haría, debía enfrentarlo-Intento ser la Courtney de siempre pero… es muy difícil ignorar lo que ha pasado.
Duncan la abrazó, sin que ella se levantase.
-No debes ignorarlo, princesa, debes enfrentarlo.
-¿Pero cómo?-preguntó mirándolo a los ojos. Su mirada llena de dolor, hizo que Duncan sintiese como si le hubiesen clavado un puñal en el pecho. Le dolía verla así.
-No lo sé princesa, pero juntos lo averiguaremos-le dio un beso en la mejilla y luego la miro fijamente a los ojos. Un mechón de su verde cabello calló en su cara, ella lo quito dulcemente. Le regalo una sonrisa, la primera después de aquel terrible hecho. No pudo evitar pensar que cuando sonreía se veía hermosa.
-Gracias.
-No tienes nada que agradecer princesa.
Cerca de las cinco de la tarde, Courtney ya había salido de la cama, había tomado un bajo y esperaba lucir como una persona normal, lista para ir al hospital.
Se miró al espejo, pero por más que intento, que se produjo como siempre, que arregló su cabello, ella no era la misma de antes. No era la mujer cuyo reflejo devolvía el espejo. Su mirada no era la misma. No porque estuviesen hinchados y rojizos, sino porque le faltaba algo, un brillo especial que siempre había caracterizado su mirada obsidiana.
Levantó los hombros resignada.
¿Acaso esa mujer sería el resto de su vida? ¿Dónde había quedado esa mujer orgullosa y soberbia que no temía a nada y se llevaba el mundo por delante?
Ahora había tomado su lugar una persona débil. Se sentía como una gacela en una jungla atestada por depredadores. Temerosa de vivir, de salir al mundo.
Estaba segura: Ella NO quería ser la mujer del espejo.
Debía ser la de antes. Sabía que aquello no sería sencillo, pues la habían marcado en lo más profundo de su alma, sin embargo, también sabía que Duncan la ayudaría.
Sonrió tontamente al recordarlo, al recordar su preocupación, su comportamiento. ¿Quién hubiese dicho que aquel chico malo podía comportarse así?
Tomó su cartera y levantando la mirada, caminó recogiendo los fragmentos de su orgullo herido hacia la salida de su edificio, donde la esperaba Duncan –recargado en su motocicleta, meditabundo-. Tan pronto la vio sonrío dulcemente y se acercó a ella, entregándole un casco.
-¿Rosado?-preguntó sorprendida al notar el color del mismo, no pudo evitar reírse por al imaginarlo con eso puesto.
-No tenía otro muñeca, tuve que comprarlo y al ver ese pensé en ti-ella levantó una ceja, incrédula y luego río-En serio, no tenía otro-insistió-Lo compré esta mañana. Si tanto desconfías podría mostrarte la factura de compra…
-No es necesario, esta vez te creeré. Las pruebas no son necesarias-bromeó poniéndose aquel casco, exageradamente femenino.
-¿Lista para ser la de siempre, princesa?-ella asintió sonriéndole abiertamente. El corazón del chico de ojos turquesa dio un vuelco.
-Tienes una hermosa sonrisa-le dijo mientras se subía al vehículo y ajustaba su casco, ella se subió tras él, ruborizada.
-Gracias…
-¿Nos vamos?-ella asintió y tomó al joven fuertemente por su pequeña cintura, luego de ello la motocicleta arrancó con rumbo hacia el hospital más cercano.
-Gracias a Dios no tienes nada malo-le dijo la médica, mientras observaba los análisis que la castaña se había realizado cerca de dos horas atrás. La miró fijamente-De todos modos, ¿Sabes que me veo obligada a denunciar tal situación?
Duncan la observó y pudo notar su mirada de terror. Ella negaba con la cabeza.
-Por favor, no lo haga…
-Cariño, lo siento, pero es mi obligación-respondió la mujer de gafas, mirándola a través de ellas con sumo pesar-Ojalá pudiese no hacerlo…
El joven punk entendió que aquella sería una decisión en la que no podía intervenir. Él la ayudaría a pasar por todo esto, pero el castigar a su violador, era una decisión pura y exclusivamente suya.
Permanecieron los tres unos instantes en silencio. Instantes en los que, en la cabeza de Courtney se libraba una batalla campal: ¿Qué debía hacer? Ella quería superarlo, pero una parte le decía que no lo haría ignorando esto, dejándolo sin castigo.
¿Quieres que le ocurra a otras chicas esto también? Le preguntó su inconsciente.
NO. No quería que nadie más pasara por esto. Ella mejor que nadie debería entender la importancia de denunciarlo: Como estudiante de derecho, su deber era velar porque se respeten las reglas y la integridad física de las personas. Quienes desobedecían las reglas, debían ser castigados.
Levantó la mirada, ahora mucho más tranquila, mucho más segura. Observó fijamente al médico, y luego de juntar el aire suficiente, le respondió.
-De acuerdo ¿Qué datos necesita?
Ni por un instante esa tarde Duncan había soltado la mano de la castaña. Se sentía sumamente orgulloso de ella: Atravesaba una terrible situación, pero sabía luchar contra ella y sus demonios internos. Sabía qué debía hacer para salir adelante, por mucho que le costase.
En pocas horas, la antigua Courtney estaría de vuelta.
-Eres una mujer realmente fuerte-le dijo en la puerta del edificio de la chica. Ya era de noche. Ella lo miró fijamente a los ojos, sonriente, serena.
-No quería convertirme en una mujer con miedo a vivir. Lo entendí todo gracias a ti-el muchacho abrió los ojos sorprendido-Si. Tú me hiciste comprender la importancia de ser una mujer fuerte, y eso es algo que jamás voy a olvidar. Jamás podré olvidar que no solo me salvaste, sino que me echaste a la vida nuevamente. Jamás podré olvidar que fuiste mi héroe-aclaró.
-Oh valla nena, de veras me hubiese gustado hacer todo aquello que tu dijiste, pero lo único que hice fue espantar a aquel idiota. Tú hiciste todo lo demás, yo no tengo ningún crédito.
Ella bajo la mirada, aún sonriente. Era extraño aquello, ya no podía mantener la mirada fija en la de él sin sentirse una estúpida, sonriendo de oreja a oreja.
-Vamos, te acompaño.
-¡Vivimos en el mismo piso!
-Pero te acompañaré hasta la puerta. ¿Quieres que te acompañe o no, nena?-bromeó.
-Quiero, vamos.
Rápidamente se despidieron al llegar al apartamento de ella, él espero a que la puerta se cerrase por completo antes de irse, entonces comenzó a transitar el pasillo hasta llegar a su apartamento y echarle llave a la puerta.
Se lanzó rápidamente sobre el sillón y prendió la televisión. Notó que aún tirado en aquel sillón se encontraba el traje que había utilizado la noche anterior. Decidió colgarlo para llevarlo a la tintorería al otro día, aunque en realidad lo había dudado bastante –puesto que tenía manchas de sangre-.
Comenzó a vaciar sus bolsillos y en ellos encontró una pequeña cajita cuadrada color azul, con un cisne en la parte de arriba. Sonrió al recordar que era. Abrió el paquete: Un par de pequeños –pero muy costosos- aros descansaban en él. Tenía piedras de color rosadas.
Cuando había ido por su traje, en la vidriera de una costosa joyería vio aquel delicado par de aros, y en un impulso irrefrenable los compró. Sabía que aquellos serían ideales para adornar las hermosas orejas de su princesa.
Lo dejó sobre la mesa, pensando en entregárselo mañana. Aunque la ansiedad fue tal, que terminó tomando aquella pequeña cajita y dirigiéndose al apartamento de la castaña –a pesar que el reloj marcaban las 12.05 am-
Corrió por el corredor, pero paró en seco al notar quién se encontraba en la puerta del apartamento: Justin. Se encontraba abrazando a su princesa, con el arrepentimiento marcado en su expresión.
¿Cómo era posible que ella lo aceptase después de lo que había hecho?
Una mezcla de rabia y celos lo invadieron.
Apretó la caja con fuerza, intentando controlar aquel creciente sentimiento y la imperiosa necesidad de golpear al muñeco Ken. Cerró los ojos con fuerza. Ni una lágrima se derramaría esa noche.
-Creo que mi peor error fue echarte a la vida, princesa…-susurró dando media vuelta y dirigiéndose nuevamente a su apartamento, con las esperanzas completamente pisoteadas y un enorme vacío en el pecho, el cual únicamente –sabía- podría ser llenado por ella.
Antes si quiera de saludar, debo pedir disculpas por mi TERRIBLE tardanza. No tengo justificación. Estuve estudiando mucho el año pasado. Estoy en la universidad y cada año se hace más difícil, pero no es justificativo –también podría agregar mi falta de inspiración, pero finalmente la he solucionado, espero…-
Trataré de tener pronto el otro –o en su defecto terminar la historia para así subir todos los capítulos tranquilamente- eso tendré que verlo teniendo en cuenta el tiempo que tenga para escribir, porque ustedes no se merecen esto :(.
Calculo que no tendrá más de cinco capítulos –cinco como mucho-
Ahora si ¡HOLA A TODOS! Espero que hayan iniciado el año de maravilla.
Quiero agradecerles a todos por sus reviews. Me hace muy feliz que lean mi historia y que les agrade –no tiene precio el que me digan que les gustó :)-
Ahora aprendí a responder los reviews, así que de aquí en más comenzaré a responder todos y cada uno de ellos.
Bueno, espero que nos leamos pronto y que hayan disfrutado de este capítulo –que la tardanza haya valido la pena-
Muchísimas gracias por leer, me hacen muy feliz ¡los quiero!
¡un beso!
Neorosemon
