Capítulo 4

Sueño o realidad.

Era ya muy tarde en Forks, Washington, cerca de la una de la madrugada, y llovía como de costumbre, sin embargo, el sonido repiqueteante de las gotas golpeando contra mi ventana me parecía ahora reconfortante y encantador, sobre todo porque traía a mi cabeza recuerdos nítidos de la maravillosa tarde que había pasado hacía tan solo una horas.

De hecho era eso lo que no me permitía conciliar el sueño. Cada vez que cerraba los ojos veía el rostro de Edward Cullen, perfecto en todos sus detalles, acercándose lentamente, cada vez más hasta que...

- ¡Dios! - exclamé abriendo los ojos de pronto. Si seguía recordando eso moriría de taquicardia. Cansada de dar vueltas en la cama me levanté y fui directo al cuarto de baño, abrí el pequeño compartimiento detrás del espejo y tomé el frasco que me prometía una noche de sueño profundo.

No teníamos tranquilizantes, somníferos ni nada por el estilo, solo unos cuantos frascos y cajas con analgésicos variados. Daba lo mismo; tenía tan poca tolerancia a los analgésicos que tendrían el mismo efecto que tres Valium al mismo tiempo.

Tomé dos antigripales con un trago de agua y regresé a mi cama, satisfecha de saber que en unos minutos estaría durmiendo como un bebé. De regreso en mi revuelta cama me dediqué al placer de sentir el rápido latido de mi corazón al evocar una vez más aquellos deslumbrantes ojos verdes y esos magníficos labios sonrosados, hasta que poco a poco me quedé dormida.

Desperté a regañadientes de mi tranquilo y profundo sueño; me incorporé con los ojos casi cerrados todavía y comencé a sentir un ligero mareo, ese era el inconveniente de no dormir por las vías naturales, sin embargo el malestar se fue de pronto, ya que pude percatarme de que a través de mis cortinas se filtraba una luz cálida y brillante. Me acerqué a la ventana para asegurarme de que no seguía soñando, y en efecto, el día estaba perfectamente hermoso y soleado, algo increíble.

Me vestí y peiné rápidamente, para después bajar a desayunar un tazón de cereal. No había rastro de Charlie así que no tenía a nadie para distraerme antes de la "cita", lo que, para mi mala suerte, solo acrecentaba los nervios que ya sentía.

Después de desayunar a toda prisa salí y me monté en mi camioneta. Conduje alrededor de veinte minutos hasta llegar a un sendero terroso en el cual ya me esperaba Edward. Salté de la cabina ansiosamente y me acerqué a él con una gran sonrisa.

- ¡Hola Edward! - el se veía diferente aunque no lograba identificar por qué. Se acercó sonriéndome de esa manera tan… enloquecedora, si, esa es la palabra.

- ¿No crees que… - antes de que terminara de hablar me puso un dedo sobre los labios haciendo que callara inmediatamente. Entonces acunó mi rostro entre sus manos y se inclinó para rozar mis labios con los suyos suavemente. Duró apenas un instante y al separarse me tomó de la mano para después empezar a recorrer el sendero.

No me pareció que anduviéramos mucho por el sendero pero de pronto Edward giró bruscamente a la derecha internándose en el bosque. Los rayos de sol se filtraban a través de la espesura del bosque dotándole de un brillante color jade que lo hacía lucir hermoso.

Edward comenzó a avanzar más deprisa y me preocupó que pudiéramos perdernos, pero cada vez que intentaba explicar mis temores el se volvía para silenciarme colocando su dedo índice extendido sobre sus labios que tenían la misma encantadora sonrisa. Antes de darme por vencida lo intenté por última vez, y, como esperaba, Edward repitió el gesto, sin embargo no fue eso lo que hizo que las palabras murieran al instante. Fueron sus ojos.

Mientras la misma bella sonrisa seguía en su lugar, el hermoso color esmeralda parecía haberse congelado, dejando sus ojos completamente inexpresivos. Eso me turbó de una manera desagradable, haciéndome sentir un estremecimiento extraño. Como si tuviera miedo.

Seguí caminando en completo silencio, aunque ahora ya no tenía ganas de hablar, ni de dar un paso más. De un momento a otro noté que la luminosidad estaba disminuyendo hasta dejar el bosque con un tono verde oscuro y apagado, sumido en las habituales sombras, y entonces llegamos a un pequeño espacio abierto entre los árboles, poco menos que un claro.

Edward me soltó y se mantuvo de espaldas a mí. No me atreví a preguntar nada porque en mi estómago seguía alojado ese extraño sentimiento de temor. Sin previo aviso Edward volteó a mirarme y lo que vi me dejo horrorizada.

Toda muestra de amabilidad, ternura o calidez se había esfumado de su rostro, aun pálido y hermoso. Los ojos que me habían cautivado por su dulzura se habían vuelto sombríos, apagados, tenebrosos, igual que el bosque alrededor. Su expresión era dura y su actitud hostil cargó el ambiente dejándolo pesado y tenso.

- ¿E… Edward? - no entendía de que iba todo eso. ¿Para qué me había traído justo a este lugar? Podía deducir de su comportamiento que no era para hacer un lindo día de campo; tal vez su intención era dejarme sola y que me perdiera. De cualquier manera la pregunta importante no era ¿Para qué? sino ¿Por qué? De pronto soltó un fuerte suspiro, como si hubiera estado conteniendo la respiración, y cerró los ojos.

Seguramente fueron solo un par de minutos, pero a mí me pareció una eternidad el tiempo transcurrido hasta que volvió a abrirlos. Entonces comenzó a hablarme.

- Esto es difícil para mi pero debo hacerlo. Lo siento mucho Bella - ¿Y ahora por qué se estaba disculpando? ¿Se había dado cuenta de lo aterrada que estaba y quería enmendar su error? Antes de que pudiera decir nada, él siguió hablando, con la voz aun más cortante:

- El tiempo que pasamos juntos fue maravilloso, pero no podemos seguir por ese camino. Ya es momento de que cada quien siga con su vida - ¿seis meses de ser amigos le habían parecido demasiado tiempo? ¿Era yo tan detestable? O era él quien era demasiado voluble.

Me sentía a punto de ser aplastada por la oscuridad del bosque a mi alrededor. No podía pensar en nada excepto en el dolor lacerante de mi corazón. Quería decirle que dejara de decir estupideces pero el nudo en la garganta provocado por las lágrimas, incontrolables y humillantes, no me permitía tomar aire para hacerlo. Me estaba asfixiando.

Lo vi poner una expresión de culpa al tiempo que se daba media vuelta para irse y dejarme sola, tal como quería. El terror me invadió; tenía miedo de quedarme sola en esa negrura insondable en que se había convertido el maravilloso bosque jade de hacía unos momentos… ¿O serían horas? Sentía un pánico irracional de no volver a ver jamás aquellos ojos esmeraldas que tanto amaba y de convertirme en un despojo de ser humano muerto en vida.

Sentí una fuerza descomunal tirando de mi tembloroso cuerpo hacia abajo, doblándome, postrándome, haciéndome sentir el suelo cubierto de hierba, duro y frío debajo de mis manos y rodillas. Quería incorporarme e ir tras él, quería gritarle que se detuviera y regresara por mí; pero no podía hacer ninguna de las dos cosas. Me sentía como en uno de esos sueños aterradores en donde no puedes moverte ni gritar sin importar cuanto lo intentes, sin poder huir ni luchar contra lo que te atemoriza.

Mientras observaba su difusa silueta alejarse cada vez más tuve la determinación de obligar al aire a abrirse paso hasta mis pulmones, para lograr proferir ese grito que estaba segura me salvaría de aquel martirio de una u otra forma. Tomé todo el aire que pude y después lo impulse con fuerza a través de mi traquea.

¡Edward!

Percibía el ardor en la garganta y el esfuerzo en el estómago, pero aquel grito desquiciado resonó solo dentro de los límites de mi mente nublada por el dolor.

xxxxxxxx

- ¡Edward! - desperté sobresaltada, por las imágenes en mi cabeza y por mi propio grito. Me incorpore rígidamente, aferrando con fuerza las mantas de mi cama. En un principio pensé que aun era de noche ya que no podía ver nada, pero de inmediato me di cuenta de que eran las lágrimas las que no me permitían distinguir nada. Seguí llorando, sin apenas hacer ruido y mordiéndome el labio para no gritar, intentando recordar si aquello realmente había pasado o tan solo había sido una pesadilla, terrible y demasiado real.

Aún llorando y con manos temblorosas me volví para tomar el pequeño reloj digital que estaba siempre en mi buró. Eran las nueve en punto de la mañana del día sábado; me esperaba una cita con mis amigos para una reunión familiar, y no había vuelto a ver a Edward desde la tarde anterior. Eso me tranquilizó porque obviamente aquellas horrendas imágenes nunca ocurrieron en realidad. Sin embargo, aún me quedaba la sensación de que aquella escena se volvería realidad, como si hubiera sido un sueño premonitorio. Se veía y, lo que es peor, se sentía demasiado real.

Después de limpiarme las lágrimas como una veintena de veces más, por fin logré dejar de llorar y levantarme de la cama. Fui al baño a lavarme la cara para despejarme pero de poco sirvió; tenía los ojos hinchados y rojos. Fatal.

No podía hacer mucho por mi cara así que bajé a desayunar antes de vestirme, pero en cuanto entré a la cocina me invadió un escalofrío que me dejó clavada en el suelo. Todo se veía exactamente igual que en mi sueño. No era como si mi cocina cambiara de color cada día, pero la sensación de repetición era abrumadora: tenía la misma sensación de apacible soledad porque Charlie no estaba en casa, cada paso que daba era el mismo que el de mi sueño, los sonidos fuera de la casa eran idénticos e incluso podía anticiparme a los sonidos y cosas que vería. Resultaba espantosamente tétrico.

En una actitud estúpida, hice exactamente lo mismo y de igual manera que en el sueño: me acerqué a un gabinete, saqué el tazón, después tome el cereal de la alacena y le leche del refrigerador, serví ambos en el tazón con la misma cadencia que en el sueño, y entonces, de un momento a otro, la sensación de repetición terminó, aunque seguía haciendo lo mismo.

Seguía atontada por lo que había pasado cuando me senté a la mesa a masticar cada bocado con extrema lentitud, comparando lo vivido con la pesadilla. En un lugar lejano de mi mente, una vocecilla me decía que debía darme prisa, pero otra voz, más apremiante, me decía que debía hacer lo que estuviera en mi mano para no volver a tener la sensación de repetición, de lo contrario la pesadilla podría volverse realidad.

- Qué absurdo - musité para mi misma.

Tres repentinos golpes en la puerta me hicieron pegar un bote en mi asiento. Miré el reloj y maldije al darme cuenta de que había desperdiciado casi una hora en mis tontas cavilaciones. Aún sobresaltada me dirigí a abrir la puerta, rogando porque a Edward se le hubiera hecho tarde y no fuera él quien estuviera tocando. Otro absurdo.

El estómago me dio un vuelco al abrir la puerta y verlo parado, inmóvil, frente a mí. Era aun más hermoso que en mis sueños; más hermoso porque era real y más hermoso porque sus ojos seguían siendo cálidos. Suspiré de alivio y tomé su mano; sus dedos estaban tibios a pesar de que el día era frío y nublado. Me daba la impresión de que el calor que desprendía no tenía nada que ver con el clima. Me sonrió deslumbrantemente y todas mis preocupaciones desaparecieron… a tal grado que olvidé que todavía llevaba puesto el pijama. Por supuesto, Edward me lo recordó.

- Una elección interesante. Se ve bastante cómodo –- dijo con un tono ligeramente burlón.

De inmediato sentí como la sangre tornaba mis mejillas de un intenso color rojo. Sin decir una palabra me hice a un lado para dejarle pasar y cuando cerré la puerta me lancé de inmediato a las escaleras murmurando al pasar un apenas inteligible "dame un minuto".

Me puse unos vaqueros y un suéter de color granate que se ajustaba perfectamente encima de una ligera camiseta blanca, me cepillé el cabello y bajé de nuevo dando saltitos por las escaleras.

- Eso fue rápido. ¿Lista?

- Claro –- respondí animadamente.

El Volvo plateado de Edward nos esperaba junto a la acera. Él manejaba mucho más rápido que yo así que en cuestión de diez minutos ya estábamos junto al sendero que se adentraba en el bosque y que, por lo que me habían contado, bordeaba a lo lejos el jardín trasero de la casa Cullen. Después de caminar durante aproximadamente veinte minutos, llegamos al pequeño claro en donde ya nos esperaban Rose, Alice y Jazz. Nos saludamos y mientras Rosalie y yo éramos arrastradas a una interminable conversación sobre ropa, zapatos y accesorios, Edward y Jasper se alejaron un poco para hablar en privado.

Ocasionalmente lanzaba discretas miradas de auxilio a Edward, pero éste solo negaba y sonreía con suficiencia, dándome a entender que no haría nada por evitarme el suplicio al que me sometía Alice. En uno de esos vistazos pude darme cuenta de que Jasper reía con discreción mientras Edward lucía ciertamente apenado y clavaba la mirada en el césped sobre el cual permanecían sentados, luego mi rubio amigo palmeaba la espalda de Edward y él le sonreía con algo muy parecido al orgullo y con las mejillas coloradas. Era una escena de lo más extraña ya que no imaginaba de que podrían estar hablando, pero antes de que pudiera seguir con mis cavilaciones Emmett irrumpió en el claro vociferando como un loco y lanzándose sobre nosotras. Ni siquiera pude moverme.

Las tres nos estábamos sofocando debajo de su enorme anatomía, pero no podíamos parar de reír al tiempo que le hacíamos cosquillas y lo pellizcábamos para lograr que se levantara; él también se reía y su cuerpo se sacudía por las carcajadas haciendo que el aire se nos escapara más bruscamente. Al final cuando pudieron dejar de reír un poco, Edward y Jasper lograron apartarlo entre jaloneos, empujones y patadas.

Edward me tendió la mano para que me levantara. Cuando por fin estuve de pie me percaté de que en el claro, junto con nosotros, había un muchacho que no conocía y que además no me quitaba los ojos de encima. Era tan alto como Emmett aunque menos corpulento, tenia una piel morena y lustrosa y el cabello largo, lacio y negro sujeto en una discreta coleta tras la nuca aunque algunos mechones le caían a ambos lados de la cara. Era muy guapo.

Todos se percataron de nuestro intercambio de miradas y Emmett nos presentó de inmediato:

- Hey Bells, él es Jacob Black. Jake esta hermosura es Bella Swan.

- Es un placer Jacob –- dije mientras le extendía la mano y le sonreía con cierta timidez.

- Jake –- me corrigió con una deslumbrante sonrisa -. El placer es todo mío Bella.

Me tomó la mano pero en vez de agitarla un par de veces como cualquier persona, la llevó a sus labios mientras se inclinaba ligeramente y depositó en ella un suave beso. Me sonrojé profusamente en el acto.

La risa escandalosa de Emmett se dejó escuchar acompañada de una más discreta de Rose y Jazz.

- Este chico no pierde tiempo, cierto? –- dijo Emmett mientras se acercaba a Jake y le pasaba un brazo por los hombros -, te aviso que no puedes usar tus artimañas de playboy con Bells, ella es un inocente ángel.

Me sonrojé aun más con el comentario de Emmett y tuve que bajar la cabeza para intentar ocultarlo un poco.

- Para nada hombre. Esos días han terminado - sentí su oscura mirada clavada en mí y eso me hizo sentir algo incómoda y nerviosa.

Busqué a Edward con la mirada para sentir apoyo pero él tenia los ojos clavados en Jake y lo miraba de mala manera. Jacob parecía no darse cuenta en absoluto de la mirada hostil que le dedicaba Edward, ni él ni nadie más porque de inmediato dejaron pasar el tema y comenzaron a hablar sobre un balón. Los chicos querían jugar un poco antes de la reunión familiar.

Nosotras nos apartamos porque no teníamos ninguna gana de ser "tackleadas" *por aquellos monstruos, así que decidimos sentarnos a charlar tranquilamente sobre el césped que estaba iluminado por unos tenues rayos de sol. Observé como Emmett y Jasper intentaban convencer a Edward para que jugara pero éste negaba repetidamente. Los chicos no se rindieron y al cabo de un par de minutos Edward aceptó aunque de mala gana.

Jasper y Edward hicieron equipo contra Emmett y Jacob. Al principio solo se lanzaban el balón amistosamente pero después de unos minutos todas las chicas, y también Emmett y Jasper, pudimos darnos cuenta de que el juego se había convertido en una disfrazada pelea entre Edward y Jacob. A pesar de que bromeaban entre pase y pase las tackleadas y bloqueos que se daban el uno al otro no eran para nada delicados, y era más que obvia su agresividad cuando me fijé en la expresión de furiosa hostilidad que tenía Edward grabada en sus bellas facciones. Jacob tampoco lo pasó por alto aunque no parecía entender la razón de su comportamiento. Yo tampoco a decir verdad.

Cuando las sutilezas se olvidaron por completo y el ambiente comenzó a ponerse tangiblemente agresivo, Emmett dio por terminado el juego; quedaron empatados. Edward se dio la vuelta de inmediato y se tendió sobre el césped a un par de metros de donde yo estaba. Dudé un poco pero al final me levanté y me acerqué lentamente a él. Una de sus manos descansaba tras de su cabeza mientras que con el hueco del codo del otro brazo se tapaba los ojos, su boca permanecía abierta recuperando forzadamente el aliento perdido. Me senté junto a él con las piernas cruzadas. Puse mi mano en su abdomen y lo sentí moverse al ritmo de su respiración agitada. Él levanto un poco el brazo y al verme me dedicó una sonrisa aunque pude darme cuenta de que su ceño seguía en tensión.

- ¿Estas bien Edward?

Se incorporó con un movimiento brusco y me sobresalté un poco. No me contestó pero tomó la mano que antes descansara sobre él y comenzó a acariciarla con sus dedos largos y perfectos. Acariciaba con suavidad el dorso y la palma, apretaba gentilmente los nudillos, palpaba con delicadeza cada dedo como si quisiera discernir la estructura ósea debajo de la piel. Las caricias eran sencillas pero no por eso menos electrizantes, tanto que casi olvido lo que le había preguntado hasta que de nuevo me fijé en su ceño fruncido y entonces me di cuenta de que se estaba relajando poco a poco, hasta que finalmente quedó inexpresivo. Suspiró y esbozó una pequeña sonrisa torcida, luego clavó sus intensos ojos esmeraldas en los míos.

- Ahora estoy mejor.

Pude notar la sinceridad de sus palabras en sus ojos pero aun así sabía que había algo que le molestaba. Capté movimientos bruscos en la periferia de mi visión y al voltear pude ver que Jake se sentaba en el césped a unos cuantos metros pero completamente en mi dirección. Su rostro estaba muy serio y no dejaba de mirarme ni a mi mano siendo acariciada. Si Edward se percató de eso no lo demostró y siguió con su tarea, esta vez con mi otra mano.

Volví a mirar a Jake y su expresión no había cambiado, seguía vigilando los movimientos de Edward sobre mí. Por su parte, Edward había vuelto a fruncir el ceño ligeramente y al verlo una vocecita susurró en mi mente con claridad: "celos".

¡Oh Dios, era tan obvio! Edward estaba celoso y molesto por lo que Jacob había hecho. Casi bufé al darme cuenta de lo absurda que era la situación pero al mismo tiempo sentí un cosquilleo en el estomago. Me parecía tierno y halagador que Edward sintiera celos de que otro chico siquiera pensara en intentar algo conmigo. No pude evitar reírme bajito y cuando Edward levantó la vista hacia mí me solté de sus manos y me impulsé para abrazarlo estrechamente. Caímos sobre la hierba ligeramente húmeda aún abrazados; después de unos segundos me levanté apenas lo suficiente para ver su rostro y noté con alegría que todo rastro de molestia había desaparecido. De pronto, en sus ojos brilló un destello pícaro, aferró sus brazos a mi alrededor con más fuerza y volvió el rostro para mirar, supuse yo, a Jacob. Yo también lo miré disimuladamente sólo para darme cuenta de que entrecerraba los ojos con algo parecido al coraje. Me sonrojé de nuevo y al verme Edward soltó una carcajada; avergonzada, dejé caer la cabeza sobre su pecho aunque no pude evitar contagiarme de su escandalosa risa.

Después de un minuto tomé verdadera conciencia de dónde estaba y el mundo se me olvidó; sentía el reconfortante calor del cuerpo de Edward traspasando mi ropa y la suave presión que sus brazos ejercían sobre mi cuerpo, pegándome más al suyo. Un repentino sonrojo que no era de vergüenza asomó en mis mejillas al mirarlo y encontrarme con sus hermosos ojos verdes mirándome de una manera tierna y abrasadora al mismo tiempo.

Extendí la mano y acaricié sus bellos pómulos con suavidad. En involuntaria respuesta sus ojos se entornaron y sus labios se entreabrieron. Demasiado embelesada como para resistirme, acerqué mis labios a los suyos lentamente. El tibio perfume de su aliento me aturdió de una manera delicada y placentera y, cerrando los ojos, me dejé llevar por la dulce sensación que hacia hormiguear mi cuerpo entero.

Apenas había rozado sus tersos labios cuando una voz masculina y familiar susurró muy cerca de nosotros un saludo en inconfundible tono bromista:

- Hola parejita…

El saludo, aunque suave y amigable, hizo que se me erizara cada vello del cuerpo de un modo desagradable y de inmediato me envaré, sobresaltada.

Emmett estaba tendido boca abajo, con los brazos cruzados al frente y el mentón apoyado sobre ellos. Ni siquiera lo había escuchado acercarse. Finalmente, después de contener la risa todo lo que pudo, estalló en una carcajada al mismo tiempo que mis otros amigos, quienes nos observaban condescendientes a unos cuantos metros. La risa de Emmett se intensificó al observar mi expresión de sorpresa, con la boca medio abierta, los ojos como platos y el ceño fruncido. Miré a Edward que se limitó a rodar los ojos con aire exasperado antes de cubrir su cara de nuevo con su brazo.

- Lo siento, no pude resistirme –- dijo Emmett cuando logró controlarse -. Es hora de irse chicos, mamá y tía Esme deben estar a punto de quebrar el mármol con el golpeteo de los zapatos –- finalizó mientras me tendía una mano para ayudarme a levantarme y después hacía lo mismo con Edward.

Todos nos pusimos en marcha para regresar a los autos siguiendo a Emmett que iba por delante. Edward y yo quedamos al final, y caminamos tomados de la mano. Al internarnos de nuevo en el bosque recordé de súbito el sueño que había tenido y una escalofriante inquietud se apoderó de mi. Evoqué de nuevo los ojos hostiles del Edward de mi pesadilla y un escalofrío de miedo me atravesó la espalda.

Edward se percató de mi ligero temblor y me soltó la mano para poder pasarme el brazo por los hombros, estrechándome tierna y protectoramente contra él. Levanté el rostro hacia él y de nuevo sentí paz al contemplar sus preciosos ojos cálidos, tiernos y alegres. Enredé mis brazos en torno a su cintura sin dejar de caminar, sintiéndome feliz y decidiendo olvidarme de aquel sueño absurdo. Estando con él no tenía nada que temer. Edward y yo nos queríamos… ¿Qué podía salir mal?


* Tacklear viene de la palabra Tackle que significa: atacar, atajar, etc

Hola

Antes que nada quiero ofrecer mis sinceras disculpas a quienes siguen esta historia por la terrible tardanza. Quisiera que supieran los motivos de ello: en primer lugar la inspiración me abandonó respecto a esta historia, después volvió pero para hacerme comenzar con otros fics y finalmente tuve que afrontar un proceso emocional que aun hoy en día no está superado y que destrozó mi ánimo de seguir escribiendo no solo esta historia sino todas las demás que comencé. No pretendo justificarme, simplemente creo que las personas que siguen el desarrollo de este fanfic merecen saber la razón de que haya parado por tanto tiempo.

Me apena decirlo hasta este momento pero tampoco quería simplemente publicar una nota, así que preferí hacérselos saber junto con el nuevo capítulo.

Espero retomar el "ritmo" sobre todo con este y otro fanfic (Ranma ½) que está en proceso y ya publicado, pero si no es de esa manera y los hago esperar mucho otra vez ofrezco disculpas de antemano y apelo a su comprensión: todos somos humanos.

Mil Gracias por leer ^^