Capítulo 3

Hinata tuvo al auto esperando una hora. Hizo el equipaje para un largo viaje, sabia que Sasuke no la dejaría una vez que la tuviera y es por eso que llevo todo lo que podía necesitar. En el fondo de su mente, una voz no dejada de repetir: «no es posible que hayas aceptado». Tomó una foto de Naruto de la mesilla de noche y la miró tensamente. Fue sacada el día que abrió su estudio fotográfico. Iba vestido de traje, cosa nada habitual en él. Era un hombre rubio y delgado, de estatura media, con suaves ojos azules como el cielo.

- No me importa... esa clase de cosas no son verdaderamente importantes - dijo Naruto con calma, cuando Hinata le mostró su vergüenza y dolor tras aquella tarde en la que estuvo a punto de compartir la cama con Sasuke Uchiha -. Por supuesto que te perdono.

Naruto y su familia se trasladaron a la casa de al lado cuando Hinata tenía doce años y él catorce, justo meses después de que Sasuke se fuera por orden de Fugaku. Naruto era un chico extrovertido pero a la vez receloso. Su única pasión era la fotografía, era un chico solitario, parecido a Sasuke pero sin su arrogancia, Hinata a su vez era una niña solitaria, dolorosamente consciente desde pequeña de que su madre no tenía tiempo para ella ni su padre, ocupado en sus negocios, sin Sasuke ella se refugio en Naruto.

Naruto la oyó llorar un día que Hinata volvió del colegio más temprano de lo que era habitual y vio a su madre semidesnuda con un desconocido. Naruto saltó la valla y acudió a consolarla. Hinata estaba tan dolida y asombrada por lo que había visto que se lo contó. Él le pasó un brazo por los hombros y la escuchó, ofreciéndole el afecto y el consuelo que buscaba. Le dijo que no debía contarle a su padre ni a nadie lo que había visto. Él también fue muy ingenuo al asumir que la madre de Hinata no había hecho una costumbre de aquella clase de cosas. Hinata no era mucho mayor cuando supo que siempre había otro hombre en la vida de su madre y que su padre simplemente no se enteraba.

Y también averiguó muy pronto que las aventuras de su madre eran pasto del chismorreo de la alta sociedad. Aquello le produjo un intenso sentimiento de humillación durante su adolescencia. Y a lo largo de ésta, Naruto estuvo allí para consolarla. Fue su mejor amigo, al irse Sasuke fue su protector. Para cuando Hinata cumplió los diecisiete años, ambas familias empezaron a verlos como inseparables. Pero mirando atrás, Hinata recordó que Naruto nunca habló de amor, matrimonio o niños con ella; no hasta que su familia y otras personas empezaron a bromear insistentemente sobre cuándo pensaban casarse.

Naruto se fue a estudiar a Londres un año. Volvía a casa tan sólo algún que otro fin de semana, y Hinata pensó que lo estaba perdiendo justo como había perdido a Sasuke. También se preguntó si alguna vez había sido suyo para perderlo, si Naruto estaría tratando de borrar la idea generalizada de que estaban destinados el uno al otro desde su infancia.

Entonces, de pronto, la navidad que Hinata cumplió dieciocho años, Naruto le pidió que fuera su novia. A pesar de que insistió en que no debían tener ninguna prisa para casarse, Hinata se sintió en el cielo. No había nada que no pudiera contarle a Naruto, nada de lo que no pudieran hablar. Se complementaban en todos los aspectos, no como sus padres, que no se complementaban en ninguno.

Había sido tan inocente... reflexionó ahora, metiendo la foto en la bolsa de viaje. Había estado tan ciega hasta el amargo final... ¿Cuándo se dio cuenta por fin de que cualquier varón medianamente normal habría estallado al enterarse de que su futura esposa había estado a punto de meterse en la cama de otro hombre una semana antes de su boda? Aquella traición debería haberle importado a Naruto tanto como le importo a Sasuke. Y no debería haberla perdonado con tanta facilidad... Irónicamente, Hinata se sintió mucho más disgustada por lo sucedido que él. Quiso cancelar la boda, pero Naruto le rogó que no lo hiciera, diciéndole cuánto la necesitaba. Finalmente Hinata se dejó persuadir...

La limusina se fue acercando al hotel y con cada segundo que pasaba, la tensión fue creciendo en el interior de Hinata.

Cuando entraron en el lujoso vestíbulo del hotel, el chófer la escolto directamente a uno de los ascensores. El hombre que estaba en aquellos momentos en recepción miró un momento a Hinata con deseo, pero no dijo nada. Ésta se ruborizó intensamente al imaginar lo que podría haber pensado. ¿Creería que iba a ofrecer un «servicio» a un cliente rico? ¿No era cierto que los hoteles ignoraban discretamente aquella clase de idas y venidas? Se culpo a si misma por su ropa, ella había decidido vestirse segura y sensual, ya que era parte de su "trabajo", había elegido un vestido corto Prada, negro, entallado, tanto que se ajustaba a su piel como un guante, con esa ropa sus senos sin sujetador se marcaban a la perfección al igual que sus caderas, tuvo que usar una pantaleta muy pequeña para que no se marcara en la parte posterior de su atuendo, sin embargo era tan pequeña su ropa interior que se hundía entre sus glúteos, ante esa idea y el hecho que sintió que el conserje y el recepcionista la desnudaban con la mirada a cada paso que daba ella se ruborizo intensamente acelerando su andar que era naturalmente sensual de una forma delirantemente ingenua.

Un camarero abrió la puerta de la suite de Sasuke, la misma donde habían discutido amargamente hacia apenas unas horas. Éste estaba junto a la chimenea, hablando por teléfono en fluido italiano. Al verla, apartó el teléfono un momento y dijo:

- Estaba a punto de cenar sin ti, Hyuga.

La mirada de Hinata cayó sobre una mesa exquisitamente preparada para dos. No había comido desde el desayuno, pero no tenía hambre. El camarero encendió los candelabros, bajó la intensidad de las luces y descorchó el vino.

Sasuke colgó el teléfono y cruzó la habitación en dos largas zancadas. Con manos seguras, se acerco a Hinata y la miro como si viera a una muñeca que recién había adquirido.

- Sirva el vino y retírese, es todo por esta noche - le dijo al camarero, apoyando una mano en la espalda de Hinata y conduciéndola a la mesa para que se sentara.

Ella tomó su copa con mano temblorosa en cuanto estuvo servido.

- Sólo una copa - dijo Sasuke en tono irónico -. No me gustaría que me acusaras por segunda vez en nuestra vida de haberte emborrachado.

Hinata se ruborizo, sin atreverse a mirarlo a los ojos.

- Me temo que el recepcionista ha pensado que venía a... a ofrecerte mis servicios.

- No creo – dijo Sasuke con voz sedosa. Una scort profesional nunca vestiría tan mal- dijo con un tono de burla

Hinata apretó los dientes ofendida pues había tomado sus mejores ropas para él.

- No he venido aquí a ser insultada.

- Has venido aquí a aceptar lo que yo decida ofrecerte - replicó Sasuke, deslizando una mirada de fingido desden por el vestido de Hinata -. Al ver que te retrasabas he supuesto que te estabas vistiendo para la ocasión... que decepción- esas palabras eran como una estocada, él sabia que ella no vestía así, que no era normal en ella, que se había vestido de esa forma para su encuentro ¿y él la insultaba de esa forma?, sin embargo Hinata era tan ingenua que no pudo ver el deseo a través de los ojos de su primo que la desnudaba con la mirada.

- ¿Qué ocasión?

- He encargado toda tu comida favorita Hyuga – así era. Hinata no se había dado cuenta. - Sasuke debía tener una increíble memoria -. Lo recuerdo todo sobre ti - añadió, como si esperara que lo aplaudieran.

- Tenemos que hablar sobre mi padre - dijo Hinata precipitadamente.

- No me has mirado a los ojos ni una vez desde que has entrado en la habitación.

Involuntariamente, Hinata alzó los ojos, y se topó con los de Sasuke, que brillaban de impaciencia. Era evidente que no le estaba dando las respuestas adecuadas.

- Esto no funcionará, si no lo puedes hacer mejor – añadió él secamente.

- No me amenaces - le advirtió Hinata tensa -. Respondo aun peor cuando me amenazan. Y ahora, ¿podemos hablar sobre mi padre?

- Prefiero comer manteniendo una conversación más ligera- respondió Sasuke cínicamente

Hinata lo mandó al infierno con la mirada. A continuación, hundió el cuchillo en el paté con repentino apetito. Tomó los dos platos siguientes hablando tan sólo cuando se vio obligada a hacerlo. Si alguno perdió el apetito fue Sasuke, que, finalmente, apartó su plato soltando una imprecación y se levantó.

- Te sigues comportando como una niña insegura y caprichosa.

- No es cierto Sasuke - replicó Hinata, comenzando a comer el postre con mucha calma - Querías que viniera y he venido. Querías que comiera y lo estoy haciendo.

- No denunciaré a tu padre - Sasuke habló en un tono totalmente carente de emoción.

- No podrá devolverte el dinero...

- Debe hacerlo - la mandíbula de Sasuke se tensó – Debe devolver el dinero.

- ¿Cómo? – preguntó Hinata amargamente -. Ustedes le quitaron su empresa y no tiene trabajo, además no creo que pueda conseguir uno. Y aunque venda todo lo que tiene, aún te deberá dinero.

- Entonces se le asignara otro puesto.

Hinata lo miró, sorprendida por aquella inesperada y generosa oferta.

- ¿Dónde?

- Aquí no, desde luego. Necesita empezar de nuevo para esta segunda oportunidad. Déjalo en mis manos – dijo Sasuke, arrastrando la voz -. Le encontraré algo.

- ¿Y el dinero? - insistió Hinata.

- Lo devolverá. Si se siente tan avergonzado como imagino, querrá devolverlo. No querrá seguir en deuda con los Uchiha.

- Pero...

- Además - interrumpió Sasuke -, esa oferta de trabajo estará condicionada a que acepte seguir tratamiento para su adicción.

- ¡No es ningún adicto! - exclamó Hinata, saliendo en defensa de su padre.

- Cualquier hombre capaz de jugarse más de lo que tiene es un adicto. Cualquier persona que bebe más de lo que puede manejar es un adicto y un enfermo, en mi familia lo sabemos mejor que nadie, créeme, él necesita seguir una terapia para poder enfrentarse a la tentación en el futuro. ¿Estás satisfecha ahora? - preguntó Sasuke secamente, haciéndole sospechar a Hinata que le había concedido bastante más de lo que tenía planeado.

Sin embargo, ella esperaba más. Quería que la deuda quedara cancelada, como le había dicho al doctor Senju. Fuera o no irrazonable, quería evitar toda causa de tensión para su padre.

- Me estás consiguiendo muy barata ¿no? - preguntó, arrepintiéndose de inmediato al ver la oscura mirada que le dirigió Sasuke.

- ¿Quieres que firmemos un contrato por los tres meses que vas a compartir cada noche mi cama? ¿Con una cláusula especificando lo que cobrarás por cada sesión de sexo y otra diciendo que podrás quedarte con toda la ropa y las joyas que te compre?. Por mí no hay problema Hyuga - Sasuke movió una mano, dejando claro que así era -. He oído decir que esa clase de contratos suelen firmarse en Estados Unidos. Pero antes tendrás que decirme qué precio le pondrías a ese perfecto cuerpo que tienes.

- ¡Sabes que no me refería a eso! - exclamó Hinata, furiosa.

- ¿Ah no? - preguntó Sasuke mirándola con gesto despectivo ¿entonces a que te referías?.

- En este momento - murmuró Hinata - todo lo que quiero saber es qué esperas que haga durante estos tres meses.

Tras unos momentos de tenso silencio, Sasuke se aclaró la garganta y dijo:

- Quiero que simules ser mi prometida - dijo con evidente tensión.

Hinata no pudo ocultar su asombro.

- ¿Porqué?

- Tengo mis motivos - replicó Sasuke con una seriedad que dejó perpleja a Hinata.

- No veo por qué no puedes explicármelo...

- Sólo te diré esto - Sasuke la observó con gesto distante antes de continuar -. Hace años que no mantengo ningún contacto con mi padre y ahora que se está muriendo. Deseo pasar una temporada con él, y, para facilitar ese deseo, necesito una prometida que me acompañe a su Isla y quien mejor que mi prima, la mujer que me habia sido destinada por él hace tantos años.

Hinata le devolvió la mirada, sintiendo una intensa curiosidad a pesar de sí misma. Supuso que Sasuke pretendía reconciliarse con su padre, ¿pero para qué necesitaba presentarse ante él con una falsa prometida? Sobre todo en aquellas circunstancias...

Frunció el ceño.

- Una vez me dijiste que ya no tenías familia.

- En el verdadero sentido de la palabra «familia», era cierto. - Mi madre murió cuando yo tenía ocho años y después a los 16 mi hermano mayor falleció. Recuerdas que a los doce me enviaron a un internado militar ¿cierto?. Mi padre volvió a casarse y al cabo de una temporada decidió olvidar mi existencia. Él tenía su vida y yo la mía hasta que murió mi hermano, de repente recordó que había un remplazo y volvimos a encontrarnos por iniciativa suya cuando tenia 17 años... – los fuertes rasgos de Sasuke se ensombrecieron visiblemente -. Lo que sucedió entonces cercenó completamente todo lazo familiar - concluyó con aspereza.

- ¿Qué sucedió? - preguntó Hinata, frustrada al ver que Sasuke no parecía tener intención de continuar.

- Como todas las mujeres, eres incurablemente curiosa - dijo él, sonriendo con sarcasmo -. El conocimiento es un arma poderosa en manos de una mujer calculadora -. No cuento mis intimidades a nadie Hyuga... lo sabes nunca lo he hecho y nunca lo haré.

Hinata se sintió como si la hubiera pillado espiando.

- Sólo quiero una cosa de ti - continuó él -. Una buena representación. Mi padre no es ningún estúpido. No se le engaña fácilmente.

- No quiero engañar a nadie.

- Por eso tendremos que ser amantes de verdad cuando vayamos. La intimidad, la química, amorosa y sexual es algo que puede sentirse - afirmó Sasuke con ronca convicción -. Lo único que simularemos será nuestro amor.. y, por supuesto, mi intención de casarme contigo- concluyo mientras se acercaba a ella hasta situarse frente, a solo unos sentimetros en el asiento junto al suyo.

Amante... Hinata se puso rígida ante el pensamiento de lo que estaba por llegar. Pero aún sentía curiosidad sobre el motivo por el que Sasuke quería montar aquella farsa. Y entonces, el cinismo le sugirió cuál era. Su padre estaba muriendo, y era un hombre inmensamente rico. - ¿Habría impuesto alguna condición especial en su testamento para que su hijo heredara? ¿Le habría exigido que se casara? ¿Y sería el frío dinero lo que impulsaba a Sasuke a montar aquella representación?

- Creo que es hora de que nos vayamos a la cama.

Hinata se quedó helada al oír a Sasuke. Éste le tomó una mano, haciéndola levantarse lentamente del asiento.

- Estás temblando... ¿por qué? Has estado casada años enteros. No careces de experiencia - los rasgos de Sasuke se endurecieron claramente al decir aquello.

- ¡Eso no cambia nada!.

- Por supuesto que sí - murmuró Sasuke, deslizando un dedo por el cierre del vestido de Hinata y bajando la parte superior del mismo, accediendo así al valle entres sus senos -. ¿Fuiste una esposa fiel?

- Cla... claro que lo fui – contestó Hinata, sintiendo que le costaba respirar.

- ¿De verdad? Me cuesta creerlo - murmuró Sasuke mientras bajaba un poco mas el cierre

- ¿Por qué? – preguntó ella con voz más aguda de lo normal.

- No fuiste fiel a tu marido antes de la boda.. ¿por qué ibas a serlo después? Si hubieras sido mi prometida, te habría matado. Desde luego, no habría seguido adelante con el matrimonio.

Hinata sintió que los oídos le zumbaban mientras una mano acariciaba la protuberancia de sus senos. De pronto sintió la cabeza muy ligera y los senos llenos y sensibles.

- ¿Le contaste lo que sucedió entre nosotros? - preguntó Sasuke.

- ¡Sí!

- Así que le dijiste toda la verdad. Seguro que no - adivinó él con cruel diversión -. Dudo que le hicieras un relato detallado... o Naruto nunca se habría recuperado.

- ¡No quiero hablar de eso! - exclamó Hinata, temblorosa, apartándose de él al darse cuenta de que tenía el vestido prácticamente abierto, si Sasuke quitaba su mano este se deslizaría hasta el suelo mostrando su cuerpo desnudo -. Nos hemos vuelto a ver hace menos de cinco horas, Sasuke...

- ¿Y que más da? A mí no me importa, desde luego. Hace cuatro horas y media que habría llegado a este punto si no hubieras sido tan testaruda...

- ¡Eso es repugnante!

- Pero cierto... ¿de verdad aún no sabes cómo funciona la mente de los hombres?

Hinata estaba empezando a comprobarlo. Sasuke la miraba sin ocultar su ardiente deseo. Y la carga sexual que una vez mencionó Ino relucía en el ambiente como si hubiera fuegos artificiales. Tomando la parte trasera de su vestido se aparto de él y rodeó la mesa, tratando de sustraerse al poder de aquella mirada.

- Sasuke...por favor...esta noche no... quiero decir - Hinata sacó la punta de su roja lengua para humedecerse el labio inferior -... en realidad no puedes desear realmente hacer..

- Lo deseo - Sasuke se acercó a ella, dejándola perpleja al inclinarse y seguir con su propia lengua el rastro de la de Hinata. Ésta sintió al instante un intenso calor entre sus muslos, una sensación largamente enterrada, pero nunca olvidada. Se echó atrás violentamente, haciendo que una lámpara cayera al suelo.

Él ignoró el accidente y la tomo por el brazo para impedir que se agachara a recoger los trozos rotos.

- ¡Quiero darme un baño! - exclamó ella, desesperada.

- Y supongo que también te gustaría que bajara a fumar, aunque ni siquiera fumo, mientras te preparas para mecerte en la cama como una ruborizada recién casada - dijo Sasuke irónicamente.

- Sí... qué buena idea - replicó Hinata con amargura -. ¡Y Puede que con un poco de suerte encuentres a una prostituta en el bar, porque es evidente que esa es la única clase de mujer que estás acostumbrado a tratar!

Un silencio electrizante cayó entre ambos. Sasuke dejó caer la mano con que la sostenía. Era evidente que las palabras de Hinata lo habían molestado.

- ¿Es así como piensas que te estoy tratando? - dijo entre dientes.

- ¿A ti qué te parece?

- No era esa mi intención - murmuró Sasuke.

La mirada que le dedicó Hinata dejó muy claro que no creía lo que acababa de oír.

- Bajaré, añadió Sasuke. Espero no encontrarte borracha cuando vuelva.

- ¿Cómo dices?

- That Touch of Mink - contestó Sasuke irónicamente -. ¿No has visto esa película?

- Me temo que no - admitió Hinata secamente.

- Creo que no hará falta que te compre el dvd. Tú lo estás haciendo muy bien sola.

Y se fue. Hinata no supo muy bien cómo lo había logrado. Reprimiendo un bostezo entró en el dormitorio. Sacó de su bolsa de viaje lo necesario y fue al baño sin mirar una sola vez la cama.

Era evidente que Sasuke se sentía atraído por ella, pero no lograba comprender por qué. A fin de cuentas, sus experiencias con otras mujeres tenían que haber sido más satisfactorias y completas que las que tuvo con ella. Pero estaba claro que deseaba tenerla en su cama cuanto antes.

Se quito su vestido con pena al ver por un espejo de la habitación de nuevo su ropa interior hundida en sus glúteos, estaba segura que si Sasuke hubiera visto esa parte de ella no se habría contenido, se descalzo de aquellos tacones y tras ponerse un largo camisón de algodón, salió del baño y se metió en la gran cama. Sus ojos se llenaron de lágrimas cuando apoyó el rostro sobre la almohada. Todo aquello era una absurda farsa. Sasuke asumía que ella no carecía de experiencia en la cama tras años de matrimonio... Un doloroso gemido escapó de la garganta de Hinata. Más de tres años atrás creía sinceramente que su apetencia sexual era prácticamente nula. Naruto siempre se había limitado a darle unos castos besos. Nunca le había pedido más. Y Hinata decidió que en ese terreno encajaban tan bien como en los demás. El sexo no jugó un papel importante en sus vidas antes de su matrimonio. Y ella se sintió orgullosa de aquel hecho, convencida de que los lazos que la unían a Naruto eran más sólidos aun que los que la habían unido a Sasuke, que los que surgían entre las parejas en el calor de la pasión. Le asustó mucho descubrir que podía resultar tan atractiva a los ojos de Sasuke. No supo cómo interpretarlo. Fue una experiencia totalmente nueva encontrar que el chico, su primo, su antiguo amigo no podía quitarle los ojos de encima, que utilizaba cualquier excusa para tocarla y que lograba ruborizarla sólo con mirarla.

Sí... Sasuke la deseó. Fue Naruto el que nunca la deseó. En su noche de boda, se emborrachó, y siguió borracho durante toda la luna de miel en el Caribe, sin consumar el matrimonio.

Hinata pasó por un infierno interpretando la falta de interés de su esposo y sus borracheras como un castigo por su vergonzoso comportamiento con Sasuke. El sentimiento de culpabilidad la mortificó noche tras noche. Pensó que estaba recibiendo exactamente lo que merecía y que le había hecho tanto daño a Naruto que éste ni siquiera se sentía capaz de tocarla.

¿Con quién podía haber hablado de algo así? Naruto se negó a hacerlo, enterrándose totalmente en sí mismo cada vez que Hinata lo intentaba. Su amigo dejó de serlo y se transformó en un lejano desconocido. Tuvo que pasar mucho tiempo para que Hinata se diera cuenta de que Naruto no la quería como un hombre quería a una mujer y que, si ella aceptaba, estaba dispuesto a vivir un matrimonio fingido y a volver a ser su mejor amigo.

Se quedó dormida preguntándose cuánto tiempo seguiría Sasuke abajo y si ya se habría arrepentido de su acuerdo con ella. A pesar de todo, durmió profundamente, pues estaba exhausta.

Y, cuando subió, Sasuke sonrió apreciativamente al verla, se acerco a ella y retirando un riso de su pelo le susurro –duerme bien Hina-.


Notas:

Tengo que decir que me divirtio mucho la escena de Hinata entrando al hotel, pensando en su ropa interior, jeje

Por otro lado como vemos Sasuke no es tan cruel, al menos con ella dado que siempre ha sentido algo por ella

Igualmente vemos que Naruto guardaba un secreto que lo atormentaba, veremos que era

Un saludo a todos