N/T: Aquí es donde las cosas se ponen calurosas.. Y yo debo ponerme algo severa..
Este capítulo es shota/masturbación así que si no es de su agrado, es preferible que no lean..
Capítulo 3
Después del incidente del tobillo, Sebastián logró hacer que Ciel comiera diciéndole que se iría a buscar una cura solo si Ciel comía algo. Ciel aceptó porque no quería que ningún otro incidente sucediera. Su mayordomo se había ido hace como quince minutos ya. Trató de trabajar un poco pero comenzó a sentir comezón. No una comezón física pero era como si necesitara hacer algo. Cuando se dio cuenta de que había estado mirando la misma oración en una hoja de papel por casi diez minutos decidió tomarse un pequeño descanso.
Ciel se inclinó hacia atrás en su silla y miró por la ventana. La picazón se volvió un poco más fuerte e hizo que su ojo adquiriera un tic de molestia. Se levantó y abrió la ventana pensando que solo necesitaba un poco de aire pero eso solo hizo que la comezón empeorara aún más. Dejó salir un largo suspiro conforme cerraba la ventana. Inclinó su cabeza sobre el cristal y decidió tomar un pequeño paseo por el jardín.
Rápidamente fue a su guardarropa y sacó un sombrero y abrigo que le combinarán. Atascó el sombrero en su cabeza, haciendo una mueca de dolor cuando aplastó sus nuevas orejas pero cuando se miró en el espejo vio con satisfacción que no se notaban. Se metió en la chaqueta y buscó los botones por un par de minutos. Cuando finalmente logró abotonar algunos de manera correcta miró su reflejo, lo consideró suficientemente bueno, tomó sus guantes, y salió de su habitación.
*.*.*.*.*.*
Una vez fuera Ciel respiró el aire otoñal. Se sentía un poco extraño ya que no tenía su bastón pero ese estaba en la entrada principal y él no quería gastar demasiado tiempo caminando a través de la mansión en caso de que alguno de sus sirvientes lo viera. Cuando comenzó a bajar los escalones de piedra hacía el jardín pausó y inclinó su cabeza hacia un lado. Sintió como su sombrero se levantaba conforme sus orejas se movían tratando de erguirse. Rápidamente enderezó el sombrero pero aún podía oír una amortiguada risa que dedujo era de su jardinero. Como sus orejas regulares no podían oír nada asumió que Finny estaba lejos así que siguió caminando.
Luego de rodear un par de rosales vio una pila gigante de hojas amontonada en la base de un árbol. La miró y siguió caminando pero sintió como sus pies desaceleraban. Dejó de caminar y miró hacia atrás a la pila de hojas nuevamente. No lo notó pero su cola estaba comenzando a menearse un poco y empezó a tomar velocidad cuanto más tiempo pasaba mirado la montaña.
Antes de que Ciel lo supiera, su cuerpo adquirió mente propia. Rápidamente inició su caminata hacia la pila y cuando estuvo cerca dio un pequeño salto, perdiendo su sombrero en el proceso, y se abalanzó en la pila. Empezó a rodar alrededor de las hojas, se detuvo, excavo un poco y siguió rodando. Su cola estaba moviéndose y tenía una pequeña sonrisa en su rostro sin saberlo. Sus orejas se elevaron cuando oyó algo y entonces su nariz empezó a olfatear el aire. Levantó sus parpados y ¿observó los ojos rojos del hombre de pelo blanco? No, era un perro, su nariz se lo dijo. Ciel finalmente salió de su trance y se dio cuenta de que Pluto estaba mirándole en su forma humana.
Ciel se dio vuelta lentamente para estar entonces sobre sus rodillas de cara al perro. Colocó una cara de desagrado por la sensación de las hojas clavándose en la piel de sus rodillas pero regresó su atención a Pluto cuando el perro demonio se acercó un poco. Ciel se aseguró de mantener sus ojos en la cara de este porque, una vez más, Pluto estaba desnudo.
–¿Qué es lo que quieres?– Ciel preguntó aburrido. Miró a su alrededor para ver si Finny estaba a su cerca. Estaba esperando que el perro no lo hubiera traído pero se calmó al reconocer que él no podía ver, oler, u oír al jardinero. Ciel se inclinó sobre sus manos y estuvo a punto de apoyarse en ellas para pararse cuando su nariz se topó con la de Pluto. Torció los ojos tratando de ver al perro y rápidamente se echó para atrás.
Pluto tenía su cabeza inclinada a un lado y estaba mirándole como si nunca antes lo hubiese visto. Ciel levantó una ceja pero podía entender porque el perro estaba confundido. Este probablemente podía oler los cambios en el y no podía entender que sucedía. Pluto se acercó a él otra vez y comenzó a oler su cara. Ciel cerró su ojo pero no pudo evitar oler a Pluto de vuelta. El perro olía como a ceniza y a quemado combinado con el aire fresco de un día frio. Ciel abrió su ojo cuando no sintió el perro frente a él.
Pluto estaba le estaba dando la vuelta a Ciel mientras que Ciel lo miraba curioso. Decidió que tal vez ya era hora de volver adentro ya que había estado afuera por suficiente tiempo. Miró hacia abajo e hizo una mueca. Sebastián estaría extra molesto cuando viera que había arruinado un lindo abrigo dando vueltas en el suelo. De nuevo tenía intenciones de levantarse cuando sintió algo chocar contra su retaguardia. Volteó la cabeza y vio a Pluto olfateándolo allí. Ciel dejó salir un lloriqueo indignado y rodó lejos de Pluto.
Pluto dejó salir un gruñido y Ciel pudo sentir al instante como sus orejas se aplastaban y su cola bajaba pero siguió tratando de alejarse. Ciel se dio vuelta y casi pudo ponerse sobre sus pies pero Pluto lo tumbó al suelo. Ahora estaba tirado en el suelo sobre su barriga con Pluto haciendo presión sobre él. Luchó por quitarse el peso de encima, ignorando lo que Pluto hacía. Sintió como el peso sobre él se aligeraba y antes de poder moverse sintió unos afilados dientes en la parte baja de su cuello. Se aflojó casi inmediatamente y dejó salir un gimoteo.
De pronto Ciel se sintió raro. Esa comezón se convirtió en un dolor en la parte baja de su estómago y comenzó a sentirse tibio. Pluto dejó ir su cuello y comenzó a lamerlo haciéndolo retorcerse. Sintió como Pluto pateaba su ropa y se estremeció cuando notó una tibia mano deslizarse por debajo de su camisa. Antes de que la mano pudiera seguir moviéndose oyó a alguien gruñir encima de él. Al principio pensó que estaba dirigido a él pero luego de un par de segundos se dio cuenta de la presencia de alguien más.
Ciel miró hacia arriba y esta vez encontró los ojos rojos de su mayordomo quien miraba la escena con disgusto. Dejó salir el aire que no sabía que estaba conteniendo haciendo que esos ojos lo miraran a él y luego volvieran a Pluto. Sintió a Pluto agazaparse sobre él y gruñir más fuerte cuando Sebastián dio un paso hacia ellos. Se sorprendió de que Pluto hiciera eso. ¿El perro callejero ese no amaba al demonio o algo así?
*.*.*.*.*.*.*
Sebastián acababa de volver de buscar una cura para su amo. Desafortunadamente la persona que buscaba no estaba y se encontraba demasiado lejos de su alcance. Conforme entraba a la mansión usó sus sentidos para saber si su amo estaba bien y entonces suspiró exasperadamente cuando encontró a su amo fuera. Mientras caminaba al jardín de atrás su mente seguía mostrándole imágenes de lo que su amo podría estar haciendo. En el mejor de los casos solo estaría dando un calmado paseo. En el peor de los casos, estaría corriendo de acá para allá desnudo cual Pluto. Ese pensamiento hizo que los ojos de Sebastián se ensombrecieran así que aceleró el paso.
Luego de que Sebastián le diera la vuelta a los setos lo que sus ojos encontraron no era lo que él esperaba. Su joven amo tenía hojas naranjas y marrones por todo el cuerpo y Pluto en su forma humana estaba agachado sobre él. Parecía ser que el perro tumbó al joven amo. Conforme se acercaba Pluto no lo miró feliz ni saltó como solía hacerlo sino que se agazapo sobre Ciel y comenzó a gruñir. Sebastián levantó una ceja mientras miraba dicha presentación. No estaba complacido.
Sebastián oyó a Ciel soltar lo que parecía ser un jadeo y vio que el chico estaba sonrojado. Por supuesto que no era conveniente que su amo se enfermara especialmente estando en una condición con la que no sabía cómo actuar para empezar. Se acercó y Pluto empezó a gruñir más fuerte y mostró sus dientes. Aparentemente Pluto estaba mostrando su dominancia sobre Ciel. Pero Pluto sabía que Sebastián era el macho alfa entonces porqué estaba.. Sebastián obtuvo su respuesta cuando Pluto se volteó. Sebastián sintió un tic de molestia en su ceja. Pluto estaba tratando de montar a su joven amo.
Antes de que Pluto pudiera moverse siquiera Sebastián lo había sujetado desde su collar, sin importarle que este le interrumpiera la respiración, y lo arrastró lejos de Ciel. A continuación lo arrojó en dirección a donde suele estar Finny. Se enderezó, limpió sus manos, y se volteó hacía Ciel quien aún permanecía en el suelo. Sebastián recuperó rápidamente el sombrero de Ciel y luego levantó al chico de la manera en que suele hacerlo. Las cejas de Sebastián se juntaron un poco a causa de la confusión cuando en vez de luchar y dejar salir un grito indignado Ciel enrolló sus brazos alrededor de él y acarició con el rostro su cuello. Sebastián reprimió un pequeño temblor y rápidamente devolvió a Ciel a su habitación.
Una vez allí, colocó al chico sobre sus pies y tuvo que remover los brazos de Ciel de su cuello. Dio un paso hacia atrás pero no soltó una mano porque Ciel estaba balanceándose un poco. Sebastián soltó su mano cuando sintió que Ciel estaba estable y supervisó a su maestro.
El rostro de Ciel estaba ligeramente sonrojado y estaba respirando un poco agitado. Sus ojos estaban un tanto vidriosos. Había tierra y hojas en todo su cuerpo. Sebastián quiso regañar al chico pero no estaba seguro si Ciel podría registrar lo que dijera.
Rápidamente desvistió a Ciel y trató de ignorar los pequeños sonidos que el chico hacía cuando sus manos rozaban su piel. Una vez Ciel estaba desnudo, Sebastián recordó que su ropa de dormir aún estaba en la lavandería. Antes de ir a buscarla tomó un paño húmedo y limpió la tierra de las piernas de Ciel y de su cara, luego intentó peinarlo para así remover también las hojas y la suciedad de su cabello. Lo metió en la cama y encendió la chimenea. Ciel parecía tener los síntomas de un resfriado y no quería que se pusiera peor. Se aseguro de que el chico estuviera cómodo y se fue entonces a buscar el pijama.
*.*.*.*.*.*.*.*
Ciel frunció el ceño confundido. ¿No estaba en el jardín? Pluto estaba haciéndole algo. Lo que sea que el estúpido perro le hizo, Ciel sabía que no le había gustado. Ahora se sentía acalorado y adolorido. Se retorció de debajo de las sábanas y las pateó al pie de la cama. Solo se quedó allí, mirando el dosel de su cama sin importarle que estuviera desnudo.
Consideró el levantarse y miró el fuego al otro lado de la habitación. Quitarse las sabanas de encima apenas lo ayudó a refrescarse. De pronto sus ojos bajaron a su cuerpo y parpadeó confundido. Su pene estaba levantado. El no sabía que podía hacer eso pero tal vez era eso lo que estaba incomodándolo. Usó su mano para empujarlo hacia abajo pero una vez que lo tocó soltó un jadeo y removió su mano.
Se sentó un poco y pensó en tocarlo de nuevo. Puso un dedo en él y dejó salir un pequeño respiro. No dolía pero lo hacía sentir más acalorado. Lo recorrió entonces con su dedo y se estremeció por el placer. Puso un poco de presión y se sintió aún mejor. Colocó su mano alrededor de él y lo presionó resultando en él dando un gemido de sorpresa y un pequeño salto de sus caderas. Se recostó de nuevo en la cama y sin tener conciencia de ello su mano comenzó a moverse lentamente.
Sintió su cara sonrojarse aún más pero el dolor comenzó a convertirse en algo que se sentía indescriptiblemente bien. Sus ojos estaban cerrados y estaba jadeando un poco. Abrió sus ojos cuando sintió algo mojado en su mano y miró hacia abajo para ver alguna especie de fluido emanando de la punta. Pasó su pulgar por el área y su espalda se arqueó en extremo placer. Siendo codicioso, pasó su pulgar una vez más y gimió un poco más fuerte. El gemido lo sorprendió y lo hizo detenerse por un momento pero sin darse cuenta de que dejaba a su vez salir un quejido de desesperación.
Su mano empezó a bombear de nuevo pasando cada cierto tiempo su pulgar sobre la punta. Eventualmente comenzó a hacerlo más rápido, sintiendo el placer enrollarse en su estómago, mientras él se retorcía y jadeaba en la cama. Podía sentir algo tratando de pasar pero lo que estaba haciendo no era suficiente. Todo lo que sabía era que se sentía maravilloso y él lo quería pero necesitaba algo más.
Ciel gruñó frustrado. El placer se estaba convirtiendo en un dolor más intenso. Amplificaba el placer pero estaba empezando a ser demasiado. Tuvo que parar y poner su respiración bajo control porque estaba jadeando demasiado y su brazo se estaba acalambrando. Él sabía que no lo había estado haciendo esto por mucho tiempo ya que Sebastián no había vuelto.
Conforme trataba de calmar su cuerpo trató se pensar en algo para deshacerse del dolor. Se retorció el sentir una humedad bajar por la hendidura de su parte posterior. Frunció el ceño y, un poco ruborizado mirando a los alrededores, se apoyó en un costado y presionó un dedo sobre su trasero. A continuación lo pasó por toda la hendidura y sintió aún mas humedad allí abajo. Cuando su dedo tocó su entrada lo empujo un poco, mordiendo su labio por el sorprendentemente placentero sentir. Quitó entonces su dedo y lo miró. Había un líquido transparente casi inodoro cubriendo la punta de su dedo. Regresó su dedo y empujo un poco más, respirando pesadamente por la sensación. Antes de darse cuenta se las arregló para empujar su dedo hasta el primer nudillo. Se sentía realmente bien y de alguna manera supo que esto era lo que necesitaba para liberarse del dolor.
Estaba incómodo de lado así que se dio vuelta sobre su espalda. Colocó una de sus manos en su entrada y la otra en su pene. Comenzó a bombear y empujó su dedo hacia adentro. Tuvo que doblar una de sus piernas, con su pie contra la cama, para poder empujar más de su dedo y cuando lo hizo se sintió tan bien. Pero no era suficiente. Después de unos segundos de estimular y empujar se pudo impaciente y trató de agarrar ritmo.
Se sintió aún más cerca a cualquiera que fuera el sentir que había tenido antes. Empujó otro dedo en conjunto con el primero haciendo una pequeña mueca por el estiramiento. Se sentía tan bien pero aún no era suficiente. Estaba comenzando a ponerse incómodo en esta posición y moverse más rápido no parecía hacerle nada además de hacerlo desear más de algo. Solo deseaba saber qué. De nuevo se detuvo, lo que se sintió tortuoso, y decidió ponerse sobre su estómago. No se sentía correcto así que se colocó sobre sus manos y rodillas, y separó sus piernas, con su cola levantada. Por alguna razón esta posición se sentía más natural.
*.*.*.*.*.*.*.*
Sebastián suspiró mientras caminaba rápidamente a la habitación de su amo. El simplemente quería buscar la bata de dormir de la lavandería pero desafortunadamente fue detenido por Finny quien le decía que Pluto estaba actuando extraño. Antes de poder hacer cualquier comentario Maylene lo encontró y le dijo que Bard había hallado su lanzallamas. A eso, el ojo de Sebastián adquirió un pequeño tic, así que fue a buscar al errante cocinero. Una vez que lo encontró le quitó su herramienta favorita de cocina, y apagó el fuego que había iniciado, fue entonces que se volteó y regresó a Finny quien ahora estaba llorando. Consoló un poco al chico y luego procedió a ir a la habitación que hacía de lavandería. Toda la hazaña le tomó unos diez minutos.
Sebastián llegó finalmente a la habitación de su joven amo. Tocó la puerta, y no obtuvo respuesta así que se deslizó dentro y cerró la puerta con cuidado, de espaldas a la cama. Una vez que la puerta estuvo cerrada finalmente registró el jadeo procedente de la habitación. Se volteó esperando que la condición de su amo no hubiese empeorado. En vez de ello sus ojos se abrieron de par en par sorprendidos por la vista mientras la bata de dormir se le caía de las manos.
N/A: Le agradezco a todos aquellos que han "favoriteado", leído y/o dejado review. Me hacen muy feliz.
N/T: La autora se encargó de decir lo que tenía en mente así que.. No.. Esperen.. Hay algo más..
Feliz fin de año a todas/os.. Ojalá y el 2011 les traiga todo lo que pidan y más.. Así como sé que para el año que viene Sebastián será mío *Muajaja¿?*
Eeen fin.. Ahora sí.. Gracias por leer(:
