Otra vez. Harry volvía a encontrarse en la habitación del tamaño de una catedral, llena de estanterías y esferas de cristal... El corazón le latía muy deprisa... esta vez iba a entrar...
Llegaba al pasillo 97, torcía a la izquierda y corría por él entre dos hileras de estanterías... Pero, al final del pasillo, había una figura en el suelo.
Una figura negra que se retorcía como un animal herido... A Harry se le contrajo el estómago de miedo, de emoción... Y una voz salía de su boca; fría y aguda, vacía de toda humanidad.
-Cógela...-ordenaba. La figura negra que había en el suelo se movió un poco. Harry veía como una mano blanca, de largos dedos cerrados alrededor de su varita se alzaba al final de su propio brazo, quiso gritar ¡no! Pero de su boca salió lo que temía- ¡Cruccio!
El hombre que estaba en el suelo gritaba de dolor, intentaba levantarse pero caía hacia atrás y se retorcía. Levantó la varita, aún habiendo retirado la maldición, el hombre seguía gimiendo. Harry reía.
-Lord Voldemort espera...-susurraba. Muy despacio, el hombre levanto los hombros, aunque los brazos le temblaban, y miraba hacia arriba. Tenía la cara demacrada y manchada de sangre, contraída de dolor, y sin embargo, desafiante...
-Tendrás que matarme-murmuró Sirius.
-Al final lo haré, indudablemente-decía la fría voz-pero antes la cogerás para mi, Black... ¿crees que lo que has sentido es dolor? Piénsalo bien, nos quedan muchas horas por delante y nadie te oirá gritar...
Pero alguien gritaba cuando Voldemort bajaba la varita; alguien gritaba y caía de lado desde una mesa hasta el frío suelo del Departamento de Misterios... Harry despertó al golpearse contra el suelo, habiéndose caído, apoyado y dormido como estaba, en una mesa del Gran Comedor.
Todavía gritaba, le ardía la cicatriz y el profesor Tofty apareció a su lado, muy preocupado, mientras lo ayudaba a salir al vestíbulo, con un montón de estudiantes a su alrededor, mirando curiosos.
-Potter, vaya a enfermería...-ordenó, mientras se formaban arrugas en su frente.
-Me...me encuentro bien, señor-balbuceó Harry, secándose el sudor de la cara-de verdad...me quedé dormido y... y he tenido una pesadilla...
-¡es la presión de los exámenes!-aseguró el anciano mago, comprensivo, dándole unas palmaditas en la espalda-suele pasar, joven...pero insisto en que vayas a la enfermería-añadió-y, por cierto, ¿has acabado ya tu examen de TIMOS de Historia de la Magia?
Pensó en su pergamino y en lo que le quedaba por exponer de la revuelta duendigoza del siglo XIX y dándolo ya por perdido, asintió con la cabeza.
Tenía la mente en otro sitio, así que se despidió rápidamente del profesor, volviéndose a disculpar una vez más y echó a correr, apartando alumnos a empujones, sin prestar atención a sus quejas.
La profesora McGonnagall había sido trasladada al hospital de San Mungo esa misma mañana, así que, sin Dumbledore, Hagrid, Flitckwik, ni ella... ¿a quién recurrir de la Orden del Fénix en el colegio para explicarle su visión de tortura a Sirius? "Ron y Hermione" dijo una voz, dentro de su cabeza.
A esta última la vio en el pasillo que conectaba con la sala común de Gryffindor, cargando con dos libros que parecían ser más pesados que ella, ni la saludó.
-¿qué...?-preguntó, abriendo al máximo sus enormes ojos castaños, viendo como la guiaba hacia la entrada de la sala de nuevo-¡Harry!-le llamó, para atraer su atención.
-Voldemort tiene a Sirius-soltó a bocajarro. Ella abrió aún más los ojos(no se sabe como) y se puso pálida.
-¿co-cómo...? pero...-tartamudeó.
-En el Departamento de Misterios del Ministerio de Magia-explicó, sin detenerse, torciendo a la derecha-lo he visto ahora mismo, cuando me he quedado dormido en el examen de Historia...-añadió rápidamente, murmurando la contraseña a la Señora Gorda del retrato de la sala común. Entró, pero se quedó solo. Hermione estaba fuera, a unos pasos de él, con expresión horrorizada.
-Hermione, ¿qué...?-fue a preguntar, pero se vio interrumpido.
-¿te has DORMIDO-exageró la palabra, hasta el punto de gritar- en tus TIMOS?-Harry resopló, la cogió por un brazo y tiró de ella, haciéndole entrar a la sala.
-eso ahora no importa, Mione...-la intentó callar-el caso es que...
-...y es para tu futuro profesional, además...¿no practicabas oclumancia?-volvió a interrumpirle, exasperada.
-¡Eh...!-exclamó, ofendido, saliendo por la tangente-sí que...-al ver la mirada que le envió su amiga, desistió de mentir-lo hacía...-reconoció. Una melena pelirroja se le abalanzó, precipitadamente sobre ambos, cortando la conversación.
Harry, hay que estudiar para DCAO, que han adelantado la hora y dicen que a lo mejor sale...-masculló, preocupado, él lo cortó.
-¡Ay, Ron!-se quejó-que ya te pareces a Hermione y todo, cierra la boca...-ordenó contándole lo sucedido, con pelos y señales-ahora lo importante es saber como ir a rescatar a Sirius-ambos amigos abrieron la boca tontamente
-¿ir ha...hasta allí?-preguntó Ron en estado de Shock
-¡Sí, maldita sea! Lo está torturando...-le dio una patada al sillón más cercano a la chimenea para dar más énfasis y veracidad a sus palabras.
-Harry-nombró la chica, con una voz que no parecía ni suya-hazte con él, ¿eh? Primero asegúrate de que no está allí... a lo peor, Quien-tu-sabes te ha enviado ese sueño, ¿y si quiere que vayas?-parecía confusa-comunícate con Sirius primero, por favor...-rogó.
-Hermione-gruñó, desesperado-¡nos vigilan...!-empezó a pasearse de un lado a otro de la sala. Ron empezaba a marearse de verlo.-si pudiéramos usar la capa de invisibilidad y colarnos en el despacho de Umbrigde, tendríamos una oportunidad con la chimenea...-murmuró, refinando su "elaborado" plan.
Bien, pues luego vamos allí-eso era mejor que nada. Asintió, conforme.-ahora preparad vuestro examen de DCAO, que yo iré a repasar mis apuntes de aritmancia...
-pero...-fue a replicar
-nada de peros, Harry-negó con severidad-puede (o no) que le esté torturando, pero te estás torturando a ti también en estos momentos.-intentó hacerle entrar en razón-mira, sé que Sirius querría que te abrieses camino en el mundo mágico y , aunque esto suene cínico, hazme caso. Ve-lo empujó literalmente a fuera de la sala común- Ernie seguro que os explica lo de los Hinkipunks...-aseguró.
-tiene razón...-murmuró Ron, llevándoselo con el al césped.
Una vez se hubo cerrado la puerta, Hermione suspiró. Hombres...
No quería pensar en el sueño, pero si era verdad...Subió corriendo las escaleras que daban a las habitaciones de los chicos y empezó a rebuscar en los armarios, baúles, cofres, arcas y camas.
-no puede ser...-jadeó-seguro que le dio algo para comunicarse con él-sin mucho cuidado, apartó los libros y la ropa del baúl del ojiverde-túnicas, más camisas, eh-cerró los ojos, al ver uno de sus calzoncillos oscuros-vale...-respiró hondo-tranquila, Hermione-murmuró-respira...tranquila...-con la punta de la varita, los atrapó y se deshizo de ellos, enviándolos a la otra punta de la habitación(entre la cama y la mesita de noche ce Neville)-oh, Merlín...esto solo me ocurre a mi, y me lo merezco por entrometida –aceptó, mascullando. Sacó toda la ropa interior(con un hechizo)y se dispuso a extraer un pequeño cuaderno (supuso que sería un diario o algo parecido, ya que estaba en blanco, hechizado para que no se pudiese leer) cuando un calcetín se le cayó con estruendo, sonando ha roto-un momento, lo calcetines no se rompen...-pensó en voz alta. Se sonrojo avergonzada de tamaña tontería, y recogió la desgastada prenda. Tenía un agujero, pero eso no impedía que se pudiera esconder algo dentro.-¡oh!-exclamó.
Había un paquete mal envuelto, del tamaño de un libro de bolsillo, tal vez más pequeño. Lo abrió con cuidado. Dentro había un espejo cuadrado, que parecía viejo y estaba muy sucio. Con la caída, se había roto. Murmuró un "reparo" y lo aseó un poco, limpiándolo sistemáticamente.
Hermione se lo acercó a la cara y vio su reflejo que le devolvía la mirada. Le dio la vuelta y contempló, en el dorso, una nota de Sirius, dirigida a Harry:
"Esto es un espejo de doble sentido; yo tengo la pareja. Si necesitas hablar conmigo sólo tienes que pronunciar mi nombre; tú aparecerás en el mío y yo podré hablar en el tuyo. James y yo los usábamos cuando cumplíamos un castigo separados."
A hermione se le aceleró el corazón. Se puso el espejo frente a la cara con manos temblorosas y dijo en voz alta y clara: "Sirius Orión Black". No ocurrió nada. Oh, no... ¿a que lo había roto de verdad...? repasó de nuevo el árbol genealógico de los Black, que había visto en navidades.
-¡Sirius Black!-dijo de nuevo, con voz aún más fuerte, de modo que cada sílaba resonó en la habitación. Su reflejo la seguía observando, con desilusión en los ojos-debo haber hecho algo mal...-murmuró, releyendo la nota. "...solo tienes que pronunciar mi nombre..." ; apostando, ¿qué te juegas que los tíos son cortos hasta para las contraseñas así? En los exámenes igual, ¿no se suponía que cuanta más azúcar, más dulce...?-¿Sirius?-frunció el ceño, un tanto insegura. El espejo empezó a vibrar. (Uff, menos mal que no se lo había cargado de verdad, ¿eh?)-oh-susurró, asombrada-me gustaría aprender a realizar este hechizo; ha de ser muy interesante poder comunicarse mediante objetos inanimados cotidianos...
-¿Hermione?-preguntó una voz madura, a la que poco después acompañó el rostro de Sirius.
-Buenos días, señor Black-sonrió tímidamente, sin saber muy bien como comportarse.
¿qué haces tú con este espejo?-preguntó, sin rodeos y sin dignarse a saludar-¿y Harry?-frunció el ceño-¿está bien?-cuestionó, con ansiedad.
-Eh...-dudó. No sabía como empezar...-sí, bueno...él está bien, quiero decir, dentro de lo que cabe...-se rectificó, por si acaso transgibersaba las palabras.
-¿cómo ha llegado este espejo a tus manos?-le interrumpió- ella dejó de sonreír; no se sentía precisamente orgullosa de como lo había conseguido encontrar; se humedeció los labios, resecos y un poco cortados. Respiró profundamente.
-Técnicamente, no ha llegado hasta mi...-hizo un movimiento obvio con las cejas-yo he estado buscándolo-confirmó. Sirius fue a protestar, pero ella continuó hablando-antes de que recrimines mi comportamiento y me juzgues de rebuscona métome-en-todo, déjame decirte que lo he hecho por Harry-soltó de carrerilla.
-por Harry-asintió él, con un tono que dejaba muy claro que no la creía. Alzó una ceja, burlón.
-si-asintió, satisfecha-me tiene realmente preocupada-confesó, aunque obvió decirle que por ella también lo estaba.
-pero, ¿no me has dicho que se encuentra bien?¿le pasa algo?-preguntó con un hilo de voz, dejando a un lado las burlas.
-de hecho, sí.-dijo inspirando profundamente. Contestó- ha soñado contigo-y, añadió un poco rencorosa, como si todavía no se lo terminara de creer-en su examen...
-¿se ha dormido en un examen?-casi gritó
-Shh...-ordenó-se supone que no debo estar aquí...-susurró-bueno, eso ahora no importa; soñó que estabas en el Departamento de Misterios y que Vo-Voldemort te torturaba-acabó, balbuceando. No se molestó en contarle lo que había soñado ella.-al parecer, estás bien y a salvo en el Cuartel, así que ya no hay de qué preocuparse. Solo no salgas de ahí, ¿de acuerdo?-ordenó.
-no le dejes ir al Ministerio, Hermione-se escabulló de prometer nada, mirándola, como hacía cuando estaba en Hogwarts. Ella tragó disimuladamente saliva, para no atragantarse, asintiendo colorada, por la intensidad de los ojos azul grisáceos.-bien, vete a estudiar, y déjale el espejo donde lo has encontrado.-ordenó.
-más tarde hablaría contigo, me ha dicho-añadió.
-¿y por qué has decidido hablar tú conmigo primero?-preguntó, sin entender. Ella omitió el pequeño detalle de la chimenea. Se encogió de hombros aún más colorada, sin contestar lo que tenía pensado ("para que no cometiera ninguna imprudencia").
-lamento haberte molestado-se disculpó, rápidamente, deseando con toda su alma que no se le notara el sonrojo-adiós.
-no ha sido molestia-contestó, educadamente-adiós, Hermione-sonrió, burlón, desapareciendo del espejo. Ella bufó por la nariz.
-no me volveré a mirar en un espejo en la vida.-se juró, avergonzada.
Volaban con los dichosos caballos voladores que solo Luna y Harry podían ver. Ella, Ginny y Neville también había decidido venir, y habían casi obligado al pobre Harry a aceptarlo. Hermione no recordaba que Sirius le hubiera jurado durante su conversación en el espejo que no iba a ir, pero Kreacher, el elfo doméstico les aseguró que no estaba, al intentar hablar con él por la chimenea, por eso no le dijo a Harry nada de lo que hubiera hablado antes con él, y ella la primera, fue quien decidió ir a buscarlo, aún sabiendo como terminaba "el sueño". Estaban cabalgando o volando, no sabía que término emplear, hacia un final de pesadilla.
