Capítulo 1

Pelo negro como el ébano contra una almohada de lino, piel clara contra una sábana intensamente blanca, ojos negros, ónix, como la noche mirando con descarado gesto de arrogancia y triunfo a los suyos... Hinata se estremeció con violencia, rechazando la imagen que había surgido en su mente.

El insistente sonido del teléfono la sacó con brusquedad del torbellino de sus pensamientos. Contestó a la llamada de mala gana, tras cerrar a sus espaldas las puertas del cuarto de estar para no molestar a su padre.

- ¿Hinata...?

Ella se quedó petrificada, y su bello rostro, enmarcado por una sedosa melena oscura como la noche de luna nueva palideció intensamente.

Aquella voz... aquella inolvidable voz, profunda, potente y densa como la niebla. Decía su nombre como nadie lo había dicho nunca. Hacía cinco años que no la oía, pero la reconoció al instante, sin poder sustraerse al temor que le produjo. Notó que la garganta se le cerraba en el acto.

- Esperó no haberte sobresaltado – susurró Sasuke Uchiha, mintiendo entre dientes con cierto cinismo.

Hinata apretó los suyos. Deseó introducir la mano por el cable del teléfono y abofetearlo. Y el sentir aquello de nuevo, aquel arrebato de violento odio que sólo él lograba despertar en ella, le produjo un intenso pavor. Notó que la boca se le secaba.

- ¿Qué quieres Uchiha?

- Estoy de un humor muy generoso Hinata - dijo él con lentitud -. Me siento predispuesto a ofrecerte un encuentro...

Los dedos de Hinata se cerraron con fuerza en torno al auricular.

- ¿Un encuentro? ¿Por qué?

- ¿Es posible que aún no hayas visto a tu padre? – murmuró él.

- Lo he visto - susurró sin molestarse en añadir que Hiashi Hyuga seguía en la habitación contigua.

- La malversación de fondos es un delito grave y lo sabes.

- Tenía deudas de juego – protestó en voz baja -. Se asustó... ¡no pretendía robarle el dinero a la empresa! Sólo lo estaba tomando prestado...

- Hablando eufemístamente, claro tan solo pidió un préstamo sin que nadie se enterara - dijo Sasuke en tono burlón.

- La empresa Hyuga era suya - le recordó la chica con impotente amargura.

Pero ya no lo es - replicó Sasuke con suavidad pasmante-. Ahora es parte del conglomerado Uchiha.

Hinata sintió una intensa punzada de culpabilidad. Si no hubiera sido por ella, su padre Hiashi Hyuga nunca hubiera sido presa de la furia de sus socios, los Uchiha, la empresa seguiría perteneciendo a su familia y ella seria libre. Si no hubiera sido por ella, su padre no se habría visto enfrentado a una acusación por malversación de fondos.

- Mi padre tenía intención de devolver el dinero - dijo, sintiendo que el estómago se le encogía -. ¡Si no hubiera sido por la auditoría, nunca lo habrías averiguado! - añadió, desesperada.

- ¿Por qué crees que se hacen auditorias inesperadas en las empresas? – preguntó Sasuke -. Los socios como tu padre se vuelven codiciosos y a veces son atrapados cometiendo delitos como el fraude o el desvio de fondos.

Ella tembló, oyendo el ensordecedor latido de su corazón en sus oídos.

- ¡Mi padre no es codicioso! pero estaba desesperado...

- Estoy deseando verte esta noche Hyuga. Me alojo en un hotel, frente a la Place Véndome. Estoy seguro de que no necesito decirte cuál es el hotel o cual será mi suite. A las ocho - especificó Sasuke -. Esperaré un minuto pasada la hora. Si no apareces, no habrá una segunda oportunidad, Hyuga.

- ¡Será mejor que no pierdas el tiempo! - exclamó Hinata, enfurecida por el sadismo del hombre-. ¡Prefiero verte en el infierno antes que volver a poner un pie en ese hotel!

- Debió ser todo un espectáculo verte salir de allí con una sola zapatilla esa tarde - murmuró Sasuke provocativamente -. La doncella encontró el otro bajo la cama. El zapato de Cenicienta o mejor de mademioselle Hinata ¿o no?...

- ¿Cómo te atreves? - murmuróla chica entre dientes, sintiendo como la ira que trataba de contener rugia por salir de su pecho.

- Y, por lo que recuerdo, estuviste a punto de perder algo mucho mas intimo que un zapato aquella tarde ¿o no Hyuga? - dijo Sasuke reflexivamente.

Ruborizada hasta la raíz del pelo, Hinata colgó el teléfono antes de que Sasuke pudiera recordarle más detalles sobre la inexcusable debilidad que mostró aquel día. Lo último que quería en aquellos momentos era pensar en lo que sucedió en el Ritz cinco años atrás.

«¡No!», quiso gritar, «¡No!». Pero no lo hizo, por supuesto. Hinata no gritaba. Hinata odiaba perder el control. Había crecido sollozando silenciosamente tras puertas cerradas, tapándose los oídos para no oír los gritos de su padre a su madre y de ella a él. Y juró que ella sería diferente y que controlaría su temperamento por todos los medios. Sería fuerte sin pasión. Y si permanecía alejada de la pasión para que nada lograra dañarla.

Lo peor de todo era tener que mirar atrás, ver cómo había roto sus propias reglas y cómo había sufrido a causa de ello. Tratando de huir de aquellos atemorizantes ecos del pasado, Hinata volvió junto a su padre.

Con el rostro grisáceo, por la tensión, Hiashi alzó la mirada y siguió hablando nada más verla, tan centrado en sus propios problemas que ni siquiera quiso saber quién había llamado.

- Tuve que entregar todas mis llaves... No me permitieron volver a entrar en mi despacho - dijo con evidente dolor y rabia -. Luego fui escoltado al exterior del edificio por dos vigilantes de seguridad... ¡yo un Hyuga, un socio de los Uchiha, el cuñado de Fugaku, esos malditos!

Esas debieron ser las instrucciones de Sasuke. ¿Acaso no merecía su padre un poco más de consideración?, se preguntó ella. ¿No podía haberle permitido mantener al menos un poco de dignidad a él, un socio, un Hyuga, su propio tío?

- Padre... – a punto de llorar, Hinata se acercó a su padre para consolarlo, pero él se apartó.

- No tengas piedad de mi Hinata, yo habría tratado de la misma manera a un ladrón - dijo secamente.

- ¡Pero tú no eres un ladrón!

-Pero fui débil y me permití ser el blanco de mis pasiones-

Hinata no pudo evitar sentirse responsable. Debió haberse dado cuenta de que su padre tenía problemas. Una semana después de que los Uchiha absorbieran la empresa Hyuga, la madre de ella Anabi Uchiha abandonó a su marido y solicitó el divorcio. La fuerte cantidad de la venta fue una tentación irresistible para ella. A pesar de que su matrimonio nunca fue bien, Hiashi se quedó desolado, se sintió humillado ante el mundo, no solo se sumaban fracasos empresariales a sus problemas, no solo se vio obligado a ceder el control de su empresa a su cuñado, sino que su mujer lo dejaba. Siempre le dio todo el dinero y perdono más de una indiscreción pues la amaba, amaba su belleza, su educación y su seguridad, sin embargo sus propias aventuras y sus problemas con el alcohol y el juego habían sido demasiados para ella. La única persona que se sintió aliviada con la marcha de Anabi fue su hija pues con ella se iban los problemas de un hogar roto… o al menos eso había pensado.

Pero Hinata debió haberse dado cuenta del vacío que se abrió en la vida de su padre. Vio cómo se convertía en un adicto al trabajo, porque eso fue todo lo que le quedó, sin honor y humillado ante la sociedad que se entero de boca de Anabi de sus debilidades, sus empresas florecieron obteniendo todos los beneficios que tan feliz habrían hecho a su madre, sin embargo Hinata no pensó en la amargura que debía sentir su padre al saber que la empresa ya no era suya y que todos aquellos beneficios llegaban demasiado tarde para salvar su honor y su matrimonio pues a pesar de todo amaba desesperadamente a Anabi.

Y no era solo eso, el alcohol lo hacia violento y apostar se convirtio en su debilidad...

- Era un lugar al que ir, algo que hacer – alguna vez le dijo su padre mientras su hija lo miraba, estupefacta. -Entonces empecé a perder y pensé que no podía seguir perdiendo siempre asi que apostaba mas y mas con la experanza de ganar...

El silencio se prolongó unos momentos y entonces Hiashi se levantó pesadamente del asiento y se encaminó con paso cansino hacia la puerta.

- ¿A dónde vas? - preguntó Hinata, con sus ojos malva violetas casi rojos por la angustia.

- A casa... Necesito estar a solas, déjame solo Hinata.

Desesperada, sintiendo sola y abandonada, Hinata corrió tras él por el pasillo

- ¡Podemos enfrentarnos mejor a esto juntos padre! Quédate, por favor - rogó.

- Es demasiado tarde Hinata, antes quizás, hoy ya no es posible – dijo Hiashi sintiéndose vacio.

¿Enfrentarse a la vergüenza, a la publicidad, al juicio? ¿A la pérdida de sus propiedades, de su autoestima, de su orgullo? Hinata sabía que si la demanda sucedía los Uchiha saldrían mal parados atacando públicamente a sus socios más cercanos, pero igualmente entendía que su padre no sería capaz de soportar todo aquello. Iba a ser muy duro, sobre todo para un hombre con sus problemas, ¿Pero qué alternativa había? Algún día el mismo hombre que odiaba se lo había dicho "la única manera de sobrevivir era enfrentándose a los problemas" y esa era la verdad

Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos no logró mantener la mente centrada en los problemas de su padre y su familia. El pasado volvía a perseguirla, el pasado que había enterrado hacía cinco años...

El día que se reencontró con Sasuke Uchiha, estaba en la misma ciudad que esa noche, Paris, la ciudad del amor y el romance, Hinata se encontraba realizando algunas compras para su ajuar en compañía de una amiga cercana, Ino Yamanaka, una joven rubia y escultural, hija de una familia de empresarios dedicados a la venta de articulos de lujo. Faltaban menos de dos meses para su boda con Naruto su novio desde hacia mucho tiempo, sin embargo por una circunstancia del destino no llevaba el anillo de compromiso. Una de las piedras se había soltado y lo había llevado al joyero para que lo reparara.

Estaba hablando con Ino en un cruce de calles, esperando a que la luz del semáforo cambiara para poder cruzar cuando alguien la empujó involuntariamente, haciéndola caer al asfalto, prácticamente bajo las ruedas de un deportivo…

Hinata no recordaba la caída, pues perdió el conocimiento. Lo que sí recordaba era su confusa recuperación de la conciencia antes de que llegara la ambulancia y la visión de unos extraordinarios ojos oscuros ante los suyos. Desde pequeña podía reconocer esos ojos entre miles, sin embargo aunque débil y desorientada por la caída pudo ver en ellos un vacio que no recordaba. Naturalmente, se quedó mirándolos, asombrada, nunca se había imaginado ver de nuevo a aquel hombre, si es que era él por supuesto.

- No la muevan... no hables... - Sasuke no paraba de dar instrucciones en todas direcciones.

- Estoy bien...

- No hables.

- Quiero levantarme... – Hinata trató de moverse.

Una mano fuerte y firme se lo impidió.

- Quiero levantarme... - insistió ella, mirando con creciente vergüenza el grupo de curiosos que se estaba formando a su alrededor.

- No vas a levantarte. Podrías haberte dañado la columna vertebral.

- Mi columna está perfectamente - dijo Hinata, empezando a enfadarse -. Yo estoy perfectamente...

- Hinata, eso lo decidirá el médico - él siguió mirándola con increíble intensidad. Entonces alargó una mano y le acarició con un dedo la mandíbula -. Nunca me perdonaré haber hecho daño a algo tan increíblemente hermoso...

Hinata, asombrada ante las palabras y la voz del chico solo pudo decir -Sasuke-

Ino resultó totalmente inútil en aquella circunstancia. Se puso histérica y alguien tuvo que calmarla. Por tanto sin estar segura como, Hinata se encontró de pronto en una ambulancia privada, acompañada por Sasuke en lugar de por su amiga.

- Ella nos seguirá en mi coche - aseguró, interponiéndose en el camino de los enfermeros a la vez que les decía lo que debían hacer.

Hinata no se encontraba con fuerzas poder preguntarle algo a Sasuke, había tantas dudas en su mente cansada, la cabeza le dolía mucho y sentía náuseas. Cerró lo ojos para escapar de él, pues una larga, muy larga catarata de recuerdos venian a su mente con solo mirarle a él junto a ella, a Sasuke protegiendola como lo habia hecho hacia años, Hinata fue conducida a una clínica, en la que fue sometida a un minucioso examen antes de que la llevaran a una elegante habitación individual dentro del mismo hospital.

- Quiero irme a casa - protestó, dirigiéndose a la enfermera -. Esto no es necesario en verdad señorita, estoy bien.

Sasuke entró en aquel momento, desprendiendo ondas de vibrante energía física que parecieron cargar de electricidad la atmósfera de la habitación.

- ¿Dónde está Ino, Sasuke? – Susurró Hinata, asombrado al comprobar que él seguía allí y más asombrada aún de la naturalidad con la que habia dicho su nombre despues de años de no verlo.

- He hecho que la lleven a casa. Estaba demasiado alterada como para servir de ayuda. Tengo entendido que tus padres están de viaje y no volverán hasta mañana. ¿Quieres que me ponga en contacto con ellos? Imagino que Hiashi Hyuga y mi tía serian capaces de matarme si supieran que algo le ha sucedido a la flor de los Hyuga- dijo Sasuke con un tono apenado muy poco común en él.

- ¿Qué haces en París Sasuke, no estabas estudiando fuera? - Fue la unica respuesta que profirio Hinata entre dientes pues a pesar de que una parte de ella sentia una inmensa alegría al verlo, no podía olvidar el resentimiento que le causo al irse hacia años.

- Al terminar el lycee militar deseaba entrar a la academia, pero en vez de eso mi padre quiso que viniera a la Nórmale Superieure - murmuró él con una sonrisa que ella recordaba mejor que nadie-. ¿Cómo te sientes Hinata?

- Sólo quiero irme a casa... ¿Nunca vas a escuchar lo que te dice la gente verdad?

- No si no quiero oírlo, lo sabes mejor que nadie- contestó Sasuke en un rapido susurro.

- No era necesario todo esto - Hinata señaló a su alrededor, avergonzada -. Me he caído. - Tu coche no me ha tocado. No tenías por qué...

- He querido hacerlo - la interrumpió él deslizando una descarada mirada por la esbelta figura de Hinata, que resaltaba bajo las sábanas -. No puedo apartar la mirada de ti - añadió, elevando la vista hacia su ruborizado rostro - Supongo que te habrás dado cuenta de ello. Pero también supongo que estarás muy acostumbrada a que los hombres te presten toda su atención, hace años que debe ser lo mismo ¿o me equivoco? Desde niña has sido el tesoro más bello de todos los que he visto.

- No desde que me he comprometido - murmuró Hinata con rigidez, enfadada por la forma de mirarla de Sasuke. Parecía que estuviera contemplando un escaparate o cualquier tipo de atracción sexual y no a una mujer con sentimientos, esa no era la mirada que esperaba de su primo, de su antiguo mejor amigo.

Sasuke entrecerró los ojos al oírla con molestia, quizás nadie lo notaria pero sus reacciones eran muy familiares para ella.

- ¿Por qué mi prima le pertenece a otro hombre?

- ¡No pertenezco a ningún hombre Sasuke! - espetó Hinata enfadada.

- A mí sí me pertenecerás como siempre lo has hecho - murmuró él con convicción y seguridad irritantes, aún mas para ella que conocia mejor que nadie su natural soberbia. La chica pensó seriamente que estaba loco. Nadie le había hablado nunca así. Por momentos recordó los juegos compartidos cuando eran niños, las promesas y los juramentos, sin embargo él se había ido, ella se había sentido sola por mucho tiempo, no esperaba verlo pero en el fondo estaba feliz de estar con él, con su amigo, su mejor amigo, sin embargo la primitiva actitud de cazador de Sasuke la perturbaba pues le recordaba al hermano de su madre, Fugaku Uchiha, un hombre que al que si bien jamas habia conocido en persona, podia en cambio imaginar, pues conocia de sobra su lejendario apetito sexual.

- Voy a casarme dentro de seis semanas por si no lo sabes aún- le informó escuetamente, observando de forma involuntaria sus varoniles rasgos y apartando con rapidez la mirada al darse cuenta de que lo estaba haciendo.

- El estar comprometida no es estar casada y el estar casada no es estar atada, es algo logico y lo sabes Hinata, engañarias tu inteligencia si no lo supieras- dijo Sasuke divertido, y a continuación rió indulgentemente, como si se dirigiera a una niña que hubiera dicho algo inocentemente divertido...

Hinata volvió al presente y notó que estaba temblando. Su primer pensamiento fue para su padre. Dijera lo que dijera, no debía quedarse solo. Tomó su abrigo, salió del chalet de su familia y subió a su coche…

- Pero su padre está trabajando señorita Hyuga. ¿Qué iba a estar haciendo en casa a esta hora del día? - Preguntó la asistenta de su padre, frunciendo el ceño.

Hinata tragó con esfuerzo, tratando de mantener una expresión despreocupada.

- Pensaba que hoy terminaba antes.

- A mí no me ha dicho nada, desde luego.

- Entonces lo veré más tarde - dijo ella, y volvió a su coche.

¿Dónde estaría su padre? - se preguntó, angustiada. ¡No debería haber permitido que se fuera en el estado en que se encontraba!. Pero su padre había insistido en que necesitaba estar a solas. Ella no era su guardián. ¿No debía respetar sus deseos? Pero aquellos pensamientos no bastaron para calmar su inquietud.

Reacia, volvió a su apartamento. Sasuke... no podía apartar a Sasuke de su mente. ¿Acudiría al hotel para arrastrarse ante él y rogarle, como una vez hizo él con ella hacia tanto tiempo? El estómago le dio un vuelco al pensarlo. ¿Qué sentido tendría hacerlo? Conocía a Sasuke Uchiha desde la infancia. No habría forma de que perdonara a su padre. Él quería venganza. No podía tocar a Hinata, pero sabía lo unida que se sentía ésta a su padre. Ni la mente mas oscuramente maquiavélica podría haber maquinado una venganza mas dulce, ella lo supo desde hacia años, Sasuke se había convertido en el reflejo del cruel Fugaku.

- Algún día vendrás a rogarme de rodillas que te acepte... y te destrozaré.

Hinata nunca había olvidado sus palabras, su labio superior se humedeció de transpiración al oír aquello.

Sasuke Uchiha destruyó en aquellas semanas su vida. Destruyó todo lo que era querido por ella. Su amor por Naruto, su felicidad, su tranquilidad... y, finalmente, su autoestima. Luchó contra él hasta el límite de su resistencia, lucho contra sus sentimientos y sus deseos y así llegó a conocer su propia fragilidad.

Sasuke era un total depredador. Implacable e intolerante con todo el que se mostrara más débil que él. Hinata nunca olvidaría la forma en que la miró el día de su boda, sin molestarse en ocultar en lo más mínimo su odio. Él, el heredero Uchiha, increíblemente rico y atractivo, joven, fuerte ... había sido rechazado por ella. Hasta él último momento, Sasuke esperó que ella cambiara de opinión y se entregaran al deseo que sentían desde siempre

- Nunca te perdonaré.

Esas fueron sus palabras de despedida. A esas alturas, Hinata estaba temblando y Naruto prácticamente tuvo que sostenerla para que se mantuviera en pie. En las fotos de la boda parecía un fantasma. Su recién desposado marido le aseguró que la había perdonado, pero, mientras se prolongaba la farsa de su matrimonio, ella nunca llegó a perdonarse a sí misma.

Se llevó una mano a las palpitantes sienes, haciendo un esfuerzo por recuperar la concentración. ¿Cómo era posible que no hubiera notado antes que su padre tenía problemas? Lo cierto era que se había visto demasiado ocupada con los suyos.

Naruto estuvo enfermo por meses antes de morir.

Su negocio se fue a pique con la recesión, dejando tan sólo deudas.

Hiashi insistió para que volviera con él a casa, pero Hinata se negó. No quiso volver a ser la niña débil que fue antes de casarse. En aquella época, ni siquiera tenía un trabajo. Durante su niñez y adolescencia sólo pensaba en casarse con Sasuke y en tener hijos pues si bien eran primos estaba segura que nadie se opondria pues finalmente sus abuelos habian sido primos. Hinata regreso de nuevo al presente, apartando aquellos recuerdos impotente amargura.

Sasuke la había invitado al Ritz para regodearse con la caída final de su padre. Era tan sádico que quería verla sufrir en persona. ¿Por qué darle esa satisfacción si sabía que no serviría para liberar a su padre del castigo? ¡No estaba dispuesta a asistir a su cita en aquel lugar!

Hinata salió del coche. Hacía frío y llovía, como aquel otro día de funesto recuerdo. Irguió ligeramente los hombros y alzó la cabeza mientras cruzaba el aparcamiento. Lo hacía por su padre. Era su deber. ¿Qué más daba que se sintiera físicamente enferma ante la perspectiva de ver a Sasuke Uchiha de nuevo?

Si él disfrutaba viéndola sufrir, tal vez lograra persuadirlo para que suavizara el castigo que sin duda tenía planeado para su padre. Naturalmente, habría que devolver el dinero. Y la única forma de hacerlo sería vendiendo la mayoría de las propiedades Hyuga. Y eso no seria rápido ya que los bienes no se vendían de un día para otro, Sasuke tendría que estar dispuesto a concederle algo de tiempo. Todo lo que le pediría sería que no obligara a su padre a arrastrarse por los tribunales.

¿Acaso era eso mucho pedir?, se preguntó mientras se encaminaba hacia la recepción del hotel más lujoso de Europa. Sí, era mucho pedir de un hombre como Sasuke.

- ¿Puedo ayudarla mademoiselle? - preguntó una amable recepcionista, haciendo salir a Hinata de su ensimismamiento.

- Mi nombre es Hinata Namikaze- dijo con seguridad casi sin pretenderlo. Tengo una cita con el señor Sasuke Uchiha a las ocho en la suite Véndome.

- Un momento... señora Namikaze - dijo la joven recepcionista, fijándose en su anillo de casada.

Hinata se apartó unos pasos mientras la recepcionista llamaba por teléfono.

- Lo siento, señora Namikaze...

- ¿Hay algún problema?

- El señor Uchiha dice que no reconoce su nombre...

Hinata se ruborizó al comprender. Sasuke quería ignorar su nombre de casada. Respiró profundamente para contener su furia.

- Trate con Hyuga - dijo.

- ¿Hyuga? - repitió la recepcionista, perpleja.

Sí, dígale que la señorita Hinata Hyuga está aquí.

Unos segundos después, la recepcionista le dijo que podía subir.

Hinata entró en el ascensor. Siempre había odiado aquel lugar. Allí fue donde ella perdió su dignidad.

Cinco años atrás, había hecho aquel mismo trayecto para enfrentarse a Sasuke y pedirle que se fuera de su vida, que la dejara en paz. Y, a pesar del tiempo transcurrido, aún no podía explicarse cómo estuvo a punto de acabar en su cama. Los dos juntos... apasionados, ella medio desnuda, él tocándole todo el cuerpo, ella correspondiendo... Obsceno, pensó, sintiendo una punzada de repugnancia. Y de no ser por la ruidosa entrada de la doncella en la habitación contigua, aquel desagradable incidente hubiera terminado en la cama.

Fue la inconsciencia de la juventud lo que la condujo a aquella situación, sus 19 años le habían fallado se dijo a si misma. No se dio cuenta de con quién se enfrentaba. A pesar de sus 20 años Sasuke Uchiha era un león, extremadamente listo, insidiosamente calculador y terriblemente peligroso. El miedo podría haberla protegido, pero Hinata no aprendió a temerlo hasta que fue demasiado tarde.

Pero ahora sí estaba asustada. Lo suficiente como para satisfacer al sádico más despiadado. Estaba asustada por su padre, un hombre a la antigua, que había crecido en un mundo muy distinto al de Sasuke Uchiha.

Se detuvo frente a la puerta de la suite y cerró brevemente los ojos. «Arrástrate.», se dijo. «Eso es lo que quiere». Y si Sasuke obtenía lo que quería, tal vez le resultaría menos atractivo destruir a su padre. Llamó a la puerta y ésta fue casi inmediatamente abierta por un joven.

- Adelante, señorita Hyuga - dijo seriamente.

La suite no había cambiado. Los ojos de Hinata se posaron sobre el fino sofá cerca del recibidor y no pudo evitar ruborizarse al recordar que todo empezó allí.

Oyó que Sasuke decía algo en italiano. Hijo de padre francés y madre italiana, dominaba ambos idiomas con igual soltura. Hinata se puso rígida al verlo aparecer, a la vez que la puerta se cerraba tras ella.

No pudo apartar los ojos de él. La repelía. Cada centímetro de su cuerpo la repelía y había cierta atracción mortal en aquel exceso de repulsión, se dijo Hinata. Se movía como un león al acecho, tenía el rostro de un ángel caído y el poderoso magnetismo de un hombre intensamente viril.

Contempló los oscuros planos de sus impasibles rasgos, los ojos oscuros de acero bajo las oscuras cejas y los altos pómulos, que conferían a su rostro un toque de fiera energía. Deslizó la mirada por el puente de su nariz y la provocativa perfección de su boca antes de apartar rápidamente la vista.

- Seguro que tu primo es un amante voraz Hinata - murmuró con voz ronca Ino, la amiga de Hinata cuando lo conoció -. Tiene una carga sexual increíble. Se puede sentir a varios metros de distancia... cualquier mujer con sangre en las venas lo sentiría.

-¿Qué te sucede Hyuga?- Hinata se estremeció al sentir que la sangre se le helaba en las venas. Sasuke era habia hecho esa pregunta con un tono tan frio como si ordenara un fusilamiento...

Permanecio callada por unos segundos hasta que el silencio se hizo insoportable.

- ¿Por qué me has hecho venir Uchiha?

- Quítate el abrigo.

Hinata se estremecio por esa orden y sin embargo logro enfrentarlo.

- No voy a quedarme...

- Entonces vete - murmuró Sasuke con un despectivo gesto de la mano -. Me haces perder el tiempo.

Hinata apretó los dientes. Se quitó el abrigo y lo dejó en un sillón.

- Te he preguntado por qué me has hecho venir.

- Quería mirarte Hyuga – Sasuke deslizó sus oscuros ojos por la esbelta figura de Hinata, deteniéndola brevemente en la sorprendente plenitud de sus senos para deslizarla a continuación con insultante frialdad hasta las femeninas curvas de sus caderas.

Hinata nunca se había sentido cómoda con su propio cuerpo. Sus voluptuosas curvas y su melena oscura atraían las miradas de los hombres como un imán. Ambas cosas atraían la clase equivocada de atracción masculina. Se parecía a su madre y odiaba saberlo. Si no hubiera poseído aquella figura y aquel pelo, no se habría encontrado presa del deseo de su primo Sasuke Uchiha cinco años atrás.

Sus ojos brillaron como amatistas mientras soportaba el examen de Sasuke con la cabeza tan alta como podía sostenerla.

- ¿Te apetece beber algo? – preguntó él, arrastrando la voz.

- No, gracias.

Sasuke avanzo por la habitación hasta la sala, se sirvió una copa de champán.

- No me gusta beber, pero menos me gusta solo, quizás lo que sucede es que temes probar el alcohol cuando estás conmigo. Me sorprende que sigas siendo tan ingenua -.

- ¿Qué estás celebrando? - preguntó Hinata con toda la frialdad de que fue capaz, ignorando la pulla sobre el alcohol.

- Que eres viuda - replicó él con suave énfasis, recordándole a Hinata con brutalidad que no tenía inhibiciones y que no sentía ningún respeto por los patrones normales de comportamiento.

- Mi padre...

Sasuke irguió por completo su metro ochenta y cinco y alzó una mano para interrumpirla.

- Le ha robado a mi familia, a sus socios y a sus empleados. Los dos lo sabemos. ¿Hace falta que hablemos sobre ello?

- ¿Tienes que ser tan inflexible con él? - preguntó Hinata, avanzando unos pasos -. Cometió un error...

- Las cárceles están llenas de personas que han cometido graves errores - interrumpió Sasuke - ¿Robar? Un delito tan sórdido, y a la vez tan personal...

- ¿Pe... personal? - tartamudeó Hinata involuntariamente.

- La familia Uchiha solo pago el excesivo precio de la empresa Hyuga por ti y por tu madre, como gesto, de buena fe hacia la familia...

- ¿Buena fe? - Hinata dejó escapar una amarga risa de incredulidad -. Tú no sabes lo que es la buena fe. Fue chantaje. Trataste de presionarme jugando con la mala situación económica de mi familia para que me acostara contigo...

- Estaba demostrando que sé cuidar de los míos - interrumpió de nuevo Sasuke con un cinismo que rayaba en lo insoportable.

- ¿Los tuyos? – repitió Hinata gritando con asco -. ¡Nunca fui tuya!

Sasuke alzó una de sus oscuras cejas mirandola con los ojos de acero y en un solo movimiento desplazo con ira la pila de objetos que tenia frente a él, haciendo que el ruido de aquellos, se escuchara por toda la habitación.

- ¡Fuiste mía desde el instante que nos abrazamos en aquel verano hace años, fuiste mía desde el momento en que nuestras miradas se encontraron hace cinco años, fuiste mía desde el día que naciste pero no tuviste valor para enfrentarte a la realidad!...

- ¡Cómo te atreves¡

- ¿Y cómo te atreves tú a entrar en la habitación en la que te iba a hacer el amor y a negar lo que sucedió entre nosotros? - preguntó Sasuke con hiriente desprecio.

Hinata deseó golpearlo. Deseó gritar desde el fondo de su humillación. Pero no se dejó arrastrar.

- Mi padre... - dijo, a propósito.

- Nunca los Uchiha han tenido un socio más consentido - interrumpió Sasuke -. Se le concedió completa autonomía para dirigir una empresa que ya no era suya y a cambio esperaba lealtad, no que robara.

- ¡Puede vender sus propiedades y devolverte cada centavo! - dijo ella, furiosa -. ¿No te basta con eso?

- La casa de tu padre en Londres tiene dos hipotecas, lo mismo sus propiedades en América. ¿Por qué crees que robó Hyuga? - replicó Sasuke secamente -. No quiero oír hablar más del tema.

- Está terriblemente avergonzado de lo que ha hecho - Hinata no sabía que hasta la casa de Londres estaba hipotecada. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para ocultar su decepción.

- Este asunto me aburre - dijo Sasuke, mirándola irónicamente -. Sólo me interesa tu padre como medio para conseguir un fin. No podrás influir en mi opinión con ruegos sentimentales. No hay sentimientos en los negocios...

- ¿Así que sólo me has hecho venir para regodearte? – preguntó Hinata, mirándolo con ojos brillantes -. Me das asco, Sasuke. Me mantendré junto a mi padre hagas lo que hagas...

- Te gustan los hombres débiles ¿no? – dijo él con voz sedosa -. Puede que llorando un poco y haciendo que sonara música de violines lograra que vinieras a mí...

- Nunca acudiría a ti por voluntad propia- dijo Hinata con creciente rabia -. Odié desde el momento en que regresaste tu primitivo aspecto de macho y...

- No tengo nada de primitivo - la réplica fue muy tranquila, pero la temperatura subió al instante en la habitación -. Tengo sangre francesa, sangre Uchiha.

Por un instante, Hinata sintió la tentación de reír. Pero se contuvo al toparse con la feroz mirada que le dirigió Sasuke, sintiendo al instante una llamada de alarma en su cabeza. Aquel temible y terrible genio... Volvió instintivamente la cabeza para medir la distancia que la separaba de la puerta.

- Y tú no eres mi igual. ¡Lo demostraste hace años! - añadió Sasuke -. De hecho, dejaste muy claro tu grado de estupidez...

Hinata apretó los puños.

- ¡Si me llamas estúpida una vez más, no respondo de lo que pueda hacer!

- ¡Per Dio! - murmuró él con una brillantes sonrisa -. ¿Si te presiono un poco más me arrancarás la camisa y me rogaras que te tome como lo hiciste la última vez?

- ¿Cómo puedes hablarme así? - preguntó Hinata, incrédula.

- Fácilmente - Sasuke abrió expresivamente las manos antes de añadir: - No siento ningún respeto por ti. ¿Qué esperabas?

La rabia de Hinata empezó a superar su capacidad de control. Temió perder ésta en cualquier instante.

- Te portaste como una cualquiera...

- ¡Miserable canalla! - espetó Hinata, impulsada por una tremenda ola de agresividad.

- No fuiste leal conmigo, ni con Namikaze - dijo Sasuke en tono cáustico -. Él te ofreció matrimonio. Yo te ofrecí algo menos seguro. Elegiste el anillo de bodas. Y perdiste...

- Me casé con el hombre al que amaba... ¡no perdí nada! - replicó Hinata ardientemente, sintiendo cómo palpitaba la adrenalina en sus venas.

Sasuke echó atrás su atractiva cabeza y rió roncamente.

- ¿Me estás diciendo que no pensaste en mí en la oscuridad de la noche? ¿Que no añoraste la pasión que sólo yo podía darte? Si reaccionaste con él como reaccionaste conmigo, debió salir corriendo horrorizado.

Hinata se lanzo contra Sasuke como una leona. Dos poderosas manos la agarraron por las muñecas, conteniéndola. Una insolente sonrisa curvó la dura boca del Uchiha.

- Vistes como una solterona de cincuenta años, pero en el fondo de tu corazón eres una tan Uchiha como yo ¿verdad, prima? Sólo con rascar un poco la superficie aparecen los dientes y las garras. Eso me gusta. Me excita.

- Maldito canalla... ¡cállate! - gritó Hinata.

- ¡Y también te excita a ti! - Sasuke la atrajo hacia sí cuando ella trató de darle una patada. Sujetó ambas manos de Hinata con una de las suyas y la miró a los ojos, sonriendo despectivamente -. Toda esa frustración sexual clamando por ser satisfecha... Podría poseerte ahora mismo... contra la pared, en el suelo, ¡y te encantaría! - aseguró con ofensiva seguridad -. ¿Es eso lo que quieres?


Notas:

En esta historia Sasuke y Hinata son primos por parte de madre, ambas familias eran poderosas en los negocios y por eso Hiashi se caso con Anabi, la hermana de Fugaku en la historia

Igualmente el apellido de Naruto es el de su padre Namikaze

Por ultimo remarco que esta historia esta dedicada a todos mis amigos del fc de Naruto Uchiha.

Agradezco todos sus comentarios y criticas