N/A: Esto es más que todo un capítulo informativo..

N/T: ¿Saben qué apesta?.. No tener internet.. Por eso vengo actualizando a estas alturas D:

No dejan de impresionarme chicas.. White Ark's Melody; esta vez fuiste tú quien adivinó lo que se venía..


Capítulo 5

Mientras Sebastián bajaba las escaleras para ir a la cocina se encontró con Lau y Ran-Mao quienes estaban entrando.

–Ah hola Sebastián.– Dijo Lau felizmente, sin abrir sus ojos. Ran-Mao solo miró a Sebastián sin expresión alguna mientras se sujetaba del brazo de Lau. Sebastián miró al hombre chino con una nada alegre mirada. ¿Por qué se presentaba en la mansión de repente?

–Lau-san. Pensé que estaba en el exterior por negocios.– Dijo Sebastián esperando una explicación. El hombre chino los había visitado hace una semana para contarle a su joven amo acerca de unos asuntos que tenía que atender.

–Lo estaba. Por suerte el lugar donde iba a encontrarme con mi cliente no era muy lejos pero igual acorté el viaje. Quizás pueda contarte la historia en un lugar más cómodo.– Dijo Lau abriendo un poco los ojos. Sebastián se inclinó un poco y llevó a los invitados al estudio que se encontraba arriba. Lau se sentó en el sofá con Ran-Mao instalándose inmediatamente en su regazo. Sebastián se paró estoicamente frente al par.

–¿Dónde está el joven Conde?– Preguntó Lau mirando a su alrededor como si el chico estuviera en la habitación.

–El joven amo se ha enfermado. Si tiene algún mensaje para él yo se lo haré llegar.– Le dijo Sebastián al hombre. El mayordomo notó la manera en que Ran-Mao y Lau se miraron.

–¿Hace cuánto que está enfermo?– Preguntó Lau, frotando con su mano la pierna de Ran-Mao de arriba a abajo.

–Ha estado indispuesto desde hace un par de días. Creemos que nuestro chef lo contagió.– Dijo Sebastián mirándolos sospechosamente.– Lau-san , ¿por qué acortó el viaje? – Preguntó yendo al punto.

–Ah bueno, tuvimos un pequeño tropiezo con uno de los productos para el cliente.– Dijo Lau inclinando su cabeza como si estuviera avergonzado. –Verás, lo que le damos a nuestros clientes viene en botellas rojas, todo lo demás se pone en botellas transparentes.

–Así que está diciendo que mezcló algo legal con algo ilegal poniéndolo en las botellas equivocadas. ¿Estoy en lo correcto?– Preguntó Sebastián aunque ya conocía la respuesta. Lau solo le sonrió. –¿Tendrá este pequeño error tener algo que ver con la enfermedad de mi amo?– Preguntó Sebastián seriamente.

–Bueno, espero que no. Verás antes de irme le di algo al conde para que pudiera relajarse un poco.– Los ojos rojos de Sebastián casi brillaron al mirar al hombre pero Lau alzó sus manos tratando de calmarlo. –No eran drogas si eso crees. Solo era una mezcla herbal, hecha con hierbas que ayudan a que la persona se relaje. Pueden incluso ser encontradas en diferentes tés. – Los ojos de Sebastián se apaciguaron un poco pero no apartó su afilada mirada del hombre.

–¿Le dio a mi amo algo que se suponía era para su cliente?– Preguntó Sebastián. Lau sonrió algo nervioso. –¿Qué era exactamente, Lau?– El aura de Sebastián se oscureció y creció haciendo al chino tragar grueso.

–Nada dañino. Era algo hecho para ayudar a que las esposas de mis clientes fueran más fértiles.– Dijo Lau tratando de no parecer afectado por el amenazador mayordomo. Por suerte lo que Lau dijo hizo que el aura negra de Sebastián desapareciera.

–¿Eso es todo?– Preguntó Sebastián tratando de asegurarse. Lau asintió. –Así que si mi joven amo lo bebiera eso solo lo haría más fértil, ¿correcto?– Preguntó Sebastián cruzando sus brazos sobre su pecho pero levantando una de sus manos hacia su barbilla como si estuviera pensando. Captó otra extraña mirada entre Lau y Ran-Mao.

–Bueno, honestamente, no estoy seguro de lo que le haría a un hombre. Solo ha sido probado un mujeres. Uno de los inusuales ingredientes que contiene proviene de una perra en celo. Mi cliente lo pidió ya que quería que sus tercas esposas fueran más complacientes. Aparentemente lo que vino a su mente fue un perro. – Explicó Lau. Sebastián observó al hombre y lentamente bajó sus brazos a sus costados.

–¿Una perra en celo?– Dijo Sebastián en voz baja. Lau solo lo miró cuestionándolo pero asintió. – ¿Hubo algún efecto secundario en las mujeres en los que fue probado?– Preguntó Sebastián curioso. Lau levantó una ceja pero de todos modos respondió.

–Bueno las pruebas fueron positivas. Todas las mujeres que lo tomaron quedaron embarazadas con facilidad. Si tuvimos un par que se resistió pero conforme el ciclo de celo avanzaba se volvió difícil mantenerlas alejadas de los hombres, por decirlo de manera educada. También parecía que la edad determinaba el tiempo que tomaba en hacer efecto. Las más jóvenes prácticamente se lanzaban al hombre más cercano, exceptuando a las que tenían a alguien especial que se mantuvieron solo con ellos. Ah el amor de los jóvenes.– Dijo Lau sonriendo. Sebastián lo miró sin ninguna expresión reflejada en su rostro. –¡Ah! Hubo un extraño efecto secundario en las más jóvenes, esas que aún estaban en desarrollo. Por alguna razón les nacieron orejas y cola de perro. También parecían tomar más características perrunas puesto que su gestación era más corta. Tuvieron unos hijos muy saludables.– Sebastián no sabía cómo tomar eso. Su joven amo ciertamente había adquirido los rasgos y algunas cualidades físicas de un perro, pero ¿también lo había hecho internamente?

–Lau-san, si un chico aún en desarrollo bebiera un poco, ¿qué cree que le provocaría?– Preguntó Sebastián cauteloso. Lau dejó de sonreír y parecía pensar.

–Bueno es posible que fuera más femenino pero no creo que le haría ningún daño. Sin embargo se comportaría un tanto sumiso y querría aparearse. Después de todo la manera más rápida de deshacerse del calor es esa, aparearse. Pero no creo que un chico pueda quedar embarazado. Aunque, nunca se sabe podría haber alguna especie de extraña magia en el aire que lo haga posible, sea esta buena o mala.– Lau le sonrió a Sebastián como si contara una broma. Sebastián solo le dio una pequeña sonrisa para ser cortés.

Ran-Mao se levantó para dejar que Lau se pusiera de pie. –Bueno ya que el joven Conde está enfermo dale mis saludos. Si llegas a encontrar el frasco agradecería que me lo devolvieras.– Sebastián asintió y los guió nuevamente hacia la puerta. Antes de que Sebastián pudiera cerrarla Lau captó su atención. –Algo más, si el joven Conde lo bebió asegúrate de que no hayan perros cerca. Usualmente cuando un perro huele a una hembra de su especie en celo solo va tras ella pero parece ser que cuando se trata de un ser humano en celo el perro se vuelve aún más agresivo. Incluso al punto de volverse en contra del amo a quien han sido fieles.– Sebastián asintió y cerró rápidamente la puerta. Eso explicaba lo de Pluto.

Sebastián adquirió un extraño sentimiento y supo que tenía que ver con su joven amo. Sin dudarlo se dirigió rápidamente a la habitación del chico y abrió la puerta. Notó que una de las ventanas estaba aún más abierta de los que la había dejado conforme caminaba hacia la cama y abría las cortinas. Allí vio a su joven amo yaciendo boca abajo sobre las sábanas con su bata levantada hasta la cintura mostrando su lindo trasero. Sin embargo Sebastián solo miró al intruso sobre la cama. Pluto, en su forma humana, estaba a horcajadas sobre el chico y estaba lamiendo el muslo interno de Ciel y avanzando hacia arriba. Paró abruptamente cuando oyó que Sebastián abría las cortinas y enfocó su vista en el demonio. Los ojos de Pluto brillaron mientras se agachaba sobre el aún dormido chico. Los ojos de Sebastián también brillaron mientras miraba al perro demoniaco. En vez de retroceder Pluto mostró los dientes y gruñó. A Sebastián no le hizo ninguna gracia.

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Ciel se despertó al oír los aullidos de Pluto, era extraño pero, en vez de acercarse el sonido parecía estar alejándose bastante. Miró a sus alrededores y vio las cortinas de su cama cerradas. Iba a abrirlas cuando, al sentarse, sintió un agudo dolor, originario de su retaguardia, recorrer su espina. Se echó se nuevo sobre la cama y apretó sus dientes hasta que el dolor desapareció. ¿Qué demonios había hecho? La última cosa que recordaba era sentirse caliente y con comezón y a Sebastián poniéndolo en la cama. Todo lo posterior a eso estaba borroso.

Escuchó un golpe en su puerta y entonces oyó entrar a su mayordomo. Las cortinas fueron removidas. Miró la ventana y vio que el son estaba poniéndose, y luego regreso su vista al mayordomo cuando escuchó el carrito de té. Había un maravilloso aroma procedente del carro y se ruborizó un poco cuando su estómago gruñó. Sebastián se colocó al lado de su cama y se inclinó.

–Espero que haya tenido una buena siesta joven amo. Durmió durante el almuerzo y supe que estaría hambriento así que preparé una cena temprana para usted. ¿Se siente mejor?– Preguntó Sebastián mientras Ciel se sentaba. Notó que el chico chillaba y trató de manejarlo con cuidado. Colocó un montón de almohadas tras Ciel y luego se volteó para colocar la bandeja sobre las piernas del Conde.

–Sebastián, ¿Por qué estoy adolorido?– Preguntó Ciel mientras sorbía su té y luego comenzaba a comer con elegancia. Sebastián lo miró sin expresión alguna.

–¿El joven amo no recuerda?– Preguntó Sebastián lentamente. Lau no dijo nada acerca de que las chicas perdieran la memoria. Claro está que el chino podría haberse guardado la información. Eso no le sorprendería. Ciel miró a su mayordomo.

–Recuerdo sentir picazón y calor pero no dolor. ¿Será a causa de eso?– Preguntó Ciel. – Pero, ¿Por qué me siento especialmente adolorido en..– Ciel dejó de hablar.

–¿Joven amo?

–No importa– Dijo Ciel ruborizándose ligeramente. Sebastián permaneció parado justo a Ciel mientras el chico comía. –Oí a Pluto aullar temprano. ¿Hizo algo?– Preguntó sin mirar a su mayordomo. Si lo hubiese hecho habría notado que sus ojos rojos brillaron por un momento.

–Entro a la casa de nuevo. Yo solo lo lleve afuera. – Dijo Sebastián. Por ponerlo afuera Sebastián se refería a arrastrar al perro y lanzarlo más lejos de la mansión de lo usual. Le sonrió a Ciel cuando el chico lo miró. Sebastián tomó la bandeja de comida apenas Ciel terminó con ella pero coló un poco de té para él. –¿Cómo se siente ahora?– Ciel estuvo a punto de tomar otro sorbo de su té cuando miró a su mayordomo. Se movió un poco, notando que el dolor era menos intenso.

–Mejor que cuando me levanté. Nunca respondiste a mi pregunta Sebastián.– Estableció Ciel, recordando la interrogante que le había hacho al mayordomo hace un rato.

–El dolor es atribuido a su enfermedad.– Respondió Sebastián. No mintió pero no estableció lo que de verdad ocasionó el dolor. Ciel solo asintió y lo aceptó.

–Veo que he malgastado muchas horas del día. Debería tratar de hacer algo de papeleo.– Dijo Ciel otorgándole la taza y el plato a Sebastián para luego moverse lentamente y salir de la cama.

–¿Está seguro de que no quiere descansar un poco más joven amo?– Preguntó Sebastián mientras asistía a Ciel.

–Puedo asegurarte de que, además del dolor, me siento en perfecta salud. Así que probablemente el dolor es la última etapa de esta enfermedad.– Respondió Ciel con tono aburrido conforme se dirigía a su escritorio. Alejó a Sebastián con una seña cuando este intentó desvestirlo pero pidió un par de almohadas antes de sentarse.

Mientras trabajaba, Sebastián se paró tras el chico pensando en lo que Lau le había dicho. Esperaba que Ciel siguiera dormido para el momento en que regresó de lanzar lejos al perro para así poder verificar si el chico había tenido algún cambio interno. Pero bueno, solo tendría que colarse dentro cuando el chico se durmiera de nuevo. Enfocó su vista en el joven amo y se preguntó cuánto le tomaría al chico notar que ya no tenía orejas o cola. Eventualmente Sebastián se excusó para ir a asegurarse de que los otros sirvientes no hubiesen hecho nada en su ausencia, más, antes de irse, se aseguró de que las ventanas estuvieran bien cerradas.

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Volvió a la hora en que su joven amo solía irse a la cama. Cuando entró a la habitación encontró el chico desplomado sobre el escritorio. Rápidamente caminó hacia él, para asegurarse de que se encontraba bien. El joven amo parecía haberse quedado dormido pero si se sentía un tanto tibio. ¿Quizás la "enfermedad" todavía no había salido de su sistema? Sebastián levantó al chico cuan recién casados., sopló para apagar la vela que estaba en el escritorio ya que no la necesitaba, y puso al joven amo sobre la cama.

Antes de arropar al joven cerró sus ojos y pasó su mano sobre el cuerpo del chico para ver si había algo inusual en él. Su mano se detuvo sobre el abdomen del chico cuando se dio cuenta de algo. Se sentía como si hubiese un pequeño bulto desarrollándose pero no era suficiente como para tomarse en cuenta. Esperaba que el joven amo ya no estuviera en celo y, con suerte, que nada saliera de esto. Tal vez lo que dijo Lau sobre la "extraña magia en el aire" no era tan descabellado como sonaba. Era posible que su semen fuera justo lo que podría embarazar a su joven amo.

Sebastián abrió sus ojos pero dejó su mano sobre el abdomen del chico. Trató de imaginarse al chico embarazado, gestando a su hijo. Fue extraño que no le fuera muy difícil hacerse una imagen de eso y para colmo eso lo estaba excitando. Apartó su mano de la barriga del niño cuando se dio cuenta de que había estado frotando el abdomen del chico. Rápidamente arropó al chico y se retiró para dejar todo listo para el día siguiente, como siempre hacía.

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Ciel se despertó en medio de la noche. Se sentía caliente y con comezón de nuevo. Pateó las sábanas hasta quitarlas y se dio vuelta pero no podía refrescarse. De repente sus ojos miraron alrededor cuando captó el olor de su pareja. Olfateó el aire y siguió el rastro. Se tropezó con la puerta y prácticamente rodó por el pasillo pero eso no lo detuvo. Sus pies estaban guiándolo a pesar de que la esencia se desvanecía por ratos. Antes de que lo supiera abrió una puerta y fue inundado por el olor. Comenzó a jadear conforme se trepaba en la cama en que su pareja estaba descansando. Registro que esta estaba hablándole pero lo ignoró en orden de lanzarse y colocarse a horcajadas sobre él. Gruño feliz cuando frotó su miembro erecto contra su pareja.

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Sebastián estaba descansando en la cama tratando de pensar que comida debería servir al día siguiente cuando presintió a su joven amo fuera de su habitación. Estuvo a punto de levantarse cuando la puerta se abrió para dar paso a un sudado y jadeante Ciel. Los ojos de Sebastián se dilataron cuando olió las feromonas procedentes del chico.

–Joven amo, ¿está bien?– Preguntó Sebastián un tanto preocupado. No le gustaba hacía donde iba esto. Por supuesto que le hubiera encantado hundirse dentro de su amo de nuevo, y clamar su cuerpo una y otra y otra vez. Pero no quería darle oportunidad al chico para embarazarse. ¿O sí?. Bueno esto era ciertamente una prueba de su fuerza de voluntad ya que el chico ahora estaba acuclillado sobre él. Parecía ser que nada que el chico no registraba nada de lo que decía. Se sentó y gruñó al mismo tiempo que el chico cuando Ciel comenzó a frotar su erección contra su abdomen. Sebastián lo intentó de nuevo.

–Joven amo, ¿sabe lo que está haciendo?– Preguntó con la respiración agitada. La respuesta de Ciel fue lamer la punta de su nariz para luego darle lo que era prácticamente una mirada de cachorro. Se sintió tragar grueso especialmente cuando sintió unas pequeñas manos desabrochando sus pantalones. Dejó salir un tembloroso suspiro. Se inclinó hacia atrás y miró a Ciel tratar de tirar hacia abajo sus pantalones sin bajarle el cierre. Sonrió y decidió ayudar al chico. Al diablo con las consecuencias.


N/T: Y pues.. Hasta aquí ha escrito la autora.. Ahora solo nos queda esperar a que ella actualice.. Estaré atenta en caso de que así sea..