Capítulo 3
Tan cerca.
En definitiva, Forks me gustaba. Y mucho.
Después de seis meses de estar atrapada bajo la permanente capa de nubes en el cielo, y ver caer toda la lluvia que no había visto en mi vida, terminé por acostumbrarme al desapasionado clima de Forks. Pero eso no significaba que me gustara.
La razón por la que ese húmedo y frío pueblo me gustaba tenía nombre y apellido: Edward Anthony Cullen Masen.
La primera vez que escuché su nombre completo, en mi segunda semana de clases, me pareció que era un nombre sacado de una antigua y predecible telenovela; se lo comenté en cuanto me lo dijo, y me arrepentí de haberlo hecho al siguiente instante, porque pensé que el podría ofenderse o algo así, pero lo que obtuve fue una risa disimulada y la breve historia de cómo escogieron su nombre:
-- A mí también me lo parece en ocasiones, pero no le digas a mi madre --me reí al escuchar lo último y él también, pero de pronto se puso serio -- eran los nombres de mis abuelos: Edward Masen y Anthony Cullen. Es como una especie de homenaje, ambos murieron poco antes de que yo naciera.
-- Lo lamento mucho -- no sabía que mas decirle, bajé la cabeza y me quedé con la expresión perpleja unos segundos.
-- ¿Te he hecho sentir incómoda? Lo siento, es que me resulta muy fácil hablar de cualquier cosa contigo.
Lo miré y me di cuenta de que tenía estampada en el rostro una sonrisa deslumbrante y cálida.
-- Y a mí contigo Anthony -- puse un énfasis exagerado al pronunciar su segundo nombre. Me miró con los ojos entrecerrados un momento, pero después puso una cara pícara y dijo en un volumen bastante más alto del necesario:
-- ¡Marie, si no te apresuras llegaremos tarde a clase! -- todos en el pasillo voltearon a verme, y yo me puse roja como un tomate, para satisfacción de Edward que soltó una sonora carcajada.
-- De acuerdo, entendí la indirecta -- musité antes de volver a caminar junto a él.
Volví a reírme al recordar ese momento, mientras me preparaba para salir a la llovizna que caía. Como dije ya me había acostumbrado al clima pero no dejaba de parecerme algo… engorroso, de todas formas no faltaría un día a la escuela a menos que tuviera cuarenta grados de fiebre.
Sin duda, el querer mantener calificaciones buenas era un importante razón, pero, y me apenaba reconocerlo, el saber que así podría pasar mas tiempo con Edward era el motivo que me hacía brincar de la cama todos los días como si tuviera en la espalda un resorte a presión listo para liberarse.
La mañana transcurrió tranquila en mis primeras clases, a excepción del leve cosquilleo en el estomago que siempre me acompañaba y que se incrementaba conforme se acercaba la hora del almuerzo. En cuanto vi a mis amigos sentados en la mesa de siempre, el cosquilleo se calmó y más tranquila pude dirigirme a poner cualquier cosa en mi bandeja de comida.
Al acercarme a ellos, y en particular a Edward, comenzó aquella otra sensación tan familiar de nerviosismo y del ritmo cardiaco acelerado, pero de nuevo disminuyó en cuanto estuve cerca y pude fijarme en el rostro angelical de mi "nuevo" mejor amigo, como él mismo se nombraba. No es que no fuera cierto, pero me gustaba escuchar como lo decía.
Ya desde antes de sentarme, pude notar que algo estaba diferente. Los Hale y Emmett intercambiaban discretos murmullos y sonrisitas de complicidad; Alice siempre estaba enérgica y sonriente, pero hoy estaba más… excitada que de costumbre; Edward era el único que estaba relativamente normal, pero incluso el tenía un brillo diferente en los ojos que me hacía sentirme extrañamente nerviosa.
-- ¿Pero qué les pasa a todos el día de hoy? -- les dije con cierta hostilidad. Emmett soltó una risita de autosuficiencia y palmeó la silla junto a él para que me sentara.
-- ¿A nosotros? Nada de lo que debas preocuparte… Por lo menos no hoy.
-- Cállate Emmett -- le rugió Alice lanzándole una mirada asesina, luego se recompuso y se volvió hacia mí -- Lo que pasa es que tenemos que cancelar la ida al cine de mañana Bella.
Cine… ¿Cine?... ¡Cine!... Lo había olvidado por completo. Apenas ayer acordamos que el sábado iríamos a Port Angeles a ver una película. ¿Cómo se me pudo haber olvidado? Una película y la oscuridad en la sala de proyecciones era algo que se salía de lo convencional cuando se trataba de ir con mi peculiar grupo de amigos. Realmente no le podías poner mucha atención al filme, pero las bromas de Emmett, Jasper y Edward, junto con el ocurrente sarcasmo de las chicas, incluyéndome, lo hacía mucho más divertido de lo normal. Algo que no te querrías perder por nada. Una oleada de desilusión me recorrió cuando asimilé que mi fin de semana pasaría entre tareas y deberes de casa.
-- ¿Y por qué decidieron cancelar? -- dije intentando ocultar el desencanto en mi voz.
-- Anoche nuestros padres decidieron que deberíamos tener una "improvisada" reunión familiar para este sábado -- me dijo Edward con una tierna sonrisa, gracias a eso, por un momento olvidé donde estaba.
-- Estos compromisos familiares no son muy frecuentes, es por eso que no podemos ausentarnos -- me explicó Alice, y suspirando añadió -- Así que tendremos que posponer lo del cine hasta la siguiente semana supongo.
Era comprensible. No estaba enojada con ellos ni mucho menos, pero no podía evitar la sensación de pesimismo que me había inundado la cabeza.
-- Bueno, entonces nos veremos hasta el lunes ¿cierto? -- en el interior me alegré de que aún tuviera dos clases para compartir con Edward antes de despedirme.
-- ¿De qué hablas Bella? Tú vendrás a la reunión mañana -- me dijo Alice con una amplia sonrisa.
Por un momento me quedé en blanco, y de pronto la actitud extraña de todos tuvo sentido.
-- ¿Yo?... Pero Alice las reuniones familiares son para las familias. Yo no soy de tu familia -- me sentí incomprensiblemente incómoda al decir lo último. Ella me miró con los mismos ojos entrecerrados que Edward había puesto hacía algunos meses, pero después, igual que él, relajo la expresión y me contraatacó con el tono de voz más dulce que le hubiera escuchado:
-- Eso depende de la perspectiva. Y además ¿no recuerdas que tu y yo somos como hermanas? -- lo dijo otra vez con ese tono insinuante y yo, otra vez, me hice la desentendida.
-- Nuestro concepto de familia no solo incluye los lazos consanguíneos Bella -- me explico Emmett con aires de sabelotodo -- por ejemplo, Rose y Jazz van a las reuniones familiares porque los consideramos parte de nuestra familia. Igual que tú -- me dedicó una cariñosa y cálida sonrisa.
Todos asintieron dándole la razón a Emmett, que ahora me había pasado un brazo por encima de los hombros, y sentí como se formaba un enorme nudo en mi garganta.
-- Chicos no se que decir… -- les dije con la voz entrecortada y notablemente conmovida.
-- Solo di que si -- me pidió Edward tomándome de la mano por debajo de la mesa. Lo miré y tenía los ojos llenos de un sentimiento que en el momento no pude nombrar, pero que removió todo mi interior con un fuerte estremecimiento.
-- De acuerdo -- lo dije en un murmullo y mirándolo solo a él pero pareció suficiente para que todos dieran el asunto por terminado y pasaran a algo más.
Edward seguía mirándome con esos ojos tan calidos. Lo vi fruncir el cejo y los labios como si quisiera decir algo, pero se contuvo y en vez de decir nada me dio un último apretón para después soltarme y dedicarse a jugar con una lata de refresco. Me quedé confundida pero intente no darle demasiada importancia y me uní a la charla de los demás como si no hubiera pasado nada.
Terminó el almuerzo y todos se despidieron para dirigirse a sus respectivas clases, no sin antes acordar la hora en que nos reuniríamos al día siguiente para el previo a la reunión organizada por los Cullen.
Mientras nos encaminábamos a nuestra clase de Biología, pude notar que entre Edward y yo se acrecentaba cierta incomodidad, debido al hecho de que ninguno de los dos pronunciaba una palabra. Esto jamás había pasado, ni siquiera cuando recién nos conocimos, y comenzaba a ponerme nerviosa.
Entramos al aula y nos acomodamos en nuestros respectivos asientos. Pasaron cinco largos minutos y seguíamos sin hablar y con la vista al frente. ¿Qué diablos estaba pasando? Edward nunca se había mostrado tan distante conmigo. Una vez había tenido que presenciar una discusión que se dio entre él y Alice justo a la hora del almuerzo:
A pesar de que el tono de sus voces seguía siendo modulado, el modo en que pronunciaban las palabras era irónico, hiriente y claramente agresivo; a mi me parecía que la discusión era una reacción exagerada para un problema tan pequeño (Edward había sido reprendido gracias a que Alice había olvidado hacer los deberes que le tocaban en casa), pero no me atreví siquiera a interrumpirles, ni yo ni nadie mas en la mesa; Los siempre amables hermanos Cullen lucían intimidantes cuando se enfadaban. Segundos antes de que sonara el timbre, Alice se levantó de su asiento furiosa, se disculpó con los demás por tal espectáculo y salió como bólido de la cafetería seguida de un confundido Jasper. Cuando sonó el timbre Edward soltó un suspiro cansado, también se disculpó y me pidió que nos marcháramos a nuestra clase; yo seguía impresionada y nerviosa así que no hice ningún comentario, pero en cuanto nos sentamos Edward se volvió hacia mi con la expresión apesadumbrada, se disculpó conmigo otra vez, de un modo más ferviente. Después de que le aseguré que no tenía nada de que disculparse conmigo volvió a su estado de ánimo normal: amable, divertido y caballeroso; el estaba tan bien que me olvidé de la pelea hasta el final de las clases cuando vi a Alice recargada en el Volvo de Edward con ojos recelosos. Temí que volviera a desatarse una "silenciosa" pelea como hacía unas horas, pero en vez de eso los hermanos se ofrecieron disculpas mutuamente y todo quedó olvidado y en paz.
Ni siquiera en aquella ocasión Edward había mostrado una mala actitud hacia mí, me preguntaba a que se debía tan repentino y radical cambio. Me giré un poco para verlo a la cara. Él se inclinaba sobre la mesa, apoyado en sus antebrazos; no parecía enojado, mas bien, parecía que estaba concentrado al máximo en algo. Tuve el impulso de hablarle, pero lo hice titubeante y con un hilo de voz:
-- E… Edward… -- el volteó a verme al instante con la misma expresión de concentración, sus ojos, sin embargo, seguían calidos, algo que me alivió y me desconcertó al mismo tiempo.
-- ¿Estas molesto por algo? -- mi pregunta le tomó desprevenido y abrió unos ojos como platos. Parecía que él no se había percatado de la actitud que proyectaba.
-- Claro que no Bella ¿Por qué me preguntas eso? -- su voz sonó… ¿asustada?
Ya no pude responderle porque, por algo que no terminaba de comprender, se formó un nudo en mi garganta y bajé la mirada intentando ocultarle mis ojos que se estaban llenando de lágrimas.
No pasó mucho tiempo antes de que sintiera sus brazos rodeándome de una manera algo ruda al principio, pero que se suavizó cuando sus brazos se acomodaron y sus manos encontraron el lugar perfecto en mi espalda para posarse, recargo su mejilla junto a la mía e inclinó la cabeza, como si estuviera besando mi hombro aun sobre la ropa.
Agradecí infinitamente a lo que fuera que estuviera retrasando al profesor, pero aun así no estábamos solos y pude notar como más de dos pares de ojos se desorbitaban por la impresión. No pude evitarlo y le dediqué una mirada hostil al más cercano, afortunadamente eso sirvió para que dejaran de mirarnos, por lo menos tan evidentemente, y yo aproveché para deslizar mis brazos por la cintura de Edward y aspirar profundamente su fragancia, única y varonil, que hacia que mis terminaciones nerviosas cobraran vida propia.
Las manos de Edward se deslizaron desde mis omóplatos hasta mi cintura, suavemente, acariciando tiernamente. Sobra decir que mi corazón latía como desquiciado, tanto que temí que él pudiera escucharlo estando tan cerca de mi… tan cerca.
Sin dejar de abrazarme, alejó su rostro lentamente de mi hombro, rozando mi mejilla con sus tersos labios… era delirante. Instintivamente gire mi rostro hacia él cuando sentí que su boca se encontraba imposiblemente cerca de la mía. Nuestros labios estaban separados por escasos milímetros y podía sentir la calidez de su cuerpo al estrecharme aun más entre sus brazos.
-- Bella… -- susurró despacio y su aliento dulce me envolvió haciendo que mis ojos se cerraran completamente y que mi mente se desconectara. Ya no podía pensar en nada, no me importaba en donde estuviéramos o quien nos estuviera mirando, solo podía concentrarme en sentirlo.
Por un fugaz instante pensé que haría el ridículo ya que nunca había besado a nadie en mi vida, pero eso dejó de tener importancia cuando sentí el tímido roce de sus labios acariciando los míos.
Suave, lento, tierno, delicioso. Así fue el primer beso de mi vida. Todo desapareció excepto el calor y el aroma embriagante de su cuerpo, y el asombroso sabor de sus labios entrelazados con los míos; era indescriptible, maravilloso, increíble, era simplemente lo mejor que me había pasado. Aún cuando el oxígeno que llegaba a mis pulmones comenzaba a ser insuficiente no quería separarme de él; aceptaría de buena gana la muerte por asfixia si de esa manera pudiera quedarme justo donde estaba y no moverme hasta que los últimos restos de vida escaparan en mi aliento, sería la mas dulce de las muertes.
Después de una eternidad, mi mente aun debilitada notó en los movimientos de Edward que el beso estaba por concluir. Separo su boca de la mía lentamente y comenzó a inhalar de manera errática, lo imité y el aire fresco que entró a mis pulmones me aclaró los pensamientos a medias, pero lo suficiente para poder enfocar la vista y darme cuenta del semblante de Edward.
Él era infinitamente hermoso, pero la expresión que tenia pintada ahora en sus perfectas facciones le daba un nuevo grado de belleza que me parecería imposible de no estarla viendo con mis propios ojos: pensé que solo yo era capaz de algo así, pero Edward tenía las mejillas completamente sonrojadas, y la palidez de su piel hacía que resaltara aún más, los ojos verdes, ligeramente entrecerrados, estaban cristalinos y mostraban cierta incredulidad, y sus labios, generalmente teñidos de un suave color rosado, ahora estaban encendidos gracias a la fricción del tan maravilloso acto recién culminado y mantenía una sonrisa tierna y algo boba, aunque difícilmente se le podría adjudicar ese calificativo al dueño de los labios. Decir que estaba divino sería quedarse corto.
Ignoraba del todo como se vería mi cara en esos momentos pero a él pareció gustarle ya que deshizo su abrazo (por lo cual me quejé mentalmente) y acunó mi rostro entre sus manos para luego decirme:
-- Luces completamente adorable.-- me sonrió ampliamente, yo le devolví la sonrisa.
-- Y tú luces completamente sonrojado -- me soltó la cara delicadamente (por lo que proteste de nuevo mentalmente) y se rió por lo bajo, parecía apenado y nervioso.
Dejo de reír y cambió el tema, eso me confundió un poco pero no me molestó ya que ahora que tenía la cabeza más despejada comenzaba a sentirme nerviosa y no quería tocar temas delicados con la voz aguda y temblorosa.
-- ¿Y donde están todos? -- preguntó con un fingido tono casual. Hasta entonces me di cuenta de que el aula estaba vacía. Me sentí aliviada por ese detalle ya que eso significaba que nadie había presenciado lo anterior… o tal vez si y no me había dado cuenta, aunque como hubiera podido hacerlo pero en fin, lo deje pasar como si nada, si seguía pensando en eso me daría un ataque de pánico escénico.
Me encogí de hombros. Edward se puso serio otra vez y me miró a los ojos fijamente, le sostuve la mirada, también muy seria, mientras pensaba en lo que seguiría a continuación, ¿deberíamos fingir que no había pasado nada y actuar con naturalidad, como siempre?
La campana del término de clase sonó y Edward y yo dimos un bote en nuestros asientos por el susto. Después de que el sonido se extinguiera nos miramos intentando calmar la respiración. Nos dimos cuenta de lo ridículo de nuestra actitud y soltamos una carcajada. Aun riéndonos salimos del salón hacia la siguiente clase. La tensión se había disipado y en su lugar solo había quedado cierta cortedad, lo cual significaba que ninguno de los dos iba a fingir que no había ocurrido.
Al terminar las clases Edward me llevó hasta mi casa en su amado Volvo, la atmósfera era relajada y él y yo hablábamos y hacíamos bromas como siempre. Cuando llegamos, sin embargo, en vez de sólo despedirnos en el auto, Edward salió conmigo y se sentó en el único escalón del pórtico de mi casa. Me hizo señas para que me sentara a su lado y el estómago me dio un vuelco. Pensé que seguiríamos con el tema que habíamos dejado inconcluso, y de hecho así fue. Edward parecía nervioso de nuevo cuando comenzó a hablar.
-- Respecto a lo que pasó en Biología, quiero pedirte una disculpa.
La oleada de desencanto me golpeó fuerte. ¿Una disculpa? ¿Eso significaba que el se arrepentía?
-- Lo siento, es que me dejé llevar, y yo no sabía si tu estarías de acuerdo y… y yo… -- ¿Qué no mi reacción daba a entender que sí estaba de acuerdo? Con ternura recordé que a pesar de todo Edward era un caballero y era lógico que se sintiera de esa manera; con respuesta favorable o sin ella, sus principios lo "obligaban" a disculparse por su actitud "ligera y poco cortés". Me reí para restarle importancia y que dejara de sentirse así, ya que yo me sentía… como si flotara.
-- Edward esta bien, no tienes que disculparte. De verdad… esta… bien.
Me entendió al instante como siempre. Tomó mi mano entre las suyas y me acarició el dorso y la palma intermitentemente, soltó un suspiro y me regaló una de esas cálidas sonrisas que me derretían.
-- Bella te quiero.
Le sonreí en respuesta, ya me lo había dicho en otras ocasiones, y yo siempre le contestaba que también lo quería.
-- Pero esta vez quiero que lo tomes como algo más que solo cariño de mejores amigos -- entendía perfectamente, el corazón me latía muy rápido, quería contestarle pero las palabras se quedaron atoradas en mi garganta debido al nerviosismo.
-- Estoy enamorado de ti Isabella Swan, y quiero que sepas que estoy luchando para conquistarte… -- y en voz baja añadió -- espero que no te pongas muy difícil.
Se rió de su propio chiste aligerando la atmósfera, mientras yo luchaba con el nudo de nervios que no me dejaba contestar. ¿Qué él no sabia que no tenia que hacer nada? Yo ya estaba más que conquistada. Como no podía hablar me lancé a su cuello, apretándolo fuerte con una gran abrazo asfixiante, aunque el era más fuerte que yo obviamente y no le hacía daño.
-- También te quiero -- logré decirle con un hilo de voz, en respuesta el me abrazó más fuerte, y yo sentí como el nudo se disolvía y como la calidez de su cuerpo y su aroma me envolvían otra vez en una suave espiral de sensaciones.
Nos separamos (demasiado pronto) y nos quedamos tomados de las manos, Edward seguía sonriendo resplandeciente. Todo estaba perfecto, y de improviso comenzó a llover.
Mi ánimo se vino abajo por un momento, pero Edward miraba hacia la lluvia con una expresión calculadora y una sexy sonrisa torcida.
-- ¿Sabes que siempre he tenido deseos de dar un beso bajo la lluvia? -- volteó a verme con una mirada insinuante y se me escapo el aliento de golpe, al tiempo que sentía el enjambre en mi estomago agitarse violentamente.
Edward se levantó y me extendió la mano para que yo hiciera lo mismo. Lo hice dubitativamente. Sabía lo que seguía pero hubiera preferido que no fuera bajo la congelante lluvia de un día normal en Forks.
Edward sintió mi resistencia y soltó una carcajada al jalarme hacia la lluvia junto con él. De inmediato estuvimos empapados y yo jadeaba y tiritaba a causa del frío. Edward se puso frente a mí y entonces se me olvido todo otra vez.
Su mirada de esmeralda quemaba como carbón al rojo vivo en el fondo de mi alma. Sus manos tomaron mi rostro delicadamente y se acercó a mí despacio; me puse de puntillas para alcanzarlo y entonces volví a sentir la textura ardiente de sus labios en los míos. Empezó suave y tierno como antes, pero de pronto sus labios se volvieron más intensos y en un movimiento abrieron más los míos, sentí en el interior de mi boca su aliento dulce y adictivo y eso hizo que perdiera los estribos. Me arrojé a su cuello como hacía unos momentos y enredé mis dedos en su cabello mojado atrayéndolo más hacia mí. Edward soltó mi rostro solo para aferrarme por la cintura, levantándome unos centímetros del suelo. Sentía el roce de su lengua tersa y húmeda en la mía, y cada movimiento de ellas enviaba una descarga eléctrica a través de mi columna. Su calor inigualable y su sabor intoxicante eran, en definitiva, lo mejor que me había pasado en toda la vida. Mi sangre estaba hirviendo, ahora anhelaba el contacto con la lluvia para refrescarme ¿Seguiría lloviendo? Tenía la sensación de que las gotas se evaporaban antes incluso de tocarnos.
El ritmo disminuyó y el beso se volvió suave y tierno otra vez. Edward me dejó en el suelo muy despacio. Nos separamos lentamente, pero por poco tiempo ya que volvimos a abrazarnos. Me reí para mis adentros al ver resbalar la lluvia por el brazo de Edward y darme cuenta de que apenas en la mañana estaba quejándome del clima; ahora sabía que no vería la lluvia de igual manera nunca más.
Justo ahí, entre los brazos de Edward, recargada en su pecho, escuchando a si agitado corazón latir y sintiendo sus brazos fuertes rodeándome, me di cuenta de que no querría estar en otro lugar ni haciendo nada mas.
Estaba justo donde quería. Simplemente cerca de Edward Cullen.
Hola ^^
Espero que les haya gustado.
Dejen reviews porfitas.
