Disclaimer: Bueno mis queridos lectores, se que ya lo saben de sobra, pero es mi obligación que ni Digimon ni sus Personajes son mios, todo le pertenece a sus respectivos autores... Se que esto los desepicona de manera intensa! Pero... que le hago?


Yamato toco el timbre del departamento de su hermano, y repentinamente, comenzó a sentir unas molestas mariposas en su estomago, y el rubio simplemente no lo podía comprender.

-Tranquilízate Yamato…. Es tu familia, no me vengas con estos nerviosismos-Se dijo en voz baja a sí mismo, y tuvo que callar, pues justo en ese momento, la puerta del departamento que tenía en frente, se abrió.

Lo observo. Había crecido bastante, hasta le parecía que estaba ya de su tamaño, e incluso más alto que él. Tenía la misma carita que tenia de niño, con esos ojos alegres, y una sonrisa en el rostro; Sonrisa de esas que te ponen de buenas a pesar de sentirte terrible, y así era como Yamato se sentía. Terrible.

-¡Hermano!-Grito Takeru saliendo directo para así, poder abrazar a Yamato.

La estrella correspondió inmediatamente el abrazo, a pesar de que él no solía ser de esas personas a las que se les predominan "cariñosas"; Pero no podía evitarlo. Había extrañado bastante a su hermano, le hacía falta. En serio que cuando le habían dicho que para ser una súper estrella tendría que sacrificarlo todo, era verdad.

-Ta-Takeru-Dijo Yamato, mientras sentía como unas cuantas gotas caían en sus hombros, gotas provenientes de los ojos de Takeru-Perdón por la tardanza…

-No te preocupes-Dijo el menor mientras deshacía el abrazo-Además, no llegaste tarde, son apenas-Miro el reloj que llevaba en su muñeca-Las 8:15, no tardaste tanto.

-¿En serio?-El chico no comprendía cómo había pasado tan poco tiempo, aquellos minutos que había estado en el callejón con…Sora le habían parecido eternos, y cuando Sora había estado con él, simplemente deseaba que el tiempo no transcurriera, a pesar de que la Colorina estaba sumamente molesta con él, e Ishida seguía sin comprender el por qué…

-Si –Takeru comenzó a entrar a su hogar, así que Yamato lo siguió, y sonrió al reconocer el típico olor a detergente de limón que siempre había usado su madre-Aunque, si te podría preguntar por qué tardaste…-Le dijo Takaishi, mientras servía dos tazas de té, y le ofrecía una a su hermano quien tomaba asiento en la vieja sala de su mamá, la cual, seguía siendo la misma en la que Yamato solía acostarse cuando tenía 8 años, y sus papás seguían viviendo juntos.

-Bueno…-Yamato se tensó en un acto inconsciente, mientras aceptaba la taza de té que su hermano le ofrecía-Es que unas fans me reconocieron, y bueno, tuve que huir.

-Oh… Eso explicaría el por qué escuche un "Es Yamato Ishida", y después los gritos de las lindas alumnas de ballet de la señora Nakamura… -Yamato abrió sus ojos como platos ante la declaración de su "querido" hermanito.

-¡Entonces me pudiste haber ayudado!-Gritó Ishida Poniéndose de pie y encarando a Takeru.

-Tal vez…-Dijo Takeru poniendo cara de niño tierno e inocente, faceta que quizá todos creían era la del rubio menor, aunque, Yamato cada vez estaba más seguro de que de inocente y tierno, Takeru no tenía ni un pelo.

-¡Baka!-Y Yamato se puso a perseguir a su hermanito, y cuando lo agarró, comenzó a hacerle cosquillas, como solían jugar de niños.

-¡Ya! ¡Ya!-Decía Takeru rindiéndose de la guerra de cosquillas que en ese momento tenia con su hermano-¡Me rindo!

-Pero que niñita te has vuelto Takeru… Me decepcionas-Dijo Yamato con una sonrisa de típico malvado hermano mayor.

-Pues ya ves-Decía Takeru mientras se ponía de pie, pues habían estado con su "guerra" en el suelo-Hey Yama-Dijo sonriente.

-¿Qué?-Dijo el mayor levantándose igualmente.

-Estos lentes oscuros-Dijo Takeru mientras le enseñaba unos lentes que había estado escondiendo tras su espalda-Si mal lo recuerdo son los que te regaló Usher en los Grammy… ¿no?

-Takeru… ¡Devuélvemelos!-Y de nueva cuenta, los hermanos Ishida-Takaishi, comenzaron una nueva guerra de cosquillas.

Sora llego jadeando a la puerta de su casa. Y, sintiendo como si de su vida dependiera, abrió velozmente la puerta de su apartamento. Sabía como seguramente se vería. Con ojos hinchados por haber llorado anteriormente, y con sus cabellos alborotados y horribles; Así que Takenouchi rezaba por no encontrarse con nadie, además de que no se encontraba con ánimos de darle alguna explicación a quien fuese.

Se encontraba enojada. Furiosa. Como si estuviese a punto de explotar en cualquier segundo. Pero; En alguna parte de su ser, más específicamente, su corazón, se encontraba feliz, y dichosa. Más no, esos sentimientos eran un lujo que Sora no se podía dar, no por él.

Toshiko sonrió al escuchar que su hija había llegado a su hogar, más al voltearse para observarla, su sonrisa se esfumo, pues la única hija de la familia Takenouchi se encontraba cabizbaja, y si, sin el encargo que le había hecho.

-Hija y la le…-Dijo Toshiko, más no pudo completar su frase debido a que Sora la encaro, y con el simple hecho de ver la enojada cara de su hija, callo.

-¡No quiero hablar del tema!-Y la colorina corrió directo a su habitación, para después cerrar de un fuerte portazo su puerta, haciendo más que evidente el humor que tenía en ese momento.

-Bueno… Supongo que mañana tendré que ir por la leche-Dijo Toshiko encogiéndose de hombros, para después continuar con el arreglo floral en el que estaba trabajando.

Soro se lanzo directo a su cama, poniéndose su almohada encima de su cabeza, pues no quería saber de nadie. De absolutamente nadie. Y siguió con la tarea que se encontraba haciendo momentos atrás: Llorar.

Cuando se hubiese cansado de su faceta de niña pequeña y chillona, aventó bruscamente la almohada contra la pared, para ponerse a buscar por todos lados una pequeña cajita, la cual, a pesar de su tamaño, tenía una gran importancia para la colorina, quien comenzaba a desesperarse, pues no la encontraba por ningún lado.

-¿Dónde la habré dejado?-Se pregunto a sí misma, mientras se encontraba sentada en su cama, la cual minutos antes se encontraba perfectamente tendida, más ahora, claramente no lo estaba.

La mirada de Sora se paseó por cada rincón de su cuarto, hasta que repentinamente se paró en una pequeña esquina debajo de su tocador, pues justo ahí, en ese pequeño y olvidado rincón se encontraba lo que había estado buscando los últimos minutos. Su preciada caja.

-¡Bingo!-Y Sora se levantó de golpe de su aposento, y corrió para poder coger esa cajita que tantos recuerdos le traía.

La caja no tenía mucho chiste por fuera. Para cualquiera se podría tratar de una caja cualquiera, una simple y sencilla caja de cartón, con solo una pequeña línea color azul que delineaba la tapa, siendo el único decorado. Más para Sora, era una caja muy especial, pues justo ahí guardaba esos pequeños detalles que cuando uno ve, le traen tantos recuerdos tan agradables, de esos que cuando se te cruzan en la mente, te es inevitable sonreír.

Un tanto apresurada, la chica abrió la caja, y sacó una vieja y arrugada foto, la cual se encontraba doblada a la mitad. Sora dudó en desdoblarla, pues hacía ya tres años que la tenía así, doblada a la mitad. Más decidió no dudar más, y la desdobló.

Oh sorpresa. La colorina se encontraba sonriendo inevitablemente.

Sora lanzo un largo suspiro, pues, en esa foto que se encontraba presenciando, se encontraban dos muchachos de quince años. Una niña de rojizos cabellos hasta los hombros, y un rubio de mirada intensa, y sí, ambos se encontraban sonriendo, igual que Sora lo hacía en esos momentos. Ambos muchachos se encontraban en lo que parecía un aula de música. Ella con una guitarra acústica en mano, y él con un bajo. De fondo, habían más muchachos, solo que estos eran claramente mayores, fácil tenían la edad que la colorina tenía en esos momentos, dieciocho.

Si, era bonito recordar, y sonreír con cada memoria que te viene a la mente, en especial cuando se trataban de recuerdos tan importantes, y fuertes como los que Sora estaba teniendo en esos instantes.

Más luego lo recordó. Recordó eso que no quería recordar, y volvió a su estado anímico de antes, y sin poder controlarlo, rompió a la mitad la foto que antes había presenciado con tanta alegría.

Los hermanos Ishida-Takaishi se encontraban sentados en la mesa de su pequeña cocineta, comiendo porquerías, y hablando de mujeres mientras veían un catalogo de su madre, más específicamente, un catálogo de lencería, donde se podían presenciar perfectamente las modelos de Victoria's Secret, como buenos hombres.

-Esa Adriana sí que está buena, ¿no crees?-Dijo Takeru señalando a una de las tantas muchachas que salían en paños menores.

-¡Claro que sí!-Dijo Yamato arrebatándole el catalogo, para poder admirar más de cerca las curvas de la tal Adriana Lima.

-Hay varias chicas que se verían increíbles con ese atuendo…-Se dijo Takeru más para sí, que para su hermano; Pues el menor se había perdido en su mente, mientras se imaginaba a quien sabe quien con la lencería de encaje negro que llevaba la modelo brasileña.

-¿Ah sí? ¡Pues suelta la sopa niño!-Dijo Yamato claramente interesado.

El comentario de Ishida provocó un sonrojo repentino en el rostro del menor-Etto… No-Dijo el chico mientras evitaba la mirada de su hermano, quien no tenía la mirada más sencilla de enfrentar.

-¡Vamos Takeru!-Dijo Yamato buscando la mirada de su hermanito-¿O acaso me harás comenzar la Tercera Guerra Mundial de cosquillas?-Dijo con sonrisa burlona.

Takeru simplemente se encogió de hombros-Bueno… ¡Pero solo te diré una!

-¡Uy! Mi hermano el Casanova, ¿eh?-Dijo Yamato levantando una ceja, pues por más que lo intentaba, no podía dejar de ver a Takaishi como un pequeño bebé, a pesar de que el chico ya tenía quince bien sentados años-¡Pero si cada vez te pareces más a mí!.Takeru rodo sus ojos, pues con tanto tiempo ausente casi olvidaba el enorme ego que tenía su hermano. Casi-Bueno, bueno, está bien… Pero dime, que este galán tiene ganas de conocer a alguien.

Takeru sonrió ante la declaración de su hermano, pues a pesar de que lo había dicho en tono de broma, Takaishi bien sabía que su hermano lo decía en serio-Se trata de una tenista de último año de la preparatoria EOAC (Escuela de Odaiba A.C.)-Dijo el rubio menor, haciendo referencia a la escuela pública de Odaiba, escuela a la que no acudía debido a que su familia tenía el suficiente dinero como para estar en una escuela privada, aún sin el dinero que Yamato le daba a su madre cada mes.

-¿Tenista eh?-Dijo Yamato sonriendo-Eso significa buenas piernas, continua.

-¡Exacto! Bueno… Se llama Sora-Yamato abrió los ojos como platos, más decidió seguir escuchando a su hermano, pues ¿Cuántas probabilidades habían de que solo hubiera una Sora?-Takenouchi Sora-Ante eso, Yamato casi se ahoga con las papas fritas que se encontraba comiendo.

-Con que ahora es tenista…-Se dijo en voz baja, por lo que Takeru no logró entenderlo.

-¿Qué dices hermano?-Pregunto Takaishi confuso.

-No, no nada. Tú continua-Dijo Yamato con una sonrisa un tanto fingida, pues estaba nervioso. Casi metía la pata.

-Bueno, es pelirroja, y tiene una piel morena, ¡Como café con leche!- Decía Takeru nuevamente perdido en su mente-¡Y estoy seguro que se vería espectacular con eso!-Dijo el menor, nuevamente señalando la ropa interior que llevaba la modelo.

Sin poder evitarlo, Yamato se imagino a la colorina con esas prendas, y se sonrojo inmediatamente-Si que lo haría…-Se dijo para sí, más, para su mala fortuna esta vez Takeru si le había entendido, y perfectamente.

-¿Qué? ¿La conoces?-Le preguntó extrañado.

-¡No, no, no!-Dijo negando rápidamente con la cabeza-Es solo que, con la descripción que me acabas de dar, puedo imaginarme que se vería muy bien-Dijo sonriendo nervioso, pues de nueva cuenta, estaba a punto de meter la pata. Por primera vez agradecía que su hermano fuese tan crédulo.

En ese momento se abrió la puerta de la residencia Takaishi, para dejar entrar a una mujer de unos treinta-y-muchos o cuarenta-y-pocos.

-¡Takeru! ¡Ya llegue!-Dijo la mujer mientras dejaba su bolsa colgada en el perchero, y caminaba a paso seguro hacía su cocina, más, cuando entro a esta, no pudo creer lo que sus ojos estaban observando-¿Ya…-Yamato?-Pregunto incrédula la mujer.

-Hola Natsuko-Le respondió serio su hijo.

-¿Qué haces aquí?... Quiero decir… ¿Te dejo escapar el señor Oikawa?-Decía aun en shock la madre de los hermanos.

-Si bueno… Me dio un descanso antes de mi gira-Mintió.

-Oh, vaya… Si que has crecido.

-Es natural, ¿No crees?-Dijo secamente mientras se levantaba de su asiento-Bueno, ya me voy. Takeru lamento no haberte llevado a algún lugar decente, pero ya ves… con esto de las fans, todo se me complico.

-No te preocupes hermano, a la próxima será-Le dijo Takaishi sonriente.

-A la próxima-Dijo Yamato correspondiéndole la sonrisa-¡Adiós Natsuko!-Dijo el rubio, para después salir de la residencia Takaishi. Si bien, Yamato no se llevaba tan bien con su madre, pues, después del divorcio de sus padres, Natsuko había descuidado un tanto su relación con su primogénito, por la misma razón de no vivir con él. Esto, le dolió bastante a Yamato, por lo que ahora era distante con su progenitora.

Ates de salir del edificio departamental donde Takeru y Natsuko residen, el rubio se volvió a poner su disfraz, pues, a pesar de que ya pasaban de las 11, el rubio estaba consciente de que existía la enorme posibilidad de que si no continuaba con su bajo perfil, lo podían reconocer, cosa que Yamato no quería.

Se colocó sus lentes de sol, y la misma gorra que llevaba hace unas horas. La estrella verificó que en su mochila llevaba los Yens suficientes como para hospedarse unas noches en cualquier hotel, así que se puso en camino hacia un destino indefinido, pues, a pesar de que había vivido cuatro años en Odaiba, el rubio jamás se había hospedado en un hotel en la ciudad, así que simplemente camino, esperando encontrarse con uno, por sí solo.

Yamato detuvo en seco su caminar, y no precisamente debido a que hubiese encontrado al hotel perfecto, no. Lo que al rubio le había llamado tanto la atención era un edificio departamental, uno muy similar al que residía su hermano, solo que un poco más humilde.

-Me pregunto si…-El rubio comenzó a correr hacía la entrada del edificio, pues, si su memoria no le fallaba, en ese lugar estaba la residencia Takenouchi, o al menos, así lo era hace tres años, y él, Yamato Ishida deseaba muchísimo que aun fuera así.

Ishida decidió subir las escaleras de emergencia en vez del elevador, debido al miedo a que alguien lo reconociera, pues definitivamente no deseaba repetir lo mismo que le había sucedido momentos atrás.

Después de Cuatro pisos arriba, y dos pasillos recorridos, lo vio. Al departamento número 455.

Las molestas mariposas regresaron al estómago de Ishida, pues deseaba intensamente que Sora aún viviera en ese pequeño lugar. Deseaba volver a verla. Deseaba escuchar su voz. Y sobre todo, deseaba saber porque la que solía ser su gran amiga, no le hablaba. Más, estaba el pequeñísimo detalle de cómo averiguar si la Familia Takenouchi aún vivía ahí. Claramente no podía llegar cómo Juan por su casa y tocar la puerta, pues ¿Qué pasaba si los Takenouchi no residían ahí?

Así que, después de tanto pensarlo, decidió usar el juego que todo niño hacía en su mejor época. El famosísimo, y tan simple juego-broma de "toca y corre".

Estaba a punto de salir de su pequeño escondite entre un pasillo y otro para lograr su cometido, cuando pudo divisar a un señor que no había visto en su vida, el cual entraba como si nada hacía la que pensaba era la residencia Takenouchi, así que Yamato se decepciono bastante. Más no, ya se había hecho demasiado la idea de descubrir si Sora aún vivía ahí, como para irse hacia atrás. Así que, en cuanto el señor hubiese entrado completamente, Yamato salió de su escondite para poder tocar el timbre de la residencia "misteriosa".

En cuanto tocó el timbre, volvió a correr hacía su escondite, y ahí espero a que alguien, quien fuera saliera a atender la puerta.

El corazón del rubio salto cuando la puerta se abrió, y ni se diga cuando vio que una cabellera rojiza salía de esta, y que, al ver que no había nadie tras la puerta, volvió a ingresar a su hogar. Yamato se sentía alegre, quizá demasiado, pues lo había logrado. Había conseguido verificar su teoría.

Sonrió satisfecho, y salió del edificio departamental, para re-iniciar su búsqueda de un lugar donde dormir.

No tardó en encontrar un hotel, no tan lujoso, pero nada feo. Un lugar de fácil, cuatro estrellas. El rubio le sonrió de manera comprometedora a la cajera, quien no pudo evitar regresarle la sonrisa, pues, a pesar de que la estrella llevaba sobre si un disfraz improvisado, se notaba a millas que se trataba de una persona muy bien parecida.

La cajera le dio, embobada en la belleza del rubio, la llave correspondiente a la habitación que había alquilado. En cuanto Yamato recibió la llave, se dirigió con un bajo perfil a su cuarto, y, cansado por el largo día que había vivido, se quitó sus tenis, y se recostó en la cama, para después encender el televisor.

El rubio comenzó a hacer Zapping, y, cansado de no encontrar ningún programa lo suficientemente interesante, decidió dejarle en el noticiero, a pesar de que ese tipo de programas no eran algo que le llamara precisamente la atención, comenzó a importarle, cuando reconoció inmediatamente a la persona que salía en esos momentos en la pantalla.

Se trataba de su manager, Yukio Oikawa.

-Entonces díganos señor Oikawa, ¿Qué fue lo que sucedió?-Pregunto interesada la reportera.

-Pues hoy, alrededor de las 7:30 pm, el cantante Yamato Ishida, desapareció. No se encontraba en su camerino-Dijo serio Yukio.

-Pero, ¿Cómo pudo ser eso posible?-Decía incrédula la reportera.

-No lo sabemos aún. Pero, si le puedo pedir, a todos los televidentes que, si ven alguna señal de Yamato, lo hagan saber-Dijo, ahora desesperado Oikawa.

-Así es, avisen a sus amigos, a quién sea, que si ven alguna señal del cantante, marquen a los números que ahora aparecen en pantalla.

-Y, Yamato, si de casualidad estás viendo esto, aparécete, por favor-Dijo cada vez más desesperado el manager del rubio.

El chico sonrió de manera irónica-Oh claro Oikawa, en este momento abandonaré esta tranquilidad que estoy viviendo para regresar al horrible y falso mundo del espectáculo, tu mandas-Y en eso, Ishida apago el televisor, acomodándose en la cama donde se encontraba acostado, para así, quedándose completamente dormido, mientras miles de personas, lo buscaban sin parar.


Notas de la Autora (?)

Wow! Pero que velocidad la mia! Jamás había actualizado una historia tan rápido! Pero no se... Supongo que me emocione bastante con esta historia, y todo gracias a ustedes y a sus lindos reviews :3 Muchas Gracias!

En fin, mientras veo el partido de Portugal vs Brasil, espero que hayan disfrutado este capitulo, tanto como yo disfrute escribirlo ;)

Espero sus comentarios(:

Slaudos!