hola mis niñas hermosas! ahora si, ha llegado el final de esta historia, de verdad muchisimas gracias a todas y cada una de las que me siguieron y apoyaron a lo largo de este proyecto, dianis, maria, raqhu, leonore, pintirucchia0222, normita, goshy, julie, cami love, lita, vanessanolasco, Vanesa Milagros, Karina grandchester, litac, wisal, gaby, aida, nelly, Lizethr, phoenix, lupita isais, perla, y a ti lector anonimo, pero especialmente a mi editora y amiga mai mai! sin la cual este proyecto al igual que el de "sombras del ayer" se hubieran quedado gaurdados un rato jeje.

y esta no es una despedida sino un ¡nos estamos leyendo! las kiero! xoxo

ADVERTENCIA: LA ESCENA QUE ESTAN A PUNTO DE LEER NO ES APTA PARA MENORES DE EDAD NI PERSONAS SUCEPTIBLES (hay creo que soné como comercial de tv jejje)

Capitulo 10

Al llegar al castillo, Candy se percató de que no había nadie en él, al mirar a Terry de manera interrogante este sólo se limitó a responderle:

—Quería que estuviéramos solos tú y yo—dijo mostrándole una sonrisa traviesa.

Terry la llevó a su habitación, la cual estaba bellamente arreglada, había rosas por todas partes, llenando la habitación de una embriagante fragancia.

—¡Esto es hermoso!—exclamó Candy.

—Lo hice especialmente para ti—Terry la tomó de la mano, sentándola en la cama, e inmediatamente tomó una pequeña cajita de terciopelo roja, mientras íesto, el corazón de Candy latía apresuradamente y mientras se llevaba un mano al pecho, Terry exclamó:

—Candy, sé que no soy el mejor hombre que existe en este mundo pero, ¿aceptarías pasar el resto de tus días a lado de este mortal que viviría sólo para ti?—los ojos de Candy se humedecieron al escuchar estas palabras, impulsivamente, se lanzó a sus brazos, instantes después lo miró directo a los ojos diciéndole:

—Creo que… mi respuesta es… ¡sí acepto!

Terry la tomó entre sus brazos, levantándola ligeramente de la cama, pero el esfuerzo que realizó fue tan grande, que sus piernas flaquearon por un instante, tirando a ambos sobre la cama.

—Terry, ¿estás bien?—dijo Candy ante lo precipitado de la caída.

—Claro, nunca estuve mejor—la miró intensamente a los ojos, para después mirar sus labios, y sin poder resistirlo, la besó; comenzó a morderle los labios con gentileza, haciendo que un calor invadiera todo su cuerpo.

—¿Te gusta?—preguntó Terry con voz ronca.

Candy solo asintió con un movimiento de cabeza. Terry volvió a besarla pero esta vez con mayor intensidad, eran besos expertos de un hombre experto. Los labios y la lengua de Terry exploraban su boca y Candy se percató de que estaba muy excitado, pero así como percibía su excitación también se daba cuenta de que Terry se controlaba para no apresurarla ni asustarla.

Sólo que ella sí estaba asustada. Terry alzó despacio las manos hasta los pequeños botones del vestido que Candy llevaba puesto. La mirada intensa de Terry se posó en sus senos endurecidos bajo el sostén y con un solo movimiento le desabrochó la prenda y la arrojó a un lado.

—Hermosa, tienes la piel como la seda—dijo Terry con voz ronca moviendo los dedos sobre la suave textura y después inclinó la cabeza para acariciarla con los labios.

Candy se convulsionaba de placer. Terry sintió su reacción y la acercó más. A través de su camisa, ella sintió el calor de su cuerpo. Desnuda, excepto por sus bragas, quedó envuelta en los brazos de Terry, y era el único lugar en el mundo donde quería estar.

—¿Nerviosa?—preguntó él, apartándole el cabello de la cara y lamiéndole gentilmente un punto vulnerable en su cuello.

—Si—gimió ella.

—¿De mi?

—No—susurró Candy, y era cierto; toda la situación la atemorizaba, pero no Terry.

—¿Quieres que me desnude?—preguntó Terry con suavidad.

Candy pasó saliva. Candy trató de decir que sí, pero sólo salió un gemido de su boca. Él comprendió, se quitó la camisa y Candy estudió el poderoso pecho, los hombros anchos y la textura suave de la piel bronceada. Después él se quitó los pantalones con un movimiento ágil.

Era obvio que estaba muy excitado, pero era natural. Cuando Terry la acercó a él, Candy se acurrucó contra él sin inhibiciones. Terry la besó de nuevo, mas ya no con tanta gentileza. La abrazaba fuerte, sus pieles calientes se frotaban y provocaban más calor. El aroma de él la inundó; su cuerpo duro parecía imprimirse en el de ella. Después Terry levantó la cabeza y la miró a los ojos.

—Casi estamos en el punto en el que no hay regreso—él le advirtió.

—No te estoy pidiendo que te alejes—susurró ella.

—Te prometo que no voy a lastimarte—le dijo con suavidad, besando sus mejillas, sus párpados que en ese instante estaban cerrados ante el temor de esta nueva experiencia, mientras sus manos se posaron en su seno, provocando un estallido de placer.

Sus corazones latían al unísono. Cuando Candy lo tocó, Terry tembló, pero ella también lo hizo cuando él la acarició con más intimidad, rozando su abdomen, la curva de su cadera, la suave piel de la parte interior de sus muslos provocando olas de placer indescriptible.

Terry acomodó su cuerpo más cerca de ella y murmuró su nombre. Después retiró los dedos para poder internarse en ella con vigor. Y, como su desnudez, aquello fue tan natural que Candy sólo experimentó una leve sensación de dulce dolor.

Relajada y receptiva, respondió de inmediato cuando él se movió contra ella. Sabía que Terry perdía el control, pero ella también; los dos caían cada vez más en un pozo muy profundo de sensaciones exquisitas. Después los movimientos de Terry se aceleraron, su cuerpo se tensó y Candy sintió que se contenía un poco más, pero eso no importaba, ya que ella comenzaba a ahogarse en esas sensaciones, y después él la siguió, susurrando su nombre con sorpresa, como si no pudiera creer la intensidad de placer que lo hacía temblar sin control.

Cuando las ultimas olas de placer se desvanecieron, los dos se quedaron quietos largo tiempo. Al fin Terry se quitó de encima de ella y se apoyó en un codo para mirarla. Era una mirada llena de amor, mientras Candy le tocaba el rostro con ternura. Con gesto pensativo, Terry le acarició el cabello con los dedos, y después tiró de él con suavidad.

—Empiezo a descubrir más cosas de ti de lo que esperaba—murmuró.

—¿Qué cosas?—preguntó Candy con timidez.

Terry no respondió, sino que deslizó la mano por el cuerpo de Candy, como si la textura sedosa lo calmara.

Un rato después, Candy notó que Terry volvía a excitarse. Sentía el calor que fluía de su propio cuerpo, y la reacción de él. Cuando trató de tocarlo, él la detuvo.

—Aún no—ordenó con sensualidad—esta vez quiero hacerlo más despacio.

—¿Más despacio que la primera vez?—preguntó Candy con asombro.

—Oh si—respondió Terry—mucho más despacio y mucho mejor—sus manos se alzaron hasta el pezón endurecido.

Candy se recostó y lo miró con adoración. Sabía que este era el mejor día de su vida.

La luz de la luna se filtraba por la ventana de la habitación de Terry, se podía escuchar el viento soplando por los árboles del castillo, mientras Candy recostada sobre el pecho de Terry, podía escuchar su relajada respiración.

—¿Feliz?—le preguntó Terry mientras acariciaba la espalda desnuda de Candy, enviando olas de excitación por todo su cuerpo.

—Increíblemente feliz—respondió Candy sonriendo—no puedo creer que todavía ayer pensaba que te casarías con Susana. No me has dicho qué fue lo que pasó con ella.

—Simple, nunca estuve comprometido con Susana.

—Pero…—Candy no entendía.

—No tenía idea de que ella te hubiera dicho otra cosa.

—Si no era cierto ¿Por qué no me lo aclaraste?—preguntó Candy con una risita de protesta.

—Me convenía que tú así lo creyeras—le rozó los labios con un beso—planeaba ponerte celosa.

—Y lo lograste. Aunque siempre traté de ocultar lo que sentía.

—Y yo que creí que tu único interés en mi era como mi terapeuta.

—¿Había algo entre tú y Susana?—Candy insistió después de un momento—te mostrabas muy comprensivo con ella.

—Tenía que hacerlo pues es muy dramática. Antes del accidente teníamos una relación que cobraba vida cuando estábamos juntos y moría al separarnos. No había profundidad en ella y los dos lo sabíamos. Después de que la rescaté en el accidente y yo quedé paralizado, Susana supuso que tenía que dedicarme el resto de su vida, lo quisiera yo o no. Se sentía culpable de que ella había resultado ilesa y yo no. Yo estaba preocupado, también su madre; pensábamos que sufriría alguna crisis. Lo único que yo podía hacer era evitar un drama, y poco a poco alejarla de mí.

—¿Por eso estabas tan molesto cuando hable con ella de tu progreso?—Candy empezaba a comprender.

—Sí—Terry sonrió y la abrazó—al fin convencí a Susana de que aceptara el trabajo que le ofrecían en nueva York. La mañana de la fiesta, llorando e histérica me informó que no lo aceptaría. Tardé mucho tiempo en calmarla y hacerle ver que no la necesitaba en el castillo, que aunque quedara confinado a una silla de ruedas, ella no debía sentir ninguna obligación conmigo—hizo una pausa y después añadió un poco burlón—¿responde esto a todas tus preguntas acerca de mí y Susana?

—Todas menos una—Candy le susurró—ya que nunca estuvieron comprometidos ¿Cuándo te diste cuenta de que estabas enamorado de mi?

—No fue que me diera cuenta. Fue un amor a primera vista. Supe que te deseaba desde el primer momento en que te vi y eso fue hace aproximadamente seis años—Candy frunció el ceño al escuchar eso—así es mi pequeña pecosa, fue un día que visité a mi viejo amigo en su consultorio, tú ibas saliendo de él, habíamos chocado y ni siquiera dirigiste una mirada en mi dirección, eso me dejo con un remolino de sentimientos que no podía explicar, ya que yo acostumbrado a que todas las chicas me miraran, por primera vez una mujer realmente hermosa no me dirigió ni siquiera un vistazo. De ahí en adelante me dediqué a hacer que Albert te extendiera mi invitación a las obras a las que me presentaba, pero nunca apareciste en ellas. Y vaya sorpresa que me lleve al saber que, de todas las enfermeras en este planeta, Albert tenía que haberte dado mi caso a ti. Ahí fue cuando todo se aclaró para mí—Candy lo estaba escuchando atenta ante esta declaración—estabas hincada a mis pies, ajustando la silla de ruedas, con tu cabello brillando bajo el sol, y entonces me viste con atención. Lo que sentí fue como un rayo, un descubrimiento instantáneo; tú eras la mujer creada para mí, la Eva a la que siempre esperé.

Candy contuvo la respiración y puso su mirada a la altura de la de Terry; la lámpara que se encontraba en la mesita de noche le alumbraba el rostro, estaba maravillada.

—Yo pensé… estaba segura….

—Puedo imaginar lo que pensaste, y todo por la forma en que te traté—Terry dijo severo antes de continuar—tantos años persiguiéndote y cuando al fin te tenia frente a mí, estaba en una silla de ruedas y eso me hacía dudar de mi virilidad. ¡Quería poseerte, para ti era cada uno de mis pensamientos, de mis emociones! Me sentía tan celosos que por eso te acusé de coquetear con Albert, aunque en mis momentos racionales sabia sin duda alguna que no eran esas tus intenciones y mucho menos las de Albert. Me torturaba tenerte cerca de mí y saber que no te podía alcanzar. Me enfurecías con tu autosuficiencia y frialdad. Lo que empeoraba las cosas era que también sabia el fuego que había en tu interior, un fuego que tal vez reservabas para otro hombre. Te tenía en la mente en todo momento. Aún cuando dormía, no dejaba de soñar contigo—suspiró mientras le acariciaba la mejilla con el pulgar—tú me despertaste de una de esas pesadillas.

—Yo creí que la pesadilla era por el accidente.

—Soñaba contigo; estabas parada en el sendero de acceso y un tractor que tu no habías visto estaba a punto de arrollarte. Con mis piernas inútiles no podía evitarlo. No me podía mover.

—¡Terry!—murmuró Candy, conciente de que su amor por él era tan intenso como el que Terry sentía por ella.

—Me tenias obsesionado—murmuró mientras tomaba la mano de Candy que en ese momento le acariciaba el rostro y depositó un beso en la palma—y la frustración me hacía actuar como un tirano aún a sabiendas de que nunca te agradaría.

—Estabas equivocado—le dijo Candy con voz ronca—fue de ti como tirano de quien me enamoré. Antes había visto valentía, pero tú eras más decidido. Te admiraba y amaba mucho. Además—añadió con los ojos llenos de amor—¿olvidas el interés que mostrabas en mi y la ternura que me brindaste en ciertos momentos? La noche de la fiesta…

—¡No me lo eches en cara!—al interrumpió.

—¿Qué quieres decir?

—Me refiero a que todavía me siento responsable. Por mi fue que volviste a ver a Neil.

—¿Quieres decir que lo planeaste todo? –preguntaba una Candy totalmente incrédula.

—Fue muy sencillo. Yo tenía intenciones de ampliar mi producción en los Estados Unidos. Cuando la compañía de los Legan propuso enviar a un representante para afinar los detalles, tuve la sospecha de que enviarían al cuñado de Anthony. Unas cuantas preguntas me lo confirmaron. Yo estaba aterrorizado de que esta vez él te pudiera conquistar, pero al mismo tiempo confiaba en que si escuchabas hablar de Anthony y de lo feliz que fue con Elisa, descubrieras que habías idealizado tu relación con él.

—Tenias razón. Tan pronto como volví a escuchar hablar de Anthony, supe que mis recuerdos habían sido demasiado románticos.

—Yo no lo sospechaba. Pensé que todavía vivías del recuerdo de Anthony. Tenía que mostrarme cortes con Neil, aunque había algo en él que no me inspiraba confianza. Desde luego, nunca se me ocurrió que fuera capaz de algo tan espantoso como una violación. Aun cuando vi la forma en que actuaba contigo en la fiesta, pensé que eran los celos lo que me tenían paranoico. Debí seguir mis instintos e impedir que te fueras sola con él. Por eso decidid que debía ir detrás de ti.

Aunque era una noche cálida, Candy de repente se estremeció. Terry la abrazó con fuerza acercándola hacia él en un contacto íntimo; los brazos de Terry le decían que nada ni nadie la volverían a lastimar.

—Fue una noche terrible—murmuró Candy. Levantó la cabeza y sonrió—pasé toda la velada a la expectativa, pues esperaba que anunciaran tu compromiso. Cuando tu madre anunció el segundo brindis, pensé que el corazón se me destrozaría.

—Mientras que todo lo que yo deseaba era tomarte entre mis brazos y besarte hasta que no recordaras tu nombre, y mucho menos el de tu ex prometido.

El ladrido de Nikki se escuchó en ese momento. Pero la magia entre ellos era tan poderosa que no lo notaron. Candy unió las manos detrás del cuello de Terry; el anillo de compromiso con un brillante solitario que él le puso horas antes, atrapaba la luz de la lámpara.

Terry la besó apasionado; el cuerpo de Candy se arqueó contra el de Terry, pues un deseo dulce le recorría todas las fibras de su ser. Cuando al fin se separaron, ella supo por el brillo en los ojos de Terry, que los dos pensaban lo mismo.

El color le cubrió el rostro al recordar aquella tarde en esa habitación. Terry había alternado la ternura con el ardor, hasta que el éxtasis se convirtió en un placer fiero.

—Creo que es hora de dormir—dijo Candy con voz ronca, sonriendo de medio lado.

—¿Quieres decir que estas cansada?—dijo Terry con un ligero toque de travesura en su voz—espero que no, pues no te permitiré dormir durante un buen rato.

Candy sintió que se le aceleraba el pulso. La mente le dio vueltas un instante al pensar en el futuro que le esperaba, en todo lo que compartiría con Terry, y después regresó al presente, a una noche gloriosa de amor y pasión, a la que seguirían muchas semejantes.

fin